sábado, 31 de octubre de 2026

LAS MANIFESTACIONES VIOLENTAS, SAQUEOS E INCENDIOS SE EQUIVOCAN DE CULPABLES

 


Las violentas manifestaciones en toda Europa se equivocan de culpable

 

Las tremendas manifestaciones, disturbios, acampadas, incendios, asaltos, saqueos… que están asolando diversas capitales europeas se llevan a cabo para exigir educación de calidad, viviendas dignas para todos, elevación de los salarios, mejoras para los obreros, lucha contra el capital y el empresario y, en fin, lucha de clases. Sin embargo, el problema de fondo en las llamadas democracias occidentales es el gigantismo de los estados

 

Hoy, los estados democráticos se han convertido en verdaderos monstruos con cientos de miles personas que conforman burocracias infinitas que, lógicamente, se llevan cantidades ingentes de dinero que proceden (¡cómo no!) de los impuestos del ciudadano de a pie. Y lo peor es que este monstruo no deja de crecer y, por tanto, exige más y más para mantenerse. Y luego está el hecho de que la ideología se ha situado por encima de la realidad, de la eficacia, de las verdaderas necesidades de los ‘paganinis’. 

 

Hay aun muchas personas, muchísimos jóvenes, que abominan del capital, del capitalismo, del empresario y la empresa privada; sin embargo, el empresario (habrá de todo claro, desde explotadores a honrados) es quien crea puestos de trabajo; y aquí hay que insistir: en tanto que personas, hay ‘buenos y malos’, o sea, siempre habrá aprovechados sin escrúpulos que sólo mirarán el beneficio personal, pero también los hay que se preocupan por sus trabajadores, que sean justamente remunerados, que tengan buenas condiciones laborales y, en fin, que estén bien atendidos.

 

Pero en las sociedades democráticas occidentales, donde mandan los partidos políticos, cargos, sillones y poltronas, el verdadero culpable de las precarias condiciones educativas (siempre necesitadas de más medios), sociales, laborales o habitacionales es siempre el estado, que en lugar de destinar los recursos de todos (o sea, los impuestos) en beneficio de todos, en el bien común, se gasta la mayor parte (a veces más de la mitad) en sí mismo. Así, cada estado tiene docenas de presidentes (de gobierno, autonómico, regional, local…, de empresas y sociedades públicas, de instituciones y organismos sin fin), cientos de ministros, miles de consejeros y altos cargos, decenas de miles de asesores, de secretarios y subsecretarios…, y cada uno cuenta con sus propias oficinas y medios materiales (ordenadores, móviles, automóviles, dietas, viajes, hoteles…), y medios humanos: escoltas, chóferes, auxiliares, oficinistas, ayudantes… Súmese el coste de todo eso y se llegará a la conclusión de que ese monstruo insaciable llamado estado se queda con la mayor parte de lo aportado por los curritos y empresas; y eso sin contar con los gastos que se van a subvenciones innecesarias otorgadas según ideología y no según necesidades comunes reales. Además hay que añadir lo que cuesta mantener organismos e instituciones afines y, como no puede ser de otro modo, lo que va a los bolsillos particulares de los que gestionan los fondos y sus amiguetes.   

 

Siempre se ha subrayado que en el mundo de capitalismo (abundan quienes lo identifican como el demonio, pero la realidad es que las alternativas se han demostrado peores, muchísimo peores) hay tres clases sociales: ricos, clase media, y pobres. La realidad es que hay muchas ‘subclases’ dentro de cada una de ellas y que no son estamentos cerrados e impermeables; o sea, no son pocos los casos de hombres y mujeres que partiendo de salarios mínimos han llegado a la cima empresarial y a la abundancia de ceros en sus cuentas corrientes; y tampoco son raros los que nacieron en familias adineradas y privilegiadas que han terminado pobres. Y en ambos casos han sido ellos los causantes de los ascensos y descensos. En el polo opuesto están los que no consiguen salir de la necesidad más absoluta, ya sea porque no han tenido formación, son manirrotos con la gestión del dinero y recursos, toman malas decisiones, caen en las drogas, no quieren esforzarse, tienen muy mala suerte, se ven obligados a trabajos pésimamente remunerados, son engañados y/o explotados por indeseables… Y entre ambas están las clases medias, que en occidente son mayoritarias, que viven con mayor o menor desahogo, compran sus viviendas, van de vacaciones (modestas en la mayoría de los casos), viven de sí mismas y siempre están pendientes y dependientes de los precios.

 

Pero el caso es que en los estados comunistas, socialistas o, en fin, de economía planificada por el estado, también hay clases sociales; así, al igual que en el mundo capitalista, en el comunista están los privilegiados, los que viven más o menos bien y los pobres y muy pobres. Por ejemplo, en la extinta Unión Soviética las clases más pudientes estaban copadas por los altos funcionarios del gobierno, del partido, de la policía, del ejército y de los sindicatos; luego estaban los funcionarios medios que, si se portaban bien y obedecían sin rechistar, conseguían vivir justo por encima del umbral de la supervivencia; y finalmente los obreros, los que poblaban las fábricas, condenados a una vida de subsistencia, a vestirse con harapos, a hacer turnos de doce horas, a pasar hambre hasta la desnutrición, a padecer enfermedades y accidentes con escasa atención, a ver cómo sus hijos morían de inanición o desatención… Y cada uno de estas tres clases tenía su propio carnet que indicaba a qué tenían derecho, se llamaba “propus” y en esa tarjeta se indicaba qué podían o no podían comprar, a qué tipo de comida podían acceder, a qué transporte tenían derecho, dónde podían vivir: ya fuera en casas con criados, en viviendas de dos habitaciones o en pisos compartidos por varias familias con cocina y baño común; y para la inmensa mayoría de la población (dos de esas tres clases sociales) el “propus” indicaba cuál era su obligatorio destino de trabajo para siempre. En fin, en los ‘paraísos’ comunistas y socialistas las clases sociales estaban (y donde aún hay, siguen estando) perfectamente delimitadas, cerradas e impermeables.

 

En conclusión, la protesta (legítima si no es violenta) ha de ir contra quienes reparten el dinero público, que siempre se quedan con la mayor parte. El tirano no es el sistema capitalista (¿alternativa?) sino el estado, que exige más y más impuestos, más burocracia, más cargos y más dinero para sí mismo.   

 

CARLOS DEL RIEGO

martes, 13 de octubre de 2026

ALGUNOS DE LOS MÁS CALAMITOSOS PATINAZOS DE LA HISTORIA DEL ROCK

 


 Dick Rowe tiene el 'honor' de haber rechazado a los Beatles para la discográfica Decca, una de las grrandes pifias de la historia del rock


Ya sea en los despachos o en los escenarios, a causa del cambio estilístico o de la elección de pareja, la historia del rock & roll cuenta con una larga colección de malas decisiones o disparates perpetrados por músicos, directivos, productores…, que los han conducido a tirarse de los pelos o al fracaso más estrepitoso de un modo más que previsible. Algunas de estas torpezas serán siempre recordadas, al igual que quienes las cometieron

 

Con total seguridad en la discográfica DECCA aun deben estar lamentando aquella decisión de un directivo que rechazó a los Beatles; y de igual modo los Rolling Stones, que tuvieron la pésima idea de contratar a los ‘Ángeles del infierno’ para mantener la paz y seguridad en un concierto. Son sólo dos de los grandes patinazos que nunca serán olvidados por los amantes de esto del rock.

 

Era diciembre del año 1957 y en Estados Unidos empezaba a hervir un nuevo negocio: el rock & roll. Uno de los grandes pioneros fue Jerry Lee Lewis, quien tuvo la delirante idea de casarse con una prima, Myra Gale Brown, que por si fuera poco tenía apenas 13 años, y para rematar la faena Lewis aun no se había divorciado de su segunda esposa, J. Mitchum. Lo ideal para escandalizar a una sociedad más bien pacata y puritana. El bombazo fue mayúsculo, y no solo en EEUU. Al aterrizar en el 58 en Inglaterra le preguntaron a la niña “¿quién eres tú?”, y ella respondió “soy Myra, la esposa de Jerry”. Y la bomba estalló. La decisión de llevarla con él arruinó (al menos de momento) la carrera de Lewis. Con el  tiempo la cosa fue enfriándose y el cantante, pianista y autor alcanzó el estatus de estrella de los inicios del r&r, pero aquel patinazo siempre lo persiguió.

 

Entre las pifias más famosas está la de Dick Rowe, directivo de la discográfica Decca Records, quien en 1962 tuvo el ojo clínico tan miope como para rechazar a unos chavales que se presentaron con una grabación con 15 cancioncillas, los Beatles. La razón en la que basó su terrible decisión fue que “los grupos de guitarras ya están en decadencia”. ¡Qué visión, qué intuición! En cambio, decidió fichar a los ‘mundialmente famosos’ Brian Poole & The Tremeloes, que cambiaron de disquera en el 66... Claro que luego, para no volver a hacer el ridículo, ficharon a los Rolling Stones, que como todo el mundo sabe, no era (es) un grupo de guitarras.

 

Hablando de los Rolling Stones, también metieron la pata hasta el fondo cuando, en 1969,  contrataron a la ‘pacífica’ banda de motociclistas ‘Hells Angels’ para proporcionar paz y seguridad en su concierto de Altamont (un circuito carreras de coches abandonado) en el norte de California. Como era previsible, los ‘Ángeles del Infierno’ protagonizaron abundantes episodios violentos. Tocaron otros grupos en el festival (hubo en total cuatro muertes), pero mientras tocaban los Stones, un chaval de 18 años sacó un revólver, cosa que provocó que fuera apuñalado y pateado por los infernales ángeles. Lo increíble es que los moteros fueron contratados a cambio de… cerveza.

 

Los Creedence Clearwater Revival publicaron su primer Lp en 1968, y en sólo tres años lanzaron seis álbumes plagados de números uno que aun hoy siguen sonando. Pero en 1971, los compañeros de banda de John Fogerty (autor de casi todos los éxitos de la banda), se rebelan, pretenden mayor protagonismo (incluso su hermano Tom se despide) y terminan por firmar gran parte de los temas del último álbum de los Creedence, ‘Mardi gras’ (1972), con gran parte de los temas firmados por el bajista y el batería, Cook y Clifford; el Lp tiene tres buenas canciones, el clásico de comienzos de los sesenta ‘Hello, Mary Lou’ y

‘Lookin' for a reason’ (delicioso country), ‘Someday never comes’ (muy Fogerty) y la arrolladora ‘ Sweet hitch-hiker’; las tres firmadas por John, el resto…, absolutamente prescindibles. Como no podía ser de otro modo, unos meses después, y con malas críticas del disco, la banda se disolvió. Y es que cuando algo funciona más vale no tocarlo.

 

Hay muchos más casos que merecen ser recordados, como cuando los jurados de los premios Grammy decidieron en 1979 otorgar el galardón al artista revelación a un grupo tan olvidado como Taste of Honey, grupo de música disco que vendió muchísimo de un solo tema antes de desaparecer de las listas y los primeros planos de la música. Y eso que aquel año ya habían llamado poderosamente la atención grupos como The Cars (con dos elepés magníficos) y Elvis Costello (que llevaba tres álbumes históricos).

 

Y también puede señalarse como muy mala idea la que tuvo Dee Dee Ramone, bajista y autor de muchos de los grandes temas de Ramones, cuando en 1987 pensó que podía transformarse de pionero del punk-rock en ‘rapero’. Publicó un Lp con esas y con el seudónimo de Dee Dee King. No hará falta recordar que la cosa fue un gran fracaso y no tuvo continuación. Afortunadamente.

 

En fin, son apenas unas muestras de las muchas y grandes estupideces que se han producido en torno al rock & roll. Y, seguro, seguirán perpetrándose…

 

CARLOS DEL RIEGO


miércoles, 30 de septiembre de 2026

LA DOBLE ESTAFA DEL COCHE ELÉCTRICO


Miles y miles de coches eléctricos están abandonados en cementerios de autos en China sin que nadie los compre por muy baratos que sean, puesto que se quedaron obsoletos al poco de salir de fábrica


Hay centenares de cementerios de coches eléctricos en China que nadie comprará por obsoletos


Después de unos años de presencia del coche eléctrico en las calles de todo el mundo, se pueden añadir algunas razones evidentes a la infinidad de problemas que suscita, de momento, esta nueva forma de automoción. Se engaña al ciudadano doblemente: lejos de ser limpia, su fabricación es muy contaminante, y por otro lado, es una tecnología que pronto se vuelve obsoleta

 

Ya llevan los cien por cien eléctricos tiempo suficiente circulando como para que se tenga la perspectiva necesaria para poner en evidencia los gravísimos problemas que suscitan. Sabido es que su construcción, su fabricación, es idéntica a la de los autos de combustible fósil, es decir, para fundir el metal con que se hace la chapa (capó, puertas, techo…), los ejes, las llantas… hay que tirar de fuente energética que produzca el calor preciso (no menos de mil grados), lo que significa que hay que usar gas, no vale eólica o solar; y lo mismo para dar forma al plástico con que se hace el interior del coche. Además, está el gravísimo problema ambiental y humano que provoca la extracción de los materiales necesarios para las baterías: litio y cobalto.

 

La extracción y transformación del litio exigen millones de litros de agua (y como las minas están en Sudamérica y otras zonas áridas…), con lo que se agota este recurso para la agricultura y las necesidades de comunidades locales. Además, se precisan gigantescas piscinas que salinizan las fuentes de agua dulce y dañan los humedales. Igualmente, los químicos necesarios para refinar el mineral contaminan los suelos y dañan irremediablemente la biodiversidad…, por no mencionar los gigantescos depósitos de residuos que se producen y que permanecen almacenados.

 

En cuanto al cobalto, una gran proporción se extrae en minas a cielo abierto en el centro de África, sobre todo en República Democrática del Congo, provocando gravísimos daños en las tierras, aguas y aire, daño que conduce a la destrucción de bosques enteros y, lógicamente, a la fauna que vive en ellos. Y, aún más importante, allí no existe el concepto de medidas de seguridad, lo que implica graves enfermedades entre los que trabajan en esas minas, que suelen ser familias enteras (padre, madre e hijos), que contraen gravísimas dolencias que los conducen, inevitablemente, a muertes dolorosas y prematuras. Y a ello hay que añadir que las cintas transportadoras que elevan el material desde el fondo de la mina, así como los camiones que lo transportan, las excavadoras y, en fin, toda la maquinaria que trabaja allí, consumen diésel… 

 

En resumen, para que muchos conductores occidentales se sientan bien y puedan proclamar a los cuatro vientos que colaboran a la preservación del medio ambiente, hay que contaminar bosques, tierras, aguas, aire (con gases de combustibles fósiles), desplazar y extinguir fauna local y, sobre todo, provocar enfermedades y muertes entre los ‘mineros’… Pero claro, todo esto no se tiene en cuenta cuando se compra el coche eléctrico, sólo importa que no verterá gases a la atmósfera (al menos aparentemente).

 

Y luego está lo que pasa cuando se compra el cien por cien eléctrico. Como acertadamente explica ‘Mundo Beto’ (en YouTube y otras redes), el auto de baterías es, en definitiva, software con ruedas, algo así como un teléfono móvil con neumáticos (con su batería que se desgasta y cada vez carga menos, su cargador o su sempiterno problema de saturación de archivos) o, más explícitamente, tecnología  en marcha, como una lavadora o un lavavajillas que circulan por la carretera. Todo esto suele volverse obsoleto en muy poco tiempo; nadie comprará un móvil fabricado hace ocho o diez años, puesto que la tecnología, los programas, todo el dispositivo se habrá vuelto antiguo, estará superado por aparatos mucho más modernos, con más posibilidades, más económicos, más eficaces…, además de que la tecnología antigua no permitirá actualizaciones necesarias, tal y como ocurre hoy día con los teléfonos móviles o los ordenadores añosos, que no admiten los reajustes necesarios por falta de capacidad o, simplemente, porque no están preparados para las novedades. En pocas palabras, un coche eléctrico estará anticuado en muy pocos años.

 

Por otro lado, los autos animados por energía eléctrica se han empezado a vender hace ya unos cuantos años, mucho antes de que existiera una red de talleres especializados en la nueva tecnología; y también hay que mencionar que tampoco existe una red de suministro de repuestos que, sin duda, son totalmente necesarios. Todo ello conduce a que cualquier avería va a mantener el coche parado durante semanas o meses, puesto que no hay trabajadores especializados ni lugares donde comprar las piezas que hay que cambiar.

 

Echando la vista al lado contrario, a la opción del auto de combustión, éste puede estar circulando durante décadas, y si hay algún problema se repara en poco tiempo, puesto que hay mecánicos que escuchando el motor u otros ‘síntomas’, señalan sin riesgo de equívoco cuál es el problema y como se soluciona. Y como los suministros se pueden conseguir en minutos u horas… Y no hay que olvidar que la red de cargadores-suministradores de electricidad es bastante menos abundante que las gasolineras. Ah!, y la electricidad no crece en los árboles, pues, entre otras fuentes, sigue necesitando millones de litros de gas y otros fósiles.         

 

En fin, el coche cien por cien eléctrico es un buen invento, pero a día de hoy conlleva una gran cantidad de problemas técnicos, ecológicos y humanos que todavía no han sido solucionados, por lo que es fácil deducir que la alternativa, el diésel o gasolina, todavía tienen mucho que decir. O sea, siguen siendo la opción más inteligente por mucho que los que tienen fábricas e intereses en la automoción eléctrica (empresarios para ganar pasta y políticos para ganar votos) traten de convencer de lo contrario y traten de que el público trague y comulgue con ruedas de molino.

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 16 de septiembre de 2026

EL POP Y EL ROCK DE 1966 SIGUE ASOMBRANDO SESENTA AÑOS DESPUÉS

 



Hendrix sacó en 1966 su apabullante versión del 'Hey Joe', que sigue asombrando
60 años después


La lista de grandísimos éxitos de 1966 que siguen sonando y celebrándose sesenta años después resulta literalmente interminable. Por eso hay que seleccionar y ceñirse a lo más significativo, y a pesar de ello es imposible bajar de la veintena. 

 

Algunos de los principales acontecimientos de aquel 1966 también resultan fáciles de recordar…, en realidad como los de cualquier año. “La guerra de Vietnam continuará hasta que acabe la agresión comunista”, declaró este año el presidente de EEUU Lyndon Johnson, y sí, la guerra continuó; como también la detonación de bombas atómicas, algo a lo que se sumaron otros países, como Francia; y en España se ‘pierden’ varias bombas de esas en Palomares y Almería. En la URSS muere Sergey Korolev, el genio soviético de la astronáutica; una nave estadounidense orbita la luna y la soviética Venera 3 (diseñada por Korolev) llega a Venus. En Inglaterra se celebra el octavo Mundial de Fútbol, que gana la anfitriona con un arbitraje irrisorio y el famoso ‘gol fantasma’ (Inglaterra sólo gana lo que se juega en Inglaterra). En agosto, en San Francisco, Beatles dan su último concierto debido a que el griterío del público les impide escucharse a sí mismos. Guerras, terremotos, inundaciones, accidentes, incendios… tampoco faltan este año en todo el planeta.

 

En cuanto al rock y derivados, aquel año fue especialmente memorable. Los Beatles sacaron el sensacional ‘Revolver’, con piezas del calibre de ‘Eleanor Rigby’ y su inusual y genial acompañamiento de cuerda, o ‘Taxman’, una de las primeras que no hablaba de chico-chica; además, regalaron obras de arte que siguen emocionando, como ‘Yesterday’ (más de dos mil versiones grabadas por nombres como Ray Charles, Elvis, Marvin Gaye, Dylan…), la literaria ‘Paperback writer’, ‘Penny lane’ o las preciosas melodías ‘Michelle’ o ‘Girl’. Sus ‘rivales’ los Rolling Stones también dejaron títulos para la posteridad: ‘Under my thumb’, la espléndida, ‘Out of time’, la inmortal  ‘Paint It black’ o la enigmática ‘19º nervous breakdown’.

 

Entre otras muchas que a día de hoy se escuchan como si acabaran de salir pueden citarse el ‘Try a little tenderness’ del inolvidable Otis Redding; la pegadiza y recurrente ‘I' m a believer’ (compuesta nada menos que por Neil Diamond) de los Monkees; la iresistible ‘Friday on my mind’ (impagable la versión de Bowie); ¡y qué decir del ‘Sunny afternoon’ de The Kinks, o el eterno ‘Wild thing’ (compuesto por Chip Taylor) versión de The Troggs!

 

‘’96 tears’ fue el pasaporte a la posteridad del grupo de Michigan ¿ Mark & The Mysterians…, aunque sus integrantes se llamaban Rudy Martínez (autor), Rodríguez, Balderrama, Martínez y Lugo, hijos de emigrantes mexicanos. Otra pieza que continúa obligando al baile y cuya entrada resulta inconfundible es el ‘Gimme some lovin’ de The Spencer Davis Group, compuesta por un chaval de 17 años llamado Steve Windwood.

 

Bob Dylan editó ese año su monumental ‘Blonde on blonde’, que incluía piezas emblemáticas de su inmenso repertorio, como el ‘Just like a woman"o la preciosa ‘I want you’, tal vez su melodía más bonita (sólo una opinión). Las Supremes de Diana Ross lograron dos de sus doce números uno ese año: ‘You keep me hangin' on’ y ‘You can't hurry love’, que también acumulan cientos de versiones en todas las décadas posteriores. También quedaron para siempre el ‘Knock on wood’ (compuesta por Steve Cropper) a cargo de Eddie Floyd y el siempre apetecible y recordado ‘Reach out I'll be there’ de los Four Tops (con versiones en decenas de idiomas). El inolvidable Jimi Hendrix, tal vez el primer héroe de la guitarra e integrante del odioso ‘club de los 27’, lanzó su abrumadora versión del ‘Hey Joe’.

 

Igualmente hay que recordar piezas que han sobrepasado barreras temporales y generacionales: el dificilísimo ejercicio vocal ‘Good vibrations’ (“una sinfonía en miniatura”, escribieron los más entendidos) de los Beach Boys, aunque podría decirse que es de Brian Wilson; y la inmortal y emblemática ‘Sounds of silence’ de Simon & Garfunkel.

 

Y en español Los Bravos dejaron su incontestable y perdurable ‘Black is black’ (primer número uno de un grupo español en medio mundo); Los Brincos con la aclamada ‘Un sorbito de champán’ y la pegadiza y ‘beatleliana’, ¡cómo no!, ‘Mejor’; o Los Pekenikes con su instrumental ‘Hilo de seda’.

 

Seis décadas después todos estos títulos son fáciles de reconocer, melodías fáciles de tararear. ¿Pasará lo mismo con los temas publicados este año? 

 

CARLOS DEL RIEGO


martes, 1 de septiembre de 2026

CAUSAS DEL DECLIVE IMPARABLE DE OCCIDENTE

 


Imagen del homenaje que hicieron a Jason Arday, demostrado embustero y comprobado plagiador, pero al ser negro (afrodescendiente, vale) y bien parecido se le permite todo y merece un homenaje

El polémico escritor y periodista Arturo Pérez Reverte ha publicado (verano 2026) una de sus llamativas y provocativas columnas en las que afirma que se está produciendo un declive de occidente, una caída de la cultura y la civilización occidental que, vista con perspectiva, resulta muy interesante. Reflexionando sobre tan contundente proclama se pueden enumerar algunas de las evidencias que la apoyan. Se trata de hechos ocurridos en los últimos meses en, sobre todo, Europa y Estados Unidos

 

Resulta muy curioso comprobar cómo en Europa se ha propagado una especie de sentimiento de culpa retroactivo, tal vez debido a que, durante muchas décadas (siglos), los europeos han mirado a otras culturas con cierto aire de superioridad, el cual se ha ido transformando en algo así como una sensación  de error, de delito, que hoy asumen los europeos en nombre del pensamiento no ya de sus padres, sino de sus abuelos y tatarabuelos. Es como si el hecho de haber ‘impuesto’ a aquellas culturas ideas como los Derechos Humanos, la democracia, la igualdad ante la ley…, sea algo de lo que avergonzarse; y si a ello se añaden los avances tecnológicos surgidos en occidente y expandidos a todo el mundo en medicina, la radio y la televisión, el ordenador, internet y el móvil, los automóviles y la electricidad, el uso de recursos energéticos (fósiles, hidroeléctricos, nucleares, eólicos, solares), e incluso propuestas más lúdicas como el deporte, los Juegos Olímpicos o el rock & roll (jazz, soul, funk)… En fin, que todas estas propuestas y avances tecnológicos, culturales o artísticos expandidos desde sus lugares de origen (Europa y América sobre todo) han producido en los occidentales ese sentimiento de culpabilidad que los inclina a pedir perdón a las culturas que se han beneficiado de todo ello.

 

Se pueden enumerar algunos ejemplos  de cómo occidente trata de redimirse de actos, personas e ideas del pasado. Así el caso de Jason Arday. Es éste un asunto más que curioso y sorprendente. Jason Arday era un académico británico de ascendencia ghanesa que se suicidó a mediados de agosto de 2026 a los 41 años. Su carrera fue meteórica, pues en su corta vida consiguió varias licenciaturas y maestrías, publicó libros, tesis doctorales y estudios diversos; fue acogido y aclamado en varias universidades británicas (como la prestigiosa Cambridge) convirtiéndose en un icono cultural. Sin embargo, todo lo conseguido en tan poco tiempo empezó a llamar la atención, sobre todo de periodistas (no sólo, puesto que la universidad de Birbek, donde dijo haber logrado una maestría en psicodinámica, declaró que nunca habían tenido un alumno llamado Jason Arday), que extrañados por tantos logros en tan poco escasos años, empezaron a investigar. Descubrieron que muchos de sus libros, tesis doctorales y publicaciones habían sido plagiados descaradamente, abundantemente. Igualmente, se demostró que muchas de las actividades que Arday afirmaba haber llevado a cabo eran falsas, incluyendo sus ‘proezas’ deportivas (como haber corrido 35 maratones en 30 días)… Sin embargo, todas estas evidentes falsedades fueron disculpadas hasta por las propias universidades. Y las investigaciones de los periodistas fueron calificadas como ‘acoso’. Por todo esto, cuando se suicidó (el forense aseguró que no cabía la menor duda), seguramente porque era consciente de que sus mentiras, manipulaciones y plagios había sido descubiertos, se montó una especie de funeral-homenaje y un acto de acusación contra todos los que habían desenmascarado sus mentiras. ¿Por qué? Pues porque era negro (o afrodescendiente, si se prefiere), joven y bien parecido, algo que ‘viste’ y da prestigio a las universidades británicas; es decir, si este señor hubiera sido blanco y europeo, nadie, absolutamente nadie, lo hubiera homenajeado. Todo este caso es muestra evidente de que Inglaterra quiere redimirse de los pecados de sus bisabuelos encumbrando a un mentiroso, eso sí, negro.

    

En fechas parecidas saltó a los medos el caso de Lindsay Clancey, una madre de EEUU que mató a sus tres hijos, de ocho meses, cinco y tres años. En cualquier otra época toda la sociedad la hubiera acusado de infanticida brutal, sin embargo, existe una corriente e EE UU (además de otros lugares de occidente, incluyendo España) que no sólo la justifica, sino que la disculpa, hasta el punto de que su asesina con cientos de miles de apoyos en las redes sociales y millones de dólares recaudados para su ‘causa’. Hablan de problemas sicológicos y hasta de psicosis post-parto, a pesar de que esta psicosis suele durar de 3 a 10 días, puede llegar a mes o mes en algunos casos y muy excepcionalmente a los tres meses, pero ¿hasta los ocho meses? Pues el caso es que hay quien sostiene, contra toda evidencia, que esta asesina es una víctima y que los culpables son (¡cómo no!) la sociedad y (claro) el marido. Ella mandó al marido a hacer unos recados, luego asesino a sus hijos y luego hizo como si quería suicidarse, es decir, una sucesión que indica premeditación, frialdad y pleno conocimiento. Lo curioso es que si el asesino hubiera sido el marido de nada le hubieran servido alegaciones de psicosis o enfermedad mental, nada de eso, la sociedad entera estaría pidiendo pena de muerte para él. Pero como Lindsay es mujer…, pobre. En poco hablarán de aborto post-parto o psicosis post-parto cuando una madre mate a su hijo de 20 años.

 

También puede mencionarse la arremetida con su automóvil de un islamista contra la manifestación del orgullo gay en Berlín, con resultado de un muerto y muchos heridos, algunos graves. Una manifestante afirmó que “habría preferido que el asesino hubiera sido un blanco cristiano”. Es decir, lo que le importa no es el acto brutal, el muerto y los heridos, sino quién era el asesino. Es otra muestra de la postura occidental ante los islamistas, y ello a pesar de que en países de cultura islámica la mujer es un ser inferior, y los gais o quienes profesan otra religión son reos de muerte.

 

Podría hablarse de la imposición del lenguaje políticamente correcto (romaní, clown o afrodescendiente en lugar de gitano, payaso o negro, términos que usan los interesados sin problemas). O del hecho de que la natalidad cae en Europa de modo imparable mientras que el número de mascotas crece de modo imparable; y a la vez, cada vez hay más musulmanes y que sus tasas de natalidad auguran que en poco tiempo serán mayoría, ganarán elecciones, tomarán el poder y, seguro, impondrán las leyes islámicas. Para cuando los ‘buenistas’ y los occidentales antioccidente se den cuenta ya será tarde.

 

Evidencias que apoyan la afirmación de Reverte: occidente se autodestruye.

 

CARLOS DEL RIEGO


martes, 18 de agosto de 2026

‘REVOLVER’ DE THE BEATLES, 60 AÑOS DEL DISCO QUE CAMBIÓ LA MÚSICA POP-ROCK

 


La portada del Lp  'Revolver' de Beatles fue tan revolucionaria como el propio disco

 

Cuatro chavales de entre 23 y 25 años publicaron hace seis décadas uno de los discos más importantes, influyentes, atrevidos y rompedores de la historia de la música popular. The Beatles asombraron al mundo con ‘Revolver’, un álbum que, con el paso del tiempo, se ha hecho más y más grande, un Lp que no sólo no deja de asombrar, sino que cada vez que se vuelve sobre él se descubre un talento desbordante, una capacidad infinita para sorprender

 

Ya lo dijo el propio Jhon Lennon, “no sabemos muy bien qué estamos haciendo, pero lo que sí sabemos es que será algo distinto a todo y que va a sorprender a todos”. No le faltaba razón. Como todo ‘beatlemaníaco’ sabe, Beatles habían decidido no volver a tocar en directo, pero no porque no supieran tocar, sino porque no se escuchaban a sí mismos en medio del estruendo que el público producía cada vez que subían a un escenario; entre que el equipo apenas tenía potencia y el griterío de decenas de miles de gargantas, era imposible escucharse a sí mismos y a los otros tres, y como todo músico sabe, así es imposible tocar. Por eso decidieron volcarse en el estudio de grabación y proponer lo que hasta entonces nadie había propuesto: grabaciones con las cintas pasadas al revés, dobles pistas artificiales, velocidad variable (ahora rápida, ahora lenta), micrófonos colocados en sitios inusuales, multiplicidad de estilos musicales (del jazz a la clásica, de la experimentación a la electrónica, sicodelia, progresivo…), letras insólitas para bandas de pop y rock, instrumentación extraña (doble cuarteto de cuerda, elementos hindúes). No había límites ni fronteras. Por todo ello, ‘Revolver’, hecho por cuatro chavales, sigue causando asombro desde que salió, en agosto de 1966.  Además, hubo otros detalles dignos de mención…

 

Beatles, como no pocos artistas de su época, miraban con asombro lo que salía de estudios como Stax, en Memphis, donde grababan leyendas como Otis Redding,  Booker T & the MG's, Isaac Hayes, Wilson Picket y muchos más. Los Beatles tenían la ilusión de trabajar en ese mismo espacio, y más si era con el productor y copropietario del sello, Jim Stewart. Pero la cosa no salió. Entre las razones conocidas está que el grupo necesitaba más seguridad de la que Stax podía ofrecer, y también el hecho de que Harrison tuviera los pies en el suelo y hablara de dinero: “Claro que nos gustaría grabar allí, pero la gente se vuelve loca con el dinero al oír la palabra Beatles”. Al final el disco se grabó en los estudios EMI de Londres, los que luego fueron Abbey Road. Paul dijo en 2022: “En realidad EMI era nuestro hogar, lo conocíamos muy bien y podíamos preocuparnos sólo por grabar el disco; es decir, si estás en un estudio desconocido, hay cosas nuevas, nuevo entorno…, mientras que EMI era nuestro el espacio, nuestra gente, y sólo debíamos concentrarnos en grabar”.

 

No estuvo claro el título del Lp desde el principio. De hecho se sopesaron otras alternativas, como ‘Abracadabra’, ‘Bubble and squeak’ (que puede ser ‘burbuja y chirrido’ o ‘carne picada con patatas’), ‘Beatles on safari’, ‘Freewheelin Beatles’ (evidente guiño a Bob Dylan) , ‘Pendulum’ (título que luego usaron los Creedence’), incluso ‘After Geography’, (parodia del ‘Aftermath’ de los Stones).

 

 

Entones los grupos tenían los roles muy bien definidos: cada uno toca su instrumento y punto. Pero los Beatles eran de cambiar los papeles, y más en aquel momento. Eso pasó en ‘Taxman’, una de los primeros temas que ya no hablaban de chico-chica y que, por eso, abrió el Lp. En ella McCartney se encargó del solo de guitarra principal, y no Harrison. “Me encantó que Paul tocara esa parte en ‘Taxman’, dijo Harrison más tarde.

 

El líder de Beach Boys, Brian Wilson, escuchó el Lp anterior, ‘Rubber Soul’, y de ahí sacó semillas de inspiración para escribir luego su enorme ‘Pet sounds’. Más tarde, los Beatles escucharon ese ‘Pet sounds’ y la influencia volvió a invertirse; así, a Paul le entusiasmó el ‘God only knows’, lo que lo inspiró para hacer el ‘Here, there and everywhere’, deliciosa balada del ‘Revolver’ .

 

Más influencias en la parte lírica. Cuentan que el ‘She said she said’ surge de una conversación que Lennon tuvo con el actor Peter Fonda mientras estaban en una fiesta en California, con otros músicos presentes (como Byrds) y bajo los efectos del LSD. Durante la velada el prota de ‘Easy rider’ dijo que sabía lo que era estar muerto, y contó que cuando era niño se pegó accidentalmente, sin intención, un disparo que provocó que, técnicamente, estuviera muerto unos minutos en la mesa de operaciones. “¡No queríamos oír hablar de eso!”, recordaría Lennon más tarde en una entrevista de 1980 (o sea, poco antes de recibir él mismo cinco tiros); y añadió: “Estábamos de ácido, las chicas bailaban y todo era precioso, muy de los sesenta, y este tipo (a quien no conocía, pues no había hecho ‘Easy rider’ ni nada) se acercaba una y otra vez, con gafas de sol, soltando eso de 'sé lo que es estar muerto'; entonces nos íbamos, pues era muy aburrido y casi daba miedo. Estás colocado viene uno y te da la lata con 'sé lo que es estar muerto’; mal rollo".

 

Ringo Starr también tuvo su momento estelar en ‘Revolver’ con la alegre, sicodélica y disparatada ‘Yellow submarine’ (calificada de ‘mala’ por muchos, pero muchos más hubieran dado un brazo por firmarla). Sus autores fueron, claro, Lennon y McCartney, pero otra figura de los años 60 también participó en su creación. Al parecer, Paul visitó a Donovan, quien le hizo una sugerencia para la letra de la canción. “Fue una parte muy pequeña, pero significativa; simplemente me fui a la otra habitación y escribí 'cielo azul, verde mar’, recordó Donovan en una entrevista años después. “Ellos siempre pedían ayuda a otras personas con una o dos frases, así que ayudé con esa. Paul sabía que me gustaban las canciones infantiles. Estoy seguro de que podría haber escrito la frase él mismo, pero supongo que quería que algo de otros, así que…".

 

Sorprende que en los Grammy de 1967 Revolver no ganara el premio al Álbum del Año, que fue para ‘A man and his music’ de Frank Sinatra. Sin embargo, sí ganaron el premio a Canción del Año por ‘Michelle’, del anterior ‘Rubber soul’. Evidentemente, ha dejado más huella ‘Revolver’ que el disco de Sinatra.

 

No sorprende que los críticos coincidan en que “es el mejor disco de Beatles, lo que equivale a decir que es el mejor disco de la historia del pop y el rock”.

 

CARLOS DEL RIEGO

lunes, 3 de agosto de 2026

90 AÑOS DEL COMIENZO DE LA GUERRA CIVIL. QUÉ HACER PARA PERDER UNA GUERRA

 


Cuando los gobiernos de las potencias occidentales vieron imágenes como estas decidieron no apoyar al gobierno que las permitía

 

Hace 90 años (18-VII-36) España se incendió con el comienzo de la Guerra Civil. El Gobierno de la República, indeciso, pasmado, tardó muchísimo en reaccionar a pesar de los rumores que hablaban insistentemente de que se preparaba una sublevación. Lógicamente, la República no quería perder la guerra, pero si hubiera tenido la intención de perderla no hubiera actuado de modo diferente a como actuó. De hecho, aquella inacción en los primeros momentos de la insurrección fue el primer paso de lo que hay que hacer si se quiere perder una guerra

 

En primer lugar hay que especificar la importancia de despojarse de ideologías, prejuicios y credos partidistas para interesarse y comprender hechos históricos, porque de lo contrario siempre se verá de modo diferente el mismo hecho si lo perpetran unos o si lo perpetran otros. Centrándose exclusivamente en cuestiones bélicas y militares resultará bastante fácil entender las causas de la derrota del gobierno en aquella guerra, puesto que sus acciones e inacciones resultaron absolutamente decisivas en el desenlace del conflicto. 

 

Muchos analistas señalan la indiferencia con la que las potencias occidentales (Inglaterra y Francia sobre todo) miraron hacia lo que pasaba por aquí; es decir, no pocos señalan que la causa de la derrota fue que esas potencias se no quisieron colaborar con la República. Sin embargo, la realidad fue totalmente la contraria a esa interpretación del hecho: si no intervinieron fue porque vieron lo que pasaba. Los gobiernos de esos países contemplaron horrorizados la violencia sin control que se ejercía en el bando republicano sin que el Gobierno de España moviera un dedo para detenerla. Ejecuciones masivas, fusilamientos de personas que estaban en la cárcel sin juicio, sin sentencia, sin que pesara sobre ellas ninguna acusación. A aquellas potencias no les pareció correcto apoyar a un gobierno que permitía todo tipo de violencias como la quema de iglesias, monasterios y conventos (incluyendo archivos y patrimonio histórico), como la persecución y asesinato de curas, monjas y seminaristas, como el secuestro, tortura y asesinato de ‘desafectos’ en las chekas…, por no mencionar las huelgas violentas, incendios, palizas, asaltos, tiroteos callejeros (más de 300 muertos en los primeros meses de 1936) o, en fin, el asesinato del líder de la oposición por parte de las fuerzas del estado con uniformes y coches oficiales. Toda aquella locura no era culpa del ejecutivo,  pero lo que no admitían Londres y París era que el Gobierno de España no hiciera nada, o sea, que permitiera tal anarquía sin intervenir. Aquellos países no iban a apoyar al bando rebelde, pero tampoco echarían una mano a un gobierno que permitía ese desgobierno. Evidentemente, a quienes ayudaron al bando nacional la violencia contra el enemigo les traía sin cuidado.

 

La falta de autoridad y de la intención de imponer el orden en las calles, ciudades y, en fin, en todo el territorio nacional, o sea, la total ausencia del gobierno republicano respecto a lo que ocurría en toda España afectó no sólo a la posibilidad de la ayuda exterior, sino que muchos militares indecisos decidieron sumarse a la sublevación ante el caos que había en todo el país. Después de las elecciones de febrero del 36 y tras el 18 de julio, en muchísimos pueblos y ciudades de España se incrementaron los actos violentos con total impunidad. Pero es que el desorden y la indisciplina reinante en el bando republicano desde los primeros momentos también mermaba la eficacia de su ejército. Al no haber una intendencia ordenada se producía un tremendo despilfarro de recursos (armas y municiones, transporte, combustible, alimentos, material médico…), que se distribuían según preferencias y simpatías, no según necesidades. Además, las tropas (regulares o milicianos) sólo obedecían a sus propios mandos: los cuerpos sindicalistas a sus comisarios y jefes, los comunistas a los suyos, los socialistas a los suyos…, con lo que existía una falta de autoridad y coordinación que mermó su eficiencia en combate. Conocido es que cuando Stalin envió un barco con material bélico ordenó que no desembarcara en Barcelona porque allí había muchos anarquistas, así que descargó en Alicante, donde se tardó muchísimo y se perdió un tiempo precioso.

 

Lógicamente, la indisciplina y la desconfianza provocaban que muchas veces la tropa acordaba por su cuenta por dónde avanzar sin tener en cuenta las exigencias que toda acción militar requiere; otras veces cambiaban de rumbo sobre la marcha porque se quería ‘escarmentar’ a este o aquel. Asimismo, los jefes y oficiales de cada compañía, división o cuerpo de ejército también desconfiaban el uno del otro, por lo que no existía coordinación, ni objetivos comunes, ni colaboración, sino que cada uno decidía por sí sin informar (hubo casos en que uno avanzaba o retrocedía sin dar cuenta a nadie, con lo que se contaba con ellos y no estaban o aparecían tropas que no se esperaban); además aquellas rivalidades y rencillas de partido llevaba a unos a no apoyar un ataque, a otros a no proteger un flanco, y a los otros a una retirada injustificada… En resumen, cada una de las unidades estaba integrada por militantes de los diversos grupos políticos que conformaban el Frente Popular y cada cual hacía la guerra por su cuenta según su interés o parecer.

 

Según cuenta el anarquista Cipriano Mera en sus memorias, tanto las Brigadas Internacionales como las unidades de Líster o los batallones de la CNT “retrocedían en desorden sin que hubiera forma de pararlos y reorganizarlos”, y señala que la causa era la falta de disciplina de la tropa y la negativa a obedecer órdenes. De hecho, el cuerpo que mandaba Mera recogió miles de fusiles y piezas de artillería abandonadas por las tropas de El Campesino que huían en desbandada. El mencionado Cipriano Mera estuvo a punto de fusilar a los miembros del Gobierno de la República a los que pilló escapando de Madrid porque pensaban que la ciudad estaba perdida; es lo que se conoce como 'el incidente de Tarancón': sin comunicar nada a los altos mandos militares, varios ministros y altos cargos decidieron huir, sin más. Mera, lo calificó como “verdadera vergüenza”, y añadió “si no monto ahora una gorda por mi cuenta es porque tengo conciencia de que no deben imponerse los puntos de vista particulares”. Otra muestra del desbarajuste se produjo al final de la guerra, cuando el coronel Casado se rebeló contra lo que quedaba del gobierno: una guerra dentro de la guerra.

 

El otro bando se recompuso rápidamente del desorden inicial, se reorganizó, estableció la cadena de mando, impuso la disciplina, todo el mundo obedecía a sus superiores, las operaciones estaban coordinadas, organizadas, pensadas. Todo eso es imprescindible para ganar una guerra, y sin ello la derrota es segura. Al comienzo de la guerra el bando republicano tenía todo a su favor: territorio, tropas y jefes, material bélico, fábricas, industrias, arsenales, recursos humanos…, pero nada de eso vale sin disciplina, mando unificado, orden…

 

CARLOS DEL RIEGO

jueves, 23 de julio de 2026

CUATRO ÉXITOS DEL ROCK USADOS ESTÚPIDA Y EQUIVOCADAMENTE EN ANUNCIOS PUBLICITARIOS

 


Nike usó el 'Revolutión' de los Beatles para promocionar sus zapatillas, sin más permiso que el de Yoko y MIchael Jackson, propietario de los derechos. Pero la cosa no funcionó

 

Los músicos de rock (como los demás) viven de los discos, giras, conciertos, merchandising…, pero a veces ceden derechos de sus canciones para anuncios; y otras veces, las agencias de marketing y publicidad maniobran sutil y suciamente para tomar una canción famosa y convertirla en lo que no es con fines puramente económicos. Así, hay grandes títulos, verdaderos clásicos del rock, que han sido usados en comerciales de un modo totalmente opuesto a su intención y la de sus autores

 

Seguramente, Janis Joplin hubiera torcido el gesto si hubiera vivido en 1995, cuando la marca de coches Mercedes utilizó su canción 'Mercedes Benz' para promocionar un automóvil. El tema (del que Janis era coautora) es una  sátira del materialismo inspirada en un verso del poeta beat Michael McClure. Primero la improvisó durante una tarde de juerga nocturna, y luego la cantó sin haberla ensayado en un concierto esa misma noche. El batería Clark Pierson explicó: "Cuando ella empezó nos miramos unos a otros e intentamos seguirla”. Por si fuera poco, Janis decidió grabarla en el estudio de improviso, pero desgraciadamente fue la última canción que grabó antes de su trágica muerte. Por todo ello (espontaneidad, crítica cultural, sátira) parece contradictorio que la firma automovilística alemana la eligiera para sintonía de uno de sus anuncios. Al parecer, ésta quiso modernizar su imagen y convencer a compradores jóvenes..., que tuvieran suficiente pasta.  En todo caso, a Janis (que tenía un Porsche) seguramente no le hubiera gustado la jugada comercial; eso sí, los herederos de Joplin (sus hermanos Michael y Laura) justificaron la operación diciendo que "Es un homenaje tanto a la canción como al coche"...

 

¿Quién no ha vibrado, tarareado, entonado el 'Revolution' de los Beatles? Todo interesado sabe que el tema habla de la protesta política, de la complejidad de la revolución y, en fin, de la revolución violenta como solución. Sin embargo, en 1987 la marca de zapatillas Nike la usó para una de sus campañas. Cuando salió el anuncio, la compañía del cuarteto de Liverpool, Apple Records, demandó a Nike, a EMI, a Capitol Records y a la agencia de publicidad Wieden & Kennedy por 15 millones. Alegaron que nadie había consultado a los Beatles supervivientes..., pero resultó que Yoko Ono (siempre esta tiparraca), que estaba en directiva de Apple, había avalado el trato sin avisar a nadie. Además, Michael Jackson había comprado los derechos y legalmente podía vender la canción para publi o lo que fuera. Pero el anuncio, con su aparente intención artística, no funcionó. El tema de Lennon sobre el lado violento de la revolución, los cambios sociales y la ingenuidad de ciertos revolucionarios tenían demasiada profundidad para un simple y ramplón mensaje comercial.

 

Pocos temas se atreven a hablar de las subculturas urbanas, transgresoras y marginales (originalmente de Nueva York, pero en realidad de cualquier ciudad) como el hipnótico 'Walk on the wild side' de Lou Reed, con su secuencia de bajo, su voz irónica, sus coros hechizantes, su saxo... Producida por Bowie y Mick Ronson, hace referencia a prostitutas, homosexuales, transexuales..., a comienzos de los años 70 del siglo pasado. Lou Reed no ganó mucho con la canción, al menos cuando salió, pero lo situó definitivamente en los altares del rock & roll y le dio gran reconocimiento en la prensa especializada. Pero claro, Reed necesitaba y deseaba más dinero que prestigio. Por eso accedió, en los años 80, a que fuera sintonía de un anuncio de motos Honda, y en 2011 de la marca de ordenadores HP. Los más ortodoxos señalaron que Reed, en otro tiempo adalid antisistema, se había dejado comprar; sin embargo, en 1986 (Lou murió en 2013) declaró: "También yo tengo que pagar el alquiler, ¿y no pueden aceptar una maldita broma?".

 

En 2002 la marca de pantalones vaqueros Wrangler usó el 'Fortunate son' de los Creedence para anunciar su producto. Las imágenes muestran gente riendo y disfrutando bajo la bandera de EEUU..., aludiendo a lo 'afortunadas' que eran esas personas. Sin embargo, la intención de la canción es muy diferente, pues es una crítica dura y descarnada del reclutamiento de los jóvenes para ir a la guerra de Vietnam, pues viene a decir que el 'Hijo afortunado' paga y se libra, mientras que los otros... Esto es lo que quiso denunciar John Fogerty cuando la escribió en 1969. El spot elude las frases más embarazosas y evidentes, las que se refieren a la guerra, dando a la canción un barniz de felicidad que tendrían los compradores y consumidores de esos pantalones. NI que decir tiene que el propio Fogerty cogió un enorme berrinche, pero como había sido engañado para vender sus derechos a Fantasy Records, o sea, al timador Saul Zaent, no pudo decir nada, ni denunciar, ni señalar a Zaent como manipulador.

 

Son cuatro, pero, en realidad, la lista de piezas emblemáticas del rock cuya intención ha sido tergiversada por la publicidad podría alargarse bastante.

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 8 de julio de 2026

LA IDEOLOGÍA POLÍTICA CONDUCE, INEVITABLEMENTE, AL FANATISMO



 El fanatismo ideológico condujo al apoyo a los nazis aun cuando ya se sabía qué estaban haciendo. Algo parecido sucede hoy en democracias occidentales


La ideología política nubla la mente y oscurece la razón. Así lo expresaron algunos pensadores. Resulta oportuno recordar (otra vez) al alemán Ernst Jünger, quien vivió más de un siglo y, como él dijo, tuvo tiempo para vivir y sentir todas las ideologías, después de lo cual concluyó que “la verdadera libertad sólo se alcanza cuando uno se sacude la ideología política, ya que ésta termina por esclavizar la mente”. Esta evidencia se confirma continuamente, puesto que la mayoría de las personas no cambian el sentido de su voto hagan lo que hagan ‘sus’ líderes políticos

 

“Yo votaré a este partido aunque le esté quitando la comida de la boca de mi hijo”, manifestó sin el menor rubor una mujer cuando se acercaban unas elecciones. Igualmente, en la misma circunstancia, un hombre proclamó, no sin cierta dosis de orgullo, que “yo votaré a este político aunque me haya robado la cartera y se haya acostado con mi mujer”. Son dos muestras (podrían recordarse muchas otras de similar intención) de que la ideología política se ha impuesto a cualquier razón, a cualquier evidencia, a cualquier modelo de cordura. Se confirma, sin la menor duda, lo que Jünger afirmaba sobre la forma con que la ideología política termina por arrebatar la libertad de pensamiento a las personas, convirtiéndolas en esclavas, en marionetas que pensarán lo que la ideología y los líderes políticos les digan: qué pensar, qué decir, qué hacer.

 

“El actual gobierno mete miedo, pero yo seguiré votando al partido que lo sostiene”. “No cabe duda de que son unos corruptos sin conciencia, pero yo volveré a votarlos”… Son algunas de las respuestas que dan ciertas personas a los entrevistadores de las empresas de sondeos cuando se acercan unas elecciones: el fanatismo se impone a la razón. Quien opta por una papeleta de voto u otra en función de las personas y sus actos, y no en función de las siglas de este u otro partido político, se puede quedar de piedra ante el modo de ‘pensar’ de quienes manifiestan tal grado de fanatismo.

 

Durante la tiranía nazi en Alemania (de 1933 a 1945) la gran mayoría de los alemanes apoyaron incondicionalmente al Führer; cierto que quienes se expresaron en contra fueron rápida y sistemáticamente eliminados: comunistas, socialistas, demócratas, críticos…, además de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados físicos y mentales. Pero la realidad es que la población en general defendió fanáticamente al líder, incluso denunciando a quien se atrevía a manifestar no ya críticas, sino simples dudas (hay alguna excepción, como la protagonizada por la organización ‘La rosa blanca’ en 1942-43, que terminó con todos en la guillotina). Cuando ya estaban en marcha los campos de concentración y exterminio, los guetos, las ejecuciones sin juicio (o con juicio si el juez era Roland Freisler o parecidos), la invasión de Polonia, Bélgica, Holanda, Francia, Rusia y, en fin, la guerra contra todo y contra todos, el partido nazi no perdió el favor sincero de los germanos; de hecho, ni siquiera cuando a finales de 1944 ya se sabía que la guerra estaba perdida los ciudadanos se volvieron contra el partido y el gobierno. Se conocen casos de fanatismo extremo: cuando el alimento ya había desaparecido de las tiendas, bombas soviéticas cayeron sobre unos caballos, que permanecían destripados en medio de la calle; los hambrientos berlineses corrieron a descuartizarlos y repartir la carne cuando llegó un fanático funcionario, sacó la pistola y preguntó si esos animales habían sido sacrificados siguiendo la ley (Hitler promulgó leyes muy estrictas sobre bienestar animal), y sólo depuso su actitud cuando comprobó cómo habían muerto los caballos. En otra ocasión, con los rusos a unos pocos kilómetros de Berlín, el hambre llevó a los vecinos hasta un almacén donde aun había algo que comer, pero al llegar se encontraron con que el funcionario, respaldado por dos SS, se negó a entregar la comida sin una orden escrita de la superioridad, y ello a pesar de que ya se oían las orugas de los tanques rusos; frustrados, los berlineses se fueron con las manos vacías, pero aun pudieron escuchar, poco después, como las bombas destruían ese almacén…, es decir, el funcionario fanático prefirió que los víveres se quemaran ates que entregarlos a los hambrientos.

 

Ese fanatismo ciego, extremo, irracional, demencial, es el que condujo a la población alemana a sostener al Führer y no conjurarse contra el partido y el gobierno. Y no sólo al final. Hace años se publicaron miles de cartas escritas a sus familias por soldados de la Wehrmacht destinados en los frentes o en los campos de exterminio, cartas en las que explicaban qué estaban haciendo, cómo mataban y asesinaban a hombres, mujeres y niños sin el menor remordimiento, con frases como “parece cruel pero es necesario”, “cumplimos las órdenes con entusiasmo, pues vienen del Führer”, “no se cuestiona ni se duda cuando se nos ordena matar a mujeres, niños o sumisos”… Es decir, la población ya sabía qué estaba pasando, qué ocurría y cómo se trataba no sólo a los prisioneros, sino a los no combatientes y a los encarcelados por ser de esta etnia, pensamiento u origen. Pero ese conocimiento no produjo ninguna crítica, ninguna duda de conciencia, ninguna desconfianza o indecisión.

 

A situaciones tan terribles como estas conduce el fanatismo que lleva a alguien a proclamar con orgullo que seguirá votando a este partido y a este líder político haga lo que haga. Muchos se han preguntado cómo los alemanes (tenidos por racionales y lógicos) pudieron caer en las redes del Partido Nazi. Hoy se puede ver cómo en los países democráticos se llega a eso.         

 

La ideología política, en fin, distorsiona el pensamiento y fanatiza a la persona. Comprobado. Pero aún así, hay quien cae en la trampa, como quien entra en una secta sabiendo lo que es y lo que van a hacer con él.

 

CARLOS DEL RIEGO