miércoles, 24 de octubre de 2012

¿QUÉ FUE DEL PUNKABILLY? Hace unas tres décadas el grupo Stray Cats encabezó una pequeña revolución en el camino del rock & roll al aplicar al estilo clásico ciertos matices del punk. Al resultado se le llamó punkabilly, que debe ser muy difícil, pues apenas hay quien se atreva

Stray Cats.

Hará unas tres décadas que el trío Stray Cats (neoyorquino, hubo de mudarse a Inglaterra para ser reconocico) estremeció las bases del rock & roll más académico con un primer álbum absolutamente antológico (salió en 1981 pero a España no llegó hasta el 82). En él, sólo un guitarrista y cantante, un contrabajista y un batería armado sólo con caja, plato y bombo, fueron capaces de volver patas arriba a cualquier audiencia.

El rock & roll a la clásica se ha practicado desde que Bill Halley pusiera a todo el mundo a bailar “alrededor del reloj”, en unas etapas con más aceptación y respuesta de público y ventas, y otras veces apenas sin salir del local para locos del tupé. En los últimos años de la década de los setenta del siglo pasado el punk había abierto todas las puertas, de modo que todo valía, cualquier género tenía cabida y, probablemente, éxito; sólo había que ponerle barniz punk por uno u otro lado, y así lo hicieron muchos que se sentían integrados en otro género, como por ejemplo The Jam, que volvió a traer pop-mod, o Stray Cats, ‘rockers’ irredentos. De este modo, en aquellos momentos aparecieron un buen número (no exagerado) de grupos adscritos a esa combinación de r&r y punk, como los divertidísimos Polecats; pero sólo los Stray Cats hicieron algo verdaderamente especial.  

Aquel prodigioso primer álbum del trío mostraba las diversas variaciones que se pueden hacer con el ritmo clásico del rock & roll, pero aderezadas con un sonido mucho más agresivo y denso a pesar de la escasa instrumentación, con una postura menos ingenua y con toda la sencillez del punk… Cierto, quien piense que Stray Cats era pura y sencillamente rockabilly está en lo cierto, y si se acuñó lo de punkabilly fue precisamente por el momento en que irrumpió el grupo en cuestión, cuyo aspecto difería en no pocos detalles de los de los cincuenta y apuntaba en la dirección punk.

 Así, su ropa mezclaba cueros negros (punk, pero también rock de primera hora), con zapatos característicos de los ‘teddy boys’, y llevaban tupé… estudiadamente desordenado, de modo que nunca desentonaba en ambientes punk. En fin, que tenían mucho más de r&r que de de lo otro.

Aquel álbum, titulado sencillamente ‘Stray Cats’, supuso un auténtico descubrimiento del rock clásico por parte de los que apenas conocían otras cosas que el punk y la ‘new wave’, y a la vez, un álbum que sedujo a los viejos ‘rockers’. Es un disco que roza la perfección, de modo que su docena de títulos sigue escuchándose treinta años más tarde con agrado y sorpresa, puesto que las melodías siguen siendo encantadoras, la guitarra asombra y la escueta sección de ritmo parece multiplicarse. Por eso, tanto tiempo después, es absolutamente imposible mantener la quietud cuando empiezan a sonar piezas como ‘Rumble in Brighton’, ‘Rock this town’ o ‘Runaway boys’, igual que uno se transporta cuando se deja mecer por el delicioso ‘Stray cat strut’… ¡Qué prodigio de disco!

Aun se recuerdan sus primeros conciertos en España, que consiguieron llenar todos los recintos, con y sin tupés, así como que jamás hubiera tantos ‘rockers’ en España como en aquel momento; sólo ellos tres en el escenario (salvo en la despedida, cuando subieron al escenario hasta los electricistas), pero parecían una orquesta: Lee Rocker tocando subido en la hendidura lateral de su contrabajo tumbado, Slim Jim Phantom encima del bombo, inclinadísimo para llegar con las baquetas a la caja y plato, y el virtuoso Brian Setzer haciendo el pato al estilo Chuck Berry mientras su preciosa Gretsch sonaba con una limpieza sorprendente; sí, eran tres músicos estupendos, sobre todo Setzer, que ha venido demostrando desde entonces que está a la altura de los grandes mitos de la guitarra.

Pero muy pocos siguieron por ese camino, por lo que hay que deducir que no es tan fácil como parece hacer rock & roll con inteligencia, imaginación y chispa, tal vez por ello eso del punkabilly sólo entonces convenció en las listas, sólo con Stray Cats ese subgénero consiguió audiencias masivas. Grupos tan señalados como The Cramps (más psycho), The Meteors (mucho más distorsionados) o The Blasters (¡fabulosos!) han rondado por ahí, pero siempre manteniendo la distancia.

Ellos, los Stray Cats, se han ido y han vuelto varias veces, y sus integrantes han hecho cosas de mérito en solitario (sobre todo Setzer), pero nunca se han acercado a la excelencia como en aquel lejano 1981. Por cierto, el disco lo produjo Dave Edmunds, cuya biografía artística merece una parada. 
  
CARLOS DEL RIEGO