viernes, 22 de junio de 2012

INDALECIO PRIETO: TRAIDOR Y COBARDE, LADRÓN Y, PROBABLEMENTE, ASESINO Es uno de los personajes más execrables de todos los que protagonizaron la II República Española, pero goza de gran predicamento entre quienes se creen de izquierdas, por lo que no extraña que sea admirado y se erijan estatuas en su honor

Estatuas, calles y plazas rinden tributo a
 Indalecio Prieto, traidor, cobarde y ladrón
 


La Segunda República Española fue un desastre de principio a fin; llegó mediante un fraude electoral, una burda trampa de quienes querían quitar a aquel para ponerse ellos, y lógicamente terminó del peor modo posible, pero del modo más fácilmente previsible. Uno de los protagonistas de aquellos azarosos tiempos es Indalecio Prieto (que murió  en México hace 50 años), asombrosamente bien considerado a pesar de estar más que demostrado que fue un auténtico traidor, cobarde y ladrón, y a pesar de que no esté totalmente probado, hay muchos indicios que permiten que también se le pueda acusar de inductor al asesinato, es decir, de asesino.

Que fue lo que se dice un traidor es más que evidente, él mismo lo confesó en sus escritos. Él, que había sido uno de los abanderados de la implantación de la república, él, que había asistido al Pacto de San Sebastián (donde se urdieron los planes republicanos y donde se diseñó incluso un chapucero levantamiento militar), él, que dio infinitos discursos hablando de democracia y república, él no tuvo reparo en preparar y llevar a cabo un golpe de estado contra la república, que tantas veces dijo defender, a la primera que los resultados electorales le fueron desfavorables. Al ganar la derecha en 1934, Prieto se encargó (por indicación de los jerifaltes del Psoe de la época) de proyectar un levantamiento que se dio en llamar la Revolución de Octubre, y para ello no tuvo reparos en aliarse con quien estaba más alejado políticamente, es decir, con un monárquico declarado, Ramón Carranza, que fue a quien se alquiló el barco (el Turquesa) con el que abastecer de armamento a los encargados materiales del pronunciamiento. Como era de esperar, pues rara vez el Psoe ha hecho otra cosa que chapuzas, la intentona fue un fracaso absoluto. Sea como sea, Prieto traicionó a la república al conspirar contra ella, y traicionó a sus propias ideas republicanas al buscarse cómplices monárquicos para llevar a cabo sus planes. Doble traidor.
Indalecio Prieto (de oscuro) y Juan Negrín,
dos nefastos protagonistas de la historia del
 siglo XX en España.

Y si se dice que el que fuera ministro de Hacienda, Obras Públicas, Marina y Defensa (entre 1931 y 1938) fue un cobarde es porque el muñidor de tan calamitosa asonada se largó a Francia antes de que todo empezara, para así ver los toros desde la barrera, con la seguridad por encima de todo, de modo que si la cosa salía bien volvería triunfante, y si salía mal ya estaba a salvo. De todos modos, dado que Prieto era cualquier cosa menos tonto, si salió por pies antes de empezar el jaleo es porque estaba casi convencido de que la insurrección estaba condenada al fracaso.

Prieto en uno de sus discursos.
Asimismo puede afirmarse que Indalecio Prieto Tuero fue un ladrón con todas las letras. Y para demostrarlo nada mejor que recordar el bochornoso suceso del barco (yate dicen algunos autores) Vita. El caso es que Prieto, astuto como siempre, vio ya en 1938 que la guerra estaba más que perdida, así que cobardemente puso de nuevo pies en polvorosa y se largó a Sudamérica como embajador, de un país a otro; ya en México le llega la noticia que él esperaba desde hacía meses: los republicanos habían perdido la guerra. Allí, en México, recibió al barco Vita y su valiosísimo cargamento. Éste había sido llenado con más de cien baúles con todo lo que se había robado de las cajas, montes de piedad y bancos, de domicilios particulares e instituciones religiosas, iglesias y monasterios, museos..., un auténtico tesoro con depósitos robados del Banco de España (uno de los expoliados fue el mismísimo Alcalá Zamora), grandes cantidades de monedas de oro (muchas de ellas auténticas piezas de coleccionista), joyas valiosísimas, objetos de arte de valor incalculable, piezas históricas cotizadísimas y muy señaladas y, en fin, otras muchas cosas difíciles de determinar, pues el contenido de algunas cajas jamás se ha conocido. El nefasto presidente Negrín (un auténtico glotón en todos los sentidos) venía expoliando aquí y allá desde los comienzos de la guerra (“previsión”, decía el eminente doctor), y a tal fin creó un organismo que legalizase el expolio, la Caja General de Reparaciones. Gran parte de lo robado por esa caja (y de otras procedencias) fue embarcado en Francia en el Vita con destino a México. Negrín y el PNV querían poner sus manos en el tesoro, pero Prieto (nuevamente el más listo) se buscó como aliado al corrupto presidente mexicano Lázaro Cárdenas, con lo que finalmente los burló a todos y se quedó con todo el botín; y lo fue vendiendo y gastando a pesar de los llamamientos de otros exiliados que le insistían en que el tesoro era para sufragar los gastos del gobierno republicano en el exilio (Gordón Ordás le escribió muchas veces). Pero Prieto (y su hijo) no quisieron repartir, pues apenas dieron algunas migajas a quienes mejor les parecieron. Aun existen los asientos contables en bancos de Estados Unidos que prueban que Prieto y su hijo vendían el oro con regularidad (muchas piezas de enorme valor histórico-artístico fueron sencillamente fundidas). No cabe la menor duda de que fue un auténtico ladrón.

Probablemente también fuera un asesino, aunque este extremo no está probado de modo tan concluyente como los anteriores, aunque sí que hay indicios muy sospechosos. Y es así porque fueron hombres de su confianza, sus escoltas personales, integrantes de su grupo paramilitar conocido como ‘La motorizada’ (que ya había dejado bien claro cómo se las gastaba con quien iba contra su jefe) quienes se presentaron en casa del líder opositor Calvo Sotelo, lo secuestraron con mentiras y contando con la presencia de uniformes y coches oficiales, le dieron un paseo y le pegaron dos tiros en la nuca (¿a qué suena esto del tiro en la nuca?). También fueron a por el otro cabeza visible del partido contrario, Gil Robles, pero no estaba en Madrid y salvó la vida. Si los hombres de confianza de Prieto nunca daban un paso sin su consentimiento, si incluso en el congreso se había amenazado abiertamente a Calvo Sotelo, si él mismo tiraba de pistola, ¿es o no es lícito sospechar que el orondo político asturiano sabía dónde iban y qué iban a hacer Condés y Cuenca en compañía de la Guardia de Asalto? Además, Prieto admite en sus memorias que Condés le comunicó el crimen casi inmediatamente y que encubrió el asesinato de su colega de parlamento..., ¡y lo escribe abiertamente! Los asesinos materiales se pasearon por Madrid los días siguientes sin esconderse, lo que indica el clima que había en España en aquellos años, donde uniformados (Guardia de Asalto y Guardia Civil, o sea fuerzas de orden público) aliados con asesinos profesionales, ejecutan al líder de la oposición y el gobierno sólo se preocupa de que sus partidarios no se manifiesten por el centro de la ciudad tras el entierro, e incluso ordena disparar contra ellos causando cinco muertos. Al margen de Prieto, queda bastante claro el grado de democracia y respeto a las leyes que exhibían los integrantes del Frente Popular.           

Además, también se puede añadir que personaje tan hipócrita y cobarde tendía hacia el fascismo, y en este sentido hay que recordar episodios como la vez que llevó al congreso una pistola con la que amenazó a diputados de partidos rivales aduciendo que alguno también llevaba pistola..., o las maneras de su Motorizada contra otros líderes republicanos como Largo Caballero.  
Es curioso cómo se retiran estatuas de unos y se mantienen o instalan las de otros, a pesar de que unos y otros eran iguales, usaban los mismos métodos y tenían el mismo fin: liquidar al contrario.
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CARLOS DEL RIEGO