martes, 1 de mayo de 2012

TODO EN BENEFICIO DEL CRIMINAL. Que no le falte de nada, que esté cómodo y salga pronto de la cárcel.


La Justicia en España sólo tiene fin reintegrador,
 no pretende castigar
Hace unos días los que hacen las leyes desvelaron sus intenciones con respecto a un tipo de criminal, el etarra asesino, pero para sorpresa de todos, esas intenciones son beneficiosas para los terroristas y, por consiguiente, perversas para las víctimas. Es otra vuelta de tuerca en esa increíble postura tomada por legisladores y jueces españoles que consiste en ponerse de parte de los agresores por encima de todo.


Los que confeccionan las leyes del código penal (y lo dicen sin el menor rubor) las hacen pensando con una intención reintegradora, es decir, las penas de cárcel tienen la finalidad exclusiva de reinsertar al criminal. Es decir, la privación de libertad es para educar en valores cívicos (o así) al asesino-violador-pederasta-maltratador-secuestrador, no para castigarlo por haber asesinado, nada de eso, castigar con cárcel es fascista (salvo que el asesino tenga ideología contraria) piensan quienes se creen de izquierdas.
Por ello, los que escriben las leyes no quieren parecer duros e intransigentes, con lo que harán leyes muy beneficiosas para el criminal, dijeran lo que dijeran cuando no estaban en posición de legislar. Por su parte, los encargados de hacer cumplir la ley, los jueces, harán lo posible para que el violador pederasta no pase un segundo de más en la cárcel, y a la menor oportunidad, darle permiso o ponerle en libertad; no importa las fechorías que haya cometido, lo importante, lo único que cuenta, es que esté cómodo en la cárcel y vuelva pronto a la calle.
La Justicia en España sólo tiene fin
 reintegrador, no pretende castigar

De esta manera, muchas veces, cuando un juez deja en libertad condicional,en libertad por permiso de fin de semana o simplemente en libertad a un asesino o violador o pederasta (muchas veces en contra de la opinión de los sicólogos y expertos), y éste lleva a cabo uno de sus asquerosos crímenes, uno puede llegar a pensar que ese juez se ha convertido en colaborador necesario, imprescindible para que se cometa el crimen.  

Muchas veces los jueces se escudan en la ley, en que ésta les obliga, sin embargo, ellos tienen unas muy amplias orquillas para castigar con más o menos rigor, pero ellos siempre buscan el beneficio del asesino, del pederasta; pareciera que muchos jueces se conformarían con castigarlo con un par de semanas sin postre. ¡Bastante castigo tienen ya los pobres! Y es que cada vez que uno recuerda aquellas dos aspirantes a policía que fueron vejadas, torturadas y asesinadas por un degenerado al que un juez dio permiso conociendo sus escalofriantes antecedentes, más convencido está de que ese juez tiene sobre su conciencia parte importante de la culpa (desgraciadamente, este caso no es una rareza).   

Por su parte, quienes han de legislar parecen muy estrictos cuando sólo son aspirantes, pero unos pusilánimes cargados de prejuicios cuando tienen el poder. Por ejemplo, si un tipo secuestra y asesina a una chica de 15 años (mejor no recordar nombres), es detenido y probada y confesada su culpabilidad, en el mejor de los casos el juez le condenará a 25 años como máximo, de los que cumplirá sólo una parte. Ahora bien, en España la esperanza de vida para una mujer está en torno a los 80 años, por lo que ese asesino habrá robado 65 años de vida a una inocente; pero entre legisladores y jueces, en el mejor de los casos, sólo le exigirán que pague 25 años. Sin embargo, si uno roba 65.000 euros y es detenido, se le obligará que los devuelva en su integridad (más intereses, indemnizaciones, multas), no se le pedirá que devuelva sólo 25.000. De este modo, se está transmitiendo el mensaje de que el dinero es más importante que la vida, que los euros robados son más importantes que los años robados. Cierto que el castigo justo al culpable (en este caso 65 años) no devuelve la vida a la víctima, pero seguro que los familiares de ésta podrán dormir por las noches y cambiar la angustia de la pérdida por la tranquilidad de saber al culpable pagando.
El caso es que los criminales de todo el mundo saben que delinquir en España es muy barato, que entre los prejuicios de los políticos y la incomprensible empatía que desarrollan muchos magistrados con los agresores, éstos son conscientes de que matar, robar, secuestrar son delitos con desproporcionadas (por defecto) consecuencias penales. Por eso el malhechor se presenta en el juzgado con una sonrisa desafiante, miente descaradamente, insulta y menosprecia al tribunal, oculta información a sabiendas de que está haciendo daño, hace comentarios ofensivos sobre la víctima ante sus familiares... No tiene ningún temor al castigo ni al sistema, puesto que sabe que éste está orientado a su reinserción y eso le tranquiliza.


Seguro que habrá muchos ciudadanos que considerarán fascista y retrógrado el castigo duro, sin embargo, a muchos otros lo que les puede parecer fascista es ponerse siempre de parte del agresor, tener tanta empatía e identificarse con él como para pedir continuamente beneficios para el asesino, no acordarse jamás de la víctima si no es para cuestionar cualquier compensación y, por supuesto, exigir que el asesino en prisión tenga acceso a todo: instalaciones deportivas y recreativas, relaciones sexuales, televisión de pago,  ordenadores e Internet, permisos de fin de semana, compensación económica, cursos de todo tipo..., eso sí, todo a cargo del contribuyente, que muchas veces tiene menos comodidades que el abyecto criminal. Asombrosamente, hay ciudadanos que piden por los presidiarios, pero que jamás han dicho una palabra a favor de las víctimas, como cuando unos que se creen de izquierdas llegaron hasta el tribunal de Estrasburgo pidiendo por los pistoleros..., sin haber movido nunca un dedo por los muertos; la razón de esta increíble perversión es que los terroristas se dicen de izquierdas y, por tanto, ponerse de parte del inocente (que tiene que ser un facha si ha sido asesinado por un comunista) equivale a ser fascista. Es más, se dan casos concretos en que parte (a veces incluso la mayoría) de la sociedad ve con desprecio a la víctima y justifica al asesino (cosa que ha sucedido durante décadas en cierta región española).     

En fin, tal vez los legisladores y los juzgadores tengan miedo de que los comparen con la Inquisición Española. Por cierto, el Santo Oficio no es un invento español, existió y actuó en toda Europa y sus principales ideólogos no son de por aquí. 
Carlosdelriego.