miércoles, 9 de mayo de 2012

EL INSOLUBLE PROBLEMA DE PALESTINA Parece enfriado, pero sólo es una enfermedad en estado latente que en cualquier momento mostrará su virulencia


Así quedó el hotel Rey David tras
el atentado de 1946. Hubo 91 muertos.

Aunque en los últimos meses parece que el ambiente se ha enfriado un tanto, no cabe duda de que el problema no se extinguirá por sí mismo. Y es que en esa zona del planeta la gente lleva dándose de palos desde hace muchos milenios. Por ejemplo, se da por casi seguro que la ciudad palestina de Jericó existía en el séptimo milenio antes de Cristo (probablemente incluso antes), y también que sufrió más de un ataque (además del que acabó con su famosas murallas). Después, sumerios, acadios, hititas, hurritas, babilonios, asirios... musulmanes, cruzados y muchos otros han peleado en aquellos apenas 400 kilómetros de norte a sur y 150 de este a oeste. Y así se llega al siglo XX.

La cuestión entre los palestinos (y por extensión los países árabes de la zona) y los israelíes es algo enquistado en la política internacional desde hace... Y el problema parece insoluble, pues se trata de dos pueblos que disputan el mismo terreno, dos naciones (aunque una no esté reconocida) que pretenden ocupar el mismo lugar, dos ideas de vida, dos religiones, dos mentalidades completamente opuestas que luchan por dibujar sus fronteras en un mapa que no da más de sí. Es un problema de espacio, un asunto geográfico que si no es insoluble está muy cerca de serlo.

El terrorismo no deja de golpear en Israel
La historia del conflicto actual comienza cuando Inglaterra se hace cargo de la región de  Palestina en 1920 (conferencia de San Remo); a partir de ese momento, en plan salomónico, trató de favorecer a unos y otros alternativamente, con lo que, lógicamente, no satisfizo a ninguno. Para entonces ya había atentados terroristas, que se interrumpen durante parte de la II Guerra Mundial; a su término, la Onu llevó a cabo torpes intentos de mediación que no hicieron sino enconar más las cosas, puesto que unos y otros la acusaban de favorecer al contrario (en realidad así era, aunque no fuese esa su intención): realizó declaración en un sentido y al poco se desmintió a sí misma, primero votó por el reparto de Palestina y luego anuló tal resolución. Al acabar la Guerra Mundial, los grupos terroristas judíos Irgún, Stern, Lehi, redoblan sus ataques, llegándose al terrorífico atentado del Hotel Rey David (1946), perpetrado por el Igún y que acabó con la vida de casi cien personas (los terroristas, y muchos israelíes de hoy, siguen diciendo que los culpables de las muertes fueron los ingleses, puesto que no evacuaron el hotel a pesar del aviso; es decir, según ellos, quien puso las bombas no es responsable de los muertos, sino quien no hizo caso del supuesto aviso, pues los ingleses siguen diciendo que no hubo advertencia).

 Dos años después del ataque las tropas británicas abandonan Palestina, y dos días después el nuevo estado de Israel es reconocido por la Unión Soviética y Estados Unidos. Asimismo no se puede olvidar el asesinato (a plena luz del día) del mediador de la Onu, el sueco Folke Bernadotte, y su acompañante, el francés André Serot, acribillados por el grupo Lehi. Sus autores materiales fueron juzgados y algunos condenados, pero el primer ministro israelí los indultó al día siguiente. Prácticamente todos los integrantes de los grupos terroristas israelíes (culpables de masacres tan horribles como las perpetradas por los terroristas musulmanes) pasaron a integrar el ejército y los cuerpos policiales sin que nunca se les exigiera ninguna responsabilidad.

Por otro lado, hay autores que subrayan el hecho de que muchos de los judíos que sobrevivieron a los campos de concentración deseaban emigrar a Estados Unidos, donde pensaban tener más oportunidades, pero de uno u otro modo fueron engañados y en algunos casos casi obligados a ir a Israel.

Los más sonoros líderes de la formación del estado de Israel, como Isaac Shamir, Isaac Rabin, Menahem Begin, Mose Dayán, Ben Gurión, Golda Meir, Sharon..., participaron materialmente, conocieron, aprobaron y apoyaron los atentados y los asesinatos. Y de igual modo los grandes caudillos palestinos Arafat, Husseinni, Abu Abbás..., la OLP, Al Fatah, Septiembre Negro...

Desde entonces, ha habido momentos más calientes y períodos con menos conflicto, varias guerras (la de 1948-49, la del 56-57, la de los Seis Días de 1967, la de 1973), atentados y represalias, ocupación y colonización de territorios, represalias terroristas por casi todo el mundo, venganzas, secuestros, bombas... Ninguno de los dos bandos contendientes ha renunciado jamás a la violencia y al terrorismo.    

La estela de Naram Sin muestra la situación
 en la zona hace más de 4.200 años
Y el problema no lleva trazas de resolverse. Por un lado, los palestinos se sienten propietarios del territorio (al igual que los judíos expulsados de España en 1492, muchos palestinos conservan las llaves de las casas donde vivían antes de ser desalojados) y quieren su estado por encima de todo, y si es echando a los judíos al mar, mejor. Por su parte, los israelitas tienen enorme apoyo económico e ideológico desde Estados Unidos, también están convencidos de ser los legítimos dueños y, según parece, no tienen la menor intención de irse. Por la violencia no parece que los palestinos vayan a recuperar nada, ya que los judíos están mejor organizados, están más unidos, poseen recursos casi ilimitados (son capaces de crear ciudades prósperas en el desierto), actúan coordinadamente..., mientras que la otra parte está corroída por continuas tensiones internas, no hay un plan, un líder, una idea precisa...


Sea como sea, el problema parece insoluble o de solución extremadamente difícil. Eso sí, la culpa no es solo de una parte (estos conflictos jamás tienen un único culpable, una única causa, una solución simple), sino que ambos bandos han utilizado los mismos recursos, las mismas armas, los mismos métodos..., como cualquier contendiente en cualquier guerra. La partición del territorio o compartirlo, parece que no hay más posibilidades, pero primero tendrían que existir ganas de encontrar solución, y no está claro que haya en ningún lado, puesto que ambos creen fanáticamente en su idea.

Parece que los amorreos seguirán pelando con los acadios unos pocos milenios más.  
Carlosdelriego.