martes, 15 de mayo de 2012

CUIDADO CON LOS GRANDES PERSONAJES Muy a menudo, los hombres a los que la Historia sitúa en lugar privilegiado tienen mucho que esconder


El gran Edison electrocutó a un elefante.

Un eminente cirujano que ha logrado sonoros éxitos en el terreno de los trasplantes más difíciles, se ha descolgado con unas manifestaciones que dejan bien patente que el tal es machista y sexista hasta decir basta, y un sectario cargado de prejuicios, de esos que se creen en posesión de la verdad y, por tanto, se sienten legitimados para calificar a los demás o para generalizar con este o aquel colectivo. El tal se llama Cavadas, y era tenido por un excelente profesional hasta que ha abierto la boca y ha dejado ver que, en realidad, fuera de su especialidad, es otro iluminado de los que otorgan carnets de buenos y malos. En fin, lejos de lo suyo, muestra escasas luces.

Y es que hay que tener mucho cuidado con las personas a las que idealizamos, puesto que a veces llegamos a creer que no son hombres (en sentido genérico, no masculino), que están por encima de los múltiples defectos y vicios que caracterizan al homo sapiens. Esto suele suceder muy a menudo con algunos de los grandes protagonistas de la Historia que sobresalieron en un terreno concreto, en una actividad en la que demostraron gran clarividencia y esfuerzo, que se convirtieron en auténticos faros para la posteridad, pero que luego, en la corta distancia, en su trato con sus círculos más cercanos, en la vida cotidiana, demostraron ser mezquinos, hipócritas y, en fin, habituales de las mismas bajezas que los demás.

Para desmitificar a algunos de estos gloriosos personajes, pocos textos como el libro ‘Intelectuales’ del veterano periodista, historiador y ensayista británico Paul Johnson. En éste, Johnson no trata de poner en cuestión las teorías de esos grandes pensadores, sino que desvela cómo eran como personas, cómo se conducían en el día a día, cómo trataban a quienes estaban a su alrededor y cómo vivían y actuaban de modo contrario a lo que predicaban.
Un libro ideal para
 desenmascarar y desmitificar
 

Así, sorprende saber que Karl Marx, el gran defensor de los trabajadores, se casó con una rica aristócrata y vivió a costa de la herencia de ella hasta que se acabó (eso sí, escribió contra lo injusto de las herencias), jamás quiso un trabajo con el que mantener a su familia, y eso que su amigo y colaborador Engels (comunista y empresario millonario) tenía fábricas en Inglaterra en donde podría haber trabajado, pero el gran teórico del trabajo y del trabajador, Marx, no quiso jamás ni siquiera ir a visitar una fábrica; por no mencionar el hijo que tuvo con una sirvienta y que ‘endosó’ a su incondicional amigo Engels.

Del mismo modo, el escritor francés Jean Paul Sartre, adalid de las izquierdas intelectuales, que prosperó sin dejar de trabajar ni privarse de nada en la Francia ocupada sin que los nazis le molestaran jamás, y que gracias a la colaboración de su pareja, la “feminista” Simone de Beauvoir, consiguió llevarse a la cama a muchas de sus jóvenes alumnas.     

Tremendo es lo del filósofo y escritor francés Jean.Jacques Rousseau, que escribió un histórico tratado sobre la educación, pero envió a sus cinco hijos al hospicio nada más nacer. Primero dijo que era porque no podía mantenerlos, pero más tarde cambió de coartada alegando que se había desentendido de ellos para que no cayeran bajo la influencia de su familia política (¿). Además, escribió otra obra sobre las libertades, pero solía vanagloriarse de sus sádicas relaciones sexuales y de lo que se disfruta haciendo daño y humillando a las mujeres.

‘Intelectuales’ señala las mezquindades, la hipocresía de nombres tan importantes como Bertrand Russell, Comsky, Tolstoi, Heminguay, Norman Mailer, Ibsen, Shelly y muchos otros personajes ilustres de indudable mérito artístico, político o social, pero cuya vida real, no la intelectual, debería situarlos en el apartado de dudosos. Al menos.

Pero fuera de la obra de Johnson se pueden encontrar muchos otros que hacen bueno el refrán de que “una cosa es predicar y otra dar trigo”. Así, además del eminente pero retrógrado doctor del principio, se podrá recordar al gran inventor estadounidense Edison, muchas de cuyas patentes eran sospechosamente similares a otras ya existentes, y cuya enemistad con Nicola Tesla (que tenía una creatividad que Edison no soportaba) le llevó a electrocutar un elefante en Nueva York (condenado a muerte por matar a tres hombres) para demostrar que la corriente alterna desarrollada por Tesla era mucho peor que su corriente continua. También pueden entrar aquí grandes ‘luchadores por la libertad’, como el doctor Ernesto ‘Che’ Guevara, que afirmó ante los micrófonos (existe la grabación): “hemos fusilado, estamos fusilando y seguiremos fusilando”. Claro que en el campo de la ideología política la lista sería interminable. 

El inmortal Beethoven escribió su Tercera Sinfonía, la ‘Heroica’, sobre la figura de Napoleón, pero cuentan que cuando se enteró de que Bonaparte se iba a coronar emperador quitó su nombre del título diciendo con gesto de disgusto y decepción “Es sólo un hombre, como todos los demás”.

Igual que aquellos que son por muchos idolatrados fanáticamente.
Carlosdelriego.