miércoles, 15 de agosto de 2012

OPUS Y MASONERÍA, LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA Aunque con distintas herramientas, el Opus Dei y la Masonería tienen el mismo modo de pensar, y por eso son y persiguen lo mismo

El ansia de poder es consustancial al hombre, cosa que se demuestra al comprobar cómo desde que se tienen referencias históricas, las personas se han agrupado con el fin de acrecentar su poder, de tener más en todos los ámbitos de la vida; curiosamente algunas de esas agrupaciones nacieron como sistema defensivo, pero si perviven terminan por confluir en aquel ansia. Mafias y sociedades, secretas o públicas, han venido sucediéndose desde hace muchos siglos en la cultura occidental; así las pandillas, las familias mafiosas, las órdenes guerreras, el Opus Dei, la Masonería o el Club Bildeberg.


La escuadra y el compás, símbolos de la Masonería,
 secta que compite con el Opus por los mismos fines,
el poder y el control de la población
Los tres últimos persiguen exactamente lo mismo: el control y la manipulación de la población, mandar e imponer sus ideas utilizando no la fuerza (o al menos no sólo), sino con métodos arteros y sibilinos y con el fin de manejar a las masas a su antojo. Y los tres son lo mismo porque los tres están integrados por el mismo tipo de personas, porque los tres sólo admiten en sus filas a ricos y/o poderosos. Son auténticas sectas cuyos objetivos y medios apenas difieren de los totalitarismos, del fascismo, aunque usen guante blanco.

Pero a diferencia del Club Bilderberg, donde entran todo tipo de mentalidades (izquierdas, derechas, creyentes, ateos, capitalistas, socialistas…, y donde por tanto se producen más discrepancias), en el Opus y la Masonería imperan unas bases teóricas, ideológicas, a las que hay que adherirse como condición previa e inexcusable (aunque siempre habrá un mínimo porcentaje de discrepantes). En uno la raíz es la religión católica, mientras que en el otro la base teórica es la idea de que la razón es el todo y todo lo explica; aunque el enfrentamiento entre razón y religión es estúpido pues están en planos diferentes, los integrantes de una y otra secta se obstinan tercamente en enaltecer la pugna, esa especie de guerra. Pero en la práctica terminan ahí las diferencias, pues los fines y métodos para alcanzarlos son idénticos en ambos casos.

Escrivá de Balaguer, fundador del Opus,
que al igual que la Masonería sólo admite
ricos y poderosos.
Lo que pretenden estas sociedades de ricos y poderosos (suelen tener algún miembro de las clases obrera y media para enseñar), como ya se ha dicho, es controlar y manipular a la población para que sus ideas se impongan de modo uniforme; eso sí, con ellos siempre arriba. Y para ello utilizan la misma metodología: la colocación de sus integrantes en los puestos de poder de la economía y la política, ir subiendo peldaños en una y otra para alcanzar los cargos más altos y, de paso, ir favoreciendo a los compañeros de credo y, por extensión, a su secta.


El Opus, lógicamente, tiene su mayor influencia en ámbitos cercanos al Vaticano y a los centros de poder de la Iglesia Católica, y con ese apoyo lanza sus tentáculos en la economía (industria, finanzas, mercados…) y la política, a pesar de que en este terreno siempre depende de la situación del momento, por lo que actualmente tiene que conformarse con contar ahí sólo con “simpatizantes”. 

La Masonería, por su parte, trata de expandirse por los mismos ámbitos, aunque siempre con posturas contrarias a la religión. Así, hay masones medrando tanto en política como en economía, algunos abiertamente y otros más en la sombra para que la cosa no cante mucho. Como curiosidad: durante la II República Española apenas había en España unos pocos miles de masones, sin embargo, muchísimos diputados del parlamento lo eran, y además, muchas de sus propuestas coincidían punto por punto con declaraciones de las diversas logias españolas. El gran Pérez Galdós los describe y ridiculiza (tanto por sus ritos como por sus fines) en sus Episodios Nacionales, concretamente en ‘Memorias de un cortesano de 1815’, ‘La segunda casaca’ y ‘El Grande Oriente’ (Segunda serie).

CARLOS DEL RIEGO