sábado, 3 de noviembre de 2012

ALGUNAS INCORRECCIONES POLÍTICAS Ciertos colectivos se preocupan, por un lado, de marcar a voces su diferencia, pero a la vez exigen que no se preste atención a su particularidad y se les mire como a los demás. No se puede sacar un córner y rematarlo

Por un lado señalan, exaltan y proclaman su diferencia, y por otro reclaman que se les vea como a los demás

La federación holandesa de fútbol ha difundido un vídeo animando a los jugadores homosexuales a ‘salir del armario’. La cosa no deja de resultar chocante, puesto que uno no acaba de explicarse la necesidad que tienen los homosexuales de exponer al conocimiento público algo tan personal, tan íntimo como es la orientación sexual, salvo que se haga por algún fin concreto. Es decir, seguro que hay mucha gente a la que le sobra esa información, del mismo modo que a todo el mundo le sobra la descripción de su rutina a la hora de cepillarse los dientes o la que se refiere a la textura de sus deposiciones. Uno puede preguntar, ante la revelación de semejante noticia, “¿y a mí qué me importan sus actividades de alcoba?, ¿por qué tiene tanto interés en proclamar a los cuatro vientos sus preferencias amatorias? Tal vez se deba a un intento de destacar, de hacerse notar, de subrayar una diferencia. Por contra, es curioso que en muchas ocasiones los gays piden que la gente no atienda a ese detalle, sino que se les vea simplemente como a personas, con sus virtudes y debilidades, nada más; pero esta idea también se contradice con la que se transmite con la celebración de eventos cien por cien homo, como los desfiles del orgullo gay, las fiestas para chicos o las discotecas especializadas en ellos… Y eso por no hablar de la contradicción flagrante que supone que, por un lado, ‘salgan del armario’ públicamente, subrayando su predilección y desigualdad, y por otro se molestan cuando el castizo se dirige a ellos utilizando términos que tal cosa señalan, como ‘mariquita’ o ‘bujarrón’. Afortunadamente, como en todas partes, ambientes o colectivos, hay de todo.  
         
Más políticamente incorrecto es cuestionar algunos privilegios que tienen los discapacitados. Así sus plazas exclusivas de aparcamiento o los puestos de trabajo que les han de reservar las empresas. Durante los pasados Juegos Olímpicos de Londres 2012, los deportistas paralímpicos (que se merecen tanta admiración y respeto como el resto de deportistas) pidieron en numerosas ocasiones, a través de los medios de comunicación, que se les mirara como competidores sin más y no como atletas con minusvalías, que se apreciara su esfuerzo y competitividad y que no se les contemplara con conmiseración. O sea, reclaman por un lado que se les trate como a cualquier ciudadano, pero por otro exigen privilegios en función de su particularidad física. Eso es jugar con dos barajas, eso es pretender la burra y los treinta reales. Soplar y sorber no puede ser.

Políticamente incorrecto, pero así es la realidad. 

CARLOS DEL RIEGO