lunes, 15 de julio de 2013

HACE 40 AÑOS ENTRÓ EN ESCENA LA REINA Su aparición en 1973 supuso una sacudida permanente en la escena del rock internacional, hasta el punto de que, más de 20 años después de la muerte de su emblemático cantante, la leyenda de Queen no deja de aumentar

mpagable imagen de Queen en 1973.
Hace cuatro décadas, en julio de 1973, hace su entrada en escena la Reina, Queen. Fue una presentación más bien humilde, sin grandes ventas ni titulares, pero aquel ‘Queen I’ ya captó la atención tanto de la crítica como del público. Acababan de encenderse los focos para un grupo único e irrepetible, inconfundible, carismático y con una personalidad irresistible. Fue el año de la gran crisis del petróleo, del fin de la guerra de Vietnam, del golpe de estado de Pinochet en Chile… El cuarteto recién nacido (que nunca varió de formación hasta la muerte de su cantante) iniciaba su andadura con un disco verdaderamente meritorio, pero un tanto disperso, con temas que pasaban de un estilo a otro (sobre todo heavy, glam y progresivo) y con propuestas dispares. Sin embargo, apenas un par de años después el grupo se convierte en una referencia. 

   
                                            

Como saben todos los iniciados en la producción artística de esta Reina (el nombre fue idea de Freddy, que admitía la referencia homosexual pero insistía en que tenía mucho más), hay varias características en el estilo y sonido de la banda que la hacen absolutamente singular; por un lado está la voz sólida y cristalina que no precisa más de una nota para que se conozca de quién se trata, y por otro la guitarra de Brian May (construida artesanalmente), que podía sonar como una orquesta sinfónica (por eso en los primeros discos se especificaba que no había sintetizadores) o como el ‘hacha’ más bestia del hard; luego se añadía la presencia escénica de un tipo interesante, distinto, que lucía pelambrera a pecho descubierto (muchos de los trajes eran diseño suyo) mientras agitaba un micro unido a un pie cortado por la mitad; asimismo, el ‘manierismo’ de la banda londinense se completaba con una atención casi obsesiva por las voces y las armonías vocales y, por encima de todo, un desbordante talento para la composición y notable virtuosismo instrumental.


Lógicamente todas esas particularidades que cualquier aficionado reconocería instantáneamente, no estaban en aquel primer disco lanzado hace justo ocho lustros, pero sí que la voz y la guitarra son Queen cien por cien. Como es sabido, el gran Freddy Mercury murió de sida en 1991, menos de veinte años después del debut de su grupo, dejando una abultada lista de éxitos mundiales, algunos de los cuales se han convertido en auténticos emblemas, canciones que ya forman parte de la leyenda y que han situado a Queen en un lugar de privilegio en los altares del rock de todos los tiempos. (Y ello a pesar de la inquina insidiosa que siempre le tuvo la revista Rolling Stone, que calificó uno de sus discos de ‘fascista’, que se atrevió a decir de ellos algo así como “no saben hacer jazz, así que jamás sabrán hacer rock & roll” o que situó su genial ‘A night at the opera’ hacia la mitad de su lista de los 500 mejores álbumes de la historia del rock; afortunadamente en aquellos tiempos en España se leía el ‘Disco Exprés’).

Luego llegó el Queen II, 1974, donde aparece el logo clásico de la banda y su pose más reconocible. Y ese mismo año (sí, la creatividad de Mercury, May, Taylor y Deacon daba para editar dos álbumes en menos de ocho meses) aparece el definitivo ‘Sheer heart attack’, el disco que define completamente las formas de la banda; aquí hay demoledor heavy rock, ‘Brighton rock’, delicioso glam cargado de fantasía, ‘Killer queen’, diversiones hard, ‘Stone cold crazy’, excelentes baladas y medios tiempos …, y esa pieza alocada y divertida que casi nunca faltará en sus discos, esa composición que cambia ocho veces y otras tantas deja boquiabierto al personal, ‘Bring back that Leroy Brown’ (imprescindible aunque incomprensiblemente algo olvidada).

Ya en 1975 llega la cumbre del grupo, el impagable e insuperable (por mucho que pese a los snobs lechuguinos) ‘A night at the opera’, un disco muy especial. Tardó en grabarse lo suyo porque rebosaba de arreglos y maravillosos excesos vocales, las guitarras se superponen capa a capa produciendo efectos asombrosos y no se escatiman instrumentación ni efectos (ojo, sin sintetizadores ni músicos adicionales). Supone un agravio comparativo destacar títulos de esta obra maestra, sin embargo, no se puede olvidar ese prodigio de imaginación y agudeza, de intuición e ingenio, esa auténtica avalancha de ideas que es el ‘Bohemian Rhapsody’; de ésta se ha escrito de todo, que si son tres o cuatro canciones en una, que si el apartado vocal (imposible en vivo sin play back) deja sin respiración, que la parte final es uno de los mejores pasajes de rock duro de toda la historia, que si las guitarras parecen imposibles…, en fin, cuando suena esta canción es imposible darle la espalda. Pero es que este elepé, cúspide del rock en términos absolutos, posee otras canciones de calidad superior a miles de álbumes enteros; así la etérea y sentida ‘39’, las burlescas, alocadas y cabareteras ‘Good company’, ‘Seaside rendezvous’ y ‘Lazing on a Sunday afternoon’ (el comienzo podría ser de Chico Marx), la arrebatadora pieza lenta ‘Love of my life’ (con un piano al principio casi barroco)… Quien posee este vinilo desde entonces lo habrá pinchado hasta que haya brotado sangre.

Habitualmente, tras una producción de tal calibre los artistas se suelen relajar, pero no Queen, que siguió lanzando discos superlativos y canciones cargadas de significado, auténticos himnos como el oficioso del triunfo deportivo ‘We are the champions’, el desafiante ‘We will rock you’, el mejor rap blanco jamás grabado, ‘Another one bites the dust’, la despreocupada ‘Crazy Little thing called love’ (¡ready Freddy!), la coral ‘Somebody to love’, la autoafirmativa ‘Don´t stop me now’, la sorprendente ‘Mustapha’, …, la lista de piezas simbólicas de Reina es extensísima.

Todo esto que empezó hace 40 años terminó un triste día de noviembre de 1991 cuando el gran Freddy Mercury falleció de sida. Fue un tipo que separó su parte privada de su figura sobre el escenario y ante los focos, apenas dio entrevistas, nunca hizo bandera de su condición sexual, siempre fue discreto lejos de las cámaras…

¡Larga vida a la Reina!


CARLOS DEL RIEGO