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martes, 19 de mayo de 2026

LA MENTIRA DEL BUEN SALVAJE Y LA REALIDAD PROBADA POR LA ARQUEOLOGÍA

 


Imagen del Tzompatli hallado en ciudad de México (con miles de restos de cráneos) donde queda patente la costumbre de sacrificar personas de los aztecas con la que acabó Cortés

 

Casi desde el momento en que las tres carabelas llegaron a América, en Europa hubo quien pensó que aquello era el paraíso terrenal y, por tanto, allí no podría haber más que bondad, solidaridad, tolerancia, virtud y, en fin, ausencia total de violencia. Muchos quisieron creer eso por ignorancia y por maldad. Luego, la realidad, lo que contaron los cronistas y documentó la arqueología, evidenciaron que de aquella bondad nada de nada.

 

En definitiva, por más que muchos dijeran, escribieran y quisieran creer otra cosa y negar la evidencia, allí había tanta o más violencia que en el Viejo Mundo, que no existían derechos (algo lógico, pues al no existir la escritura no había forma de promulgar leyes, derechos y obligaciones), que el machismo era absoluto, que la esclavitud era hecho corriente y aceptado y que existían prácticas tan ‘maravillosas’ (así definieron algunos las culturas precolombinas) como los sacrificios humanos y el canibalismo.

 

Autores tan elogiados como el filósofo y ‘moralista’ francés Michel de Montaigne (1533-1592) se atrevió a afirmar (incomprensiblemente) que los nativos americanos eran “seres nobles e incapaces de toda malicia”, que vivían en aquel “paraíso terrenal en el que no existían la envidia ni la avaricia”; y todo ello sin haber estado jamás en América ni haber visto nunca a ninguno de esos a los que tanto elogió (¿por qué afirmaría tal cosa sin saber?). Algo parecido pensaba sobre los nativos americanos el pervertido Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), quien arrancó a sus cinco hijos recién nacidos de las manos de la madre para llevarlos directamente al orfanato, donde casi nadie llegaba a la edad adulta y quien llegaba sería un mendigo hasta la muerte; pero así y todo dijo que “hubiera sido un buen padre” o “no conozco a nadie mejor que yo”; este detestable personaje escribió que los europeos ya habían sido corrompidos por la ambición, el dinero y el poder, y demonizaba la propiedad privada (salvo la suya, claro) y la empresa, y que por ello los salvajes eran seres inocentes ajenos a la maldad. En contra de tal visión de los nativos americanos estaba Charles Dickens (1812-1870), quien escribió un ensayo titulado ‘El buen salvaje’ (1853), donde critica con dureza y sarcasmo la idea de que el salvaje es bueno por ser salvaje; bien informado, comprobó que en la América precolombina no había nada de inocente. Igualmente, la historiadora estadounidense Christina Snyder (1947) ha probado que la esclavitud era práctica general en toda América antes de 1492.

 

La presidente de México (Claudia Sheinbaum) sigue insistiendo en que los españoles cometieron genocidio en México a pesar de que ella sabe que México no existía, a pesar de que ella sabe que los aztecas fueron a su vez conquistadores (y no con diplomacia y regalos, sino a sangre y fuego), a pesar de que sabe que con poco más de 600 hombres Cortés no podía derrotar de ningún modo a un ejército de setenta u ochenta mil guerreros bien pertrechados, entrenados y conocedores del terreno; a pesar de que ella sabe de las atrocidades de los aztecas: guerra, sacrificios humanos, canibalismo, esclavitud (incluyendo la esclavitud sexual); a pesar de que ella sabe que todos los pueblos sometidos por los aztecas (tlascaltecas, chichimecas, totonacas, tarascos…) se aliaron con Cortés en contra de los tiranos; a pesar de que ella sabe que la violencia era lo corriente en aquellas tierras; a pesar de que ella sabe que los españoles llevaron allí conceptos como derechos, leyes, justicia…, además de la escritura, los metales o la rueda. Sí, ella sabe todo eso, pero sigue insistiendo en lo otro, o sea, miente a sabiendas (como todo político) porque la mentira le sirve para tapar lo que es hoy el país que preside (un estado regido por el narcotráfico, la corrupción y la violencia) y, por supuesto, miente para echar la culpa de todas las calamidades actuales de México a lo ocurrido hace medio milenio. Pero lo más increíble es que hay quien opta por creerse todos esos embustes y manipulaciones a pesar de las evidencias, de las crónicas, de la arqueología.

 

Como es sabido, hace unos diez o doce años se descubrió el llamado Huey Tzompantli, una estructura religiosa situada en ciudad de México y cuya construcción se compone de unos 650 cráneos enteros y fragmentos de otros diez o doce mil (muchos de ellos de niños). De todo esto ya escribieron cronistas como Andrés de Tapia o Bernal Díaz del Castillo, quienes iban con Cortés, lo vieron y lo contaron. Ella lo sabe, pero no lo menciona jamás porque no concuerda con su relato de indio bueno, español malo.

 

Del mismo modo, la arqueología confirma todas las atrocidades escritas por los cronistas: los restos de costillas cortadas para extraer el corazón, los cráneos infantiles reventados a palos, los sacrificios por incineración, las evidencias de los cortes en los huesos largos  para ser devorada la carne, los cráneos con huellas indiscutibles de decapitación…

 

También está acreditado que en el sur del continente eran habituales prácticas como la poligamia en la que las mujeres eran propiedad del marido, esclavas que valían menos que cualquier propiedad; que el incesto era cosa común (cuentan los cronistas que el hombre podía golpear y violar a sus hijas porque eran de su propiedad); que en muchas regiones los padres entregaban a sus hijos para que fueran sacrificados o para pagar los impuestos que exigían los pueblos dominantes; que el canibalismo era costumbre muy arraigada, tanto que en algunas zonas al descuartizar a la víctima las madres se untaban de sangre los pezones para que el lactante probara el sabor y participara…

 

Todas estas miserables, arcaicas y detestables prácticas fueron prohibidas, condenadas y, finalmente, erradicadas por los españoles.  

 

Han pasado los siglos y, a pesar de todo lo que se sabe, de todo lo probado, aun hay quien, a sabiendas, sigue insistiendo en la mentira y la falsedad histórica. ¿Por qué?, porque hay que buscar enemigos, porque hay que esconder la culpa propia, porque interesa sembrar cizaña y enfrentamiento entre los buenos (nosotros) y los malos (los demás). Lo peor es que aun hay quien quiere creer la mentira. Y la proclama a gritos aunque sepa la verdad.  

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 1 de abril de 2026

LA INJUSTA DECLARACIÓN DEL REY FELIPE VI SOBRE LOS “ABUSOS” DE ESPAÑA EN HISPANOAMÉRICA

 


En realidad, en las batallas participaron muchísimos más indios (miles) que españoles (unos pocos cientos)

 

Periódicamente, recurrentemente se habla de la actuación de España en Hispanoamérica. La declaración del Rey sobre “los abusos” ha sido la más reciente, pero no será la última ni la más acertada, informada o justificada. Por más que se repita el mantra, la realidad, la Historia, los datos y los números desmienten cualquier manifestación en ese sentido…, aunque lo diga el Rey 

 

En primer lugar hay que hacer constar que España no puede disculparse por lo realizado en México, Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú y el resto de países hispanoamericanos por la simple razón de que ninguno existía antes de la llegada de las carabelas españolas. Es lo mismo que decir que España tiene que ‘devolver’ Ceuta y Melilla a Marruecos, puesto que esas ciudades formaban parte de la corona española cuatro siglos antes de que existiera Marruecos; por tanto, se pueden vender, regalar o alquilar, pero no se pueden devolver por la sencilla razón de que nunca fueron de Marruecos.

 

Por otro lado, habría que preguntar al monarca a qué “abusos” concretos se refiere. Cierto que en toda conquista la violencia es cotidiana, cierto que hace medio milenio las cosas se hacían con la espada, pero también es cierto que no se puede exigir que España contemplara los Derechos Humanos porque éstos no se habían ‘inventado’. Asimismo, cualquiera que tenga mínimos conocimientos del asunto puede decir que la ley española amparó siempre al indio; así, desde el testamento de Isabel la Católica hasta las Leyes Nuevas de 1542 pasando por las Leyes de Burgos de 1512, las normas promulgadas por la Corona Española exigían "dar un trato cristiano y protección al indio”, a la vez que prohibían el maltrato, regulaban la jornada laboral y la evangelización (Burgos 1512); y Carlos I en 1542 promulgó las “Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por su Majestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios”.

 

En otras palabras, es más que evidente que la ley protegía al indio sin ninguna duda, pero claro, como siempre ha sucedido, como sucede hoy en cualquier país, nunca faltan delincuentes dispuestos a pasarse por el forro la ley, es decir, siempre hay asesinos, ladrones y maltratadores dispuestos a infringir la ley. Y si hoy hay malhechores y criminales ¿Cómo no los iba a haber hace 500 años?, sobre todo teniendo en cuenta que el centro de poder (España, Madrid) estaba a muchos meses de distancia. Incluso en la institución llamada ‘La encomienda’, los encomenderos estaban obligados a obedecer esa legislación. Por eso, muchos españoles fueron sometidos a los llamados ‘juicios de residencia’ por su ilegal y criminal actuación en la Nueva España.

 

Asimismo es preciso recordar que la mayor parte de los “abusos” proceden del libro-libelo de Bartolomé de las Casas, quien curiosamente nunca especifica ni quién, ni cuándo, ni dónde; sin embargo, el resto de cronistas que estuvieron allí y escriben de primera mano (Bernal, Motolinia, Fernández de Oviedo o el propio Hernán Cortés) siempre que cuentan un hecho, encuentro, llegada o batalla dejan claro desde el primer momento dónde se produjo (en un pueblo llamado tal, en un bosque cerca de tal), el día concreto (día de San Antonio, a dos días de la Pascua, al día siguiente de Navidad…), quién era el capitán que mandaba la tropa española, cuántos eran y cuántos indios aliados los acompañaban, cómo se llamaba el cacique del pueblo… Todos dan todos los detalles excepto de las Casas, que jamás concreta nada, lo que hace que su libro sea mentiroso y deshonesto y, por tanto, absolutamente desechable e inútil históricamente hablando (ni siquiera describe flora, fauna, personajes, costumbres, vocabulario…, como hicieron los otros).

 

Es necesario también recordar que lo que Cortés conquistó fue el Imperio Azteca (no México), el cual tenía tiranizados a todos los pueblos de alrededor, a los que periódicamente asaltaba para llevarse hombres y niños para el sacrificio (extraer el corazón en vivo) y para comérselos, y mujeres para convertirlas en esclavas sexuales; los conquistados habían conquistado (seguro que no con la bondad y buenas palabras) los territorios que luego ocuparon. Es por ello que tlascaltecas, tarascos, chichimecas, zapotecas… se aliaron con Cortés en contra de los odiados aztecas (los cronistas cuentan un sinfín de los agravios sufridos por estos pueblos a manos de los aztecas, y también los dichos y palabras malsonantes que decían cuando se referían a ellos). Por tanto, España no puede disculparse ante México porque no existía, y porque gran parte de lo que hoy es México estaba habitado por los enemigos de la tiranía revientapechos y caníbal. Y algo parecido puede decirse de la actuación de Pizarro en Perú…

 

Igualmente se acusa a España de haber robado el oro. En realidad, la mayor parte de los metales preciosos extraídos quedó allí, y con ellos se construyeron más de mil hospitales (para blancos, indios y mestizos, como rezan las cartas fundacionales de los mismos; y también los llamados hospitales de naturales, reservados sólo para indios, o los que atendían exclusivamente a las indias), casi tantos colegios de primera y segunda enseñanza y de ‘formación profesional’, cerca de cuarenta universidades, infraestructuras (hubo alcantarillado en América antes que en España), plazas y edificios…, por no hablar de la organización territorial, la tecnología (antes de Colón desconocían la rueda, la escritura…), el derecho que asistía a toda la población o una lengua universal (la primera imprenta de América la tuvo el México español). En este sentido cabe preguntar a las demás potencias conquistadoras qué dejaron cuando se marcharon, ¿Qué dejó Inglaterra en la India o en Sudáfrica o cuántos indios quedan hoy en EEUU? (en Hispanoamérica entre en 75 y el 95% de los habitantes son indios o mestizos, en EEUU no llegan al uno por cien), ¿Qué dejó Bélgica en el Congo?, ¿Qué dejó Holanda en Indonesia?...

 

En fin, si España cometió “abusos” en Hispanoamérica (no Latinoamérica, que es un término inventado por los franceses para no recordar a España cada vez que se referían al continente) fue obra de delincuentes y criminales que violaron la ley, mientras que en las otras potencias conquistadoras todo la violencia se ejerció al amparo de la ley, que trató a los indígenas sin piedad, con racismo extremo y con violencia consentida e incluso subvencionada.

 

Felipe VI no tiene razón ni aunque su declaración se sacara de contexto.

 

CARLOS DEL RIEGO

domingo, 28 de diciembre de 2025

ZAPATERO, DESDE LA MEDIOCRIDAD MÁS ABSOLUTA HASTA LA MÁS VIL PERVERSIÓN

 


 La típica sonrisa bobalicona y a la vez diabólica de un peligroso personaje

En este mismo blog, en enero de 2015, se contaban una serie de evidencias de la simpleza y mediocridad de José Luis Rodríguez Zapatero, que fue Presidente del Gobierno de España de 2004 a 2011. Más de diez años después, este personaje necio y obtuso se ha convertido en cómplice de gobiernos criminales que matan para mantener el poder, en compinche de terroristas asesinos, en secuaz de narcotraficantes sin frenos morales. Su pasado de sujeto sin el menor talento ni rastro de moralidad fue su comienzo

 

Seguramente este individuo se cree poco menos que la bondad personificada, cosa que les ocurre a menudo a quienes se dicen a sí mismos que, siendo de izquierdas (o de la creencia que sea), están legitimados para hacer cualquier cosa, pues así se lo permite su ideología. Lo curioso del caso es que de izquierdas no tienen nada, al contrario, están perfectamente engranados en la maquinaria capitalista, gozan de abultadísimas cuentas bancarias, de monstruosas propiedades inmobiliarias y de todos los lujos propios de los multimillonarios…., pero se sienten muy de izquierdas y desprecian profundamente el capitalismo. En realidad hay que tener muy escaso cerebro y nula conciencia para, al igual que Rodríguez Zapatero, aliarse con ricos y poderosos para alcanzar fortunas fabulosas pasando por encima de los derechos de los débiles y de quienes se atreven a llevarles la contraria.

 

El ex presidente de España ha llegado hasta ahí, hasta la total ausencia de conciencia y moralidad, desde una total ausencia de inteligencia, desde esa medianía que incapacita para ver la realidad. Y esto es algo que demostró desde su juventud. Siempre fue persona muy corta de entendederas, un hombre muy simple que actuaba inconscientemente y sin calcular las consecuencias de sus actos. Lo que más le gustaba en su primera juventud era pasear por la calle Ordoño II, la principal de su ciudad, León, luciendo sus prendas de marca, pues siempre fue lo que se dice un pera.

 

Es sabido y recordado que gustaba de ir a jugar a las cartas a un bar, donde una vez lo pillaron haciendo trampas; los demás jugadores lo echaron entre insultos y descalificaciones, de modo que cualquiera con dos dedos de frente hubiera desaparecido del lugar para siempre; pero no Zapatero, quien, sin capacidad para asimilar lo vergonzante del trance, volvió al día siguiente para sorpresa de los demás, que lo pusieron de tonto para arriba mientras él se quedó de pie, sin hacer nada más que poner esa sonrisa bobalicona tan propia. Todos volvieron a los naipes repitiendo una y otra vez “¡este tío es tonto integral!”…, mientras él permaneció inmóvil hasta que se cansó y se fue.

 

Después, fue profesor sustituto durante unos meses en la Universidad. Una de las secretarias recuerda que, a diferencia de los demás profesores, que se encargaban de hacer sus propias fotocopias, Zapatero se las encargó a ella, que por hacerle un favor se las hizo. Lo malo es que el tipo se aprovechó de la buena fe de la secretaria y volvió una y otra vez a pedirle que le hiciera las dichosas fotocopias. Hasta que un día la jefa de secretaría vio que se formaba cola y preguntó qué pasaba, descubriendo que una de las encargadas de atender a los asuntos y trámites del alumnado tenía que perder el tiempo haciendo las fotocopias al señor Zapatero. La mencionada jefa se fue a ver al susodicho y le dijo que cómo tenía la cara tan dura para encargar a los demás algo que tenía que hacer por sí mismo, a lo que el torpe personaje respondió: “bueno, como me las hizo una vez yo se lo volví a pedir, y como me las seguía haciendo yo le volví a pedir ese favor desde entonces”… ¡Hay que tener muy escaso cerebro y muchísima cara dura para admitir que se aprovechó una y otra vez de quien no se atrevía a negarle un favor! Esa misma secretaria recibió una vez el encargo del dudoso sujeto de solicitar su historial académico, descubriendo que le faltaba aprobar una asignatura para conseguir la Licenciatura de Derecho (todo esto es fácil de comprobar).

 

Mientras fue profesor sustituto puso y corrigió exámenes a los alumnos. En cierta ocasión una alumna que recibió un suspenso fue a protestar y a ver el examen junto al profesor Zapatero, descubriendo entonces que este señor sólo había corregido la cara A de la hoja del examen, sin ni siquiera ver la cara B, con lo que, claro, no comprobó todas las respuestas. Lo ‘mejor’ del caso es que, muchos años después, en una reunión de amigos, el padre de otra alumna comentó que a su hija le había ocurrido lo mismo con el mismo profesor, lo que indica que este personaje tenía por costumbre (seguro que por pura vagancia) no corregir la totalidad del examen (todo es fácil de comprobar).    

 

Sería a finales de la década de los ochenta del siglo pasado. M. A. era el cantante de un grupo punk llamado B.S. y era muy de izquierdas y, sobre todo, muy sindicalista. Un día se presentó al ensayo y contó a sus compañeros de banda que en su sindicato estaban todos ilusionados porque esa tarde iba a ir Zapatero (ya un cargo importante del partido en la provincia) a darles una charla. Al día siguiente le preguntaron qué tal la charla y el orador; M. A. respondió que el tal se pasó tres cuartos de hora hablando sin decir nada, todo fueron vaguedades y generalidades, todo ir por las ramas, pasando de un tema a otro, de un asunto a otro sin concretar nada, sin decir nada de nada... Y el cantante del grupo punk concluyó con un premonitorio: "Este llegará a presidente del gobierno, seguro" (todo muy fácil de comprobar).

 

Y es que, en realidad, a los altos cargos de la política se llega sin valores morales, sin escrúpulos de conciencia y sin honestidad, pues todo eso no son más que estorbos, obstáculos para ascender en el partido y en la política. Para llegar a los más altos puestos de poder hay que estar dispuesto a adular y traicionar, a mentir, corromper, sobornar… Y si a todo ello se añade la falta de inteligencia, el éxito en política está asegurado. Zapatero es el paradigma.

 

CARLOS DEL RIEGO

viernes, 28 de noviembre de 2025

LOS DELIRIOS Y DEMENCIALES DESATINOS QUE LE VALIERON A JUANA DE CASTILLA EL APLEATIVO DE ‘LA LOCA’

 


Pintura de Francisco Pradilla de 1877 que representa a Juana ante el féretro 

de su marido Felipe

 

En 1555, hace 470 años, moría en su encierro en Tordesillas Juana de Castilla, que ha pasado a la Historia como Juana ‘La Loca’. La Historiografía sobre el personaje siempre ha confrontado las dos posturas: unos aseguran que fue encerrada por intereses políticos y otros que verdaderamente manifestó desde muy joven graves desarreglos mentales. Los cronistas de la época dejaron constancia de episodios psicopáticos 

 

La segunda hija de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón había nacido 75 años antes, de los cuales se pasó nada menos que 46 encerrada en una casona de la localidad vallisoletana de Tordesillas. La cuestión es si fue confinada por interés político de unos y otros o si verdaderamente sufría trastorno mental.  Repasando sucesos e incidentes de los que dejaron constancia cronistas de su tiempo decanta la duda hacia la segunda postura.

 

Todos los hijos de Isabel La Católica recibieron una educación esmerada; aprendieron literatura, humanidades, historia, arte y latín, además de ‘labores de mujer’ ellas (su hermano Juan murió antes de cumplir los veinte años), y todo lo referente a la religión católica. Se casó en Flandes al cumplir los 17 con el archiduque Felipe de Austria, un tipo de armas tomar, atractivo, mujeriego hasta el extremo, dado a todo tipo de placeres y, según los cronistas, con un carácter de mil demonios.    

 

Enamorada hasta las trancas de su marido, Juana no vivía más que para él, dejando totalmente de lado cualquier otro asunto, desde obligaciones religiosas hasta el cuidado de sus hijos. Sólo vivía para Felipe ‘El Hermoso’, que no dejaba de estar enamorado de ella, pero no paraba de perseguir a otras mujeres. Presa de los celos, y embarazada de nueve meses, lo acompañó a un baile para no dejarlo solo…, teniendo que dar a luz a su segundo hijo (el futuro Carlos I de España y V de Alemania) aquella misma noche en las letrinas del palacio de Flandes donde estaban. Volvieron a España por tierra, y al pasar por Francia el irredento Felipe se las ingeniaba para demostrar que las francesas también se le daba muy bien… A punto de parir a su cuarto hijo, Fernando, en Alcalá de Henares (1503), Felipe decidió irse a Bruselas sin ella, que no estaba en condiciones de viajar. En ese momento empezaron los desajustes mentales de Juana; al poco de marcharse su marido, empezó a gritar desaforadamente y a dejarse: “Su estado es tal que causa aflicción a los que la ven, apenas duerme o no duerme, apenas come o no come, está triste y consumida y se niega a hablar”, escribió el cardenal Cisneros. Tenía antecedentes, pues su abuela, Isabel de Portugal, ya había mostrado síntomas parecidos.

 

Nada más parir ya quiso viajar a Bruselas a reunirse con Felipe, pues según ella, cualquier nodriza podía amamantar al recién nacido (extrañó que una madre se alejara de su hijo recién nacido). La desdichada Juana sólo tenía en mente ir al lado de su marido; su madre, la poderosa Isabel de Castilla, no sólo le suplicaba sino que soportaba gritos e insultos (algo que no hubiera permitido a nadie más en el mundo). Al no poder marchar, Juana gritaba ante las puertas del castillo, a la intemperie, con frío y nieve, y allí se quedaba días y noches chillando hasta quedar exhausta. Isabel, al verla, le permitió irse a Flandes.

 

Al llegar, Felipe apenas le hizo caso, pues estaba encaprichado con una joven de cabellos rubios. Esperó su ocasión y, aprovechando que Felipe estaba fuera del palacio, buscó a la rubia damisela armada con unas tijeras. La sorprendió leyendo una carta que la otra guardó en su escote. Juana la acometió gritando y exigiendo que le diera la carta, pero la amante de su marido se la comió. Juana, enloquecida, sacó las tijeras y trató de cortarle las rubias trenzas, haciéndole también cortes en el rostro. Al griterío acudieron sirvientes y damas de compañía que consiguieron separarlas. Y cuando llegó Felipe, Juana le arrojó, fuera de sí, su trofeo: los cabellos de la concubina; y luego huyó, pero ‘El Hermoso’ la alcanzó y la sacudió hasta que Juana cayó al suelo gritando desaforadamente. Él la dejó allí, se fue a su alcoba y cerró con llave. Ella lo siguió suplicando perdón y allí quedó, a la puerta, gritando y gimiendo; arrodillada golpeaba la puerta implorando y llorando a voz en grito, pero su marido no abrió. Y así transcurrió gran parte de la noche, hasta que sin más fuerzas, la pobre Juana apoyó su cabeza contra la cerrada puerta y se quedó en silencio con los ojos muy abiertos.

 

Al parecer, ese era uno de los castigos que Felipe propinaba a su mujer: encerrarse en la alcoba para desesperarla hasta la locura; ella quedaba horas y horas tirada a la puerta, sin comer, sin atender a sus hijos, sin dormir, sin hacer caso a nadie; de vez en cuando gritaba y suplicaba y, al rato, se quedaba callada durante horas.

 

En 1504 murió Isabel de Castilla y Juana se convirtió en reina, lo que despertó las hasta entonces retenidas ambiciones de Felipe ‘El Hermoso’. Pero las cosas seguían como siempre: ella no atendía a nada que no fuera su marido y éste no paraba de hacerla rabiar con cuantas mujeres se le ponían a tiro, que debían ser muchas, pues su porte y su posición lo debían hacer irresistible y, además, no se preocupaba por esconderse. Ella moría de celos y rumiaba venganzas. Él maniobró para hacerse con la corona de España y ella, echada a sus pies, gritaba que haría todo lo que él le pidiera, todo. Su padre y su marido no dejaban de maquinar e intrigar para hacerse con el poder. Ella ni comprendía ni le interesaba ese asunto, hasta el punto de descuidar su persona: ni se lavaba ni se cambiaba de ropa hasta el punto de que vestía harapos rotos y sucios, no comía ni dejaba de llorar, comida por los celos.

 

En 1506, Felipe murió tras jugar un partido de pelota y beber agua muy fría; enfermó ese día, 16 de septiembre, le subió la fiebre, vomitaba sangre y murió ocho días después. Se dijo que su suegro lo había envenenado, aunque Fernando estaba lejos de Burgos (donde sucedió todo). Pero parece que fue la peste, pues Pedro Mártir de Anglería escribió “estamos rodeados de la peste”. Ella estuvo a su lado y probó las medicinas que le daban para comprobar que no eran veneno…, y a pesar de estar embarazada no se separó de él. Murió y ella gritó y gritó, lo besaba y abrazaba y hubo que separarla del cadáver a la fuerza. No dormía, no hablaba, no comía, no se lavaba, no mudaba su ropa.

 

Enterraron a Felipe, pero ella ordenó desenterrarlo, meterlo en un ataúd y llevarlo a Granada. Así, acompañada por un gran cortejo, emprendió viaje por una helada Castilla. En cada iglesia que paraba ella exigía que ninguna mujer entrara “porque no tentaran a su marido”, e incluso cuando un coro de monjas entonó cánticos en una capilla, ella, encolerizada, las mandó expulsar, pues ninguna mujer podía estar en la misma estancia que su marido aunque fueran monjas. A mitad de camino parió a Catalina, hija póstuma de su Felipe.

 

Finalmente, Fernando de Aragón, decidió apartarla del mundo y la encerró en aquella fortaleza de Tordesillas. Recibió visitas, pero no reconoció a nadie, ni siquiera a sus hijos, Carlos y Leonor. También fueron los comuneros, que dijeron que ella estaba de acuerdo con ellos, pero no le consiguieron arrancar su firma. Comía lo poco que comía y dormía lo poco que dormía en el suelo, no se lavaba ni peinaba, no se cambiaba de ropa; sus piernas se llenaron de llagas. Y gritaba y gritaba. Y así años y décadas. Murió la desdichada Juana en abril de 1555, pocos meses antes que su hijo el Emperador Carlos I.

 

Así, ¿estaba loca Juana ‘La loca’?      

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 12 de noviembre de 2025

‘MI FE SE PERDIO EN MOSCÚ’, EL LIBRO QUE CUENTA LA EXPERIENCIA Y DESENGAÑO DE UN COMUNISTA ESPAÑOL

 


Enrique Castro Delgado, autor de 'Mi fe se perdió en Moscú', libro donde muestra su desencanto y decepción al conocer de primera mano el 'paraíso socialista'

 


José Diaz y Dolores Ibarruri, que se convirtió en secretaria del PCE

 tras el suicidio de Díaz

En marzo de 1985 llegó a Secretario General del Partido Comunista de la URSS Mijail Gorbachov, con lo que se inició el proceso de demolición del país del comunismo; la escenificación del colapso se produjo el 9 de noviembre de 1989 con la caída del Muro de Berlín.  El dirigente comunista Enrique Castro Delgado se exilió al acabar la Guerra Civil Española y llegó a Moscú el mismo 1939. Caído en desgracia, consiguió huir a México, donde escribió en 1964 el revelador libro ‘Mi fe se perdió en Moscú’

 

La primera parte del libro se titula ‘Mi llegada al país de la felicidad’. Al principio dice eufórico: “Ya estoy en Moscú. El mundo capitalista queda allá con su miseria y su explotación. He salido de un infierno. Ahora estoy en el país del socialismo, donde todos somos iguales. Mis sueños se han convertido en realidad. Ayer todo lo veía a través de los libros y revistas; desde hoy lo veré a través de los hombres y las cosas” (pág. 13).

 

Poco a poco va viendo por sí mismo. “También aquí existe el principio religioso de pecar y hacer penitencia (…) pero no se admite pecar, hacer penitencia y volver a pecar. Aquí la penitencia empieza y nunca termina… Y para no tener que hacer una penitencia que se transmite de padres a hijos, lo mejor es no pecar nunca (…). Es fácil: decir que el mundo capitalista es un infierno, que Stalin no se equivoca nunca y aplaudir siempre que en se pronuncia su nombre; creerse las estadísticas, la democracia y el bienestar soviético… Es una ley general. Y quien la cumple sube y sube y sube. Y quien no la cumple baja y baja y baja (69). “Me habían hablado de muchas cosas (…). El socialismo no es sólo la eliminación de las clases. Debe ser el bienestar de los hombres (…). Pero el bienestar sólo ha llegado a unos cuantos (…): a los funcionarios del Partido, a los del Gobierno, a los de los sindicatos, a los miembros del ejército y de la NKVD” (96).

 

Miembros españoles de la Komintern visitan a sus compatriotas que trabajan en las fábricas de Jarkohv, Krematorsk y Vorochilogrado: “¿A qué obedecerá que la mayoría de directores de fábricas, altos funcionarios del gobierno, del partido, de los sindicatos y generales del ejército estén tan excesivamente gordos? (99). En la fábrica de Krematorsk (donde viven y trabajan cientos de españoles) de catorce niños que nacieron en un año sólo quedan vivos dos. Ambos son un estudio anatómico. ¿Cómo es que han muerto tantos? ‘Con nuestro salario (responden) no podíamos pagar la ‘casa cuna’, donde reciben la leche necesaria para que nuestros niños vivan’ (101). Hemos hablado con el director de la fábrica… Que trabajen más y ganarán más (dijo)” (102).

 

El autor describe a los obreros como harapientos, famélicos, encorvados, cansados y tristísimos en varias ocasiones. E insiste en que nadie, ni el gobierno, ni los sindicatos, ni los directores de las fábricas, ni los delegados del Socorro Rojo hacen nada de nada. Como mucho redactan informes que se van pasando unos a otros sin que nada cambie para los desdichados españoles que se creyeron que emigraban al “país de la felicidad, al país del socialismo”. Dicen los funcionarios del gobierno, de los sindicatos, de Socorro Rojo…: “No tenemos ropa de invierno que darles. Las peticiones de ayuda económica debe aprobarlas el Comité Ejecutivo. Estamos estudiando la situación y la forma de solucionarla. El Socorro Rojo no puede dar dinero siempre…” (105). “Nuestros compatriotas tratan de mantener a sus familias (…), tuberculosis, mortandad, perdida la esperanza después de haberla perdido en otros… (…) ¿Qué piensan de la URSS, del régimen soviético, del socialismo? (…) Se limitan a pensar en la hora de regresar a España… a esa España de la que se habla poco y se quiere más que nunca” (106).      

 

El secretario del PC de España, José Díaz, va a exponer su informe sobre la situación política y económica de España ante los integrantes de la Komintern, es decir, de la Internacional Comunista, el órgano que agrupa en Moscú a todos los representantes comunistas de los países donde el comunismo fue derrotado y expulsado: Alemania, Italia, Checoslovaquia, Ucrania, Polonia, Francia , Hungría, Bulgaria, España…; los jefes son el ucraniano Dimitri Manuilski y el búlgaro Gueorgui Dimitrov, que son los que mandan e informan al Kremlin y a la NKVD (policía política). Díaz lee su informe. Cuando terminan los traductores pregunta si alguien quiere decir algo. Dolores Ibarruri se levanta, mira su cuaderno de notas en el que no hay escrita ni una palabra y dice: “Estoy totalmente conforme con lo expuesto por el camarada Díaz (…) refleja la situación real, política y económica de nuestra patria”. Jesús Hernández (otro dirigente del PCE) discrepa: “No estoy conforme (…) los datos son muy dudosos (…) lo que se dice sobre la crisis del fascismo español (…) es una fantasía”. Los jefes Manuilski y Dimitrov asienten a lo dicho por Hernández. Ibarruri los ve, vacila y se vuelve a levantar para decir: “Estoy de acuerdo con Hernández, si antes me expresé de otra manera fue por no contradecir al camarada Díaz”. Todos los presentes quedan perplejos ante el cambio radical de opinión de ‘Pasionaria’. José Díaz vuelve a tomar la palabra dirigiéndose a Ibarruri: “¿Por qué no has dicho esto en tu primera intervención o en mi despacho cuando antes te leí mi informe y te pedí tu opinión?” (88-89). Esta situación deja en evidencia que llevar la contraria a los jefes puede acarrear trágicas consecuencias y, por tanto, más vale decir lo que sea para mostrarse de acuerdo con ellos; y que Ibarruri estaba muy pendiente de los jefes para estar de acuerdo con ellos aun cuando acabara de decir lo contrario.

 

Cuando ya ha comenzado la II Guerra Mundial. En Moscú un grupo de gente habla en la calle. Se acercan uniformados con pistola y preguntan: “¿De qué hablan camaradas? De la guerra, camarada (contestan). ¿Y qué decían? Silencio. ¿Qué decían? Que la situación es grave, camarada. ¿Quién decía eso? Yo camarada… Un hombre muerto en el suelo, y en el suelo un charco de sangre… Al poco, la sirena de una ambulancia” (189).

 

En la página 330, Enrique Castro Delgado, que ya ha caído en desgracia ante los delegados españoles de la Komintern (encabezados ya por ‘Pasionaria’) explica que le han ofrecido redimirse trabajando de obrero en una fábrica: “14 horas de trabajo; tres platos diarios de agua caliente con algunos trozos de berzas; ritmos de trabajo que hacen pensar que Ford y Citroën eran buenas personas (…); 10 rublos diarios de jornal; 30 por ciento de descuentos por diferentes conceptos; vigilancia odiosa de seis ojos entrenados para ver qué pasa e interpretarlo: los del secretario del Partido, los del secretario del sindicato y los de la NKVD…, que te pueden acusar de producción escasa y sabotaje (…) y teniendo que responder siempre que soy un ciudadano del país de la felicidad”. Varias veces Castro Delgado y su mujer, Esperanza, repiten: “El socialismo es un inmenso campo de concentración”.

 

Pequeñísimo extracto del muy recomendable y revelador ‘Mi fe se perdió en Moscú’, libro que explica cómo era la vida en el país del socialismo, donde no había clases sociales y todo era felicidad. Contado de primerísima mano por uno que en 1939 llegó convencido de la perfección del comunismo.

 

CARLOS DEL RIEGO

viernes, 20 de junio de 2025

LAS CIFRAS DEMUESTRAN QUE LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA FUE LA MÁS GARANTISTA Y BENÉVOLA DE TODA EUROPA

 


Ninguno de los instrumentos de tortura que se exponen en los museos es auténtico ni hubo nunca nada parecido. Todos se construyeron en el siglo XIX y fueron pensados para atraer visitantes

 

A pesar de que periódicamente aparecen estudios que desmontan las mentiras acerca de la Inquisición Española, aun hay novelas, películas, series televisivas en las que se sigue dando validez histórica a los tópicos extendidos por los tradicionales enemigos-envidiosos de España. Sin embargo, la realidad desmiente totalmente esa leyenda que señala al Tribunal del Santo Oficio como autor de las más terribles torturas y ejecuciones. Los números son claros

 

La Inquisición fue un invento francés. Y a diferencia de la del resto de Europa, la española fue un tribunal garantista, un tribunal que podía tardar años en completar el proceso legal, puesto que exigía pruebas sólidas, testigos, documentos, contaba con abogados, métodos legales de apelación…, y como se anotaba todo y de todo quedaba constancia documental y, además, había que enviar informes completos a la ‘sede central’, hoy se saben los nombres de los reos, sus acusaciones, las pruebas, sus culpas, su lugar de origen, las sentencias… Prueba irrefutable de que la Inquisición daba todas las garantías legales a los acusados es que los presos comunes (ladrones, asesinos, secuestradores…) pedían y exigían ser juzgados por el Santo Oficio.

 

Los autores y especialistas que, sin prejuicios ni ideologías, se han dedicado a estudiar este asunto concluyen que la Inquisición Española llevó a cabo 49.092 procesos judiciales entre los años 1550 y 1700, de los que salieron un total de 1.695 sentencias de muerte; sin embargo, fueron ejecutadas 863 personas, mientras que el resto de los sentenciados eran ajusticiados ‘en efigie’ (es decir, se ejecutaba un muñeco). Y si se conocen las cifras con tal exactitud es precisamente por los métodos cien por cien garantistas que se seguían.   

 

Por comparar cifras. En el año 1572, siguiendo las órdenes de la corona francesa con el apoyo de la iglesia católica francesa, fueron ejecutados en París entre 2.000 y 3.000 mil protestantes en apenas unas cuantas horas en un episodio conocido como la Noche de San Bartolomé. El frenesí anti-protestante se extendió por el resto de Francia, por lo que se calculan entre 10.000 y 30.000 los ‘herejes’ que fueron asesinados en el país vecino, que siempre pasó por tolerante y miró con desprecio al sur…

 

Es necesario insistir en que las cifras son concretas y exactas en el caso español, mientras que en el francés son aproximadas y estimativas. Ello es así porque los procesos inquisitoriales españoles eran anotados y registrados en todos sus términos, y comunicados a las autoridades superiores, pero las cifras de las ejecuciones en Francia no se pueden determinar con exactitud porque no había procesos, ni abogados, ni apelaciones. 

 

El Tribunal del Santo Oficio español perseguía sobre todo a herejes, protestantes y falsos conversos, aunque también a sodomitas, piratas, asaltadores de caminos, corsarios berberiscos e incluso espías. En cuanto a brujas y brujos, España fue el país más lógico y escéptico ante acusaciones de este tipo. De hecho, el inquisidor Alonso de Salazar y Frías (1564-1636) dejó escrito: “No hubo brujas ni embrujados en ningún sitio hasta que se comenzó a tratar y a hablar sobre ellos”. La mayoría de los inquisidores españoles eran hombres de leyes y no solían caer en supercherías ni acusaciones infundadas, Y muchos de los inquisidores señalaron que los acusados de brujería eran dignos de lástima, no de castigo. Por otro lado, estos licenciados en leyes no solían dar crédito a las confesiones bajo tortura; además, en caso de recurrirse a ella, ésta no podía durar más de 15 minutos y debía estar presente un médico que velara por la vida del reo.

 

En el resto de Europa las cosas fueron muy distintas, pues todo el continente cayó en aquellos años en un frenesí de búsqueda de brujas y hechiceros. Incluso bastaba con una acusación anónima para que las gentes se echaran a la calle para buscar a los ‘amigos del maligno’ y acabar con todos…, sin procesos ni jueces ni leyes. Así, el cálculo de quemados y quemadas, decapitados, torturados hasta la muerte o asesinados por las turbas en Alemania bajo acusación de brujería se estiman entre las 20.000 y 30.000 personas. En Suiza mataron bajo esta acusación a no menos de 10.000 personas. En Francia fueron alrededor de 4.000, en los países escandinavos 2.000 y otros tantos en Inglaterra. Todos ellos señalados y quemados por hechicería. Los números no pueden ser exactos porque, a diferencia de España, no había procesos ni garantías, ni quedaban anotados los nombres y acusaciones, sino que se mataba al sospechoso sin más. La Inquisición Española ejecutó bajo acusación de brujería a un total de 49 personas. La última ‘bruja’ quemada en Europa fue en el año 1782 en Suiza.

 

En España, el Tribunal del Santo Oficio llevó a cabo procesos muy garantistas, que duraban el tiempo que fuera necesario y de los que quedaba documentación escrita con todos los detalles del proceso y del acusado, de los jueces, abogados, acusaciones, testigos, pruebas… Por eso se conocen los números con tanta precisión. Y evidentemente, no son los peores de Europa.

 

Pero los enemigos de España (extranjeros y españoles) siempre preferirán creer a su ideología y prejuicio antes que a la verdad demostrada. 

 

CARLOS DEL RIEGO

viernes, 6 de junio de 2025

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, EL EMBUSTERO MÁS ACEPTADO DE LA HISTORIA

 


 Bartolomé de las Casas mintió (como en casi todo) al ocultar los sacrificios humanos, la esclavitud o el canibalismo que había en América

Aunque no fuera esa su intención, Bartolomé de las Casas se convirtió en el más dañino, eficaz y duradero enemigo de España ‘gracias’ a su obra ‘Brevísima relación de la destrucción de las Indias’ (1552). Todos los enemigos de la potencia entonces dominante utilizaron tal libelo para compensar su envidia, sobre todo ingleses, holandeses y franceses. Increíblemente hoy sigue teniéndose como referencia histórica (incluso para muchos españoles) a pesar de las evidencias que demuestran que ese libro es una sucesión de mentiras   

 

No hay actualmente ningún historiador, autor o especialista mínimamente riguroso que no señale como una variada exposición de mentiras, exageraciones y falsedades la ‘Brevísima’ de Bartolomé de las Casas (1474 u 84-1566). Fijándose en las más evidentes es incomprensible que aún haya criaturas que le den credibilidad y lo señalen como un historiador fiable; de hecho, todos los expertos en el asunto le niegan cualquier valor historiográfico.

 

Para empezar, el fraile luego obispo dejó escrito que los indios eran seres mansos que desconocían la violencia y se asombraban ante la de los conquistadores. Es absolutamente imposible que de las Casas no supiera que todos los pueblos de América estaban entonces en peramente guerra unos con otros; es imposible que no supiera de las redadas que daban los reinos dominantes contra los dominados en las que secuestraban hombres y mujeres; no es posible creerse que este señor, que estaba allí entonces, no supiera de los fines de esos secuestros (decenas de miles al año): esclavitud (sexual en el caso de las mujeres), sacrificios en los que se arrancaba el corazón a la víctima en vivo para ofrecerlo a los dioses, y finalmente la antropofagia, práctica muy habitual en Mesoamérica. No hay forma de que fray Bartolomé desconociera todo esto; es como si un historiador estadounidense de los años sesenta no supiera nada de la guerra de Vietnam… Es decir, ocultó deliberadamente una gran parte de la verdad, lo que convierte lo que cuenta en una gran mentira.

 

Embustes de tamaño cósmico son sus narraciones de las atrocidades y matanzas. Cuando un cronista narraba un hecho aportaba datos y detalles; por ejemplo ‘llegamos a una aldea que llamaban tal, era el día de tal (de San Lorenzo, de la Ascensión de Nuestra Señora, de Pascua, de Adviento…), íbamos al mando de tal (Cortés, Alvarado, Olid…), llovía mucho o hacía mucho calor, el cacique del pueblo se llamaba tal… Así lo hicieron todos los que vivieron y escribieron de primera mano sobre aquellos sucesos, desde Bernal Díaz del Castillo hasta fray Toribio de Benavente (Motolinía), pasando por Bernardino de Sahagún o el propio Hernán Cortés en sus ‘Cartas de relación’ dirigidas al emperador Carlos. Como es lógico, cuando alguien narra un hecho nunca deja de aportar ese tipo de datos y referencias. Sin embargo, a pesar de que de las Casas suele comenzar la ‘descripción’ de las matanzas con un rotundo “Yo vide”, es decir, “yo vi”, jamás señala dónde sucedió ni una sola de esas masacres, ni el pueblo ni la región ni sobre qué tribu o poblado se perpetró; igualmente ni una sola vez especifica cuándo, en qué fecha o temporada o estación del año vio aquello; nunca precisa quién fue el capitán que ordenó la escabechina ni proporciona ni un solo nombre de soldado, de fraile o de español que estuviera allí o tomara parte en el episodio que cuenta… Ni tampoco subraya quiénes eran los indios aliados que iban en la expedición, pues cualquier contingente de españoles viajaba siempre acompañado por cientos o miles de indios enemigos de los aztecas. Es, en fin, absolutamente incomprensible e increíble que se presente como testigo ocular y no sea capaz de especificar ni un solo detalle acerca de quién, cuándo o dónde. La conclusión es que no presenció nada, sino que se limitó a soltar mentira tras mentira, confiando en que nunca nadie lo descubriría.

 

Y como suelen hacer todos los mentirosos, a veces suelta mentiras innecesarias. Por ejemplo cuando afirmó que “en la isla la Española hay más de treinta mil ríos, doce de ellos tan caudalosos como el Duero, el Guadalquivir o el Ebro”. Esto es una trola monstruosa que no tiene ningún sentido, puesto que en esa isla (ocupada hoy por Haití y República Dominicana) no hay ni un centenar de ríos contando arroyos y cursos no permanentes. Y el más largo, el Artibonito, es un tercio del Duero y su caudal es alrededor de la séptima parte del río castellano. ¿Por qué se inventaría de las Casas una patraña semejante?..., sobre todo teniendo en cuenta que no apoyaba ninguna de sus afirmaciones y no tenía necesidad de explicar la hidrografía de la isla. Es la típica trola de un embustero terco y pertinaz que no puede dejar de mentir.

 

En cuanto a la cantidad de muertos, comienza señalando doce millones, luego lo eleva a quince millones y finalmente afirma que los españoles mataron con sus lanzas y espadas a unos veinticinco millones de indios (si el fraile trolero hubiera vivido más habría elevado la cifra a cientos de millones). Ni con ametralladoras ni con cámaras de gas, ni dedicando todo el día a matar podrían haber alcanzado tales cantidades. Además, el hecho de que en lo que fue la América Hispana la población de indios y mestizos esté hoy entre el 75% y el 90% desdice las afirmaciones de Fray Mentira. Y por último, si se dedicaron a matar, ¿por qué construir más de mil hospitales, otros tantos colegios, cincuenta universidades…?, todo abierto a indios, españoles y mestizos, como indican los estatutos de fundación de cada centro.   

 

Asimismo, Bartolomé de las Casas se comportó de un modo hipócrita y despectivo con los indios. Jamás se fue a convivir con ellos a sus poblados, nunca se interesó por aprender sobre las culturas, sus historias, sus costumbres, sus idiomas; al contrario, cuando viajaba (según otros cronistas contemporáneos que sí dan datos de cuándo, quién y dónde) llevaba no menos de una docena de indios porteadores para su gran equipaje (“viajaba como un marqués, como un gran señor”, dijo de él Motolinía) y luego ni siquiera les pagaba ni un céntimo. Además, de las Casas pidió por escrito al emperador que trajera negros de África para aliviar el trabajo de los indios…        

 

Todo esto es innegable, evidente, indiscutible. Y aun así existen muchas personas (incluyendo españoles) que lo citan como si fuera un historiador riguroso y fiable. En realidad de las Casas fue un gran embustero, falsario y manipulador, no un historiador. Fueran cual fueran sus intenciones, el fin no justifica los medios.  

 

CARLOS DEL RIEGO

miércoles, 26 de febrero de 2025

CUANDO LA UNIÓN SOVIÉTICA SECUESTRABA ESPAÑOLES REPUBLICANOS

 


Fulgencio García fue a la URSS a hacer un curso de tres meses, pero fue encarcelado durante quince años sin delito, ni acusación, ni juicio

 

Funcionarios, aviadores, marineros y republicanos españoles de diverso pelaje fueron retenidos sin acusación, sin juicio ni motivo, o sea, secuestrados, por la URSS En los inciertos y violentos años treinta y cuarenta del siglo pasado

 

El régimen estalinista de la Unión Soviética fue uno de los más los más extremos, paranoicos y deshumanizados totalitarismos del siglo XX. Allí todo el mundo era sospechoso: altos cargos del partido, militares, poderosos funcionarios, ciudadanos a pie…, cualquiera podía ser detenido, juzgado o no, y enviado al paredón o a Siberia; no importaba si había acusación, pruebas o testigos, lo que nunca había era abogado defensor. Y si el que era señalado por el NKVD o cualquier otra policía política era, además, extranjero, las sospechas se convertían automáticamente en condena, como pasó con muchos españoles republicanos e incluso comunistas.

 

Trágica y a la vez ridícula es la desventura padecida por un grupo de comunistas españoles que, al terminar la Guerra Civil Española, se fueron al exilio en Francia; cuando ésta fue ocupada por los nazis fueron capturados y deportados a Alemania como mano de obra forzosa. Luego, en 1945, al entrar los rusos en Berlín, aquellos españoles, viéndose libres de los nazis, crecidos y envalentonados, deciden esperar al Ejército Rojo en la ya abandonada Embajada de España, donde, henchidos de orgullo, izaron una bandera republicana y otra roja. Pero al llegar los oficiales soviéticos los tomaron por el embajador español y los demás componentes de la legación, todos acompañados por sus esposas e hijos. Aquellos desgraciados españoles trataron de explicar que eran comunistas, que eran republicanos, que no eran diplomáticos franquistas y que si estaban en la embajada era porque la habían ocupado para recibir, como se merecían, a sus camaradas del Ejército Rojo que acababan de derrotar a los nazis. No hubo forma de convencer a los militares y a los funcionarios soviéticos, así que, de entrada, fueron enviados a un campo de concentración cerca de Moscú, y luego a otro, y luego a otro… Veinte años después, aquel grupo de desdichados republicanos españoles que quisieron agasajar a los soldados soviéticos seguían secuestrados en la URSS aunque no pesaba sobre ellos  ninguna acusación. Claro que, con total seguridad, Moscú ya sabía que aquellos no eran diplomáticos franquistas.

 

Durante los tres años de la Guerra Civil, la República envió muchos barcos a recoger material bélico a los puertos de la Unión Soviética. Pero no pocos de  aquellos barcos fueron incautados con los pretextos más peregrinos (errores en la documentación, papeles, permisos, embarques…), de manera que para julio de 1939 eran nueve los buques que la principal aliada del bando republicano se había quedado: el Cabo San Agustín, el Juan Sebastián Elcano, el Cabo Quilates, el Inocencio Figueredo, el Mar Blanco, el Isla Gran Canaria, el Marzo, el Ciudad de Tarragona y el Ciudad de Ibiza. La mayoría de sus tripulantes fueron repatriados rápidamente, pero hubo otros, alrededor de cincuenta, que fueron retenidos en Unión Soviética; ¿por qué a unos se les dejó marchar sin problemas y a otros no?, ¡quién sabe! El caso es que la policía política, llegado el momento, les preguntó qué opción escogían: quedarse a vivir en la URSS y adoptar su nacionalidad, volver a España o irse a terceros países. Los que eligieron quedarse fueron enviados a los koljós (granjas colectivas) y de ellos nunca más se supo, quienes dijeron que preferían irse a México o Francia siguieron retenidos (en realidad, secuestrados), pues los rusos entendieron como un desprecio que quisieran vivir en esos países antes que en la Rusia que los había acogido; y los que se atrevieron a pedir volver a España fueron repatriados sin más, pues la policía política pensaba que serían represaliados por el aparato franquista. Al pasar el tiempo, los que no pudieron salir fueron detenidos y enviados de un campo de concentración a otro; a varios se les perdió la pista para siempre (por ejemplo al capitán del Mar Blanco, Ángel Leturia, y otros cuatro marineros), mientras que al resto se les embarcó en el río Yeniséi (frontera entre Siberia Occidental y Central) hasta el Círculo Polar Ártico para construir carreteras. Luego fueron enviados a otro campo del Gulag para, unos dieciocho años después, ser finalmente repatriados. Al igual que los anteriores, no habían sido ni acusados, ni juzgados, ni condenados: fueron secuestrados. Al regresar ya eran profundamente anticomunistas. 

 

Durante 1938 el Gobierno Republicano envió muchos estudiantes a la escuela de pilotos de Kirovabad (hoy Ganja), en Azerbaiyán. Al terminar la Guerra Civil quedaban allí unos doscientos. Las autoridades soviéticas les hicieron la misma pregunta, ¿quedarse o irse? Un tercio, más o menos, decidió quedarse, y el resto pidió irse a Argentina, Chile, México… Pasado un tiempo y tras presiones y promesas, otros cuarenta comunican su deseo de adoptar la nacionalidad rusa, mientras que algunos optaron por quedarse sólo hasta que terminara la II Guerra Mundial. El resto fue recluido en una ‘residencia’ llamada Monino; de ésta, a principios de 1940 fueron fusilados cinco de ellos, los que con más insistencia exigían su liberación. Los pilotos republicanos, entonces, deciden pedir ayuda a las embajadas de los países aliados de la URSS, pero sólo tres de ellos consiguieron salir de allí al acreditar tener familiares en otros países. Después de meses de retención y vigilancia (ya en 1941) aquellos aviadores españoles que habían resistido casi lo irresistible para conservar su dignidad y nacionalidad, son finalmente detenidos, iniciando el consabido viaje por el Gulag, de un campo siberiano a otro. Fueron repatriados en 1954 (ya muerto Stalin) echando pestes del comunismo y los comunistas…

 

Todo el mundo conoce las atrocidades cometidas por los nazis en Auschwitz, Mauthausen o Treblinka, pero apenas se sabe de las perpetradas por los soviéticos en Jarkov, Cherepovets o Kolimá. Ambas dictaduras están a la par.

 

CARLOS DEL RIEGO

lunes, 20 de enero de 2025

LA RECONQUISTA SE HIZO CON LAS MISMAS HERRAMIENTAS QUE LA CONQUISTA, Y EL EJEMPLO ES ALMANZOR

 


Recreación del asedio de Barcelona por los ejércitos de Almanzor

Corría el año 985, es decir, hace 1040 años, cuando el caudillo Almanzor, ‘El Victorioso’, asedió, conquistó y destruyó la ciudad de Barcelona. Es un episodio más que explica cómo actuaron los musulmanes en Hispania desde que la conquistaron en el año 711. Luego vino la reconquista, que usó las mismas herramientas que la dicha conquista , aunque muchos consideran que ésta fue admisible y aquella no

 

En la Alta Edad Media las cosas se hacían siempre así aquí y en cualquier parte del mundo: con violencia extrema como principal herramienta. ¿O es que hay alguien que piensa que los territorios que tomaron los mahometanos en África y Asia a partir del año 622 lo fueron con diálogo, buen rollo y tolerancia? De modo que cuando invadieron la Hispania visigoda no venían repartiendo golosinas con buenas palabras y buscando el entendimiento. Nada de eso, entraron  a sangre y fuego y mantuvieron su poder a sangre y fuego, y por eso los hispanos respondieron con idéntica moneda.

 

Almanzor fue uno de los grandes personajes de la Edad Media hispana; nació en Al Andalus (¿Algeciras?) hacia 939 y murió en Medinaceli (Soria) en 1002. Ha pasado a la historia por su destreza militar, por sus incontables victorias y por su extrema crueldad. Sabido es que cuando una expedición bélica musulmana se topaba con un convento o monasterio era su costumbre degollar a todos los frailes o monjas (éstas después de haber sido…). Desde 977 Almanzor no dejó de emprender campañas de venganza, represalia, castigo y, en fin, violencia y muerte por casi toda la península. Así, en el año 985 marchó sobre Barcelona. En su camino desde Córdoba no dejó de asolar y destruir toda ciudad cristiana, aldea, iglesia o convento. Y cuando se acercaba a Barcelona empezó a cortar las cabezas de todos los aldeanos, religiosos y de toda persona que encontró. Cuando llegó a la ciudad se plantó ante las murallas y comenzó a disparar sus catapultas o trabuquetes, pero no cargadas con piedras sino con las cabezas que había ido recolectando en su camino; las crónicas dicen que lanzó unas mil diarias durante seis o siete días, pero aunque fuera la mitad… Cuando tomó Barcelona mató, quemó y destruyó, llevándose también muchos cautivos para pedir rescate. Era la Edad Media y así se hacía la guerra.

 

Casi ocho siglos transcurrieron entre Covadonga y la entrega de Granada, pero la península no estuvo ocupada por los sarracenos todo ese tiempo; al contrario, hubo partes donde apenas llegaron los musulmanes, en muchas otras sólo estuvieron de paso, y de alrededor de la mitad del territorio fueron expulsados mucho siglos antes de la toma del último reino, el nazarí de Granada en enero de 1492. En fin, no ocuparon toda Hispania todo ese tiempo.

 

También está instalada la idea de que nunca existió un verdadero sentimiento reconquistador (la Península Ibérica o parte de ella fue conquistada y reconquistada muchas veces por distintos pueblos a lo largo de su extenso devenir a través del tiempo). Sin embargo, si se consultan las fuentes se llega a la conclusión contraria. Las más antiguas son las llamadas Crónica de Alfonso III y la ‘Crónica Albeldense’, ambas escritas al final del siglo IX. En la primera se lee: “… se salvará España y se organizará el ejército y la nación goda” (“Sit Spanie salus et gotorum gentis exercitus reparatus”); en la segunda: “Actualmente una parte de España está ocupada por los sarracenos, por lo cual los cristianos hacen la guerra noche y día, todos los días, combatiendo contra ellos hasta que su expulsión sea dispuesta por la predestinación divina” (esta afirmación de la ‘Albendense’ comienza, en latín: “Sarrazeni euocati Spanias ocupant…”). Cronistas posteriores, como Sampiro o Lucas de Tuy, escribieron en términos parecidos sobre el asunto. Es decir, desde muy pronto se tomó conciencia de haber sido invadidos y ocupados, así como de la obligación de recuperar lo perdido.

 

La Reconquista fue lo que fue y no difiere en nada al resto de actos bélicos de aquellos siglos en cualquier parte del mundo. Y sólo el ignorante mira a aquellos tiempos según opiniones, ideologías o pensamientos del siglo XXI.

 

CARLOS DEL RIEGO