En realidad, en las batallas participaron muchísimos más indios (miles) que españoles (unos pocos cientos)
Periódicamente, recurrentemente se
habla de la actuación de España en Hispanoamérica. La declaración del Rey sobre
“los abusos” ha sido la más reciente, pero no será la última ni la más acertada,
informada o justificada. Por más que se repita el mantra, la realidad, la
Historia, los datos y los números desmienten cualquier manifestación en ese
sentido…, aunque lo diga el Rey
En primer lugar hay que hacer constar
que España no puede disculparse por lo realizado en México, Colombia,
Venezuela, Bolivia, Perú y el resto de países hispanoamericanos por la simple
razón de que ninguno existía antes de la llegada de las carabelas españolas. Es
lo mismo que decir que España tiene que ‘devolver’ Ceuta y Melilla a Marruecos,
puesto que esas ciudades formaban parte de la corona española cuatro siglos
antes de que existiera Marruecos; por tanto, se pueden vender, regalar o
alquilar, pero no se pueden devolver por la sencilla razón de que nunca fueron de
Marruecos.
Por otro lado, habría que preguntar al
monarca a qué “abusos” concretos se refiere. Cierto que en toda conquista la
violencia es cotidiana, cierto que hace medio milenio las cosas se hacían con
la espada, pero también es cierto que no se puede exigir que España contemplara
los Derechos Humanos porque éstos no se habían ‘inventado’. Asimismo,
cualquiera que tenga mínimos conocimientos del asunto puede decir que la ley
española amparó siempre al indio; así, desde el testamento de Isabel la
Católica hasta las Leyes Nuevas de 1542 pasando por las Leyes de Burgos de
1512, las normas promulgadas por la Corona Española exigían "dar un trato
cristiano y protección al indio”, a la vez que prohibían el maltrato, regulaban
la jornada laboral y la evangelización (Burgos 1512); y Carlos I en 1542
promulgó las “Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por su Majestad para la
gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios”.
En otras palabras, es más que evidente
que la ley protegía al indio sin ninguna duda, pero claro, como siempre ha
sucedido, como sucede hoy en cualquier país, nunca faltan delincuentes
dispuestos a pasarse por el forro la ley, es decir, siempre hay asesinos,
ladrones y maltratadores dispuestos a infringir la ley. Y si hoy hay
malhechores y criminales ¿Cómo no los iba a haber hace 500 años?, sobre todo
teniendo en cuenta que el centro de poder (España, Madrid) estaba a muchos
meses de distancia. Incluso en la institución llamada ‘La encomienda’, los
encomenderos estaban obligados a obedecer esa legislación. Por eso, muchos
españoles fueron sometidos a los llamados ‘juicios de residencia’ por su ilegal
y criminal actuación en la Nueva España.
Asimismo es preciso recordar que la
mayor parte de los “abusos” proceden del libro-libelo de Bartolomé de las
Casas, quien curiosamente nunca especifica ni quién, ni cuándo, ni dónde; sin
embargo, el resto de cronistas que estuvieron allí y escriben de primera mano
(Bernal, Motolinia, Fernández de Oviedo o el propio Hernán Cortés) siempre que
cuentan un hecho, encuentro, llegada o batalla dejan claro desde el primer
momento dónde se produjo (en un pueblo llamado tal, en un bosque cerca de tal),
el día concreto (día de San Antonio, a dos días de la Pascua, al día siguiente
de Navidad…), quién era el capitán que mandaba la tropa española, cuántos eran
y cuántos indios aliados los acompañaban, cómo se llamaba el cacique del
pueblo… Todos dan todos los detalles excepto de las Casas, que jamás concreta
nada, lo que hace que su libro sea mentiroso y deshonesto y, por tanto,
absolutamente desechable e inútil históricamente hablando (ni siquiera describe
flora, fauna, personajes, costumbres, vocabulario…, como hicieron los otros).
Es necesario también recordar que lo que
Cortés conquistó fue el Imperio Azteca (no México), el cual tenía tiranizados a
todos los pueblos de alrededor, a los que periódicamente asaltaba para llevarse
hombres y niños para el sacrificio (extraer el corazón en vivo) y para
comérselos, y mujeres para convertirlas en esclavas sexuales; los conquistados habían
conquistado (seguro que no con la bondad y buenas palabras) los territorios que
luego ocuparon. Es por ello que tlascaltecas, tarascos, chichimecas, zapotecas…
se aliaron con Cortés en contra de los odiados aztecas (los cronistas cuentan
un sinfín de los agravios sufridos por estos pueblos a manos de los aztecas, y
también los dichos y palabras malsonantes que decían cuando se referían a ellos).
Por tanto, España no puede disculparse ante México porque no existía, y porque
gran parte de lo que hoy es México estaba habitado por los enemigos de la
tiranía revientapechos y caníbal. Y algo parecido puede decirse de la actuación
de Pizarro en Perú…
Igualmente se acusa a España de haber
robado el oro. En realidad, la mayor parte de los metales preciosos extraídos
quedó allí, y con ellos se construyeron más de mil hospitales (para blancos,
indios y mestizos, como rezan las cartas fundacionales de los mismos; y también
los llamados hospitales de naturales, reservados sólo para indios, o los que
atendían exclusivamente a las indias), casi tantos colegios de primera y
segunda enseñanza y de ‘formación profesional’, cerca de cuarenta
universidades, infraestructuras (hubo alcantarillado en América antes que en
España), plazas y edificios…, por no hablar de la organización territorial, la
tecnología (antes de Colón desconocían la rueda, la escritura…), el derecho que
asistía a toda la población o una lengua universal (la primera imprenta de
América la tuvo el México español). En este sentido cabe preguntar a las demás
potencias conquistadoras qué dejaron cuando se marcharon, ¿Qué dejó Inglaterra
en la India o en Sudáfrica o cuántos indios quedan hoy en EEUU? (en
Hispanoamérica entre en 75 y el 95% de los habitantes son indios o mestizos, en
EEUU no llegan al uno por cien), ¿Qué dejó Bélgica en el Congo?, ¿Qué dejó
Holanda en Indonesia?...
En fin, si España cometió “abusos” en
Hispanoamérica (no Latinoamérica, que es un término inventado por los franceses
para no recordar a España cada vez que se referían al continente) fue obra de
delincuentes y criminales que violaron la ley, mientras que en las otras
potencias conquistadoras todo la violencia se ejerció al amparo de la ley, que
trató a los indígenas sin piedad, con racismo extremo y con violencia
consentida e incluso subvencionada.
Felipe VI no tiene razón ni aunque su
declaración se sacara de contexto.
CARLOS DEL RIEGO
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