jueves, 13 de septiembre de 2012

RISELDA BLANCO, LA ABUELA NARCOTRAFICANTE, LA MADRINA, MUERE COMO VIVIÓ: EN UNA ‘BALASERA’ También apodada ‘La viuda negra’, esta ancianita fue responsable de no menos de 250 asesinatos, incluyendo un bebé, un niño de 10 años, tres maridos…

GRISELDA, LA REINA DE LA COCA

La escena, por más trágica que fuera, no deja de tener un matiz cómico. Una mujer y su marido se pelean en el domicilio familiar, pero en el momento más caliente de la discusión no se limitan a darse puñetazos o a lanzarse platos y jarrones, sino que se enfrentan a tiros, parapetados tras el sofá y la mesa del salón. Al final, gana ella, que consigue meter tres onzas de plomo en el cuerpo del consorte, quien, eso sí, acertó a la señora con un tiro en la barriga. Así es como la colombiana Griselda Blanco acabó con uno de sus maridos.

Hace unos días, saltó la noticia a todos los medios del planeta: unos encapuchados bajaron de una moto, entraron en una carnicería donde una mujer de 69 años compraba filetes y chuletas y le descerrajaron dos tiros en la cabeza. Poco después, tal asesinato cobra sentido: “Ah, era Griselda, la madrina, la viuda negra”, se explicaban los colombianos; la mujer que había controlado el tráfico de cocaína en Estados Unidos durante años y que, además, había enseñado el camino a otros narcotraficantes (el famoso Pablo Escobar fue su discípulo aventajado) innovando en el sector de la droga, había sido abatida mediante el método de los motoristas asesinos, formato inventado por ella misma.

La historia de esta mujer es terrible, tanto que asustaría al mismísimo Tony Montana. Hija de una relación de su madre con su patrón, fue carterista, secuestradora, prostituta y asesina (mató a un niño de 10 caños cuando ella tenía poco más) antes de alcanzar la mayoría de edad. Pocos años después se casó con un especialista en la falsificación y, a su muerte (cirrosis), amplió y diversificó el negocio. Para vengarse de un hombre que había menospreciado a uno de sus hijos, ordenó su asesinato, pero los sicarios erraron el tiro y mataron a su bebé de dos años; al enterarse sólo dijo que “ahora ya estamos a la par”. A su segundo marido lo mató después de que huyera con un hijo; el hombre, descubierto, corrió, pero varios tiros le alcanzaron en la espalda.

Quienes la conocieron de cerca cuentan y no paran acerca de sus gustos y procedimientos: que gustaba de enormes orgías de sexo y droga en su casa de Miami (había que tener cuidado de no aludir a sus abundantes carnes porque rápidamente obsequiaba al bocazas con un traje de cemento), que muchos de los métodos de tráfico, contrabando y venta de cocaína utilizados en todo el mundo fueron ‘innovaciones’ de la propia Griselda, que en el año 1976 consiguió meter en Estados Unidos más de una tonelada de polvo blanco escondido en uno de los barcos que participaban en los fastos del aniversario norteamericano, que sus hijos fueron ‘baleados’ por bandas rivales, que ordenó el asesinato de dos narcos en Miami al estilo Tony Montana…

Curiosamente, como éste en la película ‘El precio del poder’, Griselda inicia su caída cuando empieza a consumir la mercancía que vende.

Detenida en 1985, se pasó 20 años en la cárcel, y no fueron más por tecnicismos legales; de todos modos, desde la trena (y gracias a la colaboración de uno de sus muchos amantes), siguió dirigiendo el negocio. De vuelta a Colombia trató de desaparecer, pero había dejado demasiados cabos sueltos, demasiados muertos, demasiados narcotraficantes y mafiosos agraviados por su ‘falta de respeto’, demasiado odio como para que todos la olvidaran. Sólo era cuestión de tiempo que dieran con ella.

Cuando estrenaron en España la mencionada película muchos se sonreían afirmando que era pura exageración, sin embargo, la vida de Griselda contiene todo lo que exhibe la peli: descuartizamientos, asesinato de familiares, venganzas violentísimas, ejecuciones de capos y pistoleros, paranoia y locura (pensó que secuestrando al hijo de John Kennedy podría chantajear a los tribunales estadounidenses), drogas y excesos… La Madrina poseía millones en joyas y otros objetos de gran valor, así como los automóviles más lujosos. No sabía conducir ni leer ni escribir. Eso sí, seguro que alguno de los fanáticos de la igualdad de género estará contento con el ascenso de Griselda: una mujer alcanzó la cima de uno de los negocios más lucrativos del mundo que, además, es absolutamente machista.  

Esta persona, auténtico compendio de la maldad humana, no podía morir de otro modo que no fuera en una ‘balasera’.

CARLOS DEL RIEGO