sábado, 15 de septiembre de 2012

HUÉRFANOS DE NACIMIENTO: BEBÉS CONCEBIDOS SIN PADRES Un libro publicado en Inglaterra afirma que estamos a punto de poder desligar sexo de fecundación, pero el trasfondo del asunto es que se investiga para obtener personas sin la presencia de padres

Si todo se fabrica en un laboratorio lo que se obtiene son manufacturas,
cosas con destino predeterminado.

El libro, escrito por la británica Aarathi Prasad con el título de ‘Como la virgen’, ha levantado una gran polémica en Inglaterra. En él se dice que muy pronto no será necesario nada parecido al sexo cuando se quiera obtener un bebé (cosa que ya se produce). Por un lado se explica que ya se están investigando los códigos para que los óvulos se conviertan en embriones sin necesidad del aporte de espermatozoides; y por otro, se estudia cómo conseguir células reproductoras masculina y femenina a partir de células madre; y con la misma base se trabaja para fabricar úteros o cromosomas artificiales con los que obtener un embrión. Todo esto, que de momento sigue en el plano teórico, persigue en realidad la consecución de individuos pseudo humanos sin la presencia de padre y madre.

Si esas hipótesis científicas (moralmente discutibles) llegan al éxito en la práctica, darían pie a numerosas cuestiones éticas. Para empezar, lo que se estaría haciendo es ‘cosificar’ a la persona, pues será fabricada como una cosa; posteriormente, se tendrían individuos sin padres (ni hermanos, abuelos, primos, tíos…), es decir, el niño viviría sin conocer los afectos que se desarrollan dentro de la familia, tendría compañeros similares y educadores que, en el mejor de los casos, le darían instrucción fría y materialista, y ‘sólo’ le hurtarían el sentimiento de tener y pertenecer a una  familia (último refugio de la persona). Así, quienes movieran los hilos tendrían vía libre para hacer lo que quisieran con esas manufacturas, o sea, podrían confeccionarlas y conducirlas según necesidades y conveniencias, ya que las manipularían a su antojo desde el primer momento y siempre pensando en los fines deseados. 

Pero claro, al carecer de familia, todas esas ‘cosas’ entenderían el mundo y la existencia de forma totalmente distinta a la que viene demostrando su perfección y eficacia desde hace millones de años, pues no hay que olvidar que la persona (lógicamente hay excepciones y extremos) va desarrollándose física, psicológica, intelectualmente desde un núcleo muy cercano, desde ese grupo reducido que forman padres y hermanos y que va agrandándose con familiares más alejados. En ese hipotético e indeseable caso de la fabricación de individuos nadie será responsabilidad de nadie, nadie tendrá obligaciones ni vínculos ni afectos, porque eso no se enseña con teoría, sino que se va interiorizando desde la primera respiración y con el roce diario (aunque seguro que se idearían sucedáneos).

Con un sistema de cosecha de cosas parecidas a personas, lo que se lograría sería algo muy parecido a las hormigas, todas hijas de la misma madre, todas pensando de modo idéntico, respondiendo coordinadamente a los estímulos, desarrollando toda la vida como un solo organismo, sin pensar, sólo dejándose llevar por la programación insertada en el laboratorio.

Si tal escenario llegara un día, el hombre (excepto la minoría que controla todo el proceso) perdería su individualismo, su identidad única, su libertad de decisión, su humanidad. Pero por mucho que pueda sorprender, habrá (hay) mucha gente que, partiendo de un materialismo calculador, absoluto y excluyente, no vería con malos ojos esa pérdida de identidad, personalidad y otras capacidades individuales si a cambio se alcanza la igualdad total. Y todo eso sin detenerse en otras cuestiones (fabricación a la carta o como reserva de órganos y tejidos, destrucción de defectuosos, métodos para acelerar el crecimiento, tiempo de vida predeterminado) y consecuencias.

Da escalofríos pensar (como ya pensaron algunos escritores) en una situación así.

CARLOS DEL RIEGO