Eric Burdon y BB King en los estudios Stax en 1977
No hay quien piense en Eric Burdon sin
pensar en su maravillosa interpretación de ‘The house of the rising sun’ (‘La
casa del sol naciente’). Pero es que el cantante británico ha sido muchísimas
cosas más y, a sus recién cumplidos 85 años, podría escribir una extensa
bibliografía con sus anécdotas, vivencias y batallitas junto a otros nombres
deslumbrantes de la historia del rock & roll
Cuentan que en cierta ocasión asustó a
a Jim Morrison jugando a la ruleta rusa con una lámpara de araña de cristal.
Que se metió LSD con Janis Joplin en el Fillmore. Que era íntimo de Jimi
Hendrix, que era asiduo de la casa de John Lee Hooker en Detroit, que una vez
lo asaltaron a punta de pistola, que cabalgó por el desierto con su amigo
motero Steve McQueen o que, tras una ‘fiesta’, se convirtió en la inspiración
para el personaje 'The Eggman' de la canción 'I Am The Walrus' de The Beatles .
Y al parecer todo ello es rigurosamente cierto...
Considerado uno de los mejores
cantantes de blues y derivados, y poseedor de una voz apasionada y declamatoria,
cuando militaba en los primeros The Animals, el fundador de los Stones, Brian
Jones, lo proclamó “el mejor cantante de blues que jamás haya salido de
Inglaterra”. Entre sus muchos admiradores están Robert Plant, Iggy Pop, David
Johansen, Patti Smith o el propio Bruce Springsteen, quien en cierta ocasión
(ya en este siglo) afirmó que Burdon es como “un gorila con traje que sonaba como
si Howlin' Wolf hubiera salido de la piel de un chico de 17 años”; y su
guitarrista Steve Van Zandt describió su voz “tan potente y profunda que inventó
el género del blues de hombre blanco que canta en tonos tan graves como si
fuera negro”.
A terminar con sus primeros Animals, en
la segunda mitad de los 60, se mudó a San Francisco en plena explosión hippy
entre alucinógenos, amor libre y un hedonismo desenfrenado. Él mismo recuerda:
“Por aquel entonces tenía interminables conversaciones con gente como Hendrix y
John Steel de The Animals. Estábamos convencidos de que no íbamos a vivir más
allá de los 30, lo que nos llevó a vivir la vida al máximo y, claro, al consumo
de todo. Cada vez que probabas algo nuevo, corrías un riesgo. Yo lo superé,
pero muchos de mis amigos no. Conocí personalmente a Janis Joplin y casi desde
el primer momento me di cuenta de que estaba destinada a la autodestrucción”. Y
sigue: “Jim Morrison estaba completamente fuera de control todo el tiempo. Lo
veía a menudo, así que estaba cerca para ver qué le pasaba. Estaba hecho un
desastre y todos sabíamos que era imposible hacerle entrar en razón. Ese
intento de conectar con él fue lo que me ayudó a superar esa etapa”.
También mantuvo buena relación
artística con Bo Diddley, aunque nunca coincidieron ni llegaron a tocar juntos.
El primer Lp de Animals contenía un excelente 'The story of Bo Diddley’, un homenaje
sincero al gran pionero. Burdon explica: “Nunca coincidimos. Yo me iba cuando
él estaba en el escenario, y viceversa. Éramos como barcos que se cruzan en la
noche, pero sin hablar nos entendíamos…, en otro plano. Una vez le dijo a uno
de mis managers de gira: ¡Dile a ese
pequeño bastardo blanco que grabe más canciones mías!”.
Siempre fue admirador de los grandes
'bluesmen' estadounidenses, por eso, "cuando estos grandes músicos de
blues (John Lee Hooker, Muddy Waters, Sonny Boy Williamson) pasaban por
Inglaterra, los promotores locales me pedían a mí a mis amigos de la
Universidad de Newcastle, que los acompañáramos. En aquella época, los
británicos no sabían cómo tratar a los negros. Así que me encargaron cuidar de
John Lee Hooker y enseñarle la ciudad. También solía firmarle los autógrafos en
su lugar, pues en aquel entonces ni siquiera sabía escribir su nombre. Lo
agradecía muchísimo. Cuando luego llegué a EE UU con The Animals, lo primero
que hice fue ir a su casa en Detroit y allí pasé una semana". Burdon quiso
cantar con la emotividad de Ray Charles y la fuerza de Big Joe Turner, pero con
la voz saliéndole de las entrañas. Él mismo dijo que "el cantante negro de
blues era mi héroe, mi líder... Hice todo lo posible por sonar como él”.
Con The Animals Burdon consiguió
muchos éxitos, aunque la cosa no era un camino de rosas, ya que había muchos celos
en el seno del grupo, sobre todo con el teclista Alan Price, quien apareció
como único arreglista de ‘The house…’ y, por tanto, quien se llevó la parte del
león de los beneficios. Burdon declaró una vez: “Espero que se fría en el
maldito infierno”. En realidad, la mala gestión era una constante en los grupos
de los 60; en año y medio publicaron tres discos e hicieron dos giras por
Europa y tres por EEUU. “Lo que parecía una vida maravillosa se convirtió de
repente en algo horrible; horas encerrados en camerinos, ir a ciertos lugares a
horas fijas, agotadoras sesiones de fotos... No era para lo que me había
apuntado. Fue divertido durante un tiempo, pero pronto se volvió realmente
demoledor. En cuanto entrabas en una banda así, te convertías eras un
prisionero”.
Entonces llegó el LSD: “Me permitió
ver las cosas desde una perspectiva diferente, de otras formas de ver la vida.
Fue asombroso. Me despertó en muchos sentidos y me abrió a muchas cosas. Pero
ocurrieron muchas cosas. Fiestas de Brian Epstein con los Beatles y otros
gigantes del rock británicos, líos de faldas, líos de y por drogas, la visión
gay de Brian Epstein y el cuidado que había que tener para que no te
consideraran gay a ti (¡qué bobada!, viéndolo hoy), su viaje a la India… Y la
muerte de Brian Epstein…; para entonces vivía en Los ángeles y tenía vecinos
como Allan Wilson y su Canned Heat, Frank Zappa, David Crosby, John Phillips,
Cass Elliot, Grateful Dead…, fue una experiencia embriagadora, una avalancha de
sensaciones”.
Uno de los grandes recuerdos de Burdon
fue cuando se convirtió en ‘The Eggman”,
del ‘I am the Walrus’ de Beatles. Una vez le contó a Lennon que una novia
jamaicana le rompió un huevo sobre su cuerpo desnudo y comenzó a lamerlo: “Recuerdo
estar en una fiesta y al señalar a esa chica John me dijo: ‘¡adelante,
Eggman!’. Y el apodo se me quedó”.
A finales de los sesenta fundó la banda de funk War, en la que casi
todos eran “pandilleros negros”; de hecho, muchos nos copiaron, desde Sly Stone
a Earth Wind & Fire”. Así, “Cuando en septiembre de 1970 debutamos en Inglaterra
todo fueron felicitaciones, pero unos días después llegó la tragedia, Jimi
Hendrix (que había tocado con ellos como invitado) moría de sobredosis. Me
destrozó que un tipo con el que había hablado tantísimo nos dejara. Fuimos los
últimos con los que tocó”. Y Jim Morrison: “Tras una noche de excesos con Jim
bajé a la mañana siguiente con una Magnum 44 y disparé contra la lámpara de
araña. Morrison huyó mientras los cristales caían a raudales. Fue la última vez
que nos vimos”. Y Steve McQueen, con quien congenió gracias a las motos. “Por
esa época salía a montar en moto, y una vez vi a un tipo pasar a mi lado a 130 por
hora cruzando dunas. ¿Quién es ese?, pensé. Y era Steve. Salí disparado tras él
y lo alcancé. De hecho, tenía un terraplén de arena, formado naturalmente por
el movimiento del desierto, que tenía las mismas dimensiones que el salto que hizo
en la película La gran evasión”.
En 1994 The Animals entró en el Salón
de la Fama del Rock & Roll, pero Burdon, resentido, no apareció. En 2013
(tras superar problemas físicos) volvió a girar por EEUU y volvió a grabar,
todo con notable éxito. Y es que: “Todavía puedo salirme con la mía, pero eso
es lo que te permite el rock and roll, que puedes decir lo que quieras siempre
que tenga tres acordes y un ritmo”.
En mayo cumplió 85, y aun conserva voz
y actitud… ¡Qué Animal!
CARLOS DEL RIEGO

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