Imagen juvenil de Rose Dunn, inmortalizada por el grupo Poco en su tema
'Rose of Cimarron'
Es un hecho que los hombres acaparan
la mayoría de los acontecimientos que han marcado el devenir de la Historia, pero
no son pocas las mujeres que dejaron huella para siempre y tienen presencia en
los libros. Por ello, no extraña que el rock & roll haya dedicado grandes temas
a algunas
Los nombres de mujer aparecen menos
que los de los hombres en los manuales de Historia, cierto, pero también son
abundantes las mujeres que han dejado constancia de su paso por el mundo, e
incluso a veces han sido grandes protagonistas de la Historia y de la cultura
popular. Así, el universo del rock & roll, como reflejo del saber del
pueblo, ha convertido a algunas en objeto de grandes y señaladas composiciones.
Todo un icono de valentía femenina en
tiempos donde tal virtud pertenecía sólo a los machos es Juana de Arco
(1412-1431), un personaje con gran peso histórico en la Europa Medieval y cuyo
nombre es reconocido en cualquier parte. Mística y guerrera, acaudilló ejércitos
franceses en la Guerra de los Cien Años pero, como es sabido, fue quemada por
hereje por los ingleses. Son varias las canciones que la tienen como personaje
principal, entre ellas hay dos del mismo grupo, Orchestral Manoeuvres in the
Dark, que en 1981 le dedicaron ‘Joan of Arc’ y acto seguido ‘Maid of Orlenas’
(La doncella de Orleans). Tienen las dos un aire melancólico muy típico en este
dúo, identificado con el más cadencioso techno-pop. La primera ofrece un texto
enigmático que habla de una “muchachita católica enamorada”, que “todo lo que
tiene que hacer es decir las palabras correctas”; la segunda, que alcanzó mucho
mayor éxito, también tiene una letra misteriosa y espiritual en torno al
corazón de Juana y de su disposición a entregarlo todo, hasta su vida, por
mantener sus convicciones. Está claro que Juana de Arco ha vencido al paso del
tiempo.
Es obligado detenerse en las seis
esposas de Enrique VIII. Sobre ellas publicó el virtuoso teclista inglés Rick
Wakeman en 1973 el monumental ‘The six wives of Henry VIII’. Es sabido que la
Historia considera a este rey un sátrapa que se casaba y al poco cortaba la
cabeza a su esposa; sin embargo, la realidad es que ‘sólo’ cortó un par de
cabezas de sus mujeres, las de Ana Bolena y Catalina Howard (aparte liquidó
gente por decenas de miles). El álbum que Wakeman dedicó a esas mujeres es
instrumental, cada esposa tiene su propia pieza y, según él mismo explicó,
responde a sus propias percepciones acerca de cada una. El disco tiene ese
barniz sinfónico y progresivo tan característico del rock de aquellos años, y
es un deslumbrante despliegue de todos los instrumentos de teclado que estaban
disponibles: sintetizadores, melotrón, órgano eléctrico, piano de cola y electrónico,
órgano de iglesia, clave...
La científica Marie Curie (1867-1934) es
una de las cuatro personas que han ganado dos Nobel. Los alemanes Karftwerk,
cuadriculados y mecánicos, subrayaron el mérito de la descubridora de la
radiactividad, Marie Curie, en su emblemática ‘Radio-Aktivität’ (1975). La
atmósfera que el grupo logró en este tema causó gran impacto en aquel momento,
e incluso su escueta melodía se quedó para siempre en la memoria de los que
tuvieron la suerte de descubrirla en su día. Habitualmente parcos en los textos
(su propuesta se basa en el protagonismo de la máquina), Kraftwerk se refiere a
la señora Curie como la científica que enseñó al mundo ese fenómeno que “está
en el aire para ti y para mí”. Mencionada casi de refilón, nadie necesitó nunca
preguntar quién era esa asombrosa señora que murió a causa de esa
‘Radio-Aktivität’.
Sólo los especialistas saben de la historia
de la conocida como ‘Rose of Cimarron’, una chiquilla llamada Rose Dunn (1878-1955)
que a los 15 años se integró en una banda de forajidos del viejo oeste. Rose tiraba
de colt, manejaba el lazo, montaba a caballo como uno más y seguramente tomó
parte en más de un tiroteo junto a un famoso pistolero, George ‘Bitter Creek’
Newcomb, de quien fue pareja. Lo curioso es que fueron los hermanos de Rosa,
convertidos en caza-recompensas, los que liquidaron a Newcomb y cobraron los
5.000 $ que daban por él, vivo o muerto. Ella, que no presenció la refriega, terminó
por abandonar esa vida, se casó y llegó a la vejez. Esta cinematográfica vida
fue convertida en la deliciosa canción
‘Rose of Cimarron’ por los estadounidenses Poco en 1976. Un evocador y elegante
country-rock arropa las cálidas voces que transportan a los días de caminos,
fogatas y soledad. Aunque no fue la única, Rose tuvo tanto coraje y arrestos
como sus compinches masculinos.
La voz rasposa de la cantante
estadounidense Kim Carnes escaló alto en las listas en 1981 con una canción, ‘Bette
Davis eyes’, que recordaba a algunas de las grandes estrellas de los años
dorados de Hollywood. Así, ahí aparecen históricas del cine como Jean Harlow o
Greta Garbo, mujeres fatales que, junto al hechizo de los ojos de Bette Davis,
“te harán rodar como un dado” y, en fin, serás un pelele en sus manos. Y es que
las grandes divas del cine siempre mostraron mucho carácter y personalidad
poderosa, de modo que rara vez fueron juguetes en manos de los hombres. Más
bien al contrario.
Charlotte Corday (1768-1793) ha pasado
a la Historia como la asesina de Jean Paul Marat. El bilioso, vengativo y
sanguinario revolucionario, conocido como ‘El amigo del pueblo’, era un
entusiasta de la guillotina en los años de la Revolución Francesa: señalaba a
diario candidatos al cadalso (monárquicos o revolucionarios moderados),
elaboraba listas negras, elogiaba ejecuciones en masa como la ‘Masacre de
septiembre’ y, en fin, siempre exigía sangre y cabezas en sus violentísimos escritos.
Charlotte tenía 25 años cuando entró con engaños en casa de Marat, quien estaba
tomando un baño para aliviar sus problemas de piel. Ella le recitó una lista de
diputados fugados y él (según una versión) dijo: “todos estarán ante la
guillotina antes de una semana”. Sin más palabras, la joven le clavó un
cuchillo en el corazón. Como era de esperar, la justiciera acabó en la
guillotina. El escocés Al Stewart le escribió en 1993 ‘Charlotte Corday’, una preciosa
melodía presidida por un piano en la que el cantante se refiere más al fantasma
de Charlotte que a ella misma, vestida de negro, acechando en la noche, paseando por
el pasillo y buscando perdón. Sin embargo, la verdadera Charlotte nunca pidió
perdón ni se arrepintió.
El rock también ha rendido homenaje a
mujeres protagonistas de la Historia.
CARLOS DEL RIEGO

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