sábado, 17 de noviembre de 2012

TENIS, DEPORTE DE CABEZA Si hay modalidad deportiva donde importa más el pensamiento que la fuerza, es el tenis, actividad con infinitas posibilidades y con antecedentes que se pierden en la Historia

El 'jeu de paume', que se practicaba en toda Europa pero sobre todo en Francia, es el antecedente directo del tenis.

Lo dicen todos los que juegan y compiten sea cual sea su nivel, desde el profesional hasta el jugador de club: el tenis es el deporte más psicológico, el que exige más a la cabeza que al resto del cuerpo, el que da más triunfos si se manejan mejor los pensamientos y las emociones, si se gestionan mejor las dudas y los ánimos, la confianza y el miedo a la derrota, la presión y las ganas. Cierto que hay otras especialidades que también exigen grandes esfuerzos mentales, pero ninguna obliga a que desde el primer al último punto el jugador esté completamente solo; por eso existe la regla de que el entrenador (o cualquiera) no puede indicarle correcciones, orientaciones, consejos o cualquier tipo de  pauta técnica, pues está terminantemente prohibido; y por eso el tenis es distinto a todas las demás modalidades deportivas, el tenista está absolutamente solo de principio a fin del encuentro (excepto en Copa Davis), lo que significa una exigencia mental tremenda, llevando al jugador a un cansancio extra. Por eso, hay tenistas que, sin tener el juego más técnico o potente, consiguen el éxito gracias a la solidez mental, a su predisposición siempre optimista, a un espíritu ganador que lucha sin temor…, y así, hay muchos campeones de la raqueta a los que primero hay que derrotar mentalmente y luego en el tanteador. Esa absoluta soledad, ese continua cavilación y lucha consigo mismo hacen del tenis el juego más cerebral. Y por eso hay tenistas que no desmayan jamás, que siempre tienen actitud positiva. El triunfo está en la mollera, sólo hay que encontrar el lugar donde se esconde.

Walter C. Wingfield es considerado
 como el inventor del tenis, aunque él lo llamó 'sphairistike'
Por otro lado, se puede llegar a la victoria por muchos caminos, utilizando muy diversas tácticas y estrategias, cosa que comparte el tenis con casi todos los deportes. De este modo, no se explica cómo hay aficionados que menosprecian (algunos incluso insultan) a jugadores como Nadal, al que tachan de pasabolas; o sea, parecen exigir que todos jueguen con la misma técnica, que todos sean virtuosos técnicos, peguen con potencia brutal siempre o saquen invariablemente a 200 por hora; o sea, hay quien quiere que todos jueguen igual. Sin embargo, cada uno sale a la pista con lo que sabe, con lo que puede y con lo que le permite el contrario, y eso es lo bonito del tenis y del deporte en general, que unos usan unos métodos técnicos y otros los contrario, que se puede ganar con cualquier tipo de juego.

Otra característica del juego del ‘lown tennis’ (nombre original) es que un detalle, un punto, una fácil que se falla o una imposible que se gana pueden producir (de hecho así sucede muy a menudo) un cambio radical de tendencia, de modo que uno pasa de la euforia y la confianza a la duda y la inseguridad, mientras su rival se traslada de la sensación de derrota a la esperanza, aquel rumiará y rememorará aquel momento decisivo durante un rato, éste olvidará instantáneamente todo lo malo que ha hecho hasta ese momento. 

Y es que la cantidad de pensamientos que asaltan al jugador a lo largo de los puntos, juegos y sets es casi infinita. Así, a veces parece que el rival adivina tus intenciones, mientras otras eres tú el que pareces atraer la bola, unas veces no aciertas nunca y otras vas siempre al lado bueno y tienes la impresión de que es imposible el fallo; y en no pocas ocasiones el jugador no entiende lo que está pasando y es incapaz de enderezar el rumbo ya que, hay que recordar, no tiene a nadie que le pueda explicar, aconsejar, dirigir.

En el tenis (como casi todas las cosas que afectan al individuo) todo está en la cabeza, no en los músculos. Y así debió ser desde el principio. Juegos de pelota ha habido desde hace milenios, como demuestran los historiadores romanos. Desde entonces, en los diversos textos históricos aparecen juegos de pelota. Incluso Calderón de la Barca escribió ‘Farsa famosa del juego de pelota’ en el que se produce este diálogo “…- Quince pierde (dice un jugador).- Con cuarenta y chanza, luego troquemos (dice el otro; chanza o chaca, es saque).- Oh!, si esta mudanza hiciera que yo mejorase el juego” (responde el primero quejándose de lo mal que está jugado). Pero desde el siglo XVI (incluso desde el XIII hay noticias de su práctica) se populariza en toda Europa el ‘jeu de paume’, el juego de palma, que en realidad se jugaba con raqueta (tan popular era que uno de los episodios emblemáticos de la Revolución Francesa se produce en un recinto específico para este juego); ya se contaba como ahora y los tantos los marcaba el público, pues no había jueces, y además estaba prohibido enfadarse. Pero es a finales del siglo XIX cuando el mayor británico Water C Wingfield (descendiente directo de uno de los primeros ingleses que se apasionaron por este ejercicio) pone las primeras reglas, pensando sobre todo en una actividad para practicar sobre hierba; era el año 1874 y lo llamó ‘sphairistike’. Pero inmediatamente se prefirió usar la voz francesa ‘tenetz’, que señalaba al jugador al saque; como en Inglaterra el mayor Wingfield sacó el juego de la cancha cerrada al césped (‘lawn’ en inglés), no extrañará que en junio de 1877 apareciera en un diario londinense la noticia de que “El Club All England de croquet y lawntennis de Wimbledon organiza un torneo…”. 

   
CARLOS DEl RIEGO