miércoles, 21 de junio de 2017

LOS NAZIS QUE DESEAN LA MUERTE DE TOREROS Y TAURINOS Con la muerte en la plaza de otro torero han vuelto a reproducirse en las redes sociales (y más allá) las burlas contra el muerto y sus familiares, así como el deseo de que todos los matadores y todos aficionados a los toros sigan cuanto antes el mismo camino.

El führer sentía mucho cariño por los animales,
pero ninguno por las personas

Estas mentes no tienen capacidad suficiente para entender que hay personas con otros gustos y motivaciones, con otros objetivos y prioridades, con otra educación y otra circunstancia…, en resumen, no son capaces de asumir que haya quien piense distinto. Están tan engreídamente convencidos de su idea que no les cabe en la cabeza la posibilidad de que otros difieran de esa su verdad absoluta. Si se reflexiona sobre ello no es difícil definir ese modo de proceder mental que lleva a desear la muerte de todo aquel que se enfrente a sus convicciones; la palabra es fanatismo, puesto que estas gentes han hecho de su idea el absoluto, con lo que les es inconcebible otra manera de pensar.

Lo de desear la muerte de todo discrepante molesto a la vez que se defiende a ultranza el bienestar de los animales ya ocurrió… en la Alemania nazi. Sí, cuentan los historiadores que Hitler sólo se ponía tierno con sus perros y que sólo demostró verdadero cariño (mucho más que hacia Eva Braun) cuando acariciaba a su perrita ‘Blondi’; asimismo se sabe que el odioso personaje era vegetariano y que, por unas u otras razones, dictó unas normas muy duras contra el que maltratara, dañara o diera muerte a cualquier animal de un modo innecesario y sin seguir las leyes establecidas. Se sabe de unos berlineses que, en 1945, con los rusos en las afueras y acosados por el hambre y la necesidad, encontraron un caballo reventado por un obús en plena calle, así que se pusieron a trocearlo y repartirlo para comérselo; en estas apareció uno con el uniforme de las SS que les preguntó amenazante si ese animal había sido sacrificado cumpliendo la ley (‘Berlín 1945, La caída’, de Antony Beevor). Por muy asombroso e increíble que parezca, quienes liquidaron sin esconderse a todos sus rivales políticos, a comunistas, socialdemócratas, homosexuales, lisiados, gitanos… y claro está, a seis millones de judíos, manifestaron una preocupación exquisita por la situación y el trato a los animales.

Aunque aquella abyecta desproporción está a años luz del asunto en cuestión, su base, su esencia es la misma, es decir, quienes odian a muerte a toreros (y a aficionados, y a carnívoros…) hasta el punto de desearles rabiosamente la muerte más cruel, están llevando a cabo el mismo proceso mental fanatizante que los nazis: defender a toda costa al animal y liquidar gente o desearlo sin pestañear, o lo que es lo mismo, unos y otros ven horroroso matar animales y no tanto matar hombres (o niños enfermos). Otro punto en común entre los animalistas violentos (hay muchos defensores de bestezuelas que no lo son) y los nazis es que no soportan que se les lleve la contraria, de modo que cuando eso ocurre se enfadan, gritan, amenazan, insultan y, llegado el caso, agreden (como al torero que fue reconocido y apaleado por estas nuevas juventudes hitlerianas). Habrá quien diga que el nazi es el que lleva al animal a la plaza, al matadero, al laboratorio…, pero la realidad dice que los nazis repudiaban y vigilaban esas prácticas mientras enviaban a la gente a la cámara de gas.    

Se puede defender a los animales y evitarles todo daño innecesario (cosa que es una obligación moral de las personas), pero se pierde toda la razón si a la vez se desea la muerte de toreros y aficionados al toreo, se califica de asesinos a quienes consumen carne o cualquier otro producto animal y, en fin, o se desprecia ‘a muerte’ a todo el que utiliza animales.     

Y por otro lado, este sentimiento animalista existe desde hace muy poco tiempo, mientras que el aprovechamiento de los animales por parte de los humanos es una constante desde la aparición del primer homo, hace millones de años; por ello, hay que reconocer que es imposible modificar esta práctica de un día para otro, que es en lo que parecen haberse empeñado algunos personajes con mentalidad absolutista…, y más difícil será extender esa sensibilidad tirando de violencia, pues los que se sientan agredidos se defenderán. Es decir, si ese sentimiento animalista sigue aumentando hasta que atraiga a una gran mayoría de la población, la cosa se resolverá por sí sola. Un ejemplo es la contaminación y el cambio climático: aunque existan criaturas empeñadas en negar la evidencia, es innegable que hoy, más de medio siglo después de que el sentimiento ecologista diera sus primeros pasos, son muchos los millones de personas concienciados e incluso comprometidos con este problema; la preocupación por el medio ambiente ha penetrado en las sociedades occidentales, pero se ha necesitado algo de tiempo.


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 18 de junio de 2017

LA BANDA SONORA DE AQUELLAS ELECCIONES DE 1977 Un día de junio de hace cuarenta años España volvió a experimentar el regusto de unas elecciones generales. Pero, ¿qué música se escuchaba cuando callaba la propaganda, qué canciones sonaban a la hora de ir a votar?

De las canciones que más se escuchaban en aquel 1977 tal vez sea el 'Hotel California' de los Eagles la que, 40 años después, mejor mantiene su encanto.
A pesar de que aquello de las votaciones (además del antes y el después) era portada y comidilla general, la gente no dejaba de escuchar las canciones que sonaban en ocasión tan señalada. Eso sí, todo eran discos de vinilo y cintas de casete, es decir, el formato físico era obligado. Así, quienes tengan ciertas edades recordarán sin mayor esfuerzo algunos de los títulos que sonaron insistentemente y que fueron algo así como la banda sonora de unos momentos inolvidables. Por ejemplo, puede decirse que nadie que entonces tuviera uso de razón habrá olvidado aquel ‘Libertad sin ira’ de Jarcha, uno de los temas centrales de aquella aventura. Además, en aquel inolvidable 1977 hicieron fortuna cantantes patrios de música ligera y melodramática como Camilo Sesto, Miguel Gallardo, Perales, Ana y Jhonny, Pablo Abraira, Miguel Bosé o el entrañable Demis Roussos; ¡qué fuerte sería escuchar hoy todos aquellos éxitos!, casi siempre volcados hacia aquel fenómeno típico del primer post-franquismo llamado ‘destape’, y cuyos títulos lo dicen todo: ‘Otro ocupa mi lugar’, ‘Y te amaré’, ‘Gavilán o paloma’, ‘Mi buen amor’, ‘Desnúdate’, ‘Morir al lado de mi amor’. También tenían público otro tipo de grupos, como los de temática humorística, los rumberos y los del incipiente rock andaluz con Triana al frente.  Asimismo, triunfaron aquel año superventas mundiales como Supertramp con su aún fresco ‘Give a little bit’, Chicago y la todavía sugerente ‘If you leave me now’, o el refrito titulado ‘Rockollection’ que se inventó el francés Laurent Voulzy.   

Afortunadamente había mucho rock entonces, de modo que los que ya estaban en el ‘rollo’ tenían no poco que oponer a toda aquella amalgama de cantantes de lágrima fácil, de lamento amoroso e insinuaciones libidinosas. La música punk ya había estallado, lo que significaba que el rock estaba rompiendo con su pasado, pero por aquí casi nadie se enteró, al revés, los más iniciados seguían dejándose la melena larga y desaliñada y ‘alucinando’ con el rock sinfónico, el hard-rock más académico, el rock progresivo… Claro que casi siempre los discos de estos géneros se editaban con retraso, de manera que cada elepé tenía una vigencia bastante larga y se seguía escuchando después de que el grupo en cuestión hubiera editado el siguiente.

Incluso en aquella España del 77 se escuchaban, aunque no fueran superventas, grandes éxitos mundiales como el imperecedero ‘Hotel California’ de los Eagles, el delicioso ‘Living next door to Alice’ de Smokie, el irresistible ‘Go your own way’ de Fleetwood Mac, el siempre bienvenido ‘More tan a feeling’ de Boston …, canciones que sonaban no tanto en la radio como en los coches de choque, billares (salas de juego con billar, ping pong, máquinas pinball) y en los bares que tenían aquellas ‘jukebox’ o sinfonolas que, a cambio de una moneda, te permitían escuchar un par de temas; claro que tenían que competir con Abba, Donna Summer, Umberto Tozzi, Bonney M…

Tal vez no muchos, pero ya había jóvenes españoles (con o sin derecho a voto) que ya habían descubierto a Queen y que, dos años después, seguían fascinados con las milagrosas canciones de ‘Una noche en la ópera’ e incluso del siguiente ‘Un día en las carreras’. En este sentido también se recordará que los que ya vivían en el universo del rock seguían escuchando los elepés históricos de bandas históricas, como Status Quo, Jethro Tull, Pink Floyd, los Purple, los Zepellin o los Acédecé, y nadie con tocadiscos carecía de Beatles, Stones, Who, Creedence y otros que ya estaban ahí en los sesenta…Se sabía del cadencioso reggae de Bob Marley y de la elegancia de Bowie, los virtuosos Yes o Emerson, Lake & Palmer empezaban a ser vistos como el pasado aunque aún había muchos que levitaban con sus extensos pasajes instrumentales; sólo unos pocos iniciados habían escuchado a Patti Smith y casi nadie sabía de la existencia de Elvis Costello o Ramones.

Y una difícil para quienes hace cuatro décadas ya tenían un conocimiento profundo de la cosa y una gran curiosidad por el rock español, el cual buscaba su sitio y su estilo: ¿Alguien recuerda al grupo Azahar y su primer disco, ‘Elixir’, editado ese año y cuyos primeros ejemplares tenían la portada impregnada en aroma de azahar?

Era una España abierta a novedades en todos los campos, también en el de la música, puesto que empezaban a escucharse todas las canciones, todos los grupos que triunfaban en el resto del mundo, y no sólo los superventas de la canción melódica. De aquella histórica ocasión se recuerda, sobre todo, la atmósfera campechana y el buen rollo que se respiraba, tanto en las calles como en los barrios del rock. Y un último detalle, los grupos de entonces huían de la política como de la peste…


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 14 de junio de 2017

CRISTIANO RONALDO, SOSPECHOSO DE FRAUDE FISCAL Y DE TRÁFICO DE SERES HUMANOS Cristiano Ronaldo es un futbolista fuera de serie, uno de los mejores de la historia, así lo demuestran objetivamente sus logros y así se le reconoce en todas partes. Ahora lo acusan de evadir impuestos, pero pocos se han fijado en que ha comprado niños.

Cristiano Ronaldo, tan buen futbolista como inmoral persona

Es un auténtico triunfador. Sin embargo, sobre él ha caído la sospecha (de momento, VI-17, sólo está acusado) de haber escaqueado un montón de millones; empresas fantasma y sin actividad en paraísos fiscales dedicadas exclusivamente a acumular el dinero y otras empresas en otros países para gestionar toda esa pasta, estas fueron las tretas usadas por el delantero para evadir… presuntamente. Sí, si la cosa se confirma, el deportista será tachado de chorizo, sobre todo por los aficionados de equipos rivales, aunque contará con el apoyo y justificación de parte de los hinchas del suyo. Y es que, ¿quién no ha sopesado nunca la posibilidad de esconder algo a hacienda? De entre toda la interminable lista de delitos y crímenes que un hombre es capaz de perpetrar, lo de burlar al fisco tal vez sea considerado de lo menos abyecto.


Pero el caso es que Cristiano Ronaldo aparece estos días en otras partes de los diarios porque ha recibido el paquete con los dos recién nacidos que encargó hace nueve o diez meses. Es decir, el cada vez más sospechoso personaje se fue a una granja de concepción y cría de seres humanos para su venta, allí acordó las condiciones del encargo incluyendo las de la fabricación y entrega; luego rellenó los impresos correspondientes y, finalmente, pasó por caja y pagó. Y ya está, sólo le quedó esperar a que le llegara el envío… Claro que tal vez él ni siquiera se molestara en realizar personalmente todos los engorrosos trámites, sino que pagó a alguien para que se encargara del papeleo. Es decir, esta persona de moral tan laxa, este hombre de dudosa integridad ha comprado dos personas: las encargó a fábrica, hizo el ingreso correspondiente y, cumplido el plazo, las recibió en su casa. ¿Cuál es en castellano la palabra que define a quien compra y/o vende personas, a quien comercia con hombres y mujeres? Sí, es esclavista, negrero. ¿Y cuál es la palabra que define a quien reduce a sus semejantes a la categoría de cosas que se pueden comprar y vender?   

Siendo el suceso horrible, inhumano, aun tiene otro agravante. Resulta que el ahora encausado por evasión de impuestos no tiene ningún impedimento físico para engendrar bebés al modo tradicional, es decir, hace vida conyugal con una mujer perfectamente sana, de manera que podrían haber concebido hijos verdaderos, sin pagar. Pero claro, eso conlleva muchos esfuerzos (no se cuenta el ayuntamiento), trastornos, engorros, visitas al médico, pruebas…, y luego ella, que ha de tener ‘eso’ dentro durante tanto tiempo, afeando la figura, estropeando la piel, sufriendo las típicas alteraciones y molestias del embarazo, y luego el parto y sus dolores. ¿Por qué pasar por todo eso cuando podría pagarse a alguien para que se hiciera cargo de esa lata, de todo ese rollo, de ese estorbo que es el embarazo? Además, se le daría un buen dinero a la ‘productora’ (una mujer pobre y carente de todo que se ve obligada a alquilar su cuerpo), y otro tanto a la empresa que se encarga de toda la cadena de producción.

Por otro lado, siempre se corre el riesgo de que la criatura engendrada por uno mismo no venga bien, por lo que es mucho más seguro olvidarse de todo y, previo pago, limitarse a recibir el pedido. Así (seguro que esto se puede negociar con fábrica) si el producto de la ponedora no alcanzara los estándares, la propia empresa lo desecharía de la venta y lo sustituiría por otro sin taras para entregar al cliente un material de primera calidad. Fácil y seguro. Sólo hay que poner sobre la mesa la cantidad necesaria. Así habrán pensado Ronaldo y su pareja.

Es lícito sospechar que el ‘primogénito’ del jugador (que ya tendrá unos añitos) habría sido comprado de este modo. En fin, aunque suene fuerte, aunque pueda resultar irrespetuoso, ¡hay que ser mala persona para desear un hijo de este modo! Tal vez un día los chavales pregunten a su (presunto) padre cuánto costaron.

Desde un punto de vista futbolístico Ronaldo es un prodigio, uno de los más grandes de la historia del deporte, y lo ha demostrado sobradamente. Como persona se ha demostrado más que dudoso, sospechoso e inmoral. Una cosa es tratar de estafar (presuntamente) al erario público del país en el que vive, o sea, una pura cuestión de dinero, y otra es comerciar con personas…, aunque, en realidad, también esto es cuestión de dinero. Sin embargo ha causado más escándalo y ha provocado más titulares lo del dinero escondido que las personas que se compró con un poco de ese mismo dinero: 200.00 euros, dicen, calderilla para él.

Y lo peor es que no es el único personaje célebre que ha comprado a sus hijos… Vergüenza, asco.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 11 de junio de 2017

¿PUEDE UN GRUPO DE ROCK SOBREVIVIR A LA MUERTE DE SU ESTRELLA? Hace unos días el guitarrista de Queen, Brian May, presentó una versión del juego del Monopoly que gira en torno al histórico grupo; también ha intentado lo imposible: Queen sin Freddy Mercury. A muchos les cuesta dejar de estrujar los buenos tiempos.

   
Cuesta imaginar por qué habrá vendido May la imagen de Queen y por qué habrá tratado de suplir al insustituible Freddy.
Sorprende que el gran guitarrista siga obsesionado por la idea de extraer hasta el último céntimo posible de la memoria de la banda. Como es sabido, May ha intentado varias veces sustituir a Freddy Mercury y otras tantas se ha estrellado contra la realidad: por mucho dinero que gane exprimiendo el nombre, Freddy es insustituible, es decir, no es posible ver a Queen si no está Freddy a la voz, o lo que es lo mismo, Brian May a la guitarra y Roger Taylor a la batería jamás serán Queen aunque usen ese título; y mucho menos con sustitutos como el veterano Paul Rodgers o el lechuguino pisaverde de Adam Lambert, surgido de una operación triunfo estadounidense. Aun sin conocer el estado de las finanzas del músico y astrofísico, es fácil suponer que no debe pasar estrecheces, ya que posee múltiples derechos de muchas de las grandes canciones de la banda que se siguen vendiendo y, por tanto, recibirá golosos beneficios regularmente. Por tanto, ¿por qué esa obcecación por hacer caja con cualquier cosa que tenga que ver con Queen?, y ¿por qué no termina de asumir que Queen dejó de existir cuando Freddy se fue? Vale que se hicieran todos los homenajes, tributos y recordatorios en su momento, pero una vez muerta la Reina, mejor dejarla descansar; así lo entendió el tercer superviviente, el bajista John Deacon (autor de algunos temas emblemáticos), quien participó en aquellos conciertos inmediatos a la marcha de Mercury pero se negó rotundamente a tomar papel en las farsas que May y Taylor montaron posteriormente. Ahora, con un descaro que deja perplejo, Brian May convierte a Queen en reclamo para un juego de mesa con el fin de sacarse unos euros; ¿qué será lo siguiente?, ¿un sopicaldo con el escudo que identifica al grupo?

En realidad este fenómeno se ha dado varias veces: los supervivientes de una banda de rock que pierde a su estrella intentan aprovecharse del nombre y continuar como si nada hubiese pasado, como si no quisiesen aceptar que, sin esa presencia poderosa, el grupo ya no es el que era aunque siga llamándose igual. Es fácil recordar el burdo intento de los compañeros de Jim Morrison por continuar con The Doors cuando él ya no estaba. Incluso publicaron dos discos que, escuchados hoy, se antojan verdaderamente penosos (avergüenza ver que canciones como ‘The mosquito’ estén en un disco de este grupo). La codicia, la pasta, era el objetivo, y por eso trataron de seguir obteniendo réditos extraordinarios de la legendaria banda que ya no era, como cuando intentaron vender una canción para un spot publicitario por 15 millones, a lo que el bajista, John Densmore, se negó. Hay que recordar que ya en 1968, con Jim ausente, los otros tres (Manzarek, Krieger y Densmore) aceptaron 75.000 dólares por convertir ‘Come on baby light my fire’ en ‘Come on Buick light my fire’; cuando Morrison se enteró obligó a los otros a devolver lo cobrado y rescindir el contrato. (Emplear un clásico para dar empaque a un anuncio o ambiente a una película es reconocer su valor, cambiarle la letra para convertirlo en sintonía comercial es una venta, una traición).   

Abiertamente avaricioso y desvergonzado fue el regreso de los Sex Pistols en lo que ellos mismos llamaron ‘La gira del lucro indecente’ (1996); pero al menos, Rotten, Jones, Cook y Matlock (primer bajista del grupo, anterior a Sid Vicious) no engañaban: declaraban sin ambigüedades que volvían exclusivamente para recaudar dinero; y tal cosa hicieron en otras ocasiones, reuniéndose cuando les ofrecían jugosos contratos, de modo que no extraña que algunos críticos calificaran de ‘lamentables' aquellas actuaciones.

Sin embargo, no faltan ejemplos de bandas más que significadas en las páginas doradas del libro del rock que supieron superar con éxito y credibilidad la pérdida de su gran estrella. Un ejemplo de transición elegante y sin complejos fue la que llevaron a cabo los integrantes de Joy Division tras la muerte de su solista, Ian Curtis. Eso sí, cambiaron de nombre y de estilo, dejando que las cosas evolucionaran sin ataduras ni añoranzas; en definitiva, se convirtieron en otro grupo. Algo parecido sucedió con Pink Floyd; como es más que conocido, la salud mental de su fundador, Sid Barret, provocó su expulsión, siendo su sustituto David Gilmour, lo que conllevó un cambio en el alma y la intención artística. En ambos casos, de alguna manera, los vivos rompieron con el muerto y construyeron una nueva banda; y las dos disfrutaron de gran éxito, lo que significa que no es preciso vivir de la memoria del muerto…, siempre que se tenga algo que ofrecer.

En otras ocasiones el fallecido, aunque carismático, no era la principal estrella de la banda, al menos desde el punto de vista creativo, por lo que su sustitución resultó menos traumática. Difícil fue para AC DC la búsqueda de un nuevo cantante cuando falleció el titular, el recordado Bon Scott, pero la idea de la banda no cambió cuando saltó a escena el suplente; y es que la estrella era y es el Young más joven. The Who perdieron al inquieto y explosivo Keith Moon, pero no tuvieron problemas para encontrar quien ocupara la banqueta vacía y continuar; al igual que en el caso anterior, el departamento de composición estaba intacto, por lo que el cambio de baterista no supuso grandes trastornos. De todos modos, lo mejor de The Who se hizo con Keith a las baquetas. 

Lo de Led Zeppelin fue algo único. A la muerte de su batería, el poderoso John ‘Bonzo’ Bonham, los tres restantes decidieron no continuar, pues “nada es lo mismo sin John”, y ni las más mareantes ofertas les hicieron cambiar de opinión, de modo que Led Zep jamás han existido sin su inolvidable percusionista. Éste murió en 1980, y en ese preciso momento la banda cesó definitivamente a pesar de que tan significativa baja no afectaba sustancialmente a la parte creativa, es decir, podían haberse buscado un buen batería y continuar como si tal cosa. Mil veces acusados de plagio, Page, Plant y Jones mostraron con aquel gesto una elegancia y fidelidad pocas veces vista en un ambiente tan poco fiable como es el del rock & roll. Siempre quedará la duda de qué hubieran hecho, cómo hubiera sonado Led Zep sin Bonzo. Mejor así.   

Hay situaciones, en fin, en que el reemplazo es imposible, por lo que la cosa ni se plantea; así, ¿alguien se imagina a la Jimi Hendrix Experience sin Jimi, a T. Rex sin Marc, a Nirvana sin Kurt, a los Allman Brothers sin los hermanos Allman?


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 7 de junio de 2017

LOS ‘DEFENSORES’ DE LA SANIDAD PÚBLICA RECHAZAN DINERO PARA SANIDAD PÚBLICA. Descorazona leer noticias como la de la asociación que rechaza una donación millonaria destinada a sanidad pública. Es una muestra de ese modo de pensar en el que la ideología se superpone a todo, incluso al beneficio general.

  
Equipo de radioterapia que no aceptan los de esa asociación, que más que defender la sanidad pública la boicotean.
El magnate del sector textil Amancio Ortega (quien empezó de cero hasta llegar a donde está) donó a los hospitales públicos más de trescientos millones de euros para comprar equipos oncológicos de última generación; sin embargo, los dignísimos integrantes de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública no quieren que se acepte el dinero; explican que la salud general ha de ser cosa exclusiva del gobierno, y que para costearla debería exigirse más impuestos a los que más tienen…, vale, pero una cosa es algo general y a largo plazo, como la fiscalidad, y otra muy distinta una donación puntual, instantánea, con la que se podría mejorar el servicio al enfermo en el acto; no hay que olvidar que este tipo de paciente no dispone de mucho tiempo… Defender la sanidad pública y pedir más carga tributaria a los que más tienen no está reñido con aceptar recursos privados, al revés, cuanto más reciba el sistema mejor para todos. Una cosa no tiene nada que ver con la otra y, desde luego, no son excluyentes.

Básicamente hay que deducir que los adscritos a dicha sociedad son de los que se creen de izquierda (comunistas-tos, socialistas-sociolistos, etc), puesto que este tipo de doctrina y quienes la profesan fanáticamente detestan que alguien tome una decisión que puede beneficiar al colectivo; su fe no permite tal cosa: que alguien libremente y por propia voluntad lleve a cabo una iniciativa destinada al bien común les es inadmisible, pues lo que ellos quieren es que la obligación esté por encima de la libertad de decisión. También podría afirmarse que los militantes de dicha federación están totalmente en contra de la sanidad pública, puesto que boicotean recursos que, sin la menor duda, iban a beneficiar a la salud de todos los que dependen de la sanidad pública. La postura de estos dudosos individuos sería como la del cooperante que, en una zona de catástrofe alimentaria, quitara el pan de la boca del hambriento si ese pan procediera de las manos de un rico; ambos casos son idénticos: hay quien prefiere que el necesitado muera a que viva gracias a dinero privado y/o de millonario. Para este tipo de pensamiento lo importante no es el bienestar común sino la procedencia de ese bienestar. Así, en caso de que Ortega (o Gates, o Slim) fletara diez cargueros con comida, medicinas y todo tipo de recursos con destino a un campo de refugiados, los que conforman este tipo de asociaciones exigirían que no se aceptara la entrega alegando que esos bienes tienen que costearlos los gobiernos.   

Asimismo queda en evidencia otro hecho: a los miembros de esta asociación les importa tres pepinos la vida de las personas afectadas por el cáncer, lo único que les interesa es su ideología, su creencia, su dogma, y para defenderlo están dispuestos a aceptar la muerte de las personas que se hubieran podido mejorar gracias a los equipos que ese dinero hubiera podido comprar. En el desequilibrado cerebro de estos personajes su credo está por encima de la salud de los enfermos, de modo que quedan descolocados cuando alguien que ha hecho fortuna (en este caso, hay que insistir, partiendo de cero y cumpliendo con la ley) opta voluntariamente por regalar dinero; desean que los que tienen mucho no donen para así poder señalarlos como unos egoístas insolidarios.   

También cabe otra deducción: leyendo sus razonamientos se llega invariablemente a la conclusión de que estas criaturas prefieren que el donante se gaste esos 300 millones en lujos varios antes que en maquinaria de hospital (los equipos de diagnóstico y tratamiento de cáncer que cada centro decidiera). Y por otro lado, en el supuesto de que Ortega hubiera donado tal cantidad a la sanidad privada, ¿dónde hubieran puesto el grito los fanatizantes elementos de esa asociación?, ¿qué no le hubieran llamado?

Eso sí, estos mismos que creen más importante mantenerse puros ideológicamente que salvar las vidas que estos aparatos pudieran salvar, estarán encantados con los semáforos recientemente instalados en Madrid, esos que muestran siluetas de personas del mismo sexo cogidas de la mano; estas criaturas con cerebro invadido y ocupado por una ideología excluyente piensan que estos semáforos van a solucionar todos los problemas de los madrileños, convencidos de que los homosexófobos van a dejar de serlo en cuanto vean esas figuritas verdes. En pocas palabras, existen individuos y colectivos que dan mayor importancia a los gestos, las palabras, las posturas, los dibujos, los nombres, la denominación de las cosas…, que a las acciones y los recursos que benefician efectivamente a todos.

Lo que está en el origen de la posición de esa asociación (y de otras similares) es su rechazo a que alguien lleve a cabo acciones humanitarias voluntariamente, a que alguien haga uso de su libertad, de su libre albedrío para hacer el bien al semejante. Este tipo de personas odia la toma personal de decisiones, pues lo que ansían es que todo esté predeterminado por el estado, que la persona no pueda decidir donar, sino que esté obligada a ello por ley, que nadie pueda hacer uso de su libertad para ser solidario, sino que sea una imposición legal.

La cuestión, en fin, se puede resumir en una pregunta: ¿ese equipamiento rechazado mejoraría la actual situación e incluso prolongaría la vida de los enfermos de cáncer?


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 4 de junio de 2017

LAS INCOHERENCIAS E HIPOCRESÍAS DE ROGER WATERS Como integrante de la emblemática banda Pink Floyd, a Roger Waters se le deben discos cruciales en la historia del rock, obras tan brillantes como oscura es su conducta y su vida de millonario que despotrica contra el capitalismo.

La casa del anticapitalisa Roger Waters, en Long Island, el sitio más caro de Usa,
 con vecinos como Spielberg o Ralph Lauren.

Es muy habitual que quienes escriben rock & roll lo hagan reivindicando derechos de los desfavorecidos, denunciando injusticias o posicionándose ideológicamente. Todo es perfectamente legítimo e incluso loable si se hace desde la coherencia, pero resulta hipócrita e innoble cuando lo que se dice choca contra lo que se hace, es decir, cuando se canta a una ideología de modo agresivo e insultante mientras en la vida real se reproducen esos mismos comportamientos, esas maneras que se afean a los demás. Quien más ha repetido esa contradicción es Roger Waters, el ex integrante de Pink Floyd, que siempre que tiene un micrófono a mano echa sapos y culebras contra todo bicho viviente a la vez que su estilo de vida y su pensamiento apenas se diferencian de aquello que acusa.

Lo de arremeter contra Trump a diario, ante la prensa o en el escenario, con canciones o insultos, es algo ya muy manido, muy facilón, muy cansino…, sin que nadie ponga en duda que Trump es un zoquete escaso de entendederas. Lo que sorprende es que abronque al presidente por las declaraciones que hace, por sus ideas y posiciones (hay que insistir: disparatadas), cuando él hace, dice y se comporta de modo casi idéntico. Por ejemplo, cómo trató a sus ex compañeros ‘pinkfloydianos’, manipulándolos y arrogándose la propiedad del grupo del mismo modo que un dictador se hace con el poder total en su país. Cuentan que durante la grabación de ‘El Muro’ voceaba a todo el mundo, iracundo y despectivo; increpaba al batería Nick Mason cuando no hacía exactamente lo que él exigía e incluso llegó a sustituirlo en plena grabación; y se ensañaba con Rick Wright aprovechándose de que éste era un tipo de maneras refinadas, con un carácter más bien silencioso, tímido, imposibilitado para la bronca, los malos modos y la ordinariez de Waters; éste le gritaba e insultaba delante de todo el mundo, hasta que acabó echándolo del grupo y contratándolo como un músico de acompañamiento más… Son las maneras típicas del soberbio colérico que se siente superior. Eso sí, procuraba llevarse bien con David Gilmour porque le interesaba, ya que retocaba muy bien sus composiciones, a pesar de lo cual, el guitarrista declaró que, en los últimos años de vida del cuarteto, él trataba de ir al estudio sólo cuando Waters no estaba. Se había convertido no en el líder de la banda, sino en el dictador que manda y ordena. Mezquino y rencoroso, cuando cayó el Muro de Berlín y se organizó allí un fastuoso concierto basado en el recordado ‘The Wall’, Roger invitó a dos docenas de artistas…, pero a ninguno de sus tres ex colegas de Pink Floyd. También es sabido que el ‘comunista’ Roger Waters siempre intentaba (a veces con éxito) que sus compañeros no aparecieran en los créditos como autores y productores para así quedarse él con la tajada correspondiente. Una más: para la portada del disco ‘The final cut’ impuso a la discográfica la contratación de un familiar. Y otra: En casi todos sus directos en solitario (normalmente exitosos) arenga al púbico gritando las reivindicaciones del lugar y el momento, en un ejercicio de demagogia y populismo. Así las cosas, ¿hay mucha diferencia entre el proceder de Waters y el de Trump?

Otra característica del músico británico, que acaba de publicar nuevo disco en solitario, es su activismo anticapitalista. En no pocas letras de sus canciones carga de modo explícito contra el capitalismo y contra los ricos, a pesar de lo cual él calca todos los símbolos propios de uno y otros. Por ejemplo, quien ideó la gran mayoría de las piezas maestras ‘The dark side of the Moon’, ‘Wish you where here’ o ‘The Wall’, al igual que los grandes magnates, guarda a buen recaudo en paraísos fiscales sus gruesas cuentas corrientes; curiosamente no soporta que se lo recuerden, como si se negara a aceptar lo imposible, lo absurdo e irreal de su postura, pues ser comunista y millonario es tan irrealizable como un círculo cuadrado. Tiene mansiones en los lugares más caros del mundo, incluyendo una enorme y lujosísima en Long Island, Nueva York, probablemente el suelo más caro de todo Estados Unidos, con vecinos como John McEnroe, Richard Gere, Jennifer López, Raplh Lauren, Brian de Palma, Steven Spielberg… Luce los bienes de consumo más caros y ostentosos (tuvo una disputa con su ex durante su último divorcio por un carísimo Rolex), disfruta de todos los lujos que el dinero proporciona, es un apasionado del golf y juega en los clubes más exclusivos y elitistas del planeta… En fin, que desprecia el capitalismo pero lo vive intensamente, y elogia el comunismo pero jamás en su vida ha renunciado a ninguna de sus (múltiples) propiedades, se cree comunista pero jamás lo ha practicado. Ha escrito mucho contra el dinero (como la fabulosa ‘Money’), pero él lo ha perseguido con verdadera usura y ha urdido mil estratagemas para acumular cuanto más mejor.

Roger Waters fue el genio creador (con sus compañeros, pues en solitario…) de algunos de los mejores discos de rock de la historia, pero el talento no siempre se acompaña de calidad humana, como se ha demostrado con otros artistas geniales, como Picasso, un gran machista, mezquino con las mujeres y comunista millonario. Nadie está libre de las muchas y variopintas debilidades que caracterizan a la persona, pero lo que sí que chirría, lo que se antoja irritantemente incoherente es que alguien a quien la vida ha sonreído reniegue del sistema que le ha permitido su desarrollo artístico y económico hasta llegar a la cima en ambos casos.

Nadie se atrevería a poner en duda los logros artísticos de este gran compositor, productor, guitarrista, bajista, cantante…, pero también es evidente que cae continuamente en aquello que más odia y se comporta como aquellos a quienes más odia.     


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 31 de mayo de 2017

EL FESTIVAL DE AVIÑÓN OVACIONA AL ASESINO DE MARIE TRINTIGNAN El veterano actor francés Jean Louis Trintignan ha declarado que le da náuseas ver cómo el festival de Aviñón acoge entre aplausos y palmaditas en la espalda al asesino de su hija Marie. Todo este asunto es tan asombroso como indignante.

La víctima, Marie Trintignan, muerta a palos por un bestia que no pasó ni cuatro años en la cárcel y hoy es agasajado en Francia

Por un lado está el violento prosimio Bertrand Cantat, miembro del grupo Desir Noir (antifascista y pacifista que se manifestó contrario a la guerra de Irak) que mató a golpes en la cabeza a la actriz Marie Trintignan, según la autopsia con un total de 17 porrazos de “extrema violencia”; quedó demostrado en el juicio que ella recibía palizas día sí día también, cosa que confirmaron las anteriores parejas del protoser en cuestión, el cual había sido denunciado innumerables veces por esas mujeres. Sin embargo, el encargado de administrar la ley, dejándose convencer por alguno de los habituales embustes a que suelen recurrir ciertos abogados como herramienta principal, entendió que un tipo que ha apaleado a toda mujer que ha tenido la desgracia de estar cerca de él, un tipo que pegó hasta la muerte a una de ellas, merecía una condena muy inferior al daño causado (poco más y lo castiga sin postre una semana), pues lo consideró homicidio involuntario y lo condenó a ocho años, de los que cumplió menos de la mitad. El caso es que el bestia dijo primero que Marie se había resbalado dándose contra el radiador; luego, cuando los médicos que la atendieron en principio afirmaron que aquello eran marcas de golpes, rectificó y dijo que le había dado un par de pescozones. Pero la autopsia demostró 17 golpes en el cráneo y en la cara, que quedó irreconocible, así como señales de estrangulamiento.

Al parecer (en agosto de 2003, en Vilna, Lituania) María estaba encerrada en el baño aterrorizada; él esperó pacientemente como hiena que acecha silenciosa; sin que se sepa por qué ella salió y él la agarró, la golpeó contra el quicio de la puerta, contra el radiador y contra todo lo que tuvo a mano; el cafre creyó (según declaró) que la desdichada, ya sin sentido, estaba haciendo cuento, y siguió dándole; luego estuvo varias horas hablando tranquilamente por teléfono pero no llamó a servicios médicos, es decir, la dejó morir demostrando una infinita vileza. Cuesta creer que semejante alimaña no tuviera intención de matar (se demostró que siguió atizando a la pobre Marie cuando ya estaba inconsciente y que, en algún momento, le echó un trapo sobre la cara), por tanto, esto es un asesinato en toda regla, por más que el de negro lo dejara en homicidio involuntario y ocho años; dicho sea de paso, el sentenciador pudo aplicar una pena de hasta 25 años, pero matar así le pareció tan poca cosa que aplicó la mínima, que es la sentencia habitual en Francia para quien mata a su pareja-mujer. En todo caso, esto es, sin la menor duda, un evidente caso de desproporción. Tan flagrante como que lo dejen salir de la cárcel tras cumplir menos de la mitad porque se portó muy bien (claro, en el trullo no hay mujeres a las que pegar), estudió, acudió al sicólogo e hizo todo lo que hay que hacer para que los que deciden, aquejados de síndrome de Estocolmo y/o cobardía y/o papanatismo ante la celebridad, crean que están ante un buen chico.

Pero luego está la consideración social del tiparraco. Resulta que cuando alguien difunde un comentario considerado machista no sólo le llueven palos por delante y por detrás, sino que habrá de soportar el insulto y el rechazado tanto de la sociedad en general como de su entorno profesional. Sin embargo, en Francia, un verdadero asesino (tal es quien pega en la cabeza de otra persona 17 veces “con extrema violencia”) es invitado y recibe parabienes de sectores culturales y público (el indeseable ha reanudado su carrera con cierto éxito), como si matar cobardemente a su pareja sea como un mal aparcamiento. Y es que el mundo de la farándula es extremadamente corporativista, de modo que defenderá a ‘uno de los suyos’ haga lo que haga, como quedó demostrado al ver el posicionamiento de todo el gremio respecto al violador Roman Polanski…; otra cosa sería si algún integrante de dicha cofradía hiciera un comentario que se entendiera machista, homosexófobo, racista, xenófobo…, entonces sí que sería objeto de absoluto desprecio. Siguiendo con las desproporciones, allí, en Francia, unos tipos fueron condenados a 15 años por planear un atraco un banco; no hace tanto, en Inglaterra, un hombre fue condenado a 12 años por fumar en el servicio de un avión; aquí, en España, donde un terrorista que mató a más de veinte personas cumplió menos de veinte años, una cantante pasó dos entre rejas por evadir impuestos… Desconcertantes e indignantes casos de desproporción. La vida de Marie (40 años, cuatro hijos) valía menos de cuatro años de la vida de su asesino, es decir, matar de modo tan brutal y cobarde no se considera algo tan grave…   

Ahora, el desconsolado, desconcertado y asqueado Jean Louis Trintignan tiene que soportar cómo hay quien elogia y ríe las gracias del criminal protozoo. “No comprendo esta situación, no entiendo cómo se ovaciona al tipo que mató a mi hija a palos…, todo esto me parece una mierda maloliente”, dijo el actor. Y tiene razón: tanto el cobarde matón, como el dudoso juez que en tan poco tenía la vida de la víctima y condenó a ese bestia a sólo ocho años, como los legisladores que permiten que quien arrebató decenas de años a un semejante lo pague sólo con tres, como el festival de Aviñón que lo invita y lo aplaude, todos ellos huelen a lo que son.


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 28 de mayo de 2017

EL MEDIO SIGLO DEL ‘SGT. PEPPER’. Nada menos que 50 años hace de la publicación de uno de las más excelsas obras de arte del siglo XX, el disco ‘Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band’ de The Beatles. Un álbum que sigue fascinando.

Cincuenta años después el sargento no ha perdido su fuerza.
Hace justo medio siglo llegó a las extintas tiendas de discos (donde se vendían elepés y singles que hoy mantienen su encanto) una pieza que llamaba la atención desde el primer vistazo. La carátula del ‘Sgt. Pepper’ obligaba al comprador a detenerse ante él, a mirar con curiosidad; luego se entregaba el ejemplar al dependiente y uno se iba a la cabina de audición, donde se escuchaba durante unos minutos… Tras este proceso, todo el mundo salía de la tienda con la bolsita, deseando llegar a casa, colocar el recién llegado en el plato y escuchar muy atentamente, sin hacer nada más que seguir la letra, revisar los créditos y observar cada detalle de la portada, contraportada, interiores, hojas informativas… Era un ritual muy satisfactorio, gratificante, placentero.

Hoy las cosas son muy diferentes, sin embargo, lo importante, la música, las canciones, todo lo que el ‘Sgt. Pepper’ transmite, perdura sin variación. Quien tenga un mínimo interés (y una edad) señalará de memoria sus cinco o seis temas favoritos, y todos estarán acertados. El caso es que aun se siguen desvelando pormenores, detalles y anécdotas en torno al ‘Sargento Pimienta’, lo que le proporciona un mayor resplandor. Por ejemplo…

El productor George Martin reconoció que, durante las sesiones de grabación, Paul ponía continuamente el ‘Pet sounds’ de los Beach Boys, y que sin éste, “el Sgt Pepper no hubiera sido como es”. Es decir, el excelente álbum de los californianos tuvo una influencia decisiva sobre el de los ingleses. Lo curioso es que el propio Brian Wilson afirmó que su ‘Pet sounds’ había sido concebido y materializado bajo la apabullante influencia del…’Rubber soul’ de los Beatles.

El bueno de Ringo tuvo la suerte de ser el solista de la inolvidable ‘With a little help from my friends’, pero no le fue fácil. En principio el tema comenzaba diciendo “¿Qué harías si cantara desafinado?, ¿te levantarías y me tirarías tomates?”, pero este segundo verso no le gustó al batería, pues recordaba que años antes George había declarado que le gustaban unas golosinas y el público empezó a lanzárselas al escenario; entonces Ringo dijo que si cantaba ese verso la gente le tiraría tomates en cada concierto, por lo que se negó a grabarlo. Lennon y McCartney accedieron a cambiarlo y la cosa quedó en “Qué pensarías si cantara desafinado. Te levantarías y me dejarías solo”. También es sabido que a Ringo Starr le preocupaba bastante hacer la voz solista en ese tema; una noche, casi al amanecer, cansado, decidió irse a casa, pero en las escaleras oyó a Paul diciéndole que era un buen momento para grabar la voz, su voz. Ringo dijo que estaba hecho polvo y se iba a la cama, pero los otros tres insistieron en que se quedara, y John le pidió con una gran sonrisa “Vuelve y canta para nosotros” (¿quién podría resistirse a esa llamada?). Ringo volvió y cantó, con sus compañeros a su alrededor animándole, ayudándole, y no se fueron hasta que consiguió entonar esa última nota con la que termina la canción y que se le resistía (según cuenta el ingeniero Geoff Emerick). Evidentemente, mereció la pena.

Paul escribió ‘She's leaving home’ después de leer la noticia de que una chica de 17 años se había largado de casa sin decir nada, sin llevarse nada. Despareció, sin más. La prófuga había huido con un tío que trabajaba en un club nocturno, pero regreso sólo 10 días después. Lo que McCartney no sabía entonces es que él había conocido a esa chica cuatro años antes, durante un concurso de imitadores en la televisión en el que el propio Paul era juez. ¡Qué coincidencia!

Unos días antes del lanzamiento oficial del disco (1-VI-67), la BBC ya había censurado una canción, la magistral ‘A day in the life’, ya que, según la emisora, promovía “una actitud permisiva hacia el consumo de drogas”; el problema estaba en que los censores  entendían que la frase “encontré el camino escaleras arriba y fumé” era una alusión explícita; asimismo, también vieron referencias a la drogadicción en el verso “Cuatro mil agujeros en Blackburn, Lancashire”, que podría referirse al brazo de un yonqui… Pero si en la BBC se la cogían con papel de fumar con esa canción, en algunos países de Asia se entendió que también incitaban a consumir drogas otras dos, ‘Con una pequeña ayuda de mis amigos’ y, claro, ‘Lucy en el cielo con diamantes’; las tres fueron suprimidas del álbum en las ediciones de Malasia, Hong Kong y otros lugares… Es oportuno añadir que George Martin señaló que sí había referencias a las drogas, y citaba como ejemplo el verso que se cierra el álbum (excepto la bromita final): ‘Id like tu turn you on’, que más o menos es “me gustaría encenderte”.

Esta fabulosa composición, ‘A day in the life’, fue grabada exclusivamente de noche; al parecer, durante la primera sesión de grabación la cosa se alargó, por lo que al día siguiente se levantaron tan tarde que la jornada de trabajo hubo de comenzar a las tantas…, tendencia que continuó durante todo el tiempo efectivo de grabación del tema, unas 35 horas, que si se compara con las menos de 10 que requirió todo el ‘Please please me’…

Libros de memorias, entrevistas, reportajes, documentales…, hay infinidad de trabajos y referencias a este disco excepcional que, ya cincuentón, sigue causando admiración. Una reedición monumental con abundantísimo material inédito está a punto de sumarse a la celebración de esta efeméride. Pasado tanto tiempo, sólo queda cuadrarse con un enfático ¡A sus órdenes mi sargento!


CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 24 de mayo de 2017

ANTONIO BANDERAS Y LA ENVIDIA DE LOS MEDIOCRES. El actor Antonio Banderas ha sido recientemente noticia no por sus actividades profesionales, sino porque su proyecto cultural para Málaga fue rechazado gracias a la negativa de políticos de izquierda de dicho municipio.

Banderas presentando su proyecto

Al parecer, las causas de la negativa son, dicen, que pretendía construir más de lo permitido, que su propósito era lucrarse, que iba a aprovecharse de recursos públicos para fines particulares... Sin embargo, las causas auténticas del rechazo parecen muy otras.

Nadie pondrá en duda la trayectoria laboral de Banderas, que se marchó de España con lo puesto para intentar jugar en las ‘grandes ligas del cine’; así, hasta la fecha, el malagueño ha trabajado en nada menos que 91 películas desde 1982 (la mayoría en Hollywood), a lo que hay que añadir las cuatro que ha dirigido y las seis que ha producido. Por otro lado, también es indiscutible el reconocimiento y la reputación de que goza en todo el mundo, algo que demuestra la interminable lista de premios y distinciones que ha recibido de todo tipo de festivales y academias de cine. En resumen, es una persona que nunca ha dejado de trabajar y que, gracias a su esfuerzo y su talento, puede considerarse un triunfador. Y esta es (casi con total seguridad) la causa última de la negativa a aceptar su proyecto cultural, puesto que los mediocres y los envidiosos no soportan al que tiene éxito, detestan al que lleva a cabo algo meritorio que ha requerido capacidad y sudor, puesto que el triunfo de otros les demuestra su medianía, su vulgaridad, su mediocridad… y su terror al trabajo (algo parecido sucede con otros triunfadores, como Nadal o como Amancio Ortega que, a base de trabajo y valía, alcanzan la cima y que, sin embargo, son menospreciados e incluso insultados por los mediocres y los envidiosos).

Dicen que el actor, productor y director pretendía enriquecerse aprovechándose de recursos públicos… Él pretendía convertir en centro cultural unos edificios municipales que llevan años abandonados; así, ofrecía un plan que incluía varios escenarios y diversos espacios para teatro, danza, música, cine, exposiciones…, así como una programación estable; es decir, no sólo proponía la rehabilitación y adecuación de los inmuebles, sino que les garantizaba su aprovechamiento para toda la ciudadanía gracias a una actividad constante. Es más, el proyecto presentado incluía el pago del coste de los edificios (más de veinte millones) en unos pocos años y la aportación de una cantidad mensual para las múltiples actividades… Sea como sea, teniendo en cuenta que en España la actividad cultural no hace a nadie millonario (salvo contadas excepciones) y que los empresarios que se tiran a esa piscina suelen acabar escalabrados, no parece argumento de peso decir que el objetivo de Banderas sea el lucro; y para probarlo baste recordar que los auditorios, museos y centros culturales son de titularidad pública (municipal, provincial, regional, estatal), ya que se trata de inversiones económicamente ruinosas que las administraciones costean porque son de interés público. En resumen, estos núcleos de cultura (como el que pretendió el artista) son cualquier cosa menos rentables.

En realidad, en el fondo del rechazo a la proposición de Banderas está la esencia del pensamiento comunista: la negación de la individualidad, la condena de la iniciativa personal, la persecución de todo aquel que tenga el atrevimiento de tener sueños y acometer con decisión y trabajo la empresa de convertirlos en realidad…, salvo que el proyectista pertenezca a la secta, en cuyo caso se buscan toda clase de eufemismos para convertir en deseable lo que en manos de otros es indeseable. “Si una brizna de hierba sobresale se corta” decían los teóricos del comunismo para justificar su deseo de impedir la iniciativa personal… El esfuerzo y la constancia del individuo que busca materializar sus ilusiones, así como la capacidad y el mérito que requiere todo éxito, son valores repudiados por la mentalidad comunista, que trata de que todo el mundo sea mediocre, vulgar, que nadie sobresalga, que el más holgazán e inepto goce del mismo reconocimiento que quien es diligente y brillante.  

Existe una máxima que señala que la envidia es el elogio del mediocre; el dicho no puede resultar más apropiado al caso, pues son mediocres, vagos y envidiosos los que se oponen a que un triunfador incansable y cargado de mérito ponga en marcha sus propios planes (que, sin duda, serían muy beneficiosos para la ciudad y sus habitantes); otra cosa sería si quien presenta la oferta perteneciera a la misma cuadrilla ideológica que los resentidos, por ejemplo Bardem; entonces, ¿alguien cree que si hubiera sido éste el que presenta la oferta habría obtenido la misma respuesta?
En fin, puede que la movilización ciudadana (más de 20.000 firmas en una hora) consiga que algunos se traguen su envidioso rencor.


CARLOS DEL RIEGO

domingo, 21 de mayo de 2017

SUICIDAS DEL ROCK & ROLL, LA CANCIÓN MÁS TRISTE. Hace unos días se difundía la triste noticia de que Chris Cornell se había quitado la vida unas horas después de un concierto. Aunque no muy larga, sí que se puede elaborar una relación de notables del rock & roll que dejaron este mundo voluntariamente.

Pete Ham y Tom Evans, guitarrista y bajista de Badfinger, se ahorcaron, Evans ocho años después de Ham
Hace unos días se difundía la triste noticia de que Chris Cornell se había quitado la vida unas horas después de un concierto. Aunque no muy larga, sí que se puede elaborar una relación de notables del rock & roll que dejaron este mundo voluntariamente.
El suicidio de Chris Cornell, cantante y guitarrista de Soundgarden, trae a la memoria el de otros músicos relevantes que tomaron tan fatal decisión. Aunque las muertes autoinfligidas en el entorno del rock & roll suelen ser muy escandalosas por el renombre de los desdichados, la realidad es que no son especialmente abundantes. Las causas no difieren demasiado de las que conducen a cualquier persona a tal extremo, es decir, problemas mentales, reveses económicos, drogas y alcohol… Cornell había ofrecido un concierto hacía un rato, se fue al baño de su habitación del hotel y utilizando lo primero que encontró (parece que un chal, una corbata o un pañuelo grande) se ahorcó. Según los indicios, parece que la medicación que tomaba terminó por desquiciarlo, a pesar de que suele ser al contrario: cuando el enfermo desoye las prescripciones es cuando puede hacer cualquier barbaridad. En todo caso, la causa real, las ideas que pusieron patas arriba su cabeza, el pensamiento último que condujo al músico a quitarse la vida se fue con él; pensándolo bien, lo mismo sucede con casi todos los suicidas, sean famosos o no.   
Siendo el ahorcamiento una muerte tan violenta y angustiosa, sorprende que haya sido utilizada por no pocos músicos de rock para abandonar definitivamente. Varias son las similitudes entre la muerte de Cornell y la de Ian Curtis, el cantante y compositor de los venerados Joy Division. Curtis, que también padecía desequilibrios mentales, pasó sus últimos momentos viendo una película de uno de sus directores favoritos (‘Stroszek’, de Werner Hertzog, que va de un músico que se suicida), escuchó a Iggy Pop, bebió, cogió lo que tenía más a mano, una cuerda de tender la ropa, y en la cocina…; era 1980 y sólo tenía 23 años, su carrera artística iba hacia arriba y acababa de grabar el que sería su mayor éxito, aunque él nunca lo vería. Doble tristeza produce acordarse del excelente grupo británico Badfinger, puesto que dos de sus integrantes terminaron consigo mismos colgándose; al parecer, su manager los estafó quedándose con los beneficios económicos de sus éxitos, llevando a cometer tal locura a dos de su integrantes; Pete Ham, guitarrista, cantante, un auténtico talento para la composición, un día de abril de 1975 se fue a la cochera de su casa, dejó una nota en la que culpaba al representante ladrón, y se puso la terrible corbata de cáñamo…, tenía 27 años; el bajista Tom Evans intentó reinventar el grupo, pero tras un terrible fracaso artístico y económico (fue demandado y le exigieron una millonada), ocho años después imitó a su compañero y se ahorcó de un sauce en el jardín de atrás, tenía 36 años y sus más allegados subrayaron el hecho de que jamás había superado el suicidio de su amigo y compañero Pete Ham.
También optaron por despedirse de esta vida mediante la cuerda al cuello otros grandes del rock & roll. El canadiense Richard Manuel fue el virtuoso pianista de The Band, grupo que acompañó varios años a Dylan y que ofreció una excelente producción propia; pero siempre fue muy dado a beber y drogarse con todo lo que tenía al alcance, que debía ser mucho; en marzo de 1986, después de un concierto, charlaba con su compañero el batería Levon Helm en el hotel cuando dijo que iba a por algo a su habitación; horas después lo encontraron colgado al lado de una pequeña cantidad de droga y una botella vacía; le faltó un mes para cumplir los 44. Phil Ochs fue un sobresaliente autor estadounidense de folk-rock rebelde y contestatario (para muchos a la altura del Nobel, con quien rivalizó y quien lo despreciaba); a mediados de los setenta empezó a perder la cabeza y, además, se bebía hasta el agua de los floreros, con lo que empezó a ver fantasmas por todas partes; sus hermanos quisieron internarlo, pero él prefirió vivir en las calles de Nueva York hasta que finalmente lo convencieron para que fuera a casa de su hermana, pero en abril de 1976, con 35 años, se ahorcó en su habitación.
El inolvidable teclista Keith Emerson fue uno de los grandes héroes de los años gloriosos del rock sinfónico y progresivo con el trío Emerson, Lake & Palmer; innovador, brillante, atrevido en el estudio y en escena, Emerson sufría problemas de movilidad en sus manos producto de una caída cuando era joven y había sido operado varias veces, pero cuando comprobó que apenas podía tocar y que la cosa iría a peor, en 2016 se descerrajó un tiro, tenía 71 años. Ronnie Montrose fue un emblemático guitarrista de rock estadounidense que tocó con gigantes del género y logró el éxito con su propio grupo, Montrose, en los años setenta; fue diagnosticado de cáncer de próstata y, después de luchar y comprobar que tenía la batalla perdida, en 2012, con 64 años, se reventó la cabeza de un disparo. El guitarrista Bob Welch, que militó en Fleetwood Mac y conoció el éxito en solitario, también se negó a vivir en silla de ruedas; víctima de las drogas, había sido operado de la columna, pero la cosa pintaba mal y los médicos le habían adelantado el futuro que le esperaba; no lo quiso, y en 2012, con 66 años, se disparó en el pecho, explicando en la nota de suicidio que no deseaba que su mujer se pasara la vida cuidando de un discapacitado. Sabido es que el líder de Nirvana, Kurt Cobain, también puso fin a su vida con arma de fuego; dolores crónicos, depresión, heroína e intentos de desintoxicación fallidos, problemas con su esposa, un hijo…, fue demasiado para él y en la primavera de 1994 se disparó en la cabeza.   
¿Quién no se enciende cuando suena ‘More tan a feeling’, el gran éxito de Boston? La elegante y cristalina voz de Brad Delp calló en marzo de 2007 cuando, deprimido por asuntos financieros y problemas familiares, se encerró en su habitación, selló las rendijas, encendió dos parrillas de carbón y aspiró el mortal monóxido de carbono. Grahan Bond nunca fue lo que se dice una estrella del rock a pesar de ser uno de los pioneros del blues inglés (incluso de la electrónica) y dar su primera oportunidad a otros que sí llegaron a serlo; crisis nerviosas, depresión, obsesiones, drogas, problemas financieros…, en 1973 sufrió un ataque que lo llevó al hospital, y un año después, con 36, se tiró al tren en una estación de Londres.
Y hay más, Michael Hutchence, cantante de los australianos Inx, se ahorcó en el 97, a los 37, con un cinturón, víctima de depresión, alcohol y pastillas. Wendy O´Williams, la radical y provocativa cantante de los Plasmatics, lo intentó con un cuchillo, luego con barbitúricos y, en abril del 98, con 48 años, logró su negro objetivo de un balazo en la cabeza. El increíble Screaming Lord Sutch, acosado por desequilibrios maníaco-depresivos, se ahorcó en 1999 a los 58 años. El fantástico guitarrista estadounidense Roy Buchanan, que sufría un severo alcoholismo crónico, intentaba desintoxicarse por enésima vez, pero tras una discusión doméstica fue arrestado por conducir ebrio y encarcelado; al día siguiente el sheriff lo encontró colgado con su propia camisa.
¡Qué mal rollo! ¡Qué mal lo tuvieron que pasar! Al menos, de algún modo, todos esos desgraciados volverán a la vida cada vez que alguien escuche alguna de sus canciones.   

CARLOS DEL RIEGO