lunes, 15 de octubre de 2012

LA HIPOCRESÍA Y DOBLE RASERO DE LAS AGENCIAS ANTIDOPAJE: LO QUE SE PROHIBE A ARMSTRONG SE PERMITE A LA NBA Contra algunos deportes y deportistas (ciclismo, Armstrong) la persecución es implacable, mientras que con otros (la NBA) apenas se cubre el expediente. La ley del embudo del doping

Uno está obligado a pasar controles antidoping en cualquier competición, el otro ni siquiera en los Juegos Olímpicos

El acoso y derribo que ha sufrido el ciclista Lance Armstrong, incluyendo insultos y traiciones, parece desproporcionado, pues delincuentes auténticos son tratados con más miramientos. Sin embargo, esa especie de cacería no afecta a todos los deportistas ni se da en todos los deportes. Un buen ejemplo es el trato de favor que, en todas las agencias antidopaje, tienen los jugadores de la NBA. Así, la USADA (la institución antidoping de Estados Unidos) hace la vista gorda con la NBA mientras se muestra inflexible con los ciclistas. Es un ejercicio evidente de hipocresía y doble rasero, algo que sin duda le resta legitimidad moral a esa asociación y a todas las que pasan por este incomprensible favoritismo. Por eso, porque a algunos no se les permite ni una aspirina mientras que a otros ni se les hace el control, todo lo que se ha montado en torno al ciclista texano puede levantar sospechas de amaño (no hay que olvidar que lo único que se tiene son testimonios de ciclistas cazados que, a cambio de testificar, obtienen beneficios), se antoja tan falso como la limpieza de la propia USADA y de todos los caraduras que viven a costa de la mucha pasta que generan los deportistas (lo cual no equivale a afirmar que Armstrong es inocente). 

En la competición de baloncesto más importante del mundo sí se hacen controles antidoping, pero son secretos, es decir, no se publican los resultados y sólo se da cuenta de ellos a los comités estadounidenses, no al Comité Olímpico Internacional, ni a la Agencia Mundial Antidopaje ni a ningún organismo ajeno a EE.UU; así, dependiendo de lo que les interese en cada momento, son libres de comunicar o no el resultado del análisis, de sancionar o no, de enviar ese resultado al COI o dejarlo guardado en el cajón. Al parecer, la NBA impone un contrato a los jugadores, que sólo han de someterse a los requerimiento de las agencias y organismos estadounidenses, o sea, no han de rendir cuentas ni someterse a los análisis de ninguna entidad de alcance internacional. Estados Unidos está al margen de las leyes internacionales, y no sólo en el terreno deportivo.

Pero curiosamente, esa permisividad con los jugadores de la NBA sólo afecta a los norteamericanos, no a los de otros países que juegan en esa liga; de hecho, el argentino Manu Ginóbili pasó un control de madrugada durantes los Juegos de Londres, mientras que ningún pívot, alero o base nacido en USA fue molestado en ningún momento.

Y esto es así porque, de lo contrario, el equipo de Estados Unidos no acudiría a los Juegos (ni a Campeonatos del Mundo), al menos con sus mediáticas estrellas. Pero, ¿por qué se permitirá una injusticia semejante?; la respuesta es sencilla y previsible: por dinero, pues el baloncesto es una de las modalidades deportivas que más dinero ingresa en las arcas del COI (tal vez la que más), de modo que si no van los de la NBA habría menos dinero para los que integran este comité que, desgraciadamente, cada vez se antoja más dudoso.

Pero lo más asombroso es que esto se permita con total naturalidad, que los medios de comunicación apenas lo mencionen (si es que alguna vez dicen algo), que los deportistas que sí pasan los controles no proclamen la injusticia a los cuatro vientos, que los directivos nacionales cierren la boca cobardemente…, cuando este sospechoso trato de favor debería ser un escándalo de proporciones planetarias. Parece lógico, en fin, dudar de la honestidad de todos los que están en el COI (empezando por su presidente, el indigno Rogge), de los miembros de la USADA, la AMA y demás estamentos que dan duro a unos y a otros caricias. No merecen más confianza que cualquier político y que cualquier institución donde haya algo que sacar (en lo económico, lo político…).

Pero tampoco hay que extrañarse, pues todos los organismos deportivos disfrutan de privilegios verdaderamente feudales; capítulo aparte es lo de la Uefa, algo sangrante.

Son auténticos estados.

CARLOS DEL RIEGO