miércoles, 2 de mayo de 2012

AQUEL CONCIERTO DE LOS ROLLING STONES EN 1982… SÍ, EL DE LA GRAN TORMENTA


El Mundial de Fútbol de España fue, como siempre hasta aquel momento, decepcionante para los aficionados españoles. ¿Para todos?, no, para 80.000 personas fue maravilloso, inolvidable, pues gracias a aquel campeonato presenciaron un concierto en el que hubo rock y algo más en el estadio Vicente Calderón, que acogió la actuación más importante que en 1982 podía verse en cualquier escenario del planeta: The Rolling Stones. En julio habrán pasado ya treinta años de aquel mágico día.

El día era muy caluroso, sofocante, más de lo esperado incluso para un 7 de julio. A la entrada del estadio se formaban largas colas a causa de los cacheos a muchos de los asistentes, pero ni el calor ni otras incomodidades asustaron a nadie. La sesión comenzó con la actuación del excelente grupo americano J. Geils Band, que estuvieron sensacionales, muy apropiados para la ocasión, pero el intensísimo calor, el demoledor sol que caía sobre el público impidió el reconocimiento que sin duda se merecían. Llegó un momento en que la gente no sabía cómo combatir la asfixiante temperatura; los servicios del campo de fútbol se mostraron insuficientes para atender tal demanda de agua, formándose colas kilométricas, de modo que el personal no dudó en tomarla de casi todas partes, incluyendo las cisternas. Cuando más apretaba el sol, en el escenario aparecieron unos operarios con grandes mangueras con las que lanzaron agua a presión para refrescar a una acaloradísima y excitadísima audiencia, que recibió el regalo con gran alboroto.

Y de repente, en apenas unos instantes, cuando los 80.000 asistentes estaban literalmente empapados en agua y sudor, unas nubes gruesas y pesadas cubrieron el cielo y en escasísimos segundos se levantó un viento fortísimo, un auténtico vendaval que amenazaba con echar abajo las enormes telas de colores que cubrían las gigantescas torres de altavoces a ambos lados del escenario. El brusco cambio de temperatura retrajo a todos los asistentes, que súbitamente se encontraron con la ropa empapada y literalmente ateridos de frío. La tormenta no tardó en estallar, truenos y relámpagos incluidos. Ese fue el momento escogido por Jagger y compañía para saltar al escenario.

Parecía que todo estaba previsto, pero lo cierto es que el concierto comenzó con apenas 5 minutos de retraso. Y en el preciso momento en que los músicos subieron a escena se produjo un instante para el recuerdo. Visto desde una grada muy cercana al escenario, cuando los Rolling Stones salieron, los no menos de 40.000 espectadores que cubrían el césped se levantaron al unísono y dieron, todos a la vez, dos pasos hacia adelante mientras un atronador rugido puso millones de pelos de punta. Fue como si todo el público fuera uno. La enorme masa de gente actuó sincronizada produciendo un efecto escalofriante, imborrable.

Durante el regreso, quienes allí estuvieron se sintieron afortunados al darse cuenta de que habían asistido a un momento irrepetible, algo para contar, una de esas cosas de las que uno se vanagloria: “Yo estuve allí en aquel momento”, ese momento inolvidable, emocionante, excitante, único, ese momento en el que muchos miles de personas se olvidaron de todo lo físico y, como en un éxtasis colectivo, reaccionaron movidos por una común e irresistible atracción.  
        
¿El concierto en sí? Muy bueno, pero ese otro recuerdo es mucho más potente.
 Carlosdelriego.