Etiquetas

martes, 22 de mayo de 2012

MANIFESTACIONES Y HUELGAS: INÚTILES MÉTODOS DE OTROS TIEMPOS Decisiones y planes de los gobiernos echan a la calle a miles de personas, pero al final, el poder hará lo que quiera


Herkomer y su 'En huelga', de 1891.
 Tiempos pasados, soluciones pasadas
Se viven días de manifestación, de proclama y pancarta, y se prevén días de huelga y protesta airada. Sin embargo, lo cierto es que casi ninguna manifestación, casi ninguna huelga ha servido nunca para nada, es decir, los gobernantes de turno han seguido adelante con las intenciones por las que los sindicatos convocan a la población.

La manifestación y la huelga son modos de protesta que se antojan muy pasados, muy superados por la actualidad, muy de otro tiempo. Evidentemente el derecho asiste al manifestante y al huelguista, que pueden convocar cuando quieran siguiendo las reglas y cumpliendo sus obligaciones (todo derecho conlleva un deber). Se han manifestado contra esta y aquella guerra, contra gobiernos de todo tipo y condición, contra el terrorismo y contra  grupos terroristas concretos, contra el aborto y contra el maltrato en el ámbito familiar, contra esta o aquella ley..., se han producido caceroladas, encierros, sentadas, concentraciones, huelgas de hambre y, en fin, manifestaciones en el más amplio sentido de la palabra (también las hay a favor de). Pero el resultado casi siempre es el mismo, apenas existe noticia de que esta protesta callejera o aquella concentración hayan hecho cambiar los planes de un gobierno. Además, en las escasas ocasiones en las que el poder da marcha atrás a causa de este tipo de presión, lo que demuestra ante todo es una enorme debilidad, un total descontrol, una evidente indecisión. Y en general, el gobierno que cede a las presiones lo que hace es, en lenguaje coloquial, bajarse los pantalones, y esto es así ya sea ejercida la presión desde la calle, desde instancias políticas o directamente por delincuentes (terroristas, piratas, secuestradores...).

El italiano Pelliza da Volpedo pintó la manifestación
(El cuarto estado) hace más de un siglo
Por otro lado, también es muy propio que los convocantes (sobre todo si son sindicatos o se trata de asuntos políticos) tengan como principal objetivo el éxito de la convocatoria, reunir a cuantos manifestantes sea posible, hacer mucho ruido, demostrar que se trata de un grupo o institución con mucha fuerza de convocatoria, con mucho poder. Es decir, la causa de la protesta queda relegada, sigue siendo el motivo de la misma, pero quienes llaman a la reunión se presentan como triunfadores si han logrado la respuesta esperada aunque sus reivindicaciones no hayan sido atendidas. De hecho, si el éxito de público se produce, recordarán aquel día triunfal y será usado como arma de presión.

Sin embargo, las convocatorias jamás alcanzan cifras similares al número de votos obtenido por el gobierno, por lo que éste puede escudarse en el hecho de que los que se han quedado en casa son muchos más que los que han acudido a la manifestación. Y también pueden utilizar el argumento de que un gobierno tiene que gobernar, que tomar decisiones, que promulgar (o derogar) leyes porque está legitimado para ello; y si hay por qué, se le denuncia donde corresponda.

Tiene que haber otros modos de presionar, seguro. Tal vez a través de las infinitas posibilidades de Internet, sobre todo teniendo en cuenta que hay más comunicación a través de las redes sociales que en las calles, y además, a lo mejor participan más si no hay que salir de casa. Pero seguro que estas posibilidades no son del agrado de los sindicatos, que siguen pensando como hace cien años, que siguen creyendo que soluciones de antaño sirven contra problemas de hoy, y que están integrados por gente que no quiere renunciar a una situación de privilegio.

El objetivo de los convocantes suele ser
la manifestación en sí y su éxito de público
La primera huelga de la que se tiene conocimiento tuvo lugar en el siglo XII a. C. y la protagonizaron los obreros que construían la pirámide de Ramsés III (no eran esclavos, pues estos no podían tocar la tumba del faraón); el motivo era la falta de alimento y otras necesidades básicas incluso en aquella época. Hubo participación masiva con marcha y sentada incluidas, con conversaciones, mediaciones y negociaciones, pero parece que tras no pocas promesas y buenas palabras, los manifestantes no consiguieron gran cosa. Han pasado más de tres mil años, pero cambiando un par de nombres y la fecha, podría ser la crónica de cualquier manifa de hace un siglo y de hoy.   
Carlosdelriego.