jueves, 14 de junio de 2012

POLÍTICOS: VAGOS, COBARDES, CARADURAS Y PRIVILEGIADOS Afortunadamente, la figura del político como se entiende hoy tiene muy mala prensa y peor opinión entre los ciudadanos, y no sin muchas razones. Y es que la política debería ser una etapa en la vida de las personas, no toda su vida


Es menos caricatura de lo que parece

A finales del siglo pasado pasó por Madrid un antiguo jugador yugoslavo de la sección de baloncesto del Real Madrid para recibir un pequeño homenaje. Un periodista le preguntó qué había pasado con serbios, bosnios, eslovenos, montenegrinos y croatas, qué había ocurrido para que unos años atrás se abrazaran unos a otros con los triunfos de Yugoslavia y ahora se mataran entre ellos con un odio, una inquina, una brutalidad que deja asombrado y horrorizado. El viejo jugador respondió con rotundidad, con seguridad, con convencimiento absoluto: “Los políticos”, y añadió “los políticos han envenenado a la gente”. Es una prueba evidente de a dónde pueden llevar las ocurrencias, fanatismos y partidismos de quienes ostentan el poder.

Un político que se enquista en la política, que sigue ahí después de veinte, treinta, cuarenta años, se ha convertido en un caradura, en un cobarde, en un mediocre, en un embustero manipulador, en un aprovechado tendente al parasitismo que ha convertido la política en su único fin, en su objetivo, en su ilusión. Es decir, tras unos diez años, el político muta y abandona todo principio, de modo que una única idea expulsa a todo lo demás de su cabeza: conservar su posición, seguir en política a toda costa, ir de cargo en cargo por muy dispar que sea, pues lo único importante es no volver a poner los pies en la tierra. Es por eso que la política debería ser una etapa en la vida de las personas, no toda su vida.

Es el político un caradura porque cree que, en tanto que electo (la realidad es que el ciudadano vota mucho más pensando en siglas, en un partido concreto, que en sus integrantes, de modo que hubiera votado al mismo partido estuviera quien estuviera en las listas), tiene derecho a innumerables privilegios: sueldo envidiable y capacidad para subírselo, menos impuestos, menos años de cotización para acceder a la pensión máxima, horario de trabajo a decidir por él mismo... por no hablar de todos los ‘privilegios oficiales’.

Gallardón pasó directamente del pupitre al sillón oficial
Es un cobarde porque el que lleva toda su vida laboral subido al tren del privilegio, es decir, el que no ha trabajado nunca pie a tierra (figura abundantísima), tiene verdadero pánico a que un día por las causas que sean tenga que dejar la política, buscarse trabajo y ganar el dinero que realmente merece, que iba a ser muchísimo menos que el que tiene como político. Realmente, lo único que asusta al político es tener que trabajar un día pie a tierra, ese es su único verdadero temor, de hecho, esa posibilidad le produce verdadero pánico, terror, y hará lo que sea, venderá a quien sea, traicionará a quien sea antes que un día tener que poner los pies en el suelo y estar obligado a un horario.

Es un mediocre porque llega al cargo político sin que haya demostrado mérito alguno (hay representantes políticos que, al menos, han trabajado, pero son los menos), o sea, sus únicos actos valiosos lo han sido dentro del partido, puesto que lo que sí ha sabido es encontrar al jefe al que adular para conseguir un buen puesto en las listas y en las diversas comisiones. En realidad, hay muchos que han pasado del pupitre al despacho oficial, por lo que nunca se han enfrentado a los verdaderos problemas que a diario asedian al ciudadano de a pie. Esto es característico del mediocre, y es absolutamente increíble y demuestra una cara como el cemento que personajes como Ruiz Gallardón o Rodríguez Zapatero hablen al público de trabajo cuando ellos no han trabajado en su vida, ni uno ni otro. No debería permitirse a nadie acceder a cargo público sin haber trabajado pie a tierra un mínimo de años.

Es un embustero manipulador, ya sea para con la opinión pública, con la prensa, con los rivales e incluso con los que le estorban dentro de su propio partido. Por eso no es extraño que el político veterano sea capaz de defender una idea y su contraria prácticamente en la misma conversación, y lo hace sin ruborizarse, incluso explicando y tratando de convencer de que es posible que esto fuera blanco hace un minuto y negro ahora. Es un manipulador porque sólo está preocupado por las encuestas, y por eso llevará a cabo cuantos trucos publicitarios y de marketing sean necesarios para lograr su fin, y recurrirá a los expertos en manipulación de masas para ello. Por ejemplo, si tiene un problema y dinero para resolverlo, no invertirá el dinero en la solución, sino en una empresa de marketing y manipulación de masas que convenza a la población de que su gestión es la necesaria.

Zapatero apenas trabajó un par de meses como profesor e,
 inmediatamente, al carro del privilegio
Pero el mayor problema es el ansia de todo político por perpetuarse en la política, por no bajarse nunca del carro del privilegio, pues en este caso tendría que ponerse a tirar del carro, y como ya queda dicho, este el verdadero único miedo del político. No hay que olvidar que la experiencia en política no es ninguna virtud, sino un vicio terrible, pues la experiencia se utilizará para hacer política, o sea, para denigrar e insultar al rival de otro partido, para medrar en los pasillos, para intrigar hasta que se vea en lo alto de las listas electorales, para conseguir colocar a amigos y familiares..., en fin, la experiencia en política sólo sirve para hacer política y para viviendo en el privilegio.

Y todo esto sin que el caradura con cargo público cometa ilegalidades, cohechos, fraudes o, directamente, meta la mano en la caja, cosa verdaderamente más habitual que lo que se airea en los medios.

Y finalmente hay que mencionar la responsabilidad, término que ellos tienen siempre a mano. Se dice que cobran mucho (mucho más que el 99% de los mortales) porque tienen mucha responsabilidad, sin embargo, realmente no tienen ninguna responsabilidad por los resultados de su gestión, puesto que jamás se ha encausado, denunciado o juzgado a ninguno de ellos por impericia, por tomar malas decisiones, por inversiones ruinosas, por dejadez o vagancia, por actuaciones vanas pero caras..., pues por muy mal que lo hagan, por mucho que perjudiquen al ciudadano, jamás se le exige verdadera responsabilidad, es decir, jamás se les piden cuentas por sus errores aunque sean sin mala intención (cosa que también ocurre con otro colectivo del que se tiene muy mala opinión entre la ciudadanía, los jueces); si el individuo anónimo comete un error sin mala intención pagará, mucho o poco pero pagará, mientras que si magistrado o político cometen un error, no pasará nada. Este es otro de los privilegios de los políticos que, en el fondo, son en su totalidad conservadores, puesto que conservar el sillón es todo para ellos.

Si la política supusiera sólo unos años en la vida de la persona, si al firmar el acta de diputado o lo que fuera está a la vista la fecha en la que tiene que volver a su trabajo (con declaración de bienes al llegar y al marchar), seguro que llegaría al cargo público sólo quien de verdad, en conciencia, estuviera dispuesto a esforzarse por el bien de los ciudadanos. Pero esto, a pesar de que es opinión mayoritaria, está todavía lejos.
  
CARLOS DEL RIEGO