jueves, 4 de octubre de 2012

35 AÑOS DE AQUEL ‘NEVER MIND THE BOLLOCKS, HERE´S THE SEX PISTOLS’ Fue un auténtico choque, una convulsión interna en Inglaterra que no tardó en propagarse. Tres décadas y media después, quedan las canciones, la estética y los grupos punk, pero todo ello domesticado y vendido como cualquier producto musical

Hace ya 35 años que los Sex Pistols iniciaron un nuevo camino
con este emblemático álbum.
El rock a mediados de los setenta languidecía. Pero entonces llegó una forma primaria y  sorprendente de entender el rock y la vida, el punk. Hace ahora 35 años Sex Pistols publicaba su primer álbum, ‘Never mind the bollocks, here´s The Sex Pistols’, un título demoledor en su momento: ‘Qué cojones importa, aquí están Los Sex Pistols’ (aquí es oportuno recordar que Ramones habían publicado el primer disco de la era punk un año antes). Ciertamente, aunque en España y muchos otros países la cosa pasó totalmente desapercibida, en aquella Inglaterra el uso de tal lenguaje suponía una ofensa inaguantable. Pero el asunto ya tenía precedentes, pues Johnny Rotten (Juanito el Podrido o el Asqueroso, quien fue descrito como “un gilipollas muy listo”) y sus secuaces ya se habían encargado de alborotar y provocar a diestro y siniestro; todos los interesados saben de sus excesos verbales en los medios y las escandalosas (y rentables) rupturas con sus discográficas, así como del enorme y violento rechazo que provocaron en casi todos los estratos de la sociedad británica: gruesas descalificaciones desde la política y la Iglesia, negativa de parte del comercio a vender sus discos, ofensas y desprecio de algunos sectores de la industria y de integrantes de otros grupos de rock…, incluso se interpusieron denuncias contra Sex Pistols.


Así estaba toda Gran Bretaña, pendiente de sus desmanes, mostrando que su manager, Malcom McLaren, sabía cómo hacer (provocar, manipular) para lograr beneficios. Después de algunos sencillos, en 1977 editan su primer y único álbum, el mencionado ‘Never mind…’.

El disco se grabó sin Syd Vicious, al menos en su mayoría, pues hay quien asegura que Glenn Matlock (el primer bajista del grupo) grabó varios temas, y otros dicen que casi todo el bajo lo hizo Steve Jones (el guitarrista), de hecho, éste asegura que las canciones empezaron a grabarlas no con la base batería-bajo, sino batería-guitarra, y añade que Syd sólo grabó el bajo en una canción (‘Bodies’), pero que lo hizo tan desastrosamente mal que él mismo lo grabó nuevamente y lo colocó encima de lo que había hecho Syd.

Algunas de las canciones de este disco se han convertido en bandera del punk y casi todas, en aquel momento, resultaron ofensivas para alguien, incluyendo la monarquía. La propuesta musical era tan esquemática, tan simple, que entonces muchos integrantes de otros grupos ingleses despreciaron a músicos tan malos, se reían de esos cuatro guarros vestidos de mamarrachos que no tenían ni idea de tocar; y realmente la estructura de cada canción es tan fácil, tan directa, tan espontánea que sedujo a amplísimos sectores de la juventud. Sin solos, sin florituras ni virtuosismos, con todos los instrumentos tocados como con piedras, con un esquematismo hechizante, en menos de tres minutos, con la voz vomitando improperios y repartiendo insultos…, así son esas canciones.  

‘God save the Queen’ suelta cuatro lindezas a la Reina y al “gobierno fascista” que “te han convertido en un idiota”. Otro de los temas emblemáticos del grupo, del género y de la época es ‘Anarchy in the UK’, pieza violenta, descreída, pesimista: “Soy un anticristo, soy un anarquista, no sé lo que quiero pero sé como conseguirlo”. También hay que recordar ‘Pretty vacant’, en el que Rotten separaba la segunda sílaba de ‘vacant’ y la pronunciaba como ‘cunt’, vagina. ‘Holidays in the sun’ habla del muro de Berlín, de los países comunistas, de la tercera guerra mundial. Hay otros títulos con mucho punk en sus letras y composición, como ‘Problems’ o ‘No feelings’, pero aquellas son las que han trascendido su tiempo.

Como es sabido, el grupo se separó (1978) tras la delirante gira americana, donde abundaron las peleas con el público o con quien se pusiera por delante, las broncas entre ellos, las drogas y un insoportable mal rollo debido, sobre todo, a la adicción y conducta de Syd Vicious; lógicamente la cosa acabó como tenía que acabar, con insultos, sobredosis, muerte… Sí, si alguna vez hubo punk en su más estricto sentido, punk como autodestrucción, aquella serie de conciertos en Estados Unidos fue punk; Sid siguió al pie de la letra eso de “vive deprisa, muere joven”, pues palmó de sobredosis (administrada por su madre, también adicta a la heroína) en 1979, con 21 años.

Aquel disco (más que el primero de los mencionados Ramones) significó entonces algo así como una puerta abierta por la que entró la ‘new wave’ y otros géneros del momento (nuevos románticos, siniestros o góticos, ska), una posibilidad de prescindir de las grandes compañías y publicar uno mismo o con nuevas y pequeñas discográficas independientes, significó una forma de pensar y comportarse totalmente inusual en el rock en aquel momento (agresivo, faltoso, malhablado…), un nuevo modo de tocar en un grupo (ya no es necesario ser un virtuoso ni hacer grandes alardes técnicos). El ‘Never mind…’ publicado en 1977 sirvió, en fin, de inspiración y guía para infinidad de grupos en todo el mundo; de hecho, Rotten dijo al respecto que “detrás de nosotros han aparecido muchos pajilleros copiones”.

Pero poco queda de aquello, apenas las canciones, apenas el recuerdo de aquel espíritu combativo, violento, provocador…, pero también un tanto ingenuo, tal vez algunos grupos que conectan con el punk a través de los Pistols, posiblemente la estética punk (clavos y cuero negro)…; y poco más ha llegado hasta hoy, puesto que como todos los géneros culturales, por más revolucionarios y rompedores que sean en sus primeros momentos, el punk terminó por ser absorbido por la industria, por el sistema, y vendido en  las cadenas comerciales.           

El propio Juanito el Podrido cuenta todo aquello en una especie de autobiografía titulada ‘No irish, no blacks, no dogs’, publicado en 2007.

CARLOS DEL RIEGO