domingo, 20 de mayo de 2012

PELÍCULAS TRAMPOSAS: CUANDO LOS DIRECTORES NOS ENGAÑAN Algunos grandes títulos recurren a mentiras y trampas para resolver la trama


Cien polis lo vigilan cuando está así,
 pero sólo dos cuando está casi libre

A lo largo de la historia del cine los directores, productores, guionistas y en general todos los implicados en una producción cinematográfica se habrán encontrado miles de veces en un callejón sin salida cuando de escribir y filmar un final se trata. La mayoría de las veces el guión se respeta en su totalidad, y si hay talento, ya es tarea del director realizar un buen trabajo. Pero muchas otras veces el guión se va escribiendo casi cada día, con lo que se llega a situaciones en las que hay que improvisar, y rápido, pues cada día que pasa significa mayores costes. Algunos prefieren recurrir a soluciones sencillas y, por tanto, más previsibles, mientras otros optan por giros inesperados, y ha habido también quien ha preferido hacer trampas. Claro que peor es el caso de la película “con final abierto”, es decir, que no cierra el círculo y priva al espectador de un desenlace.

En las películas antiguas los fallos de guión son habituales, así como los de continuidad y de otro tipo, pero son errores fácilmente disculpables, casi entrañables, que se ven con benevolencia. Pero hay películas de época contemporánea, buenas películas, que resuelven situaciones mediante una trampa al espectador, por ejemplo, El silencio de los corderos y Seven.

En la primera de las dos (seguro que la ha visto la mayoría, pero aun así es mejor describir la situación), el asesino caníbal es transportado atado a una carretilla, amordazado y totalmente inmovilizado y escoltado por un centenar de policías. Durante el transporte, cuando hay que pernoctar, se le encierra en una jaula en una habitación, pero lo increíble es que a la hora de darle la comida (creo recordar), sólo hay dos policías, y tienen que entrar en la jaula y acercarse mucho al homicida, mientras en lo que parece el hall del hotel están el centenar de policías mano sobre mano. Es decir, en el momento de máximo peligro, el de acercarse al caníbal, la mayoría de sus guardianes están ociosos, y claro, el asesino aprovecha ese increíble fallo de sus vigilantes. Resulta verdaderamente incomprensible que si se precisan cien personas para vigilar a un preso, se relaje la vigilancia en el momento de máximo peligro. Es posible que todo esté ya en la novela (de Thomas Harris) que da origen a la película, pero la forma de resolver la fuga del malo es una auténtica trampa, un subterfugio engañoso, algo así como un fraude cinematográfico, pues se ha recurrido a un imposible: que sólo dos de cien escoltas estén presentes cuando hay que acercarse y correr peligro. Y un imposible en una película basada en la deducción lógica, en la racionalidad, en la tesis inteligente, es una película tramposa y desleal con el espectador.
Te dicen que habrá Seven (7),
 pero hay ocho

El otro filme, Seven (1995), también es muy reconocido dentro del cine de intriga-terror psicológico. Y al igual que la anterior se trata de una buena película, aunque lastrada por un par de mentiras. También en Seven se da gran importancia al valor de la inteligencia, a la deducción racional para perseguir al asesino sicópata, por lo que las trampas se antojan injustificables. Ya desde el primer asesinato queda clara la intención del criminal y así lo dice uno de los protagonistas: “prepárate para un total de siete asesinatos, uno por cada uno de los siete pecados capitales” (o algo muy parecido); es decir, el espectador ya sabe el por qué del título de la película y la importancia de la cifra. Sin embargo, se producen ocho muertes, no teniendo reparo director y guionistas en traicionarse así mismos y a lo que dijeron cuando al principio explicaron las reglas, y además, uno de esos asesinatos nada tiene que ver con pecado alguno, es más, es el de alguien totalmente inocente. Pero es que además, el último, el octavo, es la ejecución del policía, prevista por el asesino para completar la cifra; pero si se piensa detenidamente, ¿qué juez o jurado condenaría a muerte a un policía por matar a un asesino en serie que acaba de decapitar a la esposa de dicho policía?; cualquiera diría que es un caso de enajenación mental con evidente provocación con muchísimos atenuantes. Y por si fuera poco, ¿alguien sabría decir cuántos policías estadounidenses han sido condenados a muerte y ejecutados?

En películas donde se está continuamente aludiendo a la importancia de la inteligencia, en las que se recurre a la razón y la reflexión para resolver los problemas, resulta inadmisible que éstos se resuelvan haciendo trampas, engañando, manipulando y tomando por tonto al espectador.

Carlosdelriego