martes, 18 de agosto de 2026

‘REVOLVER’ DE THE BEATLES, 60 AÑOS DEL DISCO QUE CAMBIÓ LA MÚSICA POP-ROCK

 


La portada del Lp  'Revolver' de Beatles fue tan revolucionaria como el propio disco

 

Cuatro chavales de entre 23 y 25 años publicaron hace seis décadas uno de los discos más importantes, influyentes, atrevidos y rompedores de la historia de la música popular. The Beatles asombraron al mundo con ‘Revolver’, un álbum que, con el paso del tiempo, se ha hecho más y más grande, un Lp que no sólo no deja de asombrar, sino que cada vez que se vuelve sobre él se descubre un talento desbordante, una capacidad infinita para sorprender

 

Ya lo dijo el propio Jhon Lennon, “no sabemos muy bien qué estamos haciendo, pero lo que sí sabemos es que será algo distinto a todo y que va a sorprender a todos”. No le faltaba razón. Como todo ‘beatlemaníaco’ sabe, Beatles habían decidido no volver a tocar en directo, pero no porque no supieran tocar, sino porque no se escuchaban a sí mismos en medio del estruendo que el público producía cada vez que subían a un escenario; entre que el equipo apenas tenía potencia y el griterío de decenas de miles de gargantas, era imposible escucharse a sí mismos y a los otros tres, y como todo músico sabe, así es imposible tocar. Por eso decidieron volcarse en el estudio de grabación y proponer lo que hasta entonces nadie había propuesto: grabaciones con las cintas pasadas al revés, dobles pistas artificiales, velocidad variable (ahora rápida, ahora lenta), micrófonos colocados en sitios inusuales, multiplicidad de estilos musicales (del jazz a la clásica, de la experimentación a la electrónica, sicodelia, progresivo…), letras insólitas para bandas de pop y rock, instrumentación extraña (doble cuarteto de cuerda, elementos hindúes). No había límites ni fronteras. Por todo ello, ‘Revolver’, hecho por cuatro chavales, sigue causando asombro desde que salió, en agosto de 1966.  Además, hubo otros detalles dignos de mención…

 

Beatles, como no pocos artistas de su época, miraban con asombro lo que salía de estudios como Stax, en Memphis, donde grababan leyendas como Otis Redding,  Booker T & the MG's, Isaac Hayes, Wilson Picket y muchos más. Los Beatles tenían la ilusión de trabajar en ese mismo espacio, y más si era con el productor y copropietario del sello, Jim Stewart. Pero la cosa no salió. Entre las razones conocidas está que el grupo necesitaba más seguridad de la que Stax podía ofrecer, y también el hecho de que Harrison tuviera los pies en el suelo y hablara de dinero: “Claro que nos gustaría grabar allí, pero la gente se vuelve loca con el dinero al oír la palabra Beatles”. Al final el disco se grabó en los estudios EMI de Londres, los que luego fueron Abbey Road. Paul dijo en 2022: “En realidad EMI era nuestro hogar, lo conocíamos muy bien y podíamos preocuparnos sólo por grabar el disco; es decir, si estás en un estudio desconocido, hay cosas nuevas, nuevo entorno…, mientras que EMI era nuestro el espacio, nuestra gente, y sólo debíamos concentrarnos en grabar”.

 

No estuvo claro el título del Lp desde el principio. De hecho se sopesaron otras alternativas, como ‘Abracadabra’, ‘Bubble and squeak’ (que puede ser ‘burbuja y chirrido’ o ‘carne picada con patatas’), ‘Beatles on safari’, ‘Freewheelin Beatles’ (evidente guiño a Bob Dylan) , ‘Pendulum’ (título que luego usaron los Creedence’), incluso ‘After Geography’, (parodia del ‘Aftermath’ de los Stones).

 

 

Entones los grupos tenían los roles muy bien definidos: cada uno toca su instrumento y punto. Pero los Beatles eran de cambiar los papeles, y más en aquel momento. Eso pasó en ‘Taxman’, una de los primeros temas que ya no hablaban de chico-chica y que, por eso, abrió el Lp. En ella McCartney se encargó del solo de guitarra principal, y no Harrison. “Me encantó que Paul tocara esa parte en ‘Taxman’, dijo Harrison más tarde.

 

El líder de Beach Boys, Brian Wilson, escuchó el Lp anterior, ‘Rubber Soul’, y de ahí sacó semillas de inspiración para escribir luego su enorme ‘Pet sounds’. Más tarde, los Beatles escucharon ese ‘Pet sounds’ y la influencia volvió a invertirse; así, a Paul le entusiasmó el ‘God only knows’, lo que lo inspiró para hacer el ‘Here, there and everywhere’, deliciosa balada del ‘Revolver’ .

 

Más influencias en la parte lírica. Cuentan que el ‘She said she said’ surge de una conversación que Lennon tuvo con el actor Peter Fonda mientras estaban en una fiesta en California, con otros músicos presentes (como Byrds) y bajo los efectos del LSD. Durante la velada el prota de ‘Easy rider’ dijo que sabía lo que era estar muerto, y contó que cuando era niño se pegó accidentalmente, sin intención, un disparo que provocó que, técnicamente, estuviera muerto unos minutos en la mesa de operaciones. “¡No queríamos oír hablar de eso!”, recordaría Lennon más tarde en una entrevista de 1980 (o sea, poco antes de recibir él mismo cinco tiros); y añadió: “Estábamos de ácido, las chicas bailaban y todo era precioso, muy de los sesenta, y este tipo (a quien no conocía, pues no había hecho ‘Easy rider’ ni nada) se acercaba una y otra vez, con gafas de sol, soltando eso de 'sé lo que es estar muerto'; entonces nos íbamos, pues era muy aburrido y casi daba miedo. Estás colocado viene uno y te da la lata con 'sé lo que es estar muerto’; mal rollo".

 

Ringo Starr también tuvo su momento estelar en ‘Revolver’ con la alegre, sicodélica y disparatada ‘Yellow submarine’ (calificada de ‘mala’ por muchos, pero muchos más hubieran dado un brazo por firmarla). Sus autores fueron, claro, Lennon y McCartney, pero otra figura de los años 60 también participó en su creación. Al parecer, Paul visitó a Donovan, quien le hizo una sugerencia para la letra de la canción. “Fue una parte muy pequeña, pero significativa; simplemente me fui a la otra habitación y escribí 'cielo azul, verde mar’, recordó Donovan en una entrevista años después. “Ellos siempre pedían ayuda a otras personas con una o dos frases, así que ayudé con esa. Paul sabía que me gustaban las canciones infantiles. Estoy seguro de que podría haber escrito la frase él mismo, pero supongo que quería que algo de otros, así que…".

 

Sorprende que en los Grammy de 1967 Revolver no ganara el premio al Álbum del Año, que fue para ‘A man and his music’ de Frank Sinatra. Sin embargo, sí ganaron el premio a Canción del Año por ‘Michelle’, del anterior ‘Rubber soul’. Evidentemente, ha dejado más huella ‘Revolver’ que el disco de Sinatra.

 

No sorprende que los críticos coincidan en que “es el mejor disco de Beatles, lo que equivale a decir que es el mejor disco de la historia del pop y el rock”.

 

CARLOS DEL RIEGO

lunes, 3 de agosto de 2026

90 AÑOS DEL COMIENZO DE LA GUERRA CIVIL. QUÉ HACER PARA PERDER UNA GUERRA

 


Cuando los gobiernos de las potencias occidentales vieron imágenes como estas decidieron no apoyar al gobierno que las permitía

 

Hace 90 años (18-VII-36) España se incendió con el comienzo de la Guerra Civil. El Gobierno de la República, indeciso, pasmado, tardó muchísimo en reaccionar a pesar de los rumores que hablaban insistentemente de que se preparaba una sublevación. Lógicamente, la República no quería perder la guerra, pero si hubiera tenido la intención de perderla no hubiera actuado de modo diferente a como actuó. De hecho, aquella inacción en los primeros momentos de la insurrección fue el primer paso de lo que hay que hacer si se quiere perder una guerra

 

En primer lugar hay que especificar la importancia de despojarse de ideologías, prejuicios y credos partidistas para interesarse y comprender hechos históricos, porque de lo contrario siempre se verá de modo diferente el mismo hecho si lo perpetran unos o si lo perpetran otros. Centrándose exclusivamente en cuestiones bélicas y militares resultará bastante fácil entender las causas de la derrota del gobierno en aquella guerra, puesto que sus acciones e inacciones resultaron absolutamente decisivas en el desenlace del conflicto. 

 

Muchos analistas señalan la indiferencia con la que las potencias occidentales (Inglaterra y Francia sobre todo) miraron hacia lo que pasaba por aquí; es decir, no pocos señalan que la causa de la derrota fue que esas potencias se no quisieron colaborar con la República. Sin embargo, la realidad fue totalmente la contraria a esa interpretación del hecho: si no intervinieron fue porque vieron lo que pasaba. Los gobiernos de esos países contemplaron horrorizados la violencia sin control que se ejercía en el bando republicano sin que el Gobierno de España moviera un dedo para detenerla. Ejecuciones masivas, fusilamientos de personas que estaban en la cárcel sin juicio, sin sentencia, sin que pesara sobre ellas ninguna acusación. A aquellas potencias no les pareció correcto apoyar a un gobierno que permitía todo tipo de violencias como la quema de iglesias, monasterios y conventos (incluyendo archivos y patrimonio histórico), como la persecución y asesinato de curas, monjas y seminaristas, como el secuestro, tortura y asesinato de ‘desafectos’ en las chekas…, por no mencionar las huelgas violentas, incendios, palizas, asaltos, tiroteos callejeros (más de 300 muertos en los primeros meses de 1936) o, en fin, el asesinato del líder de la oposición por parte de las fuerzas del estado con uniformes y coches oficiales. Toda aquella locura no era culpa del ejecutivo,  pero lo que no admitían Londres y París era que el Gobierno de España no hiciera nada, o sea, que permitiera tal anarquía sin intervenir. Aquellos países no iban a apoyar al bando rebelde, pero tampoco echarían una mano a un gobierno que permitía ese desgobierno. Evidentemente, a quienes ayudaron al bando nacional la violencia contra el enemigo les traía sin cuidado.

 

La falta de autoridad y de la intención de imponer el orden en las calles, ciudades y, en fin, en todo el territorio nacional, o sea, la total ausencia del gobierno republicano respecto a lo que ocurría en toda España afectó no sólo a la posibilidad de la ayuda exterior, sino que muchos militares indecisos decidieron sumarse a la sublevación ante el caos que había en todo el país. Después de las elecciones de febrero del 36 y tras el 18 de julio, en muchísimos pueblos y ciudades de España se incrementaron los actos violentos con total impunidad. Pero es que el desorden y la indisciplina reinante en el bando republicano desde los primeros momentos también mermaba la eficacia de su ejército. Al no haber una intendencia ordenada se producía un tremendo despilfarro de recursos (armas y municiones, transporte, combustible, alimentos, material médico…), que se distribuían según preferencias y simpatías, no según necesidades. Además, las tropas (regulares o milicianos) sólo obedecían a sus propios mandos: los cuerpos sindicalistas a sus comisarios y jefes, los comunistas a los suyos, los socialistas a los suyos…, con lo que existía una falta de autoridad y coordinación que mermó su eficiencia en combate. Conocido es que cuando Stalin envió un barco con material bélico ordenó que no desembarcara en Barcelona porque allí había muchos anarquistas, así que descargó en Alicante, donde se tardó muchísimo y se perdió un tiempo precioso.

 

Lógicamente, la indisciplina y la desconfianza provocaban que muchas veces la tropa acordaba por su cuenta por dónde avanzar sin tener en cuenta las exigencias que toda acción militar requiere; otras veces cambiaban de rumbo sobre la marcha porque se quería ‘escarmentar’ a este o aquel. Asimismo, los jefes y oficiales de cada compañía, división o cuerpo de ejército también desconfiaban el uno del otro, por lo que no existía coordinación, ni objetivos comunes, ni colaboración, sino que cada uno decidía por sí sin informar (hubo casos en que uno avanzaba o retrocedía sin dar cuenta a nadie, con lo que se contaba con ellos y no estaban o aparecían tropas que no se esperaban); además aquellas rivalidades y rencillas de partido llevaba a unos a no apoyar un ataque, a otros a no proteger un flanco, y a los otros a una retirada injustificada… En resumen, cada una de las unidades estaba integrada por militantes de los diversos grupos políticos que conformaban el Frente Popular y cada cual hacía la guerra por su cuenta según su interés o parecer.

 

Según cuenta el anarquista Cipriano Mera en sus memorias, tanto las Brigadas Internacionales como las unidades de Líster o los batallones de la CNT “retrocedían en desorden sin que hubiera forma de pararlos y reorganizarlos”, y señala que la causa era la falta de disciplina de la tropa y la negativa a obedecer órdenes. De hecho, el cuerpo que mandaba Mera recogió miles de fusiles y piezas de artillería abandonadas por las tropas de El Campesino que huían en desbandada. El mencionado Cipriano Mera estuvo a punto de fusilar a los miembros del Gobierno de la República a los que pilló escapando de Madrid porque pensaban que la ciudad estaba perdida; es lo que se conoce como 'el incidente de Tarancón': sin comunicar nada a los altos mandos militares, varios ministros y altos cargos decidieron huir, sin más. Mera, lo calificó como “verdadera vergüenza”, y añadió “si no monto ahora una gorda por mi cuenta es porque tengo conciencia de que no deben imponerse los puntos de vista particulares”. Otra muestra del desbarajuste se produjo al final de la guerra, cuando el coronel Casado se rebeló contra lo que quedaba del gobierno: una guerra dentro de la guerra.

 

El otro bando se recompuso rápidamente del desorden inicial, se reorganizó, estableció la cadena de mando, impuso la disciplina, todo el mundo obedecía a sus superiores, las operaciones estaban coordinadas, organizadas, pensadas. Todo eso es imprescindible para ganar una guerra, y sin ello la derrota es segura. Al comienzo de la guerra el bando republicano tenía todo a su favor: territorio, tropas y jefes, material bélico, fábricas, industrias, arsenales, recursos humanos…, pero nada de eso vale sin disciplina, mando unificado, orden…

 

CARLOS DEL RIEGO