lunes, 4 de junio de 2012

‘LOS EXTREMEÑOS SE TOCAN’, O CÓMO LOS PRESUNTOS IZQUIERDISTAS COINCIDEN MÁS DE LO QUE CREEN CON LOS CATÓLICOS


Izquierdas y catolicismo conciden en su aversión
 hacia los ricos y la codicia

Al titular su obra ‘Los extremeños se tocan’, una de las más célebres del gran autor dramático español Pedro Muñoz Seca (fusilado en Paracuellos en 1936), el genial y divertido escritor estaba parodiando el dicho ‘los extremos se tocan’. Curiosamente esto es así en el pensamiento de los que se dicen de izquierdas y algunas de las ordenanzas de la Iglesia Católica, o dicho de otro modo, aquellos se creen en las antípodas de ésta, 


sin embargo, aquellos reclaman desde hace dos siglos lo mismo que ésta reclama desde hace veinte.
  
De este modo, algunas de las bienaventuranzas coinciden exactamente con los principios de las izquierdas teóricas y ateas. Por ejemplo, ‘bienaventurados los pobres...’, dice la Iglesia, mientras que los que se dicen de izquierdas elogian la pobreza, se fían más (teóricamente) de un pobre que de un rico y prefieren su compañía a la del poderoso (la práctica dirá lo contrario); incluso poetas de izquierdas elogian las virtudes de la pobreza. Otra dice ‘bienaventurados los mansos...’, que coincide con tópicos seudosocialistas del tipo de ‘prefiero que me maten a matar, ser agredido a agredir, ser víctima antes que agresor’, pensamiento que no pasa del plano teórico. La que habla de ‘hambre y sed de justicia’ la han tomado los presuntos izquierdistas para hacer espectáculo de la recuperación de los cadáveres enterrados en las cunetas, que deben ser recogidos y enterrados dignamente, pero todos, no sólo los de un lado, y en ningún caso hacer de ello un show o, en el peor de los casos, un arma arrojadiza. Y también hay relación entre la de ‘los perseguidos por causa de la justicia’ y el pensamiento políticamente correcto de los falsos rojos, pues éstos casi siempre están a favor del ladrón, del asesino, del terrorista..., tratando de que sus penas sean lo más livianas posibles y que no les falte de nada, que sean tratados con excelencia, pues estar en la cárcel es lo peor..., aunque rara vez tienen una palabra para la víctima (siempre que no sean ellos o sus allegados y correligionarios).       
           
Unos y otros reclaman comprensión y
perdón para los delincuentes-pecadores
Al final del enunciado de los Diez Mandamientos se suele decir que estos diez se resumen en dos: ‘amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo’. Por su parte, los socialistas y comunistas de boquilla simplemente cambian Dios por Marx, Lenin, Stalin, Mao, Castro o González (por cierto, ¿a éste no le llamaban Dios?); y en cuanto a lo del prójimo, también coinciden en lo de echar una mano y respetar, es más, quienes portan carnet del partido defienden aquello de los hippies de ‘paz y amor hermano’, que a su vez puede superponerse a lo del prójimo.  

Pero es que además, en la vida real de hoy, las oenegés (que contradiciéndose a sí mismas dependen de los gobiernos) van a realizar su loable labor de voluntariado a los países donde la norma es la pobreza, cosa que llevan haciendo las organizaciones religiosas desde que se ‘inventaron’, o sea, aquellas imitan a éstas. Sin embargo, donde no coinciden es en la ayuda desinteresada aquí, no en países lejanos y menesterosos sino en la calle de al lado; es decir, en los comedores sociales y en los albergues de aquí, en los hospitales y lugares donde se socorre a los necesitados aquí. Y por cierto, no se sabe de presuntos comunistas en los hospitales de sidosos y enfermos pobres de todo tipo de países del Tercer Mundo, donde sí están monjas y religiosos a tiempo completo. Sea como sea, unos y otros defienden la misma teoría, aunque unos le llaman solidaridad y otros caridad.

Asimismo, los mandamientos de las izquierdas también concuerdan con la Iglesia en muchas otras cosas, por ejemplo en el recelo ante la riqueza y ante los ricos, en culpar a la codicia y los codiciosos de los males, injusticias y desigualdades, en exigir a los que más tienen que repartan con los que no tienen nada, en repudiar la guerra y buscar la paz a toda costa como único camino, en proteger a los más débiles (salvo los que no han nacido, indignos de vivir para quienes se creen de izquierdas), en socorrer, comprender y perdonar (hasta 70 veces 7) a quienes unos llaman delincuentes y otros pecadores..., y así se podrían seguir enumerando puntos en común de dos modos de pensamiento que, a priori, parece contrapuestos, extremos. Y eso sin contar las ganas de imitación que se demuestran cuando se celebran ‘misas o comuniones laicas’ o se construyen ‘capillas y santuarios laicos’.

¡Qué gran comedia hubiera escrito don Pedro con estos extremeños!

CARLOS DEL RIEGO