martes, 25 de septiembre de 2012

ANNA TARRÉS, EX ENTRENADORA DE SINCRONIZADA, PENSÓ QUE EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS Insultos y vejaciones suficientes para acudir al juzgado de guardia fueron métodos utilizados por la entrenadora, a quien denuncian ahora sus pupilas

Si todo lo dicho es cierto, Tarrés traspasó la línea que separa la palabrota motivadora de la injuria

La ‘acusada’ no ha explicado su versión de los hechos, pero la cosa parece que viene de lejos. La ex entrenadora del equipo español de natación sincronizada, Ana Tarrés, ha sido descrita por sus pupilas ¡y por ella misma! como dictadora. Pero aunque aún no se haya defendido, son muchos los testimonios, muchas las chicas que han elevado la voz como para pensar en un contubernio, en una confabulación de las nadadoras contra la exitosa preparadora. Es difícil admitir que todas mientan, que se hayan inventado todos los hechos que denuncian, que muchas de las que ya no están (y por tanto nada tienen que ganar o perder) hablen ahora, y por ello, es lógico que también sean ciertas las antiguas denuncias contra la entrenadora y, del mismo modo, que se lleven años hablando de los métodos de Tarrés. Pero como los resultados eran indiscutibles, se prefirió pensar que las niñas exageraban cuando hablaban de acoso, insultos, vejaciones y humillaciones, hostilidad y, en fin, auténticos malos tratos.

“No te la mereces” dijo a una de las ondinas españolas mientras le arrancaba su medalla casi sin haber descendido del podio en Pekín 2008. “No, trágatelo” aseguran que ordenó a una de las chicas que pedía permiso para salir de la piscina para vomitar. Y lo peor de todo lo que han contado quienes estuvieron a sus órdenes: “No te hagas la estrecha, que te has tirado a todo lo que se mueve”, afirman que le dijo a una nadadora de 14 años que no conseguía lo que ella exigía. Esta última imprecación muestra una desvergüenza y una infamia que bien pudieran ser objeto de denuncia y, además, evidencia una concepción fascistoide y totalitaria del poder; no en vano las sirenas también ponen en su boca la confesión: “Esto es una dictadura y yo soy la dictadora”, aseguran que gustaba proclamar. Aunque algunas de las nadadoras defendieron a la ya ex instructora, ninguna desmintió los insultos y menosprecios, lo que indica lo cierto y cotidiano de los mismos. Hay que tener en cuenta el contexto, pero con trato brutal no existe disculpa.   

Evidentemente, Tarrés se convenció de que vale todo para ganar, de que el fin justifica los medios, de que para lograr el objetivo es lícito pasar por encima de lo que sea y de quien sea, creyó que el triunfo valía más que de los derechos de la persona…, en definitiva, se acercó al fanatismo. Cierto que el entrenador está sometido a fuertes presiones y, por su parte, exige hasta el dolor al deportista, cierto que a veces le grita e incluso llega al menosprecio, cierto que a veces parece que trata al discípulo peor que si fuera un caballo de carreras, pero todo tiene un límite, todo en este mundo es cuestión de medidas, y vejar a una niña de 14 años con esas insinuaciones bien merece la repulsa y el desprecio, si no una denuncia. Y la señora en cuestión (si todo se confirma) cruzó la raya que separa el adiestramiento exigente de la simple tiranía.

¿Cómo aguantaron las chicas?, porque con 14 ó 16 años es difícil atreverse con el maestro, porque poco a poco se va uno acostumbrando y llega un momento en que ya se ve como algo normal, porque se construye una coraza, porque se piensa en el posterior beneficio, porque si hablas te vas…

También habría que preguntarse si quien estaba por encima de Tarrés, un presidente de federación, sabía todo lo que estaba pasando y lo dejó correr pensando sólo en los resultados… En este caso también el directivo tiene culpa.

Como se ha demostrado, no hace falta recurrir al insulto y la mala educación, al ultraje y la blasfemia, a la humillación pública para obtener éxitos en el deporte; así lo demuestran entrenadores como Vicente del Bosque, que seguro que también exige lo suyo, pero parece impensable que trate a algún jugador como Tarrés a las niñas. Sin embargo, seguro que ésta no es la única en recurrir a esos métodos, seguro que en deportes en los que a los chavales se les exige como a profesionales resultan habituales situaciones como la presente; aterra pensar en lo que habrá pasado y seguirá pasando en los gimnasios donde se entrenan futuros campeones. No hay que olvidar que quien entrena a adolescentes y niños tiene una posición de dominio total, sobre todo en entornos aislados (una piscina), y quien necesita manifestar su superioridad se dejará llevar por la ira y llegará al insulto e incluso la agresión: “Eres una mierda”, le dijo a una de las chicas. Claro que no haría lo mismo ante un profesional de 25 años.

CARLOS DEL RIEGO