martes, 4 de septiembre de 2012

LA SENCILLA SOLUCIÓN A LA CRISIS: GASTAR MENOS La crisis lleva a los gobiernos de España a tomar decisiones equivocadas, sobre todo la que se refiere al aumento de impuestos, cuando la solución (o al menos una parte) está sencillamente en gastar menos

Son 266 senadores y cobran 6.000 al mes, más ordenador, móvil y otros artilugios, dietas para taxi, viajes, comidas y demás complementos. Y todo a cambio de nada.

El problema económico de España (y sin duda de la mayoría de los países, puesto que todos los gobiernos se parecen, ya que no hay nada que se parezca más a un político que otro político, independientemente de sus ideas) no se resuelve aumentando los impuestos, exprimiendo todo lo posible a la clase media, que es la que siempre corre con todos los gastos, sino simplemente gastando menos; es decir, si el ingreso es insuficiente, lo lógico es gastar menos. Sería como, por ejemplo, si un comerciante gasta cinco pero sólo ingresa cuatro, lo que debe hacer es gastar tres, no subir los precios para mantener el ingreso y así seguir gastando, puesto que los precios altos terminarán por ahuyentar al cliente y caerán en picado las ventas.

De esto se puede deducir que, o el gobierno está totalmente equivocado al aumentar impuestos, o es que no quiere, o no se atreve a resolver realmente el problema; en pocas palabras, si se quieren cuadrar las cuentas, lo que hay que hacer es evitar los gastos inútiles, los ostentosos, los otorgados en función de simpatías o afinidades ideológicas, los fraudulentos… El problema es que quieren cuadrar las cuentas sin evitar esos gastos colosales, y si no evitan esos gastos es porque no se atreven, porque no tienen el coraje suficiente para acometer las reformas necesarias para corregir la actual situación.

Ciertamente los ciudadanos tienen muy claro qué suprimir para evitar que el dinero se evapore tan fácil y abundantemente, y lógicamente los que pueden tomar decisiones también, pero no se atreven, tienen vértigo, se asustan ante la adopción de medidas de choque, tienen tal pavor a dar un paso tan decisivo que ni siquiera se lo plantean.
Así, lo del Senado es ya un auténtico escándalo, pues requiere unas cantidades que nada tienen que ver con lo que a cambio ofrecen la institución y los senadores, del mismo modo las subvenciones a partidos políticos y sindicatos y, como catarsis reformista, la supresión de las comunidades autónomas (excepto tres); estas tres decisiones son reclamadas por más y más ciudadanos, y cada vez más alto. Sin la menor duda, el beneficio para la economía del país sería inmediato y duradero.

Pero claro, si se acabara con el senado, si dejara de regalar a partidos y sindicatos, si se desarman las autonomías y otras instituciones prácticamente inútiles pero tremendamente onerosas (los consejos del reino, los procuradores del común, los consejos de cuentas…), los políticos se quedarían sin puestos a los que enviar a los que han servido al partido o a los que ya están quemados para la actividad política, se quedarían sin destino-canonjía para una plácida retirada. Por eso, los que tienen poder para decidir jamás iniciarán el camino que lleve al adelgazamiento de la estructura del estado; unos por interés y otros porque carecen de la valentía suficiente, el caso es que ninguno de los que actualmente están tiene lo que hay que tener para agarrar el toro por los cuernos. Ojalá la cosa no sea tan cierta y un día llegue alguien con dos razones...

Además, el actual gobierno mintió descaradamente, puesto que al llegar al poder hizo lo contrario que había dicho cuando aspiraba al mismo; pero esto es lo normal en el político, de modo que posturas y mentiras como esta (siendo indignantes) ya casi no afectan por la inevitable repetición, porque ya nadie espera otra cosa de quien quiere mandar.

En fin, lo que tiene que hacer el gobierno, y la administración en general, es gastar menos en sí misma, y hasta que el gasto generado por los políticos no disminuya de modo drástico, iremos arrastrando deudas, aumentando el paro y obligando al ciudadano a pagar impuestos desbocados. Pero no hay voluntad y sí cobardía, no hay político o gobierno con grandeza suficiente para ver las cosas como las ve el que paga, así que la solución sencilla y beneficiosa para la mayoría tendrá que esperar.

CARLOS DEL RIEGO