lunes, 12 de agosto de 2013

MECANO. CUESTIONANDO A UN SUPERVENTAS Es, sin duda, uno de los nombres más importantes de la historia del pop en castellano, con millones de discos vendidos en todo el mundo y con canciones que siguen estando presentes por una u otra razón. Sin embargo, hay que se atrevió a ir contracorriente en vida del trío y aún hoy sigue colocándolo en el cajón de los horteras

Muchos colocaron a Mecano en el cajón de los horteras desde el primer momento
Al comienzo de la década de los ochenta del siglo XX valía todo a la hora de grabar y publicar discos, desde el punk más salvaje y malhablado al pop más edulcorado y ñoño. En España estaba en todo lo alto ‘la movida’ (madrileña y del resto del país), que también permitía cualquier género o estilo. En este contexto aparece el trío Mecano. Su primer lanzamiento fue un single titulado ‘Hoy no me puedo levantar’, un tema muy adolescente que no dejaba de tener su encanto, con ‘Quiero vivir en la ciudad’ en la cara b, pieza de corte similar. Después llegó el primer elepé con otra media docena de canciones con visión de mozalbete cimbreante, de pisaverde rebelde y a la vez conformista. Quienes estaban allí sin perder perspectiva crítica no sabían muy bien a qué carta quedarse: sí, las melodías no estaban mal, el sonido tenía un punto electro y el arreglo era el que imponía el momento, pero tanto maquillaje, tanta niña mona, tanto aburrimiento en la habitación y protesta contra el cole empezaban a mosquear a unos y a confirmar los peores temores de otros; de este modo, en contra de una mayoría creciente que llevó al grupo a convertirse en superventas en medio mundo, hubo quien se atrevió a contradecir a los millones de fans de los Cano y la Torroja.

Cuando hace 30 años se publicó su segundo álbum, los detractores del grupo encontraron la prueba definitiva, pues el disco se tituló ‘¿Pero dónde está el país de las hadas?..., sí, un título más bien sonrojante, vergonzante. ¿Eso es la música de Mecano?, ¿cuentos de hadas? Aun peor fue la actitud de su cantante cuando estaba en escena: “Y ahora, vamos a cantar todos una canción muy bonita y nos lo vamos a pasar muy bien, ¿vale?”, dijo Torroja al público con las manos entrelazadas y actitud de maestra de educación infantil que se dirige a sus niños… Algunos huyeron de aquel concierto tratando de taparse la cara para que nadie los reconociera, avergonzados, aterrados ante la posibilidad de que alguien les recordara que un día fueron a un concierto de Mecano.

Con el tiempo el sonido se fue engrandeciendo y las letras fueron creciendo y tocando temas dispares, escabrosos incluso; sin embargo, lo que no cambió nunca fue la voz, la modulación, el tonillo de Ana Torroja ante el micrófono, que cantaba con igual entonación de ursulina amilanada y medrosa una cosa que otra. Y eso fue, según algunos de los que en aquellos azarosos años mostraban inquietud por la música pop y rock, lo peor del trío; las composiciones podían pasar, con sus estribillos fáciles y directos, aunque la decoración era de lo más blanda, pastelera, incluso babosa se decía entonces; y para rematar, esa postura de eterna quinceañera asustadiza y pretendidamente ingenua, esa textura vocal aniñada y temblorosa, esa pose entre perversa e inocente que siempre intentó la solista. No eran pocos los que ya en su momento, y a pesar de las envidiables y crecientes cifras de ventas que conseguía el grupo, manifestaban su repelús ante los discos de los hermanos y la chica, e incluso se atrevían a hacer mofa, befa y cuchufleta de sus canciones, siempre instaladas en los puestos altos de las listas y dueñas de las radiofórmulas.

Pasados unos cuantos años y ya con una perspectiva de la que fiarse, grupos que en su momento repelían hoy se ven con cierta simpatía, mientras que otros detestados en su día ahora siguen produciendo el mismo sarpullido; ejemplo de aquellos es Boney M a pesar de que no cantaban, pues los giros y movimientos del tronco y sus diálogos con las chicas no dejan de tener su gracia; ejemplo de los otros es Abba, tan hortera hoy como en los setenta, Presuntos Implicados, cuyos temas (sosos, monocordes) eran y son imposibles de tararear…; y por supuesto, Mecano, ejemplo del pop más endeble, muestra de lo peor de los años ochenta del siglo XX por mucho que no pocas de sus canciones continúen sonando y siendo recordadas como éxitos de otro tiempo.

De todos modos, si a tantos le gustan sus canciones, bien está la proliferación de mecanos en cualquier época. Y es que hay individuos tan raros que les gusta que haya gente a la que le gusten los grupos que a ellos no les gustan.


CARLOS DEL RIEGO