martes, 1 de septiembre de 2026

CAUSAS DEL DECLIVE IMPARABLE DE OCCIDENTE

 


Imagen del homenaje que hicieron a Jason Arday, demostrado embustero y comprobado plagiador, pero al ser negro (afrodescendiente, vale) y bien parecido se le permite todo y merece un homenaje

El polémico escritor y periodista Arturo Pérez Reverte ha publicado (verano 2026) una de sus llamativas y provocativas columnas en las que afirma que se está produciendo un declive de occidente, una caída de la cultura y la civilización occidental que, vista con perspectiva, resulta muy interesante. Reflexionando sobre tan contundente proclama se pueden enumerar algunas de las evidencias que la apoyan. Se trata de hechos ocurridos en los últimos meses en, sobre todo, Europa y Estados Unidos

 

Resulta muy curioso comprobar cómo en Europa se ha propagado una especie de sentimiento de culpa retroactivo, tal vez debido a que, durante muchas décadas (siglos), los europeos han mirado a otras culturas con cierto aire de superioridad, el cual se ha ido transformando en algo así como una sensación  de error, de delito, que hoy asumen los europeos en nombre del pensamiento no ya de sus padres, sino de sus abuelos y tatarabuelos. Es como si el hecho de haber ‘impuesto’ a aquellas culturas ideas como los Derechos Humanos, la democracia, la igualdad ante la ley…, sea algo de lo que avergonzarse; y si a ello se añaden los avances tecnológicos surgidos en occidente y expandidos a todo el mundo en medicina, la radio y la televisión, el ordenador, internet y el móvil, los automóviles y la electricidad, el uso de recursos energéticos (fósiles, hidroeléctricos, nucleares, eólicos, solares), e incluso propuestas más lúdicas como el deporte, los Juegos Olímpicos o el rock & roll (jazz, soul, funk)… En fin, que todas estas propuestas y avances tecnológicos, culturales o artísticos expandidos desde sus lugares de origen (Europa y América sobre todo) han producido en los occidentales ese sentimiento de culpabilidad que los inclina a pedir perdón a las culturas que se han beneficiado de todo ello.

 

Se pueden enumerar algunos ejemplos  de cómo occidente trata de redimirse de actos, personas e ideas del pasado. Así el caso de Jason Arday. Es éste un asunto más que curioso y sorprendente. Jason Arday era un académico británico de ascendencia ghanesa que se suicidó a mediados de agosto de 2026 a los 41 años. Su carrera fue meteórica, pues en su corta vida consiguió varias licenciaturas y maestrías, publicó libros, tesis doctorales y estudios diversos; fue acogido y aclamado en varias universidades británicas (como la prestigiosa Cambridge) convirtiéndose en un icono cultural. Sin embargo, todo lo conseguido en tan poco tiempo empezó a llamar la atención, sobre todo de periodistas (no sólo, puesto que la universidad de Birbek, donde dijo haber logrado una maestría en psicodinámica, declaró que nunca habían tenido un alumno llamado Jason Arday), que extrañados por tantos logros en tan poco escasos años, empezaron a investigar. Descubrieron que muchos de sus libros, tesis doctorales y publicaciones habían sido plagiados descaradamente, abundantemente. Igualmente, se demostró que muchas de las actividades que Arday afirmaba haber llevado a cabo eran falsas, incluyendo sus ‘proezas’ deportivas (como haber corrido 35 maratones en 30 días)… Sin embargo, todas estas evidentes falsedades fueron disculpadas hasta por las propias universidades. Y las investigaciones de los periodistas fueron calificadas como ‘acoso’. Por todo esto, cuando se suicidó (el forense aseguró que no cabía la menor duda), seguramente porque era consciente de que sus mentiras, manipulaciones y plagios había sido descubiertos, se montó una especie de funeral-homenaje y un acto de acusación contra todos los que habían desenmascarado sus mentiras. ¿Por qué? Pues porque era negro (o afrodescendiente, si se prefiere), joven y bien parecido, algo que ‘viste’ y da prestigio a las universidades británicas; es decir, si este señor hubiera sido blanco y europeo, nadie, absolutamente nadie, lo hubiera homenajeado. Todo este caso es muestra evidente de que Inglaterra quiere redimirse de los pecados de sus bisabuelos encumbrando a un mentiroso, eso sí, negro.

    

En fechas parecidas saltó a los medos el caso de Lindsay Clancey, una madre de EEUU que mató a sus tres hijos, de ocho meses, cinco y tres años. En cualquier otra época toda la sociedad la hubiera acusado de infanticida brutal, sin embargo, existe una corriente e EE UU (además de otros lugares de occidente, incluyendo España) que no sólo la justifica, sino que la disculpa, hasta el punto de que su asesina con cientos de miles de apoyos en las redes sociales y millones de dólares recaudados para su ‘causa’. Hablan de problemas sicológicos y hasta de psicosis post-parto, a pesar de que esta psicosis suele durar de 3 a 10 días, puede llegar a mes o mes en algunos casos y muy excepcionalmente a los tres meses, pero ¿hasta los ocho meses? Pues el caso es que hay quien sostiene, contra toda evidencia, que esta asesina es una víctima y que los culpables son (¡cómo no!) la sociedad y (claro) el marido. Ella mandó al marido a hacer unos recados, luego asesino a sus hijos y luego hizo como si quería suicidarse, es decir, una sucesión que indica premeditación, frialdad y pleno conocimiento. Lo curioso es que si el asesino hubiera sido el marido de nada le hubieran servido alegaciones de psicosis o enfermedad mental, nada de eso, la sociedad entera estaría pidiendo pena de muerte para él. Pero como Lindsay es mujer…, pobre. En poco hablarán de aborto post-parto o psicosis post-parto cuando una madre mate a su hijo de 20 años.

 

También puede mencionarse la arremetida con su automóvil de un islamista contra la manifestación del orgullo gay en Berlín, con resultado de un muerto y muchos heridos, algunos graves. Una manifestante afirmó que “habría preferido que el asesino hubiera sido un blanco cristiano”. Es decir, lo que le importa no es el acto brutal, el muerto y los heridos, sino quién era el asesino. Es otra muestra de la postura occidental ante los islamistas, y ello a pesar de que en países de cultura islámica la mujer es un ser inferior, y los gais o quienes profesan otra religión son reos de muerte.

 

Podría hablarse de la imposición del lenguaje políticamente correcto (romaní, clown o afrodescendiente en lugar de gitano, payaso o negro, términos que usan los interesados sin problemas). O del hecho de que la natalidad cae en Europa de modo imparable mientras que el número de mascotas crece de modo imparable; y a la vez, cada vez hay más musulmanes y que sus tasas de natalidad auguran que en poco tiempo serán mayoría, ganarán elecciones, tomarán el poder y, seguro, impondrán las leyes islámicas. Para cuando los ‘buenistas’ y los occidentales antioccidente se den cuenta ya será tarde.

 

Evidencias que apoyan la afirmación de Reverte: occidente se autodestruye.

 

CARLOS DEL RIEGO


martes, 18 de agosto de 2026

‘REVOLVER’ DE THE BEATLES, 60 AÑOS DEL DISCO QUE CAMBIÓ LA MÚSICA POP-ROCK

 


La portada del Lp  'Revolver' de Beatles fue tan revolucionaria como el propio disco

 

Cuatro chavales de entre 23 y 25 años publicaron hace seis décadas uno de los discos más importantes, influyentes, atrevidos y rompedores de la historia de la música popular. The Beatles asombraron al mundo con ‘Revolver’, un álbum que, con el paso del tiempo, se ha hecho más y más grande, un Lp que no sólo no deja de asombrar, sino que cada vez que se vuelve sobre él se descubre un talento desbordante, una capacidad infinita para sorprender

 

Ya lo dijo el propio Jhon Lennon, “no sabemos muy bien qué estamos haciendo, pero lo que sí sabemos es que será algo distinto a todo y que va a sorprender a todos”. No le faltaba razón. Como todo ‘beatlemaníaco’ sabe, Beatles habían decidido no volver a tocar en directo, pero no porque no supieran tocar, sino porque no se escuchaban a sí mismos en medio del estruendo que el público producía cada vez que subían a un escenario; entre que el equipo apenas tenía potencia y el griterío de decenas de miles de gargantas, era imposible escucharse a sí mismos y a los otros tres, y como todo músico sabe, así es imposible tocar. Por eso decidieron volcarse en el estudio de grabación y proponer lo que hasta entonces nadie había propuesto: grabaciones con las cintas pasadas al revés, dobles pistas artificiales, velocidad variable (ahora rápida, ahora lenta), micrófonos colocados en sitios inusuales, multiplicidad de estilos musicales (del jazz a la clásica, de la experimentación a la electrónica, sicodelia, progresivo…), letras insólitas para bandas de pop y rock, instrumentación extraña (doble cuarteto de cuerda, elementos hindúes). No había límites ni fronteras. Por todo ello, ‘Revolver’, hecho por cuatro chavales, sigue causando asombro desde que salió, en agosto de 1966.  Además, hubo otros detalles dignos de mención…

 

Beatles, como no pocos artistas de su época, miraban con asombro lo que salía de estudios como Stax, en Memphis, donde grababan leyendas como Otis Redding,  Booker T & the MG's, Isaac Hayes, Wilson Picket y muchos más. Los Beatles tenían la ilusión de trabajar en ese mismo espacio, y más si era con el productor y copropietario del sello, Jim Stewart. Pero la cosa no salió. Entre las razones conocidas está que el grupo necesitaba más seguridad de la que Stax podía ofrecer, y también el hecho de que Harrison tuviera los pies en el suelo y hablara de dinero: “Claro que nos gustaría grabar allí, pero la gente se vuelve loca con el dinero al oír la palabra Beatles”. Al final el disco se grabó en los estudios EMI de Londres, los que luego fueron Abbey Road. Paul dijo en 2022: “En realidad EMI era nuestro hogar, lo conocíamos muy bien y podíamos preocuparnos sólo por grabar el disco; es decir, si estás en un estudio desconocido, hay cosas nuevas, nuevo entorno…, mientras que EMI era nuestro el espacio, nuestra gente, y sólo debíamos concentrarnos en grabar”.

 

No estuvo claro el título del Lp desde el principio. De hecho se sopesaron otras alternativas, como ‘Abracadabra’, ‘Bubble and squeak’ (que puede ser ‘burbuja y chirrido’ o ‘carne picada con patatas’), ‘Beatles on safari’, ‘Freewheelin Beatles’ (evidente guiño a Bob Dylan) , ‘Pendulum’ (título que luego usaron los Creedence’), incluso ‘After Geography’, (parodia del ‘Aftermath’ de los Stones).

 

 

Entones los grupos tenían los roles muy bien definidos: cada uno toca su instrumento y punto. Pero los Beatles eran de cambiar los papeles, y más en aquel momento. Eso pasó en ‘Taxman’, una de los primeros temas que ya no hablaban de chico-chica y que, por eso, abrió el Lp. En ella McCartney se encargó del solo de guitarra principal, y no Harrison. “Me encantó que Paul tocara esa parte en ‘Taxman’, dijo Harrison más tarde.

 

El líder de Beach Boys, Brian Wilson, escuchó el Lp anterior, ‘Rubber Soul’, y de ahí sacó semillas de inspiración para escribir luego su enorme ‘Pet sounds’. Más tarde, los Beatles escucharon ese ‘Pet sounds’ y la influencia volvió a invertirse; así, a Paul le entusiasmó el ‘God only knows’, lo que lo inspiró para hacer el ‘Here, there and everywhere’, deliciosa balada del ‘Revolver’ .

 

Más influencias en la parte lírica. Cuentan que el ‘She said she said’ surge de una conversación que Lennon tuvo con el actor Peter Fonda mientras estaban en una fiesta en California, con otros músicos presentes (como Byrds) y bajo los efectos del LSD. Durante la velada el prota de ‘Easy rider’ dijo que sabía lo que era estar muerto, y contó que cuando era niño se pegó accidentalmente, sin intención, un disparo que provocó que, técnicamente, estuviera muerto unos minutos en la mesa de operaciones. “¡No queríamos oír hablar de eso!”, recordaría Lennon más tarde en una entrevista de 1980 (o sea, poco antes de recibir él mismo cinco tiros); y añadió: “Estábamos de ácido, las chicas bailaban y todo era precioso, muy de los sesenta, y este tipo (a quien no conocía, pues no había hecho ‘Easy rider’ ni nada) se acercaba una y otra vez, con gafas de sol, soltando eso de 'sé lo que es estar muerto'; entonces nos íbamos, pues era muy aburrido y casi daba miedo. Estás colocado viene uno y te da la lata con 'sé lo que es estar muerto’; mal rollo".

 

Ringo Starr también tuvo su momento estelar en ‘Revolver’ con la alegre, sicodélica y disparatada ‘Yellow submarine’ (calificada de ‘mala’ por muchos, pero muchos más hubieran dado un brazo por firmarla). Sus autores fueron, claro, Lennon y McCartney, pero otra figura de los años 60 también participó en su creación. Al parecer, Paul visitó a Donovan, quien le hizo una sugerencia para la letra de la canción. “Fue una parte muy pequeña, pero significativa; simplemente me fui a la otra habitación y escribí 'cielo azul, verde mar’, recordó Donovan en una entrevista años después. “Ellos siempre pedían ayuda a otras personas con una o dos frases, así que ayudé con esa. Paul sabía que me gustaban las canciones infantiles. Estoy seguro de que podría haber escrito la frase él mismo, pero supongo que quería que algo de otros, así que…".

 

Sorprende que en los Grammy de 1967 Revolver no ganara el premio al Álbum del Año, que fue para ‘A man and his music’ de Frank Sinatra. Sin embargo, sí ganaron el premio a Canción del Año por ‘Michelle’, del anterior ‘Rubber soul’. Evidentemente, ha dejado más huella ‘Revolver’ que el disco de Sinatra.

 

No sorprende que los críticos coincidan en que “es el mejor disco de Beatles, lo que equivale a decir que es el mejor disco de la historia del pop y el rock”.

 

CARLOS DEL RIEGO

lunes, 3 de agosto de 2026

90 AÑOS DEL COMIENZO DE LA GUERRA CIVIL. QUÉ HACER PARA PERDER UNA GUERRA

 


Cuando los gobiernos de las potencias occidentales vieron imágenes como estas decidieron no apoyar al gobierno que las permitía

 

Hace 90 años (18-VII-36) España se incendió con el comienzo de la Guerra Civil. El Gobierno de la República, indeciso, pasmado, tardó muchísimo en reaccionar a pesar de los rumores que hablaban insistentemente de que se preparaba una sublevación. Lógicamente, la República no quería perder la guerra, pero si hubiera tenido la intención de perderla no hubiera actuado de modo diferente a como actuó. De hecho, aquella inacción en los primeros momentos de la insurrección fue el primer paso de lo que hay que hacer si se quiere perder una guerra

 

En primer lugar hay que especificar la importancia de despojarse de ideologías, prejuicios y credos partidistas para interesarse y comprender hechos históricos, porque de lo contrario siempre se verá de modo diferente el mismo hecho si lo perpetran unos o si lo perpetran otros. Centrándose exclusivamente en cuestiones bélicas y militares resultará bastante fácil entender las causas de la derrota del gobierno en aquella guerra, puesto que sus acciones e inacciones resultaron absolutamente decisivas en el desenlace del conflicto. 

 

Muchos analistas señalan la indiferencia con la que las potencias occidentales (Inglaterra y Francia sobre todo) miraron hacia lo que pasaba por aquí; es decir, no pocos señalan que la causa de la derrota fue que esas potencias se no quisieron colaborar con la República. Sin embargo, la realidad fue totalmente la contraria a esa interpretación del hecho: si no intervinieron fue porque vieron lo que pasaba. Los gobiernos de esos países contemplaron horrorizados la violencia sin control que se ejercía en el bando republicano sin que el Gobierno de España moviera un dedo para detenerla. Ejecuciones masivas, fusilamientos de personas que estaban en la cárcel sin juicio, sin sentencia, sin que pesara sobre ellas ninguna acusación. A aquellas potencias no les pareció correcto apoyar a un gobierno que permitía todo tipo de violencias como la quema de iglesias, monasterios y conventos (incluyendo archivos y patrimonio histórico), como la persecución y asesinato de curas, monjas y seminaristas, como el secuestro, tortura y asesinato de ‘desafectos’ en las chekas…, por no mencionar las huelgas violentas, incendios, palizas, asaltos, tiroteos callejeros (más de 300 muertos en los primeros meses de 1936) o, en fin, el asesinato del líder de la oposición por parte de las fuerzas del estado con uniformes y coches oficiales. Toda aquella locura no era culpa del ejecutivo,  pero lo que no admitían Londres y París era que el Gobierno de España no hiciera nada, o sea, que permitiera tal anarquía sin intervenir. Aquellos países no iban a apoyar al bando rebelde, pero tampoco echarían una mano a un gobierno que permitía ese desgobierno. Evidentemente, a quienes ayudaron al bando nacional la violencia contra el enemigo les traía sin cuidado.

 

La falta de autoridad y de la intención de imponer el orden en las calles, ciudades y, en fin, en todo el territorio nacional, o sea, la total ausencia del gobierno republicano respecto a lo que ocurría en toda España afectó no sólo a la posibilidad de la ayuda exterior, sino que muchos militares indecisos decidieron sumarse a la sublevación ante el caos que había en todo el país. Después de las elecciones de febrero del 36 y tras el 18 de julio, en muchísimos pueblos y ciudades de España se incrementaron los actos violentos con total impunidad. Pero es que el desorden y la indisciplina reinante en el bando republicano desde los primeros momentos también mermaba la eficacia de su ejército. Al no haber una intendencia ordenada se producía un tremendo despilfarro de recursos (armas y municiones, transporte, combustible, alimentos, material médico…), que se distribuían según preferencias y simpatías, no según necesidades. Además, las tropas (regulares o milicianos) sólo obedecían a sus propios mandos: los cuerpos sindicalistas a sus comisarios y jefes, los comunistas a los suyos, los socialistas a los suyos…, con lo que existía una falta de autoridad y coordinación que mermó su eficiencia en combate. Conocido es que cuando Stalin envió un barco con material bélico ordenó que no desembarcara en Barcelona porque allí había muchos anarquistas, así que descargó en Alicante, donde se tardó muchísimo y se perdió un tiempo precioso.

 

Lógicamente, la indisciplina y la desconfianza provocaban que muchas veces la tropa acordaba por su cuenta por dónde avanzar sin tener en cuenta las exigencias que toda acción militar requiere; otras veces cambiaban de rumbo sobre la marcha porque se quería ‘escarmentar’ a este o aquel. Asimismo, los jefes y oficiales de cada compañía, división o cuerpo de ejército también desconfiaban el uno del otro, por lo que no existía coordinación, ni objetivos comunes, ni colaboración, sino que cada uno decidía por sí sin informar (hubo casos en que uno avanzaba o retrocedía sin dar cuenta a nadie, con lo que se contaba con ellos y no estaban o aparecían tropas que no se esperaban); además aquellas rivalidades y rencillas de partido llevaba a unos a no apoyar un ataque, a otros a no proteger un flanco, y a los otros a una retirada injustificada… En resumen, cada una de las unidades estaba integrada por militantes de los diversos grupos políticos que conformaban el Frente Popular y cada cual hacía la guerra por su cuenta según su interés o parecer.

 

Según cuenta el anarquista Cipriano Mera en sus memorias, tanto las Brigadas Internacionales como las unidades de Líster o los batallones de la CNT “retrocedían en desorden sin que hubiera forma de pararlos y reorganizarlos”, y señala que la causa era la falta de disciplina de la tropa y la negativa a obedecer órdenes. De hecho, el cuerpo que mandaba Mera recogió miles de fusiles y piezas de artillería abandonadas por las tropas de El Campesino que huían en desbandada. El mencionado Cipriano Mera estuvo a punto de fusilar a los miembros del Gobierno de la República a los que pilló escapando de Madrid porque pensaban que la ciudad estaba perdida; es lo que se conoce como 'el incidente de Tarancón': sin comunicar nada a los altos mandos militares, varios ministros y altos cargos decidieron huir, sin más. Mera, lo calificó como “verdadera vergüenza”, y añadió “si no monto ahora una gorda por mi cuenta es porque tengo conciencia de que no deben imponerse los puntos de vista particulares”. Otra muestra del desbarajuste se produjo al final de la guerra, cuando el coronel Casado se rebeló contra lo que quedaba del gobierno: una guerra dentro de la guerra.

 

El otro bando se recompuso rápidamente del desorden inicial, se reorganizó, estableció la cadena de mando, impuso la disciplina, todo el mundo obedecía a sus superiores, las operaciones estaban coordinadas, organizadas, pensadas. Todo eso es imprescindible para ganar una guerra, y sin ello la derrota es segura. Al comienzo de la guerra el bando republicano tenía todo a su favor: territorio, tropas y jefes, material bélico, fábricas, industrias, arsenales, recursos humanos…, pero nada de eso vale sin disciplina, mando unificado, orden…

 

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 23 de julio de 2026

CUATRO ÉXITOS DEL ROCK USADOS ESTÚPIDA Y EQUIVOCADAMENTE EN ANUNCIOS PUBLICITARIOS

 


Nike usó el 'Revolutión' de los Beatles para promocionar sus zapatillas, sin más permiso que el de Yoko y MIchael Jackson, propietario de los derechos. Pero la cosa no funcionó

 

Los músicos de rock (como los demás) viven de los discos, giras, conciertos, merchandising…, pero a veces ceden derechos de sus canciones para anuncios; y otras veces, las agencias de marketing y publicidad maniobran sutil y suciamente para tomar una canción famosa y convertirla en lo que no es con fines puramente económicos. Así, hay grandes títulos, verdaderos clásicos del rock, que han sido usados en comerciales de un modo totalmente opuesto a su intención y la de sus autores

 

Seguramente, Janis Joplin hubiera torcido el gesto si hubiera vivido en 1995, cuando la marca de coches Mercedes utilizó su canción 'Mercedes Benz' para promocionar un automóvil. El tema (del que Janis era coautora) es una  sátira del materialismo inspirada en un verso del poeta beat Michael McClure. Primero la improvisó durante una tarde de juerga nocturna, y luego la cantó sin haberla ensayado en un concierto esa misma noche. El batería Clark Pierson explicó: "Cuando ella empezó nos miramos unos a otros e intentamos seguirla”. Por si fuera poco, Janis decidió grabarla en el estudio de improviso, pero desgraciadamente fue la última canción que grabó antes de su trágica muerte. Por todo ello (espontaneidad, crítica cultural, sátira) parece contradictorio que la firma automovilística alemana la eligiera para sintonía de uno de sus anuncios. Al parecer, ésta quiso modernizar su imagen y convencer a compradores jóvenes..., que tuvieran suficiente pasta.  En todo caso, a Janis (que tenía un Porsche) seguramente no le hubiera gustado la jugada comercial; eso sí, los herederos de Joplin (sus hermanos Michael y Laura) justificaron la operación diciendo que "Es un homenaje tanto a la canción como al coche"...

 

¿Quién no ha vibrado, tarareado, entonado el 'Revolution' de los Beatles? Todo interesado sabe que el tema habla de la protesta política, de la complejidad de la revolución y, en fin, de la revolución violenta como solución. Sin embargo, en 1987 la marca de zapatillas Nike la usó para una de sus campañas. Cuando salió el anuncio, la compañía del cuarteto de Liverpool, Apple Records, demandó a Nike, a EMI, a Capitol Records y a la agencia de publicidad Wieden & Kennedy por 15 millones. Alegaron que nadie había consultado a los Beatles supervivientes..., pero resultó que Yoko Ono (siempre esta tiparraca), que estaba en directiva de Apple, había avalado el trato sin avisar a nadie. Además, Michael Jackson había comprado los derechos y legalmente podía vender la canción para publi o lo que fuera. Pero el anuncio, con su aparente intención artística, no funcionó. El tema de Lennon sobre el lado violento de la revolución, los cambios sociales y la ingenuidad de ciertos revolucionarios tenían demasiada profundidad para un simple y ramplón mensaje comercial.

 

Pocos temas se atreven a hablar de las subculturas urbanas, transgresoras y marginales (originalmente de Nueva York, pero en realidad de cualquier ciudad) como el hipnótico 'Walk on the wild side' de Lou Reed, con su secuencia de bajo, su voz irónica, sus coros hechizantes, su saxo... Producida por Bowie y Mick Ronson, hace referencia a prostitutas, homosexuales, transexuales..., a comienzos de los años 70 del siglo pasado. Lou Reed no ganó mucho con la canción, al menos cuando salió, pero lo situó definitivamente en los altares del rock & roll y le dio gran reconocimiento en la prensa especializada. Pero claro, Reed necesitaba y deseaba más dinero que prestigio. Por eso accedió, en los años 80, a que fuera sintonía de un anuncio de motos Honda, y en 2011 de la marca de ordenadores HP. Los más ortodoxos señalaron que Reed, en otro tiempo adalid antisistema, se había dejado comprar; sin embargo, en 1986 (Lou murió en 2013) declaró: "También yo tengo que pagar el alquiler, ¿y no pueden aceptar una maldita broma?".

 

En 2002 la marca de pantalones vaqueros Wrangler usó el 'Fortunate son' de los Creedence para anunciar su producto. Las imágenes muestran gente riendo y disfrutando bajo la bandera de EEUU..., aludiendo a lo 'afortunadas' que eran esas personas. Sin embargo, la intención de la canción es muy diferente, pues es una crítica dura y descarnada del reclutamiento de los jóvenes para ir a la guerra de Vietnam, pues viene a decir que el 'Hijo afortunado' paga y se libra, mientras que los otros... Esto es lo que quiso denunciar John Fogerty cuando la escribió en 1969. El spot elude las frases más embarazosas y evidentes, las que se refieren a la guerra, dando a la canción un barniz de felicidad que tendrían los compradores y consumidores de esos pantalones. NI que decir tiene que el propio Fogerty cogió un enorme berrinche, pero como había sido engañado para vender sus derechos a Fantasy Records, o sea, al timador Saul Zaent, no pudo decir nada, ni denunciar, ni señalar a Zaent como manipulador.

 

Son cuatro, pero, en realidad, la lista de piezas emblemáticas del rock cuya intención ha sido tergiversada por la publicidad podría alargarse bastante.

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 8 de julio de 2026

LA IDEOLOGÍA POLÍTICA CONDUCE, INEVITABLEMENTE, AL FANATISMO



 El fanatismo ideológico condujo al apoyo a los nazis aun cuando ya se sabía qué estaban haciendo. Algo parecido sucede hoy en democracias occidentales


La ideología política nubla la mente y oscurece la razón. Así lo expresaron algunos pensadores. Resulta oportuno recordar (otra vez) al alemán Ernst Jünger, quien vivió más de un siglo y, como él dijo, tuvo tiempo para vivir y sentir todas las ideologías, después de lo cual concluyó que “la verdadera libertad sólo se alcanza cuando uno se sacude la ideología política, ya que ésta termina por esclavizar la mente”. Esta evidencia se confirma continuamente, puesto que la mayoría de las personas no cambian el sentido de su voto hagan lo que hagan ‘sus’ líderes políticos

 

“Yo votaré a este partido aunque le esté quitando la comida de la boca de mi hijo”, manifestó sin el menor rubor una mujer cuando se acercaban unas elecciones. Igualmente, en la misma circunstancia, un hombre proclamó, no sin cierta dosis de orgullo, que “yo votaré a este político aunque me haya robado la cartera y se haya acostado con mi mujer”. Son dos muestras (podrían recordarse muchas otras de similar intención) de que la ideología política se ha impuesto a cualquier razón, a cualquier evidencia, a cualquier modelo de cordura. Se confirma, sin la menor duda, lo que Jünger afirmaba sobre la forma con que la ideología política termina por arrebatar la libertad de pensamiento a las personas, convirtiéndolas en esclavas, en marionetas que pensarán lo que la ideología y los líderes políticos les digan: qué pensar, qué decir, qué hacer.

 

“El actual gobierno mete miedo, pero yo seguiré votando al partido que lo sostiene”. “No cabe duda de que son unos corruptos sin conciencia, pero yo volveré a votarlos”… Son algunas de las respuestas que dan ciertas personas a los entrevistadores de las empresas de sondeos cuando se acercan unas elecciones: el fanatismo se impone a la razón. Quien opta por una papeleta de voto u otra en función de las personas y sus actos, y no en función de las siglas de este u otro partido político, se puede quedar de piedra ante el modo de ‘pensar’ de quienes manifiestan tal grado de fanatismo.

 

Durante la tiranía nazi en Alemania (de 1933 a 1945) la gran mayoría de los alemanes apoyaron incondicionalmente al Führer; cierto que quienes se expresaron en contra fueron rápida y sistemáticamente eliminados: comunistas, socialistas, demócratas, críticos…, además de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados físicos y mentales. Pero la realidad es que la población en general defendió fanáticamente al líder, incluso denunciando a quien se atrevía a manifestar no ya críticas, sino simples dudas (hay alguna excepción, como la protagonizada por la organización ‘La rosa blanca’ en 1942-43, que terminó con todos en la guillotina). Cuando ya estaban en marcha los campos de concentración y exterminio, los guetos, las ejecuciones sin juicio (o con juicio si el juez era Roland Freisler o parecidos), la invasión de Polonia, Bélgica, Holanda, Francia, Rusia y, en fin, la guerra contra todo y contra todos, el partido nazi no perdió el favor sincero de los germanos; de hecho, ni siquiera cuando a finales de 1944 ya se sabía que la guerra estaba perdida los ciudadanos se volvieron contra el partido y el gobierno. Se conocen casos de fanatismo extremo: cuando el alimento ya había desaparecido de las tiendas, bombas soviéticas cayeron sobre unos caballos, que permanecían destripados en medio de la calle; los hambrientos berlineses corrieron a descuartizarlos y repartir la carne cuando llegó un fanático funcionario, sacó la pistola y preguntó si esos animales habían sido sacrificados siguiendo la ley (Hitler promulgó leyes muy estrictas sobre bienestar animal), y sólo depuso su actitud cuando comprobó cómo habían muerto los caballos. En otra ocasión, con los rusos a unos pocos kilómetros de Berlín, el hambre llevó a los vecinos hasta un almacén donde aun había algo que comer, pero al llegar se encontraron con que el funcionario, respaldado por dos SS, se negó a entregar la comida sin una orden escrita de la superioridad, y ello a pesar de que ya se oían las orugas de los tanques rusos; frustrados, los berlineses se fueron con las manos vacías, pero aun pudieron escuchar, poco después, como las bombas destruían ese almacén…, es decir, el funcionario fanático prefirió que los víveres se quemaran ates que entregarlos a los hambrientos.

 

Ese fanatismo ciego, extremo, irracional, demencial, es el que condujo a la población alemana a sostener al Führer y no conjurarse contra el partido y el gobierno. Y no sólo al final. Hace años se publicaron miles de cartas escritas a sus familias por soldados de la Wehrmacht destinados en los frentes o en los campos de exterminio, cartas en las que explicaban qué estaban haciendo, cómo mataban y asesinaban a hombres, mujeres y niños sin el menor remordimiento, con frases como “parece cruel pero es necesario”, “cumplimos las órdenes con entusiasmo, pues vienen del Führer”, “no se cuestiona ni se duda cuando se nos ordena matar a mujeres, niños o sumisos”… Es decir, la población ya sabía qué estaba pasando, qué ocurría y cómo se trataba no sólo a los prisioneros, sino a los no combatientes y a los encarcelados por ser de esta etnia, pensamiento u origen. Pero ese conocimiento no produjo ninguna crítica, ninguna duda de conciencia, ninguna desconfianza o indecisión.

 

A situaciones tan terribles como estas conduce el fanatismo que lleva a alguien a proclamar con orgullo que seguirá votando a este partido y a este líder político haga lo que haga. Muchos se han preguntado cómo los alemanes (tenidos por racionales y lógicos) pudieron caer en las redes del Partido Nazi. Hoy se puede ver cómo en los países democráticos se llega a eso.         

 

La ideología política, en fin, distorsiona el pensamiento y fanatiza a la persona. Comprobado. Pero aún así, hay quien cae en la trampa, como quien entra en una secta sabiendo lo que es y lo que van a hacer con él.

 

CARLOS DEL RIEGO


jueves, 25 de junio de 2026

LA ASOMBROSA TRAYECTORIA VITAL DE ERIC BURDON, 85 AÑOS, MÁS ALLÁ DE LA CASA DONDE NACE EL SOL

 


Eric Burdon y BB King en los estudios Stax en 1977

 

No hay quien piense en Eric Burdon sin pensar en su maravillosa interpretación de ‘The house of the rising sun’ (‘La casa del sol naciente’). Pero es que el cantante británico ha sido muchísimas cosas más y, a sus recién cumplidos 85 años, podría escribir una extensa bibliografía con sus anécdotas, vivencias y batallitas junto a otros nombres deslumbrantes de la historia del rock & roll

 

Cuentan que en cierta ocasión asustó a a Jim Morrison jugando a la ruleta rusa con una lámpara de araña de cristal. Que se metió LSD con Janis Joplin en el Fillmore. Que era íntimo de Jimi Hendrix, que era asiduo de la casa de John Lee Hooker en Detroit, que una vez lo asaltaron a punta de pistola, que cabalgó por el desierto con su amigo motero Steve McQueen o que, tras una ‘fiesta’, se convirtió en la inspiración para el personaje 'The Eggman' de la canción 'I Am The Walrus' de The Beatles . Y al parecer todo ello es rigurosamente cierto...

 

Considerado uno de los mejores cantantes de blues y derivados, y poseedor de una voz apasionada y declamatoria, cuando militaba en los primeros The Animals, el fundador de los Stones, Brian Jones, lo proclamó “el mejor cantante de blues que jamás haya salido de Inglaterra”. Entre sus muchos admiradores están Robert Plant, Iggy Pop, David Johansen, Patti Smith o el propio Bruce Springsteen, quien en cierta ocasión (ya en este siglo) afirmó que Burdon es como “un gorila con traje que sonaba como si Howlin' Wolf hubiera salido de la piel de un chico de 17 años”; y su guitarrista Steve Van Zandt describió su voz “tan potente y profunda que inventó el género del blues de hombre blanco que canta en tonos tan graves como si fuera negro”.

 

A terminar con sus primeros Animals, en la segunda mitad de los 60, se mudó a San Francisco en plena explosión hippy entre alucinógenos, amor libre y un hedonismo desenfrenado. Él mismo recuerda: “Por aquel entonces tenía interminables conversaciones con gente como Hendrix y John Steel de The Animals. Estábamos convencidos de que no íbamos a vivir más allá de los 30, lo que nos llevó a vivir la vida al máximo y, claro, al consumo de todo. Cada vez que probabas algo nuevo, corrías un riesgo. Yo lo superé, pero muchos de mis amigos no. Conocí personalmente a Janis Joplin y casi desde el primer momento me di cuenta de que estaba destinada a la autodestrucción”. Y sigue: “Jim Morrison estaba completamente fuera de control todo el tiempo. Lo veía a menudo, así que estaba cerca para ver qué le pasaba. Estaba hecho un desastre y todos sabíamos que era imposible hacerle entrar en razón. Ese intento de conectar con él fue lo que me ayudó a superar esa etapa”.

 

También mantuvo buena relación artística con Bo Diddley, aunque nunca coincidieron ni llegaron a tocar juntos. El primer Lp de Animals contenía un excelente 'The story of Bo Diddley’, un homenaje sincero al gran pionero. Burdon explica: “Nunca coincidimos. Yo me iba cuando él estaba en el escenario, y viceversa. Éramos como barcos que se cruzan en la noche, pero sin hablar nos entendíamos…, en otro plano. Una vez le dijo a uno de mis managers de gira: ¡Dile a ese pequeño bastardo blanco que grabe más canciones mías!”.

 

Siempre fue admirador de los grandes 'bluesmen' estadounidenses, por eso, "cuando estos grandes músicos de blues (John Lee Hooker, Muddy Waters, Sonny Boy Williamson) pasaban por Inglaterra, los promotores locales me pedían a mí a mis amigos de la Universidad de Newcastle, que los acompañáramos. En aquella época, los británicos no sabían cómo tratar a los negros. Así que me encargaron cuidar de John Lee Hooker y enseñarle la ciudad. También solía firmarle los autógrafos en su lugar, pues en aquel entonces ni siquiera sabía escribir su nombre. Lo agradecía muchísimo. Cuando luego llegué a EE UU con The Animals, lo primero que hice fue ir a su casa en Detroit y allí pasé una semana". Burdon quiso cantar con la emotividad de Ray Charles y la fuerza de Big Joe Turner, pero con la voz saliéndole de las entrañas. Él mismo dijo que "el cantante negro de blues era mi héroe, mi líder... Hice todo lo posible por sonar como él”.

 

Con The Animals Burdon consiguió muchos éxitos, aunque la cosa no era un camino de rosas, ya que había muchos celos en el seno del grupo, sobre todo con el teclista Alan Price, quien apareció como único arreglista de ‘The house…’ y, por tanto, quien se llevó la parte del león de los beneficios. Burdon declaró una vez: “Espero que se fría en el maldito infierno”. En realidad, la mala gestión era una constante en los grupos de los 60; en año y medio publicaron tres discos e hicieron dos giras por Europa y tres por EEUU. “Lo que parecía una vida maravillosa se convirtió de repente en algo horrible; horas encerrados en camerinos, ir a ciertos lugares a horas fijas, agotadoras sesiones de fotos... No era para lo que me había apuntado. Fue divertido durante un tiempo, pero pronto se volvió realmente demoledor. En cuanto entrabas en una banda así, te convertías eras un prisionero”.

 

Entonces llegó el LSD: “Me permitió ver las cosas desde una perspectiva diferente, de otras formas de ver la vida. Fue asombroso. Me despertó en muchos sentidos y me abrió a muchas cosas. Pero ocurrieron muchas cosas. Fiestas de Brian Epstein con los Beatles y otros gigantes del rock británicos, líos de faldas, líos de y por drogas, la visión gay de Brian Epstein y el cuidado que había que tener para que no te consideraran gay a ti (¡qué bobada!, viéndolo hoy), su viaje a la India… Y la muerte de Brian Epstein…; para entonces vivía en Los ángeles y tenía vecinos como Allan Wilson y su Canned Heat, Frank Zappa, David Crosby, John Phillips, Cass Elliot, Grateful Dead…, fue una experiencia embriagadora, una avalancha de sensaciones”.

 

Uno de los grandes recuerdos de Burdon fue cuando se convirtió en ‘The  Eggman”, del ‘I am the Walrus’ de Beatles. Una vez le contó a Lennon que una novia jamaicana le rompió un huevo sobre su cuerpo desnudo y comenzó a lamerlo: “Recuerdo estar en una fiesta y al señalar a esa chica John me dijo: ‘¡adelante, Eggman!’. Y el apodo se me quedó”.

 

A finales de los sesenta  fundó la banda de funk War, en la que casi todos eran “pandilleros negros”; de hecho, muchos nos copiaron, desde Sly Stone a Earth Wind & Fire”. Así, “Cuando en septiembre de 1970 debutamos en Inglaterra todo fueron felicitaciones, pero unos días después llegó la tragedia, Jimi Hendrix (que había tocado con ellos como invitado) moría de sobredosis. Me destrozó que un tipo con el que había hablado tantísimo nos dejara. Fuimos los últimos con los que tocó”. Y Jim Morrison: “Tras una noche de excesos con Jim bajé a la mañana siguiente con una Magnum 44 y disparé contra la lámpara de araña. Morrison huyó mientras los cristales caían a raudales. Fue la última vez que nos vimos”. Y Steve McQueen, con quien congenió gracias a las motos. “Por esa época salía a montar en moto, y una vez vi a un tipo pasar a mi lado a 130 por hora cruzando dunas. ¿Quién es ese?, pensé. Y era Steve. Salí disparado tras él y lo alcancé. De hecho, tenía un terraplén de arena, formado naturalmente por el movimiento del desierto, que tenía las mismas dimensiones que el salto que hizo en la película La gran evasión”.

 

En 1994 The Animals entró en el Salón de la Fama del Rock & Roll, pero Burdon, resentido, no apareció. En 2013 (tras superar problemas físicos) volvió a girar por EEUU y volvió a grabar, todo con notable éxito. Y es que: “Todavía puedo salirme con la mía, pero eso es lo que te permite el rock and roll, que puedes decir lo que quieras siempre que tenga tres acordes y un ritmo”.

 

En mayo cumplió 85, y aun conserva voz y actitud… ¡Qué Animal!

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 10 de junio de 2026

250 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE EEUU, BASADA EN EL EXTERMINIO SISTEMÁTICO DE LOS NATIVOS

 


Al terminar la masacre de Wounded Knee.

El 4 de julio del presente 2026 se cumplen 250 años de la fundación de EEUU. Pero ya antes, justo desde el primer momento en que los colonos ingleses arriban a América del Norte (1620), el exterminio de los indígenas se convirtió en la principal herramienta del asentamiento y la ocupación del territorio. Este modo de pensar ya lo dejó escrito el predicador esclavista Cotton Mather (1663-1728), quien dejó claro que los blancos, anglosajones y protestantes están por encima de todo y de todos. Esa idea se basaba en la superioridad moral sobre los indígenas y, en realidad, sobre todo el que no fuera como ellos

 

Ese convencimiento de estar por encima de quien no fuera blanco (ni negros ni indios ni asiáticos…), sajón (ni mediterráneos ni mulatos…) y protestante (ni católicos ni ortodoxos…) los legitimaba para ejercer de esclavistas y defensores del exterminio de los indios, así como para arrebatar territorios a su vecino del sur cuando quisieran. Y esta idea la ejercieron tanto los pioneros como los fundadores (empezando por George Washington), que coincidían en la idea de Mather, el cual dejó por escrito: “No sabemos cuándo ni cómo estos indios empezaron a poblar el gran continente, pero podemos conjeturar que probablemente el Demonio atrajo aquí a estos miserables salvajes con la esperanza de que el Evangelio de Nuestro Señor no vendría nunca a destruir o perturbar su imperio”. Esta percepción (absolutamente falsa, pues el mensaje del Evangelio subrayó aquello de “ya no hay esclavo ni señor, judío ni griego…, todos son iguales”) es la base de la fundación de EE UU y la que llevó al exterminio sistemático y subvencionado de la población nativa de América del Norte, la cual representa hoy menos de 1% de la población total del país.

 

Al poco de llegar al nuevo territorio, los colonos establecieron en su asamblea un premio de “40 libras por cada cuero cabelludo de piel roja”; en 1720 la recompensa subió a las 100 libras; en 1744 se diversificaron las primas, y se especificó que la de 100 libras sería por toda cabellera de indio mayor de 12 años, de 105 si se capturaba al indio para esclavo, de 55 libras para capturas de niños menores de 12 años y mujeres para esclavitud, quedándose sólo en 50 libras si lo que se presentaba a las autoridades eran cabelleras de niños o mujeres (es decir, pruebas de que habían sido muertos).

 

Dicha ideología se mantuvo también desde el nacimiento de los Estados Unidos de América tras el III Congreso de Filadelfia, el 4 de julio de 1776. Así, el primer presidente, George Washington (1732-1799), calificó a los indígenas como “bestias salvajes del bosque”, un pensamiento que choca frontalmente con la Constitución aprobada en esa fecha, la cual especifica como “una verdad evidente” que “todos los hombres son creados iguales y dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, entre los que están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Al parecer del primer presidente de EEUU, así como de los redactores de la Constitución (y de todo estadounidense de entonces y gran parte de los de ahora), los nativos no merecían ser considerados hombres y, por tanto, no podían acceder a esos derechos otorgados por el Creador. De igual modo, el tercer presidente, Thomas Jefferson (1743-1826) proclamó “debemos perseguirlos y exterminarlos, o desplazarlos hasta que estén fuera de nuestro alcance”.

 

Desde entonces, con cada presidente (fuera demócrata o republicano) la presión contra la población indígena no sólo no cesó sino que fue en aumento, buscando siempre el mismo objetivo: su exterminio; para ello utilizaron todo tipo de recursos, desde el desplazamiento forzoso a territorios baldíos e inhóspitos (las ‘reservas’) hasta la extinción del bisonte, base de su economía, pasando por la distribución masiva de alcohol o las denominadas ‘guerras indias’, que no fueron más que masacres indiscriminadas. Entre los muchísimos episodios sangrientos perpetrados por los ejércitos y colonos estadounidenses se puede recordar el de ‘Bad Axe’ (1832, en el que tomó parte un joven Abraham Lincoln), donde fueron brutalmente asesinados y descuartizados cientos de mujeres, niños y ancianos (no combatientes); la matanza de ‘Bear River’ (1863), en la que el ejército se ensañó con otros tantos indios (casi todos, nuevamente, mujeres, ancianos y niños); la de ‘Sand Creek’ (1864), la de ‘’Woonded Knee’ (1890) y tantísimas otras…; en todas ellas los soldados y oficiales de EEUU se divirtieron mutilando, acuchillando y decapitando a población no combatiente… Y nunca ningún oficial, integrante del ejército o colono fue acusado, juzgado ni mucho menos condenado por ello. Entre las escasas victorias de los indios hay que mencionar la de de ‘Little Bighorn’ (en 1876, justo hace 150 años), en la que el contingente del general Custer fue derrotado a causa, sobre todo, de su vanidad, soberbia y egolatría, pues buscaba que nadie le arrebatara la gloria de la victoria y, persiguiendo ese objetivo, cometió gravísimos y fatales errores militares. 

 

Este modo de actuar ha sido una constante desde que los puritanos ingleses arribaron a la costa este de América del Norte, continuó cuando hace 250 años  se fundó EEUU (en 1776) y así ha seguido hasta prácticamente la actualidad, pues no hay que olvidar que los indios de Norteamérica no fueron reconocidos ciudadanos (eso sí, de segunda clase) hasta 1924, no tuvieron derecho al voto hasta 1948 y no accedieron a la libertad de culto hasta fecha tan reciente como 1993. Igualmente hay que destacar el hecho de que desde la llegada de los primeros colonos hasta bien entrado el siglo XX, jamás se promulgaron leyes que otorgaran derechos o protegieran a los indios. Muy al contrario.

 

Es curioso comprobar cómo la viga en el ojo propio no impide ver la paja en el ojo ajeno.        

 

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 28 de mayo de 2026

BOB DYLAN CUMPLE 85 AÑOS. EL GENIO Y LA SOBERBIA

 


 Dylan se ha ganado el derecho para salir a escena como quiera y tocar lo que quiera, pero sus fans agradecerían que tocara alguna de aquellas

Hace unos días (concretamente el 24 de mayo) el gran Bob Dylan alcanzó la bonita cifra de 85 primaveras. El imprevisible, triunfador, Premio Nobel y personalísimo Robert Allen Zimmerman es ya (en realidad desde hace décadas) toda una leyenda viviente. Su repertorio acumula varias docenas de títulos inolvidables, recordados, versionados y tarareados desde los años 60 del siglo pasado. Sin embargo, el enorme compositor se viene negando desde hace mucho a tocar esas canciones en vivo

 

Cierto que, cuando un artista llega a ese nivel de excelencia, tiene todo el derecho de hacer lo que le venga en gana, de tocar lo que quiera, de no someterse a los dictados de la moda, de la prensa e incluso de sus incondicionales. Pero…

 

No es cuestión de repasar su extensísima discografía, puesto que si en algo está todo el mundo de acuerdo es que su talento y su genio parecen no tener fecha de caducidad. Baste recordar que ha publicado la friolera de 40 álbumes de estudio (el primero en 1962 y el último, hasta la fecha, en 2023), nueve en directo, veintitantos recopilatorios… Y entre sus muchas piezas históricas están auténticos iconos de la música del siglo XX, como ‘Blowin’ in the wind’, ‘Like a rolling stone’, ‘Mr. Tambourine man’, ‘The times they are a changing’, ‘Knokin’ on Heaven´s door’, ‘Just like a woman’, ‘Lay lady lay’, ‘Maggie´s farm’, ‘All along the watchtower’, ‘A hard rain´s are gonna fall’, ‘Hurricane’ o la deliciosa ‘I want you’, por citar no más de una docena, aunque cualquier interesado podría mencionar otro medio centenar de verdaderas obras maestras de la música de la segunda mitad de siglo pasado.

 

Por ello, no deja de resultar chocante que, desde hace muchos años, Dylan se niegue sistemáticamente a tocar esas canciones, que son las que lo han situado en el lugar donde hoy está, en ese lugar reservado para los mitos, para los habitantes de los altares del rock. El mismísimo Paul McCartney explicaba no hace mucho que, cuando sale de gira, sabe que la mayor parte de los espectadores han hecho un gran esfuerzo para ahorrar el dinero que vale la entrada, la han atesorado con ilusión, se han imaginado el momento, han luchado y renunciado a muchas horas de su tiempo para estar en los puestos delanteros de la cola y así situarse lo más cerca del escenario…, y claro, lo que esperan, lo que desean por encima de todo, es que interprete esas canciones que llevan toda la vida acompañándolos, melodías que compraron en cualquier formato, que cantaron y cantan con todas sus fuerzas, títulos que siguen causándoles desbordantes emociones… Así, el exbeatle comprende (lo lleva haciendo toda su vida) que no puede dejar de regalar esas canciones (al menos unas cuantas) a ese público ilusionado, muchas veces incapaz de sujetar las lágrimas cuando suenan los primeros acordes de esta o de aquella pieza emblemática. Y Paul, por ese lado, jamás defrauda.

 

El gran Bob Dylan está en su pleno derecho de salir a escena como le dé la gana e interpretar lo que le dé la gana (faltaría más). Sin embargo, bien podría premiar al público, a su público, a los cientos de miles que cada año pagan por asistir a sus conciertos, y situarse ante el micro con la guitarra y la armónica (dejando el lateral del escenario donde parece esconderse detrás de un pequeño teclado) para interpretar cuatro o cinco de aquellas prodigiosas composiciones. Pero apenas deja caer uno de sus temas icónicos por concierto, y jamás él en medio del escenario con la acústica colgada y la armónica al cuello.

 

El genio tiene derecho a ser soberbio y a hacer prácticamente lo que quiera. Sin embargo, también puede tener una atención, una deferencia con su público, con esos incondicionales que lo han situado en ese estatus de genio y le han dado esa situación que le permite mostrar soberbia. Y es que parece desdeñar las deliciosas canciones con las que ha hecho historia, parece que esos títulos le asquean y por eso los arrincona, los olvida y se los niega a sus seguidores sin tener presente que esos versos y melodías son los que le han dado millones, así como una posición de privilegio, un lugar en la historia y, evidentemente, la legitimidad y la libertad necesarias para tocar lo que le venga en gana.  

 

¿Qué no daría un amante del rock para ver a un Dylan de 85 años él solo ante el micro entonando, por ejemplo, el ‘Blowin’…’ (o cualquiera de aquellas) con su guitarra y su armónica? Sería algo impagable, sólo las emociones que provocaría bien valdrían que se olvidara de su soberbia (a la que tiene derecho) durante unos pocos minutos.

 

¿Cuántos escenarios tiene que recorrer Dylan antes de que se le pueda volver a llamar Dylan?

 

CARLOS DEL RIEGO


martes, 19 de mayo de 2026

LA MENTIRA DEL BUEN SALVAJE Y LA REALIDAD PROBADA POR LA ARQUEOLOGÍA

 


Imagen del Tzompatli hallado en ciudad de México (con miles de restos de cráneos) donde queda patente la costumbre de sacrificar personas de los aztecas con la que acabó Cortés

 

Casi desde el momento en que las tres carabelas llegaron a América, en Europa hubo quien pensó que aquello era el paraíso terrenal y, por tanto, allí no podría haber más que bondad, solidaridad, tolerancia, virtud y, en fin, ausencia total de violencia. Muchos quisieron creer eso por ignorancia y por maldad. Luego, la realidad, lo que contaron los cronistas y documentó la arqueología, evidenciaron que de aquella bondad nada de nada.

 

En definitiva, por más que muchos dijeran, escribieran y quisieran creer otra cosa y negar la evidencia, allí había tanta o más violencia que en el Viejo Mundo, que no existían derechos (algo lógico, pues al no existir la escritura no había forma de promulgar leyes, derechos y obligaciones), que el machismo era absoluto, que la esclavitud era hecho corriente y aceptado y que existían prácticas tan ‘maravillosas’ (así definieron algunos las culturas precolombinas) como los sacrificios humanos y el canibalismo.

 

Autores tan elogiados como el filósofo y ‘moralista’ francés Michel de Montaigne (1533-1592) se atrevió a afirmar (incomprensiblemente) que los nativos americanos eran “seres nobles e incapaces de toda malicia”, que vivían en aquel “paraíso terrenal en el que no existían la envidia ni la avaricia”; y todo ello sin haber estado jamás en América ni haber visto nunca a ninguno de esos a los que tanto elogió (¿por qué afirmaría tal cosa sin saber?). Algo parecido pensaba sobre los nativos americanos el pervertido Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), quien arrancó a sus cinco hijos recién nacidos de las manos de la madre para llevarlos directamente al orfanato, donde casi nadie llegaba a la edad adulta y quien llegaba sería un mendigo hasta la muerte; pero así y todo dijo que “hubiera sido un buen padre” o “no conozco a nadie mejor que yo”; este detestable personaje escribió que los europeos ya habían sido corrompidos por la ambición, el dinero y el poder, y demonizaba la propiedad privada (salvo la suya, claro) y la empresa, y que por ello los salvajes eran seres inocentes ajenos a la maldad. En contra de tal visión de los nativos americanos estaba Charles Dickens (1812-1870), quien escribió un ensayo titulado ‘El buen salvaje’ (1853), donde critica con dureza y sarcasmo la idea de que el salvaje es bueno por ser salvaje; bien informado, comprobó que en la América precolombina no había nada de inocente. Igualmente, la historiadora estadounidense Christina Snyder (1947) ha probado que la esclavitud era práctica general en toda América antes de 1492.

 

La presidente de México (Claudia Sheinbaum) sigue insistiendo en que los españoles cometieron genocidio en México a pesar de que ella sabe que México no existía, a pesar de que ella sabe que los aztecas fueron a su vez conquistadores (y no con diplomacia y regalos, sino a sangre y fuego), a pesar de que sabe que con poco más de 600 hombres Cortés no podía derrotar de ningún modo a un ejército de setenta u ochenta mil guerreros bien pertrechados, entrenados y conocedores del terreno; a pesar de que ella sabe de las atrocidades de los aztecas: guerra, sacrificios humanos, canibalismo, esclavitud (incluyendo la esclavitud sexual); a pesar de que ella sabe que todos los pueblos sometidos por los aztecas (tlascaltecas, chichimecas, totonacas, tarascos…) se aliaron con Cortés en contra de los tiranos; a pesar de que ella sabe que la violencia era lo corriente en aquellas tierras; a pesar de que ella sabe que los españoles llevaron allí conceptos como derechos, leyes, justicia…, además de la escritura, los metales o la rueda. Sí, ella sabe todo eso, pero sigue insistiendo en lo otro, o sea, miente a sabiendas (como todo político) porque la mentira le sirve para tapar lo que es hoy el país que preside (un estado regido por el narcotráfico, la corrupción y la violencia) y, por supuesto, miente para echar la culpa de todas las calamidades actuales de México a lo ocurrido hace medio milenio. Pero lo más increíble es que hay quien opta por creerse todos esos embustes y manipulaciones a pesar de las evidencias, de las crónicas, de la arqueología.

 

Como es sabido, hace unos diez o doce años se descubrió el llamado Huey Tzompantli, una estructura religiosa situada en ciudad de México y cuya construcción se compone de unos 650 cráneos enteros y fragmentos de otros diez o doce mil (muchos de ellos de niños). De todo esto ya escribieron cronistas como Andrés de Tapia o Bernal Díaz del Castillo, quienes iban con Cortés, lo vieron y lo contaron. Ella lo sabe, pero no lo menciona jamás porque no concuerda con su relato de indio bueno, español malo.

 

Del mismo modo, la arqueología confirma todas las atrocidades escritas por los cronistas: los restos de costillas cortadas para extraer el corazón, los cráneos infantiles reventados a palos, los sacrificios por incineración, las evidencias de los cortes en los huesos largos  para ser devorada la carne, los cráneos con huellas indiscutibles de decapitación…

 

También está acreditado que en el sur del continente eran habituales prácticas como la poligamia en la que las mujeres eran propiedad del marido, esclavas que valían menos que cualquier propiedad; que el incesto era cosa común (cuentan los cronistas que el hombre podía golpear y violar a sus hijas porque eran de su propiedad); que en muchas regiones los padres entregaban a sus hijos para que fueran sacrificados o para pagar los impuestos que exigían los pueblos dominantes; que el canibalismo era costumbre muy arraigada, tanto que en algunas zonas al descuartizar a la víctima las madres se untaban de sangre los pezones para que el lactante probara el sabor y participara…

 

Todas estas miserables, arcaicas y detestables prácticas fueron prohibidas, condenadas y, finalmente, erradicadas por los españoles.  

 

Han pasado los siglos y, a pesar de todo lo que se sabe, de todo lo probado, aun hay quien, a sabiendas, sigue insistiendo en la mentira y la falsedad histórica. ¿Por qué?, porque hay que buscar enemigos, porque hay que esconder la culpa propia, porque interesa sembrar cizaña y enfrentamiento entre los buenos (nosotros) y los malos (los demás). Lo peor es que aun hay quien quiere creer la mentira. Y la proclama a gritos aunque sepa la verdad.  

 

CARLOS DEL RIEGO