miércoles, 23 de mayo de 2012

40 AÑOS DE ‘MADE IN JAPAN’, EL DISCO CON EL QUE EL HEAVY ALCANZA LA MADUREZ Dos ciudades japonesas acogieron la grabación en vivo del emblemático álbum de los británicos Deep Purple en 1972


Tras unos ligeros aplausos, una batería in crescendo y un evocador órgano Hammond, se escucha “A song for a highway star..., yeah’ (Canción para una estrella de la carretera), inmediatamente una guitarra enloquecida escribe casi todos los recursos del héroe heavy en apenas quince segundos para, finalmente, dar paso a uno de los momentos más gloriosos del heavy metal, una entrada brutal que siempre ha tenido (tiene) la capacidad de enloquecer a todo aquel que tiene química con este género, un comienzo apoteósico que en agosto de este año cumplirá nada menos que cuarenta años.

Seguro que no hay nadie con cierta edad que no haya reconocido el inicio de uno de los mejores discos de heavy-rock de toda la historia, el inmortal ‘Made in Japan’ de los británicos Deep Purple, registrado en riguroso directo en Osaka y Tokyo en 1972.
Pero es que, además, ese prodigio del rock con el que da comienzo el ya cuarentón álbum, será modelo para miles y miles de bandas en todo el mundo, miles de jóvenes cuyas neuronas vibran espasmódicamente con las exhibiciones vocales de Ian Gillan, la locomotora de ritmo que imponen Ian Paice y Roger Glover, la inconfundible ambientación y virtuosismo de John Lord y, por supuesto, la increíble guitarra de Ritchie Blackmore, rabiosa en ese solo al final de ‘Starway...’ que todo amante del heavy ha tocado en el aire incapaz de sujetar su cabeza y sus emociones. ¡Qué guitarra!, ¡Qué canción!


Deep Purple llevaba unos cinco años funcionando, buscando estilo, mezclando sinfónico, sicodélico, rock, pop, e incluso había grabado un álbum con una orquesta completa. El año anterior, en 1971, dieron en la diana y diseñaron la nueva modalidad del rock con unas formas que han sido imitadas hasta el infinito en cualquier cuartucho de cualquier parte del mundo donde hubiera un par de chavales con guitarras en la mano y el rock en la sangre; fue el excelente ‘In rock’.

Y en Agosto del 72 el quinteto hace una gira por Japón (a pesar de que Ian Gillan ya tenía pensado abandonar el grupo), de donde sale un doble que se ha convertido en sinónimo de heavy-metal.
Tras la agotadora ‘Starway...’ el disco presenta la cambiante ‘Child in time’ con sus arreones, con sus momentos de pausa, con los gritos y susurros de una voz clara, bien modulada, elegante incluso en el alarido.

Pero el gran momento llega en el inicio de la segunda cara del primer vinilo (es el formato vinilo el que cumple cuarenta años). ¿Habrá alguien que haya sostenido una guitarra eléctrica que no haya intentado hasta la saciedad esos doce acordes? ¿Habrá algún músico de rock, hard, heavy o cualquier otro subgénero que no haya soñado con ser el autor de ese emblemático ‘Smoke on the water´? La canción (cuya temática es de sobra conocida: vieron quemarse un hotel cerca de un lago e Suiza, y de ahí lo de ‘humor en el agua y fuego en el cielo’) tiene un inicio tremendamente eficaz para, sorprendentemente, detenerse, dar un par de golpes de guitarra e iniciar nuevamente los acordes; se decía en aquella época que Blackmore, el guitarrista, se había confundido y no tuvo más remedio que volver a empezar. El caso es que tras el evidente ‘allright’ entra la batería y, dando cuerpo y densidad infinita, un bajo estremecedor, irresistible... Es una canción redonda, cercana a la perfección, no extraña por tanto que las revistas especializadas la hayan señalado como la mejor canción de la historia del heavy-metal o que hace unos años se reunieran más de 6.000 guitarristas e Polonia para tocar ese ‘Smoke on the water’, cuya entrada es la que más han repetido las guitarras eléctricas en los últimos 40 años.

‘The mule’, ‘Strange kind of woman’, ‘Lazy’ y ‘Space Truckin’ completan de forma brillante un trabajo memorable, un disco que marcó una época, un camino, un doble vinilo que se sigue escuchando con rabia heavy aunque ya no haya melena que menear; o se descubre con asombro. ‘Made in Japan’, más de 200 millones de ejemplares después, sigue produciendo el mismo escalofrío. El heavy-metal alcanzó entonces su madurez. Ya había un antes y un después.
Carlosdelriego.