lunes, 26 de agosto de 2013

CANTANTES QUE CANTAN VERDADERAMENTE MAL En la corta historia del rock y el pop se han producido no pocos casos de cantantes con menos gracia que un pedrusco, e incluso han llegado a tocar el éxito más o menos multitudinario algunos que entonan francamente mal.

Loquillo nunca ha tenido muy claro qué es eso de la armonía o la musicalidad.
En el particularísimo universo de la música contemporánea los hay que lo hacen con gracia y estilo y los que no. No se trata de que el que interpreta guste o no, ni de que practique un estilo con el que se tiene química o produce urticaria. La cosa es que algunos solistas sencillamente no poseen condiciones para el canto, y dentro del planeta del pop-rock español existen algunos casos evidentes. Vaya por delante que lo importante es gustar, conectar con alguien, transmitir emociones, pues estos géneros musicales no atienden a los cánones de músicas ‘más cultas’; es decir, el rock (punk, pop y similares) no exige ser un virtuoso con la guitarra, un tenor con voz de seda o, en fin, un músico especialmente dotado por la naturaleza, ya que estas músicas se mueven por parámetros en los que la técnica no es tan importante como la capacidad para despertar emoción en quien escucha.

Lejos de su imagen frágil, Luz Casal canta de modo tosco, rudo y tajante.
A pesar de ello, se puede decir que hay algunos que afinan realmente mal, otros que no son capaces de entrar a tiempo y otros más que no acaban de entender qué es eso de la melodía. Sin desmerecer en absoluto su trabajo y sus éxitos (si están en esto desde hace tanto será por algo), nadie pondrá en duda que Loquillo, Alaska y Luz Casal no son lo que se dice cantantes excelentes.

Durante un concierto del catalán sus músicos se arrancaron con una versión del ‘No more heroes’ de los Stranglers; tras un corto pasaje instrumental, entró Loquillo, y debió hacerlo tan a destiempo y tan fuera de tono que los guitarristas se sobresaltaron, casi dieron un brinco volviendo la vista incrédulos al solista, para y luego cruzar sus miradas con cara de sorpresa y desconcierto… Es una muestra de que no tiene muy claro qué es eso de la armonía, la cadencia o el buen gusto. En fin, que el veterano y reconocido rockero no posee lo que se dice grandes capacidades canoras.
Alaska entraría fácilmente en la lista de las peores cantantes del mundo.

Igualmente la gallega Luz Casal, que canta con muy poca finura, con escasa musicalidad, con modos toscos y tajantes, casi de forma basta. Si lo suyo fuera el heavy o el punk quedaría apropiado, pero como quiera que Luz hace baladas, boleros y otros géneros de ambiente sentimental y afectado…


Lo de la mexicana Alaska es algo ciertamente sorprendente, puesto que desde el minuto uno de su carrera la crítica y el público, fans, antifans e incluso compañeros de profesión (estos en ‘petit comité’) coincidían en que la señorita cantaba de modo grosero y chabacano, con un estilo ordinario y rústico, sin gusto y sin una pizca de aptitud estética; que sea incapaz de salir del mismo registro y suene del todo monocorde y lineal, como una melopea monótona, es algo ya secundario. Podría aventurarse que Olvido tiene ‘oído de madera’.

Estos tres cantantes han hecho carrera en el mundo de la música, uno sabiendo rodearse de excelentes compositores e instrumentistas, otra evolucionando y modificando su estilo hasta desembocar en la sensiblería, y la última utilizando el don de la oportunidad  y el recurso a la fealdad y la provocación medida. Y aunque ninguno de los tres ha mostrado jamás la mínima facultad, son innegables sus méritos, y están donde están gracias a su esfuerzo y capacidad para conectar con el personal (y al márketing).

Hay otros casos, muchos más, que merecen ser mencionados cuando se habla de cantantes de dudosa valía. Por ejemplo ahí está Melendi, con ese tono de voz chulesco y desafiante, entre desganado y despectivo, pretendidamente macarra a la vez que aflamencado e incluso agitanado, y además copiado de Lichis-Cabra Mecánica; es el del asturiano un modo de cantar palurdo y analfabeto orgulloso de tales condiciones. ¡Y qué decir de los que canturrean con irritantes dejes y tonillos a modo de salmodia!, como Dani Martín (el de El Canto del Loco), que parece huir de la vocalización, atropellando palabras y dando la impresión de cantar casi sin abrir la boca y buscando siempre el mínimo esfuerzo; e igualmente Amaya Montero (ex vocalista de La Oreja de Van Gogh), cuya modulación y pronunciación, cuyas inflexiones de voz e incomprensibles acentos sobre esta sílaba o aquella palabra llegan a resultar hilarantes. Peor es lo de Enrique Iglesias, pues en sus directos hay más gallos que en una granja avícola y más desafinaciones y salidas de tono que en una pelea de perros. También hay que recordar casos como el de algunos grupos de los del rock radical vasco o tan melosos como Modestia Aparte, casos en los que la melodía vocal parecía reñida con el acompañamiento instrumental, como si una y otro no tuviesen nada en común.       

Como puede verse, el éxito en ciertos géneros musicales no precisa del mínimo talento o valor artístico.

CARLOS DEL RIEGO