domingo, 16 de septiembre de 2018

CANCIONES MÁS O MENOS ‘INSPIRADAS’ EN OTRAS El atraco a la propiedad intelectual es moneda de uso corriente, como puede comprobarse en cualquier momento. Otra cosa distinta es crear obra nueva a partir de una idea de otro, o sea, tomar la primera inspiración y luego construir algo original. En el rock abundan los dos casos


El jovencito Chuck Berry también se inspiró en lo que otros habían hecho.

Un autor puede inspirarse en una idea de otro para crear algo diferente, nuevo; por ejemplo, para escribir El Quijote Cervantes se inspiró en un cuento en el que un tipo se volvía loco por leer mucho…, y nadie se atrevería a decir que, sólo con esa idea,  cualquiera podría haber escrito fácilmente los 126 capítulos de la monumental obra. De hecho, los autores toman la chispa de la que sale su pieza artística de cualquier cosa, ya sea una situación que observan, una conversación que oyen o un instante de la obra de otro. Otra cosa totalmente diferente es el plagio, la copia, la apropiación del trabajo de otro, firmar como propio un estribillo escuchado previamente o suscribir párrafos, pasajes o capítulos de un texto ajeno.

Son muy abundantes los casos ciertos de plagio que fueron denunciados en la comisaría del rock & roll. Uno de los grupos que más han tenido que hacer frente a acusaciones de este tipo es Led Zeppelin, muchos de cuyos temas están inspirados en los de viejos ‘bluesmen’ de Chicago; sin embargo, la mayoría de las veces, lo que hicieron fue aprovechar un riff, una línea melódica o un par de versos para producir títulos con personalidad propia; eso la mayoría de las veces, claro, pues hay otras en que la ‘inspiración’ traspasaba la línea y se metía en el terreno de la copia; no será necesario recordar sus temas más señalados. Más recientemente, los británicos Oasis han tenido que afrontar una buena colección de querellas por esta causa. Y más cerca, el propio Carlos G. Berlanga reconoció que el éxito de Alaska y los Pegamoides ‘Bailando’ es una copia de una de los Gibson Brothers y de otra de Chic; y no es algo excepcional en el rock patrio...

 También es más que conocida la sospechosa coincidencia entre el estribillo y la estrofa (o sea, todo) de ‘My sweet Lord’ de George Harrison y el ‘He´s so fine’ (1963) de The Chiffons. El ‘Surfin´ Usa’ de Beach Boys es clavado al ‘Sweet little sixteen’ de Berry. El estribillo de ‘Hello, I love you’ de The Doors coincide con el de ‘All day & all of the night’ de The Kinks. John Lennon se apropió de un par de versos del ‘You can´t catch me’ de Chuck Berry para el ‘Come together’. El ‘Child in time’ de Deep Purple tomó demasiado de una de un olvidado grupo sicodélico llamado It´s a Beautifull Day. Y Pink Floyd, Eric Clapton, Status Quo, Michael Jackson, Rod Stewart, Rolling Stones…, ¡casi nadie se libra!  

Pero también hay casos en los que sólo se ha tomado un instante, una chispa, una idea para inspirarse y hacer una canción totalmente diferente, y a esto no puede llamársele plagio. El asunto es que también aparecen por esta sala (más benigna) de la comisaría del rock Led Zeppelin. Las letras de su ‘Trampled under foot’ se basaron en el ‘Terraplane blues’, escrita por Robert Johnson en 1936 (si éste hubiera vivido cien años se hubiera hartado de denunciar); además, también tomó un par de versos de una de Curtis Knight. Sin embargo, cuando la hacían en vivo o ensayando, metían arreglos y solos propios, con lo que la canción adquirió nueva identidad. También su gran ‘Whole lotta love’ cuenta con una potente inspiración, pues la letra está cimentada en ‘You need love’ de Willie Dixon (grabada por Muddy Waters en 1962), cosa que el grupo inglés reconoció al incluir a Dixon en los créditos de ediciones posteriores del tema. Desgraciadamente, Led Zep estará siempre señalado por la sospecha.

El primer supergrupo, Cream, también recibió demasiada ‘iluminación’ cuando grabó su ‘Strage brew’. Ésta está diseñada a partir de una pieza que Cream tocaba en los ensayos y tiempos de espera titulada ‘Lawdy Mama’, viejo blues de autor desconocido (su primera versión es de 1934) y que habían grabado desde Count Basie hasta Louis Armstrong. El trío inglés la publicó en 1966 según la versión que el año anterior había hecho Junior Wells, otro viejo ‘bluesman’ de Chicago (¡cuánto sacaron de esa ciudad rockeros de todo el mundo!). Eso sí, el productor, Felix Pappalardi, escribió una nueva letra a medias con su esposa Gail Collins (quien, dicho sea de paso, mató a su marido, Felix, tras discusión doméstica), y Eric Clapton se trabajó los arreglos. Es decir, la base es el antiguo blues anónimo, pero la canción tiene evolución y acabado propio.  

Uno de los grandes títulos emblemáticos de la historia del rock es el incontestable ‘La Grange’, de los texanos ZZ Top. El inconfundible riff que caracteriza a la pieza tiene una clara inspiración en el ‘Boogie Chillen’ (1948) de John Lee Hooker, pero escuchando los dos temas resulta evidente que ahí se terminan las coincidencias. Denunciados los ZZ Top por el tipo que poseía los derechos de ese ‘Boogie Chillen’, el juez concluyó que existían similitudes aunque bastante limitadas y, además, aquel tema de 1948 ya era de dominio público. El guitarrista Bill Gibbons explicó que el incendiario riff que preside toda la canción lo consiguió con “una Strat de 1955 y un ampli Marshall Super Lead 1969”, y también confesó que “son sólo un par de acordes y, además, son cien por cien Robert Johnson” (otra vez este). De paso puede recordarse que la letra va sobre un burdel conocido como ‘The Chicken Ranch’ o ‘El internado de la señorita Edna’, sito en la pequeña ciudad texana de La Grange.

El gran pionero Chuck Berry, uno de los ‘inventores’ del rock & roll, ha sido imitado, copiado, repetido, calcado muchas veces, aunque tampoco él está totalmente libre del pecadillo del exceso de inspiración. Por ejemplo, la inconfundible y emblemática entrada de guitarra del clásico ‘Johnny be good’ no es exactamente original, sino que es un trasplante del ‘Ain't that just like a woman’ que publicó en 1946 Louis Jordan; pero ahí termina el préstamo, el resto es producto del trabajo de Berry. Asimismo, su primer single, ‘Maybellene’ (1955), tampoco es cien por cien propio; él explicó que a principio de los años 50 escuchó en la radio un tema hillbilly, ‘Ida Red’, de un grupo country llamado Bob Wills & The Texas Playboys; cuando llevó una maqueta a Chess Records incluyó un canción titulada ‘Ida Mae’, la cual era una transformación de aquella ‘Ida Red’; al dueño del estudio le encantó, pero pidió a Chuck que cambiara el título para que no hubiera confusión, de modo que éste escribió una letra totalmente nueva (sobre coches) y la tituló ‘Maybellene’; la grabación debió resultar muy difícil, ya que hubo que hacer hasta 36 tomas. En fin, uno de los máximos inspiradores de la historia del rock también tomó alguna pizca de inspiración ajena.

Copiar, cortar y pegar, apropiarse del esfuerzo ajeno no sólo es un fraude, sino que el estafador siempre terminará desenmascarado. A la vista está…

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 12 de septiembre de 2018

EN LA CONQUISTA DE AMÉRICA NO SE HIZO NADA QUE NO SE HICIERA EN EL RESTO DEL MUNDO Cuando se mira de modo simplista y fuera de contexto la Conquista de América por España hay personas que tienden a llevarse las manos a la cabeza, pues creen que allí se cometieron actos desconocidos en el resto del planeta. La Historia dice lo contrario.

Barbarroja asoló el Mediterráneo en las primeras décadas del XVI, pero nadie se lo echa en cara a los turcos, pues la guerra es la guerra. 'Batalla de Privisa', del pintor turco Ohannes Umed.


Aunque sea pesadez, es preciso recordar que la mayoría de las muertes producidas en la América del siglo XVI lo fueron a causa de las enfermedades (más del 90%), pues los nativos carecían de defensas tras llevar muchos miles de años aislados del resto del mundo; esto quiere decir que, antes o después, cuando llegara el que llegara, europeo o asiático, la viruela, el tifus, la gripe o el simple catarro iban a causar la mortandad que causaron. Y es que en algún momento alguien iba a encontrarse con América, o sea, parece tonto pensar que este continente se hubiera mantenido aislado por los siglos. También hay que reconocer los excesos y violencias que perpetraron algunos españoles contra los indios, aunque también se mataron, traicionaron, asesinaron entre ellos sin el menor remordimiento. En realidad, tal comportamiento es común en todo el planeta en aquel momento, el siglo XVI, que es cuando se producen las conquistas españolas de los imperios Azteca e Inca.

Se puede hacer un rápido recorrido por las guerras, batallas y enfrentamientos de todo tipo que se producían en todo el mundo mientras los españoles se aventuraban por el Nuevo Continente; y de este modo se podrá comprobar que los sucesos americanos son prácticamente iguales a los europeos y asiáticos, o sea, los españoles llevaron a cabo sus conquistas de modo idéntico a como se hacían las cosas en cualquier otro lugar. Aquí va una muestra (muy grosso modo) de lo que pasaba por ahí en el XVI.

En realidad, en Europa lo normal era el estado de guerra, y todos los países eran campos de batalla. Batalla de Ceriñola (1503, se la tiene por la primera que contó con artillería y apenas duró una hora); Castilla y Aragón aplastan a Francia, que tiene más de 4. 000 bajas por sólo 100 los ‘españoles’. Batalla de Pavía, Carlos I vence a Francisco I de Francia en 1525, con 1.500 muertos en el bando español y 8.000 en el francés (más 5.000 mercenarios). Saco de Roma, 1527, tropas del Sacro Imperio (sobre todo lansquenetes, españoles e italianos, así como campesinos locales hartos de los abusos papales), saquean la ciudad y causan miles de bajas entre los romanos (a lo que contribuyó  la peste). Batalla naval de Preveza, 1538, los otomanos derrotan a la Santa Liga, que se retira con miles de muertos. Jornada de Argel, 1541, la flota de Carlos I y sus aliados huye con enormes pérdidas humanas y materiales (no se cuantificaron). Batalla de Cerisoles, 1544, entre el Sacro Imperio y Francia, alrededor de 10.000 muertos y heridos y otros 3.000 prisioneros.

Batalla de Mühlberg, 1547, el Emperador Carlos vence con relativa facilidad a la Liga de Esmalcalda, que pierde unos 8.000 hombres por unos 200 de España y Sacro Imperio. Batalla naval de Gelbes, 1560, casi 10.000 muertos en total. Sitio de Malta; en mayo de 1565 los otomanos asedian la isla, pero se retiran tras medio año y alrededor de 30.000 bajas, por unas 10.000 de los defensores. Batalla naval de Lepanto, 1571 (“la más alta ocasión que vieron lo siglos”, dijo Cervantes), en la que el que la flota de Felipe II y sus aliados (La Liga Santa), infringe una determinante derrota a los otomanos; la liga pierde 8.000 hombres y 13 barcos, mientras que los turcos sufren nada menos que 30.000 muertos, además de 8.000 prisioneros y más de 200 barcos hundidos.

Algo más al sur. Los otomanos dominan Egipto y Arabia al derrotar a los mamelucos, 1517. Dirigidos por el pirata-almirante Barbarroja asolan el sureste de Francia (1519) y muchos otros puntos de Mediterráneo (Alicante en 1518, Baleares en 1521). Derrotan en la batalla de Privisa (o Prevenza) a la Santa Liga en 1538). Por tierra, toman, queman, arrasan y saquean a conciencia Belgrado (1521) y Rodas (1522). En Hungría se libra la batalla de Mohacs (1526), en la que el otomano Solimán el Magnífico derrota a la coalición de Hungría, Croacia, Baviera, Bohemia... , con más de 20.000 muertos, muchos ahogados o perdidos en una zona pantanosa.

Al noreste. Los tártaros invaden Polonia en 1506; y arrasan totalmente Moscú en 1561, sólo dejan en pie el Kremlin (la fortaleza). Por su parte, los rusos invaden, saquean y queman año tras año territorios polacos. Rusia, con Iván El Terrible al frente, conquista Kazan (1552) y Astracán (1556) entre otras muchas acciones de guerra; sabiendo la violencia extrema con que Iván trataba incluso a sus allegados (los echaba a los perros, los hacía descuartizar…), hay que suponer cómo serían las campañas de su ejército.

En Asia. Batalla naval de Diu (India), 1509, los 18 barcos Portugal vencen a los 90 de otomanos y mamelucos con ingente número de bajas. El imperio mongol invade China y pone sitio a Pekín en 1550; el emperador mongol Akbar domina el norte de la India tras derrotar al imperio Suri en 1556, y posteriormente irá conquistando gran parte del subcontinente. El señor feudal Oda Nobunaga domina todo Japón (1560) tras diversas batallas y asesinatos. Batalla de Sekigara, en 1600, en la que se enfrentaron los dos clanes más poderosos de Japón, y en la que el número de muertos se cifra, en total, entre los 40.000 y los 50.000; en un solo día de choque hubo tiempo para batalla campal, asedio, traición y, claro, matanzas y ríos de sangre. En 1592 Japón inicia la invasión de Corea, durante la cual devastan sin piedad prácticamente toda la península; los nipones se retiran en 1598 al intervenir China.

En América, justo cuando llegan los españoles, hay guerra de norte a sur. Los aztecas tienen sojuzgados a los pueblos de sus alrededores, y el imperio inca se encuentra en plena guerra civil entre Huáscar y Atahualpa (1529-32); es lógico suponer que este estado de lucha no era puntual, sino habitual antes de la llegada de las carabelas.

Aunque parezca exhaustivo, todo esto es una visión muy por encima, hubo muchísimo más, y todo sin escatimar sangre, crueldad y fuego. Es decir, ya fuera por poder, por territorio, por riquezas, por soberbia…, la lucha era encarnizada, despiadada en todas partes. En la América del siglo XVI no ocurrió nada que no ocurriera entonces en Europa o Asia. Por eso es injusto y equivocado censurar los mismos actos en función de que los ejecuten unos u otros.   

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 9 de septiembre de 2018

EL ROCK, FUENTE DE FÁBULAS Y SUPUESTAS ‘CONJURAS’ El rock es filón inagotable de leyendas disparatadas, de historias de conjuras y maquinaciones que, por muy absurdas que sean, siempre cuentan con quienes están dispuestos y deseosos de creer.

Según muchos, la muerte de Elvis es una auténtica confabulación intergaláctica. La imagen es una simulación.


A pesar de que cualquiera tiene a su alcance toda la información de manera casi instantánea, hay veces que la evidencia no es suficiente para convencer a quienes creen solamente lo que quieren creer; o sea, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pueden mencionarse abundantes creencias que circulan por ahí solamente porque hay criaturas deseosas de desconfiar de la lógica y dar crédito a la astracanada más delirante; por ejemplo, hay quien se obstina en defender que no hubo viaje a la luna aun cuando se desmonten sus ‘certezas’, y hay quien está convencido de que las vacunas producen autismo a pesar de que si fuera así más de la mitad de la población mundial sería autista, y lo máximo, hay quien defiende que la Tierra es plana aunque vea un partido de tenis en Australia con el sol en todo lo alto mientras aquí es noche cerrada. Sí, las fábulas y los cuentos, cuanto más enloquecidos parezcan, más van a convencer a ese sector de la población que se dice a sí misma “a mí no me engañan”. Evidentemente, el terreno del rock es fértil para el crecimiento de imaginarias confabulaciones y delirantes historietas.      

Muy divertida por lo esperpéntica es una que asegura que Stevie Wonder ve, o sea, no es ciego y ha estado simulando, como montaje publicitario, durante toda su vida. El origen del supuesto complot (pues muchos tendrían que contribuir a la farsa) está en un intrascendente incidente durante un concierto que dio con Paul McCartney en 2010. Al pasar por delante de él, Paul golpea un pie de micro que se tambalea y va a caer, pero antes lo recoge al vuelo Stevie…, eso es suficiente para que la fábula tenga quien la de por cierta. La cosa es fácil, Paul choca con el micro que Stevie tiene delante, oye el golpe (tendría pinganillo), extiende el brazo y el pie cae sobre éste. Es desconcertante pensar que alguien esté convencido de que miles de personas se han confabulado para mantener engañado al resto del mundo por los siglos. Quien vea una foto de Wonder (que perdió la vista siendo bebé) sin gafas se reirá del asunto, como se ríe él cuando se lo comentan. 

Demencial es la que asegura que en la portada del ‘Breakfast in America’ de Supertramp (publicado en 1979) se anuncia el atentado terrorista contra las Torres Gemelas del 11-9-01. En esa portada se ven los edificios de Nueva York (simulados) con una sonriente y rolliza camarera que sujeta en alto un vaso de zumo imitando a la Estatua de la Libertad, y coincidiendo el vasito justo delante de las Torres; luego, para que la cosa ‘funcione’, hay que mirar la imagen en el espejo, y entonces la p puede parecer un 9 y la u el 11; y si a ello se suma que están justo sobre las Gemelas y que los ataques se perpetraron a la hora del desayuno (breakfast), los que ven fantasmas por todas partes no necesita más para convencerse de que los que idearon esa imagen sabían lo que iba a ocurrir 22 años después. 

Hasta el ingenuo ‘Hotel California’ de los Eagles tiene su ‘leyenda negra, pues ciertos ‘enteraos’ descubrieron en su letra referencias al satanismo, a la muerte, a la bestia, al infierno; además en la foto interior del Lp, en el triple arco de arriba a la izquierda, se ve una borrosa figura que se dijo era algo así como el fantasma del inventor de la iglesia de Satanás (¡toma ya!); y finalmente se rumoreó que las fotos están tomadas en terrenos sagrados. Más que suficiente para señalar la intención satánica. El caso es que las letras ni se acercan, la figura misteriosa es una modelo y las fotos son en hoteles. ‘Misterio’ resuelto, pero nunca se podrá convencer a los que creen que todo es un aquelarre. 

Todo rockero muerto que se precie tiene que poder exhibir alguna sospecha conspiranoica. Así, existe la creencia de que a Jimi Hendrix lo mató su manager, Michael Jeffrey, pues éste le había hecho firmar un seguro de vida con él como beneficiario, así que le dio los barbitúricos; claro que también se ha escrito que fue la mafia la que acabó con el artista. La muerte de Bob Marley, siendo tonta, no tiene pegas; le hicieron daño en un pie jugando al fútbol y cuando fue al hospital le detectaron un cáncer, él no quiso operarse por cuestiones religiosa y, cuando se decidió, era tarde; sin embargo, se ha especulado que fue la CIA, a la que molestaban sus mensajes pacifistas, y que un agente le dio unas botas que contenían un alambre con veneno y que cuando se las probó estaba sentenciado (desternillante). No podía faltar el asesinato de John Lennon entre la lista de fabulaciones; un tipo dijo que la CIA y el FBI querían acabar con él porque se manifestaba contra la guerra, y que para hacer el trabajo contrataron a Stephen King (sí, el escritor), ya que el tipo estaba convencido de que el de la foto en la que se ve a Lennon firmándole su último autógrafo es el famoso novelista.

Claro que si se trata de rumores y maquinaciones en torno a la muerte de una estrella, Elvis está por encima de todos. Los adeptos a las tesis del complot y la conspiración han encontrado cantidad de ‘pruebas’ de que Elvis no murió, sino que quiso apartarse de la fama (y cuidar de su salud) fingiendo su muerte para vivir lejos del mundanal ruido: una, la autopsia señaló como causa de muerte una arritmia, pero (dicen) eso no se puede ver en un cadáver; dos, la autopsia está legalizada con un sello muy antiguo y que ya no se usaba en aquel momento; tres, hay quien asegura haber visto algo parecido a sudor en el rostro de Elvis cuando estaba en su ataúd, lo que querría decir que era una figura de cera o algo así; cuatro, nadie ha cobrado su seguro de vida; cinco, en su lápida de su casa-museo, Graceland, su nombre está ml escrito (pone Arón y debería poner Aarón); seis, alguien reservó billete de avión a Argentina con el nombre que usaba Elvis para viajar de incógnito. Como puede comprobarse, son ‘evidencias irrefutables’. También está la variante ‘federal’ que asegura que el rey pertenecía al FBI y que, como sabía demasiado, se le metió en un programa de protección de testigos y desapareció. Y luego están los que aseguran, juran y perjuran haber visto a Elvis vivito y caminando…, avistamientos tan cotidianos como los de los ovnis. Lo que no es mentira es que el FBI tiene información sobre el cantante, aunque esto se ha aprovechado para afirmar que en ese dossier hay cartas firmadas por Elvis con fecha posterior a agosto de 1977.

Será cierto que cuanto mayor sea la mentira es más fácil engañar?

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 6 de septiembre de 2018

LA ERA DEL VINILO. ARETHA FRANKLIN Y OTROS GRANDES.

LA ERA DEL VINILO. Un pequeño espacio de radio musical con los clásicos en singles y elepés.

ARETHA FRANKLIN Y OTROS GRANDES. 
ARETHA FRANKLIN. 
RAY CHARLES. 
JAMES BROWN. 
NINA SIMONE

miércoles, 5 de septiembre de 2018

SÓLO ESPAÑA PODÍA DESCUBRIR Y ORGANIZAR UN CONTINENTE Analizando con rigor los conocimientos disponibles, puede afirmarse que, de toda la Europa de finales del XV, solamente España estaba preparada para emprender el viaje del descubrimiento. Además, ningún otro país hubiera sido capaz de organizar el nuevo territorio

Arriba se lee, Carolus V Tex Ispanie. Y abajo, Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por su Majestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios.


En las próximas décadas raro será el año en que no se cumpla medio siglo de alguna de las asombrosas aventuras que protagonizaron los descubridores españoles del siglo XVI. No faltarán quienes las juzguen y valoren con mentalidad e ideología actual, e incluso quienes les escatimen mérito o hablen de que todo fue una casualidad. Sin embargo, no fue casual que España se convirtiera en la primera potencia descubridora; e igualmente sólo este país estaba preparado para organizar y dar forma política y administrativa a todo un continente.

No fue ni suerte ni accidente que fueran barcos españoles los que encontraran esas nuevas tierras. La prueba está en los diez años que se pasó Cristóbal Colón dando la tabarra con sus planes a embajadores, dignatarios y cortes de media Europa antes de entrevistarse con Isabel de Castilla. En Portugal el proyecto no interesó porque ya tenían sus propias rutas hacia las Indias bordeando el extremo sur de África. Y tampoco llamó la atención a Inglaterra y Francia, países con medios materiales y técnicos suficientes, pero cuya mentalidad estaba aun anclada en la Edad Media. Es decir, los portugueses sabían cómo llevar a cabo la empresa pero tenían otras prioridades, mientras que los otros que pudieron patrocinar la aventura no tenían ni sabiduría ni competencia suficientes para realizarla. En otras palabras, el hecho de que el privilegio descubridor corresponda a España no fue ni casualidad ni coincidencia, al contrario, en aquel momento ningún otro país podía hacerlo: o los barcos de Isabel y Fernando o nadie.

Tan importante o más, tan difícil o más que el hecho de llegar allí antes que nadie y luego mostrarlo al resto del mundo, fue dar forma a los nuevos territorios, organizarlos, regularlos, dotarlos de autoridades, de leyes, de estructuras administrativas y de enseñanza (la primera universidad americana es la de de San Marcos, en Lima, Perú, que permanece abierta desde 1551; en el norte habían de esperar siglos)…,un proyecto de tal magnitud que ningún otro país con poder colonizador hubiera podido llevar a cabo por puro desconocimiento. La prueba es que la reina de Castilla y el rey de Aragón construyeron “la primera maquinaria estatal moderna en Europa, y la equiparon no sólo para administrar un imperio desde la metrópoli sino para exportar sus instituciones y funcionarios a nuevos territorios”, explica certeramente John Lynch en su muy recomendable ‘Los Austrias’. De hecho, lo aprendido en la larguísima reconquista proporcionó nuevas habilidades y, más importante, un nuevo modo de mirar a los rivales, todo lo cual fue puesto en práctica en la tierra recién descubiertas. Todos esos años de avance de norte a sur exigían repoblar y organizar el terreno reconquistado, dotarlo cuanto antes de instituciones, autoridades, leyes…, experiencia que fue exportada a la América hispana. En otras palabras, ya sabían cómo incorporar a la corona y cómo ordenar nuevos territorios; por el contrario, si ingleses, franceses u holandeses hubieran llegado antes, no hubieran sabido cómo organizar todo aquello.

Por otro lado, los siete siglos que los españoles habían estado en conflicto permanente les habían proporcionado mucha experiencia militar, de modo que quienes se aventuraron por el nuevo continente antes que nadie estaban más que preparados para batallas en campo abierto, escaramuzas, asedios, golpes de mano, resistencia al límite,  aprovisionamientos difíciles… Igualmente, también tenían experiencia en eso de pactar con ‘el enemigo de mi enemigo’; y es que fueron abundantes, durante esos 700 años, los tratos entre reyes y califas cuando había enemigo e intereses en común o buena recompensa. Esta forma de afrontar el enfrentamiento fue determinante para que los descubridores consiguieran aliados entre los propios nativos americanos, aprovechando los odios entre ellos y consiguiendo unas alianzas sin las que hubieran sido imposibles las victorias en México o Perú.

Igualmente, el muy duradero contacto con los musulmanes había vacunado a los españoles contra ese mal que es el racismo; así, en la Hispania de la reconquista, los cristianos tuvieron abundante descendencia con musulmanes, desde los reyes y los califas hasta el pueblo llano, por lo que no puede extrañar que el fenómeno del mestizaje fuera habitual en América desde el primer momento. La prueba es que no hay territorio en el mundo con mayor número y más alto porcentaje de mestizos que Hispanoamérica; es más, se puede comprobar cuántos mestizos dejó Inglaterra en la India, en Sudáfrica o en lo que hoy es Estados Unidos, cuántos Holanda en Sudáfrica, cuántos Francia en Argelia, cuántos Bélgica en el Congo..., prácticamente cero.    

También parece oportuno recordar que España fue la única potencia colonizadora que   promulgó leyes que protegieran al nativo, algo en lo que jamás pensó ninguna de las demás. Y es así desde el propio testamento de Isabel de Castilla, donde viene a decir que los indios han de ser protegidos y duramente castigado todo aquel que les engañe o haga mal. Luego se promulgarán las Leyes de Burgos (en 1512, en cuyo primer capítulo se lee: “los indios son hombres libres”), las Ordenanzas de Granada (1526, donde se prohíbe terminantemente la esclavitud de los indios) y Las Leyes Nuevas (1542, dice en su título “Leyes (…) para el buen tratamiento y conservación de los indios”). Es también el único país conquistador en el que se organizó una especie de congreso en el que los más destacados intelectuales de la época deliberaron y polemizaron sobre el asunto de los americanos: La Junta (o Controversia) de Valladolid, celebrado en 1550-51, que bien puede señalarse como la primera deliberación sobre Derechos Humanos de que se tiene noticia (las leyes antes mencionadas también apuntan en ese sentido). Lo sorprendente es que todas esas disposiciones legales que la administración española había previsto para defender al indígena fueron derogadas por los criollos que lideraron la emancipación y luego presidieron los nuevos países; entonces los indígenas perdieron hasta el derecho de propiedad de la tierra “que el régimen colonial español siempre les había respetado” (apunta la obra ‘Los pueblos indígenas de México’).

En resumen, no fue fortuito que sólo España apoyara el proyecto de Colón, como demuestran los años que éste estuvo ofreciéndolo a media Europa. Además, ningún otro país sabía ni tenía capacidad para ordenar y modernizar el Nuevo Mundo. Y si otro hubiera llegado antes, todo hubiera sido peor para los indios, mucho peor, como pone de manifiesto cualquier comparación con lo sucedido en otros lugares del mundo.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 2 de septiembre de 2018

LAS ESTRELLAS DEL ROCK TAMBIÉN SUFREN ACCIDENTES LABORALES Como en cualquier otro oficio, los que trabajan en esto del rock & roll también corren riesgos laborales y sufren enfermedades y accidentes profesionales. Y de ello no se libran ni las más grandes figuras

Pocas estrellas del rock se han entregado tanto y han sufrido tantos percances en el ejercicio de la profesión como Iggy Pop.


Toda profesión tiene sus gajes del oficio, y el rock & roll no iba a ser menos, es decir, quienes viven de este negocio también presentan dolencias típicas de su actividad profesional. Es más, teniendo en cuenta que cualquier suceso ocurrido camino del puesto de trabajo es considerado como dentro del horario laboral, bien puede decirse que el gremio del rock ha sufrido como pocos las desgracias relacionadas directamente con la actividad profesional. Pero además, hay otros peligros que acechan a quienes trabajan en primera línea del escenario, como muchos pueden testimoniar.

Sin la menor duda, los problemas de audición están entre las principales dolencias de los músicos de rock. Eso de estar horas y horas al lado de altavoces que rugen como demonios (en directo, ensayos o estudio) no es beneficioso para los oídos. Uno de los que han desarrollado insuficiencia auditiva es Pete Townsend, de The Who, cuya discapacidad tiene, además, un origen más concreto. En 1967 actuaron en un programa de televisión en Usa, y para la ocasión Keith Moon convenció a un técnico para que le construyera un pequeño cañón, colocarlo en su batería y dispararlo como traca final; hicieron una prueba en los ensayos que decepcionó a Moon, así que lo cargaron más, pero no se conformó, y a escondidas echó otro poco. Al final del ‘show’, tras los últimos acordes de ‘My generation, Townsend y Entwhistle comenzaron a usar su guitarra y bajo como si fueran mazos, momento que eligió el batería para hacer fuego…, justo en el momento en que Townsend pasaba por allí: la explosión le dañó seriamente los oídos y, de paso, le prendió fuego a su ya caliente cabeza. A pesar de todo, él dice que amplificadores y auriculares le han hecho más daño. Cosas de la profesión.

El siempre imprevisible, innovador y carismático Frank Zappa sufrió en sus carnes varios episodios violentos en pleno concierto, en pleno ejercicio de su profesión de músico; uno de ellos originó el ‘Smoke on the water’. Durante un concierto en Londres a finales de 1971, Zappa y su banda interpretaban una versión un tanto cómica del clásico de Beatles ‘I wanna hold your hand’, cuando saltó al escenario un espontáneo iracundo y vociferante que empujó al cantante, compositor y guitarrista, quien cayó estrepitosamente en el foso de la orquesta; quedó inmóvil, como muerto. El agresor huyó pero los fans se le echaron encima; no quedó claro el motivo de su locura: si se enfureció por la interpretación jocosa del tema de Beatles o si su novia le había confesado estar enamorada de Zappa, en todo caso, una majarada. Frank quedó relegado a una silla de ruedas más de un año, y desde entonces un permanente dolor de espalda le recordó aquel fatídico concierto en Londres. Pero el gran músico estadounidense se vio en otra parecida unos meses antes; tocaban en el Casino de Montreux, Suiza, cuando otro memo tiró una bengala que provocó un incendio que se saldó con varios heridos, el equipo quemado y el local destruido… Lo curioso es que allí mismo estaban los Deep Purple, que iban a grabar su nuevo Lp; éstos vieron el humo sobre el agua del lago Leman e idearon ese ‘Humo en el agua’. 

También son habituales las caídas provocadas por el fragor del rock & roll… La neoyorquina Patti Smith, en sus comienzos, convertía sus actuaciones en una exhibición de saltos, contorsiones y correrías por el escenario. En 1977 inició una gira con Bob Seger y su Silver Bullet Band, de manera que, de repente, todo estaba lleno de equipo, monitores, amplis, altavoces, músicos…,y luz muy escasa,  con lo que a los primeros brincos que dio se tropezó con algo y cayó desde una altura de unos cinco metros (al foso de la orquesta otra vez). Se rompió varias vértebras, incluyendo una cervical que le dejó un dolor crónico en el cuello. Puro accidente laboral.

Y es que la fiebre que provocan las guitarras y baterías puede conducir a la locura. Bien puede atestiguarlo Iggy Pop, quien a lo largo de su extensísima carrera ha llevado a su cuerpo a más excesos que una atleta de la antigua RDA. Además de sus esperados revolcones, desenfrenos y soeces provocaciones, una vez se llevó la del pulpo cuando se metió con unos gruesos moteros barbudos y tatuados; en otra ocasión se dio un revolcón sobre una alfombra de vidrios rotos, y en muchas más mordió el polvo de escenarios de medio mundo. Sí, ha sufrido como un mártir los gajes de tomarse tan a pecho su oficio, es más, podría pedir la baja permanente a causa de su cadera lesionada y su espalda desviada. Su último accidente laboral fue en 2011, cuando se rompió dos huesos del pie en otro suceso de escenario. ¡Cuánta abnegación, cuánto amor a la profesión! 

Michael Jackson tampoco se libró de las pegas y trastornos propios de su trabajo. Todo el mundo vio cómo las llamas lo envolvían mientras rodaba un anuncio en 1984: se acercó demasiado a un artilugio pirotécnico y se le incendió el pelo (impregnado en gomina o algo así) y la chaqueta, y además tanto él como el personal tardaron unos segundos en darse cuenta; la cosa se saldó con quemaduras de segundo y tercer grado en toda la cabeza y una persistente jaqueca. Igualmente se conoce aquella caída de una grúa durante un concierto en Múnich en 1999; el tipo se recompuso y siguió cantando y bailando, aunque luego, entre bastidores, se desmayó. Un dolor de espalda crónico le atormentó el resto de su corta vida.

También se sacrificó por el bien del espectáculo Prince. Como es sabido se ponía zapatos de tacón alto (de aguja) en sus conciertos, y con ellos bailaba, saltaba, corría… Lógicamente, eso repercutió en su espalda, que “le dolía siempre”, según la que fue su baterista Sheila E; el dolor era permanente y tan intenso que quienes estaban cerca a mediados y finales de los ochenta lo recuerdan con una fuerte cojera y desplazándose en un pequeño scooter. Se imponía una cadera de metal pero se negó por motivos religiosos (era testigo de Jehová), así que optó por los analgésicos, los cuales eran cada vez más y más fuertes y más y más cantidad. El desgraciado desenlace estaba cantado.   

En realidad, tarde o temprano todo músico de rock sufre accidentes en escena o padece los efectos perniciosos de su profesión. Así, durante un concierto del gran ‘soulman’ Curtis Mayfield, se levantó un viento tipo huracán que tiró toda la estructura del equipo de luces sobre él. Quedó en silla de ruedas de por vida y nunca pudo volver a tocar la guitarra, pues se le diagnosticó el síndrome de ‘manos fantasmas’. Al esperpéntico Marilyn Manson se le cayó, en otra actuación, una barra de hierro sobre su pierna que lo tuvo durante una temporada en silla de ruedas.

Aquí mismo, en una ciudad del noroeste español, Siniestro Total presentaba sus primeras canciones cuando una loca lanzó una botella a la cabeza del guitarrista Miguel Costas, que hubo de ser llevado a urgencias; el concierto se suspendió mientras otros músicos allí presentes repetían en voz alta “¡Accidente laboral, accidente laboral!”

Como puede verse, el escenario puede ser una trampa, y ahí está la interminable lista de accidentados a pie de obra para demostrarlo. 

CARLOS DEL RIEGO

LA ERA DEL VINILO. ANIVERSARIO DE ELVIS. ALGUNOS DE SUS NÚMEROS UNO


ANIVERSARIO DE ELVIS. ALGUNOS DE SUS NÚMEROS UNO

LA ERA DEL VINILO. Un pequeño espacio de radio musical con los clásicos en singles y elepés.



miércoles, 29 de agosto de 2018

UN SALTADOR DE LONGITUD CON UNA PIERNA ARTIFICIAL SUPERA A LOS OLÍMPICOS. PERO HAY TRUCO Los aficionados al deporte en general y al atletismo en particular se habrán llevado una gran sorpresa al conocer que un atleta paralímpico de salto de longitud lograba una marca con la que hubiera sido campeón olímpico absoluto. Pero la cosa tiene truco

Si se permiten las prótesis en el deporte de élite pronto se verán cosas así.


En el reciente Campeonato de Europa de Atletismo Paralímpico, el alemán Markus Rehm logró una marca de 8,48 metros en salto de longitud para atletas clasificados en la categoría T64, que está reservada a los que compiten con una pierna ortopédica. Con ese registro, Rehm hubiera sido campeón olímpico y hubiera conseguido medallas en campeonatos europeos y mundiales de categoría absoluta; tal vez por eso él tiene como máxima ilusión participar en esas tres competiciones. Sin embargo, y sin dejar de elogiar el mérito del deportista, ese tremendo salto se ha conseguido con ventajas, con trampas…, o sea, la comparación es ventajista e inadecuada.

Cuando se observa ese concurso de salto de longitud para atletas con una pierna de carbono (las cuales se llaman cuchillas) se comprueba que todos baten (dan el salto) precisamente con la prótesis, ninguno con su pierna natural, lo que quiere decir que se logran mejores resultados batiendo con la extremidad artificial; o sea, supone una ventaja respecto a las de carne y hueso. Por otro lado, al ver caminar a Markus Rehm se nota como cierta cojera, pues al apoyar la cuchilla se eleva ligeramente, lo que significa que es más larga de lo que sería su pierna natural; es decir, el brazo de palanca es mayor, con lo que consigue más potencia.

Al revisar el salto de 8,48 quedan patentes varias deficiencias importantes que, en caso de tenerlas los atletas que compiten sólo con huesos y músculos, jamás serían competitivos. En primer lugar se ve que Rehm llega a tabla notablemente más lento que los especialistas olímpicos; además sus movimientos en el vuelo son mucho menos ágiles y, en general, su técnica es bastante deficiente. Así, a pesar de esos defectos, ¿por qué habrá alcanzado esos casi ocho metros y medio?, ¿cuál es el elemento con el que compensa y supera esas evidentes limitaciones técnicas? La respuesta es evidente.      

Puede añadirse que ese postizo jamás sufrirá lesiones, con lo que el atleta nunca deberá recuperarse de una fascitis plantar, tendinitis, rotura de fibras, fractura de ligamentos…, el artefacto jamás le dará ningún problema, y si pierde eficacia se cambia, todo lo cual supone una ventaja cierta e importante. También hay que reseñar que su corazón no se verá obligado a llevar la sangre hasta los dedos del pie y luego subirla de vuelta.

Es oportuno preguntarse qué ocurriría sin un saltador sin discapacidad y que rondara los ocho metros y medio sufriera una desgracia, perdiera una pierna, se colocara la correspondiente cuchilla y volviera a la competición. Seguro que sus marcas mejorarían notablemente y repentinamente. De todas maneras hay que desear que nunca se pueda comprobar tal cosa.

Las propias firmas que comercializan estos aparatos dan algunos datos. Una pierna humana viene a pesar alrededor de 5,5 kilos, mientras que cada cuchilla sólo pesa 2,4 kilos (como las que llevó el asesino Pistorius en Londres 2012). Asimismo informan que “las prótesis no sufren fatiga muscular, un factor diferencial en pruebas más largas como los 400 metros”; quien haya corrido esta carrera (o conozca el atletismo) sabe que en los últimos 60 ó 70 metros los muslos arden, la zancada se acorta, aparece el temido ácido láctico.., pero con piernas de carbono todo eso desaparece. Asimismo se vanaglorian los fabricantes de que las cuchillas son cada vez mejores, con ángulos que permiten aumentar la potencia, diseños más avanzados que evitan la pérdida de energía en curva, materiales y aleaciones más y más sofisticados que devuelven más impulso… Y mientras tanto, los atletas enteros siempre arrastrando molestias y dolores en sus dos piernas, inflamaciones, sobrecargas musculares…

Digno de todo elogio es el atleta paralímpico que supera sus limitaciones físicas con ilusión, esfuerzo y constancia para tomar parte en competiciones deportivas. Pero para este tipo de deportistas se han ideado unos Juegos Paralímpicos y todo tipo de campeonatos nacionales internacionales. Por eso, porque ya tienen citas deportivas específicas para ellos, no deben pretender participar también en las reservadas a los que corren, saltan y lanzan con sus extremidades naturales.

Parece evidente, en fin, que el saltador de longitud en cuestión logró esos 8,48 metros gracias a la tecnología de su pierna ortopédica, o dicho de otro modo, es casi seguro que con sus dos extremidades naturales jamás habría alcanzado tal registro.  Por tanto, en términos absolutos, la marca tiene truco.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 26 de agosto de 2018

MUERE ED KING, DE LYNYRD SKYNYRD, GRUPO CUYA HISTORIA ES UNA CRÓNICA DE SUCESOS Pocos grupos han sufrido tantos reveses y desgracias como Lynyrd Skynyrd. Siempre se habla del accidente de avión, pero hay mucha más tragedia en esta banda. El guitarrista y autor de su emblemático himno, Ed King, es el último en caer

La trayectoria de los integrantes de Lynyrd Skynyrd es un sinfín
de sucesos y tragedias.


Cualquiera que tenga un mínimo interés por este asunto del rock reconocería el ‘Sweet home Alabama’ a los dos segundos. La guitarra que introduce el tema es la del también autor Ed King, que acaba de fallecer, parece que de cáncer de pulmón a los 68 años. Es la más reciente baja de una de las bandas de rock que más calamidades han sufrido en su trayectoria vital.

El grupo disfrutaba de enorme prestigio y popularidad, acababa de sacar un álbum y se disponía a presentarlo en directo. Era octubre de 1977 cuando justo antes de subir al avión que habían alquilado, algunos de los que iban a montar expresaron sus dudas sobre el bimotor; así, alguien le dijo a Ronnie van Zant (cantante y compositor) algo así como “si Dios quiere que palmes en este avión, es el momento de subir”, a lo que él respondió simplemente “venga amigos, que tenemos que dar un concierto”. Montaron y un par de horas después ambos motores fallaron; el avión caía sin remisión pero tardó no menos de diez minutos en estrellarse. En total iban 27 personas a bordo, de las que murieron siete, entre ellas Ronnie, el guitarrista Steve Gaines, su hermana Cassie, corista, y el manager Dean Kilpatrick; otros sufrieron heridas muy graves que dejaron secuelas. Todos los aficionados al rock saben del suceso, pero hay más, mucho más. 

Muertos aparte, uno de los peores parados de la catástrofe fue el guitarrista y fundador de la banda Allen Collins. Una vez en el hospital los médicos pidieron permiso a su padre para amputarle el brazo, que estaba en estado “catastrófico”, pero se negó y Allen conservó sus cuatro extremidades. El desastre le produjo otras secuelas. Tanto él como el guitarrista, compositor y fundador Gary Rossington confesaron sufrir horribles pesadillas que los llevaban una y otra vez a aquel avión; además, también mostraban un sentimiento de culpa: el síndrome del superviviente. Recurrieron a los calmantes y, desgraciadamente, al alcohol y otras drogas. Cuando ambos iniciaban una nueva etapa musical, la esposa de Collins, embarazada, murió de una hemorragia… Ante este panorama es fácil caer en la desesperación más absoluta: más drogas, más alcohol y, lamentablemente, accidentes de coche; en uno de ellos, en 1986, murió su novia y él quedó en silla de ruedas. No pudo participar en la reunión del año siguiente, no podía tocar. Cuatro años después murió de neumonía sin haber cumplido los 38. La desgracia se cebó con él.  

El mencionado Gary Rossington burló a la muerte aquel fatídico día de octubre de 1977, aunque se rompió todo lo rompible: piernas, brazos, pelvis, costillas…, pero con unas cuantas placas de metal por aquí y por allá, se recuperó, aunque con fuertes y permanentes dolores en las piernas. El caso es que ya había evitado a la Parca un año antes, cuando, borracho, estrelló su nuevo deportivo contra un árbol, después de derribar un poste telefónico y chocar contra una casa. “El muy estúpido se desmayó al volante”, dijo Ronnie van Zant, que iba con él. A principios de siglo le detectaron gravísimos problemas cardiacos, por lo que le practicaron un quíntuple baipás. Hace tres años Rossington sufrió un infarto que lo mantuvo horas entre este y el otro barrio, pero volvió a esquivar la guadaña. El año pasado fue operado a corazón abierto con buenos resultados, entonces Gary confesó estar seguro de haber sufrido infartos en más de un concierto (el pulso del rock & roll debió sostener el de su corazón). Ojalá mantenga esa mala salud de hierro mucho tiempo... y desvele cómo ha logrado librarse tantas veces.

También el bajista Leon Wilkeson sobrevivió a aquella catástrofe aérea, aunque con “daños masivos”: enorme pérdida de sangre, fracturas múltiples en mandíbula y dientes, brazos y piernas; los informes certifican que su corazón se detuvo dos veces en el quirófano. Las heridas de su brazo izquierdo se infectaron y estuvo a un paso de perderlo. Se salvó del accidente, pero las secuelas se lo recordaron siempre: varios nervios de ese brazo sufrieron daños graves, lo que le restó mucha movilidad (desde entonces tocaba con el bajo casi vertical). Además, en los primeros noventa del siglo pasado, cuando iban en autobús a un concierto, alguien aprovechó que estaba dormido para rajarle el cuello…; se despertó casi ahogado por su propia sangre, pero salió de esa. Nunca se aclaró quién había sido ni porqué (seguro que las drogas influyeron), aunque entre los sospechosos estaban su esposa y el recientemente fallecido Ed King. En 2001, a punto de ir a juicio por conducir ebrio y/o drogado, lo hallaron muerto en su habitación de un hotel. Entre otros males, sufría enfisema pulmonar y cirrosis hepática, con lo que la ingesta de drogas sólo fue la gota que colmó el vaso, informó la autopsia.     

El teclista Billy Powell fue de los que salieron del accidente con heridas menos graves, aunque estuvo a punto de quedarse sin nariz, ya que “se me rompió el cinturón de seguridad y me estrellé de cara contra una mesa”, explicó. Salió tan bien parado (eso sí, le hicieron una cara y una napia nuevas) que fue el único que pudo estar en el funeral de sus compañeros Ronnie, Steve y Cassie (los demás estaban convalecientes). En 2009 llamó a la policía y, entrecortadamente, dijo que no podía respirar y se mareaba. Cuando llegaron estaba inerte, intentaron reanimarle pero esta vez la Parca se lo llevó. Al parecer no había acudido a sus citas con el cardiólogo.

Otro de los supervivientes con daños leves fue el batería Artimus Pyle, que apenas se fracturó unas costillas. Tras ‘aterrizar’, él y dos afortunados más caminaron por el bosque donde se estrelló el avión hasta llegar a una casa, cuyo dueño al verlos se asustó y (típico de USA) sacó la escopeta y pegó un tiro al aire de advertencia. Pyle le gritó lo del accidente y todo se aclaró. Quien sí murió en accidente de avión fue su padre, que fue embestido por un reactor mientras pilotaba una avioneta. Artimus, que siempre fue el conciliador del grupo, nunca dejó de recordar y relacionar los dos accidentes que tantos seres queridos le habían costado. Sigue en activo.

Los biógrafos de Lynyrd Skynyrd especifican que las relaciones entre sus integrantes siempre fueron en tono grosero, altisonante y, a menudo, con violencia. Se cuenta que el solista, Ronnie van Zant, se sentía poco menos que un padre para los demás, aunque, eso sí, un padre alcohólico, iracundo y maltratador. También explican que Ronnie los encerraba en el local de ensayo (le llamaban la casa-infierno) durante horas y horas con un calor asfixiante. Aquel trabajo terminó por surtir efecto profesional, pero las giras continuas y una amplia, constante y segura provisión de alcohol y drogas envenenó las relaciones entre ellos. Entre las muchas peleas se recuerda una que comenzó en un bar de Munich y que continuó en el hotel; Ronnie estrelló una botella en la cabeza de un asistente y, con los trozos, cortó las manos de Rossington; al día siguiente tocaron, éste y Ronnie (que se lesionó tras soltar unos cuantos puñetazos) con las manos vendadas. En fin, las peleas entre ellos eran continuas y, muchas veces, sangrientas.

¡Pobres estrellas del rock! Para las de Lynyrd Skynyrd no ha habido ‘sweet home’.

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 22 de agosto de 2018

CRÍTICAS (A TORO PASADO) PARA LA POLICÍA QUE ABATIÓ A UN TERORISTA Una buena polémica se ha desatado con motivo de la actuación de una policía de Barcelona que disparó con su arma a un hombre que, gritando, la amenazaba con un gran cuchillo. Muchos, desde la seguridad y a toro pasado, reprochan lo que parece legítima defensa

Ese cadáver hubiera sido el de la policía si no se hubiera defendido.


Como se ha explicado, los hechos tuvieron lugar en una comisaría a la que el tipo entró de madrugada vociferando en árabe. Lo curioso del caso es que la familia del muerto ha presentado querella contra la policía; es más, con total seguridad, hay criaturas en todo el país que afean, censuran e incluso condenan la actuación de la uniformada, señalando que debió buscar otras formas de neutralizar al navajero…

Lo primero que hay que señalar es lo fácil que resulta opinar sobre situaciones extremas y que duran un instante desde la comodidad y seguridad del sillón de casa, de la barra del bar, del estudio de radio o de la poltrona de la sala de vistas. Además, cuando ya ha pasado todo y conociendo los detalles del suceso se es siempre muy valiente. Así, hay quien señala que el agresor no era estrictamente un terrorista, puesto que en su casa y su ordenador no se han visto evidencias de contacto con los grupos yihadistas y, por tanto, no debió ser tratado como tal… Hay muchos que opinan que el policía, cuando se le echa encima un facineroso armado, enloquecido y vociferante, debe informarse antes del motivo de su actitud: “oiga ¿es usted yihadista o su intento de acuchillamiento obedece a otras causas?” tendría que haberle preguntado, e incluso haberle obligado a rellenar un cuestionario en el que quedaran perfectamente claras sus intenciones. Es decir, ¿está obligado el servidor público a correr un riesgo cierto y elevado antes de hacer uso de sus defensas?

También están los que creen que en tales situaciones hay que tratar de capturar vivo al terrorista (para interrogarlo) disparándole a las piernas…, gran estupidez si se tiene en cuenta que no es extraño que el asesino suicida lleve un cinturón de explosivos y espere a estar rodeado para hacerlo detonar. Si esto hubiera sucedido, seguro que muchas opiniones de comentaristas, políticos y ciudadanos serían distintas; en fin, que se es muy valiente, cerebral y razonable sin correr riesgo y desde la tranquilidad, sin que el miedo y la adrenalina intervengan, sin jugarse la vida, vamos.  

Según ha declarado la agredida, toda la acción duró menos de quince segundos, en los que ella esquivó una primera puñalada y luego el tipo la persiguió cuchillo en alto, es decir, se vio obligada a tomar una decisión instantánea, casi automática, casi un reflejo, una decisión en la que prima la defensa, el instinto de supervivencia. Por otro lado, un criminólogo estadunidense ha enunciado lo que se conoce como la ‘regla de los 21 pies’ (6,5 metros), que viene a decir que cuando un agresor armado con arma blanca se abalanza sobre alguien que tiene pistola al cinto, éste sólo tendrá posibilidad de hacer uso de su arma si el del cuchillo está a más distancia, o lo que es lo mismo, cuando el esgrimista está a menos de 6,5 metros, no hay tiempo para desenfundar, quitar el seguro, apuntar y disparar; hay que tener en cuenta que el atacante tardará menos de 1,5 segundos en recorrer esos 6,5 metros y asestar la primera puñalada.      

En esa comisaría de Barcelona, la policía y un compañero gritaron al individuo del baldeo, quien siguió avanzando y amenazando hasta que ella disparó. Nadie, por mucho que se diga desde la comodidad y la seguridad, hubiera actuado de modo distinto en aquellas circunstancias. Nadie. Tal vez al revés, tal vez los que ahora se las dan de valientes, llegado el momento dispararían primero y preguntarían después.   

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 19 de agosto de 2018

LA CARA MÁS FEA DEL FESTIVAL DE WOODSTOCK Pocos nombres hay tan evocadores para el amante del rock & roll como Woodstock: grupos legendarios, interpretaciones históricas, imágenes emblemáticas, buen rollo.Tres días de ‘paz y música’, aunque también hubo página de sucesos con dos muertos

Tal cantidad de gente atasca carreteras, colapsa los servicios, consume y ensucia en cantidades industriales, sobre todo si se esperan 50 y se presentan 500.


 Tres días de ‘paz y música’, aunque también hubo página de sucesos con dos muertos 
En agosto de hace 49 años tuvo lugar el Festival de Woodstock, el festival de festivales, la gran referencia, el que más gente congregó, el que recogió el espíritu de la generación hippie. Fueron tres días de convivencia, de fiesta y conciertos legendarios. Sin embargo, además de la juerga del barro y de las múltiples estampas de amor y fraternidad, también hubo no pocos incidentes y sucesos indeseables. Lógicamente, la inolvidable película no enfoca más que al escenario y a un público feliz (se cifra en cerca de medio millón), sin aludir a los serios problemas que una ocasión tan enorme conlleva.

Casi todos los ‘contratiempos’ fueron causados por la desorganización surgida de una inesperada masificación. Pero tampoco puede decirse que los organizadores fueran los únicos culpables. De entrada, a última hora les negaron el lugar previsto, con lo que comenzaron las prisas e improvisaciones para cambiar el emplazamiento. Para el día de comienzo estaba casi todo listo, aunque no se previó el gentío que allí se congregó; curiosamente se atendió menos al vallado, a las taquillas, al control de las puertas de entrada, así que llegó un momento en que, ante una creciente muchedumbre que esperaba, hubo que abrir y permitir que entraran cien mil, doscientas mil, cuatrocientas mil personas más de las esperadas. Se previeron unas  50.000 personas y se presentaron cerca de 500.000. No hubo modo de controlar aquello.  

En un mogollón de tal calibre hay que hacerse a la idea de enormes atascos e infinidad de problemas de tráfico. Y la cosa empeora notablemente si esperas a cincuenta y se presentan quinientos. No sólo se produjeron atascos de veintitantos kilómetros, sino que muchos optaron por abandonar el coche y caminar, mientras otros decidían acampar allí mismo; en todo caso se volvió imposible circular, cosa que debió calentar a más de uno; además, todos los que vivían a lo largo de esa carretera quedaron atrapados. Por ello, no pocos artistas hubieron de ser trasladados en helicóptero. ¡ Hay que imaginarse ese panorama! Pero el tráfico no fue lo peor.

Típico de reuniones tan masivas son las inevitables colas ante los servicios. Lo malo es que nadie previó que acudiera a Woodstock tanta gente, tanta que se convirtió en un festival gratuito. Con la multitud, los asuntillos se convirtieron en problemones, como el  de los retretes. Había un baño por cada 850 personas, y además no evacuaban, sino que almacenaban, y luego pasaba el camión a recoger…Además, lógicamente, el público iba a hacer sus necesidades entre concierto y concierto, o sea, todos a la vez. Las colas eran kilométricas, la espera podía durar horas, y cuando llegaba el turno había que vadear ríos de pises que fluían y se mezclando con el barro…, antes de comprobar que  las tazas rebosaban y esparcían su hediondo contenido. Debía apetecer poco poner una guinda a la montaña… Pero esto tampoco fue lo peor.

Claro que para ir al wáter antes hay que comer y beber. De nuevo el exceso de personal colapsó los puntos de venta de comida, que además no debía ser muy buena. A lo largo del segundo día, y visto que la oferta no podía satisfacer la demanda, los vendedores cuadruplicaron sus precios, o sea, lo que costaba medio dólar pasó a costar dos, y lo que costaba uno de repente marcaba cuatro. No extrañará que, tras colas de una hora y unos precios inflados, algunos asistentes (al grito de ‘paz y amor hermano’) derribaran e incendiaran un  par de puestos. Como solución de emergencia se repartió comida, unas tazas de algo parecido al muesli. El hambre que pasaron tampoco fue lo peor.

También se aseguró que hubo estúpidos que no se conformaron con vender drogas, sino que la echaban (LSD) en la bebida y luego la ofrecían fraternalmente a los vecinos que, sedientos, echaban buenos tragos; incluso se aseguró que la vertieron al azar en cualquier vaso sin vigilancia. Así, mucha gente que ‘no estaba en la onda’ lo pasó fatal, incluyendo algunos niños. Uno de los organizadores, parece que escarmentado de otras, afirmó que no aceptó ninguna invitación. Por su parte, los equipos médicos, que tampoco eran especialistas en el abuso de drogas, no tenían tregua: sobredosis, borracheras, ‘malos viajes’ (se informó que cada cuarto de hora llevaban media docena de alucinados), y también accidentes, llagas y heridas en los pies, golpes de calor…, en fin, que las tiendas-dispensario estuvieron colapsadas de principio a fin. El personal médico trabajó a destajo y con buenos resultados en unas circunstancias extremas: trataron casi mil viajes enloquecedores y otros tantos casos de heridas en los pies, unos 175 ataques de asma, cientos de lesiones de todo tipo y cientos de afectados por dolores diversos (sobre todo en la barriga), más de 50 insolaciones, ataques epilépticos... De hecho, alguien dijo que aquello pudo ser una gran tragedia, pues con los accesos atascados era imposible el paso para vehículos de emergencia. Pero los problemas clínico-sanitarios no fueron lo peor.

Hoy, casi medio siglo después, en una concentración de alrededor de 500.000 personas seguro que se producirían infinidad de incidentes de carácter violento. Sin embargo, en Woodstock 1969 apenas se produjeron peleas, agresiones, robos… Dejando aparte los puestos incendiados o las discusiones en las colas, fue en el escenario donde se produjo la escena más violenta. Durante el concierto de The Who saltó al escenario un activista político, un espontáneo, un ceporro convencido de que su causa era lo más importante del mundo, agarró el micrófono y se puso a berrear su soflama. Hay dos versiones sobre lo que sucedió después: una dice que, tras unos segundos de estupor, Pete Townsend le sacudió un guitarrazo en la cabeza (estaba muy entrenado) que hizo huir al imbécil; la otra especifica que el porrazo con la Gibson SG que tocaba Pete fue tal que derribó del escenario al tontorrón. No, no se puede decir que hubiera mucha violencia.

Lo peor de aquellos tres días fue la muerte de dos personas, un joven militar que se metió una sobredosis de heroína, y un chaval de 17 años llamado Raymond Mizak que pereció de modo muy sucio. En la mañana del segundo día, este joven dormía dentro de su saco, que también le cubría la cabeza para protegerse de la lluvia. Seguramente, en total oscuridad cuando buscó dónde pernoctar, no se dio cuenta de que estaba en una montaña de basura. Por desgracia, aun dormía cuando llegó un tractor que remolcaba una cisterna cargada con aguas fecales (lo recogido de los váteres), cuyo conductor no pudo ver que, entre el inmenso montón de desechos, había alguien que no debería estar allí; así que volcó su carga de excrementos, que aplastó al desgraciado. En cuanto se dieron cuenta de la catástrofe se hizo todo lo posible por el chico, pero al parecer murió en el acto, estrujado, asfixiado por miles y miles de kilos de…

Y para algunos músicos, al menos los que tuvieron que tocar en medio del chaparrón a las tantas de la madrugada, tampoco fue todo tan maravilloso, pues no debe ser fácil tocar mientras te llevas buenas descargas eléctricas.

No todo fue legendario ni tan glorioso en Woodstock. Sea como sea, ¡quién hubiera estado allí!

CARLOS DEL RIEGO