miércoles, 8 de julio de 2026

LA IDEOLOGÍA POLÍTICA CONDUCE, INEVITABLEMENTE, AL FANATISMO



 El fanatismo ideológico condujo al apoyo a los nazis aun cuando ya se sabía qué estaban haciendo. Algo parecido sucede hoy en democracias occidentales


La ideología política nubla la mente y oscurece la razón. Así lo expresaron algunos pensadores. Resulta oportuno recordar (otra vez) al alemán Ernst Jünger, quien vivió más de un siglo y, como él dijo, tuvo tiempo para vivir y sentir todas las ideologías, después de lo cual concluyó que “la verdadera libertad sólo se alcanza cuando uno se sacude la ideología política, ya que ésta termina por esclavizar la mente”. Esta evidencia se confirma continuamente, puesto que la mayoría de las personas no cambian el sentido de su voto hagan lo que hagan ‘sus’ líderes políticos

 

“Yo votaré a este partido aunque le esté quitando la comida de la boca de mi hijo”, manifestó sin el menor rubor una mujer cuando se acercaban unas elecciones. Igualmente, en la misma circunstancia, un hombre proclamó, no sin cierta dosis de orgullo, que “yo votaré a este político aunque me haya robado la cartera y se haya acostado con mi mujer”. Son dos muestras (podrían recordarse muchas otras de similar intención) de que la ideología política se ha impuesto a cualquier razón, a cualquier evidencia, a cualquier modelo de cordura. Se confirma, sin la menor duda, lo que Jünger afirmaba sobre la forma con que la ideología política termina por arrebatar la libertad de pensamiento a las personas, convirtiéndolas en esclavas, en marionetas que pensarán lo que la ideología y los líderes políticos les digan: qué pensar, qué decir, qué hacer.

 

“El actual gobierno mete miedo, pero yo seguiré votando al partido que lo sostiene”. “No cabe duda de que son unos corruptos sin conciencia, pero yo volveré a votarlos”… Son algunas de las respuestas que dan ciertas personas a los entrevistadores de las empresas de sondeos cuando se acercan unas elecciones: el fanatismo se impone a la razón. Quien opta por una papeleta de voto u otra en función de las personas y sus actos, y no en función de las siglas de este u otro partido político, se puede quedar de piedra ante el modo de ‘pensar’ de quienes manifiestan tal grado de fanatismo.

 

Durante la tiranía nazi en Alemania (de 1933 a 1945) la gran mayoría de los alemanes apoyaron incondicionalmente al Führer; cierto que quienes se expresaron en contra fueron rápida y sistemáticamente eliminados: comunistas, socialistas, demócratas, críticos…, además de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados físicos y mentales. Pero la realidad es que la población en general defendió fanáticamente al líder, incluso denunciando a quien se atrevía a manifestar no ya críticas, sino simples dudas (hay alguna excepción, como la protagonizada por la organización ‘La rosa blanca’ en 1942-43, que terminó con todos en la guillotina). Cuando ya estaban en marcha los campos de concentración y exterminio, los guetos, las ejecuciones sin juicio (o con juicio si el juez era Roland Freisler o parecidos), la invasión de Polonia, Bélgica, Holanda, Francia, Rusia y, en fin, la guerra contra todo y contra todos, el partido nazi no perdió el favor sincero de los germanos; de hecho, ni siquiera cuando a finales de 1944 ya se sabía que la guerra estaba perdida los ciudadanos se volvieron contra el partido y el gobierno. Se conocen casos de fanatismo extremo: cuando el alimento ya había desaparecido de las tiendas, bombas soviéticas cayeron sobre unos caballos, que permanecían destripados en medio de la calle; los hambrientos berlineses corrieron a descuartizarlos y repartir la carne cuando llegó un fanático funcionario, sacó la pistola y preguntó si esos animales habían sido sacrificados siguiendo la ley (Hitler promulgó leyes muy estrictas sobre bienestar animal), y sólo depuso su actitud cuando comprobó cómo habían muerto los caballos. En otra ocasión, con los rusos a unos pocos kilómetros de Berlín, el hambre llevó a los vecinos hasta un almacén donde aun había algo que comer, pero al llegar se encontraron con que el funcionario, respaldado por dos SS, se negó a entregar la comida sin una orden escrita de la superioridad, y ello a pesar de que ya se oían las cadenas de los tanques rusos; frustrados, los berlineses se fueron con las manos vacías, pero aun pudieron escuchar, poco después, como las bombas destruían ese almacén…, es decir, el funcionario fanático prefirió que los víveres se quemaran ates que entregarlos a los hambrientos.

 

Ese fanatismo ciego, extremo, irracional, demencial, es el que condujo a la población alemana a sostener al Führer y no conjurarse contra el partido y el gobierno. Y no sólo al final. Hace años se publicaron miles de cartas escritas a sus familias por soldados de la Wehrmacht destinados en los frentes o en los campos de exterminio, cartas en las que explicaban qué estaban haciendo, cómo mataban y asesinaban a hombres, mujeres y niños sin el menor remordimiento, con frases como “parece cruel pero es necesario”, “cumplimos las órdenes con entusiasmo, pues vienen del Führer”, “no se cuestiona ni se duda cuando se nos ordena matar a mujeres, niños o sumisos”… Es decir, la población ya sabía qué estaba pasando, qué ocurría y cómo se trataba no sólo a los prisioneros, sino a los no combatientes y a los encarcelados por ser de esta etnia, pensamiento u origen. Pero ese conocimiento no produjo ninguna crítica, ninguna duda de conciencia, ninguna desconfianza o indecisión.

 

A situaciones tan terribles como estas conduce el fanatismo que lleva a alguien a proclamar con orgullo que seguirá votando a este partido y a este líder político haga lo que haga. Muchos se han preguntado cómo los alemanes (tenidos por racionales y lógicos) pudieron caer en las redes del Partido Nazi. Hoy se puede ver cómo en los países democráticos se llega a eso.         

 

La ideología política, en fin, distorsiona el pensamiento y fanatiza a la persona. Comprobado. Pero aún así, hay quien cae en la trampa, como quien entra en una secta sabiendo lo que es y lo que van a hacer con él.

 

CARLOS DEL RIEGO


jueves, 25 de junio de 2026

LA ASOMBROSA TRAYECTORIA VITAL DE ERIC BURDON, 85 AÑOS, MÁS ALLÁ DE LA CASA DONDE NACE EL SOL

 


Eric Burdon y BB King en los estudios Stax en 1977

 

No hay quien piense en Eric Burdon sin pensar en su maravillosa interpretación de ‘The house of the rising sun’ (‘La casa del sol naciente’). Pero es que el cantante británico ha sido muchísimas cosas más y, a sus recién cumplidos 85 años, podría escribir una extensa bibliografía con sus anécdotas, vivencias y batallitas junto a otros nombres deslumbrantes de la historia del rock & roll

 

Cuentan que en cierta ocasión asustó a a Jim Morrison jugando a la ruleta rusa con una lámpara de araña de cristal. Que se metió LSD con Janis Joplin en el Fillmore. Que era íntimo de Jimi Hendrix, que era asiduo de la casa de John Lee Hooker en Detroit, que una vez lo asaltaron a punta de pistola, que cabalgó por el desierto con su amigo motero Steve McQueen o que, tras una ‘fiesta’, se convirtió en la inspiración para el personaje 'The Eggman' de la canción 'I Am The Walrus' de The Beatles . Y al parecer todo ello es rigurosamente cierto...

 

Considerado uno de los mejores cantantes de blues y derivados, y poseedor de una voz apasionada y declamatoria, cuando militaba en los primeros The Animals, el fundador de los Stones, Brian Jones, lo proclamó “el mejor cantante de blues que jamás haya salido de Inglaterra”. Entre sus muchos admiradores están Robert Plant, Iggy Pop, David Johansen, Patti Smith o el propio Bruce Springsteen, quien en cierta ocasión (ya en este siglo) afirmó que Burdon es como “un gorila con traje que sonaba como si Howlin' Wolf hubiera salido de la piel de un chico de 17 años”; y su guitarrista Steve Van Zandt describió su voz “tan potente y profunda que inventó el género del blues de hombre blanco que canta en tonos tan graves como si fuera negro”.

 

A terminar con sus primeros Animals, en la segunda mitad de los 60, se mudó a San Francisco en plena explosión hippy entre alucinógenos, amor libre y un hedonismo desenfrenado. Él mismo recuerda: “Por aquel entonces tenía interminables conversaciones con gente como Hendrix y John Steel de The Animals. Estábamos convencidos de que no íbamos a vivir más allá de los 30, lo que nos llevó a vivir la vida al máximo y, claro, al consumo de todo. Cada vez que probabas algo nuevo, corrías un riesgo. Yo lo superé, pero muchos de mis amigos no. Conocí personalmente a Janis Joplin y casi desde el primer momento me di cuenta de que estaba destinada a la autodestrucción”. Y sigue: “Jim Morrison estaba completamente fuera de control todo el tiempo. Lo veía a menudo, así que estaba cerca para ver qué le pasaba. Estaba hecho un desastre y todos sabíamos que era imposible hacerle entrar en razón. Ese intento de conectar con él fue lo que me ayudó a superar esa etapa”.

 

También mantuvo buena relación artística con Bo Diddley, aunque nunca coincidieron ni llegaron a tocar juntos. El primer Lp de Animals contenía un excelente 'The story of Bo Diddley’, un homenaje sincero al gran pionero. Burdon explica: “Nunca coincidimos. Yo me iba cuando él estaba en el escenario, y viceversa. Éramos como barcos que se cruzan en la noche, pero sin hablar nos entendíamos…, en otro plano. Una vez le dijo a uno de mis managers de gira: ¡Dile a ese pequeño bastardo blanco que grabe más canciones mías!”.

 

Siempre fue admirador de los grandes 'bluesmen' estadounidenses, por eso, "cuando estos grandes músicos de blues (John Lee Hooker, Muddy Waters, Sonny Boy Williamson) pasaban por Inglaterra, los promotores locales me pedían a mí a mis amigos de la Universidad de Newcastle, que los acompañáramos. En aquella época, los británicos no sabían cómo tratar a los negros. Así que me encargaron cuidar de John Lee Hooker y enseñarle la ciudad. También solía firmarle los autógrafos en su lugar, pues en aquel entonces ni siquiera sabía escribir su nombre. Lo agradecía muchísimo. Cuando luego llegué a EE UU con The Animals, lo primero que hice fue ir a su casa en Detroit y allí pasé una semana". Burdon quiso cantar con la emotividad de Ray Charles y la fuerza de Big Joe Turner, pero con la voz saliéndole de las entrañas. Él mismo dijo que "el cantante negro de blues era mi héroe, mi líder... Hice todo lo posible por sonar como él”.

 

Con The Animals Burdon consiguió muchos éxitos, aunque la cosa no era un camino de rosas, ya que había muchos celos en el seno del grupo, sobre todo con el teclista Alan Price, quien apareció como único arreglista de ‘The house…’ y, por tanto, quien se llevó la parte del león de los beneficios. Burdon declaró una vez: “Espero que se fría en el maldito infierno”. En realidad, la mala gestión era una constante en los grupos de los 60; en año y medio publicaron tres discos e hicieron dos giras por Europa y tres por EEUU. “Lo que parecía una vida maravillosa se convirtió de repente en algo horrible; horas encerrados en camerinos, ir a ciertos lugares a horas fijas, agotadoras sesiones de fotos... No era para lo que me había apuntado. Fue divertido durante un tiempo, pero pronto se volvió realmente demoledor. En cuanto entrabas en una banda así, te convertías eras un prisionero”.

 

Entonces llegó el LSD: “Me permitió ver las cosas desde una perspectiva diferente, de otras formas de ver la vida. Fue asombroso. Me despertó en muchos sentidos y me abrió a muchas cosas. Pero ocurrieron muchas cosas. Fiestas de Brian Epstein con los Beatles y otros gigantes del rock británicos, líos de faldas, líos de y por drogas, la visión gay de Brian Epstein y el cuidado que había que tener para que no te consideraran gay a ti (¡qué bobada!, viéndolo hoy), su viaje a la India… Y la muerte de Brian Epstein…; para entonces vivía en Los ángeles y tenía vecinos como Allan Wilson y su Canned Heat, Frank Zappa, David Crosby, John Phillips, Cass Elliot, Grateful Dead…, fue una experiencia embriagadora, una avalancha de sensaciones”.

 

Uno de los grandes recuerdos de Burdon fue cuando se convirtió en ‘The  Eggman”, del ‘I am the Walrus’ de Beatles. Una vez le contó a Lennon que una novia jamaicana le rompió un huevo sobre su cuerpo desnudo y comenzó a lamerlo: “Recuerdo estar en una fiesta y al señalar a esa chica John me dijo: ‘¡adelante, Eggman!’. Y el apodo se me quedó”.

 

A finales de los sesenta  fundó la banda de funk War, en la que casi todos eran “pandilleros negros”; de hecho, muchos nos copiaron, desde Sly Stone a Earth Wind & Fire”. Así, “Cuando en septiembre de 1970 debutamos en Inglaterra todo fueron felicitaciones, pero unos días después llegó la tragedia, Jimi Hendrix (que había tocado con ellos como invitado) moría de sobredosis. Me destrozó que un tipo con el que había hablado tantísimo nos dejara. Fuimos los últimos con los que tocó”. Y Jim Morrison: “Tras una noche de excesos con Jim bajé a la mañana siguiente con una Magnum 44 y disparé contra la lámpara de araña. Morrison huyó mientras los cristales caían a raudales. Fue la última vez que nos vimos”. Y Steve McQueen, con quien congenió gracias a las motos. “Por esa época salía a montar en moto, y una vez vi a un tipo pasar a mi lado a 130 por hora cruzando dunas. ¿Quién es ese?, pensé. Y era Steve. Salí disparado tras él y lo alcancé. De hecho, tenía un terraplén de arena, formado naturalmente por el movimiento del desierto, que tenía las mismas dimensiones que el salto que hizo en la película La gran evasión”.

 

En 1994 The Animals entró en el Salón de la Fama del Rock & Roll, pero Burdon, resentido, no apareció. En 2013 (tras superar problemas físicos) volvió a girar por EEUU y volvió a grabar, todo con notable éxito. Y es que: “Todavía puedo salirme con la mía, pero eso es lo que te permite el rock and roll, que puedes decir lo que quieras siempre que tenga tres acordes y un ritmo”.

 

En mayo cumplió 85, y aun conserva voz y actitud… ¡Qué Animal!

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 10 de junio de 2026

250 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE EEUU, BASADA EN EL EXTERMINIO SISTEMÁTICO DE LOS NATIVOS

 


Al terminar la masacre de Wounded Knee.

El 4 de julio del presente 2026 se cumplen 250 años de la fundación de EEUU. Pero ya antes, justo desde el primer momento en que los colonos ingleses arriban a América del Norte (1620), el exterminio de los indígenas se convirtió en la principal herramienta del asentamiento y la ocupación del territorio. Este modo de pensar ya lo dejó escrito el predicador esclavista Cotton Mather (1663-1728), quien dejó claro que los blancos, anglosajones y protestantes están por encima de todo y de todos. Esa idea se basaba en la superioridad moral sobre los indígenas y, en realidad, sobre todo el que no fuera como ellos

 

Ese convencimiento de estar por encima de quien no fuera blanco (ni negros ni indios ni asiáticos…), sajón (ni mediterráneos ni mulatos…) y protestante (ni católicos ni ortodoxos…) los legitimaba para ejercer de esclavistas y defensores del exterminio de los indios, así como para arrebatar territorios a su vecino del sur cuando quisieran. Y esta idea la ejercieron tanto los pioneros como los fundadores (empezando por George Washington), que coincidían en la idea de Mather, el cual dejó por escrito: “No sabemos cuándo ni cómo estos indios empezaron a poblar el gran continente, pero podemos conjeturar que probablemente el Demonio atrajo aquí a estos miserables salvajes con la esperanza de que el Evangelio de Nuestro Señor no vendría nunca a destruir o perturbar su imperio”. Esta percepción (absolutamente falsa, pues el mensaje del Evangelio subrayó aquello de “ya no hay esclavo ni señor, judío ni griego…, todos son iguales”) es la base de la fundación de EE UU y la que llevó al exterminio sistemático y subvencionado de la población nativa de América del Norte, la cual representa hoy menos de 1% de la población total del país.

 

Al poco de llegar al nuevo territorio, los colonos establecieron en su asamblea un premio de “40 libras por cada cuero cabelludo de piel roja”; en 1720 la recompensa subió a las 100 libras; en 1744 se diversificaron las primas, y se especificó que la de 100 libras sería por toda cabellera de indio mayor de 12 años, de 105 si se capturaba al indio para esclavo, de 55 libras para capturas de niños menores de 12 años y mujeres para esclavitud, quedándose sólo en 50 libras si lo que se presentaba a las autoridades eran cabelleras de niños o mujeres (es decir, pruebas de que habían sido muertos).

 

Dicha ideología se mantuvo también desde el nacimiento de los Estados Unidos de América tras el III Congreso de Filadelfia, el 4 de julio de 1776. Así, el primer presidente, George Washington (1732-1799), calificó a los indígenas como “bestias salvajes del bosque”, un pensamiento que choca frontalmente con la Constitución aprobada en esa fecha, la cual especifica como “una verdad evidente” que “todos los hombres son creados iguales y dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, entre los que están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Al parecer del primer presidente de EEUU, así como de los redactores de la Constitución (y de todo estadounidense de entonces y gran parte de los de ahora), los nativos no merecían ser considerados hombres y, por tanto, no podían acceder a esos derechos otorgados por el Creador. De igual modo, el tercer presidente, Thomas Jefferson (1743-1826) proclamó “debemos perseguirlos y exterminarlos, o desplazarlos hasta que estén fuera de nuestro alcance”.

 

Desde entonces, con cada presidente (fuera demócrata o republicano) la presión contra la población indígena no sólo no cesó sino que fue en aumento, buscando siempre el mismo objetivo: su exterminio; para ello utilizaron todo tipo de recursos, desde el desplazamiento forzoso a territorios baldíos e inhóspitos (las ‘reservas’) hasta la extinción del bisonte, base de su economía, pasando por la distribución masiva de alcohol o las denominadas ‘guerras indias’, que no fueron más que masacres indiscriminadas. Entre los muchísimos episodios sangrientos perpetrados por los ejércitos y colonos estadounidenses se puede recordar el de ‘Bad Axe’ (1832, en el que tomó parte un joven Abraham Lincoln), donde fueron brutalmente asesinados y descuartizados cientos de mujeres, niños y ancianos (no combatientes); la matanza de ‘Bear River’ (1863), en la que el ejército se ensañó con otros tantos indios (casi todos, nuevamente, mujeres, ancianos y niños); la de ‘Sand Creek’ (1864), la de ‘’Woonded Knee’ (1890) y tantísimas otras…; en todas ellas los soldados y oficiales de EEUU se divirtieron mutilando, acuchillando y decapitando a población no combatiente… Y nunca ningún oficial, integrante del ejército o colono fue acusado, juzgado ni mucho menos condenado por ello. Entre las escasas victorias de los indios hay que mencionar la de de ‘Little Bighorn’ (en 1876, justo hace 150 años), en la que el contingente del general Custer fue derrotado a causa, sobre todo, de su vanidad, soberbia y egolatría, pues buscaba que nadie le arrebatara la gloria de la victoria y, persiguiendo ese objetivo, cometió gravísimos y fatales errores militares. 

 

Este modo de actuar ha sido una constante desde que los puritanos ingleses arribaron a la costa este de América del Norte, continuó cuando hace 250 años  se fundó EEUU (en 1776) y así ha seguido hasta prácticamente la actualidad, pues no hay que olvidar que los indios de Norteamérica no fueron reconocidos ciudadanos (eso sí, de segunda clase) hasta 1924, no tuvieron derecho al voto hasta 1948 y no accedieron a la libertad de culto hasta fecha tan reciente como 1993. Igualmente hay que destacar el hecho de que desde la llegada de los primeros colonos hasta bien entrado el siglo XX, jamás se promulgaron leyes que otorgaran derechos o protegieran a los indios. Muy al contrario.

 

Es curioso comprobar cómo la viga en el ojo propio no impide ver la paja en el ojo ajeno.        

 

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 28 de mayo de 2026

BOB DYLAN CUMPLE 85 AÑOS. EL GENIO Y LA SOBERBIA

 


 Dylan se ha ganado el derecho para salir a escena como quiera y tocar lo que quiera, pero sus fans agradecerían que tocara alguna de aquellas

Hace unos días (concretamente el 24 de mayo) el gran Bob Dylan alcanzó la bonita cifra de 85 primaveras. El imprevisible, triunfador, Premio Nobel y personalísimo Robert Allen Zimmerman es ya (en realidad desde hace décadas) toda una leyenda viviente. Su repertorio acumula varias docenas de títulos inolvidables, recordados, versionados y tarareados desde los años 60 del siglo pasado. Sin embargo, el enorme compositor se viene negando desde hace mucho a tocar esas canciones en vivo

 

Cierto que, cuando un artista llega a ese nivel de excelencia, tiene todo el derecho de hacer lo que le venga en gana, de tocar lo que quiera, de no someterse a los dictados de la moda, de la prensa e incluso de sus incondicionales. Pero…

 

No es cuestión de repasar su extensísima discografía, puesto que si en algo está todo el mundo de acuerdo es que su talento y su genio parecen no tener fecha de caducidad. Baste recordar que ha publicado la friolera de 40 álbumes de estudio (el primero en 1962 y el último, hasta la fecha, en 2023), nueve en directo, veintitantos recopilatorios… Y entre sus muchas piezas históricas están auténticos iconos de la música del siglo XX, como ‘Blowin’ in the wind’, ‘Like a rolling stone’, ‘Mr. Tambourine man’, ‘The times they are a changing’, ‘Knokin’ on Heaven´s door’, ‘Just like a woman’, ‘Lay lady lay’, ‘Maggie´s farm’, ‘All along the watchtower’, ‘A hard rain´s are gonna fall’, ‘Hurricane’ o la deliciosa ‘I want you’, por citar no más de una docena, aunque cualquier interesado podría mencionar otro medio centenar de verdaderas obras maestras de la música de la segunda mitad de siglo pasado.

 

Por ello, no deja de resultar chocante que, desde hace muchos años, Dylan se niegue sistemáticamente a tocar esas canciones, que son las que lo han situado en el lugar donde hoy está, en ese lugar reservado para los mitos, para los habitantes de los altares del rock. El mismísimo Paul McCartney explicaba no hace mucho que, cuando sale de gira, sabe que la mayor parte de los espectadores han hecho un gran esfuerzo para ahorrar el dinero que vale la entrada, la han atesorado con ilusión, se han imaginado el momento, han luchado y renunciado a muchas horas de su tiempo para estar en los puestos delanteros de la cola y así situarse lo más cerca del escenario…, y claro, lo que esperan, lo que desean por encima de todo, es que interprete esas canciones que llevan toda la vida acompañándolos, melodías que compraron en cualquier formato, que cantaron y cantan con todas sus fuerzas, títulos que siguen causándoles desbordantes emociones… Así, el exbeatle comprende (lo lleva haciendo toda su vida) que no puede dejar de regalar esas canciones (al menos unas cuantas) a ese público ilusionado, muchas veces incapaz de sujetar las lágrimas cuando suenan los primeros acordes de esta o de aquella pieza emblemática. Y Paul, por ese lado, jamás defrauda.

 

El gran Bob Dylan está en su pleno derecho de salir a escena como le dé la gana e interpretar lo que le dé la gana (faltaría más). Sin embargo, bien podría premiar al público, a su público, a los cientos de miles que cada año pagan por asistir a sus conciertos, y situarse ante el micro con la guitarra y la armónica (dejando el lateral del escenario donde parece esconderse detrás de un pequeño teclado) para interpretar cuatro o cinco de aquellas prodigiosas composiciones. Pero apenas deja caer uno de sus temas icónicos por concierto, y jamás él en medio del escenario con la acústica colgada y la armónica al cuello.

 

El genio tiene derecho a ser soberbio y a hacer prácticamente lo que quiera. Sin embargo, también puede tener una atención, una deferencia con su público, con esos incondicionales que lo han situado en ese estatus de genio y le han dado esa situación que le permite mostrar soberbia. Y es que parece desdeñar las deliciosas canciones con las que ha hecho historia, parece que esos títulos le asquean y por eso los arrincona, los olvida y se los niega a sus seguidores sin tener presente que esos versos y melodías son los que le han dado millones, así como una posición de privilegio, un lugar en la historia y, evidentemente, la legitimidad y la libertad necesarias para tocar lo que le venga en gana.  

 

¿Qué no daría un amante del rock para ver a un Dylan de 85 años él solo ante el micro entonando, por ejemplo, el ‘Blowin’…’ (o cualquiera de aquellas) con su guitarra y su armónica? Sería algo impagable, sólo las emociones que provocaría bien valdrían que se olvidara de su soberbia (a la que tiene derecho) durante unos pocos minutos.

 

¿Cuántos escenarios tiene que recorrer Dylan antes de que se le pueda volver a llamar Dylan?

 

CARLOS DEL RIEGO


martes, 19 de mayo de 2026

LA MENTIRA DEL BUEN SALVAJE Y LA REALIDAD PROBADA POR LA ARQUEOLOGÍA

 


Imagen del Tzompatli hallado en ciudad de México (con miles de restos de cráneos) donde queda patente la costumbre de sacrificar personas de los aztecas con la que acabó Cortés

 

Casi desde el momento en que las tres carabelas llegaron a América, en Europa hubo quien pensó que aquello era el paraíso terrenal y, por tanto, allí no podría haber más que bondad, solidaridad, tolerancia, virtud y, en fin, ausencia total de violencia. Muchos quisieron creer eso por ignorancia y por maldad. Luego, la realidad, lo que contaron los cronistas y documentó la arqueología, evidenciaron que de aquella bondad nada de nada.

 

En definitiva, por más que muchos dijeran, escribieran y quisieran creer otra cosa y negar la evidencia, allí había tanta o más violencia que en el Viejo Mundo, que no existían derechos (algo lógico, pues al no existir la escritura no había forma de promulgar leyes, derechos y obligaciones), que el machismo era absoluto, que la esclavitud era hecho corriente y aceptado y que existían prácticas tan ‘maravillosas’ (así definieron algunos las culturas precolombinas) como los sacrificios humanos y el canibalismo.

 

Autores tan elogiados como el filósofo y ‘moralista’ francés Michel de Montaigne (1533-1592) se atrevió a afirmar (incomprensiblemente) que los nativos americanos eran “seres nobles e incapaces de toda malicia”, que vivían en aquel “paraíso terrenal en el que no existían la envidia ni la avaricia”; y todo ello sin haber estado jamás en América ni haber visto nunca a ninguno de esos a los que tanto elogió (¿por qué afirmaría tal cosa sin saber?). Algo parecido pensaba sobre los nativos americanos el pervertido Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), quien arrancó a sus cinco hijos recién nacidos de las manos de la madre para llevarlos directamente al orfanato, donde casi nadie llegaba a la edad adulta y quien llegaba sería un mendigo hasta la muerte; pero así y todo dijo que “hubiera sido un buen padre” o “no conozco a nadie mejor que yo”; este detestable personaje escribió que los europeos ya habían sido corrompidos por la ambición, el dinero y el poder, y demonizaba la propiedad privada (salvo la suya, claro) y la empresa, y que por ello los salvajes eran seres inocentes ajenos a la maldad. En contra de tal visión de los nativos americanos estaba Charles Dickens (1812-1870), quien escribió un ensayo titulado ‘El buen salvaje’ (1853), donde critica con dureza y sarcasmo la idea de que el salvaje es bueno por ser salvaje; bien informado, comprobó que en la América precolombina no había nada de inocente. Igualmente, la historiadora estadounidense Christina Snyder (1947) ha probado que la esclavitud era práctica general en toda América antes de 1492.

 

La presidente de México (Claudia Sheinbaum) sigue insistiendo en que los españoles cometieron genocidio en México a pesar de que ella sabe que México no existía, a pesar de que ella sabe que los aztecas fueron a su vez conquistadores (y no con diplomacia y regalos, sino a sangre y fuego), a pesar de que sabe que con poco más de 600 hombres Cortés no podía derrotar de ningún modo a un ejército de setenta u ochenta mil guerreros bien pertrechados, entrenados y conocedores del terreno; a pesar de que ella sabe de las atrocidades de los aztecas: guerra, sacrificios humanos, canibalismo, esclavitud (incluyendo la esclavitud sexual); a pesar de que ella sabe que todos los pueblos sometidos por los aztecas (tlascaltecas, chichimecas, totonacas, tarascos…) se aliaron con Cortés en contra de los tiranos; a pesar de que ella sabe que la violencia era lo corriente en aquellas tierras; a pesar de que ella sabe que los españoles llevaron allí conceptos como derechos, leyes, justicia…, además de la escritura, los metales o la rueda. Sí, ella sabe todo eso, pero sigue insistiendo en lo otro, o sea, miente a sabiendas (como todo político) porque la mentira le sirve para tapar lo que es hoy el país que preside (un estado regido por el narcotráfico, la corrupción y la violencia) y, por supuesto, miente para echar la culpa de todas las calamidades actuales de México a lo ocurrido hace medio milenio. Pero lo más increíble es que hay quien opta por creerse todos esos embustes y manipulaciones a pesar de las evidencias, de las crónicas, de la arqueología.

 

Como es sabido, hace unos diez o doce años se descubrió el llamado Huey Tzompantli, una estructura religiosa situada en ciudad de México y cuya construcción se compone de unos 650 cráneos enteros y fragmentos de otros diez o doce mil (muchos de ellos de niños). De todo esto ya escribieron cronistas como Andrés de Tapia o Bernal Díaz del Castillo, quienes iban con Cortés, lo vieron y lo contaron. Ella lo sabe, pero no lo menciona jamás porque no concuerda con su relato de indio bueno, español malo.

 

Del mismo modo, la arqueología confirma todas las atrocidades escritas por los cronistas: los restos de costillas cortadas para extraer el corazón, los cráneos infantiles reventados a palos, los sacrificios por incineración, las evidencias de los cortes en los huesos largos  para ser devorada la carne, los cráneos con huellas indiscutibles de decapitación…

 

También está acreditado que en el sur del continente eran habituales prácticas como la poligamia en la que las mujeres eran propiedad del marido, esclavas que valían menos que cualquier propiedad; que el incesto era cosa común (cuentan los cronistas que el hombre podía golpear y violar a sus hijas porque eran de su propiedad); que en muchas regiones los padres entregaban a sus hijos para que fueran sacrificados o para pagar los impuestos que exigían los pueblos dominantes; que el canibalismo era costumbre muy arraigada, tanto que en algunas zonas al descuartizar a la víctima las madres se untaban de sangre los pezones para que el lactante probara el sabor y participara…

 

Todas estas miserables, arcaicas y detestables prácticas fueron prohibidas, condenadas y, finalmente, erradicadas por los españoles.  

 

Han pasado los siglos y, a pesar de todo lo que se sabe, de todo lo probado, aun hay quien, a sabiendas, sigue insistiendo en la mentira y la falsedad histórica. ¿Por qué?, porque hay que buscar enemigos, porque hay que esconder la culpa propia, porque interesa sembrar cizaña y enfrentamiento entre los buenos (nosotros) y los malos (los demás). Lo peor es que aun hay quien quiere creer la mentira. Y la proclama a gritos aunque sepa la verdad.  

 

CARLOS DEL RIEGO

martes, 12 de mayo de 2026

CANCIONES DE LOS BEATLES QUE REFLEJAN HECHOS REALES DE SU TIEMPO

 


El cartel que inspiró a John para escribir 'For the benefit of Mr. Kite'

 

Nadie podrá negar que los Beatles hicieron historia, de hecho, esa frase es un tópico mil veces repetido. Pero es que, además, también dejaron constancia de hechos reales de su tiempo, algo que, de algún modo, puede interpretarse como una pequeña aportación a la historia de los años sesenta del siglo XX

 

Los años sesenta del siglo XX dejaron mucha historia. Y los Beatles también quisieron dejar constancia de aquel momento a través de algunas canciones.

 

El tema ‘Blackbird’ del llamado ‘Álbum Blanco’ (1968) tenía un trasfondo centrado en la lucha por los derechos civiles en EEUU. El autor, Paul, explicó: “Tenía en mente a una mujer negra, no un pájaro negro. Eran los tiempos del movimiento por los derechos civiles, algo que nos apasionaba a todos, así que esta era una canción para una mujer negra que sufría estos problemas en Estados Unidos. En el texto decía «Te animo a que sigas intentándolo, a que mantengas la fe, hay esperanza». Es decir, en lugar de hablar de «mujer negra que vive en Little Rock», lo convertí en un pájaro, en un símbolo, para que cualquiera pudiera aplicarlo a su problema particular”.

 

Una de las canciones más extrañas de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967) es ‘Being for the benefit of Mr. Kite’, un paisaje caleidoscópico que pretende anunciar una actuación circense del mismísimo Mr. Kite, acompañado por “los Henderson” y otros. Como un pregonero de feria, la canción ofrece un resumen de las increíbles hazañas que Mr. Kite realizará. El tema se basó en un cartel de un circo. John explicó: "La escribí por puro placer poético, sólo para componer una canción porque era el momento. Y tenía que escribirla rápido porque si no, no habría aparecido en el álbum. Toda la canción está inspirada en un cartel victoriano que compré en una tienda de antigüedades que es de una belleza cósmica y que debió celebrarse en el siglo XIX. Todo en la canción proviene de ese cartel, excepto que el caballo no se llamaba Henry”. En la letra decía: “Sobre hombres y caballos, aros y ligas. Por último, a través de un barril de fuego real. ¡De esta forma, Mr. K. desafiará al mundo!”.

 

La balada de Paul McCartney ‘She's leaving home’ (del Sgt. Pepper's), se inspiró en un artículo del Daily Mail de febrero de 1967 sobre una chica de 17 años llamada Melanie Coe que se había escapado repentinamente de casa (al poco volvió).Curiosamente, Coe había conocido a Paul antes de fugarse: en 1963 ganó un concurso de mímica en un programa musical de televisión donde actuaban los Beatles; McCartney era el juez y le entregó el premio. "Al leer la noticia me propuse imaginar qué pudo haber sucedido y salió esta canción", dijo Paul. Lo asombroso es que, cuando leyó el artículo, Macca no tenía ni idea de que había conocido a Coe, y ella, más tarde, no tenía ni idea de que la canción trataba sobre ella. Años después, Coe recordó sus impresiones sobre la canción: “Me asombró lo mucho la canción reflejaba mi vida. Citaba a los padres diciendo cosas como «le dimos todo lo que el dinero puede comprar», lo cual era cierto en mi caso, y luego «después de vivir sola durante tantos años», que me llegó al alma porque yo era hija única y siempre me sentí sola… Escuché la canción cuando salió y pensé que hablaba de alguien como yo, pero no imaginé que hablaba de mí, pues yo no me escapé con un hombre del sector automotriz, así que no podía ser yo. ¡Pero sí era yo!".

 

En ‘Back in the USSR’ (1968) no hay mucha historia; es un recorrido por lugares y cultura soviética, mezclado con una parodia desenfadada de los Beach Boys. Sin embargo, hace referencia a dos instituciones que, aunque vigentes cuando se grabó la canción, ya no existen. La primera, por supuesto, es la URSS, y la segunda, la aerolínea BOAC. Dice la letra: "Volé desde Miami Beach BOAC. No pude acostarme anoche. En el camino, la bolsa de papel terminó sobre mi rodilla. ¡Madre mía, qué vuelo tan horrible!" La British Overseas Airways Corporation dejó de existir en 1974.

 

'A day in the life' (1967) comienza: “Hoy leí las noticias, ¡madre mía!, sobre un hombre afortunado que logró aprobar el examen. Y aunque la noticia fue bastante triste, bueno, no pude evitar reírme. Vi la fotografía. Se voló la cabeza en un coche. No se dio cuenta de que las luces habían cambiado”. El “afortunado que lo logró” era Tara Browne, heredero de Guinness de 21 años, figura habitual de la escena del Swinging London, que sufrió un accidente mortal con su deportivo Lotus en diciembre de 1966. "Escribí 'A day in the life' al piano con el 'Daily mail' ante mí", contó John.

 

En 'Taxman' (1966) Harrison despotrica contra el impuestazo del 95% que la hacienda inglesa le obligaba a pagar. Y de paso señala a dos de los políticos (es decir, parásitos) que se aprovechan de su trabajo. Dice la letra: "No me preguntes para qué lo quiero (Ah, ah, Sr. Wilson). Si no quieres pagar un poco más (Ah, ah, Sr. Heath). El primero es Harold Wilson, primer ministro laborista del Reino Unido entre 1964 y 1970,  bajo cuyo mandato se aprobó el superimpuesto. El segundo es Edward Heath, líder del Partido Conservador y primer ministro entre 1970 y 1974. George quiso, así, señalar a políticos de uno y otro lado para dejar claro que da igual, que todos 'chupan' de tu trabajo.

 

John hizo una referencia real a la agitación política de finales de los 60 en el sencillo de 1968, ‘Revolution’. La canción reconoce la legitimidad de las causas políticas progresistas, al tiempo que advierte contra los excesos y el recurso a la violencia. «Todos queremos cambiar el mundo», escribe Lennon, pero luego añade: «Cuando hablas de destrucción, ¿no sabes que no debes contar conmigo?». Y también dice "Pero si llevas fotos del Presidente Mao no vas a tener éxito con nadie". Curiosamente, años más tarde declaró a la revista Rolling Stone: "Empiezo a pensar que está haciendo un buen trabajo". Claro que entonces no conocía las atrocidades cometidas por Mao. 

 

‘Sexy sadie’ (1968) habla del Maharishi Mahesh Yogi, quien difundió su mensaje a occidente a través de famosos; así en 1967 invitó a los Beatles a un seminario en Gales. Luego lo siguieron a la India, donde John y George quedaron fascinados, mientras Ringo pasaba de todo. El Maharishi fue acusado de abusos sexuales y todos se fueron asqueados del barbudo; y John escribió: “«Maharishi, ¿qué has hecho? Nos has hecho quedar como tontos a todos». Cierto, sólo quería vuestro dinero, vuestra fama y vuestras mujeres.

 

CARLOS DEL RIEGO

sábado, 2 de mayo de 2026

LA EXPLOTACIÓN SEXUAL DE MUJERES GAZATÍES VULNERABLES A MANOS DE HAMÁS

 


Las mujeres en Gaza empiezan a romper el silencio, informa la prensa inglesa a través de digitales árabes


La página web de noticias Jusoor News (está en árabe pero el traductor de Google traslada al español de modo legible e inteligible) contiene información del norte de África y Oriente Medio; se dice independiente y ajena a partidos políticos, basada en Derechos Humanos y abierta a la diversidad. Este periódico digital informaba recientemente de la situación de esclavitud sexual a la que se ven sometidas las mujeres en situación de vulnerabilidad en Gaza 

 

Son varias las ONG´s y organizaciones de Derechos Humanos radicadas en la zona que denuncian la gran vulnerabilidad de hasta 60.000 mujeres en Gaza, que viven aterrorizadas y ‘a disposición’ de los terroristas de Hamás. Además, se han registrado en los últimos años un terrorífico aumento de matrimonios infantiles, embarazos adolescentes y jóvenes forzadas al matrimonio. Es de destacar que de todo esto ya habló Mosab Hasán Yuseff, hijo de Mosab Sheik Yuseff, uno de los fundadores de Hamás, en su libro ‘Hijo de Hamás’.

 

Aunque el riesgo que corren es elevadísimo y cierto, algunos de los habitantes de la franja de Gaza están empezando a perder el miedo y a denunciar las barbaridades que los terroristas están cometiendo contra los gazatíes y, sobre todo, contra las gazatíes. A través del digital Jusoor News, varios diarios británicos publican gran cantidad de testimonios de las víctimas de Hamás.

Así, ha trascendido que las principales víctimas son mujeres sin apoyo familiar, carentes de recursos y, por tanto, muy vulnerables; éstas suelen acudir a organizaciones ‘benéficas’ dependientes del grupo terrorista Hamás, o directamente a figuras poderosas del mismo. De este modo, esas mujeres se ven sometidas a un insoportable acoso que deriva en chantaje sexual, agresiones y violaciones, muchas de las cuales son en grupo. No hay que olvidar que la violencia sexual ya fue denunciada por muchos de los rehenes israelíes capturados tras los ataques del 7 de octubre de 2023. Es más que sabido que Hamás tiene un control total, durísimo y en toda la franja, a pesar de las negociaciones, conversaciones internacionales y acuerdos de paz. Igualmente, varias ONG´s denuncian gran cantidad de ejecuciones de gazatíes a manos de Hamás, que no tolera discrepancias, críticas ni protestas.  

 

Entre los testimonios de los que se hace eco el británico ‘Daily Mail’ está el de un gazatí (del que no se dice, lógicamente, su nombre) que vio cómo una viuda era agredida sexualmente, salvajemente, en la zona de Gharabli (Deir al-Balah, en el centro de la franja), dentro de una tienda de campaña por un grupo de integrantes de las llamadas Brigadas Qassam (pertenecientes a Hamás). Los testigos del atroz crimen informaron a la dirección de Hamás, la cual les ordenó guardar estricto silencio, y los amenazó si así no lo hacían. Del mismo modo otros testigos denunciaron cómo un organismo ‘benéfico’ de Hamás exigía a una vecina de Gaza que, a cambio de un lote de ayuda humanitaria y un vale de 100 séqueles, se prostituyera y se entregara a unos cuantos integrantes de Hamás. Al parecer estas pautas se vienen repitiendo en toda la franja y afectan, sobre todo, a mujeres pobres, viudas, incluso viudas de ‘mártires’ (miembros del grupo muertos) y sin protector masculino: ellas piden ayuda a soldados y ‘oficiales’ de Qassam, los cuales las chantajean y las obligan a mantener sexo con ellos y a prostituirse con los compañeros. 

 

Un testimonio impactante es de Noor (nombre ficticio), una madre de cuatro hijos, divorciada y desplazada. Ella misma contó por teléfono, desde Gaza y en voz muy baja (precisa el mencionado diario inglés), cómo un religioso la acosó cuando se presentó en una organización islámica de beneficencia suplicando ayuda para sus hijos. El clérigo, ante la presencia de muchos testigos, se limitó a piropearla: “¿separada una mujer tan hermosa?”, y a pedirle su número de teléfono; luego, de noche, le propuso videollamadas de contenido sexual; cuando ella se negó y amenazó con contarlo, él le respondió: “no puedes denunciarme porque aquí yo soy el gobierno”. Esta mujer, Noor, afirma que el suyo es sólo un caso más, puesto que ellos “se aprovechan de la situación de necesidad de las mujeres, muchas de las cuales se ven obligadas a ceder al chantaje, al acoso e incluso a la fuerza, y luego tienen demasiado miedo para contarlo”. También se sabe que ciertos organismo islámicos que pasan por benéficos son, en la práctica, “redes de acoso sexual y abuso sicológico por parte de todos, desde el líder hasta el último trabajador”, afirmó la mencionada Noor.

 

La Associated Press informó en 2025 del caso de una mujer de 38 años que cayó en manos de un hombre que, a cambio de comida, ayuda humanitaria y un trabajo, le exigió prostituirse en su casa; la pobre no tuvo más remedio que aceptar y recibió algo de comer y 100 séqueles, pero nada de empleo. No extrañará que el escritor palestino Hamza Howidy haya denunciado que «muchísimas mujeres están sufriendo más y peores abusos sexuales que antes del alto el fuego». Igualmente, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha constatado y documentado un brutal aumento de matrimonios forzados de niñas entre 14 y 16 años, y también de embarazos de adolescentes de padre desconocido. Además, el activista humanitario Ahmed Fouad Alkhatib, de organizaciones como ‘Realign for Palestine’ o ‘Project Unified Assistance’, afirma que muchas ONG que trabajan sobre el terreno saben de todos estos abusos, pero no se atreven a denunciarlos ante la situación de terror que Hamás ha impuesto en toda la franja.

 

Y a todo ello hay que añadir la costumbre de vender a las hijas casaderas (desde que son adolescentes) a cambio de bienes como coches, vales de comida, ayuda de diverso tipo o, directamente, dinero en efectivo. No será necesario recordar que todo esto es apenas la punta del iceberg.

 

Esta es la situación.

 

CARLOS DEL RIEGO

martes, 21 de abril de 2026

HACE 66 AÑOS, EN ABRIL DE 1960, MORÍA EDDIE COCHRAN, GRAN PROTAGONISTA E INICIADOR DEL CAMINO DEL ROCK

 


Así quedó el taxi en el que murió Eddie Cochran, quien viajaba en el asiento trasero y salió despedido al chocar contra una farola

 


La prensa inglesa dio gran importancia al accidente en que murió Cochran y resultó herido Gene Vincent


Eddie Cochran fue uno de los que abrieron los caminos del rock & roll por los que, posteriormente, transitaron prácticamente todas las estrellas que han brillado en este universo. Pionero, impulsor, descubridor, Eddie Cochran dejó un estilo mil veces imitado, un carisma único, unas canciones que aun hoy suenan con potencia y magia irresistibles. Fue el 17 de abril de 1960 cuando se estrelló aquel taxi en Inglaterra

 

Dotado de una creatividad desbordante, Cochran se sentía músico desde que tuvo uso de razón. Vivió en aquellos años en que se gestaba el rock & roll, por lo que cada cosa que se hacía (ya fuera componiendo, escribiendo letras, moviéndose en escena, cantando, gritando, bailando…) era total novedad, es decir, eran los momentos en los que el rock & roll formaba su personalidad, esa que ha producido infinidad de discos, estilos, grupos y nombres que forman parte de la vida de millones de terráqueos.

 

Curiosamente, Eddie Cochran había grabado una canción que trataba de homenajear a aquellos otros tres pioneros (Buddy Holly, Ritchie Valens, Big Bopper) que había muerto en aquel accidente de avión que fue calificado como ‘El día que murió la música’; la canción era ‘Three stars’ (‘Tres estrellas’)…, pero en una de esas burlas del destino, el propio Cochran sufrió otro accidente mortal unos cuantos meses más tarde. Así es, un accidente de coche privó a todo el mundo de un talento musical con inimaginables posibilidades. Estaban de gira por Inglaterra Gene Vincent y Eddie Cochran, y viajaban en taxi de un concierto a otro junto a la novia de Eddie, la compositora Sharon Sheeley (quien escribió para Ricky Nelson y otros) y el manager; el resultando del siniestro fue la muerte de Cochran, la destrucción de la ya machacada pierna derecha de Vincent y las heridas de Sheeley, que sobrevivió sin graves consecuencias.

 

Eddie tenía verdadera obsesión por la música; se cuenta que sus padres hasta le tenían que esconder la guitarra, pues su gran ilusión desde niño fue ser músico profesional. El blues y el country eran los géneros en que más a gusto se encontraba, por lo que cuando irrumpe el rock & roll él ya estaba preparado. Tenía 21 años (quienes lo vieron testimonian que siempre fue un adolescente ilusionado) cuando la muerte lo pilló en aquel taxi. Murió al día siguiente; sobrevivieron su novia, su manager y su colega Gene Vincent, quien arrastró su pierna derecha hasta el fin de sus días, diez años después. Autor sobresaliente, Cochran creó piezas fundamentales como los eternos y mil veces versioneados ‘Summertime blues’, ‘Something else’ o ‘C´mon everybody’, los cuales dieron un tremendo impulso al r & r, aportando nuevas estructuras y mostrando distintos caminos y posibilidades; incluso en el terreno del sonido y la técnica de grabación Eddie proporcionó ideas brillantes y eficaces. Era un fantástico guitarrista, un precursor, un gran innovador cuyos gestos han sido imitados una y otra vez: ¡cuántos han copiado sus poderosos guitarrazos! Y también fue músico de sesión, arreglista y, en fin, un artista capaz de tocar cualquier cosa que sonara. Sería difícil citar grupos y autores del pop y el rock de las décadas posteriores que no estén fuertemente influenciados por Eddie Cochran.

 

Aquel fatal 17 de abril de hace 66 años, una rueda del taxi en el que viajaban reventó, el conductor perdió el control del vehículo y se estrelló contra una farola en Rowden Hill. Hoy hay una placa que marca el lugar. Cochran, quien estaba sentado en el centro del asiento trasero, se arrojó sobre su prometida, Sharon Sheeley, abrazándola para protegerla. Posteriormente, se supo que salió despedido del auto cuando la puerta se abrió de golpe. Entre los que se presentaron en el lugar del accidente se encontraba un joven cadete de policía llamado Dave Harman; él fue quien recuperó la guitarra ‘Gretsch’ de Cochran y, hasta que la familia de Eddie la reclamó, Dave aprendió a tocarla por su cuenta. En 1966, como Dave Dee, se unió al exitoso grupo Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick and Tich, que consiguió diez éxitos en el Top 20 del Reino Unido en tan solo dos años.

 

Cuenta la leyenda que un chaval, fascinado por el guitarrista, compositor y cantante estadounidense, iba a ir al siguiente concierto de la gira inglesa de Cochran (el 3 de mayo en el Liverpool Stadium, que se celebró sin Cochran), un chaval llamado George Harrison…, y también cuentan que McCartney convenció a Lennon para entrar a formar parte del nuevo grupo que estaba formando cuando le tocó una de Eddie Cochran. 

 

También se dice que, más o menos a la hora del accidente, salió en Estados Unidos su single ‘Three steps to Heaven’, ‘A tres pasos del cielo’…   

 

CARLOS DEL RIEGO