sábado, 12 de mayo de 2012

II REPÚBLICA ESPAÑOLA: LO QUE MAL EMPIEZA MAL ACABA La llegada de la república en 1931 fue totalmente irregular y producto de un colosal ‘pucherazo’, de un fraude monstruoso


La II República fue acogida con entusiasmo,
 pero acabó tan mal como había empezado
El tema de la II República Española siempre desata interés y provoca polémica. Además, se puede tratar desde infinidad de ángulos. Uno de ellos es el inicio, cómo se instauró, cómo se cambió la monarquía por la república.


El denominado Pacto de San Sebastián se celebró en 1930 con el fin de derrocar el régimen monárquico e instaurar una república; en él estuvieron presentes, entre otros, nombres tan destacados como Azaña, Alcalá-Zamora, Indalecio Prieto, Casares Quiroga, Lerroux ..., y se acordó llevar a cabo las acciones necesarias para dejar a la monarquía “en los libros de Historia”. Así, se planeó una huelga general seguida de una insurrección (o sea, un golpe) militar. Pero como casi todo lo proyectado por aquellos eminentes políticos, nada llegó a buen término; la huelga ni siquiera llegó a declararse, mientras que el intento de pronunciamiento (conocido como la Sublevación de Jaca) terminó en sonrojante catástrofe, con la ejecución de Fermín Galán y García Hernández, los dos capitanes que acaudillaron la patética asonada. Por cierto, la intentona fracasó porque los capitanes (carentes de la información adecuada) se sublevaron días antes de la fecha prevista.

Y así se llega a las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que los republicanos entendieron como generales, de forma que lo que era para elegir alcaldes y concejales fue convertido (¡porque lo decimos nosotros, que estamos en posesión de la verdad absoluta!) en un referéndum sobre monarquía o república. A pesar de todo, los resultados totales les fueron contrarios a los republicanos, puesto que las cifras oficiales revelaban que en el cómputo total los monárquicos habían logrado más votos, pero en las capitales de provincia eran los republicanos los vencedores. 

Lerroux, Alcalá Zamora, Azaña, entre otros,
en el Pacto de San Sebastián
Volviendo al recurso del “¡porque lo decimos nosotros!”, los promotores del régimen republicano decidieron que como en el medio rural los votantes estaban influenciados por curas y caciques, sólo tenían validez los resultados de las capitales. Evidentemente, esto no tiene nada que ver con la democracia, sino que es una auténtica cacicada y un insulto a todos los que no vivían en las grandes ciudades. Lo correcto hubiera sido organizar un plebiscito para dirimir abiertamente el régimen que querían los españoles, tratar de vigilar para que todo se desarrollara limpiamente (o lo más posible) y asegurar que el voto de cada español tuviera el mismo valor. Pero lo que se hizo fue ir cambiando las reglas a conveniencia, de modo que si hubieran ganado los republicanos en el medio rural se hubieran proclamado igualmente vencedores alegando, que los trabajadores de las ciudades estaban atemorizados por los patronos y sus matones..., por ejemplo. A la causa se unió el rey, un personaje dudoso y cobarde que ya había dado numerosas muestras de su catadura moral y su falta de integridad.


Objetivamente, la II República Española llegó de modo totalmente fraudulento, irregular e ilegítimo, por lo que no puede extrañar cómo acabó. Como afirma el hispanista estadounidense Stanley Payne (uno de los más ecuánimes especialistas en el tema) “en aquella España no había buenos y malos, pues todos eran malos, y nadie, ni de un lado ni del otro, tenía la menor idea de lo que significa ser demócrata”.   
Carlosdelriego.