lunes, 9 de marzo de 2026

EL ROCK RECUERDA A MUJERES QUE HICIERON HISTORIA

 


Imagen juvenil de Rose Dunn, inmortalizada por el grupo Poco en su tema

 'Rose of Cimarron'

 

Es un hecho que los hombres acaparan la mayoría de los acontecimientos que han marcado el devenir de la Historia, pero no son pocas las mujeres que dejaron huella para siempre y tienen presencia en los libros. Por ello, no extraña que el rock & roll haya dedicado grandes temas a algunas

 

Los nombres de mujer aparecen menos que los de los hombres en los manuales de Historia, cierto, pero también son abundantes las mujeres que han dejado constancia de su paso por el mundo, e incluso a veces han sido grandes protagonistas de la Historia y de la cultura popular. Así, el universo del rock & roll, como reflejo del saber del pueblo, ha convertido a algunas en objeto de grandes y señaladas composiciones.

 

Todo un icono de valentía femenina en tiempos donde tal virtud pertenecía sólo a los machos es Juana de Arco (1412-1431), un personaje con gran peso histórico en la Europa Medieval y cuyo nombre es reconocido en cualquier parte. Mística y guerrera, acaudilló ejércitos franceses en la Guerra de los Cien Años pero, como es sabido, fue quemada por hereje por los ingleses. Son varias las canciones que la tienen como personaje principal, entre ellas hay dos del mismo grupo, Orchestral Manoeuvres in the Dark, que en 1981 le dedicaron ‘Joan of Arc’ y acto seguido ‘Maid of Orlenas’ (La doncella de Orleans). Tienen las dos un aire melancólico muy típico en este dúo, identificado con el más cadencioso techno-pop. La primera ofrece un texto enigmático que habla de una “muchachita católica enamorada”, que “todo lo que tiene que hacer es decir las palabras correctas”; la segunda, que alcanzó mucho mayor éxito, también tiene una letra misteriosa y espiritual en torno al corazón de Juana y de su disposición a entregarlo todo, hasta su vida, por mantener sus convicciones. Está claro que Juana de Arco ha vencido al paso del tiempo.

 

Es obligado detenerse en las seis esposas de Enrique VIII. Sobre ellas publicó el virtuoso teclista inglés Rick Wakeman en 1973 el monumental ‘The six wives of Henry VIII’. Es sabido que la Historia considera a este rey un sátrapa que se casaba y al poco cortaba la cabeza a su esposa; sin embargo, la realidad es que ‘sólo’ cortó un par de cabezas de sus mujeres, las de Ana Bolena y Catalina Howard (aparte liquidó gente por decenas de miles). El álbum que Wakeman dedicó a esas mujeres es instrumental, cada esposa tiene su propia pieza y, según él mismo explicó, responde a sus propias percepciones acerca de cada una. El disco tiene ese barniz sinfónico y progresivo tan característico del rock de aquellos años, y es un deslumbrante despliegue de todos los instrumentos de teclado que estaban disponibles: sintetizadores, melotrón, órgano eléctrico, piano de cola y electrónico, órgano de iglesia, clave...

 

La científica Marie Curie (1867-1934) es una de las cuatro personas que han ganado dos Nobel. Los alemanes Karftwerk, cuadriculados y mecánicos, subrayaron el mérito de la descubridora de la radiactividad, Marie Curie, en su emblemática ‘Radio-Aktivität’ (1975). La atmósfera que el grupo logró en este tema causó gran impacto en aquel momento, e incluso su escueta melodía se quedó para siempre en la memoria de los que tuvieron la suerte de descubrirla en su día. Habitualmente parcos en los textos (su propuesta se basa en el protagonismo de la máquina), Kraftwerk se refiere a la señora Curie como la científica que enseñó al mundo ese fenómeno que “está en el aire para ti y para mí”. Mencionada casi de refilón, nadie necesitó nunca preguntar quién era esa asombrosa señora que murió a causa de esa ‘Radio-Aktivität’.  

 

Sólo los especialistas saben de la historia de la conocida como ‘Rose of Cimarron’, una chiquilla llamada Rose Dunn (1878-1955) que a los 15 años se integró en una banda de forajidos del viejo oeste. Rose tiraba de colt, manejaba el lazo, montaba a caballo como uno más y seguramente tomó parte en más de un tiroteo junto a un famoso pistolero, George ‘Bitter Creek’ Newcomb, de quien fue pareja. Lo curioso es que fueron los hermanos de Rosa, convertidos en caza-recompensas, los que liquidaron a Newcomb y cobraron los 5.000 $ que daban por él, vivo o muerto. Ella, que no presenció la refriega, terminó por abandonar esa vida, se casó y llegó a la vejez. Esta cinematográfica vida fue  convertida en la deliciosa canción ‘Rose of Cimarron’ por los estadounidenses Poco en 1976. Un evocador y elegante country-rock arropa las cálidas voces que transportan a los días de caminos, fogatas y soledad. Aunque no fue la única, Rose tuvo tanto coraje y arrestos como sus compinches masculinos.

 

La voz rasposa de la cantante estadounidense Kim Carnes escaló alto en las listas en 1981 con una canción, ‘Bette Davis eyes’, que recordaba a algunas de las grandes estrellas de los años dorados de Hollywood. Así, ahí aparecen históricas del cine como Jean Harlow o Greta Garbo, mujeres fatales que, junto al hechizo de los ojos de Bette Davis, “te harán rodar como un dado” y, en fin, serás un pelele en sus manos. Y es que las grandes divas del cine siempre mostraron mucho carácter y personalidad poderosa, de modo que rara vez fueron juguetes en manos de los hombres. Más bien al contrario.

 

Charlotte Corday (1768-1793) ha pasado a la Historia como la asesina de Jean Paul Marat. El bilioso, vengativo y sanguinario revolucionario, conocido como ‘El amigo del pueblo’, era un entusiasta de la guillotina en los años de la Revolución Francesa: señalaba a diario candidatos al cadalso (monárquicos o revolucionarios moderados), elaboraba listas negras, elogiaba ejecuciones en masa como la ‘Masacre de septiembre’ y, en fin, siempre exigía sangre y cabezas en sus violentísimos escritos. Charlotte tenía 25 años cuando entró con engaños en casa de Marat, quien estaba tomando un baño para aliviar sus problemas de piel. Ella le recitó una lista de diputados fugados y él (según una versión) dijo: “todos estarán ante la guillotina antes de una semana”. Sin más palabras, la joven le clavó un cuchillo en el corazón. Como era de esperar, la justiciera acabó en la guillotina. El escocés Al Stewart le escribió en 1993 ‘Charlotte Corday’, una preciosa melodía presidida por un piano en la que el cantante se refiere más al fantasma de Charlotte que a ella misma, vestida  de negro, acechando en la noche, paseando por el pasillo y buscando perdón. Sin embargo, la verdadera Charlotte nunca pidió perdón ni se arrepintió.  

 

El rock también ha rendido homenaje a mujeres protagonistas de la Historia.

 

CARLOS DEL RIEGO

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