lunes, 25 de junio de 2012

ISAAC ASIMOV, EL FÉNIX DE LOS INGENIOS DEL SIGLO XX Se trata de uno de los más prolíficos e ingeniosos escritores del siglo pasado, pero también, desgraciada e injustamente, uno de los menos valorados


Isaac Asimov y sus características patillas

Para la mayoría de la población que lo conoce, Asimov era un escritor de cuentos y novelas de ciencia ficción, y más concretamente un especialista el relatos con robots, sin embargo, lo cierto es que su producción literaria abarca casi todos los géneros, y esa producción es tan enorme que no es una exageración comparar a este estadounidense, nacido en la desaparecida Unión Soviética, con el escritor del Siglo de Oro Español Lope de Vega, a quien se llamó ‘Fénix de los ingenios’ por el enorme volumen de su producción literaria. De la prodigiosa mentalidad creativa de Asimov, de su inagotable capacidad de trabajo, de sus insaciables ansias de conocimiento, de la increíble cantidad de datos e información que se incluyen en sus textos, habla la pregunta que le hicieron en una entrevista: “¿Cómo se siente uno sabiéndolo todo?”, le espetaron, y él respondió, “Yo sólo sé cómo se siente uno al tener esa reputación, y es inquieto”. Murió de sida, contraída en una transfusión de sangre que se le practicó en un hospital al ponerle un bypass, en 1992.

Asimov es autor de una tremenda cantidad de libros de las temáticas más diversas. Sus inicios en la literatura, a finales de los años treinta, lo decantan por la ciencia ficción, dedicándose casi en exclusiva a este género durante unos veinte años. Pero en los 25 posteriores a los últimos cincuenta sólo publicó cuatro obras de ficción, centrándose en los otros géneros que cultivó. Posteriormente retomó su vertiente de ciencia ficción, pero ahora alternado temas de todo tipo.

Crater Asimov en Marte; también lleva
su nombre un asteroide..
 
Así, como bioquímico que era, editó un sinfín de obras de divulgación científica que abarcan prácticamente todas las ramas de la ciencia (deteniéndose principalmente en la Astronomía) y que, sorprendentemente, resultan muy amenas (si hay que recomendar, ahí está la extraordinaria ‘X representa lo desconocido’). Del mismo modo asombran sus revisiones e interpretaciones de personajes históricos (la corta pero intensa biografía de Leonor de Aquitania resulta emocionante), de obras como La Biblia (monumental publicación que incluye cantidad de informaciones adicionales), de temas tan dispersos como los dinosaurios (los ‘Lagartos terribles’), de los orígenes del hombre, de los inicios de la civilización, de la escritura, de la formación de América o de los Estados Unidos; escribió sobre la historia de la Bioquímica, de la Literatura, de la Ciencia Ficción e incluso sobre la propia historia de la Ciencia; publicó numerosos textos en los que, de modo ameno y muy instructivo, presentaba desde un punto de vista científico el asunto de la estrella de Belén, del cometa Halley o del origen de los números... Asimov era capaz de escribir con soltura y conocimiento de prácticamente todos los temas, pues su inteligencia desbordante siempre fue acompañada por una curiosidad sin límites. No faltaron en su prodigiosa producción los relatos y novelas de misterio, los sesudos tratados filosóficos y de pensamiento, los humorísticos o las poesías, algunas de las cuales están basadas en juegos de palabras..., e incluso publicó obras como ‘Tesoros del humor de Asimov’, que es un libro con chistes y, a la vez, un profundo estudio en torno al humor y la risa.

Ateo y muy respetuoso con las religiones (“con las genuinas”, decía él), atacó y escribió mucho contra las supersticiones, los adivinos, los curanderos, los mediums y demás patulea de falsarios, embusteros y timadores. Concienciado con los problemas de su tiempo, escribió sólidos estudios sobre temas como el calentamiento global o la desaparición de la capa de ozono, e incluso explicó porqué Internet iba a revolucionar el mundo y anticipó muchísimas de las posibilidades de esa herramienta, y lo hizo en 1988, cuando eso de Internet era sólo para unos cuantos.
Su influencia ha sido tremenda. Para empezar, las dos fábricas de robots y autómatas más importantes del mundo fueron fundadas por dos hombres que, en sus años de universidad, quedaron cautivados por las historias de ciencia ficción de Asimov. Además, la palabra robótica es de su invención y se utiliza hoy habitualmente. Sus obras de divulgación fueron algo así como una revelación para posteriores autores, que entendieron las proporciones idóneas de ciencia y de diversión que hay que poner en una obra para que resulte cautivadora al lector curioso.
Sincero y de ideas progresistas, no temía retirar su apoyo público al político o personaje que le decepcionara. En este sentido, Asimov dialogaba de modo sincero con el lector, sobre todo en esa especie de prólogos con que da entrada a muchísimos de sus relatos, en los que explica cómo, por qué, en qué se inspiró o cuánto le pagaron por escribir el texto que se está a punto de leer (de hecho, hay veces que esas explicaciones pueden llegar a resultar tan jugosas como el propio cuento); por ejemplo, en una de esas descripciones previas al relato, dice algo así como “por esta obra cobré x dólares”, y a continuación añade entre paréntesis “sí, soy judío y, por tanto, tacaño, y por eso anoto todas las cuentas”. Cuando uno lee esto llega a imaginarse que el escritor está ahí mismo, justo al lado, hablando y explicando.

Pero aunque apenas la mitad (tal vez menos) de su producción literaria es ciencia ficción, ciertamente es por este género por lo que es más recordado. Y dentro de esta temática, se podría destacar otra de sus grandes aportaciones, las tres leyes de la robótica (de Isaac Asimov, se suele decir cuando se las menciona); se trata de tres sencillas reglas éticas (moralmente irreprochables) con las que este judío de enormes patillas hizo autenticas maravillas en una serie de relatos sencillamente prodigiosos. En su cuento ‘Runaround’ (de 1942), luego incluido en ‘Yo robot’ (llevada al cine de modo no muy afortunado, pues mezcla personajes y situaciones de varios de los relatos que componen el libro), es donde las enuncia por primera vez: Primera regla, un robot no hará daño a un ser humano ni permitirá que éste sufra daño sin hacer nada (sustitúyase robot por ser humano y queda una regla que todo el mundo debería obedecer); Segunda regla: un robot debe obedecer a un ser humano salvo cuando esa obediencia entre en conflicto con la primera ley; Tercera regla: un robot debe conservar su vida excepto cuando entre en conflicto con las otras dos leyes. Asimov le saca un enorme partido a estas tres obligaciones robóticas y demuestra su capacidad para crear ambientes y proponer asombrosas posibilidades y soluciones.

Un regalo seguro para un niño curioso es, por ejemplo, ‘Yo robot’, pero también hay señoras que con 90 años leen apasionadamente a Isaac Asimov; sea como sea, siempre es buena idea echar mano de uno de sus libros, ya sea de ficción, de divulgación, de historia, de pensamiento, de poesía... Sí, este tipo era un auténtico monstruo de la literatura, un ‘fénix de los ingenios’.  

CARLOS DEL RIEGO