domingo, 28 de julio de 2013

J J CALE, UN HOMBRE TRANQUILO Falleció como vivió, sin hacer mucho ruido, y en esta circunstancia realizó también sus creaciones musicales. J J Cale es la materialización de la anti-estrella, pues rechazó ser gran figura, se negó a ser una estrella del rock

John Weldon Cale, un solitario, una antiestrella.
El músico de rock y en general cualquier artista que alcanza el éxito tiende a convertirse en estrella. Pero, como ocurre en todas partes, incluso en un ambiente tan especial hay gentes y personalidades que se salen de la tendencia. Así era J J Cale, el cantante, compositor y guitarrista estadounidense recién fallecido a los 74 años causa de un ataque al corazón.


John Weldon Cale era su verdadero nombre, y si su seudónimo artístico era J J se debió a que, a mediados de los sesenta, un promotor lo presentó como J J Cale para que no se confundiera con el integrante de la Velvet Underground John Cale. Dotado de una enorme personalidad, el músico de Oklahoma ya estaba en esto del rock aun en los cincuenta, y casi hasta el último momento se mantuvo activo; publicó 14 álbumes de estudio (más los que grabó con grupos anteriores a su carrera en solitario) y, por encima de todo, se inventó unos modos absolutamente únicos.



A pesar de su longevidad artística, bien puede afirmarse que sus años dorados casi coinciden con la década de los setenta del siglo pasado, del 72 al 82, con siete álbumes verdaderamente antológicos, únicos, inconfundibles. Su estilo venía a ser como un reflejo de su personalidad, pues J J era un tipo solitario, una persona incómoda ante focos y cámaras, un músico que perseguía hacer (y vender) canciones y discos sin aparecer como gran protagonista, como estrella del rock; seguro que su idea de la felicidad era estar sentado en el porche de su casa (o su caravana) en Tulsa, él solo con su guitarra, de noche, y poder tocar y cantar para él mismo. Y tal vez nunca hubiera sido conocido más allá de Oklahoma y otros estados del sur si un tal Eric Clapton no se hubiera topado con piezas tan significadas como ‘After midnight’ y ‘Cocaine’; el caso es que todos los aficionados quisieron saber más de ese tipo capaz de hacer canciones tan atractivas como para que el guitarrista inglés se fijara en él, y así empezó J J a conseguir el reconocimiento general. 
 Curiosamente, en contra de lo que hacen y han hecho la abrumadora mayoría, una vez en el umbral del estrellato no quiso dar el siguiente paso y se volvió a la soledad de su casa, es decir, no quiso ser una estrella del rock sino que prefirió seguir cantando y componiendo desde un segundo plano. Todo sin esconderse, sin impostura o arrogancia, con naturalidad.

Una vez que se escuchan unos pocos compases de cualquiera de sus temas el oyente se queda para siempre con un estilo tan propio como singular. Así, si el de Tulsa era alérgico a las servidumbres de la popularidad, sus creaciones repelían las pompas, la ostentación, lo aparatoso. Sus canciones son cortas y sencillas, carentes de fuegos artificiales y efectos o arreglos innecesarios o demasiado sonoros, y de igual manera su tono y modulación de voz, casi susurrante, ligera, a veces sin pasar de un cuchicheo y otras pareciendo apenas un rumor, sin un solo grito, sin una nota altisonante, como si pretendiera ante todo no molestar, como si deseara acariciar suavemente los oídos; todo muy contenido, tranquilo, mesurado, templado. Pero eso no quiere decir que no haya emoción, nada de eso, hay agitación, inquietud, alegría, tristeza… La instrumentación (sin estridencias) puede ser muy rica, mientras la voz siempre dibuja inspiradas melodías…, da la impresión que este tipo tenía un truco, una técnica mágica para componer tanto y tan bueno, como si esto fuera algo sencillo.

Y aunque parezca que sonando de forma tan suave se está lejos del rock, J J Cale demostró que no es necesario mucho ruido, distorsiones, voces agresivas y ritmos trepidantes para confeccionar rock & roll de primera categoría, como demuestra (entre otras muchas) ‘I´ll be there’; claro que la versatilidad de esta anti-estrella le llevó por muchos otros caminos, obteniendo frecuentemente brillantísimos resultados: country arrebatador como en ‘I´d like to love you baby’; blues crudo, puro, como en ‘Crazy mama’ o más personal como en ‘Thirteen days’; jazz irresistible como en ‘Mojo’; folk pantanoso como en ‘Cajun moon’; maravilloso rythm & blues como en ‘Hey baby’; y podía hacer obras más llenas como la arrebatadora lenta ‘Sensitive kind’, más pop como en ‘I´m a gipsy man’ o ‘Ill´make love to you anytime’, e incluso crear atmósferas etéreas como en ‘Starbound’… Y así se podría seguir un buen rato, enumerando preciosidades musicales como ‘Don´t cry sister’, Lies’, o ‘Carry on’, o sus títulos más famosos ‘Call me the breeze’, ‘Fryday’, ‘I got the the same old blues’ y los que popularizó el mencionado Clapton. ¡Qué cantidad de seductoras melodías compuso este hombre!

Fue lo que se dice un hombre tranquilo y bajo esa condición hizo sus canciones. Tuvo todo lo necesario para convertirse en una gran estrella del rock, pero siempre se sintió más cómodo lejos del primer plano, así que no puede extrañar que sea recordado como un músico de culto que nunca quiso tener que ver con el ‘establishment’, con el ‘show busines’. Si el término anti-estrella tiene significado, J J Cale es su personalización.

Esté donde esté se habrá agenciado una mecedora y una acústica y estará cantando. Sin hacer mucho ruido.      
    
CARLOS DEL RIEGO