martes, 12 de junio de 2012

HÉROES QUE NUNCA LO FUERON Durruti y ‘El Che’ son considerados como ídolos por muchos que se dicen pacifistas y contrarios a la pena de muerte, sin embargo, ambos recurrieron al exterminio del contrario ideológico sin pestañear.


La icónica foto del Che tomada por
Alberto Korda en 1960

Pensándolo fríamente resulta muy difícil entender cómo personajes de la catadura de José Buenaventura Durruti y Ernesto Guevara, ‘El Che’, son tenidos como ejemplos, como hombres admirables, como grandes héroes que realizaron enormes hazañas en beneficio de la Humanidad. Sin embargo, ambos eran lo que se dice dos pistoleros sanguinarios siempre dispuestos a liquidar al prójimo, pues como estaban fanáticamente convencidos de sus ideas, se creían con derecho a eliminar a quienes se les interpusieran, a quienes pensaran de modo distinto y, por supuesto, a quien consideraran un enemigo (de la revolución, casi siempre) ..., es decir, uno y otro recurrieron a motivaciones y procedimientos fascistas. En una palabra, serían considerados como dos asesinos, sin más, si hubieran tomado el fusil en sentido contrario. Pero como se decían defensores de la libertad, de los oprimidos, de los pobres, hoy hay mucha gente en el mundo que no sólo encuentra justificación para sus crímenes, sino que exhiben sus rostros en camisetas y en pósters.

De todos es sabido que Durruti (1896-1936) era un tipo de de gatillo fácil: tomó parte en gran cantidad de acciones armadas, participó en sanguinarios golpes de mano (incluyendo el asesinato del dudoso cardenal Soldevilla), atracó bancos en España y en Sudamérica y quién sabe lo que hizo en su avance hacia Zaragoza en plena Guerra Civil. Pepe, que es como le llamaban en el seno de su familia, se condujo siempre como una persona verdaderamente autoritaria que no dudó en disparar contra quienes eran o simplemente le parecían enemigos. Su enigmática muerte contribuyó a crear su leyenda, pues no está claro de dónde procedió la bala que recibió cuando montaba en su coche aquel día de noviembre del 36: que si del enemigo, de sus escoltas, de unos desertores a los que perseguía, de comunistas, de trotskistas, e incluso que se le disparó accidentalmente su fusil corto, su inseparable ‘naranjero’; eso sí, todos los médicos y forenses que lo vieron dijeron que el disparo tuvo que ser desde muy cerca. Por último, hay que recordar que Pepe echaba pestes de socialistas y, sobre todo, de comunistas, y que su odio también se trasladó a “putas y maricones”, pues “nos causan más bajas que el enemigo”, debido a las enfermedades venéreas que transmitían. Sí, una persona modélica.
Durruti, que decía odiar más
 a los comunistas que a los fascistas 
La figura de Ernesto Guevara es más compleja, pero en el fondo su pensamiento se basa en el mismo principio: el exterminio de todos los que no compartieran sus ideas, por eso sólo pensaba en la revolución, en la lucha armada en todas partes, eso era lo único importante, y por eso trató de radicalizarla y extenderla por medio mundo (a tal iniciativa se debe el nacimiento de muchos de los grupos terroristas de Sudamérica), a veces como diplomático y otras como un aventurero con las armas siempre dispuestas. Tomó parte en innumerables acciones guerrilleras en muchísimos países, siempre preparado para la acción, siempre ansioso del combate; se sabe que participó en juicios revolucionarios y fusilamientos masivos tanto de enemigos como de campesinos o de cristianos practicantes (por eso se ganó el apodo de ‘El carnicero de la Cabaña’), y que instauró campos de prisioneros para todo disidente o considerado tal. Sus campañas guerrilleras, excepto en Cuba, se saldaron con desastrosas derrotas y su gestión político-económica fue catastrófica. Asimismo, ‘Che’ Guevara también era un fanático antiestadounidense, hasta el punto de manifestarse partidario de la Alemania Nazi por estar en contra de Estados Unidos. Su ideario se resume en una de sus frases más famosas: “Mis amigos son mis amigos en tanto piensen políticamente como yo”, lo que demuestra lo que haría con muchos de los que hoy se consideran sus amigos. También es célebre su ausencia de remordimiento cuando afirma: “Sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”. Y del mismo modo los métodos que proponía: “Tenemos que crear muchos Vietnam, esa es la consigna”, o su idea de recurrir al odio como factor de lucha: “Un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.

Dos personajes a los que se les perdonan y justifican enormes barbaridades y que para muchos son héroes a los que adorar ciegamente. Sus actos terminarán por situarlos en el lugar que sin duda se merecen.

CARLOS DEL RIEGO