domingo, 19 de agosto de 2012

PALABRAS BASTARDAS, IMPORTADAS Y RETORCIDAS Las muy variadas maneras de atizar al castellano.

El maltrato del lenguaje es cosa corriente,
sobre todo entre quienes se creen la monda.
Cada día aparecen nuevas palabras en el idioma castellano, muchas importadas de otras lenguas y adaptadas a la pronunciación española; también se popularizan otras de nacimiento autóctono pero totalmente bastardas; y del mismo modo también se da el caso de otros vocablos cuyos significados se retuercen y, gracias a las modas, están temporalmente en boca de todos, hasta el punto de que hay quien las utiliza como medio de demostrar que está en la onda.

Cuando los advenedizos se refieren al cantante, compositor y guitarrista estadounidense Bruce Springsteen, y quieren hacerlo dando a entender que entienden, dicen ‘El Boss’, puesto que el artista de Nueva Jersey es conocido en su tierra como ‘The Boss’, o sea, ‘El Jefe’. Así, en castellano lo suyo sería decirlo en castellano, aunque si se quiere forzar podría decirse en inglés, pero en ningún caso mezclar los dos idiomas y soltar ‘El Boss’, que sería algo así como decir ‘el champion’ para referirse al campeón o ‘el singer’ para el cantante. El mismo puñetazo al idioma se produce cuando se señala que “hay una fanzón para entretener al público”, queriendo decir que hay una zona para hinchas, seguidores o incluso fans; es decir, la ‘fan zone’ (en inglés) se castellaniza y pare un barbarismo risible y chusco que, paradójicamente, quien lo pronuncia se cree el más moderno, un poco como la espantosa ‘jitazo’. Aquí también entran los nombres de ciudades y personas de otros países que, los que se creen a la última, meten en la conversación cual morcilla en guión de teatro; por ejemplo los que dicen Beijin al referirse a Pekín (una ciudad tiene un punto más de prestigio si tiene su propio nombre en otros idiomas), pero no hacen lo mismo cuando hablan de Londres, Nueva York o Moscú; o nombran a un extranjero en el idioma de éste, por ejemplo, dicen ‘Mary’ por el tenista Andy Murray, y pronuncian seguidamente de modo castellanizado a otro, por ejemplo cuando se dice ‘Suarseneguer’ por el actor Swarzenegger.

Otro caso es la creación de engendros absolutamente terroríficos como ‘precuela’, cosa que usa el que tiene ínfulas de gran cinéfilo cuando habla de una película cuya acción es anterior al de otra previamente estrenada; como existe secuela para nombrar al filme que es continuación de otro, algunos petimetres que se creen la monda crearon aquella monstruosidad fonética.

Y también están los que dicen “miles de tropas desembarcaron…” (entre ellos algunos locutores de radio y televisión), cuando quieren decir “miles de soldados…”, pues una tropa es un conjunto de soldados, o civiles; de modo que si se dicen “miles de tropas” se está diciendo algo similar a “miles de ejércitos”. También se usa mucho el término complicado cuando se quiere decir difícil; así “fue una carrera de 100 metros lisos muy complicada”, con lo que se está indicando que la carrera tenía muchos recovecos, desniveles, bifurcaciones…, cuando en realidad lo que se quiere decir es que lograr buen puesto fue muy difícil porque los otros corrían más; o sea, la dificultad estaba sólo en los rivales, no había ninguna otra duda. Hoy también se usa mucho ‘truculento’ cuando se quiere decir sangriento, cruel, brutal. Y en el ámbito del cine y el teatro la palabra preferida, que vale para todo cuando no se sabe qué adjetivo utilizar, es ‘maravilloso’, del mismo modo que en el terreno del deporte (aunque no solo) abunda el ‘espectacular’, que también vale para todo: accidentes e incendios, peleas y agresiones, lesiones y enfermedades, comidas y vinos, explicaciones y discursos.

Pero lo peor del asunto es que, en no pocas ocasiones, la Real Academia Española les da carta de naturaleza, se baja los pantalones ante las corrientes mayoritarias y, demostrando debilidad acomodaticia, ridícula corrección política y total desprecio por aquello que debería cuidar hasta el extremo, termina por incluirlas en el diccionario; claro que viendo el currículo de más de un académico se comprende mejor la cosa.
 
CARLOS DEL RIEGO