domingo, 14 de enero de 2018

¿EL ROCK HA DETENIDO SU EVOLUCIÓN? Para los veteranos seguidores de esto del rock, que son quienes pueden ver las cosas con perspectiva, los últimos años son… de vacas flacas. Cada década del siglo pasado puede identificarse con ramificaciones del rock, cosa que no sucede con las del XXI

La música rock no cesó su avance durante el siglo XX, pero no se ha movido en el XXI

No es que en lo que va de siglo no hayan surgido buenos grupos, buenos discos, buenas canciones (que los hay, como también conciertos apasionantes), no es que en los locales de ensayo y pequeños escenarios falte pasión e ilusión (al revés, ahí hay mucho pulso de rock), no es eso, sino que lo que ocurre es que la evolución del rock como estilo musical y como movimiento social parece haberse detenido. Y tal vez sea esa una de las causas por las que el rock & roll ha perdido poder de atracción. Esto se vuelve evidente si se repasan los pasos que ha dado este negocio desde su aparición. 

Así, revisando por encima y sin profundizar, no es difícil recordar que en la segunda mitad de los cincuenta irrumpe el rock & roll; en los sesenta se producen las primeras ramificaciones y brotan subgéneros como el pop y el rock más grueso, el soul o la psicodelia hippy, e incluso empieza la fusión con otras modalidades; en los setenta el heavy exige su sitio a voces, y florecen el rock sinfónico, el progresivo, el glam…, el tecno da sus primeros pasos y, finalmente, se produce el asalto punk y la alocada ‘nueva ola; en los ochenta explotan y se desarrollan todas las variedades electrónicas, los nuevos románticos dan el toque elegante, el rock gótico (entonces ‘afterpunk’ o rock siniestro) lo viste de luto solemne pero convive con los subgéneros más intrascendentes (ska); en los noventa se sitúan perfectamente tendencias como el ‘brit pop’ o el ‘grunge’ que, aunque no dejaran tanto como lo anterior, tienen su personalidad y ayudaron a dar un paso más. Todo esto sin entrar en detalles.

Pero al terminar el siglo XX parece que esa evolución, ese progreso se detuvo, ya que en las dos décadas que se llevan del XXI no es que no hayan aparecido figuras (muy pocas destinadas a la posteridad), sino que no puede señalarse una nueva tendencia, un nuevo subestilo, un sonido que se identifique inequívocamente con estas dos décadas y cuyas canciones puedan servir para situarse en el tiempo (hay películas que, en lugar de poner un rótulo con el año en que transcurre la acción, se limitan a poner las canciones de la época para que el espectador se sitúe). Quizá esto, junto a otros factores como la enorme competencia en la industria del entretenimiento, sean las causas del la pérdida de presencia mediática del rock.

Por otro lado, es posible que estas carencias sirvan para explicar un interesante dato publicado en los primeros días de 2018: las ventas de música bajan en Estados Unidos, pero suben las de discos de vinilo, el formato preferido de los que sienten el rock como música y como algo más; pero el dato va más allá, puesto que el grupo que más elepés vendió en Usa a lo largo del año 2017 fue The Beatles, que despacharon 72.000 ejemplares del ‘Segeant Pepper’ y 66.000 del ‘Abbey Road’. Además, entre los diez más vendedores están Pink Floyd, Prince, Michael Jackson, Bob Marley… Esto indica que el amante del rock (y géneros afines) de toda la vida, ese a quien los riffs le penetran hasta los tuétanos, no encuentra nada mejor con qué calmar o excitar su espíritu que las bandas encuadrables en momentos fáciles de identificar con alguno de los pasos evolutivos que han enriquecido este movimiento artístico y social llamado rock & roll.

Sea como sea, es innegable que hace ya mucho que este estilo musical no proporciona algo verdaderamente nuevo, no un grupo o un disco con una propuesta fresca e innovadora, sino una tendencia, un movimiento que, al igual que en otro tiempo hicieron hippies o punks (por ejemplo), fuera capaz de traspasar las fronteras de lo estrictamente musical y filtrarse en la sociedad.

Sí, de momento da la impresión de que la locomotora del rock se ha detenido, aunque nunca se sabe si en cualquier momento puede volver a ponerse en marcha. Claro que, por otra parte, ¿tendrían razón los que sostienen que el rock tocó techo en los setenta de siglo pasado? 


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 10 de enero de 2018

ESPERPÉNTICOS TRIBUNALES EUROPEOS El Tribunal Europeo de Derechos Humanos debería rebautizarse como tribunal europeo de derechos de los delincuentes, puesto que da impresión de estar siempre mirando cómo favorecer a asesinos, violadores y delincuentes en general

Este tribunal es un centro de poder, y como todos, está sujeto a muchas y diversas influencias

Existen ocasiones en que las decisiones de algunos jueces dejan boquiabierto al personal, y generalmente esas desconcertantes sentencias proceden de los magistrados que alcanzan la aristocracia de la judicatura, los que tras el correspondiente ‘cursus honorum’ hacen cima y se sientan en los tronos de los más altos tribunales nacionales e internacionales. El Tribunal de Estrasburgo vuelve otra vez a sentenciar en contra de la razón y de sus colegas españoles, al fallar que poner cámaras en sitio público para pillar a empleados ladrones es atentar contra su intimidad; pero no es lo peor y lo más dañino que se les ha ocurrido sentenciar a estos sabelotos de la ley que, sin duda, se sienten poseídos por la verdad absoluta.

Así, hay que recordar que los tales, en su momento (2012), echaron abajo la llamada Doctrina Parot, que permitía mantener en prisión a abyectos asesinos (sanguinarios etarras) y a perversos violadores; gracias a incomprensibles distorsiones de la lógica, a un supuesto buenismo (que no es lo mismo que bondad) y, sin duda, a la ideología que ocupa el pensamiento de muchos de ellos, volvieron a la calle antes de tiempo peligrosísimos criminales ansiosos de víctimas. Parece pertinente recordar que en aquel momento el gobierno Zapatero estaba negociando con los terroristas de Eta, que uno de los jueces que se sentaba en una poltrona de ese tribunal era de la cuerda zapateril, y que gracias a la derogación de la Ley Parot salieron de la cárcel algunos etarras…, súmense dos y dos y se llegará a cuatro; peor aún, gracias a aquella infausta decisión se vieron con las manos libres peligrosísimos delincuentes sexuales. No debe olvidarse que, entre otras cosas, a los administradores de la legislación se les paga para que protejan al ciudadano, pero al permitir la puesta en libertad de asesinos y violadores (el del Ensanche) lo que favorecieron fue el delito, puesto que después de haberse liberado a esos canallas, varios de ellos han vuelto a las andadas, resultando que algunas mujeres sufrieron violaciones y agresiones. Estas mujeres víctimas podrían escribir a cada uno de los integrantes de ese tribunal europeo para darles las gracias y recordarles que su decisión fue condición ‘sine qua non’ para que ellas se convirtieran en víctimas. Parece oportuno preguntarse, ¿alguno de los que decidió tal disparate tendrá remordimientos al comprobar que su visión de la ley favoreció la puesta en libertad de criminales reincidentes que reincidieron? , ¿alguno habrá perdido un segundo de su valioso tiempo en pensar en las mujeres violadas gracias a su sentencia? En resumen, el objetivo de esos tribunales es velar por los Derechos Humanos y las libertades fundamentales, pero con sus decisiones no protegieron los derechos y libertades de los que sufrieron las agresiones de los delincuentes, por cuyos derechos los jueces europeos llegaron al esperpento.

Ahora, como si quisieran con sus resoluciones recordar a todo el mundo lo importantes que son y, a la vez, dejar bien claro que sus sentencias son sinónimo de bien absoluto, han vuelto a fallar contra la razón. Se ha sabido que unos empleados de un supermercado trincaban y ayudaban a otros a trincar, así que sus jefes instalaron cámaras en las líneas de caja sin avisar. Los tribunales españoles fallaron contra los amigos de distraer billetes, pero ahora llegaron los ‘supertacañones’ de la ley y condenan a indemnizar a los descuideros porque las cámaras atentaron contra su intimidad y su dignidad… ¿A qué intimidad se refieren?, ¡si están en un lugar público a la vista de cientos de personas!; ¿y de qué dignidad hablan?, ¿tal vez quieran decir que el ladrón tiene derecho a comportarse indignamente (meter mano en la caja) sin que nadie le vea?; añaden que tenían que haber avisado de la videovigilancia, o sea que si en lugar de vídeo hubieran puesto vigías ¿no hubiera habido problema?, y por otro lado, ¿deben avisar los guardiaciviles de tráfico que están apostados tras la siguiente curva? En fin, las explicaciones que aquel tribunal van contra la mínima lógica, contra la razón, contra el más elemental sentido común. Podría llegar a pensarse que ocupar sitio en un centro de poder como es un tribunal internacional dispara la vanidad de la persona, aumenta la soberbia que más o menos afecta a todo homo sapiens, y promueve una especie de engreimiento colectivo que hace que sus integrantes se asocien al concepto de Justicia Universal y Omnímoda.

Si las leyes no se rigen por patrones matemáticos, o sea, si se pueden interpretar, ¿por qué la interpretación de los que se ponen de parte del delincuente es más certera que la de otros jueces que interpretaron lo contrario?; y si ellos se limitan a aplicar la normativa al pie de la letra sin más, ¿para qué se les necesita, cuando un programa de ordenador haría lo mismo?

Los jueces no son extraterrestres y, por tanto, están sujetos a las mismas debilidades que cualquier otro terráqueo, es decir, no tienen la verdad absoluta de su parte; y por la misma razón habrá buenos profesionales y otros que se dejen influenciar por ideología, prejuicio, animadversión, buenismo e incluso cobardía. Y es a causa de estos malos profesionales que se producen sentencias-disparate como las aquí expuestas.


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 7 de enero de 2018

EL RAP VENDE MÁS QUE EL ROCK, ¿Y QUÉ’ ‘El hip hop y rythm & blues vendieron más que el rock el año pasado en Estados Unidos’, publicaba como gran noticia la revista New Musical Express hace unos días. Sin embargo, tal cosa no debería resultar tan llamativa por varias razones.

El rock es un universo distinto al rap

Que los géneros más fáciles de digerir sean los más fáciles de vender no debería sorprender a nadie, de hecho, en cómputos globales la música más simple siempre ha resultado más vendedora…, al menos en el corto plazo; por su parte, el rock venderá más o menos, pero siempre ha contado y contará con público fiel dispuesto a rascarse el bolsillo, siempre, y si los grupos del momento flojean, siempre están los clásicos. Por otro lado, el estudio del que habla dicha revista musical se refiere tanto a venta física como a descargas, cuando los compradores de rock siempre han preferido el soporte real, sobre todo en formato de vinilo; en este sentido no es despreciable el hecho de que el rap se consume muy mayoritariamente a través de Spotify y otras plataformas digitales. Asimismo, también hay que tener presente que los cantantes de rythm & blues a los que se refiere la noticia tienen poco o nada que ver con el sentido, las formas y las intenciones que ese género ha tendido desde que apareció, de manera que puede afirmarse que todo ello, todo lo que se dice r&b hoy, es pop comercialote, muy de usar y tirar, muy de consumo rápido (aunque, eso sí, tan válido y respetable como cualquier otro competidor en las listas). 

También hay que tener en cuenta que, del mismo modo que una impresora 3D no es una impresora, el hip hop no es música (para que algo pueda llamarse música ha de poderse tararear, escribirse en una partitura o interpretarse de forma instrumental), es decir, el rapero no canta (sino recita) al igual que la impresora 3D no imprime (sino modela, construye); por ello su conexión con el rock (con la música en general) es exclusivamente mercantil: son competidores dentro de la industria del entretenimiento. Por lo demás, desde un punto de vista artístico, podría decirse que el hip hop es un mundo separado de la música en general, y especialmente del rock, por muchos años luz. En fin, que comparar el rock con el rap es como comparar una novela con el manual de instrucciones de la lavadora.

En realidad, hasta hace poco la música rock tenía una consideración específica, estaba un tanto apartada de los puestos altos de las listas de ventas, contaba con mucha menos repercusión radiofónica y apenas tenía presencia en el día a día del gran público; en otras palabras, el grupo y el comprador de rock sentían el encanto de lo clandestino (rebelde, libre, irreverente, independiente, ‘underground’). Hoy la cosa es distinta, y aunque las radiofórmulas sigan emitiendo más rap y/o regaetón que rock, a nadie le extraña ya atisbar una pieza heavy como sintonía de un anuncio, esperar en la cola del banco o hacer la compra en el súper mientras la música de ambiente la pone una banda de metal. Tal vez por eso hay quien ya ha puesto en el mismo saco la música rock y ese (muy respetable) recitado con soporte musical que llaman hip hop.

Y se puede ir un poco más allá si las cosas se ponen en perspectiva. Así, muchos, muchísimos discos que encajan perfectamente en lo que se entiende como rock clásico siguen vendiéndose en la actualidad; el caso más evidente es el de The Beatles, que casi todos los años están entre los artistas más vendidos a pesar del notable inconveniente de haber dejado de publicar hace casi medio siglo; y podrían citarse muchos más discos, muchos más artistas cuyas canciones, a pesar de pertenecer a otras épocas, no desentonan en la actualidad. Sin embargo, resultará muy difícil vender, radiar o escuchar  álbumes y títulos de rap con diez o veinte años.
Lo que resulta innegable es que en Estados Unidos, principalmente, quienes hacen hip hop y los/las cantantes de ese supuesto rythm & blues alcanzan los picos de ventas y gozan de mucha más fama y presencia en los medios que las estrellas del rock, aunque a esto también contribuye el hecho de que las estrellas del momento lucen mucho menos brillo que las supernovas de las eras doradas del rock; y es que no aparecen quienes tomen el relevo a los viejos dinosaurios. Y a ello se suma que los hip-hoperos y cantantes de presunto rythm trabajan mucho las redes sociales, buscan llamar la atención permanentemente, sobre todo con sexo, insultos o manifestaciones de cateto ignorante. Y los que se dedican al rock destinan más tiempo y ganas a la música que a la difusión personal.   

Sea como sea, echar un vistazo a las listas de éxitos de Usa (el mercado más voluminoso) o de cualquier país con ventas significativas puede resulta más aterrador que la niña del exorcista. Lo bueno del asunto es que, más o menos, siempre ha sido así, de modo que ¿qué hay de noticia en una situación que, salvo excepciones, es la regla general?   

La competencia entre los diversos sectores de la industria del entretenimiento es salvaje y cuenta con muchísimos rivales, por lo que tiene su lógica que el rock & roll tire menos del consumidor que antes. Pero eso no debe considerarse deshonor o derrota por parte de sus incondicionales, no es una situación nueva y, además, tal vez vuelva a sentirse el cosquilleo de disfrutar con aquello que no le gusta al sistema, a la industria, al comercio.          


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 3 de enero de 2018

EL REVERSO TENEBROSO DE LA MEMORIA HISTÓRICA El defensor del pueblo ha amenazado al alcalde de un pueblo de Madrid: o cambia el nombre de la calle José Antonio o dicha población perderá subvenciones y ayudas públicas. Es la materialización de una obsesión sectaria y pueril

Seguro que José Antonio no se merece una calle, pero tampoco Carrillo, Largo Caballero o Indalecio Prieto (en la imagen)

Al comprobar el enérgico comunicado del susodicho defensor del pueblo lo primero que se adivina es que no hay nada que le preocupe más, que no hay ciudadanos apremiados por verdaderos problemas, que no recibe quejas de contribuyentes atropellados por empresas e instituciones y que, en fin, cuando logre su objetivo todo el mundo olvidará sus verdaderas preocupaciones. Dejando a un lado cuál debe ser el cometido de este bien remunerado cargo, la obsesión por los nombres de las calles parece algo así como un impulso infantiloide y, sobre todo, malicioso, descompensado e injusto: no parece coherente retirar calles a personajes sin las manos manchadas de sangre y que poco tuvieron que ver con el levantamiento franquista, a la vez que se mantienen las de otros que mataron, robaron, amenazaron o renegaron de la democracia. Hay casos verdaderamente sangrantes, algo así como una especie de ‘reverso tenebroso’ de una más que sectaria memoria que recuerda con alabanzas a personajes de pensamiento totalitario, que ensalza a quienes aborrecieron la democracia, que distingue a profesionales del odio e incluso a auténticos asesinos.  

Incomprensiblemente, Francisco Largo Caballero, ‘el Lenin español’, tiene calles a su nombre y estatuas conmemorativas a pesar de su odio sectario, su continuo llamamiento a la violencia y su desprecio de la democracia. Sus propias palabras: “En las elecciones de abril del 31 los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron sus vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo”; en enero de 1933: “si la legalidad no nos sirve, daremos de lado a la democracia burguesa e iremos a la conquista del poder”; en el verano de 1934: “no creemos en la democracia como valor absoluto, y tampoco creemos en la libertad”; en enero del 36 dijo en Alicante: “si triunfan las derechas tendremos una guerra civil, que no digan que decimos las cosas por decirlas”.

También hay calles y recuerdos que veneran a Indalecio Prieto. Y ello a pesar de que traicionó a la República (para lo que incluso se alió con un monárquico) en 1934, robó el tesoro que transportaba el barco ‘Vita’ y, probablemente, estuvo detrás del asesinato de Calvo Sotelo (el diputado al que acusan de franquista a pesar de haber muerto antes de la llegada del franquismo). Además, todos los testimonios lo describen como un tipo zafio y grosero al que otros socialistas esquivaban cuando contaba sus soeces chistes y de los que él sólo se reía, como cuando echó por las narices la horchata que estaba bebiendo al no poder contener la carcajada.

Nadie capaz de reconocer la evidencia pondrá en duda la culpabilidad de Santiago Carrillo en los fusilamientos masivos (incluyendo unos 250 menores) de Paracuellos del Jarama en 1936. El caso es que si unos descontrolados sacan de la cárcel a dos o tres presos y los fusilan, la cosa podría pasar desapercibida, pero si las ‘sacas’ son día sí y día también y en cada una se da el paseo a cincuenta, a cien, a doscientos…, resulta difícil creer que el máximo responsable de orden público estuviera en el limbo y sin enterarse de algo que sabían miles de personas. Pues Carrillo, que tiene muchos más muertos a sus espaldas que Calvo Sotelo, es recordado y homenajeado.

Lucen placas callejeras con su nombre y recibe de vez en cuando reconocimientos y aniversarios Buenaventura Durruti; hombre de armas y siempre dispuesto a la acción violenta, pistolero, atracador e involucrado en asesinatos y represiones, no parece alguien a quien deba recordarse como un ejemplo a seguir. Dolores Ibárruri, Pasionaria, también goza de muy buena prensa entre los defensores de la ‘memoria histórica’ a pesar de su amenaza: “Este hombre ha hablado por última vez”, dijo en el parlamento horas antes de que un compañero del Congreso fuera secuestrado y asesinado, según testimonio procedente de Josep Tarradellas, testigo presencial. Rafael Alberti siempre animó a la violencia; escribió fanáticas loas a Stalin y formó parte de un ‘Comité de Depuración’ para publicar en ‘El Mono Azul’ la lista de los que, según él, habían de ser ‘depurados’. Todos ellos son distinguidos y honrados como grandes defensores de la democracia y la libertad (¿).

Las brigadas internacionales, organizadas por el Komintern (la Internacional Comunista, dirigida por el Kremlin) y con elementos como ‘el carnicero de Albacete’, André Marty, que fusiló tanto a enemigos como a brigadistas que no combatían con el suficiente ardor (y eso que él casi nunca estuvo en primera línea), ¿vinieron a España a luchar en defensa de la democracia y la libertad?, ¿como las que había en Rusia?; en realidad su intención era la misma que la de la División Azul en el frente ruso (el capitán Palacios dijo que fueron la Urss a devolverles la visita que los soviéticos hicieron a España en el 36). Hay quien rinde pleitesía a unas y abomina de la otra, cuando ambas organizaciones defendían regímenes totalitarios.

Es curioso, la ‘damnatio memoriae’ (procedimiento de la antigua Roma que consistía en borrar todo vestigio de los derrotados), la negación de los otros que llevó a cabo el franquismo, está siendo imitada, repetida punto por punto por los que pretenden eliminar todo rastro de los otros. Seguramente la mayoría de los que se han caído de los callejeros no se merecieran tal honor, pero igual cosa se puede decir de quienes los han sustituido. No se trata de equidistancia, sino de dar a cada uno lo suyo, de no elogiar a alguien por algo que al rival se le reprocha, pues los méritos y las culpas son individuales. Dicho sea de paso, seguro que a nadie le parece mal dedicar calles y honores a tipos honestos, coherentes y valientes como Cipriano Mera o Melchor Rodríguez, quien explicó elocuentemente: “Por las ideas se muere, pero no se mata”.

CARLOS DEL RIEGO

lunes, 1 de enero de 2018

EL TIEMPO BAJO EL PRISMA DEL ROCK Otro año más. El tiempo se impone a todos aunque no todos tengan la misma sensación de su intransigente avance. Tan fascinante tema no ha dejado de atraer a los grandes autores del rock, que han escrito excelentes títulos sobre algo tan trascendental.

Pink Floyd dedicaron al tiempo algunas de sus mejores canciones

El concepto de tiempo es variable. No se tiene la misma percepción de su transcurrir cuando se es adolescente que cuando se supera la cuarentena, cuando niño que cuando sesentón. El tema ha debido resultar irresistible para quienes escriben canciones en clave rock, pop, funk…, a juzgar por la enorme cantidad de títulos cuya letra viene a ser una reflexión en torno al tiempo, al momento presente, al venidero, al ayer; son tantas que se puede hacer una selección exclusiva de piezas imprescindibles, auténticos clásicos que dan vueltas alrededor del reloj (como Bill Halley).

Si se pregunta por una que hable del tiempo la primera que a todo el mundo se le ocurre es ‘Time’ (1973) de Pink Floyd. Inolvidable los infinitos relojes que resuenan al principio, la enigmática entrada, la repentina aparición de las voces y el ritmo, los punteos, los coros…, todo interesado en esto del rock podría reconocer la atmósfera de aquel inolvidable álbum en el acto. El texto es una meditación sobre el tiempo, sobre lo que el joven espera que ocurra sin darse cuenta de que todo le ocurre mientras espera. Así, sus versos son explícitos: “Pasan los momentos de un aburrido día, desperdicias las horas sin pensar (…), esperando algo o a alguien que te diga por dónde ir (…); eres joven y la vida es larga (…), un día te darás cuenta de los años que has dejado atrás (…). El sol es el mismo pero tú eres más viejo, con menos energía y un día más cerca de la muerte (…) cada año es más corto”. La intención es evidente: más te vale que no esperes, porque un día te darás cuenta de que el tiempo se te ha ido esperando.

Los Rolling Stones dieron vueltas alrededor del tiempo varias veces. Una fue con una composición ajena, ‘Time is on my side’ (1964); la seductora melodía encierra un mensaje simple e incluso frívolo, que viene a decir algo así como “vete si quieres, chica, pero el tiempo está de mi parte y un día volverás, puedo esperar”. Lo curioso es que, diez años más tarde, la idea que transmitieron era la contraria: ‘Time waits for no one’, el tiempo no espera por nadie, una frase que tarde o temprano todo el mundo suelta; es una pieza bastante olvidada (injustamente) e incluida en  el ‘It´s only rock & rolll, but I like it’, un título tan celebrado que parece oscurecer el resto de las canciones del álbum; ritmo medio y ambiente elegante (finísima la guitarra de Mick Taylor) arropan una letra que parece una sucesión de dichos, de sentencias: “El tiempo no espera por nadie y no esperará por mí (…). El tiempo puede derrumbar un edificio o destruir la cara de una mujer. Las horas son como los diamantes, no las desaproveches”. En todo caso, no cabe duda de que ellos han aprovechado y aprovechan su tiempo…

El trepidante ’25 or 6 to 4’ (1970) de Chicago se centra en un instante del tiempo, concretamente en el momento de escribir una canción, pues de esto va, del proceso creativo; se dijo que el tema se refiere a asuntos de drogas, pero el propio autor (Robert Lamm) lo desmintió categóricamente y explicó que alude a la hora exacta en que él consideró que ya tenía el tema hecho, en este caso 25 ó 26 minutos antes de las 4; por otro lado, luego añadió que la obra no adquirió su verdadero cuerpo hasta que la tocó todo el grupo. Es una forma de detener el tiempo, de volver una y otra vez al instante preciso de aquella noche en que un compositor no sabía cómo rematar la letra y lo hizo reflejando el minuto de la madrugada en que eso sucedía. Los dos primeros versos lo explican: “esperando el amanecer, buscando algo que decir”.

Directa o indirectamente el asunto del tiempo aparece o se intuye en una infinidad de temas. Así, el imprescindible ‘Dust in the wind’ de Kansas habla de lo fugaz del tiempo: “cierro los ojos un momento y el momento pasó (…) todos somos polvo en el viento (…) y todo tu dinero no podrá comprar ni un solo minuto más”. Puede mencionarse el ‘Child in time’ de Deep Purple, con su prodigiosa exhibición vocal, pero esa criatura en el tiempo se refiere más a quien está ajeno al tiempo y ve el bien y el mal. Y claro, el ‘Times they are a changin’ de Bob Dylan, que tampoco trata del transcurrir de las horas y los días sino, como él mismo explicó, va del paso de la vida a la muerte, que es el máximo cambio a que el hombre está sujeto. Tampoco el ‘We can work it out’ de Beatles va de tiempo exactamente, pero en un par de versos dice algo tan jugoso como “la vida es muy corta y no hay tiempo para quejarse y pelearse”, ¡gran verdad!

Y para terminar, el magnífico instrumental ‘Time is tight’, el tiempo apremia, que Booker T & The MG´s publicaron en 1969.

¡Qué estimulantes suenan estas melodías  para degustar el tiempo!


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LA PELEA POR EL PODER, HISTÓRICO DEPORTE NACIONAL ESPAÑOL Desde hace siglos, milenios, los españoles han tenido a otros españoles como principales enemigos, siendo el poder sobre un territorio (grande o pequeño, aquí o allí) su gran objetivo y el principal motivo de la eterna lucha

La lucha entre españoles es habitual desde la Prehistoria, como demuestra esta pintura rupestre levantina de hace alrededor de 8.000 años (Abrigo de Les Dogues)

Se atribuye al prusiano Otto von Bismarck la frase “España es el país más fuerte del mundo, pues los españoles llevan siglos intentando destruirla sin conseguirlo”; en realidad esta reflexión parece más apócrifa que otra cosa y de ningún modo existe constancia de que el canciller la expresara, sin embargo, este pensamiento se ajusta a la perfección con el ser de muchos, muchísimos españoles que han protagonizado la larga y agitada historia de este país; y casi siempre, el deseo de poder, el ansia de mandar sobre un espacio y unas gentes han sido la causa que ha motivado a los que han desafiado a las autoridades para situarse como amos y señores.

Basta con echar un vistazo superficial a la biografía de España para encontrarse con que gran parte de sus naturales no han dejado de darse mamporros entre ellos desde la Edad de Piedra; y así lo demuestran las pinturas prehistóricas del arco mediterráneo español. Saltando en el tiempo se llega a la época de los godos, cuya estancia en Hispania es sinónimo de combate permanente, con traiciones infinitas y una única meta, la corona, el cetro, el poder; asimismo se puede recordar que la etapa de los visigodos en España terminó con la traición del conde don Julián que, contrariado por no haber recibido los privilegios, las tierras, los títulos y honores de los que se sentía acreedor, prefirió la entrega de todo el reino antes que verlo en manos ‘enemigas’. Después, además de la guerra continua contra los musulmanes, los incipientes reinos cristianos siempre encontraban motivos para darse de palos.  

En la conquista de América los españoles estuvieron zurrándose, conspirando y matándose entre ellos casi continuamente. Durante la peripecia de Hernán Cortés se produjeron varias sublevaciones y enfrentamientos, alguno de los cuales es muy elocuente: Cortés envió a Cristóbal de Olí, uno de sus capitanes, a explorar y poblar una zona, pero al poco éste se levantó y se adjudicó las nuevas tierras, así que el conquistador de México mandó a otro de sus lugartenientes para sofocar la rebelión, pero al llegar la expedición de castigo no encontró al díscolo, pues éste, a su vez, había ido a sofocar otra revuelta, otro alzamiento protagonizado por uno de sus segundos… En todo caso, los combates entre españoles eran encarnizados, tanto que, tras uno de ellos, quedaron tan pocos supervivientes de ambos bandos que los indios no tuvieron problema en liquidarlos a todos. La otra gran figura de la conquista, Francisco Pizarro, hubo de luchar contra sus compatriotas casi tanto como contra los incas; Almagro y sus partidarios pelearon contra los Pizarro varias veces, hasta que Francisco lo derrotó y lo ejecutó…, cosa que los alamagristas vengaron presentándose en casa del conquistador de Perú y metiéndole no menos de veinte estocadas entre pecho y espalda.

Siguiendo en la América hispana, menos de tres siglos después, los españoles nacidos allí, los criollos, acariciaban la idea de hacerse con el control total de los prometedores territorios, con lo que llegó un momento en que dieron el paso de sacudirse las leyes y la autoridad de la metrópoli y hacerse con el poder. De este modo podrían manejar todo a su antojo y sin la obligación de rendir cuentas; lo curioso es que, a pesar de sus proclamas, jamás contaron con la voluntad de los indígenas (que confiaban mucho más en los organismos españoles que en las autoridades locales), quienes veían la cosa como un enfrentamiento entre españoles, algo ajeno a ellos y sus problemas. En fin, los criollos emprendieron la guerra por el mando y terminaron ganando. Lo malo es que esa cultura de motín, sublevación, revolución, guerra y violencia se ha mantenido hasta hoy: basta echar un vistazo a la historia de cada uno de los países que entonces surgieron. Sí, desde el primer desembarco en Tierra Firme, la historia de Iberoamérica es una sucesión de cuchilladas y traiciones entre españoles y sus descendientes por ser los señores de una parcela de la nueva tierra.

Pero en la vieja España la cosa no era distinta. La Guerra de las Comunidades (lo de los comuneros de Castilla) tuvo un origen económico, aunque también fue un intento de las aristocracias urbanas por mantener privilegios y poderes medievales. La Guerra de Sucesión enfrentó a dos pretendientes a la corona española, lo que llevó a sangrientas batallas entre españoles (ayudados por franceses, ingleses, holandeses…). Los ‘pronunciamientos’ masónicos contra Fernando VII: Lacy, Porlier, el Triángulo o Rafael del Riego…, todo en pos del poder y todo cien por cien a la española. Las Guerras Carlistas dieron lugar a sangrientas batallas, asesinatos y ejecuciones masivas, todo protagonizado exclusivamente por españoles y dirigido por jefes que aspiraban a cuotas de poder si ganaba su pretendiente (Carlos o Isabel). Durante la Primera República Española se produjo uno de los levantamientos más chuscos de la Historia, la revolución cantonal, que llevó al clímax más disparatado de la lucha por el poder; se proclamaron independientes los cantones de Almería, Sevilla, Salamanca…, y claro, el de Cartagena; de este modo, muchos se hicieron la ilusión de que, así, tendrían un trozo de tierra que señorear, un sitio donde ser los amos. La Segunda República y la Guerra Civil son otras evidencias del impulso de lucha fratricida y a garrotazos que los españoles parecen llevar en los genes.

Y todo esto fijándose sólo en lo que tiene mayor relieve histórico, o sea, sin detenerse en los infinitos motines, sargentadas, cuarteladas, pronunciamientos y sublevaciones de toda clase que siempre tuvieron la obtención del mando (mucho o poco) como objetivo y a otros españoles como enemigos. Sí, en este viejo territorio nunca han faltado las peleas familiares, las guerras por ser el jefe, los enfrentamientos entre los que se creyeron poco menos que los dueños de su parcelita.

Ahora, como el país llevaba mucho tiempo sin gresca general, han aparecido los que, a imagen de muchísimos españoles de los últimos dos milenios, están dispuestos a todo para lograr un territorio donde mandar y ser obedecido. Es curioso, muchos de los que quieren dejar de ser españoles y afirmar no sentirse tal, en realidad están reproduciendo uno de los ‘tics’ más típicamente españoles, una de las características que define el ser español, que es eso de pelearse con los vecinos para ser el mandamás.   

CARLOS DEL RIEGO


miércoles, 20 de diciembre de 2017

LOS CENSORES DE LA CORRECCIÓN POLÍTICA Entre el vociferante y absorbente asunto de Cataluña se diluyen noticias o sucedidos que tienen gran interés, al menos tanto como el pelmazo procés. Una ‘cosilla’ que ha pasado casi inadvertida es la polémica foto del futbolista Griezmann en las redes sociales

Disfrazarse de Globetrotter con la piel blanca sí que
sería una burla

El caso es sencillo: el delantero francés del Atlético de Madrid se fotografió vestido de jugador de los Harlem Globetrotters (de los que se declara admirador), y como quiera que este peculiar equipo está integrado exclusivamente por hombres de raza negra, Giezmann se tiznó todo el cuerpo y se colocó la típica peluca… Tal fue el océano de indignación que causó entre los campeones de la corrección política que el futbolista quitó la foto y se disculpó: ganaron los nuevos inquisidores, los guardianes de las buenas costumbres, los únicos que saben del bien y del mal.

La cosa no deja de tener su gracia. ¿Alguien se imagina un base o un pívot blanco en ese equipo? No, y por otro lado, nadie diría por eso que son racistas. Es más, seguro que a ninguno de los Trotamundos de Harlem les parecerá mal o considerarán racista que un blanco se pinte de negro para parecerse precisamente a ellos; no se tiene noticia de que hayan publicado una nota de protesta. Asimismo, escudriñando comentarios en las redes no aparece nadie que se identifique como hombre de raza negra protestando y manifestando su indignación por la foto, o sea, ninguno de los opinadores se presenta como directamente ofendido. De esto se deduce que existen criaturas a la búsqueda de motivos para indignarse, gentes que llegan a tal arrebato de buenismo (que no es lo mismo que bondad) y de corrección política que terminan viendo terribles ofensas racistas donde no hay más que… molinos. Aunque ocurrió hace unos diez años, puede recordarse un caso muy parecido: el equipo español de baloncesto jugaba en China y, sin la mínima malicia, sus integrantes se hicieron una foto en la que hacían el típico gesto para que los ojos parecieran rasgados como los de la mayoría de los asiáticos; entonces saltó la legión de virtuosos y puritanos para apedrear a los desconcertados jugadores con epítetos que iban de racista para arriba; a raíz del revuelo, varios medios de comunicación hablaron directamente con chinos, tanto en España como en China, y todos, todos, señalaron que eso siempre les hacía mucha gracia y que de ninguna manera entendían el gesto como un insulto racista. En definitiva, parece un despropósito, un sinsentido que los aludidos por las fotos supuestamente ofensivas las vean con simpatía o ni siquiera les hagan caso, mientras hay quienes se adjudican su representación, se indignan en su lugar e inician la guerra de descalificaciones e insultos en la red.

Estos hombres y mujeres son como censores, como inquisidores que persiguen al hereje que altera la corrección política y contradice su visión de la realidad; de este modo, se  otorgan el papel de dictadores del uso de la palabra y de la imagen y, evidentemente, señalan a quien se sale de su realidad, que es la única que admiten. Y todo ello pasando por encima del verdadero sentir de los mencionados e imitados…, cosa que da igual: el inquisidor dice que pintarse de negro o poner ojos de chino es racista y no importa lo que digan los hombres de raza negra o asiática, en absoluto, lo único que conviene a la sociedad es pensar, hablar y actuar como el inquisidor ordena.

Con tales formas de entender la realidad es fácil caer en el más bochornoso de los ridículos: No hace mucho un reportero en una cadena radio daba una noticia que se refería a un hombre “afroamericano”, a pesar de que el tal era francés de, eso sí, padres marfileños. Y en una serie de televisión una chica blanca le dice a su compañero negro: “podemos hacer un arroz negro…, huy perdón”. ¡Qué despiste!, tendría que haber propuesto hacer un arroz afroamericano.

Lo malo es que, ante la posibilidad de quedar como racista por la foto del futbolista que admira a los Trotamundos de Harlem y se disfraza como uno de ellos, muchas personas optan por callarse o sumarse a la acusación aunque no la crean razonable. Y esto equivale a dar legitimidad a los nuevos inquisidores, vigilantes de palabras, gestos, poses, imágenes. En fin, estas personas pretenden ser los que examinan, los que califican, los que reparten carnets de buenos y malos, los que sentencien qué sentido tienen las palabras, cuáles utilizar y cuáles desterrar, o qué fotos son intolerables.

Los que quieren imponer su realidad, los que dictan cómo hablar y cómo disfrazarse se ven, en realidad, como auténticos quijotes que buscan “desfacer entuertos”, pero no se dan cuenta de que los gigantes contra los que creen combatir son inofensivos molinos.

CARLOS DEL RIEGO


domingo, 17 de diciembre de 2017

REFLEXIONES SOBRE LA MALDAD EN CLAVE DE ROCK & ROLL Aunque todo el mundo se comporta de modo canallesco a veces, son pocos los individuos que pueden calificarse como absoluta y esencialmente malos, pero cuando aparecen… El rock & roll también ha reflexionado sobre la maldad

Metallica convirtieron en rock un cuento de Hoffman dedicado a una especie de hombre del saco a la alemana en 'Enter Sandman'

Nadie es perfecto, cierto, todo homo sapiens se vuelve vil, cruel, dañino muchas veces a lo largo de su vida; ocasionalmente, pero así es. Sin embargo, por suerte, son menos quienes ejercer la maldad con gusto y con total desprecio hacia sus víctimas. La historia contiene una amplia lista de seres despreciables que se llevaron la vida de sus semejantes sin el mínimo remordimiento. Últimamente se han producido en España dos sucesos sangrientos y cobardes protagonizados por dos sujetos sanguinarios y cobardes (el que reventó la cabeza por la espalda a otro y el que en su huida iba matando a todo el que se le ponía delante); son dos ejemplares de mamíferos bípedos con todo su ser invadido por la maldad absoluta. El rock & roll, como reflejo de todo lo que al individuo se refiere, no podía dejar de tratar este asunto de la perversidad, dando como resultado algunas excelentes canciones; de hecho, hay cientos de títulos y letras que dan vueltas en torno a tan humano defecto.   

El malvado por excelencia es, claro, el jefe de las calderas de Pedro Botero, a quien no pocos grupos de metal suelen mencionar. Además, Rolling Stones regalaron en 1968 su hipnótica ‘Sympathy fort he Devil’ (lástima, compasión, piedad por el Diablo). Esta pieza extensa, complicada y con letra larga y explícita molestó a muchos por hablar abiertamente de malos y de maldad; inspirada en poetas y autores de oscura biografía y obra (Baudelaire), se refiere al Diablo, que es el maestro de ceremonias que narra y que se pasa la vida “robando almas”; así, asegura que acompaña a Cristo cuando Pilatos se lava y lo condena, y señala a las guerras y revoluciones como generadoras de maldad, a los asesinatos y magnicidios como efectos de la condición humana (todo ello con datos para identificar cada hecho)…; y siempre, en todos esos actos de vileza, él, el demonio siempre está presente. La atmósfera que se respira a lo largo de todo el tema es tribal, primitiva, con gritos, cambios de voz y sonidos inquietantes. Sí, el viejo Jagger se presenta aquí más diabólico que nunca…, aunque sin perder su elegancia británica: “llámame Lucifer (…) si me encuentras sé cortés, clemente y educado (…) o haré que se te pudra el alma”. ¿Está claro?

Malo malísimo es el personaje que Metallica insinúa en su ‘Enter Sandman’ (1991). El tema está basado en el cuento ‘Der Sandman’ (El hombre de arena), del autor romántico alemán E.T.A. Hoffman; el personaje al que se refiere es un equivalente al hombre del saco, aunque este ‘sacamantecas’ germano arroja arena a los ojos de los niños y se los lleva de comida a sus hijos. Metallica hizo la canción como el que da consejos al niño a la hora de acostarse “reza tus oraciones (…) mantente libre de pecado hasta que venga el Hombre de Arena”; a continuación señala la pura maldad: “no soñarás con Bancanieves, sino tendrás sueños de guerra, de mentirosos, de fuego”, y termina con un inquietante “no te preocupes por el ruido, sólo es el monstruo bajo tu cama”…, como queriendo decir que la perversión y la inmoralidad siempre están cerca de la persona. Como cabe esperar, las gruesas y poderosas guitarras, el ritmo y las voces encajan a la perfección con la intención del texto.     

‘Career of evil’ (1974) de los fabulosos Blue Öyster Cult también tira del heavy metal más sólido para hablar del mal. La letra es de Patti Smith y trata de un tío endiablado, perfectamente perverso y sin ningún límite ético o moral, como queda claro en los versos: “quiero que tu mujer sea mía esta noche (…) quiero robar y no me disculparé (…) es mi carrera de maldad (…) me gustaría tomar tu cerebro (…) me gustaría tomar a tu hija en un camino de tierra”. Evocador y muy a la clásica es el ambiente que crean, sobre todo la guitarra y el órgano, que hoy parecen casi de terciopelo pero que, entonces, resultaban demoledores. Siempre es gratificante recordar a esta banda.

Los terroríficamente divertidos The Cramps cantaron varias veces a estos asuntos de la malicia, aunque jamás abandonaron el tono humorístico y sarcástico. Entre sus títulos más recordados está el ‘Goo goo muck’ (1981), que aunque no sea de cosecha propia, ya se asocia a la singular banda californiana. Sus frases dan impresión de ser una seria amenaza: “Cuando se pone el sol me convierto en porquería pegajosa, (…) soy un cazador de cabezas que busca en la noche (…) sí, la ciudad es una selva y yo soy una bestia”, sin embargo, la bestia de la que habla es un adolescente en busca de ligues…, o sea, la cosa no va más allá del exceso de hormonas juveniles y poco tiene que ver verdaderas ganas de hacer daño. Su instrumentación esquemática (sin bajo) y la voz profunda e inquietante de Lux Interior redondean una canción que, sin duda, es sólo rock & roll.

No dejaron los imprescindibles Ramones de reflejar la maldad en temas como ‘Chainsaw’ (1976). El cuarteto se inspiró más de una vez en películas de terror y serie B, en este caso en la aquí se tituló ‘La matanza de Texas’, una peli en la que la maldad y el sadismo alcanzan cimas delirantes. El chirriante y aterrador sonido de la sierra de cadena se mezcla con la chisporroteante guitarra para conseguir un efecto devastador…, como si el horroroso ‘Cara de cuero’ te persiguiera con la motosierra pidiendo sangre. El texto, como habitualmente en Ramones, no da mucho de sí, y apenas hay insinuaciones, todo lo más: “tú nunca te irás de aquí (…) la matanza de la sierra de cadena de Texas (…) se llevaron a mi chica, pero tú nunca te irás de aquí”. No tiene gran cosa, cierto, pero su fuerte era el todo final, y no se paraban mucho en las letras, al menos al comienzo (hay que tener en cuenta que todo el álbum se grabó en una semana y costó unos seis mil pavos). La canción va de malísimos, sin embargo, los neoyorquinos lo presentan como una maldad en clave punk, simplona e irreverente, pero también ingenua.

Hay veces que hay que poner un poco de distancia para no dejarse llevar. Para eso, el R & R es ideal.

CARLOS DEL RIEGO


miércoles, 13 de diciembre de 2017

CÓMO PIERDEN EL TIEMPO LOS POLÍTICOS EN EL CONGRESO. La opinión que la mayoría de la población tiene de los políticos es mala, pero es que los profesionales de esta actividad no pierden ocasión de dar argumentos y motivos para apoyar aquella opinión: en el Parlamento de España se pierde el tiempo miserablemente.

El Congreso en España se ha convertido en una carpa de circo en donde lo que único que importa a muchos diputados es llamar la atención, salir en la foto.

En los últimos días (12-XII-17) los políticos que pueblan el Congreso español han malgastado el tiempo (que cobran a precio de oro) en cuestiones que no son, ni de lejos, las más importantes ni las más urgentes de las que preocupan al ciudadano. Pero es que, además, los profesionales del poder (cuyo principal objetivo es no bajarse del carro cueste lo que cueste) se han enzarzado en plantear leyes y proposiciones que pueden entenderse como contradictorias, incoherentes.  

Como si el país no estuviera amenazado por asuntos muy graves, las gentes encargadas de regular y legislar dedicaron tiempo a una propuesta para cambiar el nombre del Congreso de los Diputados, denominación que algunos-as entienden machista, ya que, explican, también hay diputadas; así, se propone que sea simplemente el Congreso, sin más. ¡Menos mal que hay quien se ocupa de las cosas trascendentes, menos mal que aquello que más preocupa a la ciudadanía se tiene en cuenta en el núcleo de la democracia española! Todo el mundo estará más tranquilo, puesto que si esto se resuelve convenientemente se habrá terminado con un problema que tiene obsesionada a la gran mayoría de la población… Ese tiempo, esas energías que se han gastado en simpleza semejante se podrían haber utilizado en pensar, debatir y buscar soluciones a alguno de los verdaderos problemas que tiene España, por ejemplo al tremendo atolladero demográfico en que se ha metido; y es que también se han difundido las cifras de nacimientos y muertes, y nuevamente son muchos más los que se van que los que llegan, situación que conduce a un auténtico desastre poblacional y, claro, social. Así, ¿qué es más urgente y trascendental, el nombre del Congreso o la pérdida continua de habitantes? Para gran parte de los que viven de la política hay que atender a los nombres de las cosas antes que alentar, subvencionar, facilitar la natalidad y buscar el modo de no perder más y más habitantes. 

Pero hay otros asuntos que, sin tener la mínima presencia en la lista de preocupaciones de la sociedad española, no sólo se llevaron también tiempo, ganas y fuerzas en el Congreso de los Diputados (de momento ese es su nombre oficial) sino que pueden llegar a ser contradictorios y moralmente cuestionables. Por un lado está la resolución de que las mascotas han de tener consideración de seres vivos y no de cosas (¿es que alguien lo dudaba?) y que deben ser tenidos en cuenta cuando se produzca una separación de pareja, de  modo que su custodia pueda ser compartida, y no pueden ser embargados (¿quién querría embargar un animal para tener la obligación de cuidarlo?); tremendo asunto que, al parecer, está entre lo más importante y urgente para la ciudadanía. Y por otro lado se propuso que las chicas de 16 años puedan ir a abortar sin el conocimiento de sus padres; es asombroso que a esa edad no se pueda votar, ni abrir una cuenta o sacar dinero del banco sin la presencia de papá o mamá, ni hacerse un tatuaje sin permiso de padre o madre, o que sin el papelito firmado no se pueda siquiera ir a la excursión del colegio… Sin embargo, gran parte de los miembros de la cámara exigen que a esa edad la niña pueda tomar una decisión que, sin duda, le resultará traumática y le afectará profundamente; ¿de verdad piensan sus señorías que una chiquilla de 16 puede ir sola a que le practiquen una operación, sea la que sea?, ¿mejor acompañada sólo por sus amigas?, y si se rompe una pierna ¿iría ella sola al hospital sin avisar o llamaría a sus padres?, ¿es más importante poner la escayola o una intervención para extraerle un ser vivo, algo que, sin duda, le dejará cicatriz para el resto de su vida? 

Sin entrar en el problema moral de acabar con la vida de un ser vivo de la especie humana, que es lo que en realidad ocurre cuando se practica un aborto, deja descolocado que los que ‘trabajan’ en el Parlamento estén más preocupados por el bienestar de perros y gatos que por la salud mental y física de muchachas de 16 años.
Es evidente que los encargados de legislar pierden mucho tiempo en cosas innecesarias y que no preocupan lo más mínimo al conjunto de los españoles. Y también lo es que, enredados en ‘gilichorradas’ y simplezas, descuidan otros problemas acuciantes, como el mencionado de la demografía o los que causan alarma social. Por ejemplo el caso del prehomínido que, si todo es como parece, mató a palos a un hombre por llevar la bandera española en los tirantes (este odio criminal a los símbolos nacionales sólo existe en España), un pervertido que ya había dejado tetrapléjico a una persona a pedradas, barbaridad por la que sólo pasó cinco años en la cárcel; esto es lo que debiera centrar la atención de los representantes políticos: evitar que las hienas rabiosas con delitos tan graves vuelvan a la calle a buscar víctimas, pues cada día que semejantes bestias estén libres se dedicarán a buscar a quién condenar a muerte o a una silla de ruedas.

Pero no, decenas de paniaguados con privilegiado sueldo público atienden a las mascotas y a los nombres de las cosas antes que preocuparse por la salud de las adolescentes y la integridad física de los ciudadanos.   

CARLOS DEL RIEGO


domingo, 10 de diciembre de 2017

MEMECES DE ESTRELLAS DEL ROCK VENIDAS A MENOS. Son de esperar, y casi siempre resultan divertidas, las excentricidades de la estrella del rock, sin embargo, a veces alguno se sienten tan henchido de espíritu mesiánico, de vocación redentora, que la cosa pierde la gracia. Eso sí, hay excepciones.

Johnny Rotten, el que fuera deslenguado solista de Sex Pistols, se ofrece para participar en el acomodaticio festival de Eurovisión. Vivir para ver.

Uno de los privilegios que tienen las estrellas del rock es que se permiten decir y hacer grandes estupideces y aun así no perder seguidores. Algunos que ya no tienen el peso informativo que tuvieron parecen obsesionados por mantenerse en portadas y titulares como si aun fueran los dueños de las listas; pero sus buenos tiempos han pasado y ya no pueden presentar méritos artísticos, así que se dedican a lanzar opiniones incendiarias o insultantes contra todo lo que les parece. De este modo también se hacen notar cuando publican disco. Y, por otro lado, también están los que, apartados de la ‘titularidad’, de vez en cuando encuentran el modo de ‘reaparecer’, aunque sea del modo más chusco.

Entre los que no pierden ocasión de demostrar su frustración y permanente insatisfacción consigo mismo y con el resto del género humano está Morrisey, propietario de un ego desmesurado y un pensamiento sectario. Es conocido que odia a muerte todo aquello que no le gusta y a todos los que no comparten sus opiniones. Entre estos últimos están quienes no son tan animalistas como él, por lo que de vez en cuando embiste como morlaco ante una muleta. Hace unos años corneó a Canadá y su gobierno por permitir la caza de focas…, y le contestaron en su propio lenguaje llamándole ‘gilipollas, ignorante y populista’, y le explicaron que sin la caza la población de focas se dispararía (ya hay superpoblación), además de que esa reguladísima industria da trabajo a miles de familias. La última de este dudoso y engreído cantante (al que corresponden no pocos méritos artísticos… en otro tiempo) es la defensa que ha hecho de algunos de los abusadores, acosadores y violadores de Hollywood; concretamente dijo que “si un chaval de 14 años se queda sólo en una habitación con Kevin Spacey es que sabe qué va a pasar”, y no contento con tamaña barbaridad, añadió que las denuncias contra el productor Harvey Weinstein proceden “de actrices a las que no les ha ido bien en sus carreras” y que “si hoy fueran estrellas no dirían nada”. Como puede deducirse, el muy imbécil culpa a las víctimas y disculpa a los agresores. No es extraño que algunos de sus colegas le hayan dicho de todo en las redes sociales. En todo caso, seguro que no pasa mucho antes de que el ex Smiths vuelva a proclamar su inmensa necedad.

Roger Waters, en otro tiempo genial autor de algunos de los mejores títulos de la historia del rock al frente de Pink Floyd, es otro personaje dado al exceso verbal y la hipocresía más flagrante. Millonario que vive como tal (su deslumbrante mansión en el lugar más caro de USA lo demuestra), gusta de presentarse como un anticapitalista combativo y de rancia verborrea. Una de sus últimas salidas de tono ha sido despreciar e insultar a algunos de sus colegas que han actuado recientemente en Israel, como Radiohead o Nick Cave, quien después de participar en el complot antiisraelí durante años desafió las presiones de Waters y la agrupación BDS (Boicot, Desinversión, Sanciones). Lo curioso es que el ex Pink Floyd ha sido boicoteado por una importante cadena de televisiones y radios de Alemania; al parecer, iban a retransmitir sus conciertos el año próximo en dicho país, pero han cancelado el compromiso acusándole de antisemita y de proferir “graves acusaciones contra los judíos”. Sea como sea, parece tonto pretender castigar a todo un país a causa de las acciones de su gobierno; es como si el músico británico, enconado y rabioso detractor de Trump, anunciara su renuncia a actuar en Usa mientras ese fuera su presidente…, cosa que ni se le pasa por la cabeza. Con esta actitud  Roger Waters deja otra vez constancia de su pensamiento dogmático y sectario, pues insulta y menosprecia a los colegas que tienen opiniones contrarias, es decir, exige libertad de expresión para levantar la voz contra Israel pero censura y no soporta que sus compañeros de profesión tengan otras opiniones.

A lado de cuestiones tan ‘profundas y trascendentes’ como esas, lo de Johnnny Rotten es cosa de mofa, befa y cuchufleta. Resulta que el que fuera solista de Sex Pistols se ha ofrecido a sí mismo pare representar a Irlanda en el festival de Eurovisión. Vivir para ver. ¿Quién hubiera sospechado que todo un icono de la música más soez, ordinaria, antisistema y combativa se presentara voluntario para tomar parte en el concurso más tradicionalista, conformista y mercantilista? En su día gritó contra la reina y el régimen británico, animó a la anarquía y se dijo el ‘anticristo’, y ahora está deseando codearse con los cantantes más remilgados y los shows más ordinarios en un entorno vulgar, grosero y, a la vez, políticamente correcto: “Sería un honor para mí”, dijo. Aunque, pensándolo bien, la cosa tendría su gracia.

Las escandalosas meteduras de pata de los dos primeros y el vergonzante ofrecimiento del tercero confluyen en una cosa: el ridículo. Resulta difícil imaginar al verdadero gran artista cayendo en el esperpento de un modo tan basto, tan zafio. David Bowie, por ejemplo, que hizo mucho más por los demás que aquellos dos y jamás se arrastró como el otro, nunca hubiera caído en tan grandilocuentes necedades. Como tampoco el recién fallecido rockero francés Johnny Halliday, bebedor pendenciero, mujeriego infatigable y amigo del exceso.  

CARLOS DEL RIEGO