domingo, 24 de marzo de 2019

GRANDES ÉXITOS DEL ROCK CUYOS AUTORES Y VERSIONES ORIGINALES SON (CASI) DESCONOCIDOS


La primera versión del 'Twist & shout' la produjo un joven Phil Spector, pero a su autor no le gustó lo que hizo, así que se la dio a los Isley Brothers, que la hicieron tal y como luego The Beatles la populariza.

Ha ocurrido muchas veces. Alguien escribe una canción, la graba, la publica y no pasa nada, nadie se entera. Tiempo después otro toma la canción, le hace un par o un par de docenas de arreglos y, ¡enorme éxito! Lo que parece injusto es  que, a pesar de la difusión del tema y de que todo el mundo la conozca y tararee, nadie sepa a quién se le ocurrió o quién le dio forma antes. Es decir, quien tiene casi todo el mérito no consigue el mínimo reconocimiento.

La propiedad intelectual es algo muy preciado, a veces discutido y muchas otras ‘birlado’. En el caso del rock & roll, como en tantos otros, bien puede aplicarse lo de ‘el que esté libre de pecado…’. Sea como sea, hay casos en que, aun con el autor debidamente acreditado, los focos y la fama nunca se detienen en él, sino que sólo se fijan en el que tomó la idea y la adecuó a los gustos del momento. Hay abundantes muestras de grandes éxitos cuyos compositores y primeros intérpretes permanecen en una inmerecida oscuridad: y eso sin contar las muchas piezas célebres calificadas como ‘tradicional’ y, por tanto, de autor incierto, ni tampoco los no pocos blues y rythm & blues recuperados y reciclados.

Una de las canciones de éxito cuyo autor está en el olvido más injusto es el clásico ‘Jet Airliner’ de Steve Miller Band. La escribió un perfecto desconocido, Paul Pena, quien la grabó en 1973 pero no la publicó (hasta el año 2000); el productor se la mostró a Steve Miller, quien reescribió parte del texto, le añadió un par de riffs de guitarra y, en fin, la elevó al top 10 de Usa en 1977. Paul Pena era estadounidense de ascendencia caboverdiana; compositor, cantante y guitarrista de gran talento para el funk, el jazz, el blues, el flamenco (sí, sí), el rock & roll…, y se quedó ciego con 20 años, y padecía diabetes y cáncer de páncreas… Murió en 2005 y, dicen, vivió toda su vida de los derechos de autor de aquel ‘Jet Airliner’. Cuando suene ésta, justo sería acordarse de Paul Pena.

Ram Jam es uno de esos grupos que solo vieron el éxito una vez, una y nada más, en 1975 con el tema ‘Black Betty’, poderosa canción con guitarra explosiva, cambios vertiginosos y un riff perfecto para el ‘air guitar’ (tocar una invisible guitarra). Pero no es original, sino que la firma un bluesman legendario, Leadbelly (1888-1949), cuya versión puede escucharse en Youtube. Músico prodigioso, compositor brillante, innovador, mujeriego, pendenciero, presidiario, artista famoso y siempre pobre. Luego, cuando irrumpe el rock & roll se convierte en gran referencia, e incluso algunos de sus títulos le hubieran garantizado pingües ingresos…, de haber estado vivo; baste recordar dos, el irresistible y carcelario ‘Midnight special’ y el ‘Black Betty, que a veces se acredita como tradicional, pero cuya primera forma y estructura es suya, y así aparece en su grabación de 1939.

¿Quién no ha escuchado infinidad de veces el ‘Video killed the radio star’?, pero ¿quién ha escuchado alguna vez la versión original de Bruce Woolley? Sí, la de los Buggles se convirtió en éxito mundial, pero su sonido parece atrapado en su época y, en fin, siempre resultó un tanto facilona, simplona, comercial hasta el extremo. Sus autores son Trevor Horn, Geoff Downes y Bruce Wolley, pero antes de grabarla se tiraron los trastos. Woolley la grabó y la lanzó antes (por tanto ha de considerarse como la original), y luego llegó y logró el éxito la de Buggles. Cuando se escucha una y otra las diferencias son abismales. Una es techno blando, chicle, estándar, la otra es pop-rock enérgico y apasionado con potente guitarra y excelentes teclados (de Thomas Dolby). Imprescindible conocer la versión de Bruce Woolley.

Uno de los primeros temas que nunca faltaban en los primeros conciertos de Beatles es el ‘Twist & shout’ que, como es sabido, no era de su cosecha. Resulta curioso que haya quien piense que el original es el que hicieron los Isley Brothers en 1962 y que Beatles grabaron el año siguiente. Sin embargo, la primera versión la hicieron los desconocidos Top Notes. Estos la publicaron en 1961 con la producción de un primerizo Phil Spector; el compositor, Bert Berns (autor de otros muchos títulos legendarios),  detestaba lo que había hecho Spector, por lo que a la primera oportunidad hizo que la grabaran otros, los Isley Brothers, con la forma que hoy todo el mundo tiene en mente.

No poca controversia hubo con el gran éxito del soul ‘Killing me softly with his song’, que Roberta Flack llevó al número uno en 1973. Sus autores, Fox y Gimbel, trabajaban con una nueva voz del folk, Lori Lieberman, y para ella escribieron el tema, que se editó en 1971 con un melancólico tono folk y sin que hubiera mayor repercusión. Luego, Lori dijo que ella había tenido la idea del título y del contenido, pues se había inspirado en una actuación de Don McLean; sin embargo, el letrista, Gimbel, afirma que a ella sólo se le ocurrió tal cosa después de haberla grabado, y que eso de ‘suavemente me mata con su canción’ había derivado de ‘suavemente me mata con su blues’, que él tenía en una libreta donde anotaba frases, ideas, temas. Nadie se acuerda de la versión original, pero merece la pena escucharla aunque sea por simple curiosidad.

También hay algunos casos en que canciones de gran pegada comercial no se terminan de asociar a su autor a pesar de que éste sea un artista de fama mundial. Por ejemplo, el ‘Manic Monday’ (1986) que tanto dio a las chicas de Bangles fue una creación de Prince (a veces aparece con uno de sus seudónimos, Christopher); al parecer éste la escribió pensando en el grupo Apollonia 6 (Apollonia Kotero era su deslumbrante pareja) hacia 1983, pero se la dio a las californianas con el resultado conocido. Otra difícil de asociar a su autor es el pegadizo ‘I am a believer’ que llevó a The Monkeys al número uno en 1966; aunque los más iniciados ya lo sabrán, la gran mayoría de los que tararean su estribillo desconocen que su autor es el prolífico Neil Diamond, un tipo con una prodigiosa capacidad creativa.

Esta apenas es una pequeña muestra de una lista que podría alargarse y alargarse.

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 20 de marzo de 2019

PEQUEÑOS DETALLES QUE TUVIERON GRAN IMPORTANCIA EN LA II GUERRA MUNDIAL

Los pilotos japoneses que atacaron Pearl Harbor se guiaron por una una serie de postaless con fotos aéreas del puerto e instalaciones que unos 'turistas' habían comprado un par de meses antes a dólar la serie.


En el presente 2019 (el 1 de septiembre) se cumplen ochenta años del inicio de la II Guerra Mundial, aunque tras la invasión de Praga, en marzo del 39, todo el mundo se convenció de que la guerra era ya inevitable. Montañas de estudios, ensayos, investigaciones y libros especializados se han publicado sobre aquellos trágicos y trascendentales hechos. Sin embargo, hay pequeños detalles, anécdotas, casi chistes que, aunque casi olvidados, en su momento tuvieron gran importancia

Los manuales de Historia explican los grandes hechos, los importantes, los trascendentes, eludiendo (sobre todo por cuestiones de espacio) los sucesos de corto alcance, los anecdóticos e incluso los que pueden considerarse casi humorísticos; estos suelen quedar para las obras de los especialistas que se centran en lugares, momentos o situaciones más concretas. Sin embargo, los grandes acontecimientos, como la II Guerra Mundial,  también producen pequeños incidentes, trances y circunstancias que parecen de poca monta a los que se hace poco caso, pero que tendrán su peso en el transcurso de la guerra, Y resultan verdaderamente interesantes.   

En las batallas aeronavales que mantuvieron Usa y Japón en el Pacífico se pudo comprobar un hecho muy significativo. Resulta que en todos los barcos de guerra estadounidenses había brigadas de reparaciones con especialistas que, provistos de herramientas y materiales, eran capaces, en plena batalla, de arreglar casi cualquier destrozo causado por el enemigo; por ejemplo, podían dejar operativa la cubierta de un portaviones que había recibido un impacto directo en un par de horas sin que el barco dejara de combatir. Sin embargo, para la mentalidad japonesa era un acto de cobardía destinar soldados a reparaciones en plena lucha; o sea, dejar de disparar para tapar una vía de agua significaba algo así como una traición, un deshonor, por lo que si el barco era alcanzado los soldados continuaban apretando el gatillo sin que nadie moviera un dedo para solucionar el problema. Así, mientras los buques Usa estaban plenamente operativos poco tiempo después de ser alcanzados, los de Japón se iban a pique o continuaban la batalla en muy desfavorables condiciones. Para unos lo importante era vencer, para otros era prioritario el orgullo.

Otro detalle que tuvo gran importancia en aquel escenario  Los diseñadores estadounidenses de aviones comprobaron que, a medida que el depósito se iba vaciando de combustible, su lugar lo ocupaban los gases que desprende la gasolina, que son muy inflamables. Por ello, colocaron depósitos flexibles que se iban contrayendo al ir perdiendo litros. Los aviones japoneses no incorporaron tal idea (aunque la vieran, pues seguramente examinaron aeroplanos enemigos derribados), por lo que el menor impacto cerca de un depósito lleno de gases inflamables equivalía a la destrucción. Una idea simple que significó muchas más bajas en el bando japonés, como pudo confirmarse en batallas como Midway o Guadalcanal.

Otra más de la guerra en el Pacífico. En el famoso ataque a Pearl Harbor, los pilotos japoneses se guiaban por unas fotografías aéreas que mostraban perfectamente el puerto y el resto de las instalaciones; lo curioso es que esas fotos no procedían del espionaje ni habían sido conseguidas subrepticiamente,  sino que eran copias de una serie de postales que se vendían en esta base estadounidense a un dólar la colección. Al parecer, ‘inocentes turistas’ japoneses habían comprado un par meses antes esa serie de postales a su paso por Hawai.

En el norte de África se libraron algunas de las batallas más encarnizadas de la II Guerra Mundial, y también un pequeño detalle tuvo su importancia. En el desierto se enfrentaron los ‘Afrika Korps’ (del mariscal Erwin Rommel) con los ejércitos aliados. Estos, cuando se veían obligados a pasar tiempo en zonas desérticas construían un gran hoyo que servía de fosa séptica, es decir, allí es a donde iban los soldados a hacer sus necesidades, de manera que al terminar cada uno echaba unas paladas de arena encima. Sin embargo, en la misma circunstancia, los alemanes que precisaban evacuar simplemente se alejaban un poco y soltaban, sin más, de manera que los campamentos estaban siempre llenos de moscas que, procedentes de los excrementos, acudían al olor de la comida y propagaban enfermedades, mermando así la eficacia de los célebres Afrika Korps. El propio ‘Wüstenfuchs’ (el Zorro del Desierto, Rommel) tuvo que coger la baja por disentería y pasarse una temporada en Alemania. Seguro que esta pequeñez no favoreció a la Wermacht en África.

En la campaña de Rusia los soldados alemanes padecieron todo tipo de calamidades a causa de un enemigo que parecía no acusar las bajas, de la falta permanente de provisiones (munición, combustible, comida, medicinas) y de una climatología implacable (el General Invierno). Estudios posteriores han demostrado que el uniforme del ejército alemán era absolutamente inadecuado para el frío: había sido diseñado para ser lucido en los desfiles y para adecuarse a la pomposidad y grandilocuencia nazi, pero no para proteger de las bajísimas temperaturas de la estepa rusa. Por eso, cuando el general Paulus se rinde con unos 800.000 soldados en Stalingrado (hoy Volgogrado), gran parte de las tropas de su Sexto Ejército, además de enfermos, desnutridos y heridos, presentaban síntomas de congelación debido a lo inadecuado de las ropas, sobre todo de los abrigos; dicho sea de paso, los del ejército soviético eran muchísimo más eficaces, protegían muy bien del frío y permitían al soldado mantener la intensidad en la batalla cuando los ‘boches’ ya estaban ateridos.        

Parecen cosillas de poca monta, detalles de muy escasa trascendencia, pero con total seguridad afectaron de modo muy significativo a los que combatieron en primera línea de fuego.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 17 de marzo de 2019

¿QUÉ DICEN LAS ESTRELLAS DEL ROCK UNAS DE OTRAS CUANDO SE MENCIONAN EN SUS CANCIONES?


El inagotable Neil Young ha escrito varias veces sobre sus colegas del rock, y a su vez también se ha visto en canciones ajenas.

A pesar de que en el reino del rock & roll los egos de los aristócratas suelen tener tamaños descomunales, no son pocas las veces en que unos demuestran su deuda con otros mencionándolos explícitamente en las letras, generalmente con admiración, aunque hay excepciones. El caso es que son abundantes los casos en que se produce este fenómeno que hace presentes a unos en las canciones de otros


No es lo habitual, pero en ocasiones las grandes figuras del rock & roll tienen pequeños ataques de sinceridad y reflejan en sus versos los nombres de algunos de sus colegas. Resulta interesante echar un vistazo a esas canciones en las que una estrella habla de otra. 

Un buen ejemplo es el ‘Borrowed tune’ que Neil Young publicó en 1975 dentro de su Lp ‘Tonight is the night’.El propio título indica de qué va la cosa: ‘Melodía prestada’, y tal préstamo procede del ‘Lady Jane’ de los Rolling Stones, cosa que Young confiesa abiertamente cuando dice “Estoy cantando esta melodía prestada, la tomé de los Rolling Stones, solo en esta habitación vacía, demasiado destruido para escribir por mí mismo”; y efectivamente, la melodía es de los Stones, sin embargo, el reconocimiento de la copia nunca sentó mal a Jagger y Richards, al contrario, les hizo mucha gracia y se sintieron halagados por la ‘confesión’. La brutal sinceridad de Neil se debía a que estaba muy abatido a causa de los estragos producidos por las drogas. Además, el canadiense nunca tuvo empacho para reconocer la grandeza de otros, como en su ‘Hey hey, my my’ (1978), en la que hace referencia a The King (Elvis) y Johnny Rotten, cuyos legados demuestran que “el rock & roll no puede morir”.

Los legendarios The Animals se dieron un empacho de estrellas del rock cuando escribieron su ‘Monterey’ (1968), pieza en la que vienen a describir cómo fueron las actuaciones en aquel histórico festival celebrado un año antes. Eric Burdon quedó tan impresionado por lo que vio que escribió: “The Birds y los (Jefferson) Airplane volaron (…) de Ravi Shankar la música me hizo llorar (…) The Who explotaron (…) Grateful Dead sopló en la mente de todos (…) Jimi Hendrix, créeme, puso el mundo en llamas”. Imposible no creer las apasionadas descripciones que Burdon hizo del Monterey Pop Festival. También mostraron The Animals su admiración hacia otro gigante en su ‘Story of Bo Didley’ (donde aparecen Beatles y Stones), aunque el original es del propio Bo Didley.

Todo un clásico en esto de señalar con el dedo a otro es el ‘Sweet home Alabama’ (1973), con el que los Lynyrd Skynyrd replicaban a Neil Young, el cual había hablado de este estado en su ‘Alabama’. Los versos no pueden ser más directos: "Bueno, escuché al señor Young cantar sobre ella. Bueno, escuché al viejo Neil menospreciarla. Bueno, espero que Neil Young recuerde que un sureño no lo necesita por aquí de ninguna manera”. Se lo tomaron por lo personal a pesar de que los Lynyrd eran de Florida. Pero no hubo mal rollo. 
Los neoyorquinos Ramones hicieron su particular homenaje a la música de los 50 y 60, que tanto les influyó, en su ‘Do you remember rock & roll radio?’ (1980). Así, recuerdan nombres de programas de radio y televisión, locutores históricos (como Alan Freed o Ed Sullivan) e imprescindibles como Jerry Lee Lewis, John Lennon y T. Rex, que vienen a representar la música de las décadas doradas del rock & roll; incluso se intuye que el siglo concluye en su séptima década: “Es el fin de los setenta, es el fin del siglo”. Tal vez acertaran en que los años gloriosos del rock ya eran pasado.

Beatles y Rolling Stones, como es lógico, son mencionados infinidad de veces por todo tipo de grupos. Así los londinenses The House of Love con el explícito y elegante ‘The Beatles & The Stones’ (1990); The Clash habla de “Elvis, Beatles or The Rolling Stones” en su tema ‘1977’; Paul Simon en su ‘The late great Johnny Ace’; Mamas & The Papas en su ‘Mansions’; el californiano Captain Beefheart publicó en 1968 un tema titulado ‘Beatle bones and smokin´ Stones’…

De sobra es conocido el emocionado tributo que Don McLean hace en su inolvidable ‘American pie’ (1971) a Buddy, Ritchie y Bopper al hablar del día que murió la música; pero también incluye palabras para Byrds, Beatles, Stones, Dylan, Joplin… U2 se acordaron de la maravillosa Billie Hollyday en uno de sus mejores temas, ‘Angel of Harlem’ (1988). David Bowie, siempre sutil, describió con gran precisión pero sin mencionarlo a Marc Bolan (de T Rex) en esa exquisita, elegante y emotiva ‘Lady Stardust’ (1972).

Los españoles que más admiración exhiben por las grandes figuras del rock son Barón Rojo, muchos de cuyos textos se ciñen al rock & roll en varios de sus aspectos. Todo el que conozca algo del heavy hispano sabrá del tema en el que recuerdan explícitamente a los caídos del rock, ‘Concierto para ellos’ (1982), que dice abiertamente “Las campanas doblan por Bon Scott, por Janis, Lennon, Allman, Hendrix, Bolan, Bonham, Brian y Moon”.
Sí, todas esas leyendas están en muchas letras, pero nadie hace canciones a los imprescindibles secundarios, como el recientemente fallecido batería Hal Blaine (1929-2019), que puso ritmo a no menos de 30.000 canciones, entre ellas un centenar y medio que llegaron al ‘top 10’ y cuarenta que alcanzaron el número uno; él puso la base para que se lucieran desde Elvis a Simon & Garfunkel, pasando por Frank Sinatra, The Byrds, Mamas & The Papas, Beach Boys….

Son sólo una muestra, hay bastantes más. ¡Qué sería de unos sin los otros!

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 13 de marzo de 2019

LAS CULTURAS PRECOLOMBINAS Y SU TRADICIÓN DE SANGRE Y VIOLENCIA Todo lo que tiene que ver con las culturas precolombinas y la posterior presencia española en América siempre resulta fascinante. La publicación de nuevos hallazgos arqueológicos y sus conclusiones desmontan, una vez más, la creencia de que aquellas eran sociedades apacibles dedicadas a la astronomía y la agricultura que vivían poco menos que en un paraíso terrenal donde todo era paz y armonía. Pero la realidad es que cada descubrimiento confirma que la violencia extrema formaba parte de todas aquellas culturas.


  
Las costillas de los niños sacrificados indican sin la menor duda que fueron muertos abriéndoles el pecho.
Una de las abundantes mentiras y exageraciones que propaló Bartolomé de las Casas (quien reconoció muchas de ellas y las justificó como medio de llamar la atención del emperador Carlos I) es la que afirma que “el indio es manso, bueno, casto”. Los cronistas de Indias, todos, unánimemente, hablan de sus costumbres sangrientas, como los sacrificios humanos, la guerra permanente, la captura de enemigos para ser esclavizados o comidos… En definitiva, las crónicas coinciden en que la violencia era algo continuo y cotidiano. Ahora, en los últimos años y de modo periódico, la arqueología confirma una y otra vez las afirmaciones de aquellos narradores.

Al norte del actual Perú floreció la cultura Chimú. Recientemente se han dado a conocer los resultados de las investigaciones llevadas a cabo en torno a un hallazgo arqueológico escalofriante protagonizado por aquel pueblo. El informe habla del enterramiento de 140 personas sacrificadas, 137 niños y niñas de 5 a 14 años, todos con el pecho abierto para extraer el corazón latente, uno tras otro, 137 en una única sesión; también tres adultos, dos mujeres (que serían las encargadas de preparar y enterrar a las víctimas) y un hombre (seguramente el sacerdote-matarife), además de cientos de llamas jóvenes. Asimismo afirman los arqueólogos que aquella orgía de sangre debió ser incluso mayor, dada la cantidad de huesos dispersos por todo el yacimiento. El multitudinario sacrificio tuvo lugar unos cincuenta años antes de la llegada de las tres carabelas. Es difícil calificar a aquel pueblo de manso y pacífico.

Igualmente acaban de darse a conocer noticias de gran alcance en torno a la cultura maya. Más o menos en la actual Guatemala se han encontrado gigantescas estructuras mayas que incluyen una muralla de casi sesenta kilómetros de longitud. Según el doctor José Cal, de la Universidad San Carlos de Guatemala, esas sólidas murallas terminan de desmontar la visión ideal y paradisíaca con que se ha querido calificar a esta cultura: “Eran pueblos que combatían entre ellos y donde se daban relaciones de poder, con luchas intestinas para alcanzarlo”. Por su parte, el arqueólogo Edwin Román concluye que los nuevos descubrimientos desmontan la teoría de que la guerra tenía como fin “la captura de prisioneros para ser sacrificados a los dioses. Estos hallazgos señalan que la guerra fue bastante más frecuente”. En otras palabras, lo que escribieron los cronistas fue la pura realidad.

También merece recordarse que el año pasado se dio a conocer, tras su correspondiente estudio, el hallazgo de un templo construido con calaveras y que ya se conoce como la Torre de cráneos de Tenochtitlán. El cronista-soldado Bernal Díaz del Castillo habla de esta acumulación en su imprescindible ‘La verdadera historia de la conquista de la Nueva España’. Lo curioso es que siempre se pensó que su descripción debía ser una exageración, ya que Bernal habla de decenas de miles de cráneos. La arqueología confirmó que no fabulaba cuando escribía: “Un osario de cabezas de hombres presos en guerra y sacrificados a cuchillo, el cual era a manera de teatro más largo que ancho, de cal y canto con sus gradas, en que estaban ingeridas entre piedra y piedra calaveras con los dientes hacia fuera”. En lo que no reparó el cronista es que muchos de esos cráneos son de mujeres y niños, es decir, no se trata sólo de huesos de guerreros.

Por otro lado, muchas veces se dijo que el canibalismo (otra de las costumbres que horrorizó a los descubridores) se debió a la inexistencia de animales de carne, pero los cronistas hablan de gallos de papada (pavos) y muchas otras especies de aves, conejos y liebres, ciervos y venados e incluso perros pequeños y castrados, además de gran variedad de pescado. O sea, sí que había alternativas cárnicas al ‘hombre a la brasa’.

En su reciente obra ‘Indios y conquistadores españoles en América del Norte’, el francés Jean Michelle Sallmann explica que cada pueblo (de lo que hoy es el sur de USA) mantenía una eterna enemistad con sus vecinos, y cuando uno de ellos se aliaba con los expedicionarios españoles o franceses siempre pedía que le ayudaran a “someter a sus enemigos, cosa que en la práctica equivalía a su completa aniquilación”. Nada de reuniones amistosas.

Puede afirmarse también que los conquistadores españoles no procedieron de modo diferente a como se procedía en América antes de que llegaran, y que tampoco hicieron nada que no se hiciera en aquellos momentos en toda Europa o en toda Asia. Desgraciadamente muchos iberoamericanos de hoy se obstinan en culpar a la conquista del lamentable estado de la mayoría de aquellos países, basándose ante todo en que antes de que ellos llegaran todo era paz, tolerancia y libertad. Y claro, culpando a otros se exculpan a sí mismos y a los sátrapas que los han conducido a donde están.

En fin, la violencia más extrema y primitiva (hay que recordar que en la práctica estaban en el Neolítico) existía antes de 1492, no fue importada de Europa.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 10 de marzo de 2019

MICHAEL JACKSON, CONDENADO POR UN DOCUMENTAL CONVERTIDO EN JUICIO Un documental basado en dos testimonios ha conseguido convencer a muchos de que Michael Jackson era un abusador de menores. Y basándose en ese reportaje se le ha condenado. Sin embargo, las cosas (como casi siempre) no son tan sencillas, es decir, existen muchos factores, muchas circunstancias importantes que hay que tener en cuenta antes de dictar sentenci

La sombra de la sospecha perseguirá siempre a Michael Jackson, pero un documental es cine, no proceso judicial con garantías.

No se trata de poner la mano en el fuego por Michael Jackson (ni por nadie), pero antes de tomar postura parece inteligente tener en cuenta otros hechos además de los testimonios vertidos en el documental ‘Leaving Neverland’. Éste ha bastado para que varias emisoras de radio de países como Canadá, Australia o Nueva Zelanda hayan anunciado la prohibición de emitir sus canciones, o que la cadena que produce Los Simpson comunique la ‘retirada’ del episodio en el que el artista pone su voz a un personaje (una tontería, pues hay mil formas de ver dicho capítulo).

La película ‘Leaving Neverland’ contiene los testimonios de dos presuntos abusados, sin embargo, esos dos declararon bajo juramento a favor de Jackson en el primer juicio, que tuvo lugar en 1993 (que terminó con arreglo extrajudicial). La acusación principal entonces corrió a cargo de Jordan Chandler, que fue quien antes sentó al cantante en el banquillo. Entonces Jackson hubo de interrumpir la gira ‘Dangerous Tour’, pero se llegó a un acuerdo por el que la compañía aseguradora de los conciertos pagó una millonada para que retiraran la acusación, eso sí, subrayando que el pago no significaba admitir nada. No hay que ser un lince para sospechar que la acusación perseguía exclusivamente la pasta, ya que si los padres estaban totalmente convencidos de la culpabilidad del músico, hubieran ido hasta el final por dos razones, la primera para castigar a quien había dañado a su hijo (¿qué padres no hubieran seguido con el juicio por más dinero que les hubieran ofrecido si estaban seguros de los abusos a su hijo?), y la segunda porque, de haberse probado la acusación, hubieran recibido igualmente un pastón como indemnización; pero no, cogieron la pasta sin preocuparse por lo supuestamente sufrido por el chaval. Años después, en 2009, unos meses después de la muerte del músico, el padre de Chandler se pegó un tiro (en un lujosísimo piso de Nueva York), y el muchacho declaró emocionado que las acusaciones eran mentira y que el cantante “siempre había sido inocente”.

En el segundo juicio, en 2005, uno de los que hoy protagonizan el escandaloso  documental corroboró lo declarado en el 93 y el otro no declaró. Curiosamente, uno de ellos intentó entrar en El Circo del Sol cuando éste preparó un espectáculo sobre Jackson, y al ser rechazado empezó a cambiar el testimonio que había dado en el juicio. Es decir, o cometieron perjurio (uno de ellos en los dos juicios) o ahora están mintiendo. En cualquier caso, el veredicto fue concluyente: inocente de todos los cargos.

Por otra parte, durante más de una década el FBI y el Estado de California mantuvieron una vigilancia muy estrecha sobre el ‘sospechoso’, que prácticamente no podía dar un paso ni mantener una conversación sin que los investigadores se enteraran; nunca encontraron evidencia de su culpabilidad, al contrario, tras pinchar sus teléfonos escucharon una conversación en la que uno de los padres amenazaba con presentar denuncia si no se le pagaba una buena cantidad. También se ha propagado una supuesta investigación abierta por el FBI contra Michael Jackson en 1985-86 por abusos a unos niños mejicanos, la cual habría sido abruptamente interrumpida después de recibir ‘una orden de muy arriba’, ya que el investigado iba a ser recibido en la Casa Blanca. Pero el agente que, en 1993, trató de hacerse con los papeles de esa investigación no encontró nada en los archivos, ni el más pequeño indicio, ni se recordaba quién había llevado aquella investigación; y además, Jackson se reunió con Ronald Reagan en 1984, antes de los supuestos actos indecentes con los niños mejicanos.

Lo que sorprende es que se haya convertido la película en un auténtico juicio, de modo que para muchos el documental tiene más peso que un proceso legal en condiciones. Sin embargo, rechina un poco que la peli sólo dé voz a la acusación y no cuente con nadie que contradiga, nadie que dé réplica, nadie que conteste. Además, también se mencionan en la película otros nombres de presuntos abusados, uno de los cuales, Brett Barnes, acaba de declarar que todo es mentira, y que él jamás fue acosado o abusado por ‘El rey del pop’, y que incluso piensa presentar denuncia por injurias. También el actor Macaulay Culkin (mencionado de pasada) compartió de niño muchas horas con Jackson, y siempre negó cualquier conducta impropia. Otra cosa que no concuerda es por qué los padres, a pesar de las sospechas y rumores de su supuesta pedofilia, permitían que Michael Jackson pasara tanto tiempo con sus hijos… ¿Algún padre de los presentes haría tal cosa? El caso particular de una de las asistentas de Neverland, la salvadoreña Blanca Francia, es elocuente: declaró haber visto a su hijo hasta tres veces en situación inadecuada con Jackson, entonces ¿por qué después de la primera siguió llevando a su hijo a la casa dejándolo al alcance del supuesto pederasta? La señora también aceptó pasta en 1994 por no denunciar, y luego fue juzgada por extorsión y condenada a indemnizar al cantante con un millón, que nunca pagó, claro.

No parece justo ni coherente dictar sentencia en función de los testimonios de dos personas que han cambiado tan drásticamente sus declaraciones; lo que es evidente es que los acusadores mintieron entonces o mienten ahora. Y nadie puede ser condenado con unas ‘pruebas’ tan dudosas, sobre todo teniendo en cuenta el veredicto y las conclusiones del juicio de 2005. Lo cual no quiere decir que el artista fuera un santo varón ni que haya que poner la mano en el fuego por él.  

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 6 de marzo de 2019

MUJERES LLAMADAS A LA AVENTURA Ellas han tenido menos protagonismo en la Historia, lo que no quiere decir que no pueda destacarse una gran cantidad de mujeres que, cargadas de mérito, brillan por sí mismas en cualquier entorno y actividad. Y entre las señoras que no se resignaron a lo que la sociedad les tenía destinado, está la figura de la aventurera, la adicta a las emociones e incertidumbres del viaje, la que necesita la adrenalina del riesgo y el azar

María de Estrada (segunda figura por la izquierda) peleó al lado de los hombres sin ocultar que era mujer (Lienzo de Tlatelolco, S. XVI).


Hay en los libros de historia muchas señoras con temple y determinación. Algunas consiguieron el poder, como la reina Hatshepsut, faraón de Egipto en el siglo XV antes de Cristo, y otras impulsaron el avance de la Humanidad como Isabel de Castilla; también sobresalen artistas, escritoras, científicas… que la Historia tiene en el capítulo de imprescindibles. Asimismo, aunque sorprenda, abundan las mujeres que, sintiendo la llamada de la aventura, se lanzaron de cabeza a la incertidumbre sin que su sexo fuera problema.

Españolas con sangre aventurera en las venas hay en abundancia, Aquí van algunas. La sevillana María de Estrada acompañó Hernán Cortés en su histórica epopeya. Siendo niña quedó huérfana y fue entregada a una familia de gitanos, quienes le adiestraron en el ‘arte de la esgrima’; condenada a muerte por estar implicada en más de una reyerta con víctimas, se salvó al aceptar embarcarse para América. Llegó a Cuba, donde su expedición fue masacrada (en Matanzas) y apenas ella se salvó. Luego se enroló en el ejército de Cortés y tomó parte en batallas de leyenda; durante la huida de los españoles de Tenochtitlán (La noche triste), todos recuerdan a María armada de espada y rodela propinando estocadas como el más valiente de los soldados: su valor permitió la huida de muchos soldados. También combatió en la batalla de Otumba, tal vez a caballo y lanza en ristre. Y se cuenta que venció a Pánfilo de Narváez en duelo singular. Cuando Cortés quiso dejarla en retaguardia, María de Estrada, con una asombrosa presencia de ánimo, gritó al conquistador: “No está bien que mujeres españolas dejen a sus maridos yendo a la guerra. Donde ellos murieren moriremos nosotras”. ¡Qué tía! Ella es evidencia de que el coraje y la bravura no dependen del sexo de la persona.    

La gallega Isabel Barreto asumió el mando de una flota española que partió del virreinato de Perú en 1595  hacia el Pacífico Sur, descubriendo las islas Marquesas y las  Salomón. Aunque no era lo corriente, se sabe de no pocas mujeres que no permitieron que sus maridos se fueran a la aventura sin ellas. Es el caso de Isabel, esposa Álvaro de Mendaña, patrón de esta flota de cuatro barcos que murió de malaria dicho año en aquellas islas. Al saberse a las puertas de la muerte, nombró a Isabel gobernadora y a su hermano Lorenzo almirante de la flota, pero éste murió a los pocos días, así que ella asumió todos los mandos. Cuando los nativos atacaron levó anclas rumbo a las Filipinas, gobernado las naves con puño de hierro, ya que algunos marineros pensaron que como era mujer la podían torear y desobedecían sus órdenes; cortó por lo sano: ahorcó a todos los rebeldes. Más tarde, la considerada primera almirante de la historia de la navegación no dejó la aventura y participó en otras expediciones.

Juana García era de un pueblo de León, Arintero. Su padre, ya mayor, había combatido a los musulmanes al lado del rey, pero sólo tenía hijas, siete, por lo que ahora no habría ningún García de Arintero luchando junto a los Reyes Católicos. Su hija Juana, al verlo tan triste, decidió convertirse en soldado y convenció a su padre. Se entrenó en el manejo de las armas, se acostumbró a la armadura y logró hacerse con las riendas de un potente caballo de guerra. Y así, como el Caballero Oliveros, se enroló en Benavente al servicio de Isabel y Fernando. En pocos meses todos hablaban de la valentía y destreza en combate del Caballero Oliveros. Durante la batalla de Toro (1476) cruzaba Juana su espada con la de otro caballero cuando un tajo dejó al descubierto uno de sus senos…, “¡una mujer en la guerra!” gritaron. En presencia del almirante de Castilla contó por qué estaba allí. El Rey Fernando de Aragón, asombrado por su audacia, le concedió varios privilegios (a ella y a su pueblo). De regreso a casa, la Dama de Arintero fue muerta a traición. 

Otra españolita de armas tomar, pendenciera y con irrefrenables ganas de aventura es la donostiarra Catalina Erauso, ‘La Monja Alférez’. Novicia en un convento, con 15 años se larga, se viste de chico por esos caminos de España y, finalmente, se embarca para las Américas, donde sirve al ejército con grandes muestras de valor, temple y habilidad con la espada. Pero como tenía un mal genio de mil demonios, se ve envuelta en peleas y cuchilladas, así que huye ¡a pie a través de los Andes! Luego, al meterse en otra reyerta recibe un buen tajo, y cuando es examinada se descubre que es una mujer. La mandan a España, donde el Rey Felipe IV le agradece los servicios, le da una pensión y permiso para vestirse de hombre. Murió hacia 1650.

Las piratas Mary Read y Anne Bonny. Ésta, a los 14 años se fugó con un marinero con el que se casó y al que abandonó al poco, para liarse luego con el pirata Jack Rackam ‘El Rojo’ (de aquí sacó Hergé su pirata para el episodio de Tintín ‘El tesoro de Rackam El Rojo’); vestida de hombre y pertrechada como cualquier otro pirata, tomó parte activa junto a ‘El Rojo’ en numerosos abordajes en el mar Caribe. Por su parte, Mary Read se enroló casi de niña como grumete y, aprovechando que nadie sospechaba, se enroló como soldado y como tal tomó parte en los combates; luego se cansó de ser chico y se casó, pero su marido murió, así que decidió embarcarse nuevamente hacia América, travestida de hombre, claro; pero tuvo la ‘suerte’ de que su barco fue abordado por Jack Rackam. Así se conocieron Mary y Anne, las dos piratas más famosas, que siguieron abordando y saqueando por aquellas latitudes hasta que fueron capturadas, juzgadas y condenadas a la horca…, de la que se salvaron al estar ambas embarazadas (práctica habitual de las condenadas a muerte para retrasar la ejecución). Anne terminó volviendo a casa y murió con 84 años, Mary murió en el parto.   

Nacida a finales del siglo XVIII, la austriaca Ida Pfeiffer tenía el viaje como objetivo vital y una paciencia infinita. Esperó a que sus hijos no la necesitaran, ahorró durante décadas y, llegado el momento, casi cincuentona, se lanzó de cabeza al viaje, ella sola, sin nadie por quien preocuparse. Primero hacia el sur: Turquía, Palestina, Egipto…, luego al norte, Escandinavia, Laponia, Islandia. A mediados de siglo llega a Sudáfrica, de allí a Indonesia y después Estados Unidos. Nunca cansada o desanimada, Ida circunnavegará el planeta durante tres años. Sin cumplir los sesenta, muere de paludismo en Madagascar.

Otra intrépida adicta a la aventura fue la británica Isabelle Bird. Hija de un clérigo, esperó a que éste muriera para ‘soltarse el pelo’. Hacia 1870, ya con cuarenta, viajó sin compañía a Australia; un par de años después se encuentra viviendo por sí misma los ‘encantos’ del salvaje Oeste, recorriendo a caballo las grandes praderas en compañía de un auténtico pistolero, un forajido conocido como ‘Rocky Mountain’ Jim. Adicta a la odisea, marcha a Japón y luego al sudeste de Asia. Su ritmo de viaje era tal que no duda en abandonar a su marido, incapaz de seguirla; ya sin lastres se dirige primero hacia el oeste (Tíbet, Persia) y luego hacia el este (China, Corea). Con setenta años recorrió Marruecos a caballo. Murió en 1904.

Curioso es el caso de la inglesa Jane Digby. Nacida a principios del siglo XIX, se casó con todo un lord, al que pronto puso los cuernos y del que se divorció; luego recorrió media Europa siguiendo a sus infinitos amantes, hoy aquí con este, mañana allí con aquel. Ya cuarentona llegó a Oriente Medio, donde se enamoró de un beduino, se fue con él a vivir al desierto y, según cuentan las crónicas, fue muy feliz: vestía como las mujeres del desierto, montaba y desmontaba la tienda, ordeñaba las camellas y se lavaba el pelo con su orina, hacía la comida y atendía en todo a su marido con gran devoción. ¡Mucho mejor la vida en el desierto que la de esposa de un acaudalado lord inglés!   

Se trata de apenas una mínima muestra, puesto que si se investiga se encuentran fácilmente muchas otras mujeres que no se resignaron al papel que las sociedades de su tiempo les habían destinado.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 3 de marzo de 2019

LAS ESTRELLAS DEL ROCK TAMBIÉN PUEDEN PERDER, CON LOS AÑOS, EL CONTACTO CON LA REALIDAD Ocurre a veces que, con los años, hay personas que pierden el contacto con la realidad y, en consecuencia, se inventan una en la que las cosas son como ellos creen que deben ser, despreciando a todo aquel que no ve la realidad como ellos. Y esto sucede en todas partes, incluyendo el mundillo del rock & roll, algunas de cuyas figuras no dudan en enfangarse por terrenos resbaladizos sin tener la menor idea del suelo que pisan

El icono del punk, Johnny Rotten, podría sacar disco con 'Dios salve a la fabada'.


El caso es que no son pocas las estrellas de rock que pueden presumir de un pasado glorioso y un presente aceptable que, sin embargo, se salen de modo bochornoso de su especialidad y hacen bueno aquella sentencia: ‘la ignorancia es muy atrevida’. También hay otros que tienden a pensar que la única realidad posible es la que ellos desean, de manera que se sienten legitimados para despreciar, para insultar a quienes viven otras realidades. En las últimas fechas pueden citarse varios grandes de esto del rock desvariando lamentablemente, sobre todo cuando se meten en el barro, o sea, en política.

Todo un clásico del desvarío sectario es el gran Roger Waters (de 75 años), creador de algunos de los mejores discos de la corta historia de este género musical. Cada vez que el tipo opina sobre algo que excede su mundo, deja claro que posee un pensamiento totalitario y más negro que la cara oscura de la luna…, además de evidenciar una ignorancia extrema. Recientemente, desde su mansión en USA, ha declarado que en Venezuela no hay nada por lo que alarmarse, ni violencia, ni pobreza, ni gente pasando todo tipo de necesidades; “tengo amigos en Caracas y me aseguran que no hay carencia de comida ni de medicinas, no hay violencia en las calles ni nada de lo que se dice en la prensa mundial”. Los testimonios que miles de venezolanos vierten en la prensa de todo el mundo deben estar todos comprados, y los casi tres millones y medio que han huido de su país lo deben haber hecho por vacaciones. En cualquier caso, estaría bien comprobar los conocimientos que sobre el asunto tiene el bajista y compositor, y de dónde proceden.

En charco muy parecido está atascado el que fuera solista de Genesis y autor de una notable carrera en solitario Peter Gabriel (69 años). Así, ha declarado que “en España hay gente en la cárcel por haber apoyado la votación independentista” de Cataluña. Al igual que con el anterior personaje, parece oportuno preguntarse cuánto sabrá este de historia de España y sus regiones, y de dónde habrá sacado la información para realizar aquella afirmación; ¿sabrá quiénes fueron el Archiduque Carlos y Felipe V?, ¿qué sabrá de la realidad actual de esta región? En todo caso, se antoja necesario repetir que hay muchos otros catalanes que comparten abiertamente las ideas de los encarcelados, gente notable de la política, la cultura y la sociedad en general que, sin embargo, no están ni siquiera acusados; en otras palabras, los presos no lo son por ideología sino por quebrantar la ley (esa que dice que “todos los españoles son dueños de todo el territorio español”). El que fuera mago del transformismo y voz de Genesis parece más perdido que ‘El cordero que yace en Broadway’, como aquel Lp de 1974.

La jefa de The Pretenders, Chrissie Hynde (67 años), también es de las que no callan ni bajo el agua, o sea, que cuando tiene que decir algo en voz alta, no se corta. Sin embargo, cuando se sube a la supremacía moral muestra el complejo de superioridad típico de todos los totalitarismos. Hace tiempo se convirtió al vegetarianismo combativo y fanatizante, pasando entonces a verse por encima de quienes no asumen sus dogmas. Resulta que cuando la señora Hynde dejó los filetes empezó a ver a los que seguían comiéndolos “con disgusto, casi con desprecio", sin embargo, “aprendí a convivir con ellos, aunque no me merecen ningún respeto”. Este es el mismo proceso mental que condujo (y conduce) a los extremismos más mortíferos: el que no asume sus dogmas es despreciable…, de momento, pues luego pasará a ser inferior y por tanto eliminable. Se diría que Mrs. Hynde está muy lejos de aquel estimulante ‘Precious’ (1980) con el que sacudió la escena del rock en aquel momento.

Icono del punk-rock, Johnny Rotten (63 años) también tiene la lengua muy larga y, como buen punk, se ha dejado decir muchas tonterías (como defender a Trump) casi desde sus comienzos. Lo que resulta un tanto chocante es que un tipo que en el 77 gritaba al frente de los Sex Pistols “no hay futuro en el sueño de Inglaterra”, haya llegado a su futuro convertido en un conformista orondo y en pijama. Seguro que el ‘Juanito Apestoso’ de entonces se carcajearía y haría todo tipo de chanzas al toparse con el John Lydon de 2019. En todo caso, seguro que esos kilos suplementarios no han salido sólo de lechugas, o sea, será difícil ver un dúo del ex Pistols con la ex Pretenders.

CARLOS DEL RIEGO


miércoles, 27 de febrero de 2019

KARL MARX, UNA VIDA DE HIPOCRESÍA Y ALERGIA AL TRABAJO Hace unos días (II-19) fue atacada la tumba (y la efigie) de Karkl Marx en un cementerio de Londres, con pintadas en las que se le acusaba de ser un ‘asesino de masas’; sin embargo, él nunca mató a nadie aunque justificara la violencia. El caso es que, como ocurre casi siempre con personajes idolatrados, Marx esconde muchos, muchísimos ‘cadáveres’ en el armario en forma de contradicción, discriminación, hipocresía, tergiversación, plagio, y lo que hoy se definiría como cara dura

Karl no trabajó en toda su vida lo que Groucho en un año, pero pasa por ser el gran experto en trabajo y trabajadores


Las pintadas insultantes en su tumba londinense traen a la actualidad a un personaje clave en la historia contemporánea, Karl Marx, cuya biografía está repleta de sombras  Muchos autores, historiadores e investigadores han puesto a la vista los abundantes trapos sucios del fundador del marxismo. Y no se trata de ideología (algunos de esos autores habían sido marxistas), sino de la verdad documentada, probada, indiscutible, una verdad que, por otro lado, será insuficiente para convencer a quien jamás aceptará la evidencia si ésta no coincide con su ideología.

Es más que sabido que Karl Marx (1818-1883), el gran defensor de los trabajadores y martillo de la burguesía, se casó con una rica aristócrata (Jenny von Westphalen) y vivió a costa de su herencia hasta que se acabó…, y ello a pesar de haber escrito y ‘filosofado’ sobre lo injusto de las herencias. Jamás quiso ni tuvo lo que se dice una ocupación, un trabajo con el que mantener a su familia, una obligación masculina que nadie (ni él mismo) cuestionaba en el siglo XIX. De este modo, cuando se acabó el patrimonio de su mujer, se las arregló para vivir a costa de su amigo y colaborador Friedrich Engels, auto-declarado comunista y, a la vez, millonario propietario de fábricas en Inglaterra; en otras palabras, Engels escribía contra la propiedad y la riqueza pero era muy rico y posesor de grandes propiedades. Esta contradicción también se observa en Marx, pues escribió o coescribió cientos de páginas acerca del trabajo y el trabajador y, sin embargo, no sólo se negó a trabajar (en la factoría de su amigo, por ejemplo), sino que ni siquiera tuvo curiosidad por ir a ver por sí mismo qué era eso de una fábrica y cuáles eran las condiciones de los proletarios que trabajaban para Engels.

También se tiene por cierta su relación con la sirvienta, de la que nació un hijo. El adalid del comunismo engañó a su mujer (doblemente) haciéndole creer que el recién nacido era de su incondicional Engels. Con esta mentirijilla aplacaba a su mujer y, de paso, ocultaba algo que él siempre había tenido por ‘asquerosamente burgués’: tener criados y, peor aún, convertirlos en amantes.

El escritor e historiador alemán Leopold Schwarzschild (1891-1950) estudió la correspondencia que durante cincuenta años mantuvieron Marx y Engels; en su obra ‘El prusiano rojo. La vida y la leyenda de Karl Marx’ deduce (con muchísimos argumentos y evidencias incontestables) que “fue un hombre que encontró en el proletariado un instrumento de su ambición personal”. Asimismo, este autor expone que Marx siempre fue un vividor alérgico al trabajo (sus escritos le proporcionaron poco rédito), así que cuando la familia de su mujer dejó de ser su fuente de ingresos, “sedujo a Engels para que lo mantuviera”. O sea, que jamás trabajó. “Nunca realizó el más mínimo esfuerzo por visitar una fábrica o conocer un sistema productivo. Más bien, sus esfuerzos se volcaron en vivir de Engels, consiguiendo de su amigo una auténtica pensión vitalicia”.

En su correspondencia también se nota racismo. Por ejemplo, a Ferdinand Lasalle lo trató de “negrito judío” y “judío grasiento”. En una carta que le escribió a Engels en 1862, expresa: “Ahora no tengo la menor duda de que, como indica la conformación de su cráneo y el nacimiento de su cabello, desciende de los negros que se unieron a Moisés en su huida de Egipto, a menos que su madre o abuela paterna tuvieran cruce con negro” (¡qué disparates!). Igualmente se opuso  a la boda de su hija con Paul Lafargue porque éste era de origen cubano y tenía la piel oscura; sus desprecios no terminaron una vez casados, pues tildaba despectivamente a su yerno de “negrillo” o “gorila”. Además, tenía criados en su casa, pero nunca les pagó. Y si algún obrero se atrevía a discutirle alguna de sus afirmaciones, reaccionaba con violencia y lo tachaba de “ignorante”; por ello, si alguno de sus compañeros de la Liga Comunista le contradecía, era apartado fulminantemente de los órganos de dirección, donde sólo podían estar los inequívocamente afines.

En cuanto a sus obras literarias, la mayor parte de lo que se le atribuye lo escribió Engels. Pero también se apropió de pensamientos y reflexiones ajenas; por ejemplo, en sus textos aparecen máximas y sentencias que, al no citar al verdadero autor, parece que son originales, como “la religión es el opio del pueblo”, que Heinrich Heine escribió en 1840; igualmente se apropió de “los obreros no tienen nada que perder salvo sus cadenas”, cuyo autor es Jean Paul Marat (‘L´ami du peuple’); o la tan divulgada “¡proletarios del mundo, uníos!”, que aparece en el Manifiesto del Partido Comunista como propia, aunque es del también alemán Karl Sapper.

En fin, es innegable la enorme influencia que Karl Marx ha tenido en el último siglo y pico, sin embargo, conviene conocer la realidad para poner al personaje en su sitio. 

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 24 de febrero de 2019

LED ZEPPELIN, 50 AÑOS DE SU PRIMER LP, Y OTRAS DE SUS AVENTURAS Y DESVENTURAS En enero de 1969 aparecía el primer álbum de un grupo llamado a hacer historia en el libro del rock & roll, Led Zeppelin. Aquel debut discográfico ya contenía algunas de las características más reconocibles de la banda, y daba forma a un nuevo género que, evidentemente, ha tenido gran éxito desde entonces. El cuarteto londinense tuvo una vida corta, pues se disolvió en 1980, a pesar de lo cual está siempre entre las principales referencias del rock

Medio siglo del primer Lp de Led Zep, a pesar de todo una banda imprescindible.


En esos doce años de existencia Led Zep fueron capaces de facturar algunos de los capítulos imprescindibles del libro del rock & roll. Y todo empezó con aquel ‘Led Zeppelin I’ que ya es cincuentón. Pero además de canciones de la máxima categoría, el emblemático grupo ha dejado un montón de episodios, peripecias e historietas, sin que falten los inevitables trapos sucios.    

El ‘Led Zeppelin I’ corrió a cargo de la cuenta corriente de Jimmy Page. Según contó el guitarrista, pretendía que el control artístico de la banda no saliera de la banda, de modo que “financié totalmente el disco y lo terminamos antes de presentarlo a la discográfica”. Esto significa que no recibieron el preceptivo anticipo de la compañía, pero también que no dejaron que ésta metiera mano en el proyecto. Asegura Page que, puesto que tenía en mente un sonido y un  estilo, la grabación en sí fue muy rápida, apenas treinta horas: “lo sé con exactitud porque yo pagué la factura”. Y no hubo problemas en el estudio porque la banda estaba muy rodada, volvía de una gira y “estábamos muy ensayados y sabíamos exactamente dónde iba cada guitarra, cada detalle”.

Desde entonces, y a pesar de la excelente recepción de casi todos sus discos, el grupo ha tenido que hacer frente a cantidad de acusaciones de plagio, algunas reconocidas y otras discutidas. Para empezar, el ‘Dazed & confused’ del primer álbum se hizo como versión de una del estadounidense Jake Holmes, el cual tocó junto a los Yardbyrds cuando Page era su guitarrista; sin embargo, como Jimmy metió algunos acordes propios, fue acreditado como único autor. Cuando Holmes denunció el plagio, Page lo negó e incluso aseguró no haber escuchado nunca al denunciante, pero finalmente admitió la copia al permitir que Holmes apareciera como coautor. Fue la primera de una larga lista de demandas por apropiación intelectual. Por ejemplo, no hace mucho Led Zep fue absuelto de haber copiado arpegios de una del grupo Spirit para el monumental ‘Starway to heaven’; lo curioso es que la presunta víctima del plagio, Randy California (muerto en 1997), nunca los acusó. También se vieron obligados a re-acreditar muchas otras canciones (como la emblemática ‘Whole lotta love’) y a pagar jugosas cantidades a autores que consiguieron demostrar el plagio. Seguro que Jimmy se ‘inspiró’ en partituras ajenas, pero las recompuso y dio forma nueva. Y buena pasta soltó por ello.

Jimmy Page fue el impulsor de la banda, quien la construyó. Así, cuando buscaba cantante para su nuevo grupo (que entonces aun se llamaba New Yardbirds), el primero en quien pensó fue Terry Reid, compositor de mérito y cantante de voz muy dulce, aunque casi siempre reñido con el éxito. El caso es que Reid había firmado giras y contratos, así que rechazó la oferta, pero sí tuvo la idea de que se probara a un tal Robert Plant, cosa que Jimmy hizo. La prueba fue un éxito y Plant entró en New Yardbirds, y además se trajo consigo a un prodigioso batería, John Bonham. Luego se cambiaron el nombre y… Seguro que Reid se ha tirado muchas veces de los pelos por aquella decisión.

Asimismo, según una biografía de Led Zeppelin, Jimmy Page pensó nada menos que en Steve Marriot como vocalista de su nuevo grupo, algo que al entonces cantante de The Small Faces pareció interesar. Sin embargo, resulta que el manager de Marriot era Don Arden, que se definía a sí mismo como ‘el Al Capone del rock’ y, se dice, se comportaba como un genuino mafioso. Así, cuando se enteró de la oferta de Page a Marriot, el guitarrista recibió un mensaj inquietante: “¿Podrás tocar la guitarra con los dedos rotos?”. Ni que decir tiene que Jimmy se olvidó inmediatamente de la opción Marriot, Arden alardeó del triunfo: “puedo colgar a Robert Stigwood (un poderoso productor) de un balcón por tantear a Marriot, así que ¿iba a permitírselo a ese mequetrefe?”. Mejor guitarrista cobarde y sano que valiente y con los dedos rotos.   

Otra de amenazas. No es muy conocido el hecho de que el grupo tuvo que cambiarse el nombre para tocar una vez en Dinamarca. Al parecer, la heredera de Ferdinand von Zeppelin, Eva, les amenazó con una demanda si tocaban en ese país con el nombre de su familia, de modo que, sólo para aquel concierto, pasaron a llamarse The Nobs. El propio Page invitó a la señora al camerino “para que viera que éramos buenos chicos”, y parece que eso calmó su indignación…, hasta que vio la portada del primer álbum con el zepelín ardiendo; entonces se puso furiosa y echó pestes contra el grupo, aunque no pudo hacer más. Eso sí, menos mal que sólo una vez se llamaron The Nobs, que significa algo así como ‘Los Penes’ pues habría sido dificilísimo que alguien hubiera dicho alguna vez ‘me gustan mucho Los Penes’. Menos mal.

La otra parte del nombre, Led, procede de una broma. Según los especialistas, a finales de los sesenta, Page, Keith Moon, John Entwistle y Jeff Beck sopesaron la idea de formar un supergrupo, pero el singular batería dijo que la cosa no funcionaría, ya que sería como “un globo de plomo”, y su compi en The Who afinó más: “como un zepelín de plomo” (‘led’ suena como ‘lead’, plomo). Cuando Jimmy Page dio forma a su nuevo grupo no dudó en aprovechar la idea. Sí, es un águila cuando se trata de sacar partido de ocurrencias ajenas.
Lo que sí ha dado mucho que hablar es el jet privado en el que viajaba Led Zeppelin (y los Stones, Elton John, los Purple, Elvis o Sinatra) a comienzos de los setenta, un Boeing que contaba con todos los lujos disponibles, incluyendo un par de habitaciones ‘privadas’ con cama, ducha, espejos…Las orgías y locuras que se cuentan de los Zep en aquel avión (el ‘Satarship’) son ya leyenda del rock y paradigma de los ‘excesos de rockero’: que si Bonham exigía que todas las chicas se desnudaran al subir (azafatas incluidas), que si en pleno delirio alcohólico quiso abrir una puerta de emergencia para orinar, que si sexo oral mientras el avión atravesaba una tormenta a diez mil metros, que si se esnifaron kilómetros de rayas de coca (la de Page casi sin cortar), que si alguien sacó una pistola (un tiro hubiera sido la catástrofe), que si pelis porno en un primitivo vídeo… Rock roll, sexo y drogas: para muchos, el cielo.

Mucho más feo es el asunto de la relación de Jimmy Page con una modelo de 14 años, Lori Mattix. Dicen las malas lenguas que un sucio manager se la llevó al hotel tras enterarse de que era fan del grupo. Esa relación se mantuvo en secreto durante años, hasta que Page se cansó de verla siempre a escondidas y terminó con la aventura; posteriormente ella tuvo buenas palabras para Jimmy: “era un hombre amable, dulce, misterios, tranquilo”. Claro que el emblemático guitarrista no fue la única estrella del rock en tener sexo con menores, es más, la propia Mattix afirmó que cuando empezó a ‘salir’ con Page ya no era virgen gracias a David Bowie. Feos asuntos.

También se cuenta la batallita de la grabación del álbum ‘Presence’. En 1975 Robert Plant y su familia se la pegaron con el coche estando de vacaciones en Grecia. El peor parado fue el cantante, que se rompió un brazo y se destrozó el tobillo; nada menos que dos años se pasó en silla de ruedas. Lógicamente, hubo que suspender la gira, pero no la grabación del disco, de modo que Plant iba al estudio en su silla y sólo se apoyaba en las muletas cuando le tocaba grabar la voz. Una vez se enredó con los cables (¡qué típico!) y se cayó sin más consecuencias que el costalazo; lo mejor es cómo contó el propio Plant la reacción de Page: “Nunca lo había visto moverse tan rápido. Parecía un atleta olímpico. Sólo por eso valió la pena la caída”. De vuelta al estudio, el cantante grabó sin problemas, eso sí, en la silla o en muletas

CARLOS DEL RIEGO