domingo, 23 de septiembre de 2012

LA IRA DE B.J. ARMSTRONG (EL TERCER ARMSTRONG DEL AÑO) Los cambios de programación en una entrega de premios provocaron que la actuación de Greenday fuera interrumpida a mitad de una canción, con el consiguiente enfado de su líder, otro Armstrong norteamericano.

Rabioso, el cantante agarra la cámara mientras echa en cara a productores y ejecutivos que sitúen los criterios empresariales por encima de la dignidad
de un artista

En las redes sociales frecuentadas por jóvenes y adolescentes la bronca montada por el líder del grupo estadounidense Greenday, B. J. Armstrong, durante una actuación para una entrega de premios, se convirtió en el tema principal durante muchas horas. La cosa mostró, por encima de todo, el desprecio que los productores del mundo del espectáculo pueden tener para con los artistas.

La escena (ya está el vídeo en muchos sitios) es desquiciante. Durante la entrega de los premios iHeart Radio Festival en la ciudad de Las Vegas, Greenday estaban en plena actuación, con su sonido estrepitoso y efervescente (se trata, dicho sea de paso, de una de las mejores bandas de rock de los últimos años, con un eficacísimo estilo entre Ramones y The Clash) y con la vehemencia que su cantante, compositor y guitarrista, Billie Joe Armstrong, suele verter cuando está en el escenario. Pues a mitad de una canción (una nueva), los productores del programa del evento no tienen otra ocurrencia que avisarle de que sólo le queda un minuto para desenchufar la guitarra y largarse…, y ello a pesar de que aun le quedaban otros veinte minutos, según estaba pactado entre la organización y el grupo. Al parecer, los diseñadores del festival pensaron que había que recortar el tiempo establecido para Greenday con el fin de alargar las actuaciones de otros artistas (Usher y Rhianna, ¡uf!), y no se les ocurrió mejor momento que a mitad de un estreno para darle el aviso, para decirle que aligerara y dejara el escenario libre. Lógicamente, Armstrong, un tipo de fuerte carácter y personalidad desbordante (al igual que los otros dos Armstrong que son noticia en 2012) se puso hecho una auténtica furia. Empezó a despotricar contra aquellos que le habían concedido un j***** minuto: “Estoy trabajando desde 1988 para que ahora me concedáis un j***** minuto (…), yo no soy el j**** Justin Bieber” (éste no estaba allí de casualidad). Tras lanzar un discurso con abundantes tacos, Armstrong la emprendió con su guitarra, que rompió en el escenario y lanzó una parte al público, luego se largó. Usher y Rhianna alargaron sus conciertos lo que quisieron.

La reacción de Armstrong fue desproporcionada, sobre todo cuando rompió la guitarra (cosa que imitó su colega Dirnt), pero el insulto que supone que te digan “¡en un minuto largo de ahí!” cuando te falta la mitad de tu concierto debe resultar insoportable; los agravantes son muchos: el tiempo acordado por la organización (que fue quien acudió al grupo ofreciéndole este evento) no había llegado ni a la mitad, se le comunica tal cosa mientras está presentando un título nuevo, o sea, ¡se interrumpe la actuación de un artista para decirle que abrevie!, se le menosprecia al quitarle minutos para dárselos a artistas con menor producción, menos discos y conciertos, inferior trayectoria y, seguro, menor pervivencia. Imagínese que se hace tal cosa con viejos cascarrabias como Van Morrison, Neil Young o Bob Dylan, con Rolling Stones o con los Guns & Roses en sus buenos tiempos…, más de uno hubiera “tirado de pipa” (sacado la pistola).

Pero ¿por qué harían tal cosa quienes diseñaron el programa de esta especie de romería de la patata tempranera a la que tan aficionadas son las televisiones? Casi seguro que por indicación de los especialistas en marketing y manipulación de masas, por esos ejecutivos que traicionarían a su madre por conseguir un punto más en el índice de audiencia, por esos productores esclavizados por las (siempre mentirosas) cifras de espectadores que dan las empresas dedicadas a manejar ese embuste que es el ‘share’. Y es que en este mundo donde la imagen lo es todo (pues es la que vende, la que convence al comprador), el arma principal es la manipulación. Esto, el uso perverso de las técnicas de propaganda, es uno de los problemas actuales de la sociedad occidental, un mal que afecta a la economía, los modos de pensamiento, la política…

Iracundo y saliéndose del tiesto al romper la guitarra, pero al menos Armstrong (nombre protagonista del año) les afeó su conducta en público y, seguro, alguno de esos mequetrefes tendrá que dar muchas explicaciones.    
  
CARLOS DEL RIEGO