miércoles, 23 de mayo de 2018

COMUNISTAS DE BOQUILLA, CAPITALISTAS DE HECHO Da y dará aún mucho que hablar el asunto de los comunistas anticapitalistas y anti-sistema (la parejita podemita), que se han comprado una vivienda siguiendo todos los pasos, símbolos y mecanismos que caracterizan el capitalismo

No es coherente ni creíble decirse anticapitalista y exhibir todos los símbolos capitalistas (en la foto, la propiedad de los dirigentes podemitas anticapitalistas).


Dejando a un lado el asunto de la discrepancia entre lo dicho antes y lo que hacen ahora, pueden comprobarse otros tremendos antagonismos entre ciertos dirigentes políticos que se proclaman comunistas, socialistas, rojos o izquierdistas y que, sin embargo, continuamente recurren a todos los factores que definen al burgués capitalista.

El ejemplo de la parejita que manda en Podemos es perfectamente descriptivo. En primer lugar, al comprarse una vivienda mucho mejor que la que tenían están mostrando el deseo de progresar, de mejorar su modo de vida, y ¿qué hay más básico en el capitalismo que tratar de prosperar, de esforzarse para acceder a propiedades más deseables, más cotizadas? En segundo lugar, hacer negocios con los bancos es esencia del capitalismo y frontalmente contrario al comunismo, el cual abomina de los beneficios de la banca, de la bolsa, de los que se dedican a las finanzas.

Por otro lado, con total seguridad, los aludidos serán posesores de muchos otros haberes y elementos simbólicos del capitalismo. Puede darse por cierto que los dos tendrán rollizas cuentas corrientes, puede que también planes de pensiones e incluso inversiones; y de igual modo no se privarán de los bienes de consumo que casi todo el mundo disfruta en las sociedades occidentales, como electrodomésticos, automóviles, ordenadores o teléfonos. Nadie puede reprocharles nada por ello, pues en el mundo del capitalismo el personal aspira a eso; pero sí parece oportuno recordarles (a ellos y a otros que van presumiendo de izquierdistas) que poseer propiedades inmobiliarias, acumular efectivo y negociar con las entidades bancarias (lo que significa aumentar sus beneficios) y adquirir los bienes de consumo según mandan los mercados son elementos simbólicos que caracterizan el capitalismo y absolutamente opuestos a las teorías de economía planificada, o sea, al comunismo. En pocas palabras, no se les puede señalar por tener el deseo de progreso material y económico, pero deben comprender que eso se llama capitalismo.

En fin, si la pareja en cuestión viviera en uno de esos países tendría una casa como la que ha comprado, pero nadie ajeno a los cargos del partido podría ni siquiera soñar con tal posesión; sin embargo, aquí hay millones de propietarios. Nadie les reprocha que se aprovechen de las ventajas del capitalismo, pero sí que es conveniente recordarles que antes de maldecirlo tengan en cuenta que ellos recurren a todos los símbolos capitalistas, por lo que también podría exigírseles que dejaran de proclamarse lo que no son. Tampoco hay que olvidar que la base del comunismo, su abc, su esencia, es la renuncia a toda propiedad privada… O sea, que si posees (casas, cuentas corrientes, bienes de consumo que se renuevan rápidamente) y acumulas posesiones no eres comunista, y hay que tener la valentía de asumirlo. Y decirlo.

En definitiva, ¿qué es lo que diferencia el cotidiano vivir de la parejita del de otros ciudadanos que no se dicen comunistas y/o anticapitalistas?

No se puede decir que se es del Barça e ir continuamente con la bufanda y la camiseta del Madrid, y peor aún, tratar de justificarlo.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 20 de mayo de 2018

LAS MEJORES CANTANTES DE ROCK: ENTRE KAREN CARPENTER Y JANIS JOPLIN El rock siempre ha contado con voces de chicas, las cuales han enriquecido el género y le han dado una perspectiva propia. Y como es lógico, existe una gran diversidad, con muchas que cantan muy bien, especialmente bien

Karen Carpenter (que también era baterista) es una de las mejores cantantes de la historia del rock.
Janis Joplin es pasión salvaje, rock desbocado.


Grandes, enormes cantantes ha aportado a la causa del rock el sexo femenino. Como es lógico, existe una abundantísima variedad vocal femenina, y no faltan las que fueron referencia y contribuyeron decisivamente a la evolución de esta especialidad musical. Tan heterogénea diversidad podría acotarse entre la voz refinada de Karen Carpenter y la desbocada de Janis Joplin. Entre ambas, un universo de estilos y personalidades, de voces de seda y de expresiones agresivas. Como solistas con acompañamiento o como líderes de su grupo, en esto del rock & roll no faltan las chicas que cantan o cantaban bien, especialmente bien. Algunas serán siempre recordadas por su voz singular, otras por su poderosa personalidad, por su estilo, sus modos innovadores, su capacidad de transmitir sensaciones o por su académica corrección… e incluso hay algunas que lo tienen todo. Las hay que apenas bordearon las fronteras del rock, pero es imposible no acordarse de cantantes excelentes como Aretha Franklin, Nina Simone, Roberta Flack o Billie Hoilliday (que murió aun en los años cincuenta); son voces inconfundibles y vocalistas con mucho temperamento y enormes capacidades, de modo que no es extraño que el incondicional del rock sepa apreciarlas.

La voz de Karen Carpenter es la dulzura hecha sonido. Modulada, segura y con aplomo, transmisora de todas las emociones, aparentemente delicada pero con un fondo infinito. Así es la voz de la mitad de The Carpenters. La malograda cantante (y extraordinaria baterista) entonaba con una naturalidad asombrosa, tanto que al escucharla se tiene la impresión de que no le cuesta el mínimo esfuerzo recorrer la melodía. Su repertorio y ambientación tiraba al country más ligero (con letras cargadas de tópicos), pero su desbordante talento le permitía entonar cualquier canción y mejorar el original, o aventurarse por cualquier registro como si fuera una consumada especialista. Podía cantar la cancioncilla más simplona e intrascendente y dejar al público con la sensación de estar escuchando la partitura más solemne. La voz y entonación de Karen es, tantos años después de su muerte, armonía en estado puro.

Entre las que tienen (o tenían) ese algo especial está la desgraciada Whitney Houston, que exhibía una textura vocal clarísima, pulida, resplandeciente y colorida; era muy expresiva en escena y poseía gran dominio del ritmo y control de la intensidad. No puede olvidarse a la menuda integrante de Fleetwood Mac Stivie Nicks, cuya voz es frágil y poderosa a la vez, ronca e infantil, dulce y misteriosa a veces y cargada de agresividad rock en otras. De los tiempos de la sicodelia hay que recordar a Grace Slick y sus lisérgicas interpretaciones. Estupenda, inolvidable Ronnie Spector, la esposa de Phil y solista de las Ronettes, cuyo tono de voz no puede ser más evocador. Justo es mencionar a las prematuramente fallecidas Patsy Cline, que estaba entre el country y el pop y fue una de las primeras grandes figuras femeninas; a la deliciosay Tammy Wynette, que era puro refinamiento soul; y claro, a la inolvidable Mama Cass, dotada de una poderosa voz de soprano.  

Pero hay más, pues la magnífica variedad vocal y de personalidades que el sexo femenino aportó al rock & roll parece infinita… Todas estas tenían esa chispa, ese don que diferencia a alguien que canta con el que emociona cuando canta. Por ejemplo Patty Labelle, todo fuerza y control; Debora Harry, de Blondie, que supo poner un toque de clase al primer ‘punk-new wave’ estadounidense. El folk –pop estadounidense cuenta con muy buenas cantantes, como Joni Mitchel o Linda Ronstadt, que siempre supieron afinar sus intencionados textos. Recientemente desaparecida, la irlandesa Dolores O´Riordan (The Cranberrys) dejó un estilo muy fácil de reconocer. Sentimental y al tiempo profunda, con clase y una gracia especial, la completísima Carole King. ¿Y Diana Ross?, ¿y Donna Summer?, ¿acaso no lo hacen con personalidad y más que corrección? ¡Cómo no recordar a la exuberante y potente voz de soprano de la germana Nina Hagen! ¿Y alguien se acuerda de la malograda Marisca Veres, la cantante de The Shocking Blue?  Ah!, y se puede colar por aquí la desbordante Dolly Parton, casi siempre en el terreno del country, capaz de ser alegre y desgarradora, ingenua y resabiada, y puede hacerlo todo en la misma canción. Y si de energía y carisma se trata, pocas como la tonalidad metálica de Tina Turner y su impetuosa presencia.

Hay otras tal vez menos refinadas, pero eso no impide que sean figuras imprescindibles. Así Patti Smith, que no tiene una buena voz ni grandes cualidades canoras, pero todo lo suple con su fortísimo carácter, con su grito desbocado y su salvaje presencia; sus gemidos, bufidos y quejidos señalaron los modos del punk. E igualmente tampoco se puede decir que Suzi Quatro, Joan Jett, Pat Benatar o Chrissy Hynde cantaran especialmente bien, pero tienen su mérito.

Y finalmente, Janis Joplin. La recordada cantante texana abría por completo su alma en cada concierto (los vídeos lo demuestran) y echaba su corazón hasta la último nota; aun hoy es capaz de agitar el corazón y el sentir de cualquier que la escuche. Su voz es inigualable, no hay con qué compararla, rasgada, suplicante, emocionante, encendida…, inconfundible. Cuando hacía blues tendía al grito, pero por increíble que parezca, jamás desafinó, nunca se salía de tono: ni en el más desesperado quejido, ni en la voz más desgarradora perdía el sitio. La manera con que ella se expresaba y cómo trataba su voz abrió todas las puertas a quien soñara con cantar rock, blues, pop, soul…, hombre o mujer. Con ella se aprendió que un cantante de rock debe dejar salir lo que tiene para que la gente sienta lo que él. Tantos años después de su muerte sigue produciendo escalofríos.

Entre Karen y Janis, una gama infinita de rock con chicas al micro. 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 16 de mayo de 2018

LA RECONQUISTA La Historia de España, sobre todo la Reconquista y América, se ha convertido en tema de interés general: todo el mundo opina, todo el mundo valora, todo el mundo juzga…, casi siempre desde el desconocimiento y, peor aún, desde la estética actual


Ramiro II de León infligió una severa derrota al califa Abderramán III (que huyó para salvar la vida) en la batalla de Simancas, año 939 (en este grabado antiguo, toma de Magerit, Madrid, por el propio Ramiro II).

Desde hace unos años se ha desatado en España un enorme interés por la Historia. Sin embargo, gran parte de los que se enfrascan en discusiones sobre la de España lo hacen según su ideología y desde el presente y, generalmente, con un gran desconocimiento; así, es habitual que se emitan valoraciones morales sobre lo sucedido hace siglos y se adopten opiniones basadas en artículos de periódico, en tópicos y bulos sin el menor rigor histórico, en interpretaciones sesgadas y parciales…, en lugar de informarse por uno mismo a través de obras de investigación de historiadores y especialistas. En cualquier caso, uno de los temas preferentes de discusión de la Historia de España es la Reconquista.

Casi a diario se difunden asuntos relacionados con ese largo período que dan origen a encendidas polémicas, ya que no pocos españoles abjuran del concepto, maneras y fines de la Reconquista, y califican con conceptos actuales las acciones llevadas a cabo por los españoles de la Edad Media (por eso hay criaturas que están convencidas de que, de haber vivido en aquellos tiempos, comerían hamburguesas y beberían gin-tonic, vestirían vaqueros, escucharían rock & roll y, sobre todo, pensarían igual que piensan hoy). Incluso el insigne filósofo José Ortega y Gasset llegó a afirmar que “No entiendo cómo se puede llamar reconquista a una cosa que dura ocho siglos”…, claro que habría que haberle preguntado al autor de ‘La España invertebrada” cuánto ha de durar la cosa para que pueda llamarse así, o dónde se señala el tiempo máximo para que pueda ser tal; además, ocho siglos fue lo que se tardó en conquistar el último reino (Granada), pero hubo partes de la península donde apenas llegaron los musulmanes, en muchas otras sólo estuvieron de paso, y de alrededor de la mitad del territorio fueron expulsados mucho siglos antes de la toma de Granada.

Asimismo abunda la opinión de que nunca existió un sentimiento reconquistador (la Península Ibérica o parte de ella fue conquistada y reconquistada muchas veces por distintos pueblos a lo largo de su extenso devenir a través del tiempo). Sin embargo, si se consultan las fuentes se llega a la conclusión contraria. Las más antiguas son las llamadas Crónica de Alfonso III y Crónica ‘Albeldense’, ambas escritas al final del siglo IX. En la primera se lee: “… se salvará España y se organizará el ejército y la nación goda” (“Sit Spanie salus et gotorum gentis exercitus reparatus”); en la segunda: “Actualmente una parte de España está ocupada por los sarracenos, por lo cual los cristianos hacen la guerra noche y día, todos los días, combatiendo contra ellos hasta que su expulsión sea dispuesta por la predestinación divina” (“Sarrazeni euocati Spanias ocupant…”, es fácil encontrar el texto latino y comprobar por uno mismo). Cronistas posteriores, como Sampiro o Lucas de Tuy, escribieron en términos parecidos sobre el asunto. Es decir, desde muy pronto se tomó conciencia de haber sido invadidos y ocupados, así como de la obligación de recuperar lo perdido.

Algo más tarde, en 1074, el conde Sisnando Davidiz, enviado de Fernando I de León y Castilla a cobrar el tributo a Granada, le dijo al monarca de esa taifa: “Al-Andalus fue al principio de los tiempos tierra de cristianos hasta que llegaron los árabes y expulsaron a aquellos a Galicia, tierra menos favorecida por la naturaleza. Pero ahora que pueden, los cristianos quieren recuperar todo lo que se les quitó por la fuerza, y para hacerlo definitivamente tienen que debilitaros y agotaros durante una larga época. Y cuando ya estéis sin dinero y sin soldados os arrebataremos el país sin trabajo”. De lo que se deduce que estaba asumido por los hispanos cristianos que la cosa sería larga y costosa, pero que no iban a renunciar. En fin, es evidente que sí existía en aquellas sociedades (no era igual la del siglo IX que la del XIV) un sentimiento de haber sido despojados de su tierra y, por tanto, una legitimación para luchar hasta recuperarla. Ese sentimiento duró, precisamente, ocho siglos.

Lo que nadie puede negar es que la invasión y ocupación musulmana y la posterior confrontación (tanto entre los reyes y califas como entre las gente del pueblo, sobre todo la de zonas fronterizas) proporciona una singularidad a España (y Portugal). Además, de todos los territorios que invadieron y se apropiaron los ejércitos islámicos, Hispania resultó ser el único que les fue luego arrebatado, reconquistado. No hay más que comparar los mapas de máxima extensión musulmana con los actuales. La única posible excepción es el avance otomano que hacia 1540 llegó hasta Viena (dominio de los Habsburgo), pero no hubo asentamiento civil, sino sólo una ocupación militar de varias plazas fuertes y fortalezas (en zonas de las actuales Hungría, Rumanía…); finalmente, después de ser derrotados en sangrientas batallas, los turcos fueron definitivamente expulsados en 1699. Es lo más parecido a la Reconquista. En cualquier caso, el único territorio ocupado por el Islam que fue recuperado por los reinos cristianos es la Península Ibérica.

Lo que es inadmisible es que se admita como legítima la invasión a sangre y fuego que comenzó en 711 y se repudie como ilegítima la defensa y contraataque (usando idénticas herramientas y recursos) que culmina en 1492. Esa forma de pensar suele ir acompañada de juicios de valor, de desprecio hacia hechos, ideas y personas de hace quinientos o mil años y, el colmo, del calificativo ‘franquistas’ para los que combatieron a los musulmanes. Es difícil encontrar pensamientos más estúpidos e inútiles.

Lo que sí cabe plantearse es ¿cómo sería España (y Portugal) de haber fracasado la Reconquista?, ¿sería una especie de Marruecos, de Arabia, de Siria?, ¿estarían obligadas las mujeres a cubrirse y carecerían de los derechos de los que carecen en esos países?

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 13 de mayo de 2018

LOS MEJORES CANTANTES DE ROCK Como en estas fechas se celebra ese festival de la horterada y el esperpento en el que hay menos música que en una carrera de motos, bueno será recordar a los grandes solistas de la historia del rock, cantantes que sí cantan bien y con una gracia especial

En cualquier selección de los mejores solistas de la historia del rock jamás podrá faltar Freddie Mercury.


Los profanos en esto del rock & roll están convencidos de que quienes le ponen la voz no hacen más que berrear en medio de un ‘ruido infernal’. Pero la realidad es distinta, pues desde que la cosa se puso en marcha, hace sesentaytantos años, no han sido pocos los vocalistas que han mostrado cualidades canoras sobradas. Así, además de no desentonar, de entrar a su tiempo y de poseer buena voz, muchos de ellos han exhibido dotes para el canto, ya sea con una voz brillante en registros diversos y siempre armónica, o con tono y sonido inconfundible; asimismo, la gran mayoría de los que han se han puesto al frente de un grupo de rock han sido capaces de transmitir emociones, sentimientos, ideas, sensaciones, que es lo que al final ‘engancha’ a los incondicionales de este género. Difícil es escoger unos cuantos nombres, sobre todo porque cada uno tiene (lógicamente) sus gustos y preferencias, y también porque la gran variedad existente complica la comparación. En todo caso, no será difícil ponerse de acuerdo en que estos que a continuación se mencionan cantan o cantaban muy bien, especialmente bien, y todo interesado los reconocería al instante.

Si se empieza por el principio hay que citar a Elvis, cuya voz y modulación se reconocen al instante cante en el género que cante; su voz es profunda, cálida, muy cercana siempre, acariciadora en las lentas y enérgica en el rock & roll; posee un estilo muy propio y muchas veces imitado (aunque como dijo alguien, “sólo si se le mete un calcetín en la boca se puede cantar mejor que Elvis”). Y lo más difícil, transmite, comunica, contagia desde la primera nota. Han pasado muchos años de su muerte, pero la leyenda del rey no hace más que crecer. En fin, pocos usaron mejor que él sus cuerdas vocales y dieron vida a títulos de géneros tan diversos.

Excepcionales muestras de aptitud musical dio el gran Roy Orbison. El sonido de su voz es cristalino y brillante, muy armonioso y capaz de tonos altísimos sin un atisbo de ruptura o gallo; ya desde sus comienzos sorprendió por su buen gusto, su mimo a la hora de entonar y su gran capacidad para contagiar emoción; y también deslumbraba haciendo baladas o trepidante rock & roll.

Si una voz es reconocida incluso por los profanos es la del genial Freddie Mercury. Como es sabido, era un prodigio para la música en general y especialmente para el canto, cosa que él trabajó duramente para poder ofrecer todo lo que tenía dentro, que era mucho. Su inflexión vocal es muy brillante, alta, casi infinita, mientras que su estilo llega a ser volcánico, explosivo, aunque también puede volverse fino, tierno. Además, Freddie (y sus cómplices) demostraron que el rock & roll puede admitir maneras operísticas sin perder esencia.  

Generalmente los cantantes de heavy clásico son técnicamente muy buenos y poseedores de voz potente y más bien aguda. Una de las mejores muestras es Ian Gillan, el inconfundible solista de Deep Purple, quien ha dejado innumerables muestras de su poderío vocal, haciendo muchas veces (en directo) auténticos alardes; su tono es alto, casi arrogante, lo que le permite (al menos en sus años de juventud y madurez) agudos casi imposibles y sostenidos agotadores. 

Lo bueno es que podrían seguir enumerándose voces de todo tipo que han tenido espacio destacado en el planeta del rock & roll. Por ejemplo, si lo que se busca son tonalidades y texturas exquisitas, ceñidas a los cánones más académicos y absolutamente encantadores, hay que recordar al malogrado Jeff Buckly (hijo de Tim), con su entonación perfecta, su sensibilidad e intensidad, su don especial para llevar la emoción al oyente; ¡y qué decir del también muerto prematuramente Otis Redding!, todo ‘alma’, todo intención, ahora suave y cadencioso, ahora crudo y desgarrado; imprescindible es la voz delicada y sedosa de Art Garfunkel, igual que la acariciadora serenidad que transmite el tono nasal de James Taylor, o el acento hondo y penetrante de Jackie Wilson… Y así podría cualquier aficionado seguir señalando a grandes artistas que cantan especialmente bien y con enorme y poderosa personalidad vocal: Jim Morrison, Graham Nash, Meat Loaf, Jim Kerr (Simple Minds), Roger Daltrey…

Pero es que, además de los que lo hacen con rigor y sin salirse de los parámetros más puristas, también hay en este planeta del rock otros cantantes con un estilo un tanto… ‘distinto’; son vocalistas que llamaron (llaman) la atención  por su carácter mucho más que por la belleza de su voz o su perfecta entonación. Así, Little Richard y sus modos gritones y exuberantes, Joe Cocker con su inconfundible voz rugosa y abrupta, o Rod Stewart explotando su canto mate y rasposo como lija del siete, al revés que Neil Young, o el hiperenergético James Brown… Cualquiera podría añadir otros nombres, pues no son escasos los que pueden cantar como los ángeles endemoniadas piezas rock.

¿Y las chicas? Lógicamente necesitan su propio capítulo...

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 9 de mayo de 2018

VIOLENCIA CALLEJERA EN LA EUROPA MÁS PRÓSPERA La violencia en las calles de las grandes ciudades europeas es un fenómeno en constante crecimiento. Lo curioso es que los que se echan a la calle con ganas de gresca están integrados en una sociedad sin verdaderos problemas si se compara con otras

Contra el FMI, contra esta o aquella ley, contra el gobierno o contra los hinchas del equipo contrario,da igual el pretexto para quienes tienen necesidad de pelea
y sed de violencia.


Podría decirse que este asunto de las ‘manifas’ con palos, gritos y carreras (no las verdaderamente pacíficas) tiene su ideal en el llamado Mayo del 68 en París, aunque es evidente que la cosa se ha diversificado mucho desde entonces. Cada día comunican los medios abundantes actos de violencia callejera que no tiene que ver con los delincuentes comunes (que también). Llama la atención que quienes inician la batalla no tienen miedo (de respeto ni se habla) de enfrentarse a la policía, al revés, hay ocasiones que da la impresión de que ese es el principal fin. Claro que esto puede explicarse teniendo en cuenta que los violentos se sienten protegidos por el sistema al que con tanto odio y desprecio atacan…, al contrario que en lugares donde la injusticia y la corrupción son norma, donde no se respetan ninguno de los derechos que por aquí se dan por sentados, donde las mujeres son menospreciadas e incluso mutiladas sistemáticamente, lugares donde no existen servicios públicos comparables a los occidentales, donde el hambre y la enfermedad son lo habitual, donde impera la ley del más fuerte, donde la esclavitud está regulada por ley, donde la sociedad acepta la existencia de ‘castas inferiores’ … Si por la próspera vieja Europa Occidental se gastan estas actitudes violentas, ¿qué debería ocurrir en estos lugares? 

Muy habituales son ya las ‘hazañas’ y enfrentamientos a palos entre grupos de hinchas de fútbol, fenómeno que antaño era una excepción. Hoy hay bandas de este tipo en Inglaterra, Francia, Holanda, Rusia…, y claro, también en España, donde los más ultras de uno u otro equipo se muestran como un ejército aguerrido y vocinglero que agita sus banderas entre el humo de las bengalas y los gestos y gritos amenazantes de la masa (exactamente igual que en el resto de Europa).

Luego están los que toman la ideología política como pretexto para la agresión, ya sea ésta física o psicológica (amenazas, pintadas agresivas e insultantes, menosprecios públicos), cosa que no es rara en ciertas partes de España. Aquí también entran las tremendas algaradas que se producen en el transcurso de ‘manifestaciones pacíficas’ que terminan con quema de coches, destrozo de mobiliario público, rotura de escaparates…, que se han visto en los últimos meses en Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Italia…; e igualmente los actos perpetrados por grupos anarquistas o anti-sistema, que tienen el tumulto en la calle como único recurso, como única herramienta para llamar la atención, como única actividad. Y aunque las causas sean distintas, también podría incluirse a los fanáticos religiosos que, nacidos y educados en Europa Occidental y sin grandes necesidades, no dudan en lanzarse a la búsqueda de víctimas desprevenidas, que son esos ‘odiosos europeos que nos han acogido’.  

Además, muchos de ellos se sienten tan orgullosos de sus ‘proezas’ que no tienen ningún reparo en exhibir y difundir sus gestas por las redes sociales aun a sabiendas de que eso servirá para incriminarlos. Y es que, como perfectos ejemplos del fanatismo más descerebrado, todos ellos, los que atizan tanto por fútbol como por política, están absolutamente convencidos de estar legitimados para llevar a cabo sus acciones, puesto que creen que su forma de pensar les da superioridad moral y, por tanto, derecho a expresarla con la violencia.

La gran mayoría de los que protagonizan esta violencia son personas de clase media, es decir, no necesariamente sin recursos (que seguro también la hay). Cabe entonces preguntarse ¿por qué existe ese impulso de pegar a otros?, ¿por qué esas ganas de dar rienda suelta a los instintos más bajos?, ¿por qué ese irrefrenable deseo de abandonar la humanidad y pelearse como dos manadas de hienas que matan por un territorio? ¿Sería disparatado pensar que, en el fondo e inconscientemente, esas masas violentas desean la guerra?

Las causas de estos sentimientos extremadamente iracundos que tienen jóvenes y no tan jóvenes son, seguramente, muy diversas, aunque también es posible que todas tengan raíces comunes: por un lado la gente que no ha tenido que combatir por las libertades, los Derechos Humanos y la democracia se cansa de vivir en un razonable bienestar, como si se sintieran frustrados por no haber tomado parte en la conquista de derechos y libertades y, por tanto, les quema el deseo de equipararse a los que sí tuvieron que combatir; y por otro lado está la causa más simple: lo insoportable que les resulta el hecho de que haya quien se atreva a tener otra opinión, otra preferencia u otro equipo de fútbol. De este modo, a unos les impulsa la insatisfacción consigo mismos, que les lleva a descargar, a desahogarse con los demás; a otros les mueve su pensamiento totalitario, que les convence de que quienes opinen distinto son reos de paliza; e incluso habrá quien experimente una especie de necesidad de enemigos a los que enfrentarse, sin más explicación que el simple y primario impulso de la lucha.   

Ah!, un denominador común de todos los grupos violentos es que cada uno está convencido de representar la perfecta bondad, mientras que los otros son la maldad total. Así de simple.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 6 de mayo de 2018

ROCK CON ELEGANTES MATICES JAZZ Con el paso de los años el jazz ha adquirido la condición de música culta, e incluso ya tiene su propio día internacional, el 30 de abril. Y aunque pueda parecer que son difícilmente compatibles, el rock y el jazz han producido excelentes fruto


The Cure construyó su 'Love cats'con instrumentación y elementos del jazz, pero sin dejar de ser rock.

El último día de abril ha sido establecido como el Día Internacional del Jazz, género musical de alcance mundial que, sin duda, hunde sus raíces en las culturas africanas, pero nace en Estados Unidos en las últimas décadas del siglo XIX junto a otros ‘hermanos’ como el blues o el soul. Cualquiera podría mencionar a alguno de sus mitos, e incluso al mencionar el término jazz llega rápida a la mente la imagen del músico negro armado con trompeta, saxo, piano. El jazz, por otra parte, combina muy bien con otros géneros musicales, resultando excitantes híbridos que adquieren entidad propia. Así, uno de los estilos en los que el jazz también ha penetrado es el rock, siempre dispuesto a emparejarse con cualquier otro universo musical.

Sí, entre los subgéneros del rock está el jazz-rock, que ha producido bandas excelentes que han sabido abrir caminos aprovechando factores de uno y otro. Weather Report, Chick Corea o Pat Metheny son claramente más jazzísticos, mientras que Blood Sweat & Tears, Chicago, Soft Machine o incluso King Crimson se inclinan mucho más hacia el rock. Y hay otros nombres de grupos y solistas que han residido siempre entre una cosa y otra. Lo curioso es que, además de los especialistas en esa fusión, no es tan raro el grupo de rock que, antes o después, cae en el hechizo del jazz y, aunque sea de modo excepcional, también quiere probar a mezclar ingredientes. Algunos, finalmente, han yuxtapuesto elementos y colores de uno y otro método, resultando canciones llamativas, distintas, con mucho carácter y un ‘algo’ que las hace especiales. Tres buenos ejemplos de esto último, del acoplamiento de jazz y rock sin llegar a la fusión química, son el ‘Love cats’ de los mejores The Cure, el ‘Happiness’ de Tones On Tail (herederos de Bauhaus) y el ‘Moondance’ de Van Morrison, todo temperamento, todo talento; no son lo que se dice jazz-rock, sino que se trata de tres piezas rock que con un ligero matiz jazz adquieren un toque de clase y distinción.  

El ‘The love cats’ (1983) de The Cure es exactamente eso, un tema rock con elementos típicos del jazz, con una instrumentación básicamente compuesta de contrabajo, batería con escobillas y piano, a lo que se suma un ritmo vivo y ligero y unos sutiles arreglos de vibráfono; la voz y la pegadiza construcción melódica son características del grupo, siendo el resultado final una pieza muy estilosa. Y eso a pesar de que Robert Smith la escribió como una especie de broma estando más bien achispado tras haber trasegado lo suyo (según declaró él mismo); claro que muchos no hubieran escrito una canción de esta categoría ni borrachos. El texto es enigmático (normal si lo escribió como dice) y de difícil interpretación: que si los gatos son los amantes, que si la gente es como un felino por las calles, que si va de suicidio… Lo mejor es no preocuparse por el sentido de la canción sino dejarse llevar por su arrebatadora línea de bajo o su contagioso estribillo.   

Los Tones On Tail (descendientes de Bauhaus) hicieron ‘Happines’ en 1984,  un tema que también cuenta con una intención cien por cien ‘jazzística’: escobillas y una base fácilmente asociable al jazz con abundantes y variados arreglos. Algunos observadores le encontraron algunas sospechosas similitudes con y la anterior (‘The love cats’). La intención de la letra vuelve a ser enigmática y contradictoria, como muestran unos desconcertantes versos finales: “La felicidad es el éxito, el éxito es la esperanza. Esto no es bueno”. La canción posee un ritmo que en principio resulta relajante, aunque luego adquiere mucho nervio gracias a esos teclados agudos tan de moda en los ochenta Sofisticada, distinta, tiene un punto de inquietante elegancia.

Van Morrison, el irlandés gruñón, se ha movido con soltura entre los estilos más dispares desde hace medio siglo, y ha creado inolvidables títulos a partir de bases de blues, de folk, de rock, de pop y, claro, de jazz. Podrían elegirse no pocas piezas firmadas por el inagotable talento del ‘León de Belfast’ que poseen elementos y valores del jazz, pero en el momento que suena ‘Moondance’ (1970) la búsqueda se detiene. Esa finísima orquestación, los delicados adornos de piano, la compañía de la flauta, la improvisación del saxo (durante la grabación Morrison dio total libertad a los músicos), la irresistible melodía y esa ambientación jazz-swing contribuyen a construir una canción superior, una genial creación que no pierde fuerza por más años que pasen y que, curiosamente, complace a todos los gustos. El texto habla de la magia del baile a media noche a la luz de la luna, con el sonido de las hojas de los árboles meciéndose en la brisa… “¿puede haber algo más romántico”, se pregunta, pero luego se vuelve menos platónico y dice “quiero hacerte el amor esta noche, no puedo esperar hasta mañana, sé que es el momento justo”. ¿Quién podría resistirse ante una canción como esta?    

Son solamente tres muestras de lo que puede conseguirse combinando elementos de géneros diferentes sin que se llegue a la fusión total…, claro que para ello es imprescindible poseer una buena reserva de talento. 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 2 de mayo de 2018

CORPORATIVISMO JUDICIAL Y DOBLE VARA DE MEDIR El repugnante suceso de una jauría y la discutida pena que se le impone, la postura de uno de los jueces del tribunal y las palabras acusatorias de un ministro han encendido las opiniones. Pero hay dos interesantes cuestiones de las que apenas se habla

Cuando ataca la manada, siempre hay violencia.


Uno de los temas del momento en España (que incluso ha trascendido a otros países desde los que también se emiten opiniones) es el de la postura de los jueces en el asunto de la joven agredida por una manada, así como el afeamiento público que el ministro ha hecho de la actuación de uno de ellos. Sin embargo, a pesar de que las redes, los medios de comunicación y las tertulias de todo tipo no dejan de debatir sobre jueces, sentencias y ministros, hay un par de aspectos que parecen haber pasado desapercibidos, un par de detalles importantes que apenas han merecido atención.

En primer lugar, no deja de resultar sorprendente la reacción de toda la clase judicial y fiscal, que ha elevado una sola voz contra el ministro que puso en cuestión la capacidad de uno de los integrantes del tribunal que ha juzgado a la jauría. Llama la atención el corporativismo primario y furibundo con el que han reaccionado todos a una las diversas asociaciones de jueces y fiscales, como un solo hombre, a la búlgara, con pensamiento único; sin discrepancias han saltado indignados denunciando que un político haya puesto en tela de juicio la actuación de uno de los suyos. Es una evidencia de gremialismo (“el que se mete con uno de nosotros se mete con todos”, se dirán) e incluso de un cierto complejo de superioridad (“el juez es un espíritu puro, ajeno a las debilidades”, pensarán). Y eso que el puñetero en cuestión (los jueces visten o vestían puñetas) se puso ‘chulito’ y arrogante frente a la víctima: “Usted no sufrió mucho dolor, ¿verdad?”, insinuando que había opuesto escasa resistencia, que sin palos no hay violencia ni coacción, y que, en realidad, él sólo veía jolgorio… En primer lugar demuestra cierta cobardía al encararse con la chica que sufrió la agresión (seguro que cuando se dirigió a los de la jauría lo hizo con todas las cortesías), sobre todo teniendo en cuenta que, en caso de haber sido él el rodeado por los cinco prosimios, indudablemente se lo hubiera hecho en los pantalones. Es absolutamente indignante, irritante y como para perder confianza en el sistema judicial el hecho de que el togado se dirija a la víctima con tono chulesco, desdeñoso y arrogante, como dando a entender que ella fue la culpable porque no se llevó una paliza, porque no se resistió como una heroína.    

Pero, en segundo lugar, lo que deja perplejo es que, en muchas ocasiones, los tribunales determinan que se trata de libertad de expresión los insultos y descalificaciones que reciben a diario otros colectivos; es decir, cuando los que encajan las faltas al respeto y a la integridad moral, cuando los que soportan menosprecios, groserías y ofensas de todo tipo son políticos, policías, banqueros, maestros y docentes en general, militares…, entonces todo eso entra dentro de la libertad de expresión, sin embargo, cuando son ellos las dianas de las críticas, de las descalificaciones veladas o de insinuaciones ofensivas…, ¡ah!, entonces esas palabras ya no son libertad de expresión sino agravio intolerable. Podría dar la sensación de que esos profesionales de la ley (que no son todos) se sienten por encima de los demás: similares palabras descalificatorias o el cuestionamiento de la integridad moral de otros colectivos o personas entra dentro de la libertad de expresión, pero si las mismas palabras van dirigidas a un juez es un atentado contra la separación de poderes y la independencia judicial. No sería descabellado pensar que lo que demuestran esas asociaciones es una cara dura como el cemento armado. Además, lo que dijo el ministro es que tal personaje “tiene un problema singular”…, ¡que levante la mano el que esté libre de todo problema, singular o plural! En resumen, según se deduce de la reacción de la clase judicial y fiscal, las declaraciones que cuestionan la integridad moral y la capacidad profesional de otros colectivos están amparadas por la libertad de expresión, mientras que si la duda es arrojada sobre dicha clase ya no cabe hablar de esa libertad. ¡Habría que escuchar lo que asociaciones como ‘jueces por esto’ o ‘fiscales por aquello’ dirían si fueran sus miembros quienes recibieran piropos como ‘corruptos’, ‘ladrones’, ‘vendidos’. En fin, ¿puede insinuarse que esto es, sencillamente, doble vara de medir, ley del embudo? 

Hay que tener una mentalidad ‘especial’ para pensar que una chica de 18 años se entrega a cinco desconocidos y se va a un sucio portal a montárselo con los cinco a la vez (además, parece que esta recua ya había ‘protagonizado’ algo parecido anteriormente). Y por otro lado, hay que sentirse un puntito superior para no soportar en propia carne lo que en la de otros se disculpa.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 29 de abril de 2018

JUICIOS Y JUECES A VISTA DE ROCK & ROLL Jueces, juicios, tribunales, sentencias, apelaciones… son términos de uso generalizado, pues casi de continuo se celebran procesos judiciales que atraen poderosamente la atención de los medios y la ciudadanía. El rock & roll también opina sobre ello

Ya en 1956 el gran Chuck Berry ambientó su
'Brown eyed handsome man' en una sala de juicios.


Los jueces, como los árbitros, casi nunca dejan contentos a todos los implicados, al contrario, sus decisiones suelen provocan decepción e incluso enfado en alguna de las partes, aunque también es habitual que desagraden a todos; y es lógico, pues cada uno tiene su visión y su opinión del asunto en cuestión y, además, el juez está sujeto a las mismas debilidades que los demás, es decir, es susceptible de equivocarse. Sea como sea, excepto los abogados, nadie en este mundo desea vérselas con ese tipo del traje negro y el martillito de madera que manda y ordena en la sala. El rock & roll, muchos de cuyos músicos han pasado por el trago de declarar, no ha dejado de expresar con estupendas canciones las sensaciones y emociones que le transmiten los tribunales.

Cualquier incondicional de los Beatles reconocerá al segundo el tema ‘Maxwell´s silver hammer’ del glorioso ‘Abbey road’ (1969). Su desenfadado y divertido ritmo contrasta con la letra, la cual cuenta que el tal Maxwell se dedica a aplastar la cabeza a la gente con su martillo de plata, y así liquida a su chica, a la profe y, finalmente, ya en el juicio, se acerca por detrás al juez que va a condenarlo y le atiza con el martillo plateado. ¡Qué poco respeto por la judicatura! Se trata de una sorprendente divagación de Paul.

El ska ligero de Specials siempre trasmitía buen rollo y ambiente alegre. En su primer álbum, de 1979, incluyeron la canción ‘Stupid marriage’, la cual describe un proceso judicial: “Se abre la sesión (…), ¡orden! Soy el juez Pendenciero (Roughneck ) y no voy a tolerar desmanes en la sala”; después se leen los cargos y se hacen las alegaciones, el juez explica cómo ve las cosas (“te emborrachaste y rompiste la ventana de tu ex”), dicta seis meses de prisión y concluye: “antes de que te lleven a tu celda ¿tienes algo que decir?”; el acusado trata de explicarse echándole las culpas a ella, pero todo termina cuando el señor juez ordena “llévenselo!”. Specials eran grandes admiradores de todos los pioneros del ska y el reggae, y por eso la pieza tiene relación con ‘Judge Dread’ (1967) de Prince Buster, en la que se habla de un juez apodado ‘Hundred’ (‘dread’), o sea, cien, por la manía de poner penas de cien, doscientos, trescientos años…

Al final de la cara B del segundo disco del ‘The wall’ (1979) de Pink Floyd aparece ‘El juicio’, ‘The trail’. Vuelve a mostrarse la figura del juez indignado que increpa al acusado, cuyo delito es exhibir sus sentimientos: “La evidencia ante el tribunal es incontrovertible. No hay necesidad de que el jurado se retire. En todos mis años de juez nunca he escuchado antes de alguien que merezca la pena máxima de la ley. La forma en que hizo sufrir a sus exquisitas esposa y madre. Me dan ganas de cagar” (¡este Waters!). No puede decirse que dicho tema, de ambiente surrealista, operístico, esté entre los mejores o más recordados de la banda.

Con una construcción más liviana de lo que acostumbra, Neil Young grabó en 1989 ‘Crime in the city (Sixty to zero)’, un tema que anteriormente había presentado en vivo varias veces con el título de ‘Sixty to zero’. El texto, largo y con varias temáticas, incluye el de un juez que va a trabajar todos los días y se pasa la vida en el juzgado para mantener la perspectiva; “él tiene mucho en su mente y respeto su decisión”, puesto que “es bueno con el martillo aunque duro con las multas”. Incluida en el fantástico ‘Freedom’, es una pieza estupenda que, a pesar de sus nueve minutos, en ningún momento se vuelve pesada (los arreglos de saxos, trompetas y trombones, exquisitos).

Chuck Berry, en fecha tan temprana como 1956, presentó una visión irónica sobre la sala de juicios en su ‘Brown eyed handsome man’, o sea, ‘Apuesto hombre de ojos marrones’. Parece ser que a Chuck se le ocurrió la idea de la canción tras ver cómo la policía se llevaba a rastras a un manifestante en cuya defensa salió una mujer. Las primeras frases de la letra son descriptivas: “Arrestado con cargos de desempleo, él estaba sentado en el estrado de los testigos” , pero ocurre algo inusual: “La esposa del juez llamó al fiscal del distrito y le dijo que liberase a ese apuesto hombre de ojos marrones”, es más, le amenazó diciendo “si quieres conservar tu trabajo, es mejor que liberes a ese apuesto hombre de ojos marrones”. Es decir, la esposa del juez se sintió con poder suficiente como para presionar al fiscal…; inspirada en aquel hombre arrestado por el que se interesó una mujer, muchos han querido ver en esta letra una fanfarronada de Chuck, que siempre presumía de tener un atractivo irresistible para las mujeres blancas…

Uno de los grupos españoles más desconocidos e injustamente olvidados es Azahar. Típico del rock setentero andaluz-progresivo-sicodélico, en 1977 editaron ‘¿Qué malo hay, señor juez?’ dentro de su primer Lp ‘Elixir’ (¿venía con un frasquito de perfume de azahar?). La canción es como una declaración de un testigo que compara el delito real (el del vecino que mata a su esposa) con el que no es tanto (“fumar humo de reír”); la letra es elocuente “tenía yo dos amigos que fumaban humo de reír (…)¸ un día me los ligaron (…), al que resistió lo mataron y al otro el juez lo condenó” , y por si fuera poco, “al vecino le tocó salir”; así, suplica de modo ingenuo “¿pero qué malo hay en fumar, señor juez?, e incluso vaticina que “tampoco está muy lejos el día en que vea usted su error”. El sonido es etéreo, casi irreal, sin batería pero con mucho sintetizador, con la guitarra a veces ausente y otras potente y protagonista, y una voz algo aflamencada y con arabescos. Seguro que al juez de aquellos años setenta no le gustaba ni la canción ni su contenido.

Evidentemente el rock & roll también hace temblar la sala de juicios.  

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 25 de abril de 2018

LLEGA LA BESTIA DE LA CORRECIÓN POLÍTICA En la película ‘Planeta prohibido’ (1056) el malo es una bestia sin cuerpo, que es el subconsciente de un hombre. Hoy, otra bestia incorpórea, la corrección política, es una amenaza constante. En Usa se han dado casos escalofriantes; y se propaga como la peste

La corrección política conduce inevitablemente al absurdo
y la estupidez.


Aunque parezca difícil de entender, la corrección política está imponiéndose en sociedades avanzadas (sólo en éstas), lo que viene a significar que gran parte de los individuos nacidos y crecidos en dichas comunidades se esfuerzan por alcanzar la cima de la más infantil necedad. Así, para muchas criaturas el mérito ha dejado de tener valor, y lo que de verdad se tiene en cuenta es pertenecer al grupo o ideología mayoritarios y correctos. Esta bestia informe y etérea, la corrección política, avanza y crece sobre todo en el terreno de las palabras, de modo que exige no sólo poner en el punto de mira al que se sale de la pureza del lenguaje, sino que encañona al que simplemente lo piensa (Orwell escribió algo al respecto). Es la censura en su más estricto sentido; en épocas pasadas los censores atendían principalmente a que no se viera demasiada anatomía femenina en el cine, mientras que ahora los puritanos están pendientes del uso del lenguaje, como si estuvieran convencidos de que los problemas se resuelven usando el habla del modo que ellos (¡y ellas!) exigen. Es más, seguro que hay gentes convencidas de que, con la narración y el discurso adecuados, desaparecerán de la Historia las guerras, los crímenes, las injusticias… Se trata además de un intento de uniformizar individuos e identidades, de imponer el pensamiento único, ya que quien se atreve a discrepar es inmediatamente deslegitimado, descalificado como persona y tildado, ¡cómo no!, de facha. Lo mejor del caso es que esas criaturas son las que más gritan exigiendo libertad de pensamiento y expresión, pero sólo para ellas y para quienes como ellas piensan.

En Estados Unidos se han producido casos de corrección política absolutamente esperpénticos, estúpidos, espeluznantes. Y si allí la cosa se ha propagado como una epidemia, es de suponer que pronto se habrá extendido por todo el mundo hasta convertirse en pandemia. Algunos de esos sucesos ‘made in Usa’ pueden dejar boquiabierto al más advertido… 

Al acercarse la fiesta de Halloween, las autoridades de una universidad hicieron circular una carta en la que aconsejaban al alumnado que no se disfrazara de minoría étnica o marginada, o sea, ni de afroamericano (se dice así, ¿no?) ni de indígena, ni de gitano, ni de asiático, ni de gordo, ni de mujer, ni de musulmán… Una profesora, sin embargo, contestó con otra misiva explicando que es casi una obligación de los jóvenes trasgredir las normas, ser provocadores, deslenguados e irreverentes… Le cayó lo que se dice la del pulpo, pero no de las autoridades académicas, sino de los propios estudiantes, aborregados y abducidos por una mezcla de estupidez pueril y corrección buenista. La pobre fue forzada a dimitir.

En la Facultad de Derecho de otra universidad los estudiantes protestaron porque, en clase de Derecho Penal, se pronunciaban constantemente palabras como violación o agresión sexual; la protesta obligó a la profesora a avisar cuándo iba a proferir tan horribles palabras y tan innombrables expresiones con el fin de que los cursis sentimentaloides pudieran taparse los oídos. Al parecer, los futuros abogados consideraban como agresión sexual el simple hecho de hablar de ello con las palabras justas, de manera que puede deducirse que los susodichos estarán convencidos de que si no se pronuncian tan alienantes vocablos, los repugnantes crímenes sexuales dejarán de producirse… Claro que llegado el momento, habría que ver qué eufemismos utilizan ante el juez. Y en el mismo plano está el docente que fue ‘denunciado’, menospreciado e insultado porque, en clase de Historia, dijo varias veces ‘negro’.

A la cúspide de la estulticia más pura se llegó en otro centro universitario donde iba a tocar un grupo de música que combina los ritmos africanos con el funk, una banda que definía su estilo como ‘afrofunk’. Sin  embargo, cuando los estudiantes se enteraron de que casi todos los integrantes de la banda eran blancos, exigieron a las autoridades que se cancelara el contrato, puesto que ese grupo se estaba apropiando de una identidad cultural que no le correspondía, y por si fuera poco, la identidad usurpada correspondía a una cultura marginada… Es decir, por la misma regla de tres, esos universitarios ¿se rebelarán contra la ‘insolencia’ de que un blanco cante blues o de que un negro haga ‘hillbily’? ¿Se puede ser más cerrado, palurdo y retrógrado?

Incluso se ha denunciado a la serie Los Simpsons porque presenta a Apu (indio de la India) como un estereotipo y, por tanto, con tintes racistas. Pero nada se dice de que el protagonista, Homer, es estadounidense, blanco y heterosexual, pero sobre todo es glotón y borrachuzo, vago, machista y grosero, mentiroso, caradura y egoísta, ignorante, violento, mal padre…, pero no se han levantado voces indignadas contra tan evidentes muestras de discriminación contra los blancos y heteros de aquel país. La propia serie ha propuesto el asunto de la corrección política: en un episodio de las primeras temporadas, los buenistas logran que se suprima la violencia en los dibujos animados y que se sustituya por amistad, amabilidad y buenos sentimientos, con sosos, mediocres y anodinos resultados. 

Estos ejemplos, que son apenas la cúspide del iceberg, parecen lejanos, pero tal y como se extiende la corrección política y el buenismo, tal y como penetran los sentimientos simplones, intantiloides y maniqueos, pronto se verán situaciones semejantes en toda Europa…, si es que no se están viendo ya.

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 22 de abril de 2018

CANCIONES DE ÉXITO DE LA PRIMAVERA DE 1978 Siempre resulta gratificante recuperar piezas de rock y géneros afines que hicieron época, que gustaron en todo el mundo y que no pierden brillo con los años. Así, en las listas de la primavera de 1978 se encuentran títulos que nunca han dejado de escucharse


1978 fue uno de los grandes años de la 'new wave', con Elvis Costello en la cresta, pero dejó mucho más rock para el recuerdo.
Seguro que alguien dijo alguna vez que para comprender el presente hay que entender el pasado. En el terreno del rock & roll la cosa no está tan clara, ya que si se revisan los temas de éxito de hace, por ejemplo, cuatro décadas, resulta difícil encontrar algún nexo con los temas que ocupan las listas en la primavera de 2018. Cierto que en los ‘charts’ de entonces también aparecen coas mucho más vulgares, tópicas y con finalidad eminentemente mercantil, pero aun así, aquellas listas se antojan envidiables. Además, también se hizo mucho rock & roll que no tuvo reflejo en ellas, aunque sí dejó su huella. 

Cuarenta años atrás, en la primavera de 1978, el rock & roll es pura efervescencia. Conviven las formas de siempre con nuevos modos de entender y de hacer. En las listas inglesas la ‘new wave’ se hace notar, quedando claro que había ansia de cambios. Así, se dejan ver los neoyorquinos Blondie con una adaptación ‘nuevaolera’ de ‘Denis’, un tema que ya había sido éxito en 1963 y que cobró una segunda vida con el trepidante arreglo que tanto gustaba entonces. Uno de los ideólogos de esa nueva ola (como compositor y como productor) es el gran Nick Lowe, que conoció el sabor de los ‘charts’ con su cadencioso ‘I love the sound of breaking glass’. Precisamente uno de sus más aventajados pupilos, Elvis Costello, a quien produjo desde el primer momento, volvía con un magnífico segundo elepé y con canciones tan representativas de aquella época como ‘(I don´t want to go to) Chelsea’, pieza que no ha perdido chispa pasados cuarenta años.  Los ‘mutantes de Akron’, Devo, se atrevieron a hacer una adaptación revolucionaria en clave techno (del de la época) del clásico ‘Satisfaction’ de los Stones, una versión con tanta personalidad que hay momentos que uno se olvida de que ‘sólo’ es una reinterpretación. Una de las musas de los nuevos movimientos era la estadounidense Patti Smith, que en su tercer álbum incluyó el poderoso ‘Because the night’, escrita a medias con Springsteen y que sonaba destinada al éxito duradero desde su aparición.

Todo eso estaba en las listas de la primavera de 1978. Pero no todo era ‘new wave’, puesto que también había espacio para otros estilos. Como el reggae y su máximo profeta, Bob Marley, que deslumbró entonces con su álbum ‘Kaya’ y el rítmico y humeante ‘Is this love’, el cual se bailó mucho en la disco. También se dio a conocer en las listas Kate Bush, cuyos modos tenían que ver poco con cualquier cosa; con su agudísimo tono de voz  llevó el ‘Wuthering Heigths’ al número uno varias semanas; y eso que, en aquella España, un gracioso dijo que a veces parecía la voz de Gracita Morales… Y también en aquella primavera lucía el sol en la londinense calle Baker gracias al ‘Baker street’ del escocés Gerry Raferty; una pieza presidida por un ‘riff’ de saxo que no ha perdido fuerza ni personalidad.

En Estados Unidos los catálogos de éxitos estaban presididos por las canciones de la película ‘Fiebre del sábado noche’, una especie de maremoto cuyos efectos tardarían un poquito en llegar a Europa. Así, sonaban sin parar Travolta y Olivia con el ‘You’re the one that I want’, los Bee Gees con ‘Staying alive’, The Tramps con el ‘Disco inferno’…, el caso es que la cosa parecía flor de un día, pero el señor Tiempo ha decidido que perdure. También se hacía notar en los ‘charts’ estadounidenses el sonido barroco y brillante de los británicos Electric Light Orchestra con uno de sus (muchos) grandes temas, ‘Sweet talking woman’. Igual que el funk de Earth, Wind & Fire y su evocador ‘Fantasy’. Una canción que seguía en lista en la primavera del 78 a pesar de haber salido meses antes era la eterna (a pesar de que la letra habla de que nada es para siempre) ‘Dust in the wind’ de Kansas; se trata de uno de esos temas que se escuchan casi a diario casi en cualquier sitio, una de esas melodías que tienen la propiedad de gustar a todo el mundo, o casi. 

Pero es que, además, en la primavera de hace cuatro décadas no llegaron a tener presencia en lista muchos grupos punk y ‘new wave’ que aun hoy mantienen nombre y prestigio. Y un tal Prince publicó su primer álbum, ‘For you’. Los alemanes Kraftwerk popularizaron la música techno con su extraordinario ‘Die Mensch Maschine’. AC DC, aun con Bon Scott, seguían añadiendo granito a su discografía con ‘Powerage’. Y también publicaron en aquella lejana primavera algunos viejos guardianes del rock como Frank Zappa, o nuevos valores con mucho que decir, como Tom Petty,

Para los incondicionales del rock & roll y estilos cercanos, aquellos fueron, sin duda, verdaderos buenos tiempos.

CARLOS DEL RIEGO