miércoles, 27 de junio de 2012

CAMPEONES QUE NO FUERON OLÍMPICOS La mala suerte, la desgracia y, como en casi todas las calamidades de este mundo, la política, fueron la causa por la que algunos grandísimos deportistas se vieron privados de acudir a los Juegos Olímpicos. Sus nombres, por tanto, tienden al olvido de modo inmerecido, por lo que recordarlos siempre es hacer justicia. Habrá muchos más, pero no se puede dejar de admirar al atleta alemán Rudolf Harbig y al gimnasta español Joaquín Blume

Joaquín Blume ejecutando un 'cristo'
 con su habitual elegancia
 
Estos nombres estaban destinados a la gloria olímpica, pero causas como la guerra o la política privaron a la historia olímpica de grandes atletas. En los Juegos de Londres 2012 aparecerán gigantes del estadio que permanecerán para siempre en el recuerdo, algo que inmerecidamente han perdido Blume y Harbig.


El jueves 30 de abril de 1959 los periódicos españoles informaban de un accidente de aviación que había sucedido en un monte de Cuenca el día anterior y que no había dejado supervivientes. Entre las 25 personas que se estrellaron en aquel vuelo de Barcelona a Madrid estaba el gimnasta Joaquín Blume, su esposa y otros cuatro gimnastas. El destino volvía a darle la espalda (ahora de modo definitivo) a un gran deportista destinado a convertirse en el primer campeón olímpico español de la historia. Nacido en Barcelona, su familia emigró a  Alemania al comienzo de la Guerra Civil y regresó al terminar. Joaquín comenzó a despuntar muy pronto en el gimnasio de su padre, de modo que tras ganar muchos campeonatos de España (el primero con 15 años), acude a los Juegos de Helsinki 1952 con apenas 19 años, quedando en el puesto 52. Pero su progresión lo había convertido, poco antes de los Juegos de Melburne 1956, en uno de los favoritos. Sin embargo, el régimen franquista boicoteó aquellos juegos a causa de la invasión de Hungría por parte de la Unión Soviética, de modo que Blume se quedó sin juegos. Tenaz, constante, siempre sonriente y dispuesto a entrenar (lo hacía, dicen quienes fueron sus compañeros, de modo profesional), perfeccionista hasta el punto de repetir durante horas el mismo ejercicio hasta quedar satisfecho, Joaquín Blume asombró en el Campeonato de Europa de 1957, donde ganó el concurso general (derrotó a Yuri Titov, campeón olímpico antes y después) y cuatro aparatos: paralelas, barra, caballo y anillas. Su elegancia, su potencia y su estilo inconfundible lo habían convertido en uno de los favoritos para los siguientes juegos, Roma 1960. Pero aquel jueves de abril de 1959 el destino, la fatalidad, el acaso o como quiera llamársele consiguió lo que se había propuesto: privarle de la medalla y de la gloria olímpica a la que estaba llamado.

El alemán Rudolf Harbig murió en
 la II Guerra Mundial, perdiéndose
 la gloria olímpica
 
El alemán Rudolf Harbig también tenía una cita con la historia del deporte, pero se convirtió en uno de los grandes atletas a los que la II Guerra Mundial dejó sin Juegos Olímpicos (en realidad participó en el relevo 4x400 en Berlín 36). Récord mundial de 400, 800 y 1.000 metros en 1939, está considerado como uno de los mejores mediofondistas de la historia, destacando su tiempo en 800 metros, que permaneció como tope mundial hasta 1955. Destinado a ser atleta (y casi seguro) campeón olímpico en los juegos de 1940 y 44, el destino le arrebató esas medallas; en lugar de esto, en marzo del 44 (año olímpico sin juegos), Harbig perdía la vida en el frente ruso, concretamente en Ucrania. Su fortaleza de carácter, su tremenda competitividad (sus mejores registros siempre fueron en alta competición), su inquebrantable fuerza de voluntad (nada de alcohol, te o café y durísimos e intensísimos entrenamientos)..., todo se lo llevó la guerra.

El nadador húngaro Ferenc Csik
 antepuso su obligación a su seguridad.j
 
También merece un recuerdo el nadador húngaro Ferenc Csik, también víctima de la guerra, pero que al menos tuvo ocasión de ganar un oro olímpico, insuficiente botín para un deportista de su clase. Ganador de los 100 metros libres en Berlín 1936, Csik murió en la ciudad húngara de Sopron durante un ataque aéreo en 1945 mientras estaba en su puesto: era médico y prefirió quedarse atendiendo a los enfermos. 
Era un extraordinario deportista y un tipo de una pieza.

La guerra, o sea, la política, les arrebató a los tres (y a muchos más) no pocas medallas olímpicas. Por eso hay que recordar a aquellos a quienes les fueron arrebatados Juegos Olímpicos.    

CARLOS DEL RIEGO