jueves, 9 de agosto de 2012

LONDRES 2012: DISPARATES OLÍMPICOS EN LOS PRIMEROS JUEGOS Treinta ediciones de los juegos (siempre se incluyen las tres que no se celebraron) han regalado todo tipo de incidentes, barbaridades, curiosidades y barrabasadas de todo tipo, hilarantes, tristes, increíbles, disparatadas

El sogatira o las carreras de sacos formaron parte
 del programa olímpico de París 1900
  

A pesar de su solemnidad, de sus ritos y sus símbolos, de la seriedad y rigidez de los jueces y las reglas, los Juegos Olímpicos también han sido escenario de algunos momentos absolutamente disparatados, aunque muchos de ellos hay que entenderlos en su contexto, en su tiempo.

Desgraciadamente (o afortunadamente, según se mire) los juegos son una fuente inagotable de hechos asombrosos por una u otra razón. La lista sería interminable, por eso apenas se pueden mencionar unos pocos casos de las primeras ediciones.

En San Luis 1904 se trató de humillar a indios,
 negros, africanos...
En los juegos de París 1900, nadie se ocupó de construir o preparar pistas y recintos; así, para el atletismo se usaron unas instalaciones particulares en estado calamitoso, con un árbol en medio al que habían de subir los lanzadores de martillo para recuperar su artefacto, igual que los de disco, que horas después de la competición seguían buscando sus proyectiles entre los árboles de los alrededores. Y qué decir de la natación, en el Sena y sin que nadie detuviera el tráfico de barcos, por lo que fue una suerte que no hubiera ahogados. En fin, que también hubo carreras de sacos, soga-tira, cometas, carreras de burros…, claro que en vez de medallas dieron a los ganadores pipas de fumar, carteras, platos, paraguas, peines. Y para rematar, el campeón de maratón ni siquiera sabía que estaba corriendo una carrera olímpica, de modo que al terminar se fue a su casa…, no extraña que Coubertin, francés, dijera “… los franceses no han comprendido mis ideas…, se han esforzado siempre para evitar el triunfo de los juegos”. No se puede decir que fuera chauvinista.

En San Luis 1904 se organizaron paralelamente los ‘Días antropológicos’ para ridiculizar a pigmeos (acompañados de monos, que se comieron allí mismo para alegría de aquellos estadounidenses), indios mexicanos, nativos filipinos y de muchas otras etnias, y todo para demostrar la superioridad de la raza blanca; Coubertin, previendo el futuro, afirmó “esta farsa ultrajante terminará cuando negros, pieles rojas y amarillos aprendan a correr, saltar y lanzar; entonces los blancos llegarán detrás de ellos”. La profecía del barón no tardó en cumplirse. Lo del maratón fue de chiste; por un lado, quien primero entró en meta había hecho la mayor parte del recorrido en coche, aunque el engaño se descubrió a tiempo, y por otro, el ganador auténtico, Hicks, fue ‘dopado’ por sus entrenadores con una explosiva mezcla de estricnina y coñac, pero como no había regulación antidopaje no se puede decir que hiciera trampas. Y un zulú sudafricano que participaba, tuvo que huir de dos perros que empezaron a perseguirlo, pero cuando les dio esquinazo corriendo campo a través, ya era tarde para volver a la carrera.

Pero el mayor disparate llegó en Munich 1972, cuando la tregua olímpica fue violada por terroristas con resultados fatales y conocidos por todos.

CARLOS DEL RIEGO