miércoles, 26 de septiembre de 2012

ROMNEY, ASPIRANTE A PRESIDENTE DE EE.UU., QUIERE QUE LAS VENTANILLAS DE LOS AVIONES SE PUEDAN ABRIR La supina simpleza del candidato enlaza con la de otros políticos de renombre, y demuestra que personas anodinas y mediocres pueden llegar a la cumbre del poder

El político estadounidense Mitt Romney pidió que se pudieran abrir las ventanillas de los aviones..., después pedirá lo mismo en los submarinos.

¿Cómo es posible que alguien que ha viajado incontables veces en avión pueda tener esta ocurrencia y, lo que es peor, decirlo en público sin avergonzarse? La respuesta es fácil, se trata de alguien con luces más bien escasas, de alguien que no es que tenga más o menos cultura, sino que su limitación intelectual le lleva a soltar lo primero que se le pasa por la cabeza sin dedicar medio segundo a pensar. Y entonces, al decir en voz alta cualquier disparate, cae en el ridículo, pues sólo un badulaque puede exigir que se puedan abrir las ventanillas de los aviones; todo el mundo sabe (sobre todo si se ha volado) que a partir de 3.000 metros de altura la diferencia de presión es tremenda, la temperatura cae drásticamente y los niveles de oxígeno hacen el aire irrespirable. Sin embargo, el candidato del partido conservador de Estados Unidos, Mitt Romney, se quejó de que no se pudieran bajar las ventanillas al haberse producido una gran humareda dentro del avión… Días después quiso arreglarlo alegando que estaba de broma, pero una broma de ese tipo se tiene por tal desde el primer momento, es decir, no hay que explicar a posteriori que se hablaba en tono de chanza.

Esta muestra de sesera escasa y ociosa se ha visto en numerosas ocasiones en puestos de altísima responsabilidad. Por citar sólo un par de ellos, los casos de Bush (hijo) y Zapatero. Siendo presidente y ante una auténtica plaga de incendios forestales que estaba sufriendo su país, Bush tuvo para combatir el problema una idea luminosa: talar los bosques y de este modo terminar con los incendios. Genial. Por su parte, el ex presidente español dio muestras en innumerables ocasiones de que la inteligencia no es una de sus virtudes. Como cuando repartió dinero entre toda la población creyendo que así solucionaría algo; como cuando no se levantó al paso de la bandera de Estados Unidos (siendo presidente) pensando que así estaba reprendiendo a su homólogo…, sin caer en la cuenta de que lo que consiguió fue ofender a todos los compatriotas de Bush, lo que le votaban y los que no. El caso de Zapatero viene de lejos; en su ciudad, León, cuando el ex presidente tendría en torno a 15 años iba a jugar a las cartas a un bar llamado ‘Submarino’ (era largo y estrecho), ya allí un día le pillaron intentando hacer trampas, así que lo echaron con cajas destempladas e insultos; pero, demostrando que ya le faltaba un hervor, al día siguiente volvió al bar con intención de jugar, con sonrisa despreocupada y como si nada hubiera ocurrido…, lógicamente no se lo permitieron (no son pocos los que recuerdan este hecho).

Más allá del aspecto risible de las ocurrencias y simplezas de estos tres políticos, la cosa deja de tener gracia si se tiene en cuenta el poder que alcanzaron dos de ellos y el que puede obtener el tercero. Este es uno de los grandes inconvenientes de la política de partidos, que pueden nombrar candidato a auténticos tuercebotas, a personajes sin el más mínimo mérito o virtud, a militantes saturados de ideología pero carentes de sentido común, sensatez…, hasta de astucia. Y muchas veces, estos que no harían un buen conserje alcanzan la cumbre del poder, con el consiguiente peligro, pues alguien  perverso y artero calcula antes de obrar, mientras que el torpe al que le falta un hervor actúa sin haber dedicado un segundo a pensar.

“Cráneo previlegiado”, como dice Valle Inclán en ‘Luces de Bohemia’.
    
CARLOS DEL RIEGO