viernes, 29 de diciembre de 2023

LOS PALOS QUE LA VIDA PROPINÓ A JOE STRUMMER

 


 Joe Strummer, icono del punk rock

A finales del año 2002 murió Joe Strummer, líder e ideólogo de The Clash y uno de los principales nombres de la primera hornada del punk-rock. Su influencia es evidente en infinidad de bandas de todo el mundo. Pero lejos de los escenarios, los estudios y las cámaras, o sea, en su vida personal, recibió unos cuantos palos

 

Muchas veces se tiende a pensar que la vida de la estrella del rock es ideal, perfecta, con todo lo que desea a su alcance. Pero la realidad es, casi siempre, muy diferente, con penas, amarguras y tristezas idénticas al resto de los mortales. Es muy probable que Joe Strummer vertiera todo el dolor sufrido en la música que lo hizo tan famoso. Y tan querido. Como cantante principal, compositor y guitarrista de la banda, Joe Strummer ejerció una gran influencia en sus compañeros, metiéndose a menudo en discusiones políticas sobre la corrupción, la desigualdad o la injusticia en el Reino Unido y en todo el mundo. Sus canciones, imaginativas, vitriólicas, quedan para siempre.

 

Joe Strummer (John Mellor) nació en Ankara, Turquía, en 1952, puesto que su padre era diplomático del Ministerio de Exteriores del Reino Unido y, por tanto, fue destinado a diversos lugares del mundo. Así, mientras sus padres iban de Egipto a Turquía, de Chipre a Alemania o México, desde los nueve años él y su hermano David se quedaban en un internado en Londres durante larguísimas temporadas; hubo años en que apenas vieron a sus padres en navidad. La ausencia de éstos, sobre todo la de su madre, dejó una honda amargura en lo más profundo del niño, tanto que décadas después hablaba de ello con dureza y si haber perdonado ni olvidado. De hecho, cuando su madre se moría víctima del cáncer, a mediados de los ochenta, él no dejaba de recriminarle y recordarle los años en que lo abandonó a él y a su hermano. Anna murió en 1986 invadida por el cáncer, el cual le había sido diagnosticado en 1979, y en ese mmento se lo comunicó Strummer a sus compañeros justo cuando The Clash grababan el insuperable ‘London calling’.

 

El hermano mayor de Joe Strummer, David Mellor, tampoco tuvo una vida feliz, con diversos problemas psicológicos que lo llevaron al suicidio en 1970. Este suceso también le afectó a pesar de que David se había enrolado en el Frente Nacional, organización británica de extrema derecha, y apenas hablaba el uno con el otro. El cuerpo de David fue encontrado en un parque unos días después de haberse quitado la vida, siendo el propio Joe el encargado de identificar el cadáver. “Era un nazi, no le gustaba relacionarse con nadie…, tal vez el suicidio fuera lo único que pudiera hacer”, dijo el músico, que tal vez sufriera más por la ideología de su hermano que por su muerte.

 

Aun casado con su primera mujer, Joe Strummer (entonces con 26 años), se emparejó con Gaby Salter, con la que tuvo dos hijos; unos días después del nacimiento de su hija Lola, el hermano de Gaby, internado en un siquiátrico con esquizofrenia paranoide, también se suicidó, lo que causó gran tristeza a Gaby y afectó profundamente al propio Strummer.

 

El 22 de diciembre de 2002, Joe Strummer había salido a dar un paseo con sus perros. Cuando volvió a casa, cayó al suelo para no volver a levantarse. Su esposa de entonces, Lucinda Tait, lo encontró aun con vida, pero falleció a los pocos minutos. Fue un infarto fulminante, probablemente como consecuencia de una cardiopatía congénita que nunca le había sido diagnosticada.

 

Tenía 50 años y dejó una brillantísima carrera artística, con títulos que ya forman parte de la más potente, irreverente y protestona historia del rock.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

domingo, 10 de diciembre de 2023

CAMBIOS EN EL CLIMA PRODUCIDOS POR VOLCANES EN LOS ÚLTIMOS SIGLOS

 


La erupción del volcán submarino Hunga Tonga, a comienzos de 2022, producirá cambios significarivos en el clima, incluyendo un calentamiento en los próximos cinco años.

 

No hay día en que la prensa de todo el mundo no alerte de inminentes catástrofes climáticas. Sigue instalada en las sociedades occidentales la idea de que la acción humana es la causante principal de los cambios en el clima, pero empiezan a ser muchos los que tienen dudas y los que están convencidos de que la mano del hombre no tiene tanto que ver, incluyendo miles de científicos y especialistas. El año pasado entró en erupción el volcán Hunga Tonga, afectando de modo muy significativo al clima de la Tierra. Y lo mismo ha sucedido con otros volcanes en los últimos siglos

 

En enero de 2022 erupcionó el volcán submarino Hunga Tonga (situado en mitad del Pacífico, en la Polinesia), vertiendo a la atmósfera cantidades inimaginables de materiales, polvo y gases. Tras haber investigado sus efectos, los especialistas concluyeron que ha sido la mayor erupción en el planeta en los últimos siglos y una de las más grandes explosiones de que se tiene noticia. De hecho, sus efectos se notarán durante años. Envió escombros sólidos hasta casi 50 kilómetros de altura junto a dióxidos de azufre y carbono, cenizas y unos 150.000 millones de litros (150 millones de toneladas) de vapor de agua, lo cual potencia el efecto invernadero, ya que el vapor estará ahí durante años. Como consecuencia de la erupción del Hunga Tonga, según los investigadores de Nature y National Geografic, el clima de todo el planeta experimentará un calentamiento significativo (con temperaturas inusualmente elevadas) durante los próximos cinco años, al menos. Asimismo, la capa de ozono sufrirá una notable disminución.

 

Realmente los volcanes emiten en muy poco tiempo muchos más gases contaminantes que las actividades humanas en años. Se tienen noticias precisas de otras erupciones catastróficas sucedidas en los últimos siglos. Por ejemplo la del volcán indonesio Tambora en 1815. Se ha estimado que la explosión de este monstruo liberó tanta energía como la equivalente a un millón de bombas atómicas como la de Hiroshima; murieron como consecuencia directa casi cien mil personas; el cielo quedó cubierto por miles de millones de toneladas de polvo, cenizas y gas, hasta oscurecer el sol en gran parte del planeta; la temperatura en todo el hemisferio norte descendió unos cinco grados, perdiéndose las cosechas y provocando hambrunas en todo el mundo; hubo nevadas de metros durante el verano siguiente desde París hasta las llanuras centrales de Norteamérica. Por ello, el año 1816 es conocido como el año sin verano.

 

La del Krakatoa (que hasta su erupción era una montaña, no un volcán) es otra de las erupciones recientes (1883) que pueden considerarse catastróficas. Provocó olas de hasta treinta metros de altura que arrasaron todas las costas que tocaron. Vertió a la atmósfera 18.000 metros cúbicos de materiales, y sus cenizas cubrieron una extensión de casi un millón de kilómetros cuadrados (el doble que España). Murieron casi en el acto unas 35.000 personas, y la nube que se formó cubrió casi la totalidad del planeta, con lo que alteró de forma más que notable el clima global.

 

También ha quedado noticia de la ola de calor que asoló Europa Central durante el año 1132; baste señalar que el río Rin se secó completamente. Por el contrario, en el invierno de 1709 hizo tanto frío que se helaron los canales de Venecia; y se sabe que el Nilo se congeló completamente al menos dos veces en los últimos milenios, en 829 y en 1010. 

 

En fin, la explosión del Hunga Tonga (según especialistas y climatólogos) alterará el clima de todo el planeta y lo calentará durante los próximos años, e igualmente perjudicará notablemente a la capa de ozono.

 

Por mucho que la actividad humana perjudique al medio ambiente, la propia Naturaleza se encarga de explicar, de vez en cuando, que el hombre es nada comparado con lo que ocurre cuando esa Naturaleza explota.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

lunes, 4 de diciembre de 2023

MUERE SHANE MCGOWAN, DE THE POGUES: ENTRE LA AMARGA CANCIÓN NAVIDEÑA Y LA FIESTA ETÍLICA

 


 Shane McGowan cantando y bebiendo

Shane McGowan, el cantante y compositor de The Pogues que consiguió fundir el folk irlandés y el punk, acaba de retirarse de escena definitivamente. Gran bebedor, con voz arenosa y dientes como teclas de piano (blanco-negro), deja música de esa que siempre es bienvenida, composiciones que te ponen en marcha y de buen humor. Entre sus muchos temas hay dos que muestran su pensar y su sentir: ‘Fairtale of New York’ y ‘Fiesta’    

 

La fantástica ‘Fairytale of New York’ (1987) es una canción de navidad, pero no un villancico, puesto que a pesar de la deliciosa y contagiosa melodía, la letra transmite amargura, desencanto y dolor. Cuenta la historia de un inmigrante irlandés que, en Nochebuena, termina encerrado en una celda para borrachos en Nueva York. Otro viejo borracho dice “no veré otra”, lo que hace pensar y recordar al protagonista: su encuentro con su chica durante un concierto, los besuqueos, el momento inolvidable…, y luego los reproches y los insultos (puta, borracho) para, tal vez, una insinuada reconciliación. La escribieron McGowan y Jem Finer (banjo) y para la voz femenina se pensó en la bajista Cait O'Riordan, quien abandonó el grupo antes. Luego pensaron en la cantante de folk y pop Kirsty MColl (muerta trágicamente en 2000), que fue quien le dio réplica a McGowan en ese diálogo arrebatador.

 

Cuentan que fue el manager del grupo, Frank Murray, quien les dijo que sería buena idea hacer una canción navideña, e incluso sugirió una de The Band, ‘Christmas must be tonight’, que no les gustaba demasiado, pero sí les gustó la idea de hacer algo que combinara su música festiva y un asunto religioso (tan tradicional en Irlanda). El productor, Elvis Costello, apostó por escribir un tema nuevo que tuviera referencias a la navidad. El grupo se puso a ello. Y salió un argumento donde aparece la marginación y la inmigración, borrachos y yonquis, recuerdos y amargura. Las variaciones de ritmo e intensidad y el juego de llamada-respuesta atrapan irremisiblemente al espectador.

 

No falta la polémica, puesto que el tema ha sido incluso censurado (la BBC), ya que él y ella se lanzan insultos machistas y homosexfóbicos. Claro que resulta más bien tonto pensar que en una celda de borrachos los inquilinos hablen con léxico exquisito y siguiendo las reglas de la corrección política… El tema llegó al número dos en Inglaterra y uno en Irlanda, durante más de veinte años ha alcanzado el top 20 y no hay navidad en que no vuelva a sonar y contagiar a los oyentes.

 

Por el contrario, el tema ‘Fiesta’ (1988, también de McGowan y Finer) es eso, diversión como único objetivo. Aparecida en el mismo Lp que la anterior, es una especie de mezcla entre pasodoble torero y ska. Dicen que la letra y la ambientación tuvieron su origen en el desordenado jolgorio que escucharon cuando se sumergieron en una feria en Almería. A lo largo del texto McGowan suelta todas las palabras en español que se le ocurrieron: “I´m Francisco Vázquez García. Sin gas y con leche. We have fiesta y feria. El veinticinco de agosto. Abrió sus ojos Jaime Fearnley (acordeonista). Para el bebé cincuante (sic) cincampari. Y se tendió para cerrarlos. No romperé mis colliones (sic). Los gritos fuera de las casas”. Un delirio etílico-festivo sin control, eso que tanto gusta a los británicos cuando se vienen para soltarse como no se sueltan allí.

 

Shane McGowan vivió entre la parranda y el alcohol, la música tradicional irlandesa (que se escuchaba en su casa a todas horas) y el punk de primera generación, entre los versos más callejeros y destructivos y las más luminosas melodías. Sin duda ha sido uno de los autores más importantes de su generación y, como buen irlandés (el nombre original del grupo estaba en gaélico), difundió y popularizo en todo el mundo la música, los valores y las miserias de Eire, incluyendo la navidad y las ganas de juerga.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

martes, 28 de noviembre de 2023

EL ROCK & ROLL Y EL ASESINATO DE KENNEDY

 


Bob Dylan escribió en 2020 el explícito tema 'El asesinato más asqueroso'

Hace sesenta años del asesinato del presidente Kennedy. Libros, documentales, entrevistas a los médicos y testigos…, fue un acontecimiento que sacudió la conciencia de todo el mundo y que aún permanece, puesto que el misterio perdura. Los músicos de rock, lógicamente, también reflejaron en sus canciones lo que aquello supuso

 

No son pocos los músicos de rock que se vieron afectados por el asesinato de JFK, como demuestra el hecho de la cantidad de canciones que velada o explícitamente tratan de la persona y, sobre todo, de su muerte.

 

Uno de los primeros que compusieron canciones sobre John F Kennedy es Bob Dylan, que ha tratado el tema varias veces. La primera fue en 1963, cuando el presidente aun vivía. El tema ‘I shall be free’ narra una supuesta conversación con él: “Mi teléfono sonó sin parar. Es el presidente Kennedy llamándome. Me dijo: Amigo Bob, ¿Qué tenemos que hacer? ¿Crece el País?”. Es evidente que la figura de Kennedy tenía un atractivo irresistible… para algunos.

 

Mucho tiempo después, en 2020, Dylan escribió ‘Murder most foul’ (más o menos ‘El asesinato más asqueroso’), una especie de canción fúnebre (de 17 minutos) que se centraba en el magnicidio: “Fue un día oscuro en Dallas, noviembre de 1963. Un día que vivirá en la infamia (…) Lo llevaron al matadero como un cordero al sacrificio (…) Luego le volaron la cabeza cuando aun estaba en el coche”. La larguísima letra de la canción incide una y otra vez en el suceso, y a lo largo de la misma aparecen nombres reconocibles, como Beatles, Altamont, Woodstock…El tema, que alcanzó el número uno de la revista Billboard, “para mí no es nostálgico”, dijo el propio Dylan, que en uno de los versos se permite una broma macabra: “Viviendo en una pesadilla en Elm Street”, que es el nombre de la calle donde todo sucedió.

 

En la siempre evocadora ‘Sympathy for the devil’ (1968) de los Stones, Mick Jagger canta: “Grité: ¿quién mató a los Kennedy? Cuando después de todo fuimos tú y yo (…) Espero que hayas adivinado mi nombre (…) Simplemente llámame Lucifer”. O sea, “fuimos tú (quien sea) y yo (el demonio)”, quienes asesinaron a JF y a Robert F Kennedy.

 

En el icónico Festival Monterrey Pop (1967), The Byrds tocaron una canción tradicional, ‘He was a friend of mine’, a la que ellos habían puesto una letra nueva que se refiere al asesinato. En la misma se dice: “Estaba en la ciudad de Dallas. Desde una ventana del sexto piso. Un hombre armado lo mató a tiros”; es decir, apoya la versión del asesino solitario. Sin embargo, el mismo David Crosby desdijo la intención de esa letra cuando, ante la audiencia dejó claro que no fue sólo Oswald, que hubo más implicados. Crosby dijo: “Sé que están grabando esto para la tele, por lo que estoy seguro que lo van a editar (modificar). Pero quiero decirlo de todos modos. Kennedy no fue asesinado por una sola persona. Le dispararon desde diferentes direcciones, con diferentes armas. La historia ha sido cambiada y los testigos eliminados…, este es vuestro país, damas y caballeros”. Crosby estaba convencido, en contra de la canción, de que hubo más de un tirador; sin embargo, su compañero Roger McGuinn desdeciría más tarde estas palabras de Crosby.

 

El pionero del rock & roll Jerry Lee Lewis escribió en 1966 el tema ‘Lincoln limousine’, que era el coche en el que iba Kennedy cuando fue asesinado. En la letra escribe: “Era un gran, gran líder llamado Kennedy. Luchó por el derecho y la libertad, trató de mantener limpia esta nación. Pero le dispararon en el asiento trasero de una limusina Lincoln (…) Un rifle de veinte dólares cortó la vida de este gran hombre (…) Se supone que este país es la tierra de los valientes y libres. Pero le dispararon en el asiento trasero del Licoln Limousine”. Duro alegato contra cierta parte y cierto pensamiento de EEUU.

 

Lou Reed tenía 21 años en 1963. El magnicidio le afectó profundamente y le formó un recuerdo indeleble. En 1982 editó su ‘The blue mask, en el que incluyó un tema con título explícito, ‘The day John Kennedy died’, que dice: “Soñé  con una unión perfecta y una ley perfecta (…) Y sobre todo soñé que olvidaba el día en que murió John Kennedy (…) Recuerdo donde estaba ese día (...) El equipo de la universidad estaba jugando al fútbol en la televisión. Entonces la pantalla quería morir y el locutor dijo Ha habido una tragedia”.

 

Y hay bastantes títulos más que tocan o se sumergen en aquel trágico acontecimiento. El rock nunca se olvida de asuntos tan trascendentes.

 

CARLOS DEL RIEGO

 


jueves, 23 de noviembre de 2023

LA BATALLA DEL RÍO ÓRBIGO (LEÓN), AÑO 456, LOS VISIGODOS APLASTAN A LOS SUEVOS EN TERRIBLE COMBATE

 


Es difícil imaginar cómo fue la batalla, pero seguro que el río bajó rojo a lo largo de kilómetros

En el año 456 tuvo lugar la Batalla del río Órbigo (provincia de León), en la que el visigodo Teodorico derrotó al suevo Requiario, al que luego persiguió, dio caza y ejecutó. El Imperio Romano de occidente vivía sus últimos momentos (cayó veinte años después) e Hispania era invadida por todo tipo de pueblos bárbaros

 

Sin duda, la Hispania de hace 1567 años debía ser un lugar terriblemente inseguro (como toda Europa), puesto que el orden romano era un recuerdo, los pueblos bárbaros invadían a sangre y fuego casi sin oposición y todas las violencias imaginables eran cosa cotidiana. En realidad, todo el Imperio Romano vivía en la anarquía. En este escenario, el rey visigodo del reino de Tolosa Teodorico II vio una oportunidad para aumentar su poder ante el muy debilitado emperador Avito.

 

El pueblo suevo entró en la península a comienzos del siglo V (junto a otros pueblos germánicos como los vándalos y los alanos), empujado por los hunos y las malas condiciones en las que vivían. Lógicamente estas hordas llegaban, atacaban a sangre y fuego y saqueaban toda población con la que se encontraban; eran bárbaros, que en latín venía a significar extranjeros, pero dada su forma de actuar, pronto se asoció bárbaro a cruel, bestial, salvaje. Así, el Reino Suevo llegó a abarcar lo que hoy es Galicia, norte de Portugal y grandes zonas de las provincias de León, Zamora, Palencia y Asturias. Continuamente emprendían campañas de saqueo que sólo buscaban botín, sin intención de dominar, organizar o imponer leyes en los nuevos territorios…, es decir, no puede hablarse de un verdadero reino. Según el historiador Hidacio (contemporáneo de los hechos), el rey Requiario se dedicó al pillaje desde su coronación (año 448); desde Lérida (Ilerda) hasta Mérida pasando por Zaragoza, las tropas suevas iban matando, quemando, violando, saqueando y, en fin, destruyendo todo a su paso; hay que imaginarse el terror de la gente cuando veía lo que se les echaba encima: espadazos, tajos, fuego y humareda, palos, gritos, llantos, miedo, sangre… y salvajes chillidos y risotadas de los atacantes. Imposible entender hoy cómo era aquello.

 

Ante todo esto el visigodo Teodorico recibió el encargo de parar los pies a los suevos, así que emprendió el camino hasta encontrarse con el ejército de Requiario a orillas del río Órbigo, a 12 millas (unos 50 kilómetros) de la ciudad de Astorga, el 6 de octubre del año 456. El historiador y obispo gallego Hidacio no da muchos detalles de lo que fue la batalla en sí, limitándose a señalar la infinidad de muertos que sufrió el bando suevo. El enfrentamiento debió ser feroz, en primer lugar porque aquellas sociedades germánicas no sabían de tácticas ni estrategias de batalla, sino que se lanzaban a toda velocidad contra el enemigo, gritando enardecidamente y blandiendo sus armas: lanzas de unos dos metros para la primera acometida, espadas largas de hierro, hachas arrojadizas, arcos, escudos…, y los más pudientes irían a caballo con yelmos, cotas de malla de hierro y otras protecciones. La escena tuvo que ser apocalíptica, con varios miles de combatientes por ambos bandos en medio de una indescriptible confusión, con un ruido insoportable de metal contra metal, entre alaridos desesperados y el relinchar de los caballos, los golpes continuos, el caer de los cuerpos… El río Órbigo tuvo que bajar teñido de rojo y transportando restos humanos a lo largo de kilómetros.

 

Incluso el rey suevo resultó herido (hasta los reyes entraban en combate) y como pudo logró huir. Pero Teodorico no iba a dejar escapar la presa y lo persiguió casi obsesivamente. El derrotado rey se refugió en Braga, que fue atacada sin piedad por Teodorico; Requiario consiguió huir nuevamente, y el godo se entretuvo unos días saqueando, quemando y violando. Finalmente Teodorico capturó a Requiario en Portucale (Oporto) y lo ejecutó; es de suponer, teniendo en cuenta cómo se las gastaban los godos en esto de las ejecuciones, que la cosa debió ser lo más brutal, lento y sanguinario que pueda imaginarse. Fue el fin del reino suevo, que languideció unos años más.

 

Al volver, ya en 457, Teodorico atacó varias poblaciones, entre ellas el Castrum Coviacense, Coyanza, hoy Valencia de don Juan, puesto que los nobles godos estaban descontentos al no haber tomado botín suficiente a lo largo de la campaña.

 

Más de quince siglos hace de aquello. Los godos se imponían a los bárbaros, pero poco más de dos siglos y medio después, la península vivió otra invasión (la enésima pero no la última) y, lógicamente, tierras y aguas volvieron a regarse con sangre. ¡Cuántas de estas se han vista en la vieja Hispania!

 

CARLOS DEL RIEGO

 

lunes, 20 de noviembre de 2023

AUNQUE PAREZCA INCREÍBLE, JIMI HENDRIX FUE TELONERO DE LOS MONKEES, Y LA COSA NO ACABÓ BIEN

 


Hendrix fue telonero de Monkees

 En la corta historia del rock & roll se han producido infinidad de anécdotas, curiosidad y hechos insólitos, como cuando uno de los gigantes del rock y el blues-rock, Jimi Hendrix, actuó como telonero de The Monkees. Lógicamente, el público de unos era muy diferente al del otro, por lo que el genial guitarrista abandonó en poco tiempo tras ser abucheado por los niños y adolescentes que sólo querían Monkees

 

Visto hoy parece una herejía: el inimitable Jimi Hendrix abriendo el concierto de The Monkees. Y además, soportando los chillidos y broncas de un público infantil. Pues tal cosa ocurrió. Hendrix había formado parte de los grupos de acompañamiento de Sam Cooke, Jackie Wilson, The Isley Brothers, Little Richard…, y a mediados de los sesenta ya vislumbraba su propia carrera.

 

Mikey Dolenz, batería y cantante de The Monkees, era un incondicional de Jimi Hendrix desde la primera vez que lo vio. El propio Dolenz recordaba años después que lo descubrió gracias a John Lennon y Eric Clapton, quienes le pusieron una casete de Hendrix  en un restaurante de Londres. Luego, en 1967 lo vio tocar en un local de Nueva York y “estuvo increíble, genial”, recordaba Dolenz, y entonces pensó que sería un buen telonero para The Monkees. No tardó en darse cuenta de su error.

 

A comienzos de julio de 1967, Jimi Hendrix aceptó ir de telonero de Monkees en una gira por EE UU. Pero la cosa fue mal desde el primer show, puesto que al poco de comenzar su actuación recibió unos incomprensibles abucheos. Así, tras el octavo concierto el guitarrista abandonó tan descabellada idea. Jimi dijo luego con amarga ironía: “Vaya, creo que desearían reemplazarme por Mickey Mouse”. Fue Chas Chandler, manager y productor, quien solicitó que Jimi dejara la gira, pero para que tal abandono no produjera vergüenza se inventó que había sido por culpa de la ultraconservadora asociación ‘Hijas de la revolución americana”, que habían denunciado que el show de Hendrix era excesivamente erótico para el público de The Monkees, que iba de los siete a los doce años. Una excusa muy buena que evitó muchos sonrojos.

 

Dick Clark, promotor de la gira, recordó: "Hendrix tenía un gran atractivo. Pero sólo para gente que tuviera un mínimo de conocimiento musical. Y esa no era, definitivamente, la audiencia de The Monkees”.

 

El guitarrista de Seattle comentó que The Monkees sonaban como “el agua de lavar la vajilla”. Mikey Dolenz recuerda que Hendrix era “tímido, muy tranquilo, experto en la calle pero muy ingenuo para los negocios”.

 

Lo que tuvo que soportar el guitarrista debió ser una tortura, y no sólo para él, sino también para los muchos seguidores que ya tenía y que leían las cónicas de los conciertos cada día. El batería y voz de los Monkees  rememora las actuaciones de Jimi: “Él y su grupo (Jimi Hendrix Experience) estaban tocando maravillas como ‘Purple haze’ o ‘Foxey lady’, con los dientes, con la guitarra detrás de la cabeza…, pero el público solo gritaba ‘queremos Monkees, queremos Monkees’, noche tras noche. Debió ser muy frustrante para Jimi”.

 

Lógico, Monkees fue un grupo ‘prefabricado’, ideado desde el departamento de marketing, mientras que Hendrix era lo más genuino, auténtico y pasional.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

martes, 14 de noviembre de 2023

LOS POLÍTICOS SON EL CÁNCER DE LA DEMOCRACIA, Y LOS PARTIDOS SUS METÁSTASIS

 


El que fuera gran actor británico Peter O´Toole dijo acertadamente, Puede haber honor entre los ladrones, pero nunca entre los políticos

 

Los políticos se han convertido en el cáncer de la democracia, y los partidos en sus metástasis. Puede parecer una afirmación excesiva, pero existen sólidos argumentos que la sustentan

 

Tal vez en otro tiempo hubo políticos honrados que realmente procuraban el bien común, pero en la actualidad, independientemente del color de cada partido, el profesional de la política ha devenido en una dolencia incurable para la estructura de la democracia. Y tal cosa sucede en cualquier país democrático (claro que es mejor vivir con un tumor que ser envenenado por una dictadura). 

 

Aunque se haya repetido mil veces, siempre es oportuno recordar lo que una mente clarividente dijo una vez: “Los políticos son como los pañales, al poco de puestos ya están sucios, y por tanto hay que cambiarlos con mucha frecuencia”. Y aquí está la clave: la permanencia en política. La experiencia, lo que se ve prácticamente a diario, es que en unos pocos años de actividad política el político se olvida (si es que alguna vez lo tuvo presente) del bien de los ciudadanos, y vierte todas sus fuerzas, pensamientos, ideas, tiempo, actividad… en la política, quedando lo demás en muy segundo plano. En otras palabras, hay que ser muy ingenuo, tonto o fanático para creer en el político, puesto que a éste lo único que le importa es la política, o sea, el poder, conservarlo o conquistarlo. Así, el mandatario que vive a expensas de la población sólo pensará en cosas de partido: cómo esconder este escándalo y cómo magnificar el del rival, con quiénes nos asociamos para alcanzar el poder, qué les ofrecemos y qué puestos nos quedamos, cómo hago para ascender y conseguir mejores cargos, qué tipo de campaña propagandística será la mejor y de dónde sacamos dinero para pagarla…, pero ni un solo segundo perderán en idear soluciones que mejoren la vida del ciudadano.

 

Por otro lado, resulta verdaderamente irritante, hiriente, comprobar cómo hay elementos que permanecen en política (comiendo la sopa boba) desde los veinte hasta los setenta, pasando de un nombramiento a otro, de un destino a otro, de una dirección o secretaría a otra. Sería infinitamente más democrático que fueran muchos los ciudadanos que entraran a la labor política durante un tiempo, y no que unos cuantos acaparen la mayoría de los puestos, cargos y poltronas durante décadas y décadas. Pero claro, se vive muy bien siempre ahí arriba, buenos sueldos (y otros ingresos), atención mediática, machacas a los que mandar…, en fin, poder. Y para conseguir el poder la mayoría están dispuestos a todo, a traicionar, a vender a quien sea. Es absolutamente innegable que el poder corrompe, y cuanto más se tiene más corrupto se es.

 

No será necesario recordar que todas las guerras las provocan y las declaran los políticos (aunque no se sabe que ninguno pereciera en el frente), como tampoco que las mayores masacres, degollinas, genocidios y hecatombes han sido perpetradas invariablemente por políticos.

 

Pero con las cosas como están no parece posible que el político renuncie a todos los beneficios de su odiosa ocupación. Por eso, los políticos son como un tumor que crece y se ensancha a costa de la sociedad, a la que van exprimiendo, manipulando, engañando, parasitando y sembrando cizaña.

 

Por todo, la democracia pierde gran parte de su esencia, de su legitimidad cuando la persona se enquista toda su vida en ese ámbito habitado por trepas parásitos e indignos. Y los medios tienen su parte de culpa, puesto que hablan de ellos con enorme respeto, como si fueran personas honestas. Todo sería distinto si quien entra la actividad política fuera una persona que, al cabo de seis u ocho años, volviera a su trabajo, a su verdadero trabajo; no tendría que pensar cómo permanecer o cómo conquistar el poder, no tendría que mirar y especular con las próximas elecciones, puesto que tendría siempre presente la fecha en la que termina su tarea pública. Y se dedicaría a lo que debe.

 

Los partidos políticos, por su parte, no son más que máquinas pensadas para ganar elecciones, para colocar a todos sus cabecillas y para hacer constante, sectaria y agobiante propaganda. Las empresas tienen como único objetivo ganar dinero, y del mismo modo los partidos, que sin el menor freno moral hacen lo que sea para ganar las elecciones, acaparar poder, maniobrar para perpetuarse el mando. Y cuanta más autoridad mejor, pues habrá más recursos para seguir y seguir. Lógicamente, el partido político también utiliza la división y el enfrentamiento entre los ciudadanos, siembra la cizaña, separa a ellos de nosotros y, como consecuencia, se quiebra la convivencia hasta que la inquina se enquista en la población como un cáncer, como indeseables metástasis. El partido político, en fin, es partidista, y al igual que las empresas sólo piensa en sí mismo y en los suyos, en sus propios intereses, en lo mejor para el partido, nunca jamás en lo mejor para la sociedad, la cual, desgraciadamente, es la que lo mantiene y subvenciona.      

 

El tumor maligno de la democracia es la figura del político vitalicio (fanático dispuesto a traicionar a la sociedad y a sus convicciones por el bien del partido), y las metástasis que corroen al común son los partidos.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

lunes, 6 de noviembre de 2023

LA RECONSTRUCCIÓN, REGRABACIÓN Y REMEZCLA DEL TEMA DE LENNON NO ES UNA CANCIÓN DE LOS BEATLES

 


 Lennon y Harrison, jóvenes, Paul y Ringo, octogenarios. La 'nueva' canción es tan anacrónica como la foto

Todos los que gustan de escuchar canciones de los Beatles, es decir, miles de millones, están sorprendidos, maravillados o no, con la canción que se ha lanzado como ‘la última de los Beatles’. Sin embargo, no sólo técnicamente sino artísticamente no hay tal canción de los Beatles

No cabe duda de que se trata de un interesante experimento, un proyecto que ilusionó a sus protagonistas desde que se encontró esa canción, ‘Now & then’, en una cinta de casete que Ono dio a Paul entre otras cosas de John. Al parecer, cuando se intentó por vez primera (en 1995) no hubo forma de separar la voz de un piano casi indetectable, por lo que se abandonó el proyecto; hoy, con la inteligencia artificial, ha sido posible separar ambos sonidos, con lo que se ha podido mejorar todo hasta el punto de construir una canción completa, con todos sus arreglos, producción y mejoras.

 

Bien, pero decir que eso es una canción de los Beatles es simplemente falso, y por varias razones. Primero, no puede haber Beatles si la mitad ya no están en este mundo, de modo que no hay posibilidad de que la banda, que lleva más de medio siglo desbandada, vuelva a la vida. Por otro lado, tomar una grabación casera y cocinarla y recocinarla una y otra vez en los estudios de grabación y con los últimos adelantos técnicos tampoco equivale a la resurrección de la banda.

 

Desde el punto de vista artístico, la canción es bastante característica del Lennon post-beatles y, por tanto, alejada de lo que firmó hasta 1970; de hecho es evidente su cercanía a otras del Lennon solista como ‘Jelous guy’, ‘Starting over’ e incluso ‘Imagine’. Y además, le falta el punto de magia y encanto que sólo proporcionaba el contacto con los otros tres y con George Martin. Por último, sus compañeros supervivientes (y el productor Gilles Martin, hijo de George), han añadido letra y melodía totalmente ajenas a John, algo que, tal vez, no le hubiera gustado.  

 

Cierto que ‘Now & then’ se escucha con interés, incluso con avidez, puesto que eso de ‘una nueva de los Beatles’, aunque finalmente no lo sea, desencadena la fascinación por todo lo que representaron y representan, pero fríamente la cosa es un producto de la tecnología, mucho más que una pieza artística y en absoluto una canción de los Beatles.

 

Es, en fin, una curiosidad, un logro técnico, una llamada a la nostalgia, pero poco más. Lo que sí estaría bien es que fuera una excepción; piénsese que se cogen las cintas con infinitos trocitos de canción o melodía que haya en los estudios y se empiezan a construir y grabar canciones ‘nuevas’ con la inteligencia artificial como principal herramienta. La de discos de Beatles, Elvis o Janis ‘nuevos’ que saldrían cada año. Y ya puestos, la IA puede componer una sinfonía con el estilo de Behetoven y lanzarse como una ‘nueva’ sinfonía de Behetoven.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

jueves, 2 de noviembre de 2023

GRANDES METEDURAS DE PATA DE CIENTÍFICOS QUE SE CREYERON ADIVINOS


 Un eminente científico vaticinó, ocho años antes del primer vuelo de los hermanos Wright, que las máquinas más pesadas que el aire jamás podrían volar

A lo largo de la historia reciente no han sido pocos los científicos, ingenieros o investigadores que, eufóricos tras un descubrimiento o un experimento exitoso, se lanzan a la adivinación, a la futurología, sin tener en cuenta que ese camino conduce siempre al disparate, al ridículo. De hecho, cada vez que un sabio se atreve a ejercer de profeta se convierte en un charlatán, en un embustero

 

Siempre se ha dicho que la predicción y la adivinación del futuro es un camino que lleva inevitablemente al error, puesto que nunca se tienen en cuenta las variables y factores desconocidos que intervendrán en el asunto. Por ello resulta más chocante que sean reputados científicos e investigadores quienes, de forma totalmente acientífica, se toman a sí mismos como profetas. En los dos últimos siglos, que es cuando la ciencia termina por imponerse a la magia o la astrología, se observan algunos casos casi bochornosos.

 

William Thomas, Lord Kelvin (1824-1907), fue un físico e inventor británico que dio su nombre a una de las escalas que miden la temperatura (las de Celsius y Farenheit son las otras), entre otras importantes aportaciones a la Física. Sin embargo, tal vez llevado por la vanidad de su evidente sabiduría, hizo una serie de predicciones que, lógicamente, fueron erradas. Así, en 1895 sentenció que “Las máquinas más pesadas que el aire no volarán jamás”, y añadió “no tengo ni una molécula de fe en la navegación aeronáutica” (claro que peor fue uno que, mes y medio antes del primer vuelo de los hermanos Wright en 1903, dijo en el New York Times que “se necesitarán entre uno y diez millones de años para construir una máquina voladora”). Un par de años después se atrevió a augurar que “La radio no tiene ningún futuro”. Y cuando Roentgen presentó los rayos X, Lord Kelvin se dejó decir que “Los rayos X son un engaño, un fraude”. Claro que todo eso se queda en nada comparado con su oráculo de 1898: “Sólo quedan 400 años de oxígeno en la Tierra”. Un científico nunca será adivino. 

 

Lee De Forest (1873-1961) fue un físico estadounidense, inventor con cerca de 300 patentes y gran pionero de la radio (inventó la válvula de vacío). Pero en 1926, cuando la televisión ya era un hecho desde 1920, se atrevió a ejercer de vidente y dijo: “Técnica y físicamente la televisión es posible, pero comercial y financieramente no es viable, es imposible”. En 1939 comenzaron las emisiones de televisión en Estados Unidos, pero un periodista radiofónico se sintió gran profeta y escribió: “El problema de la televisión es que hay que mantener los ojos pegados a la pantalla, y la familia estadounidense media no tiene tiempo para eso”. Más sentido tiene el vaticinio (errado) del oscarizado cineasta Darryl F. Zanuck (1902-1979), que debió ver en la televisión una terrible competencia y por eso dijo en 1946: “La televisión nunca retendrá una gran audiencia, pues la gente se aburrirá rápidamente de mirar cada noche una caja de madera”. Predecir es sinónimo de equivocarse.  

 

Mucho más recientemente, en 1995, el astrofísico Clifford Stoll, escribió en un libro: “Las guías telefónicas, los periódicos o los videoclubes no van desaparecer por mucho que se extiendan las redes informáticas”. Y más aún: “No creo que mi teléfono se convierta en una computadora para convertirse en un dispositivo de información”. Que Santa Tecla le conserve el oído porque…

 

Otro gran pionero de la informática y de Internet, Robert Metcalfe, predijo en 1995 que para el año siguiente Internet “colapsará catastróficamente como una supernova”. Y tan seguro estaba de su augurio que prometió comerse sus palabras sino sucedía así. En 1997, durante una conferencia internacional sobre el asunto de Internet, reconoció que se había equivocado (faltaría más) y, como había prometido comerse sus palabras, sacó un pastel con referencias a Internet y se comió una parte…, pero los asistentes esperaban más ‘penitencia’, más rigor a la hora de comerse sus palabras, así que lo abuchearon sonoramente. Ante esta situación, Metcalfe cogió el periódico en el que había escrito su vaticinio, rompió la página con su texto, la metió en una batidora con agua y se comió la pulpa resultante…

 

Siguiendo al anterior, en 1998, otro que no temía al ridículo, el economista Paul Krugman, predijo que “Internet se desacelerará porque la mayoría de las personas no tienen nada que decirse unas a otras”.     

 

Marty Cooper, uno de los inventores del teléfono móvil, incomprensiblemente profetizó en 1981: “Los teléfonos móviles nunca sustituirán a los de cable”.

 

Y esta pequeña lista de videntes a quienes el tiempo y la realidad desmienten una y otra vez, puede cerrarse con la sandez que lanzó en 2007 Steve Ballmer, quien fuera ejecutivo de Microsoft: “No hay ninguna posibilidad de que el IPhone consiga una cuota de mercado significativa, ninguna posibilidad”.

 

Es increíble que mentes tan despejadas, que brillantes investigadores e inventores caigan en la infantil y vanidosa tentación de predecir qué va a suceder en el futuro.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

lunes, 30 de octubre de 2023

CÓMO SE HICIERON LAS PORTADAS DE LOS DISCOS DE THE BEATLES


Pocas portadas de la historia de la discografía son más emblemáticas. 

Así se hizo la foto

Octubre de 1963, The Beatles terminan de grabar su segundo Lp, que saldría un mes después. Fue a lo largo del año siguiente cuando se disparó la llamada ‘beatlemanía’. Desde entonces, cada disco fue un acontecimiento y, con el paso del tiempo, cualquiera identificaría cada Lp por su portada, puesto que la imagen del frontal de esos discos se ha vuelto tan emblemática, tan identificable, casi, como las canciones. Cada una de ellas tiene jugosas historias que contar  

 

Una de las grandes ventajas de los discos de vinilo es que, además de música, también ofrecen arte, pues las portadas son perfecto soporte para los artistas gráficos, desde fotógrafos a dibujantes o pintores. Entre las portadas más reconocibles de la historia del rock están las de los discos de The Beatles, quienes tenían que ir explorando nuevos modos, nuevas ideas, tanto en la música como en la parte artística.

 

El primer Lp de Beatles fue ‘Please please me’, 1963, en cuya portada se les ve asomados y mirando hacia abajo desde una gran escalera. George Martin quiso en esta portada unir dos proyectos: su nueva banda y su amor por el zoológico de Londres. Martin, miembro honorario de la sociedad zoológica de la ciudad, pensó en fotografiar al cuarteto frente a la casa de insectos del zoológico (por lo de ‘beetles’, escarabajos). Pero la sociedad zoológica no lo entendió y se negó. Así, se le pidió al fotógrafo Angus McBean que pensara algo, y pensó en colocarlos en la escalera de la sede de EMI en Manchester Square de Londres, mirando hacia abajo. Gerges Martin dijo: “Se hizo con mucha prisa, pero a partir de entonces siempre se tuvo en cuenta la opinión e ideas del grupo."

 

‘With the Beatles’ también salió en 1963. El manager Brian Epstein había visto las fotos en blanco y negro que el fotógrafo Robert Freeman había hecho del saxofonista John Coltran y quiso que hiciera la foto para la portada. Freeman se inspiró en su amiga Astrid Kirchherr, que utilizaba la penumbra y la media luz, para conseguir un efecto similar pero que pareciera más bien informal. Hizo las fotos en el comedor de un hotel de Bournemouth, donde iban a tocar los Beatles. McCartney explicó: “Puede pensarse que trabajó y fotografió

durante horas, pero la sesión duró menos de una. Robert se sentó, comió un par de bollos e hizo las fotos”. Y así quedó esa inolvidable media luz, la cual fue destrozada en EE UU, donde se editó coloreada.

 

Imposible no reconocer la cubierta del ‘A hard days night’ de 1964. Robert Freeman se presentó con la idea de una serie de fotos que proporcionaran sensación de movimiento: cuatro filas de retratos, cada uno con una expresión diferente, como si se tratara de fotogramas de una película. En EE UU volvieron a cargarse la idea al aparecer el grupo en sólo cuatro imágenes, en lugar de las veinte del original.

 

Antes de que acabara el año editaron otro elepé, ‘For sale’. Robert Freeman los citó en el Hyde Park de Londres para la sesión de fotos en el otoño del 64. No hubo indicaciones, ni de ropa, peinado o aspecto. Paul recordaba: “Nos dijo que estuviéramos allí, como nos diera la gana pero que nos presentáramos. Pero el caso es que todos nos poníamos el mismo tipo de ropa: trajes negros, camisas blancas, corbatas negras, grandes bufandas…”. La sesión duró algo más de una hora, y la imagen que salió en el disco se tomó con un ayudante sosteniendo una rama en primer plano para dar sensación de cercanía.  

 

Para el ‘Rouber soul’ de 1965 Freeman ya sabía mucho de lo que el grupo y su manager querían. Hizo varias sesiones con los chicos en un bosque cercano a la finca de Lennon en Weybridge. Días después se reunieron para ver las fotos y seleccionar una; para ello, Freeman proyectó las diapositivas sobre un cartón blanco del tamaño de un elepé, pero entonces el cartón se torció un poco distorsionando ligeramente la imagen, algo que gustó a todos desde el primer momento: “Oye, ¿podemos dejar así la foto?” dijeron los Beatles, y así quedó.  

 

Robert Freeman se había convertido en el fotógrafo oficial del grupo. Para ‘Revolver' (1966) se le ocurrió una idea: un montaje con las cuatro caras, pero la cosa no convenció totalmente, así que optaron por la propuesta del músico y diseñador Klaus Voormann (pareja entonces de la antes mencionada Astrid), viejo amigo de la época de Hamburgo. Voormann dibujó los rostros de los Beatles de memoria, pero la de uno de ellos se le resistía, no era capaz de dibujarla como él la tenía en la cabeza: la de George. “Al final, cogí una foto de un periódico, le recorté los ojos y la boca y las superpuse al dibujo”, explicó Voormann. Luego, se reunieron en casa de Lennon y revisaron revistas y periódicos antiguos para completar el collage de la portada.

 

La idea del ‘Sargent Pepper’, 1967, se le ocurrió al artista pop Peter Blake. Éste y Paul pensaron en hacer un collage a tamaño natural en el que apareciera una multitud de personajes, puesto que así “podríamos meter a quien quisiéramos, de modo que cada miembro dijo unos cuantos, los que se le ocurrieran, héroes, artistas, estrellas, políticos”, contó Peter Blake. Lo que pasa es que se quedaron cortos, de hecho Ringo dijo que lo que se hiciera le parecería bien y apenas dijo un par de nombres; al final, entre Blake y su esposa completaron la elección de personajes, incluyendo las mujeres que aparecen.

 

Los cuatro y sus más allegados ya habían hablado de lanzar un Lp cuya portada no diera información, sin títulos, sin nombres; de hecho, se sabe que ya la habían comentado esa idea en 1964. Cuatro años después, en el 68, cumplieron el proyecto en el conocido como ‘Álbum blanco’. Sólo se vería sobre un blanco total el número de serie del disco, una especie de ironía que “crearía una especie de ilusión de que se trataba de una edición limitada y numerada… de cinco millones de ejemplares”, contó el ilustrador pop Richard Hamilton, que fue quien terminó el diseño. Sólo un relieve con el nombre del grupo podía verse en las primeras ediciones. Lógicamente, los discos con los primeros números de serie fueron rápidamente buscados y coleccionados, y aumentaron su valor con el paso de los años. Ringo tenía la copia número 0000001 y en 2015 la vendió con fines benéficos por casi 800.000 dólares.

 

El ‘Abbey road’ (1969) pudo llamarse Everest, e incluso se pensó en una foto a los pies de la montaña, pero rápidamente se vieron los infinitos inconvenientes, así que pensaron en algo más sencillo. Ian MacMillan, fotógrafo amigo de Lennon, fue el encargado de la portada, y pensó que lo mejor es que salieran ellos, nada más. Les dijo que cruzaran ese paso de peatones (al lado del estudio) mientras él hacía las fotos, hizo sólo seis. Eligieron la quinta porque es la única que van al paso y en la única que se le ve el cigarrillo a Paul; y es una de las cuatro en las que éste va descalzo (en las otras lleva sandalias). McMillan creó así el marco para sesiones fotográficas de generaciones de fans de todo el mundo.

 

El último en salir, ‘Let it be’, 1970, muestra los cuatro retratos en primer plano, pero cada uno en su recuadro, tratando de mostrar la separación (de hecho, Paul ya había publicado su primer disco). El diseño fue obra de John Kosh con fotos de Ethan Russell; Kosh las colocó ya individualmente, no como grupo, y para que la cosa quedara clara, puso ese fúnebre reborde negro todo alrededor. Arriba se lee el evidente ‘Déjalo así’.

 

Son imágenes que forman parte de la cultura del siglo XX, como sus melodías..

 

CARLOS DEL RIEGO

 

lunes, 23 de octubre de 2023

60 AÑOS DEL ASESINATO DE KENNEDY, Y AUN ESTÁ SIN RESOLVER

  

Sin duda, el tiro que reventó la cara de Kennedy fue frontal-lateral, o sea, no pudo hacerse desde donde estaba Oswald

Hace 60 años se produjo uno de los magnicidios más enigmáticos de la Historia. Investigaciones, libros, publicaciones, comisiones y teorías se han sucedido casi desde el momento del asesinato, y todavía no se ha desvelado ninguna prueba concluyente de los grandes enigmas que permanecen seis décadas después:  quiénes, cómo y, lo más importante, por qué

 

El 22 de noviembre del corriente se cumplirán sesenta años del asesinato del trigésimo quinto presidente de Estados Unidos, John Fitzgeral Kennedy. Seguramente volverán a enfrentarse la teoría de que fue Oswald en solitario con la que señala una conspiración. Es uno de los grandes misterios sin resolver de la época contemporánea que despierta siempre el máximo interés en todo el mundo.

 

Como todo el interesado sabe, el magnicidio ocurrió en Dallas, Texas, hace exactamente seis décadas y, según el informe oficial (el de la Comisión Warren), fue obra exclusivamente de un tirador solitario, Lee Harvey Oswald. Sin embargo, investigaciones y juicios posteriores llegaron a la conclusión de que, al menos, la cosa no estaba tan clara. De hecho, a finales de los años setenta del siglo pasado se determinó que la muerte del presidente fue una conspiración, e incluso el comité que llegó a tal conclusión afeó duramente el trabajo de la CIA, el FBI, los servicios encargados de la seguridad presidencial e incluso el de la propia Comisión Warren. En resumen, se les dijo a todos esos estamentos y organizaciones que habían sido unos auténticos chapuceros. Así las cosas, la pregunta oportuna actualmente sería ¿qué interés tenía la Comisión Warren para actuar como lo hizo? A pesar de todo, una parte significativa de la población (tanto estadounidense como del resto del mundo) sigue anclada firmemente en la teoría del loco solitario a pesar de las evidencias que, al menos, dejan serias dudas.

 

Existen varias certezas, más allá de los casi infinitos indicios e incomprensibles irregularidades detectadas en la investigación, que llevan a confirmar que hubo más de un asesino aquel mediodía. Por un lado, al parecer, la trayectoria prevista para la comitiva presidencial se cambió a última hora, de manera que incluso los periódicos del día indicaban el itinerario desechado; entonces, ¿cómo sabía Oswald que el coche de Kennedy pasaría por delante del almacén de libros desde donde supuestamente disparó?

 

Y por otro lado existe un dato puramente físico que descarta totalmente que el dudosísimo personaje fuera el asesino o al menos el único. Según demuestra la película del asesinato que filmó Abraham Zapruder, se produjeron al menos tres disparos en menos de siete segundos, el segundo y el tercero absolutamente perfectos, cosa que es absolutamente imposible. El prestigioso tirador deportivo español José Borja Pérez (varias veces campeón del mundo y de Europa de tiro de precisión, récord mundial de carabina a 100 metros y experto absolutamente fiable) publicó hace treinta años en la revista Historia y Vida una carta en la que explicaba que él mismo había intentado varias veces imitar lo que supuestamente hizo Oswald.

 

Así, se procuró un arma idéntica (Mannlicher Carcano) y munición casi idéntica a la que oficialmente usó el supuesto ‘asesino solitario’ (dicen los expertos que ningún tirador experimentado escogería ese fusil para hacer este ‘trabajo). Se colocó a cien metros y, con ayuda de un amigo cronometrando (arrancó el crono al sonar el primer disparo y lo paró justo con el tercero), apretó el gatillo tres veces en 15,70 segundos, resultando que los dos primeros acertaron perfectamente en la diana mientras que el otro se quedó cerca; en un segundo intento rebajó el tiempo hasta los 10,40 segundos, haciendo diana perfecta en el primer tiro y dejando un poco más lejos los otros dos; y en la tercera tanda tardó 9 segundos justos, con un blanco perfecto y dos peores que la vez anterior. Asimismo hay que tener en cuenta que la diana utilizada estaba fija, no en movimiento como hace 60 años el Lincoln en el que iba Kennedy, de forma que cuando se tira contra un blanco móvil el tirador ha de ‘correr la mano’, es decir, apuntar delante del objetivo y calcular instintivamente el punto exacto en el que proyectil y diana han de encontrarse. Esta circunstancia dificulta muchísimo más conseguir precisión y exige bastante más tiempo para hacer puntería; y no hay que dejar de un lado otro factor de dificultad, que es el nerviosismo que ha de tener quien va a disparar a una persona y más a alguien tan importante. En definitiva, deduce el experimentador campeón de tiro deportivo, es absolutamente imposible hacer tres blancos perfectos en menos de 7 segundos contra un objetivo móvil con un fusil de cerrojo y a 90-100 metros de distancia.  

 

Finalmente, observando detenidamente los fotogramas 310-314 de la película Zapruder, se ve perfectamente que el presidente, que ya ha recibido un tiro en el cuello, tiene la cabeza caída sobre el pecho y ligeramente vuelta hacia su esposa Jacqueline (izquierda) cuando recibe el tiro fatal en su parietal derecho; esto indica que Oswald, cien metros detrás, no tenía posición para conseguir ese blanco. Además, la cámara lenta muestra sin la menor duda que el impacto fatal que revienta la cara de Kennedy es frontal. La conclusión es que hubo más de un tirador, es decir, fue una conspiración.

 

Admitida la imposibilidad física de que el enigmático Oswald consiguiera tal proeza, la pregunta ahora sería, ¿quién fue, cómo y por qué? Lo único que parece seguro es que Oswald, él sólo, no perpetró el asesinato. Tal vez estuviera implicado (probable), pero es imposible que un solo tirador hiciera esos blancos perfectos en aquellas condiciones y tirando desde el mismo lugar. Por tanto, de momento y hasta dentro de unos cuantos años, habrá que conformarse con hipótesis.

 

CARLOS DEL RIEGO