miércoles, 31 de julio de 2013

EL RIESGO DE LA MUJER OCCIDENTAL EN PAISES CON GOBIERNOS FUNDAMENTALISTAS Una noruega que trabajaba en Dubai fue violada y por ello castigada. Es el riesgo que corren las occidentales que se van a lugares donde impera la ley islámica.

Marte Dalaelv vivía y trabajaba en un lugar equivocado.
Aunque en principio apareció en las primeras páginas, apenas unos días después ya no está ni en el último rincón de la sección de sociedad. Se trata del caso de la mujer que se fue a trabajar a Dubai como arquitecto para una empresa sueca. Tras una cena, un compañero la acompaña a casa y es violada, ella denuncia, la policía le hace test de alcoholemia y da positivo y, como consecuencia de las leyes de esos países, Marte Dalaelv se convierte en culpable, primero de beber alcohol, y segundo de adulterio…, no importó que fuera forzada, pues eso no cambia el hecho del adulterio… De locos.

Como sabe todo el que se preocupa un poco de conocer el mundo en el que vive, hay ciertas naciones en las que la legislación es absolutamente disparatada, machista hasta el extremo, liberticida, fanática; son estados gobernados por fundamentalistas desprovistos de cualquier atisbo de razón o lógica, y esto se debe a que piensan y actúan como se pensaba y actuaba en Europa Occidental en el siglo XIV, cosa que no deja de tener cierta lógica, ya que el calendario musulmán comienza en el año de la Hégira de Mahoma, el 622. Así, esas legislaciones, esos legisladores, esa sociedad aun no ha asimilado conceptos como ilustración, derechos humanos o democracia. Dubai, Arabia Saudí, Irán, Emiratos Árabes, Afganistán… están regidos por el integrismo, por las leyes islámicas, lo que se traduce en indefensión, sobre todo si se es mujer, condición que allí es apenas superior a la de caballo.

Sabido todo esto, conocidos múltiples casos de resoluciones judiciales disparatadas, cabe preguntarse ¿cómo es que todavía hay mujeres dispuestas a correr el riesgo? La desdichada arquitecto noruega es la víctima, sin duda, pero también es responsable de haber estado donde, en el actual estado de las cosas, ninguna occidental debería estar, pues lo que en Europa es lo más cotidiano, allí puede ser tildado de sacrilegio, de inmoralidad punible. Ese mismo error es el que cometen cooperantes, voluntarios o turistas que viajan a países en conflicto a pesar de las recomendaciones, y que, muchas veces, sufren secuestros, agresiones de todo tipo, robos… Cabe en la misma clase de error el caso de la europea que se casa con un musulmán que, llegado el momento, se vuelve a su país llevándose a los hijos para siempre; o el de la que se une con el mahometano y se muda con él a alguno de los países mencionados, para descubrir tras algún tiempo qué derechos ha perdido y cuál es el lugar de la mujer bajo la ley islámica.

La terrible discriminación sufrida por Marte Dalaelv y el atroz trato recibido por el islamismo más fanático (anclado en la Baja Edad Media) debería servir de escarmiento para las que alguna vez se sientan atraídas por ofertas (laborales, sentimentales, viajeras) llegadas de países en los que ellas valen la cuarta parte que ellos. La durísima experiencia de la noruega debería hacer pensarse dos veces la decisión a las que proyecten irse a vivir, trabajar o viajar a estos lugares. Violencia hay en todas partes, pero en estas culturas está amparada por una ley que, encima, castiga a la víctima.

Lo peor es la expectativa de las mujeres y niñas de allí, que vivirán como personas de segunda clase por culpa de lo que aquí algunos llaman costumbres respetables.

CARLOS DEL RIEGO