lunes, 12 de noviembre de 2012

LA TERRIBLE Y SEMI OLVIDADA TRAGEDIA DE LOS INMIGRANTES DE PATERA Los muchos y enormes problemas que afectan a gran parte de la población ha provocado el olvido de quienes llegan en barca de remo convencidos de que su vida va a mejorar, pero que en muchísimos casos dejan su vida en el mar

Jóvenes, dispuestos a todo, valientes y decididos, inteligentes y con ganas de trabajar, pero abandonan su tierra y, aterrorizados arriesgan su vida.

Las terribles consecuencias de la crisis, el asunto de los nacionalistas, los millones de parados, los políticos, los bancos, las huelgas y manifestaciones…, llevan lejos de las primeras páginas las tragedias de las pateras y los naufragios, las desapariciones en el mar y los inmigrantes que, muertos o medio muertos, llegan a esta ribera del Mediterráneo; se producen día sí día también y son, a todas luces, algo intolerable por más que cada vez ocupen menos espacio en los informativos. Y es que hay que ponerse en situación. Piénsese en los chicos y chicas (a veces con niño en su vientre o sus brazos) que sacan dinero de donde sea para comprar su ‘pasaje’ en un bote ínfimo y frágil que hace agua por todas partes, cuyo ‘capitán’ está dispuesto a lo que sea con tal de salvar el pellejo, de modo que si tiene que echar ‘la carga’ al mar no lo dudará; irán ateridos de frío, hambrientos, apretujados, aterrorizados en la oscuridad y ante su incierto futuro. Han dejado su casa empujados por la necesidad y, en el mejor de los casos, llegan a tierra desconocida en la que, lejos de lo que les han dicho, irán directos a las calles.

El problema de la inmigración (de esta emigración) es una auténtica catástrofe tanto para el individuo como para su país de origen, puesto que quienes se atreven a emprender tan arriesgada aventura son los más decididos, jóvenes, inteligentes y capaces de encontrar dinero con que pagar el viaje hasta debajo las piedras, emprendedores, dispuestos a trabajar duro en lo que sea…, es decir, el país que emite emigración está viendo marchar a su máximo valor, a su más preciado recurso, que no es otro que su juventud, y dentro de ésta, a los que más podían hacer por su tierra…, si tuvieran oportunidad de hacerlo. De este modo, esos países pueden llegar a perder generaciones enteras, quedándose apenas con los viejos, los niños, enfermos y discapacitados; y eso sin contar que si las tierras no se cultivan y cuidan, si los pueblos van quedando abandonados, el desierto y la erosión irremediable se irá haciendo cargo de más y más territorios. Esto también es una gran tragedia.

Y por otro lado, si las cosas le salen bien al inmigrante y alcanza una vida ordenada y estable, tratará de volver, aunque sea temporalmente, para hacer algo por su pueblo, pero sus hijos, crecidos en la sociedad de consumo, no querrán regresar ni de visita a las desoladas aldeas de sus padres, donde no hay wi-fi.
Entonces, ¿qué se puede hacer para evitar esa indeseable emigración? Lejos de enviar dinero, comida, medicinas…, y poner más y más parches, lo lógico sería conseguir que desapareciera el impulso de emigrar para buscar una vida mejor, pues nadie abandona su tierra por gusto. Pero ¿cómo? Lo primero tiene que haber una voluntad poderosa y decidida, luego ganas de trabajar y, evidentemente, ideas. Por ejemplo, podría proponerse a las cien empresas más poderosas del mundo que construyan otras tantas grandes infraestructuras en los países más pobres y necesitados; lo harían sin coste para el país y a cambio de importantes exenciones fiscales (más barato que enviar dinero cuando se producen las catástrofes), pudiendo aprovechar el tirón publicitario que tan generoso gesto conllevaría (las empresas que se negaran quedaría públicamente señaladas en todo el mundo). La construcción sería al margen de gobiernos y políticos (para que la cosa no degenerara ni menudearan los sobornos y fraudes o algunos quisieran apuntarse tantos), de forma que estos sólo se encargarían de aspectos como la seguridad y de que las empresas tuvieran todas las facilidades. Así, se construirían vías de transporte (carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos), servicios básicos (hospitales, escuelas…), se potenciarían bienes y servicios propios de cada país o territorio, se harían fábricas y factorías según los productos autóctonos, se ordenarían y pondrían en valor atractivos característicos de cada lugar…, y claro, se contrataría sólo mano de obra nativa, que también se iría formando hasta que un día quedaran sólo los autóctonos para hacer funcionar todo lo construido. La cosa no sería tan simple y habría que superar infinidad de obstáculos y sería un proyecto a largo plazo, pero sin duda daría resultado.

Es sólo una idea, pero cualquier cosa antes que ver los cadáveres de los muchachos ahogados o las caras de terror de los ateridos supervivientes.

CARLOS DEL RIEGO