domingo, 21 de julio de 2013

¿Y QUÉ FUE DEL ROCK SINFÓNICO? Es uno de los géneros musicales más desprestigiados por la crítica y menos recordados por el gran público, duró pocos años y los grupos que introdujeron esta variante de rock han sido relegados, salvo señaladas excepciones, al saco del olvido, cuando no al del desprecio.

Genesis cuidó mucho la puesta en escena
El rock sinfónico, sin embargo, fue como cualquier otro estilo, tendencia, ritmo o subgénero: produjo buenas y malas canciones, por lo que no es justo meter a todos en el mismo cajón. Curiosamente, este mismo año una organización argentina otorgó un premio al grupo británico Yes como gran abanderado del rock sinfónico.


Aunque siempre resulta difícil definir modos musicales, sí que se pueden señalar sus principales características; así, el rock sinfónico (cien por cien de los setenta del siglo pasado) suele gustar de piezas extensas en las que haya tiempo para todo, para alegros y vivaces, para pianos, tocattas y fugas, para solos virtuosos, entradas efectistas e infinitas variaciones sobre el tema principal, para recrear pasajes calmos que mutan en caóticos, para usar ritmos chocantes y engarces casi imposibles…, hasta convertir una canción en algo cercano a una sinfonía. Asimismo este tipo de formaciones tenían siempre un ojo en la música clásica, usando no pocas veces de ambientes, recursos, estructuras y sonoridades tomados directamente de autores clásicos. Lógicamente los músicos integrados en bandas sinfónicas habían de tener un talento innegable, un dominio total sobre su instrumento, de forma que tenían que estar preparados para convertirse en solistas, para saltar al primer plano y colocarse a la altura de la voz solista en cualquier momento; de hecho, todos los adscritos al rock sinfónico podían hacer en directo exactamente lo mismo que ofrecían en disco (“para bien o para mal suenan igual en vivo que en estudio” se solía escribir de estas bandas). En el debe del estilo y sus practicantes está la excesiva pomposidad de los temas, la a veces cargante grandilocuencia, los desproporcionados pasajes instrumentales…, sí, fue un género tendente a lo grandioso que no en vano encajó perfectamente en lo que se llamó ‘dinosaurios del rock’.


Dentro del concepto de rock sinfónico se suelen meter grupos u obras que cuentan con alguna de las características señaladas, pero que en puridad no pueden ser considerados como tales; así The Moody Blues, Mike Oldfield o Pink Floyd, o álbumes conceptuales como ‘Tommy’ o ‘Quadrophenia’ de The Who, el ‘Concierto para grupo y orquesta’ de Deep Purple o el ‘Inagada da vida’ de Iron Buterfly; y es que no es suficiente que una canción ocupe una o las dos caras del disco para señalarla como sinfónica.

Realmente fueron pocos los grupos encuadrables dentro del rock sinfónico; King Crimson publicó elepés sinfónicos como ‘In the court of…’ o el infravalorado ‘Islands’, aunque su propuesta, siempre experimental y muy atrevida, resultaba a menudo de difícil escucha. Pero los que dieron forma a ese estilo, los que no pueden ser encuadrados en ninguna otra estantería de la historia del rock son Yes, Emerson Lake & Palmer, Genesis, Rick Wakeman y Camel (se podría añadir a los pupilos italianos de ELP, Premiata Forneria Marconi, pero no pasan de una curiosidad).

Keith Emerson era una prodigioso teclista que supo aprovecharse de la tecnología junto a un excelente guitarrista y bajista, Gregg Lake, y un solvente batería, Carl Palmer; después de un primer disco dubitativo y algo disperso aunque con dos o tres temas excelentes, Emerson Lake & Palmer se lanzaron por ese camino inexplorado, produciendo obras que en su momento deslumbraron, pero que ya entonces hubieron de sufrir el feo apelativo de ser “muy pretenciosas”; así el ‘Trilogy’, un disco muy meritorio que, escuchado hoy, sigue cautivando, el menos inspirado ‘Brain salad surgery’, o el emblemático ‘Pictures at an exhibition’, que no era sino una revisión en clave rock de la composición del mismo título del autor ruso Modesto Moussorgsky (también recrearon partituras de otros compositores, como el argentino Alberto Ginastera). Su sonido siempre estaba marcado por el órgano y otros teclados de ‘última generación’ que manejaba Emerson, habitualmente rodeado por unos aparatos que proporcionaban atmósferas pretendidamente cultas; luego estaba la voz suave, casi de terciopelo, de Lake, cuyas guitarras poco tenían que envidiar al teclado, aunque siempre quedaban un tanto relegadas o simplemente no existían; Palmer se encargaba de aportar ritmo, pero sin limitarse sólo a eso, ya que siempre que podía metía cosecha propia. El resultado a veces parecía algo pomposo y recargado, pero muchas otras resultaba tremendamente atractivo, diferente, algo situado en las antípodas de las canciones de dos minutos con el mismo planillo: estribillo, estrofa, estribillo, solo, estribillo, estrofa, estribillo y final. ELP se fueron disolviendo en el tiempo al igual que el estilo.     

Yes son imprescindibles, y no solamente dentro del terreno del rock sinfónico. Integrado también por músicos de altísima categoría, produjo álbumes ciertamente emblemáticos, como el triple ‘Yessongs’, y canciones dotadas de espléndidas melodías y ambientaciones que se pueden escuchar hoy sin que la cosa suene a Edad Antigua. Su guitarrista Steve Howe asombraba cuando se quedaba solo, ya fuera con acústica o con eléctrica (o con la de tres mástiles), su teclista Rick Wakeman estaba reconocido como un auténtico genio del piano, y la aguda voz de su cantante solista Jon Anderson sigue teniendo un punto de lirismo épico. Sus canciones estaban dotadas de un halo de enigma no exento de romanticismo, apostaban por una melodía que se desarrollaba en todas direcciones y en un eterno duelo entre guitarras y teclados buscando el más difícil todavía. Además, Yes acertó de pleno al encargar las portadas de sus discos al imaginativo dibujante Roger Dean, que se ha convertido en el artista emblemático del rock sinfónico.

Genesis aportó teatralidad, ya que en sus mejores tiempos aparecían con disfraces disparatados y puestas en escena muy preparadas para representar dramas o tragedias; y también denuncia y protesta, pues algunos de sus textos lanzan agrias diatribas contra el sistema (del que ellos son protagonistas) o, simplemente, se limitan a rememorar otros tiempos y otras sociedades. La personalidad incontenible de Peter Gabriel, la clarividencia de Mick Rutherford y la presencia de Phil Collins construyeron un sonido que aunaba atmósferas y recursos cien por cien clásicos con pinceladas de jazz, matices folk e incluso rock. Genesis fue el grupo que mayor éxito alcanzó de todos los que se sumergieron en las turbias y densas aguas de rock sinfónico. Después casi todos desarrollaron sus propias carreras en solitario, siendo curiosamente el menos dotado, Phil Collins, quien más ha saboreado los triunfos multitudinarios.

Rick Wakeman (siempre con su capa plateada) fue el teclista de Yes, y, una vez en solitario lanzó algunas de las obras más logradas del rock sinfónico, como ‘The six wives oh Henry VIII’ o la sensacional ‘Journey to the centre of the earth’, dos álbumes muy recomendables en los que brilla el virtuosismo de Rick, unas agresivas y sorprendentes orquestaciones, coros enormes y evocadores y unas melodías sorprendentemente fáciles de recordar.

No se puede excluir a Camel, banda muy menospreciada incluso en su tiempo, de hecho, cuando alguien quería ridiculizar el rock sinfónico solía recurrir al grupo de Andy Lattimer. Sin embargo su sonido era mucho más ligero y descargado de pretenciosidad que el de los otros, sus canciones se cantaban y tarareaban sin dificultad  y sus temas no eran tan tan larguísimos.

No fueron muchos ni duraron demasiado, y su influencia en el transcurrir del rock ha sido limitada (algunos heavys y derivados dotan de aspectos sinfónicos a sus temas, e igualmente en géneros más bien negros), pero sí que dejaron obras de verdadero mérito. Y forman parte de esta historia.   

CARLOS DEL RIEGO