miércoles, 3 de julio de 2013

TODOS ESPÍAN A TODOS Y TODO LO QUE PUEDEN El caso Snowden, y otros recientes y similares, ha puesto al descubierto algo que parece haber sorprendido a la población: hay agencias de espionaje que tratan de fisgar a todo lo que se ponga a su alcance. Pero que nadie se engañe, todos los gobiernos tienen costosos servicios de inteligencia cuyo único cometido es espiar e informar

El espía Snowden está siendo perseguido por haber delatado a la agencia de espionaje para la que él espiaba, que será la mayor pero no la única
Es uno de los temas del momento a escala global: todo el mundo que lee, ve o escucha información sabe quién es Edward Snowden, a qué se dedicaba y para quién trabajaba, por qué y por quién está ahora perseguido e incluso dónde está actualmente. Es uno de los personajes del año que, de momento, se mantiene en primera línea del escenario, como no hace mucho ocupaban ese espacio Manning, Assange o, con menor alcance, Falciani.

La nación dominante sigue siendo, de momento, Estados Unidos, de modo que en buena lógica ha de ser la que más haga por espiar a los demás. Sin embargo eso no quiere decir que sea el único gobierno que vigile, husmee y cotillee todo lo que pueda. Es más, puesto que todos los gobiernos de los estados con cierto peso en el panorama internacional cuentan con servicios de inteligencia, y puesto que este servicio se basa en fisgar, es fácil deducir que todos los que pueden espían, y los que no pueden (que deben ser pocos) desearían poder hacerlo. ¿Alguien piensa que si un gobierno tiene a su alcance la escucha de conversaciones del gobierno vecino o del partido rival dejará pasar la ocasión?

Estados Unidos almacena diariamente miles de millones de conversaciones, o sea, está en disposición de entrometerse en miles de millones de relaciones, mientras que sus rivales o sus aliados seguro que sólo pueden controlar unos cuantos de cientos de miles…, pero con toda seguridad estarían encantados de escudriñar tantos mensajes, e-mails, teléfonos o coloquios como hacen las agencias del tío Obama.
En fin, todo estado, todo gobierno espía lo que puede y, con total seguridad, siempre es menos de lo que quiere. El asunto en el caso Snowden (y los otros mencionados más arriba) es si el espía es también traidor; o sea, un agente al que se encarga ir al territorio X e informar de lo que allí vea es un espía (aunque fácilmente acabará en agente doble), pero un trabajador en quien sus jefes depositan confianza y, por la causa que sea, decide traicionarla es un traidor aunque sus intenciones sean buenas. Y esto no depende de lo perverso que sea el burlado, pues hasta un dictador puede ser traicionado. De este modo, el informático más famoso del planeta en julio de 2013 es un espía que traicionó la confianza de los que lo contrataron, y ello a pesar de que la traición sirviera para desvelar una monstruosa trama de espionaje que observa a millones de personas e instituciones. En otras palabras, Snowden trabajó como informador para la mayor organización de vigilancia jamás montada y, en un momento determinado, tomó la decisión de chivarse de sus actividades y delatar a sus jefes, es decir, cambió de bando, tal y como suelen hacer los espías que, irremediablemente, terminan por convertirse en agentes dobles.

La Historia está atiborrada de historias de espías, ya sean de gran alcance o afecten sólo a la tienda de la competencia, pues tanto gobernantes como ciudadanos rasos siempre han estado interesados en saber qué es lo que piensa el posible enemigo e incluso el amigo o aliado, pues así estarán en posición de ventaja de cara al futuro. Y si se está en situación bélica la importancia del espía (convertido entonces en agente) se multiplica, lo que provoca la proliferación de fisgones que, muchas veces, se convierten en traidores al ser descubiertos; no debe olvidarse lo que dijo un alto dignatario de una potencia europea hace siglos: “no se puede ganar una guerra sin traidores, pero qué asco dan”. Hoy, aunque no exista una guerra en el sentido clásico, sí que se producen enfrentamientos suficientemente importantes como para recurrir al espía y/o al traidor, cuyos chivatazos otorgan ventaja. Pero que nadie peque de ingenuidad, todos espían todo lo que pueden, incluyendo los países, personas y organismos espiados por las agencias de espionaje estadounidenses.


CARLOS DEL RIEGO