viernes, 11 de mayo de 2012

CAMBIAR POR CAMBIAR El cambio inútil de casi todo se ha impuesto hasta el punto de que se ha convertido en un valor en sí mismo.

El cambio de la tierra roja por la azul es un ejemplo de cambio inúti
Vivimos en una sociedad en la que se venera de modo irracional todo lo que suene a novedad sin que importe demasiado si tal novedad aporta algo, si mejora algo lo anterior. Por eso la gran mayoría cambia continuamente de teléfono móvil y se deja convencer por un modelo recién salido que presenta ligeras modificaciones respecto al actual, que cumple perfectamente su cometido; y de igual modo el televisor y demás electrodomésticos, la cámara de fotos, el ordenador, la impresora, el reloj, el Ipod..., y no digamos la ropa, calzado y todo este tipo de artículos de vestir. Son cambios que, objetivamente, racionalmente, fríamente, no son necesarios.


Otra cosa es que el ciudadano (convertido en consumidor) se vea obligado al cambio a causa de la “obsolescencia programada”. Término tan inquietante se refiere simplemente al programa que llevan infinidad de productos (sobre todo electrónicos y mecánicos) para que se vuelvan obsoletos cuando se cumpla el tiempo programado por los ingenieros diseñadores; es decir, algo así como un dispositivo para que, pasada la garantía, el aparato se estropee de modo irreparable o su reparación cueste más que uno nuevo, y así el cliente tenga que volver a comprar. Pero esto de la obsolescencia programada tiene mucha miga, mucha historia, así que merece comentario aparte. 

Ya sea por obligación, por presión de la propaganda, por presumir y hacer del objeto un símbolo de estatus social, o simplemente porque el cambio produce satisfacción, el caso es que muchas veces se producen cambios fácilmente, evidentemente, totalmente evitables.

Además de los cambios a los que obliga el comercio y la industria (si no poniendo una pistola en la espalda sí con una presión que roza la tortura psíquica, pues vienen a decir muchas veces que si no compras esto eres un imbécil retrasado, un marginado, algo que resulta un instrumento letal con niños y adolescentes), se producen otras mutaciones superfluas en campos diversos que no dan nada, que no mejoran nada, que ni siquiera resultan econonómicamente beneficiosas para nadie.

Un ejemplo de cambio inútil es el que se ha producido en el torneo de tenis de Madrid, donde se ha cambiado de superficie, de la tradicional tierra de color rojo se ha pasado arbitrariamente a tierra de color azul, con el consiguiente disgusto de quienes realizan sobre la misma su actividad, los tenistas. Dicen como único argumento los ingenieros que idearon tal cosa que mejora la visibilidad en televisión, pero que se sepa, nadie se había quejado de que se viera mal la bola en los muchos años de retransmisión televisiva del tenis. Por contra, esa nueva tierra azul modifica notablemente las condiciones de una pista de tierra, cosa que han denunciado los protagonistas enumerando múltiples desventajas. Otros cambios en este deporte (el juego decisivo o ‘tie break’o el ‘ojo de halcón’) sí tienen razón de ser pues mejoran el desarrollo del juego.

Cambiar aparatos sin necesidad produce eso
Otro ejemplo de ámbito deportivo, concretamente del baloncesto. Hasta hace unos años, cuando dos jugadores rivales sujetaban el balón impidiendo que se pudiera jugar, los árbitros decretaban ‘lucha’, y se producía un salto neutral entre los dos implicados en la pugna. Sin embargo, ahora no hay disputa, sino que una vez se le entrega el balón a un equipo y la siguiente al otro (el primero es el que no ganó el salto inicial) y así sucesivamente, restando un elemento puramente deportivo. La única razón que se da para una modificación de reglamento tan baldía es que agiliza el desarrollo del juego, que hay menos interrupciones; razón ciertamente estúpida, pues en baloncesto el juego se detiene cien veces por partido, y la cantidad de ‘luchas’ que se producen casi nunca es más de dos. Puestos en esa tesitura, que también se repartan equitativamente los rebotes.


Y un ejemplo más, en este caso del universo escolar. Hasta no hace mucho los exámenes se calificaban de cero a diez, pero luego se dio paso a lo de suficiente o muy deficiente, para llegar posteriormente a la sinrazón de ‘progresa adecuadamente’ o ‘necesita mejorar’; últimamente se usan dos escalas simultáneamente, la de la cifra y la de suficiente. ¿Acaso era necesario aquel primer cambio?, ¿los alumnos sacaron mejores notas sabiendo que ahora progresan adecuadamente en lugar de obtener un seis? Por cierto, ya que estamos en el recreo, ¿alguien recuerda aquella memez llamada Matemática Moderna?, ¿alguien ha encontrado uso para esa cuadratura del círculo que es el conjunto vacío? (por increíble que parezca, la Real Academia ha aceptado eso de ‘agrupación de nada’, que es lo que es un conjunto vacío, o sea, una contradicción en sí misma). 

Así las cosas, ¿por qué los cambio inservibles? Tal vez con el ánimo de destacar, tal vez para demostrar que se quienes están ahí hacen algo, pues es posible que quienes tales ocurrencias idean se pasen la mayor parte del tiempo mano sobre mano, y realizar un cambio que llame la atención aunque no suponga ningún beneficio es un buen modo de apuntarse un tanto, sobre todo de cara a la imagen. De este modo se llega a la insensatez de considerar el cambio como un fin en sí mismo, como un verdadero valor independientemente de que se prevea apropiado y beneficioso o no.


Y es que para algunos, si no hay cambio no se puede vivir. Son las presas fáciles de los expertos en mercadotecnia y manipulación de masas.  
Carlosdelriego.