jueves, 27 de septiembre de 2012

¿ES POSIBLE LA CONVIVENCIA PACÍFICA ENTRE OCCIDENTE Y EL MUNDO MUSULMÁN? Por una u otra razón, las diversas sociedades musulmanas entran periódicamente en conflicto con Europa y Estados Unidos, de modo que basta una imagen o una palabra para que se produzca el enfado y llegue la violencia

Esta demostración de retraso y ausencia de Derechos Humanos agranda el desencuentro entre el mundo islámico y el occidental.
El delito de estos iraníes fue ser homosexuales

El vídeo sobre el profeta Mahoma y sus caricaturas en revistas francesas, danesas, españolas (sin gracia y con ganas de provocar) no han hecho sino atizar el odio del mundo musulmán (compuesto por numerosas sociedades culturalmente diferentes, pero con ese nexo religioso) a Estados Unidos en particular y a Occidente en general; son sentimientos que se repiten cíclicamente y que suelen estar agitados y manipulados por los dirigentes políticos y religiosos con una u otra razón. Y en ese sentido, destacados líderes musulmanes asentados en Europa (entre ellos el futbolista Frederic Kanuté) propagan la idea de que occidente y el mundo musulmán no han aprendido a convivir, que no se entienden, que deben ser más tolerantes… 

Pero se trata de un problema demasiado profundo y, por tanto, difícil de solucionar (si es que un día hubiera ganas). Es cierto que ambos mundos no saben convivir, y la principal causa de ese aparentemente imposible entendimiento es la diferencia de valores que existen entre los dos modelos de sociedad. Así la diferencia de derechos, pues la mujer y la niña están totalmente subyugadas (salvo las de familia adinerada), carecen de auténtica libertad y en general son poco más que esclavas o animales, mientras que en Occidente las mujeres (al menos en teoría) tienen exactamente los mismos derechos que los hombres. Aquí existe libertad de expresión total, pues ante una burla no hay nada que hacer, y si se trata de una injuria se recurre a la denuncia, no al Kalashnikov; sin embargo, en países musulmanes no hay tal libertad, pues ofensas contra la religión están castigadas con la muerte, y si hay chanza desde Europa o EE.UU. se desata el vendaval; eso sí, no hay por qué estar continuamente ofendiendo, buscando la provocación, molestando y burlándose de las creencias de otros para vender más, para hacerse notar o para ocultar falta de ideas y mediocridad. En Europa y el resto del mundo occidental existe la libertad religiosa y de pensamiento, mientras que en los países mahometanos no sólo no se puede construir una iglesia, sino que quienes no profesan la religión oficial son perseguidos a veces hasta la muerte; además, también se puede recordar la demolición de las estatuas de Buda o que, en realidad, el infiel es visto por gran parte de la comunidad musulmana como algo inferior cuya muerte tiene menos castigo o incluso premio en el más allá.  

También las diferencias en la estructura de la sociedad han ayudado a aumentar la distancia y la desconfianza, sobre todo el hecho de que los países islámicos son teocráticos, la religión está en su entramado legal, las creencias dirigen el día a día del funcionamiento del país, de las familias, de la justicia…; tal cosa desapareció de las democracias occidentales hace mucho ¡Y qué decir de la evolución del pensamiento!; es en Europa donde surge la Ilustración, los Derechos Humanos y la Democracia con sus exigencias (igualdad, separación de poderes…), mientras que en el entorno musulmán no sólo no se asimila ni admite un avance de la importancia de los Derechos Humanos, sino que, visto con frialdad, la mentalidad y el pensamiento islámicos no han experimentado ningún avance en los últimos cinco siglos.

Cierto que hay muchos islamitas moderados, pero ninguno se atreve a condenar la violencia de sus correligionarios, ninguno da un paso al frente y pide libertad religiosa en aquel mundo, ninguno exige igualdad de trato para la mujer, ninguno reivindica separación de estado e iglesia…
Este alejamiento tiene como raíz la distinta concepción del mundo, de la persona y la convivencia que tuvieron las figuras básicas de unos y otros, Mahoma y Jesucristo. El primero utilizó la violencia (hecho que no hay que mirar con ojos y mentalidad de hoy, pues los muchos siglos que han pasado impiden juzgar o valorar correctamente), mientras que el segundo mostró su total oposición a la violencia (lo de poner la otra mejilla, lo de perdonar setenta veces siete, lo de no matarás, lo de amar al enemigo…); de este modo, el pensamiento musulmán admite el recurso a la violencia e incluso lo anima (la yihad o guerra santa), cosa en la que, por cierto, coincide con la mentalidad judía; por su parte, el sentir de la cultura de origen greco-romana y/o judeo-cristiana rechaza el uso de la violencia…, al menos en el plano teórico y, desde luego, no se vierte sangre por motivo religioso desde hace mucho, aunque los estados (o sea, los políticos) han encontrado otros pretextos para la guerra.

La desconfianza hacia las culturas musulmanas e incluso el racismo, la generalización o la criminalización de todo lo sarraceno son algunos de los motivos que han ayudado enormemente al crecimiento desmesurado de la distancia entre el Islam y Occidente. Tiene que cambiar la mentalidad, el concepto de convivencia, la forma de pensar, tanto allí como aquí, aunque allí tienen mucho más camino que recorrer.

CARLOS DEL RIEGO