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jueves, 8 de agosto de 2024

ESTRELLAS DEL ROCK EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS (EN LA CEREMONIA DE APERTURA)

 


Paul PcCartney en los JJ OO de Londres 2012

No siempre se ha incluido la actuación de un gran artista en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos. De hecho, la costumbre es bastante reciente, pero desde la primera vez que se contó con una estrella del pop o el rock se comprobó el enorme gancho que tiene esa presencia en los fastos de apertura. Figuras de leyenda quisieron respirar el aire olímpico y dieron empaque a las primeras horas de unos JJ OO

 

En la más que dudosa ceremonia de apertura de los Juegos de París 2024 tal vez lo mejor fuera la actuación del potente grupo francés de metal rock Gojira. La banda (que originalmente se llamaba Godzilla) fue la encargada de poner el instante rock al pretencioso festejo. Antes fueron otros gigantes del rock los que se encargaron de hacer rock & roll en el Olimpo del deporte. No ganaron medalla pero…

 

Pocos temas incitan al buen rollo tanto como el ‘Imagine’ de John Lennon, que casi se ha convertido en una especie de himno olímpico no oficial (también sonó en la apertura de París 24 y en otras). Stevie Wonder hizo una maravillosa interpretación en la clausura de los juegos de Atlanta 1996; además, dedicó la canción a las víctimas de un reciente atentado terrorista.

 

Un amplio muestrario del pop y el rock australiano pisó el escenario en la clausura de los juegos de Sidney 2000; entre los presentes estaba INXS, la potente banda de los años ochenta que tocó su éxito del 85 ‘What you need’, con el solista Jon Stevens sustituyendo al fallecido Michael Hutchence. Otro gran momento de Sydney 2000 fue la actuación de Midnight Oil, grupo formado en Sydney en 1972; tocó su gran éxito ‘Beds are burning’, un tema que habla de las ‘generaciones robadas’, refiriéndose a la política de separación de niños aborígenes de sus familias que el gobierno australiano practicó durante siglos; cuando Peter Garret, cantante de Midnight Oil, se convirtió en político no paró hasta que Australia pidió perdón (en 2008) por tamaña atrocidad.

 

Jimmy Page en Pekín 2008. Cuando los Juegos de Pekín 2008 terminaban y se iniciaba el acto de entrega de la antorcha olímpica, apareció un autobús rojo de dos pisos sobre el que se veía al guitarrista de Led Zeppelin, que junto a la cantante pop Leona Lewis se marcó una versión de su ‘Whole lotta love’. “Muchos me dijeron que no debería haber hecho tal cosa, pero yo siempre respondía que sí, que hice muy bien”.

 

Tal vez sea Neil Young el músico canadiense más famoso. El eterno cantante cerró los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010 en Vancouver, donde se hizo su ‘Long may you run’ de 1976, con guitarra y armónica, mientras se apagaba el pebetero olímpico.

 

En Londres 2012 los ingleses presentaron a su máxima leyenda: Paul McCartney. El ex beatle ofreció una emocionante interpretación del clásico de los Beatles ‘Hey Jude’, que contó con el coro masivo de ochenta mil personas. Curiosamente, el momento olímpico de McCartney comenzó con una metedura de pata, ya que el músico se despistó al principio de la melodía. “Se suponía que debía esperar una señal, pero lo olvidé y empecé cuando me pareció”. Y para la ceremonia de clausura de esos juegos, Brian May y Roger Taylor (Queen) se marcaron un estruendoso ‘We will rock you’; aunque a falta de Freddie contaron con la cantante británica de pop Jessie J. Otros nombres de leyenda no quisieron perderse la ocasión, como Ray Davis (The Kinks), que hizo un brillante ‘Waterloo sunset’ (de 1967); o The Who, que se marcaron un mini concierto con tres de sus grandes éxitos.

 

Para poner punto final a los Juegos de invierno de Salt Lake City 2002 se contrató a uno de los grupos más visuales, Kiss, que hicieron un incendiario ‘I wanna rock and roll all nite’. Gene Simmons, que sacó sus dos palmos de lengua, dijo: “Fue fabuloso, aunque fue el escenario más pequeño en el que hayamos tocado nunca, era la caja de un camión. Pero lo vieron miles de millones, y eso es lo importante”. Y también tocaron otros, entre ellos Bon Jovi, que deleitó al mundo con su ‘It´s my life’.

 

Y muchos otros músicos de pop, rock y géneros afines quisieron probar el espíritu olímpico, dando ese punto ruidoso a las ceremonias, generalmente ñoñas y/o de mal gusto.

 

CARLOS DEL RIEGO

sábado, 15 de junio de 2024

LOS JUEGOS OLÍMPICOS, CADA VEZ MÁS VULGARES Y MENOS OLÍMPICOS

 


Los JJOO caminan con paso firme a la vulgaridad, la ordinariez, la chabacanería.

 

París acoge este 2024 los Juegos de la XXXIII Olimpiada de la Era Moderna. Los incondicionales del deporte en general y de las citas olímpicas en particular estarán esperando ansiosos… o no tanto, puesto que se han añadid al calendario olímpico disciplinas que no pueden ser consideradas deportes o son meros sucedáneos. Por no hablar de las ‘trampas’ consentidas…

 

En total, los terceros JJOO que acoge la capital francesa contarán con 34 disciplinas, de las cuales no todas son deportes. Tradicional es la discusión de si la natación sincronizada o la gimnasia rítmica deben ser consideradas deportes; baste repetir que en esas disciplinas lo que cuenta es la belleza, la sincronización, la coreografía, la elegancia..., conceptos que nada tienen que ver con el verdadero deporte, en el que no importa si lo has hecho bonito o feo, elegante o desgarbado mientras el balón entre o llegues a meta antes que tus rivales. En el ámbito olímpico, en todos los deportes de su calendario, debe imperar el lema ‘más rápido, más alto, más fuerte’ (el evocador ‘citius, altius, fortius’ que tiene que ver con el verdadero deporte), pero no ‘más bello, más elegante, más artístico’. En resumen, lo que cuenta en el auténtico deporte es lo que dicen el crono, el metro y el marcador sin que interese a éste el cómo de artístico se ha conseguido el resultado; esto no computa.

 

Luego están los ejercicios que no deben estar en el juegos porque no son deportes sino actividades urbanas, como el break-dance (que en todo caso es un baile), la cama elástica, los saltos de trampolín o el skate-boarding; puede añadirse la escalada, que nada tiene que ver con la auténtica escalada. Y también puede cuestionarse la presencia en el calendario olímpico de deportes-sucedáneo-imitación-miniaturización, como el baloncesto 3X3, el ciclismo BMX ‘freestyle’ y el BMX ‘racing’ (además del ciclismo en pista, en carretera y en montaña), el rugby 7o el voley playa… Se pretende una ‘urbanización’ de los juegos o, lo que es lo mismo, una vulgarización. Ya nadie se sorprende de que el ganador en monopatín reciba lo mismo que el campeón de los 100 m lisos o el maratón. Pronto serán olímpicos el soga-tira (que ya fue olímpico a principios del siglo XX), las carreras de sacos, los concursos literarios, el wrestling (lucha libre americana, que es pura coreografía), la lucha de brazos, el parkour, la capoeira, el rodeo, el hula-hop, la petanca, los bolos, el culturismo o el baloncesto en burro, y no tardarán en incorporar el fútbol sala, el fútbol playa, el futvoley, el fútbol australiano… ¿Y por qué ese empeño de los jefes del COI?, la respuesta es evidente: por dinero, algo fácil de deducir teniendo en cuenta que el COI es uno de los organismos más corruptos del mundo, como se ha demostrado tantas veces.

 

Y también pueden cuestionarse reglas y decisiones de los jueces de atletismo que son injustas e irracionales. Por ejemplo el hecho de permitir las ‘zapatillas mágicas’ que calzan todos los atletas y que mejoran notablemente las marcas; por eso, desde que se autorizaron no hay competición en la que las tablas de resultados no muestren abundantes ‘mejor marca personal’, ‘mejor marca del año’, récord nacional, récord de los campeonatos… Es evidente que la placa de carbono (y otras estructuras) de las zapatillas regalan décimas, e incluso segundos en las pruebas de fondo. Igualmente son criticables decisiones absurdas de los jueces, como cuando hay atletas que se caen en el curso de la carrera pero son igualmente calificados para la siguiente ronda (en los Europeos de este año en una prueba de fondo cayeron varios, uno se levantó, corrió y se clasificó, mientras los demás caídos, que terminaron la prueba al trote borriquero, fueron arbitrariamente calificados); y al contrario, en una final de velocidad uno de los sprinters fue expulsado por haberse movido ligeramente o haber despegado un pie del taco de salida cinco centésimas de segundo antes de tiempo.    

 

En fin, por cosas como estas, como la vulgarización e inclusión de falsos deportes, las decisiones de los jueces y las del propio COI están llevando a los Juegos Olímpicos a un espectáculo cada vez menos deportivo, menos olímpico y mucho más vulgar, cotidiano, ordinario… Y siempre está la amenaza real de que conviertan en olímpicos los videojuegos.

 

Está claro: los JJOO van perdiendo así su prestigio, su aura de leyenda.

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 1 de mayo de 2024

LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE HACE CIEN AÑOS, PARÍS 1924

 


Paavo Nurmi venciendo en Paris 1924


La primera villa olímpica, París 1924

 

Lidell y Abrahams, sobre los que iba la peli Carros de fuego

En 2024 se celebran los Juegos de la XXXIII Olimpiada que, por tercera vez, se celebran en París. La primera fue en 1900 y resultó una catástrofe desde todos los puntos de vista. Y la segunda fue justo hace un siglo. Aquellos Juegos de 1924 se disputaron en París por cabezonería del barón de Coubertin, que anunció que serían los últimos en los que él sería presidente del Coi

 

La segunda cita con los Juegos de la era moderna de París 1900 resultó un insulto al olimpismo recién nacido y una vergüenza para la capital francesa. Quedaron los juegos enmarcados dentro de una exposición universal gracias al menosprecio de los políticos franceses (¡cómo no!); no se edificó ninguna instalación, se alquiló algo parecido a una pista de atletismo que era un patatal; había un árbol junto a la zona de lanzamientos, por lo que se produjeron  escenas delirantes, como ver a los martillistas trepando al árbol para recuperar el martillo, o los discóbolos buscando sus discos horas después en el bosque donde se había desbrozado un pasillo para los lanzadores; la natación se disputó en el río Sena, pero nadie tuvo la idea de detener el tráfico de barcos, con lo que los nadadores sorteaban embarcaciones que iban y venían; el waterpolo también fue en el Sena, y cuando se enfrentaron ingleses y franceses cada uno quería jugar con sus reglas, y el árbitro que era alemán con las suyas… Se convirtieron en olímpicos el sogatira, las carreras de sacos, el vuelo de cometas, las carreras de burros. El maratón (que estuvo a punto de salir del calendario olímpico) se disputó por un terreno improvisado, tanto que ni los atletas sabían por dónde ir, los jueces estaban o no estaban, de modo que un atleta americano que iba en cabeza fue arrollado por una bici que pasaba por allí, otro corredor recibió indicaciones erróneas de los espectadores y se perdió…; ganó el francés Theato, que conocía perfectamente el terreno y aprovechó para tomar atajos, aunque ni siquiera él sabía que estaba en una carrera olímpica, por lo que al acabar se marchó directamente a casa…

 

Por todo ello Coubertain quería que los Juegos volviesen a París en 1924 y así poder lavar la imagen dada en 1900, algo a lo que no contribuyeron los políticos (como siempre), pues el enfrentamiento entre el alcalde de París y el presidente de la República estuvo a punto de dar al traste con los juegos. En París hace un siglo se construyó la primera villa olímpica: unos barracones de madera en medio del barro. Las ‘competiciones’ artísticas se consideraron plenamente olímpicas: literatura, arquitectura, pintura, escultura y música. 

 

Los franceses hicieron honor a su tradicional chauvinismo y pitaron sonoramente todos los himnos, excepto el suyo, claro. Se construyó la primera piscina olímpica, pues hasta entonces la natación se disputaba en el río, en el puerto, en el foso de un castillo o cualquier estanque.

 

Allí brilló Johnny Weissmuller, que luego se convirtió en el más popular Tarzán cinematográfico protagonizando doce películas; nacido en el Imperio Austrohúngaro, mintió y dijo que nació en Pensilvania, EEUU, y así participó en los juegos; ganó tres oros en 100, 400 y 4x200 (en su total olímpico ganó cinco oros y un bronce); y fue el primer hombre que bajó del minuto en los 100 libres.

La estrella de los juegos fue el fondista Paavo Nurmi, el ‘finlandés volador’, uno de los mejores atletas de la historia. Ya tenía tres oros y una plata de los juegos anteriores; pero el 10 de julio de 1924 protagonizó una hazaña asombrosa: ganó los 1.500 metros y, tres cuartos de hora después, tomó la salida en los 5.000 metros, venciendo a su compatriota Ville Ritola por dos décimas; también venció en 3000 metros por equipos, campo a través y en campo a través por equipos. En los siguientes juegos ganó otro oro y dos platas. Nueve oros y tres platas son su asombroso bagaje olímpico. Luego, antes de los Juegos de Los Ángeles 1932, lo acusaron de profesionalismo y no pudo participar.

 

Allí tuvo lugar la historia de Eric Lidell y Harold Abrahams que cuenta, con algunas licencias literarias, la película de 1981 ‘Carros de fuego’. Y en salto de longitud venció el estadounidense William Hubbard, el primer negro que ganó una medalla de oro. Los medios de comunicación entendieron el potencial de los Juegos Olímpicos: asistieron más de 700 periodistas de todo el mundo y muchas pruebas se retransmitieron por primera vez en directo… por la radio.

 

Las tenistas Lilí Álvarez y Rosa Torrás fueron las primeras españolas en participar en unos JJ OO, y aunque no lograron buenos resultados, Lilí se convirtió en mito del tenis con sus éxitos en Wimbledon y Roland Garros.

 

Cien años después de todo aquello, París vuelve a ser sede olímpica.

 

CARLOS DEL RIEGO

 

miércoles, 12 de julio de 2023

DEPORTISTAS TRANS QUE YA SON UN PELIGRO PARA LA INTEGRIDAD FÍSICA DE LAS DEPORTISTAS BIOLÓGICAS

  


La jugador-a de rugby que en menos de medio partido mandó al vestuario a tres rivales con diversas lesiones

La boxeadora trans Imane Khelif

Lejos de estar cerca una solución, el asunto de los deportistas trans se enreda y empieza a volverse peligroso. Ya no se trata sólo de la evidente superioridad de quien ha alcanzado la madurez física como hombre y compite con mujeres que han crecido como mujeres, sino que la autorización para que una persona con sexo masculino compita con personas de sexo femenino empieza a volverse peligroso para la integridad física de las que nacieron mujeres 

Una boxeadora australiana, Ebani Bridges, ha declarado que no peleará con una púgil trans: “Es algo así como si Mike Tyson se declara mujer y se presenta a pelear con una chica”. Una boxeadora mejicana, Brianda Cruz, peleó con una argelina trans, Imane Khelif, y tras su rápida derrota declaró: “Desde el primer instante sentí que estaba fuera de mi alcance. Sus golpes me hacían muchísimo daño; nunca en mis trece años de boxeadora había notado algo semejante, ni cuando tuve chicos como sparrings”. 

Casi a diario se tienen noticias semejantes, puesto que ya no es que un nadador se declare nadadora (y en los vestuarios exhiba ante todas unos … como el caballo de Santiago) o que un atleta trans exija competir en las carreras de chicas. El problema es que los deportes de contacto están ya inmersos en la controversia, lo que significa que la superioridad física masculina va a ser un riesgo cierto para el físico de ellas. 

En un partido de rugby femenino en Canadá uno de los equipos presentó a una jugadora trans, llamada Ash, que se define como persona no binaria y se identifica como mujer. A mitad de la primera parte Ash ya había mandado al vestuario a tres rivales con distintas lesiones. El árbitro, al ver la situación, optó por expulsar al jugador-a. Las chicas que sufrieron y chocaron contra sus más de cien kilos dijeron cosas como: “Las jugadoras de rugby no estamos acostumbradas a sentir que nos ha atropellado un autobús en el campo (…) El golpe que sentí cuando me placó me dolió durante una semana”. Otra: “Tiene mucha más fuerza bruta. Hay mujeres que son igual de grandes que él, pero ninguna chica pega así”. Otra: “En el rugby hay choques todo el tiempo. Las piernas de Ash son enormes y fuertes, igual que su cuerpo, y cualquier entrada suya sigue pasándote factura días después”. En fin, está claro que un tipo de 1.75 y cien kilos que juega con chicas es, ante todo, un abusón que en cualquier momento dice que se siente chaval y quiere competir en infantil. 

También causó bastante revuelo en Carolina del Norte, EE UU, un caso similar. Resulta que se permitió que un jugador trans jugara con chicas un partido de voleibol. En una jugada, la joven trans remató y la bola percutió en la cabeza de una rival (llamada Payton McNabb) con tal violencia que le provocó una conmoción cerebral y pérdida de conocimiento, y meses después padece parálisis parcial del lado derecho del cuerpo, problemas de visión, dolores de cabeza constantes…, además de ansiedad y depresión. 

“Permitir que hombres biológicos compitan con mujeres biológicas es muy peligroso, y si se sigue así un día habrá desgracias irreparables”, dijo Riley Gaines, nadadora y activista que lucha contra las disposiciones que permiten a deportistas trans competir con mujeres biológicas (y que fue agredida cuando intentó dar una charla sobre el asunto en la Universidad de San Francisco). 

CARLOS DEL RIEGO

 

miércoles, 17 de agosto de 2022

LAS ZAPATILLAS MÁGICAS: LA MENTIRA DEL ATLETISMO

 

Con las zapatillas mágicas se han batido récords que se consideraban casi imbatibles, como el de 400 vallas
Las ventajas que proporcionan las mágicas zapatillas van mucho más allá de lo razonable, hasta volverse trampas consentidas

Este año han coincidido los campeonatos del Mundo y de Europa de atletismo a causa de los aplazamientos por covid. El atletismo es el deporte más natural, el deporte en estado puro: correr, saltar y lanzar. En el mundial fue muy sorprendente la cantidad de récords que se conseguían, pero la cosa se explica por las ‘zapatillas mágicas’ que, incomprensiblemente, la federación ha admitido, y que son en esencia lo que se llama ‘dopaje tecnológico’

 

El Mundial de Atletismo, celebrado el pasado julio, fue una sucesión de récords mundiales, europeos y nacionales, además de gran cantidad de mejores marcas del año y personales. Y no sólo se mejoraban registros en finales, sino que se conseguían incluso en las eliminatorias, en las primeras rondas. Los comentaristas (y los periodistas en general) se felicitaban por las excelentes marcas que se estaban logrando, pero ni una sola vez hicieron la menor referencia a las ‘zapatillas mágicas’ que calzaban todos los que batían récords. 

Este calzado deportivo que tanto ha elevado el nivel de los atletas consta, más o menos, de dos capas de espuma activa con aire comprimido entre una y otra; y a ello se añade una placa de fibra de carbono muy flexible. Esa combinación proporciona al atleta un impulso suplementario, puesto que el conjunto se comprime y se expande rápidamente, dando la sensación de empuje, de rebote en cada zancada. Es decir, la zapatilla regala décimas y centímetros, de modo que bien puede hablarse de dopaje tecnológico. Algo parecido sucedió con los bañadores impermeables de los nadadores (los jaked, de poliuretano), hasta que resultó sospechoso que en unos meses se batieran 126 récords del mundo (en el mundial de 2009 cayeron 43) y la federación de natación los prohibió. 

Permitir el uso de este tipo de zapatilla, aunque la federación de atletismo se haga el sueco, es dopaje, trampa, mentira. Es como si a los nadadores se les permiten aletas en los pies y todo el mundo aplaude los grandes registros que logran. Es como si se permite a los estudiantes pasar de curso con media docena de suspensos y las autoridades celebran cómo se ha elevado el nivel educativo (¿será posible que esto ocurra?). Evidentemente, utilizar estas ‘herramientas’ para engordar las estadísticas y batir marcas, y luego felicitarse por ello, es una gran estafa, una burla a la razón, un pueril autoengaño. En fin, las zapatillas mentirosas devuelven un impulso que el corredor no genera. 

¿Y por qué la Federación Internacional de Atletismo permite este modo de dopaje? Pues por la misma razón que la de fútbol (y otras federaciones nacionales) llevó su mundial al desierto, por dinero, por muchísimo dinero. El presidente de la federación de atletismo es el ex atleta inglés Sebastian Coe, que hasta hace unos años era ‘embajador’ de Nike, que curiosamente es la más beneficiada de la homologación de las ‘zapatillas mágicas’ (otras marcas ya se han subido al carro). En realidad, los diversos organismos y federaciones deportivas son verdaderos nidos de corrupción, como ha quedado demostrado tantas veces. 

Habrá quien diga que en otros deportes también se han producido novedades tecnológicas en los materiales; por ejemplo, las raquetas de tenis de hoy son de fibra de carbono, mejores que las de ayer, que eran de madera, igual que los cordajes, cierto, pero las nuevas cuerdas y marcos no otorgan el control o velocidad que el jugador no tuviera ya (eso es cosa de la tensión del cordaje), aunque sí que han beneficiado a los codos de los tenistas.

Por otra parte, si se normaliza el uso de las ‘zapatillas mágicas’, no sólo se volverá cotidiano lo de batir récords, sino que la cosa no quedará ahí, ya que en poco tiempo se presentarán otras zapatillas mucho más mágicas… 

Una cosa es aprovechar la tecnología razonablemente y otra admitir avances que proporcionan registros irreales, marcas que proceden de décimas y centímetros regalados, ya que el atleta sólo los consigue gracias al efecto trampolín que aporta ese calzado. Hasta hace muy poco la consecución de un récord mundial de atletismo era algo extraordinario, muy difícil de ver, mientras que si se sigue consintiendo el dopaje tecnológico será algo ordinario.

 CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 9 de febrero de 2022

¿SON LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE INVIERNO PEKÍN 2022 O LOS DE BERLÍN 1936?

 


Así es el desayuno, comida y cena de los atletas en cuarentena por el covid, que permanecen encerrados y aislados en habitaciones pequeñas, sucias y sin equipamiento

El poder de atracción de los Juegos Olímpicos es algo que los políticos y los gobiernos comprendieron hace mucho, sobre todo los dictatoriales, que los han  aprovechado para mostrar una falsa cara amable y abierta. Los gerifaltes del partido nazi utilizaron los Juegos de 1936 con fines políticos y propagandísticos, algo que están repitiendo punto por punto los gerifaltes del partido comunista chino 86 años después

Los juegos de Berlín 1936 habían sido otorgados a Berlín en 1931, menos de dos años antes de que Hitler tomara el poder. Pronto los máximos jefes e ideólogos del partido nazi (el NSDAP, Partido Nacional Socialista Obrero Alemán), vieron en los Juegos Olímpicos una oportunidad perfecta para presentar al mundo los logros y beneficios de su política e incluso la superioridad de la ‘raza alemana’. Con el ministro de propaganda Joseph Goebbels al frente, elaboraron un extenso plan para que nada les estropeara la maniobra; retiraron de la circulación a todo el que pudiera ser sospechoso de contradecir los postulados nazis, dieron instrucciones a la población para que fuera lo más amable posible con los atletas, periodistas y visitantes, cesaron los actos y propaganda antisemita, desapareció toda violencia callejera…; y para no tener que dar explicaciones por la ausencia de atletas judíos en el equipo alemán se falsearon sus resultados con el fin de que pareciera que habían sido descartados por motivos deportivos. Y había unanimidad en la prensa, pues todos los periódicos desafectos habían sido cerrados o incautados. Pero todo era una máscara, como pudo comprobarse muy poco después.

Alguien dijo que no es que la Historia se repita, pero sí que rima. Han pasado 86 años y los versos con que se escribe la Historia Olímpica riman a la perfección, sólo que el ´führer’ se llama Xi Jinping. Cuando se dieron los Juegos de Verano a Pekín en 2008 dijeron que eso serviría para que el gobierno de China comenzara a abrir el puño, que empezara a observar los derechos humanos, que diera a la población las libertades y derechos políticos y sociales de un estado libre, que desapareciera la censura y apareciera la libertad de expresión…

Pero los hechos han demostrado que nada de eso se ha producido, al contrario, según dicen las organizaciones internacionales los ‘centros de reeducación’ están abarrotados y cualquier posible disidente está fuera de circulación. Un buen ejemplo es la ex tenista Peng Shuai, que hace unos meses desveló haber sido violada por un ex ministro; desapareció y sólo aparece para desdecirse en sospechosas comparecencias, pero como cuentan quienes pasaron por los centros de detención, con total seguridad ‘ha sido sometida a tratamiento’, y su familia está retenida y amenazada, de modo que la ex jugadora no puede decir más que lo que le han dicho que diga. Podría hablarse del artista crítico Ai Weiwei, que fue acusado de subversión, evasión de impuestos, pornografía y cualquier cosa que se les ocurriera; después de torturarlo (sobre todo psicológicamente) y ante el clamor internacional, lo dejaron marchar, pero seguro que la familia que dejó en China vive bajo amenaza. ¿Y Li Wenglian, el médico que avisó del peligro del coronavirus, detenido bajo acusación de propagar falsos rumores?

Un evidente acto de propaganda fue el encendido del pebetero, que llevó a cabo un miembro de la etnia uigur; sin embargo, las organizaciones solidarias estiman que unos dos millones de uigures permanecen encarcelados en los ‘centros de reeducación’, donde se los trata con extrema crueldad y se procede incluso a su esterilización. Algunos supervivientes que han llegado a occidente declaran que continuamente les repiten: “ser uigur es un crimen, no son seres humanos”.

Los periodistas son vigilados continuamente e incluso ha habido casos en que los policías y comisarios chinos interrumpían las grabaciones; y las redes sociales (las que están abiertas) y canales de internet son supervisados permanentemente. Todo está bajo control del dictatorial gobierno. Y todo lo que se muestra al mundo es falso. Incluso la nieve es falsa.

La narración de Berlín 1936 rima con la de Pekín 2022. 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 11 de agosto de 2021

TRAMPAS, INJUSTICIAS Y DISPARATES DE TOKIO 2020, LOS PEORES JUEGOS OLÍMPICOS

 


Como puede verse, la relevista de la calle 3 tomó el testigo fuera de la zona. con la complicidad de los jueces

Todos los deportistas que participaron en los Juegos de Tokio 2020 hablaron de satisfacción, de experiencia única, de lo especial que son unos juegos, sin embargo, todos tenían uno o varios peros. El vacío de público en las canchas, la ausencia de la interacción y trato con otros deportistas (algo exclusivo de las citas olímpicas), la frialdad en los pódiums… Pero es que hubo algo peor, algo inadmisible: las trampas e injusticias que se vieron en el estadio

No pasarán a la historia los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 salvo por haber sido los más feos, los más dudosos e incluso los más tramposos, pues auténticas trampas se perpetraron en la pista de atletismo, y en otras, con la complicidad de los jueces. Hubo grandes carreras, saltos y lanzamientos, pero también decisiones incomprensibles que afearon y ponen en duda la propia competición atlética.

En el relevo 4X400 metros mixto se vio un hecho insólito: el primer relevista de un equipo, chico, entregó el testigo al segundo, chica, unos diez metros fuera del límite de la zona de entrega. Esta irregularidad es motivo de descalificación inmediata en cualquier competición; en principio fueron descalificados, pero luego incomprensiblemente recalificados; ¿la atleta no vio dónde se colocaban sus rivales o pensó que tenía derecho a colocarse donde quisiera? Se permitió que el relevista hombre corriera 410 metros, mientras que el relevista mujer sólo 390, lo que significa una evidente ventaja. Pues los jueces, árbitros y comisarios tragaron. Se impuso el buenismo populista sobre el cumplimiento de las reglas. Trampa, injusticia.

En una serie clasificatoria de los 3.000 metros obstáculos femenino, en un lance de carrera, una participante tropezó con otra y cayó, con lo que perdió toda opción de clasificarse; sin embargo, los jueces determinaron luego calificarla para la final…; pronto el atleta que tropiece con el obstáculo, caiga y llegue a medio minuto del último será repescado para la final. En otra serie, a un participante se le salió la zapatilla, por lo que no entró en los puestos que dan acceso a la final; pero ahí estaban los encargados de hacer cumplir las normas para, traicionando la legalidad, recalificar al descuidado atleta que perdió el calzado él solo, sin que ningún rival le tocase, es decir, la había atado mal, fue culpa suya. En próximas competiciones de máximo nivel será motivo de recalificación el hecho de que el atleta pierda la gorra durante la carrera. Un esperpento irritante.

En la final de salto de altura masculino, dos saltadores superaron la misma altura, 2,37 metros, utilizando idéntico número de intentos (el tercero saltó lo mismo pero necesitó más); entonces, un comisario se acerca y pregunta si quieren desempatar, y ellos dicen que no, que mejor ser oro compartido que arriesgarse a quedar segundo… Lo regulado es que se ponga una altura determinada y si ninguno la salta se baja y se sube hasta que uno falle. Compartir ese oro es como si las selecciones finalistas de fútbol (o cualquier otro), llegado el final del partido acuerden no seguir, ni prórroga ni penaltis, sino que ambas selecciones se cuelgan el oro. Un verdadero fraude, un amaño.

También en la cancha de tenis se vio una falta grave por parte del juez de silla. Se enfrentaban Djokovic y Carreño por el bronce; el serbio, en uno de sus ataques de cólera, lanzó la raqueta a las vacías gradas tras perder un punto, con lo que el juez le sancionó con una advertencia, un ‘warning’; luego, al acercarse a la red en un descanso, reventó la raqueta contra el soporte lateral, de modo que el árbitro le dio el segundo ‘warning’, que automáticamente acarrea la pérdida de un punto. Pero no fue así, al comenzar el juego inmediato, Carreño le recordó al juez de silla que dos advertencias, dos ‘warning’, se sancionan con la pérdida de un punto, por lo que el juego debería comenzar con ventaja del español. El señor de la silla elevada apenas hizo gesto, como si las reglas del juego fueran opinables. Aquello fue un robo. 

¡Y qué se puede decir de las zapatillas trucadas utilizadas por atletas en el estadio olímpico! Se ha permitido el uso de calzado con un dispositivo que ayuda a mejorar el rendimiento, y por eso, resultan sospechosos los no pocos récords del mundo batidos (a veces por el primero y el segundo) y la mejora masiva de marcas mundiales, continentales y personales. Nike ha fabricado un calzado con una placa de fibra de carbono combinada con una espuma muy reactiva, lo que devuelve casi el 85% de la energía en cada pisada, algo que, dicen, da sensación de propulsión. Y todos los que mejoraron registros usaban esas deportivas; otras marcas ponen una placa de carbono más fina, más simple, pero al final viene a ser lo mismo. La cosa está aprobada por la federación, que permite placas de 30 milímetros explicando que es una mejora de tecnología… Es como si un ciclista acumulara energía con cada pedalada, de manera que al llegar el puerto pudiera aprovechar esa energía con un dispositivo que permitiera recuperarla…Estaría bien que en las próximas competiciones, corredores y saltadores usaran zapatillas convencionales para comparar las marcas que se hacen con un calzado y con otro.

Y a todo esto, el COI pensando en convertir en olímpico hasta el juego del escondite.

CARLOS DEL RIEGO

 

miércoles, 4 de agosto de 2021

LOS SALTADORES DE ALTURA PERSEGUIDOS POR NAZIS Y SOVIÉTICOS

 


Gretel Bergmann, saltando a tijera


Posible retrato de Nicolai Kovtun, cuyos récords desaparecieron de los registros, igual que sus fotos 

Los Juegos Olímpicos son, esencialmente, el atletismo. Podría haber juegos sin fútbol, sin deportes de agua o de equipo, pero jamás serían olímpicos sin atletismo. Los atletas son lo único imprescindible de los JJ OO, por ello resulta triste e injusto que los totalitarismos privaran el honor olímpico a quienes estaban destinados a brillar en la pista. Los nazis apartaron a la saltadora judía Gretel Bergmann y los soviéticos machacaron al saltador Nicolai Kovtun. Apenas son conocidos, pero no por falta de valor y mérito atléticos

A lo largo de los veinticuatro Juegos Olímpicos celebrados en el siglo XX (las guerras dejaron tres Olimpiadas sin juegos) el atletismo ha convertido en leyendas a algunos de los héroes del estadio. Otros, desgraciadamente, jamás aparecerán en las listas olímpicas a causa de dos de los regímenes dictatoriales más sangrientos del siglo, el soviético y el nazi.

Gretel Bergman era una saltadora de altura alemana judía nacida en 1914. Comenzados los años treinta Gretel batió el récord alemán con 1,60 metros. Pero al hacerse los nazis con el poder, se marchó a Inglaterra. Meses antes de los Juegos de Berlín 1936 el equipo alemán la convocó; según dicen los especialistas, la presión del COI y de EE UU consiguió que fuese seleccionada. Pero una vez en Alemania recibió un comunicado de su federación en el que le decían que quedaba excluida por sus ‘mediocres resultados’, aunque tenía la mejor marca del año. En su lugar se incluyó a un hombre disfrazado de mujer: Heinrich se hizo pasar por Dora y sólo consiguió un cuarto puesto; la vencedora saltó 1,60 metros, lo que significa que Gretel hubiera peleado por aquella medalla de oro y hubiera ocupado el lugar que le correspondía por mérito y esfuerzo. Unos meses después de los juegos emigró definitivamente a EE UU, donde continuó su carrera atlética con notables éxitos.

Gretel nunca perdonó  a Alemania, donde borraron sus marcas y su nombre como si nunca hubiera existido. Murió en Estados Unidos a los 103 años recordando perfectamente todo aquello y renegando de los nazis, de su país e incluso del idioma alemán. Su récord fue restituido en 2009. Otros atletas corrieron idéntica suerte, y sólo una esgrimista judía alemana, Helene Mayer, participó en Berlín 1936.

Peor lo pasó el saltador de altura soviético Nicolai Kovtun, que en 1937 se convirtió en el primer atleta de la Unión Soviética en saltar dos metros, concretamente 2,01, y lo hizo ante un estadio abarrotado y con la incipiente técnica del rodillo ventral. Ese mismo año, mientras estaba entrenando se presentaron en la pista unos tipos oscuros escoltados por uniformados y se lo llevaron, sin dar explicación, sin decir palabra. Alguien debió acusarlo de enemigo del pueblo, burgués, saboteador, antirrevolucionario, capitalista o cualquier cosa similar que, en los años treinta en la URSS, eran sinónimos de años en el Gulag o paredón. El saltador fue ‘juzgado’ sin abogado, sin derecho a declarar y sin apelación, así que fue condenado a pasar 10 años en los gulag de Norilsk y Vorkuta (al norte del Círculo Polar Ártico). Nadie informó de lo que había pasado, nadie dio explicaciones, sólo se sabe que su mujer fue llamada a Moscú para que repudiara a Nicolai, pero ella se negó… En 1947 Nicolai terminó su condena y fue liberado, pero sólo tres años después volvió la acusación sin pruebas, el juicio sin abogado y la condena sin poder defenderse, esta vez a cinco años en un campo de trabajo cerca de los Urales.

Los registros deportivos de Nicolai Kovtun (también tenía la mejor marca soviética en triple con 14,66 m.) desaparecieron, fueron borrados de los ránkings. Finalmente, en 1955, fue liberado definitivamente; otro saltador con el que Kovtun había competido lo describió entonces: “No se parecía nada al joven fuerte y alegre que yo conocía. Siempre callado, muy reservado, nunca hablaba y no tenía ningún interés por el salto de altura”. Murió por problemas cardiacos en 1981. En 1988 fueron restituidos los nombres y registros de los atletas que fueron proscritos por el comunismo stalinista y las grandes purgas; según R. Quercetani en su ‘Historia del atletismo mundial’, fueron 39 los atletas perseguidos por aquella locura que no terminó hasta la muerte del dictador.

En realidad hubo muchísimos casos de discriminación y represión, y no sólo en los países totalitarios. Podrán escribirse varios libros sobre las tragedias personales que soportaron no pocos atletas a causa de la política y la guerra.

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 21 de julio de 2021

TOKIO 2020, ¿LOS PEORES JUEGOS OLÍMPICOS DE LA HISTORIA?

 


Desfilar para nadie debe ser como el alcohol sin alcohol

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 nacieron bajo la sospecha incluso antes de conseguir la designación: El accidente de la central nuclear de Fukushima, seguido por la dudosísima elección de dicha sede por parte del COI, el retraso por la pandemia, la celebración sin público… Tienen los de Tokio todas las papeletas para ser considerados como los peores Juegos Olímpicos de la Historia, puesto que esta celebración planetaria tiene un significado que va más allá del deporte 

Estos juegos estaban ya afectados por una tara antes de que Tokio fuera la sede elegida. Así es, en 2011 se produjo el accidente de la central nuclear de Fukushima, que contaminó tierras y aguas para miles de años. A pesar de ello, y contra todo pronóstico y toda lógica, dos años después el COI designó la capital japonesa para acoger los Juegos de la trigésimo segunda Olimpiada. Como se ha sabido, no pocos de los miembros del comité de elección fueron sobornados, algo no demasiado difícil ni caro, puesto que el COI es uno de los organismos más corruptos del planeta, algo demostrado muchísimas veces. Además, no pocas de las inclusiones en el calendario olímpico (monopatín, surf…) responden exclusivamente a la entrada de dineros que, dados los antecedentes, en gran parte acabarán en bolsillos particulares.

Siguiendo con el COI (que bien podría significar Corruptos Obsesos Insaciables), la última es la amenaza de sanción a las jugadoras de vóley playa de Noruega por llevar un pantaloncito de licra en lugar de un bikini ajustado y de un par de centímetros de ancho por detrás. Sexistas, machistas, los miembros del COI demuestran ser también unos viejos verdes. Y no hay que olvidar que, en anteriores ediciones, se permitió que jugadoras musulmanas disputaran sus partidos envueltas en una especie de burka, es decir, los miembros de Corruptos exigen a unos lo que permiten a sus rivales.

La pandemia siguió con la tendencia de gafar la sede japonesa (que ya albergó los Juegos de 1964): los retrasó un año y los condenó a la soledad, a la ausencia del público, al silencio, casi a la clandestinidad. La competición deportiva no es lo mismo si no hay aliento, ruido y presencia del espectador, ¿y qué puede haber más ridículo, surrealista y tristón que un desfile delante de nadie? No hay más que ver las caras de los deportistas de anteriores juegos al acceder al estadio detrás de su bandera y ver al público procedente de los cinco continentes: todos muestran una expresión iluminada, una expresión que hace visible la emoción incontenible, indescriptible, algo que sólo saben quienes han pasado por semejante experiencia. Y ¿a quién saludarán los ganadores desde el podio? ¿Y los saltadores y lanzadores que piden el apoyo del público? El deporte, sin la poderosísima presencia humana llenando el aire del estadio, es como desinfectar una herida con alcohol sin alcohol…

Y es que los Juegos Olímpicos tienen un significado que va más allá de la competición, del hecho deportivo, puesto que, como indican los cinco aros de su bandera, unen a los habitantes de los cinco continentes. De este modo, tanto en las pistas como en las gradas, en la villa olímpica o en las calles, se encuentran, se saludan y se sonríen africanos, americanos, asiáticos, europeos y oceánicos. Por ello, unos Juegos Olímpicos sin público, aunque deportivamente tengan gran atractivo, son unos juegos tristes, alejados del espíritu olímpico que animó a Coubertin, quien pretendía que fuesen una celebración, una reunión  alegre y vitalista.   

Los juegos de hace cien años, los de Amberes 1920, lo tuvieron más difícil, puesto que el mundo acababa de salir de una guerra extraordinariamente sangrienta (que se llevó a incontables deportistas) y había superado la pandemia de la ‘gripe española’; ésta ha pasado a la historia con este nombre porque sólo España, que no participó en la guerra, informaba sin censuras de la gripe, la cual en realidad se originó… en China; alrededor de setenta millones de personas murieron a causa de esta enfermedad, que se combatió y superó sin vacunas, sin ucis, sin respiradores, sin distancia de seguridad…

Pero incluso en aquellos Juegos Olímpicos, marcados por la mortal guerra y la más mortal pandemia, hubo aliento y calor humano al lado de los deportistas; en Tokio 2020 están solos, en silencio, casi en la clandestinidad. Así, por muy buenas que sean las competiciones, por muchos récords y proezas que se vean, estos juegos siempre serán recordados por otra cosa, del mismo modo que los de Munich 72 están asociados al terrorismo.

¿Era necesario celebrarlos a toda costa? ¿Debieron aplazarse otro año? Los de Tokio 2020 puede que sean los peores Juegos Olímpicos de la Historia. Parece oportuno el refrán ‘bienes mal adquiridos, pronto perdidos’.

CARLOS DEL RIEGO

 

miércoles, 12 de mayo de 2021

UN HOMBRE TRANS COMPETIRÁ COMO MUJER: LOS JUEGOS OLÍMPICOS, CADA VEZ MÁS DUDOSOS

 


Hombre hasta los 35 años, competirá como mujer en los Juegos de Tokio

Los Juegos Olímpicos de Tokio serán los más anormales y deficientes de la Historia. Y no sólo por las enormes circunstancias por las que atraviesa el planeta, sino por las decisiones de quienes gobiernan el Comité Olímpico Internacional. La última necedad de tan poco fiable organismo ha sido la de admitir a un halterófilo en la competición femenina; la penúltima es la inclusión de ciertos ¿deportes? en el programa olímpico

Los Juegos Olímpicos tienen sus protocolos y tradiciones, que son los que le dan su carácter, su importancia, su trascendencia histórica. Por ello, parece más que un disparate la inclusión de ciertas modalidades al albur de las modas y manías del momento; más preocupante es, sin embargo, la posibilidad de que un hombre compita en el apartado femenino.

Se llama Laurel Hubbard, es neozelandés, tiene 43 años y va a participar en halterofilia en categoría femenina. Este individuo compitió hasta los 35 años como hombre, aunque sin llegar a destacar lo suficiente como para representar a su país en campeonatos internacionales, es decir, no tenía nivel. En 2013 debió llegar a la conclusión de que no tenía futuro como levantador de peso pero tal vez lo tendría como levantadora, así que el tipo llevó a cabo un cambio de sexo. Y ahora sí, ahora que se ha cortado la coleta y/o los moñitos y a ojos del COI ya es mujer, ahora ya ha conseguido el nivel necesario para tomar parte en competiciones internacionales. Hay que recordar además que, según el cada vez más dudoso COI, ya ni siquiera es necesario que los hombres cambien quirúrgicamente de sexo para participar como mujeres, pues basta con tener los niveles de testosterona dentro de los límites exigidos al menos durante un año, claro que al hombre tránsfuga se le permite el doble de testosterona que a la mujer biológica.

Aunque haya prescindido de sus atributos sexuales masculinos, Hubbard sigue teniendo constitución de hombre, por lo que la ventaja que tiene sobre quienes nacieron y siguen siendo mujeres es totalmente antideportiva, inadmisible, fraudulenta. Y así lo han manifestado sus rivales y asociaciones feministas, que se saben estafadas. La razón es anatómica: los huesos y músculos no van a mermar, hombros y cadera seguirán siendo masculinos por más que se cambie el sexo; debido a esta ventaja, desde que el señor se transformó en señora ha ganado varias competiciones femeninas, incluyendo un subcampeonato del mundo en 2017. Lógicamente, el camino en sentido contrario no conduce a la élite deportiva: una mujer deportista que se transforma en hombre jamás alcanzará el nivel necesario para disputar un podio olímpico.

Si Hubbard va y gana, tanto su victoria como los propios Juegos estarán siempre bajo la sospecha, siempre serán dudosos. Como han manifestado ya tanto colectivos como las deportistas que serán sus rivales: “… un varón mediocre va a robar medallas olímpicas”. Además, si se sube al pódium, pronto abundarían los lanzadores y corredores, boxeadores y nadadores de bajo nivel deportivo cumpliendo los requisitos exigidos por el COI para poder competir como lanzadoras y corredoras, boxeadoras y nadadoras, hasta que finalmente quienes disputen todos los trofeos femeninos sean exclusivamente los trans, cosa que ahuyentaría a las chicas biológicas.

Por otro lado, gimnasia rítmica, natación sincronizada, patinaje artístico o gimnasia acrobática (cama elástica) no deberían ser considerados deportes sino artes, puesto que lo que cuenta para ganar son valores exclusivamente artísticos, como la expresividad, la coreografía, la coordinación, la elegancia de movimientos…, factores que en el verdadero deporte no cuentan en absoluto; por ejemplo, un gol pletórico de ejecución cuenta lo mismo que uno que entra tras cuatro rebotes, y una volea elegante y precisa vale exactamente igual que un golpe que se da con el marco de la raqueta, toca la red y pasa. Esto es verdadero deporte: sólo hay que anotar más o llegar antes, haciéndolo bien o mal, bonito o feo, mientras que en el falso deporte lo que vale es el factor artístico, el cómo lo haces, o sea, cuenta la belleza. Razones como que esas disciplinas exigen entrenamiento y dedicación no son válidas, ya que también es muy exigente la danza clásica y nadie piensa que sea un deporte.

Otra circunstancia que deja en evidencia lo dudoso de estos Juegos de Tokio 2021 (en realidad son los juegos de 2020 aunque se celebren con retraso) son las modalidades bochornosas, vergonzosas, admitidas en el calendario olímpico, como el monopatín o el surf, y otras que jamás tuvieron carácter competitivo como la escalada; dicen que entran para atraer jóvenes a los juegos, aunque conociendo los antecedentes de los integrantes del COI seguramente haya motivos más… tangibles; en todo caso el Comité Olímpico se pliega a la moda, al momento. Y luego están los sucedáneos elevados a categoría de deportes olímpicos, como el baloncesto 3x3 o el rugby a 7 o el vóley playa; lo próximo serán otros sucedáneos como el pádel, el fútbol sala, el balonmano playa y otros que son para jugar a la orilla del mar. Tampoco sería descartable que la industria del videojuego presionara lo suficiente para que los juegos electrónicos entren en el programa. Y ya puestos, pronto exigirán su entrada en el olimpismo los juegos de cartas, los de mesa, la petanca…, y habrá competición de poesía, de arte, de diseño…

¿Exagerado? ¡Quién hubiera predicho que el monopatín sería olímpico o que un señor participaría como señora!

CARLOS DEL RIEGO

 

miércoles, 28 de abril de 2021

125 AÑOS DE AQUELLOS PINTORESCOS PRIMEROS JUEGOS OLÍMPICOS DE LA ERA MODERNA

 


Salida de los 100 m lisos, en la que cada uno toma la postura que se le ocurre. El ganador fue el de en medio, Thomas Burke


Bob Garret posa imitando al Discóbolo de Mirón

En abril de 1896, hace justo un siglo y cuarto, se materializaba la recuperación de los Juegos Olímpicos tras los esfuerzos del Barón de Coubertin. Como todos los comienzos, poner en marcha aquella enorme empresa exigió la superación de infinitos obstáculos, pero finalmente los JJ OO de la Era Moderna se celebraron en Atenas; lógicamente, se produjeron infinidad de hechos, anécdotas y sucesos de todo tipo, desde el más chusco al más loable

La gestación de la ‘reinvención’ de los Juegos Olímpicos fue muy larga y tortuosa. Hasta que finalmente se fijó un lugar y una fecha, Atenas, abril de 1896. Luego, Coubertin y sus colaboradores tuvieron nuevamente que superar dificultades y problemas económicos, políticos, sociales, organizativos, económicos otra vez… Pero llegó el día y la idea olímpica volvió a la vida 1503 años después de que el emperador Teodosio prohibiera los juegos en el año 394. Y esta vez los juegos no sólo volvían para quedarse, sino para acoger a todos los pueblos del planeta. Como toda primera vez, se sucedieron muchísimos acontecimientos pintorescos que sirven para comprobar lo que ha cambiado todo en estos 125 años.

Los JJ OO de la antigüedad celebraron 243 ediciones, siendo la última la del año 393 después de Cristo. Al estadounidense James B.Conolly le correspondió el honor de ser el primer campeón olímpico (‘olimpionikos’) un milenio y medio después; ganó el triple salto (13,71 metros). Participaron trece países, a pesar de que hay quien dice que fueron 14; se suele incluir a Italia, pero la organización negó la inscripción en el Maratón de su único representante, Carlo Airoldi, acusado de profesionalismo; otras fuentes incluyen Egipto, ya que de Alejandría era el tenista Kasdaglis, pero entonces esa ciudad pertenecía a Grecia; incluso hay otras participaciones discutidas.

Merece la pena detenerse en el caso de Carlo Airoldi. Había tomado parte en una carrera de varios días entre Turín y Barcelona; al llegar, recibió unas monedas para que comprara qué comer. Por ese hecho fue acusado de profesionalismo y rechazada su inscripción en el Maratón. El italiano, que no tenía medios para costearse el transporte, se puso a caminar y recorrió a pie más de 1.300 kilómetros (y dos trayectos en barco) hasta llegar a Atenas. Al llegar se encontró con la negativa más rotunda. Carlo Airoldi fue injustamente apartado de la historia olímpica. ¿O no? 

Detalle de lo más sorprendente es el hecho de que Grecia se regía por el calendario juliano, mientras el resto de occidente por el gregoriano. Así, la fecha de apertura de los juegos se fijó para el 25 de marzo juliano, que corresponde al 6 de abril gregoriano. Algunos equipos llegaron por poco; los estadounidenses, por ejemplo, llegaron el día de la inauguración pensando en que tenían un par de semanas para aclimatarse. Hoy sería difícil que esto.

Los deportistas no contaban con apoyo de sus países y debían costearse y organizarse todo ellos mismos. El doble campeón (de peso y disco) estadounidense Bob Garret, de quien se dijo erróneamente que participó en los juegos porque ya estaba allí, en Grecia, por cuestiones de trabajo, viajó a Atenas con el único fin de participar en los juegos, y además se hizo cargo de los gastos de tres compañeros de universidad  (los tres también ganaron medallas).Garret era lanzador de peso, y cuando se decidió a acudir a los juegos tomó su primer contacto con el disco, pero como no tenía ni idea de lo que debía pesar se hizo uno de nueve kilos y trató de imitar la famosa estatua El Discóbolo, de Mirón; al llegar y sopesar el disco se sorprendió al ver que sólo pesaba dos kilos.

La mentalidad de final del siglo XIX no concebía la participación femenina en el deporte, por lo que ni siguiera se pensó en incluir pruebas para mujeres en aquellos juegos. Sin embargo, ya en aquel momento hubo quien protestó y se movilizó contra tal prohibición. Una ateniense que vivía de la caridad, Stamati Revithi, exigió tomar la salida en la carrera de Maratón, pero no se lo permitieron. Al día siguiente, Stamati corrió de Maratón a Atenas, el mismo recorrido que los hombres, ella sola, para demostrar que una mujer podía hacerlo; la organización, ante la presión del público, abrió el estadio para que entrara la atleta, pero ella, para endurecer el tono de su protesta, rehusó entrar e hizo los últimos metros alrededor del estadio. Debido a tan grande proeza, la prensa local la apodó Melpómene, la musa de la tragedia.

Desde aquella primera edición, la prueba del Maratón tomó un sentido épico y muy especial. El primer campeón fue un griego, Spiridion Louis (pastor, albañil, panadero, cartero), que sólo corrió aquella carrera en su vida. Y casi no participa, pues había quedado fuera del equipo… Resulta que, unos meses antes, el coronel Papadiamantopoulos tenía que pronunciar un discurso, pero se había olvidado sus gafas, entonces Spiridion le dijo que podía ir corriendo a por ellas y traérselas…, y así lo hizo, recorriendo 21 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, llegando justo a tiempo para que el coronel diera su discurso. Llegado el momento, insistió y logró que Louis fuera incluido para la carrera de Maratón. El día de la prueba, Papadiamantopoulos era el encargado de dar la salida, que tomaron catorce griegos y cuatro extranjeros. El coronel Papadia…siguió la prueba a caballo, viendo cómo se destacaban un francés y un australiano, información que entristeció profundamente a la parroquia griega; sin embargo, en el tramo final, los líderes fueron cediendo y Spiridion Louis se puso en cabeza, aumentando más y más su ventaja. Exultante, Papadia… se adelantó y entró al galope en el estadio para dar la noticia a sus compatriotas, que acogieron la victoria de Louis con sonoro júbilo, tanto que los hijos del rey Jorge I de Grecia se echaron a la pista y recorrieron los últimos metros junto al ya héroe griego.

Además de la medalla de plata (en aquella primera edición sólo se dieron de plata y de cobre, el tercero se quedó sin premio), el gobierno le obsequió con una finca, un caballo y una carreta, además de comida y peluquería gratis de por vida. La táctica del primer ganador olímpico de Maratón consistió en parar a mitad de carrera y tomarse un par de vasos de vino…, los demás fueron a menos y él a más, ya que sacó unos siete minutos al segundo. Tenía 23 años y nunca más volvió a participar en una carrera.

También era griego el primer tramposo detectado, otro corredor de maratón llamado Velokas, que llegó tercero, pero luego se supo que hizo parte del recorrido en carro; avergonzado por el engaño de su compatriota, el rey Jorge I le regaló un reloj de oro a quien llegó tercero legalmente, el húngaro Kellner. También hubo gestos cien por cien deportivos, como el que protagonizó el ciclista francés Flameng que, en los 100 km en ruta., iba en cabeza con el griego Kolettis; a éste se le salió la cadena y el francés, en lugar de aprovecharse y demarrar, se detuvo y esperó a que solucionara el problema; al final ganó Flemeng por delante de Kolettis.

Las cosas han cambiado un tanto desde aquellos primeros juegos.

CARLOS DEL RIEGO