viernes, 25 de mayo de 2012

NACIONALISMO SEPARATISTA: ESPÍRITU ADOLESCENTE Victimismo, inseguridad, búsqueda de confrontación, exigencia continua..., son muchos los lugares donde coinciden el nacionalismo y el adolescente


Algunas ramas creen que pueden vivir separadas

Si uno se fija bien, encontrará no pocos puntos en común entre el adolescente y el nacionalismo separatista (entendido como ente, como si fuera una persona), elementos que no suelen aparecer en el nacionalismo más clásico, es decir, en ese que se emociona (por ejemplo) con los triunfos nacionales, ya sean deportivos, culturales, sociales, conseguidos por cualquiera de sus naturales sea cual sea su procedencia. Cierto que ambos nacionalismos comparten bastantes factores, pero el nacionalismo cismático presenta una serie de caracteres muy específicos, los cuales, curiosamente, coinciden con los del adolescente.

Así, el adolescente piensa que todos o casi todos están en su contra, sobre todo sus superiores (padres, docentes, autoridad), contra los que tratará de rebelarse y llegará a increparles haciendo una tragedia de cualquier nimiedad. Del mismo modo, el espíritu nacionalista está convencido de que los que lo rodean están siempre acosando y urdiendo planes, y por tanto levantará la voz contra cualquier cosa que desde su perspectiva pueda interpretarse como un ataque a su ‘singularidad histórica’; y también echará pestes de los gobiernos superiores, amenazará y se movilizará. Los dos tienden a la generalización y demonización conjunta: “los ... son todos unos ...”.

El adolescente pide continuamente, de modo que cuando consigue una cosa inmediatamente pide otra y otra, midiendo hasta dónde puede llegar, tensando la cuerda para comprobar su aguante. Igualmente el nacionalismo exige siempre, y cuando es atendida su petición no deja pasar mucho tiempo antes de enunciar la siguiente, y así sucesivamente; ambos esgrimirán sus derechos, su madurez para decidir por sí mismos.

Del mismo modo comparten la inseguridad, pues aunque ambos creen tener muy clara su identidad, ni el nacionalismo ni el adolescente saben realmente qué es lo que quieren o dónde están. Los dos piensan que son perfectamente autónomos, pero la realidad dice, objetivamente, todo lo contrario. 

El adolescente está lleno de dudas e inseguridades
que le llevan a enfrentarse a la autoridad

Por eso el nacionalismo exige tener sus propias ‘selecciones deportivas nacionales’ para competir con las de las naciones ya establecidas, mientras el adolescente desea también competir de igual a igual con todos y exhibir sus propias señas de identidad. Por cierto, cuando el nacionalismo reivindica selección nacional propia para acudir a las grandes citas deportivas, en el fondo tampoco lo desea, ya que no da el primer paso, que no es otro que no inscribir a sus equipos deportivos en las ligas de la nación de la que quieren separarse, paso que sí pueden dar (al menos los equipos más potentes y representativos) y que en todo caso sería previo a la formación de su pretendida selección, pues no hay que olvidar que de cada liga deportiva sale una y sólo una selección. 
Asimismo, nacionalismo y adolescente son caprichosos, maleducados, volubles y siempre dispuestos a rasgarse las vestiduras. Pero en el fondo, unos y otros saben que es mejor seguir pidiendo que haber conseguido; primero porque ya no habrá a quien echar la culpa de sus males, segundo porque se vive bien protestando y exigiendo bajo el techo de papá, y tercero porque se les habría acabado el discurso victimista y tendrían que hacer todo por sí mismos..., sin dejar de echar pestes.

CARLOS DEL RIEGO