lunes, 27 de agosto de 2012

REAL MADRID Y FC BARÇELONA, RIVALES INSEPARABLES Uno necesita al otro más que a nada en el mundo, y uno sin otro estaría incompleto, como un Quijote sin Sancho

Son rivales encarnizados, enemigos muchas veces, pero necesitan el uno del otro.
¿Por qué uno es hincha de un equipo de fútbol mientras su hermano, amigo, esposa, padre o madre lo es del equipo rival? Pues porque se trata de una decisión siempre irracional, ya que no hay motivo que explique dichos favoritismos que, generalmente, se adquieren en la infancia y no se abandonan jamás. En este sentido, en cierta ocasión el legendario ex futbolista Alfredo Di Stéfano explicaba que una persona puede cambiar de nacionalidad, de esposa o marido, de partido o ideología política, de religión…, pero de equipo de fútbol no, eso no se ha producido jamás. Y es por esa irrompible devoción que se producen los enfrentamientos, las antipatías de los adictos al Real Madrid para con todo lo que tenga que ver con el FC Barcelona, y viceversa. No hay más explicación, no hay más razones ni causas. Del mismo modo que no se puede convencer a un creyente para que abandone la religión y se pase con armas y bagajes al bando de la ciencia (y viceversa) pues ésta puede demostrar y aquella no, no se puede tratar de que el incondicional de un equipo se pase a otro con razones como que éste gana más títulos, tiene historia más brillante o juega más bonito. Una vez fijada la preferencia no hay vuelta atrás y no hay razonamientos que valgan.     

Sin embargo, en realidad, FCB y RM se necesitan el uno al otro más que ninguna otra cosa, pues todo aquel (equipo o individuo) que se dispone a la lucha necesita un rival, un contrario, alguien con quien disputar, y no es lo mismo que el enemigo esté siempre (o casi) a la altura y capaz de combatir con armas y potencia similar, que luchar casi con la certeza del triunfo. En una palabra, todo el que salta a la palestra necesita, por encima de todo, a su propio némesis, un contrincante que siempre esté dispuesto para el combate, deseoso de que empiece la contienda. Así el Barça tiene al Madrid y éste a aquel, y si faltara uno, el otro estaría incompleto, quedaría como un torero que en vez de toro se enfrenta a oveja. Y es que, realmente no tienen otro rival; sí, pueden perder casi en cualquier cancha española, y en Europa son varios los que están a la altura competitiva de ambos, pero serán competidores ocasionales; de hecho, ningún hincha del equipo catalán como ninguno del castellano, prefiere derrotar, humillar a nadie antes que al eterno enemigo. Y por eso se puede afirmar que lo más necesario para el Barça es el Madrid y al revés. ¿Algún aficionado al fútbol se imagina una liga española sin uno de los dos?, ¿una competición dominada por el mismo en nueve de cada diez ediciones? No, ambos son imprescindibles, y de esa guerra permanente se benefician todos los que están alrededor.

Pero esa incondicionalidad, ese amor eterno e irracional por encima de todo, se encarga de emborronar la realidad, de distorsionar el hecho, de ver una mota de polvo en el ojo ajeno y no ser consciente de los raíles en el propio. Por ejemplo, si Mourinho fuera el entrenador del Barça (cosa que estuvo a punto de suceder) y hubiera repetido en Barcelona toda su trayectoria madrileña, los fans del Real Madrid se quedarían sin adjetivos para calificar los actos del portugués; e igualmente, si aquel vergonzoso momento en que un merluzo lanzó una cabeza de cerdo en la cancha del Barça se hubiera producido en la del Madrid, los culés hubieran puesto el grito en el cielo.

En fin, esos amores viscerales e irracionales aumentan y disminuyen la importancia del hecho en función de quién lo realiza y quién lo valora, de modo que una buena forma de acercarse a la realidad es ponerse en el lugar del otro y preguntarse lo que uno pensaría si fuera el otro ante la misma cuestión. Pero claro, no sería fan del Madrid quien fuera capaz de ponerse en la piel de uno del Barça. Y viceversa. 

CARLOS DEL RIEGO