lunes, 21 de mayo de 2012

LUTO EN LA PISTA DE BAILE. TRAS DONNA SUMMER, SE FUE ROBIN GIBB El cantante y compositor formó parte de Bee Gees, dejando excelentes melodías y una voz inconfundible


Las pistas de baile han perdido a dos de sus máximos animadores en los últimos días, la gran Donna Summer y Robin Gibb, de Bee Gees. Ella aportó, sobre todo, ese tránsito entre la música soul y la música disco, su voz deliciosa y un encanto irresistible. Robin deja bastante más, pues fue un excelente compositor. El cáncer pudo con ellos.

Con todo el respeto y cariño para Donna Summer, se antoja más importante en el devenir de la música del siglo XX la aportación de Robin Gibb. Con sus hermanos Barry, el mayor y único superviviente, y Maurice (gemelo y también fallecido), dio forma a uno de los grupos más importantes de la música pop del último medio siglo, y no sólo por sus éxitos en la pista de baile. Comenzaron en los últimos 50, se pasaron los sesenta buscando su estilo y dejando auténticas maravillas en el terreno de la melodía pop; en los setenta impulsaron la música disco hasta convertirla en moda global; luego dejaron los números uno pero no los focos, pues casi hasta ayer han estado publicando.

Antes de la explosión del sábado noche, Bee Gees ya habían regalado dos docenas de maravillas de la armonía. Y es que puede llegar a resultar difícil contener la emoción al escuchar la dulcísima y elegante voz de Robin en el inicio de la irresistible ‘Holiday; es imposible no asombrarse con la combinación de voces de ‘New York minning dissaster 1941’, sobre todo cuando dan paso a la de Robin, ahora provista de una carga de sentimiento que pone los pelos de punta; y qué decir de la potencia vocal que exhibe en ‘I can´t see nobody’ o en la preciosa ‘To love somebody’. En todas ellas, éxitos de siempre de Bee Gees, Robin es la voz principal, además de coautor. Y aun no habían terminado los sesenta.

Luego se produce un cambio de estilo en el grupo (de los varios que experimentaron en su larguísima trayectoria), girando ahora hacia un sonido más negro, más soul, funk e incluso gospel. Y así llegan a 1975 con su sensacional ‘Main course’, auténtico adelanto del bombazo que saldría tres años más tarde; matemáticamente bailables y muy recomendables resultan ‘Nights on brodway, ‘Jive talkin’ y ‘Wind of change’. Y al año siguiente publican el anticipo de la explosión, ‘Children of the world’, que incluye el ‘You sould be dancing’, que bien podría haber aparecido en el ‘Saturday night fever’, el tremendo superventas con el que revolucionaron la forma de entender la música pensada para las pistas de baile. Después, siguieron haciendo uso de enorme talento para la composición y para la armonía y siguieron cosechando éxitos, ya fuera como grupo o por separado; no hay que olvidar que Robin lanzó en solitario algunas canciones para el recuerdo, como la dinámica y evocadora ‘Julia’.

Posesor, al igual que sus hermanos, de unas aptitudes excepcionales para la música, es imposible escuchar una salida de tono en ninguno de sus discos en vivo (cosa que no se puede decir de muchos otros superventas), un desajuste en las voces, un arreglo que se salga de la armonía más delicada.

Quedan los discos, quedan las canciones inolvidables, pero a medida que van muriendo los que han puesto música a nuestra vida aumenta la leyenda y se fijan y se idealizan más los recuerdos que evocan esas canciones.

Carlosdelriego.