miércoles, 16 de mayo de 2012

LA HIPOCRESÍA DE LOS ANTISISTEMA Sólo se puede ser antisistema aprovechando las ventajas del sistema


Creerá que así puede arreglar las cosas

 Los antisistema sólo surgen dentro del sistema. Es decir, no pueden aparecer en sociedades en las que no existen las libertades básicas o en las que la principal actividad sea sobrevivir. No, los grupos que claman (no sin razón) contra banqueros y políticos, que acusan a eclesiásticos y militares, que insultan y menosprecian a quienes se atreven a manifestar ideología diferente, que ocupan viviendas e inmuebles ilegalmente, que se pasan las leyes y reglamentos por el arco de triunfo, que llaman asesinos a los policías y, en fin, que se sienten cómodos en medio de la bronca y que conocen todos los trucos para aparecer como víctimas siendo los agresores, sólo pueden hacer todo eso en un estado de derecho, en un país donde existe libertad de opinión y manifestación. Y por eso no se producen este tipo de situaciones en países donde reina la tiranía, donde la policía pasa por encima de los derechos ciudadanos sin que ocurra nada.


Si alguien trata de gritar su opinión en sitios como Cuba, Corea del Norte o China ( o en su momento la España de Franco o la Unión Soviética), puede estar seguro de que llegarán uniformados que lo llevarán a la cárcel, lo someterán a duros interrogatorios y suerte tendrá si sale entero meses después. Por eso jamás hay voces antisistema en lugares como los mencionados; lo que sí hay es valientes que se atreven a levantar la voz contra el régimen, pero lo suelen pagar con dura represión.

Les gusta aparecer como víctimas,
pero son agresores
 
Por otro lado, ¿alguien se imagina manifestaciones antisistema en poblaciones del Chad, Ruanda, Congo, Bangla Desh, Bolivia o Haití? No, la mayoría de la población está demasiado ocupada buscando la siguiente comida como para echarse a la calle a protestar por sus infames condiciones de vida.

Este tipo de protestas son propias (casi exclusivas) de democracias occidentales con economía capitalista, de países más o menos ordenados y donde existen garantías para todo el mundo, incluso para los que vociferan, se manifiestan contra él y lo maldicen. En definitiva, los antisistema solo existen dentro del sistema, y protestan contra los bancos donde tienen sus cuentas corrientes (o las han tenido o les gustaría tenerlas) y saben cómo se manejan los banqueros, se encienden al hablar de los políticos (que se merecen casi todos los insultos) pero se olvidan de que son los que les permiten vocear y cuentan con el apoyo de millones de votos, lanzan proclamas contra la misma policía a la que llaman cuando sufren robos o agresiones, echan sapos por la boca al mencionar a la Iglesia a pesar de que nunca ha tenido menos poder y menos influencia en la sociedad y en los individuos..., y en cuanto al dinero, seguro que ninguno de los antisistema echaría mano a la caja si tiene oportunidad...

Y es que la realidad se obstina en demostrar que el menos malo de los sistemas es ese contra el que claman los antisistema, sobre todo si se compara con otras opciones existentes en el mundo; no hace falta recordar cómo les va o les ha ido a quienes sufren o han sufrido sistemas distintos al que impera en las democracias occidentales. Lo más divertido es ver cómo algunos políticos que se creen de izquierdas apoyan los movimientos antisistema, eso sí, con sus enormes cuentas en el banco, con sus dos o tres viviendas, con sus sueldazo e infinitos privilegios..., pero se consideran parte de esos que protestan, se identifican con ellos e incluso se les puede ver, en el colmo de la desfachatez y la hipocresía, a la cabeza de alguna manifestación.

Pero el caso es que, realmente, los antisistema jamás abandonarían los privilegios que les otorga este sistema, jamás emigrarían a países que tuvieran otro sistema, jamás se mudarían a Corea del Norte o Arabia Saudí, donde cualquier indicio de protesta contra el sistema (el de allí) se castiga con extrema dureza. No, lo cómodo es protestar aquí, de hecho, sólo aquí es posible increpar a colectivos e instituciones de aquí.

Los antisistema, en resumen, exigen que las cosas se hagan aquí como dicen ellos, pues se sienten en posesión de la Verdad, pero jamás llevarán a cabo nada que suponga verdadero esfuerzo ni, por supuesto, aportan alternativas posibles y eficaces. Estos revolucionarios sin ideas exigen para sí todo lo que tiene la para ellos corrompida clase media, pero sin que tengan que realizar ningún trabajo ni pasar por todos los procesos para conseguir esos “bienes capitalistas”. Por cierto, habría que ver al activista antisistema si, por un golpe de fortuna, se viera con cargo público o millonario.

Hay mucha cara dura disfrazada de antiglobalización y anticapitalismo.
Carlosdelriego.